29 jun. 2013

Tenías que haber oído el viento (de Tamontana)

UNA POSTAL DE RECUERDO

 

Hola Marta te envío una postal del pueblo

para que veas que me acuerdo de ti.

 

Como ya sabes

a veces no tenemos suerte y nos coge un tiempo de mil diablos rojos que, como tú dices, los rojos son los peores.

 

Tenías que haber oído el viento

como producía dolor en el lóbulo frontal; tenías que haberlo sentido en el mar, tu mar, nuestro mar,

 

levantando la marejada,

asustando a pescadores y turistas, desgarrando las nubes, retejiéndolas, fustigando a los olivos, ronco, florecido de sal, oscuro, inhumano.

 

Tenías que haberlo visto

cómo devoraba la arena frente al casino, cómo silbaba entre los escollos del Faro de Cala Nans y se lanzaba ahuyentando a automóviles y resecando el paisaje.

 

Y, sin embargo,

rozar durante unos días los recuerdos, los tuyos y los míos, compensa todo castigo de este Eolo enfurecido.

 

                                                                                     Johann R. Bach

Laplace le dio la razón (a Kant) con sus cáculos

              De  Berlín  a  Kaliningrado

Sobre el fondo amarillo se lee la inscripción "Winners have a sixt sense": "Los ganadores tienen un sexto sentido"

 

                                        De Berlín a Kaliningrado

¡Oh noche!

 

Mientras espero el avión leo,

como un ingenioso juego de palabras: "Los ganadores tienen un sexto sentido,

 

pero todos necesitamos

un hombro amigo, un animal de compañía o un libro que nos ayude a comprendernos a nosotros mismos.

 

Hace mucho

que sabemos que somos frágiles. Hay que buscar apoyos como lo hacen las voces en un coro.

                                                                                                     Johann R. Bach

TRAS LOS PASOS DE KANT:

¡Oh noche!

 

Quisiera comprenderte como Kant.

Profesor de Königsberg –hoy Kaliningrado- proponía la idea de estudiar conjuntamente la naturaleza y el espacio exterior en su temprana "Historia general de la naturaleza y teoría del cielo".

 

Uno de los muchos amigos,

Entre los que le animaban a perseverar en sus trabajos sobre esa inmensa sábana de lucecitas que aparece sobre nosotros con el crepúsculo fue Friedrich Hölderlin.

 

Le demostró su amistad

y sintetizó todo su apoyo filosófico y literario con dos cortos versos:

 

                                                          ¿Quién construyó los montes

                                                          y marcó la senda de los ríos?

                                                                                     Hölderlin         

¡Oh noche!

 

Sabes que entre sus amigos

se encuentran algunas personas maravillosas que por miles llevan flores a su tumbra.

 

En el cementerio de Kaliningrado

En 1.991 se recuperó para el mundo su figura y uno de sus pensamientos más poéticos al escribir sobre su tumba las siguientes palabras:

 

«Dos cosas me llenan la mente

con un siempre renovado y acrecentado asombro y admiración que no decae por mucho que continuamente reflexione sobre ellas: el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

 

Voces autorizadas le habían pedido

que rompiera su largo silencio, que sin él no se perdía un filósofo; se perdía el mundo.

 

¡Oh noche!

 

Ahora algunas personas

guardamos en un pendrive colgado con una cinta al cuello de conexión USB listo para ser leído con sus palabras:

 

"Cualquier cambio me hace aprensivo,

aunque ofrezca la mejor promesa de mejorar mi estado, y estoy convencido, por este instinto natural mío, de que debo llevar cuidado si deseo que los hilos que las Parcas1 tejen tan finos y débiles en mi caso sean tejidos con cierta longitud".

 

"Mi sincero agradecimiento

a mis admiradores y amigos, que piensan tan bondadosamente de mí hasta comprometerse con mi bienestar, pero, al mismo tiempo, pido, del modo más humilde, protección en mi actual estado frente a cualquier alteración".

 

Pasados los años

ya es hora que el mundo sepa que descubrió el origen del planeta tierra y el del sistema solar a partir de una masa que, habiendo madurado suficientemente, en forma de puro, giraba sobre su eje central perpendicular.

 

Laplace le dio la razón

con sus cálculos sobre la cantidad de movimiento de los planetas y nosotros también se la damos porque gracias a él podemos mirar en nuestro interior y, levantando la cabeza leer el Código de lo oscuro y sus sombras blancas.

                                                                                      Johann R. Bach

*(1) Parca. En la mitología griega, cada una de las tres deidades hermanas con figura de viejas, de las cuales una hilaba, otra devanaba y otra cortaba el hilo de la vida de cada persona.

