26 sept. 2013

Yvette y yo, paseábamos sobre aquella fina arena

ANGUSTIA ENTRE ARENAS MOVEDIZAS

 

Con la marea baja

quedaban al descubierto pequeñas lagunas sobre la arena en la que quedaban atrapadas miles de criaturas marinas que los turistas de fin de semana denominaban "fruits de mer".

 

Aquel marisco pasaba directamente a las ollas

en las que después de ser cocidas al vapor hacía las delicias de aquellos que, ávidos de la sal de la vida, devoraban todo lo que se moviera en aquellas charcas.

 

Yvette y yo paseábamos

sobre aquella fina arena, no lejos de la muralla, junto al rio Saint Michel que separa administrativamente Normandía de Bretaña.

 

La marea había hecho retroceder el mar

hasta el punto de perder de vista las olas. Un funcionario iba colocando unos carteles en los que se advertía que no se podía aparcar vehículos en aquellas playas porque se esperaba que la gran marea volviera a subir violentamente.

 

Leyendo aquellos carteles tuve la visión

de que un hombre, mariscador aficionado, se había adentrado con exceso en una de esas lagunas y en su ambición por capturar las apreciadas "arañas de mar" y diminutas "crevettes"

 

no se apercibía que, poco a poco,

se iba hundiendo en la fina arena y cuando quiso retroceder aquella ciénaga ya se había apoderado de su capacidad de movimiento. Estaba atrapado.

 

Angustiado el hombre empezó a pedir auxilio,

pero las pocas personas que le podían haber prestado su ayuda corrían a ponerse a salvo:

 

La marea estaba subiendo

como un caballo al galope y el estruendo del mar rozando la arena aturdía todos los sentidos. Fue esa una visión espantosa de cómo se puede borrar de la faz de la tierra la vida de un hombre.

 

                                                                              Johann R. Bach

 

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