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28 jun. 2013

Como el viento que sopla su secreto

 EL  DESCUBRIMIENTO  DE  DESCARTES

Aquella tarde, ¿recuerdas?

quise hacerte olvidar aquello que te hace sufrir. Olvida todo lo que no ha de pasar, saboreemos sólo los astros luminosos que atraviesan la pura claridad del cielo de una noche sin nubes; cómo la luna sube sobre el mar.

 

Sabemos muy bien:

que en la noche todo resplandece, que un destello se alza como una sombra blanca en el brillo mayor de la negrura. Aquella tarde quise que tomáramos sin reservas el camino de un mundo que en todo se asemeja a la luna.

 

Como el viento que sopla su secreto

volvería a enseñarte lo que es un paraíso, la calma en una habitación con un piano de testigo, el rumor de las hojas de los libros callados y hacerte conocer lo suave de tu aliento.

 

Enseñarte una cereza roja,

aquella misma, tan lejos de nosotros y a la vez tan bella, y recoger una violeta, aún joven, ya perdida que aprendes a encontrar en tu regazo.

 

Mira, mira la calle,

sus árboles y sus gatos, la espalda tierna del despreocupado aprendiz. ¿Son realidades o sólo dulces sueños?

 

Todo discurre,

amistoso y lento, en la lejanía. Y este llano corredor del Mediterráneo, tan suave que nos lleva: descansemos, soñemos que actuamos, consintamos que el alma, feliz nos sobrepasa, cansada de correr como en la infancia.

 

Parece que siempre debe ser así.

Cuando un lugar se aleja de nosotros, mira: todo espera, la clara oscuridad y la luz más honda se reparten sin distinción posible una cereza roja.

 

Una calma extendida

por un tiempo incontable ondea en el viento, tus ojos se llenan de perlas, y tus cabellos puros se mezclan con el mundo y todo es bueno: los soldados que van a la guerra, el azufre y humo de pólvora de dragones de cartón y hasta los poemas de un pobre escritor.

                                                                                              Johann R. Bach

 

Si se piensa a fondo

y se capta el sentido de este poema se verá que es uno de los más sabios consejos de Descartes que entre otras cosas, al final de su vida dijo una cosa muy original:

 

"Toda mi vida

ha estado plagada de desgracias, la mayoría de las cuales no sucedieron nunca".

 

Con este pensamiento

que hice mío desde muy joven, con apenas veinticuatro años, he conseguido el primer premio en tres ferias de productos chacineros;

 

desde entonces la receto

en todas mis prescripciones junto a la advertencia de lo nocivo que es para la salud tomar lácteos, pescado y fruta, o ser vegetariano.

 

En Rusia al igual que en China y Canadá

tomaron buena nota de mi psicología nacida de mi amistad con Descartes y desde que descubrieron los maravillosos efectos de esa misteriosa frase la cosecha de trigo se ha multiplicado por diez y su precio por cinco.

 

Es una arma letal para los gusanos

-de dos o cien pies-. Sí, sí, no abráis tanto la boca porque de boca cerrada no salen moscas.

 

No fue Descartes

quien descubrió las fuentes del Nilo, pero fue el primero que dijo que quizá Cleopatra no fuera tan bella y sí más estúpida de lo que nos han contado:

 

"Yo dudo de mi inteligencia,

de que estoy vivo y puedo amar. Puedo dudar de todo, pero de lo que no puedo dudar es de que estoy dudando". (Descartes)

 

"El que pueda amar, que lo haga

sin entretenerse ante la duda, que rompa el nudo gordiano que atenaza la garganta frente a la abundante saliva que se abre paso junto a la lengua". (Johann R. Bach)

 

                                                                            Leo P. Hermes

 

 

Se desnudó en el lavabo y se puso el albornoz que le presté

4.    LOS HOMBRES DE MI VIDA   (Manuel)

 

MANUEL 

 

Mientras esperaba que acudiera el ascensor,

entró en el vestíbulo, empapado, jadeante y sin aliento, como una bestia salvaje que se refugia de la lluvia bajo un árbol.

 

Era el becario que me habían asignado

en la oficina para ayudarme a ordenar toda la documentación acumulada durante mi estancia en Costa de Marfil. Mi apartamento estaba lleno de libros viejos cuyo olor al confundirse con el sudor empapado de Manuel hizo aparecer en mi bajo vientre un cosquilleo harto conocido.

 

Se desnudó en el lavabo

y se puso un albornoz que le presté. Comencé a preparar el café de rigor, pero antes de que la cafetera lanzara su aromático vapor ya rodábamos encima de la alfombra.

 

Su cuerpo era más bien fornido,

con fuertes brazos y vello abundante en sus genitales que alcanzaba los límites del ombligo. Su mal afeitada barba lastimaba la piel de mi rostro, pero no protesté hasta que su fiebre descendió a un nivel tolerable.

 

Recuperada ya nuestra compostura

comprobé con cierto disgusto que Manuel era un desastre con los números. Se agobiaba con una simple suma. Renuncié a seguir trabajando con su desorden y volvimos a revolcarnos junto a la pila de los tratados de papel antiguo. 

 

A partir de aquel día paseábamos,

casi cada noche después de hacer el amor, silenciosamente por las avenidas de Bruselas cogidos del brazo. Sólo los fines de semana se queda a dormir conmigo.

 

Secretamente hice que le trasladaran

de departamento. En la oficina necesitaba alguien que fuera eficaz con los números y por suerte su sustituta, una muchacha mallorquina de apenas veinte años, solucionaba a las mil maravillas mis problemas.

 

Aquel apasionado amor duró nueve meses.

Manuel necesitaba experimentar con otras mujeres y yo ya no le servía como experiencia. ¡Ah! ¡La culpa indecible que con el mismo sexo todos los días no disminuye!

 

Al terminar su "stage" en Bruselas

no lo volví a ver. No era mal chico. Aunque es comprensible que en su ambiciosa mentalidad no cupiera la posibilidad de que siendo él aún joven su libido se limitara a una mujer próxima a la tercera edad.

 

                                           Johann R. Bach

El alma cantaba -os lo aseguro- la canción de la caña

3.     LOS HOMBRES DE MI VIDA (Casimiro)

 

                                              Je m'appel Casimir

 

"Je m'appel Casimir"

solía, con esas palabras, comenzar sus actuaciones de guiñol ante el numeroso público infantil de los poblados de Costa de Marfil. Con ellas y su sonrisa transmitía diversión a los castigados niños de un país que la diosa Fortuna desconocía.

 

Mientras Casimir balanceaba

alegremente sus manos, transmitía entusiasmo y optimismo a todos los miembros de la ONG. También a mí me transmitía paz bajo aquellas tormentas de luz.

 

¡Ah! ¡Qué horas de éxtasis salvaje

a media tarde a la orilla de un rio esmeralda! El alma cantaba –os lo aseguro- levemente la canción de la caña amarilleada con ardiente devoción.

 

El ritmo trepidante

de rudimentarios instrumentos de percusión me excitaban hasta el delirio.

 

Luego al derrumbarse el sol

Casimir miraba largamente los ojos estelares de un sapo demasiado grande para este planeta, palpaba con manos estremecidas el frío de la piedra antigua y debatía con los compañeros la venerable leyenda de la fuente azul.

 

¡Ah! ¡Qué peces de plata

enseñoreándose en el río! ¡Qué frutos cayendo maduros de los árboles! ¡Qué sugerentes ojos los de muchachos ávidos de participar en la danza del mundo!

 

Los acordes de sus pasos

le llenaban de orgullo y de menosprecio por aquellos humanos que ignoraban -en el mejor de los casos- a aquellas pacíficas e ingenuas1 comunidades.

 

Al entrar en la tienda

se tumbaba junto a mí con la cabeza apoyada en una enorme almohada observando la porción de cielo estrellado observable a través de las ventanas mosquiteras y comentaba cómo iba prosperando nuestro proyecto.

 

Antes de rodearle el pecho

con mi brazo ya se había dormido. Todo su amor era para aquellas gentes. No podía entregarme su sexo sin beber vino. Su libido era inexistente a menos que se emborrachase.

 

Después de la campaña de vacunación

de aquel verano volví a Bruselas sin remordimientos de abandonarlo todo para volver a empezar.

                                                                                             Johann R. Bach

1.        Etimológicamente ingenuo es una persona que es libre y no lo sabe.

 

Purpúreas maduraban las ciruelas

2.      LOS HOMBRES DE MI VIDA  (Carlos)

 

Dorados se doblegaban los girasoles

sobre la valla del jardín, porque ya era el verano.

 

¡Qué maravilla

sentir el celo de las abejas confundido con el propio bajo el follaje verde de nogal, refugiados de los temporales de paso!

 

Plateada florecía también la amapola.

Con un sencillo asombro se llevaba en cápsula verde nuestros sueños nocturnos y estelares. ¡Ah, qué silenciosa era la casa, cuando él se adentró en la oscuridad.

 

Purpúreas maduraban las ciruelas

en los árboles y el jardinero movía sus duras manos quemadas de años. ¡Qué bellos signos hirsutos al sol radiante!

 

Pero el silencio entraba en la tarde,

la sombra de Carlos dentro del círculo dolorido de los suyos se espesaba como la última miel y cristalino resonaba a su paso sobre la hierba del jardín a la orilla del bosque.

 

Vaciada de niños –su principal preocupación-,

la casa parecía envejecer. Callados se reunían aquellos alrededor de la mesa de la casa vecina y partían con manos de cera el pan, con olor a sangre, pensando en rechazar el amor de la madrastra .

 

La noche anterior,

los ojos pétreos de la hermana –mi cuñada- se clavaban en los míos cuando durante la cena parecían culparme de su locura e intentaba inocular en la frente de su hermano la primacía de sus derechos sobre la casa; y,

 

entre las sufridas manos de su madre,

los alimentos parecían petrificarse. ¡Cómo los corruptos, con lengua de plata acallaron el infierno!¡Cómo comparados con los componentes de aquella familia, los ángeles caídos estaban poseídos por una infinita bondad y se ponían todos en corro alrededor de Carlos!

 

Después de aquella noche

en la que sonó la lluvia refrescando los campos, en la espinosa profundidad del bosque Hermes siguiendo los amarillos surcos en medio del trigo llegó puntual a la cita y con el silencio suave del verde ramaje trajo la paz a Carlos.

 

Yo sabía que oscilaban huesudos los pasos

de Carlos –acompañado por Hermes en su camino hacia el Inframundo-sobre serpientes adormecidas al margen del bosque y que el oído sigue siempre el grito delirante del buitre y,

 

antes del amanecer,

mi figura desapareció de aquel extraño paisaje familiar como resbalando sobre un espejo roto. Sólo un vago recuerdo del sexo oral fijado a mi piel, muestra en mis sueños, de vez en cuando, el rostro lunar de Carlos.  
                                                                          Johann R. Bach

Servicial como él solo, nunca renunció a hacerse rico

 

1.    LOS HOMBRES DE MI VIDA   (Augusto)

 

Profunda es la somnolencia

de osbcuros venenos, llena de estrellas y del rostro hipocrático de mi amante, pétreo.

 

Amarga es la muerte,

alimento de los manchados de culpa; en el oscuro ramaje de la cepa se disgregan con una sonrisa malévola y miran con tristeza las tierras.

 

Pero, levemente, él cantaba

a la sombra verde del saúco, despertándose de las pesadillas; dulce compañero de juegos amorosos, se le acercó un ángel rosado, y él como una bestia mansa, se adormeció en la noche, y vio el rostro estrellado de la pureza.

 

Servicial como él solo,

nunca renunció a hacerse rico. En su fortuna estaba el germen de su tristeza y depresión: sus hijos, en su absurda egolatría, nunca agradecieron la inmensa herencia –de amor y bienes materiales- recibida.

 

Agradezco el poco tiempo que me dedicó.

Sin embargo -y a pesar de ser veinte años mayor que yo- añoro los días en que me hizo tocar con la mano las estrellas. Aunque quedaron partes del cielo por alcanzar junto a él, me llevé –creo- las mejores primaveras de su haber.

 

                                                                          Johann R. Bach

La tarde remolcaba al sol fuera del puerto

LAS VIÑAS LO HABÍAN VISTO TODO

 

Las viñas, más allá,

lo habían visto todo y ahora están esperando reponerse; los almendros tronchados habían perdido parte de su vitalidad, aunque su optimismo seguía en pie.

 

Las casas y el campanario de la iglesia y más allá

los refugios de piedra lo habían visto todo y ahora están esperando reponerse, y la tramontana que había rasgado rocas y tejados, granados y olivos acordó unirse al mar y a la arena y guardar silencio.

 

A la hora del derrumbamiento del sol

la tarde lo remolcaba fuera del puerto que se encrespaba con palos de veleros anclados: debajo de sus cascos el ballet de reflejos se estiraba y giraba al ritmo de los restos de las olas,

 

los vendimiadores fatigados

y contentos de su labor cantaban alegres al dios Baco en la Taberna del Melitón: ¡Aleluya!¡Esto funciona¡, ¡esto funciona!"; "las uvas son azules como el ojo del mar".

 

La viñas, más allá,

lo habían visto todo

                                                                                         Johann R. Bach

El hidrógeno y el oxígeno llegaron a un acuerdo covalente

    EL UNIVERSO TIENE SED

 

Un profesor de fisiología, con ánimo burlesco,

le preguntó a Marta Guillamón, por qué había tanta agua en el mundo. Marta sonrió y tomando un cierto aire de ingenuidad respondió:

 

porque el Universo tiene sed.

 

A continuación su sonrisa se acrecentó.

No se le ocurra –dijo Marta- suspenderme por lo breve de mi exposición porque si lo hace demostrará que Usted no sabe nada de las peripecias que debieron pasar el hidrógeno y el oxígeno

 

para llegar a un mínimo acuerdo.

 

El hidrógeno y el oxígeno se abrazaron

bajo los membrillos solares como dos amantes; sus electrones resbalaban sobre la piel de sus átomos como dedos húmedos.

 

De esas caricias nació un enlace covalente,

ligero, que originó millones de moléculas de agua que se expandieron por el universo con la misión de calmar la sed de un Cosmos ávido de aventuras.

 

El hidrógeno mismo

tuvo grandes dificultades en su nacimiento: ayudada de unos fórceps una Diosa del Amor, con maestría, lo arrancó del caldo de neutrones, protones, neutrinos, quarks, positrones… del verdadero Mar Solar;

 

se demoró por años en las montañas

deslumbrándose con las luciérnagas de litio para superar su soledad, convivió penosamente con los átomos de berilio y boro;

 

se embadurnó el rostro con carbón

y esperó con paciencia a que el nitrógeno arrastrara al oxígeno hasta la playa primigenia golpeada con gigantescas mareas de metano.

 

En esa playa –donde el hombre

echaría anclas millones de años más tarde- los relámpagos alumbraron el cielo durante unos pocos segundos y los rayos clavaron sus vestigios y el principio de un futuro.

 

Sí, sí. ¡No me mire con esa cara!

Sé que me va a objetar que el mar enfermó y que en la medida que envejece se va intoxicando con los minerales.

 

Eso es verdad,

pero durante millones de años los delfines y las alas de las gaviotas lo desgarraron y la energía del sodio cristalizada con el cauterizador cloro –unidos ambos con la fuerza ciclópea del enlace iónico-, cicatrizó sus heridas día a día.

 

Si no me cree, coja una caracola,

escuche cómo salen de su interior los suspiros del Viejo Mar y dicen: "Yo soy vuestra vida; tal vez no sea nadie, pero puedo volverme lo que queráis".

 

Por fin para dar de beber al universo

los ángeles firmaron el acuerdo esperado: por un precio módico se encargaron de sublimar los hielos de las altas cordilleras,

 

evaporar continuamente la piel de los mares,

de forma que hubiera agua dulce para todas las criaturas de cualquier planeta,

 

fundir los hielos en primavera

y mantener en equilibrio -a cuatro grados centígrados- los tres estados del agua: sólido, líquido y gaseoso.

 

El universo tiene sed.

Por eso hay tanta agua en el Cosmos.

 

Cada pléyade de estrellas

de lejanas galaxias se niegan a cerrar los ojos en busca del encuentro secreto de las aguas bajo el hielo -la sonrisa del mar- de los cometas; exploran nuevos planetas y abandonan los pozos clausurados;

 

tantean con sus hilos de luz

las venas; ayudan con ellos a mantener su elasticidad allí donde acaban los nenúfares y el hombre que camina ciego sobre la nieve del silencio.

 

El Universo tiene sed.

                                                                                          Johann R. Bach  

 

Momentos en que preparas la floración

12.     EL ARREPENTIMIENTO

 

Tuve muchos hombres en mi vida,

la mayoría de los cuales no fueron precisamente un "chollo". Muchos de ellos, es cierto, me maltrataron, pero algunos me amaron y llenaron de júbilo mi piel; y sin embargo los menosprecié como a los otros.

 

¡Oh noche!

 

Escalofrío que te deslizas sobre mi piel

como sangre la herida fresca y bajas corriendo su huella oscura, te extiendes en aquellas horas en que los campos se tintan de sombras,

 

momentos en que preparas la floración,

con tu escarcha, de las rosas de todos los jardines, escucha esta súplica;

 

acoge las soledades hechas de años

y de derrotas y ayúdame a expulsar las culpas de mi alma, a sobrevivir, precisamente cuando los sueños caen.

 

¡Oh noche!

 

A menudo me parece oírte decir:

¿Acaso no eras esa? ¡Ay, cómo te olvidabas de mí! ¿Era esa tu imagen? ¿No eran acaso tu pregunta, tu palabra, tu luz celestial, cosas que con tanto orgullo poseías?

 

Estaba ebria de gozos:

mi palabra, mi luz celestial, antaño poseída, está ahora destruida, desperdiciada; y a quien le haya ocurrido como a mí, tiene que olvidarse de sí y mostrarse humildemente ante ti como lo hago yo, porque ya ni toca las viejas horas.

 

                                                                                          Marta Guillamon