7 feb. 2015

la tierra había sido harto removida por la sed del oxígeno hacia el cielo.

PATRICIA, ES HUMANO EQUIVOCARSE

Es propio de los humanos equivocarse.
Sí sí, todavía las cicatrices tenían la costra cián de las heridas hechas con objetos inciso-contundentes

cuando crecimos en la luz muerta
de los solares aún por edificar donde la tierra había sido harto removida por la sed del oxígeno hacia el cielo.

Se construía una red de cloacas
para la evacuación de las aguas negras y muy pocos lo supimos. Los otros niños vivían en un mundo de silencio y de metales sin apenas sangrar, casi como las piedras.

Tal vez aquello nada tenga que ver
con las ganas de paz que no encuentro ni con la bondad de la mecánica de cuerdas cuyas leyes investigo sin esfuerzo,

gracias a las vibraciones
de esos espacios de nueve dimensiones apiñadas en tres.

Pero ya soy mayor para dudar
y me encamino hacia la playas últimas. Sólo me queda por decir que he proclamado a los cuatro vientos que

estaba equivocado en muchos aspectos
de lo que era el mundo y celebro los errores de mi vida como si fueran tesoros encontrados en el mar.

Me cuesta creer
que fui yo el que escribió en mi cuaderno -en un tiempo en que todos me recordaban que era muy joven para escribir- lo siguiente:

"Cuando sea mayor, más mayor,
no me va a creer nadie".

Estaba equivocado:
Por lo menos tú Patricia –lo sé porque me siento amado- crees en mí aunque lo que más me conmueve es que 

no te importe equivocarte tú también.

                                                            Johann R. Bach

6 feb. 2015

deja que las sombras guarden todas las promesas que no pude cumplir

SÍLABAS PARA TI

 

Si un día te despiertas, amor,

y no estoy a tu lado, prepara un café como si aún estuviera dormido.

 

Llévate la taza a mi estudio;

encontrarás sobre mi silla un silencio aún vivo acompañando a mis libros,

 

enciende sólo la lamparita roja

que da luz al teclado. Podrás sentir aún el calor acumulado que día a día acaricié componiendo sílabas para ti,

 

sílabas que querían aclarar

el por qué de un amor truncado o algo que se pareciera a una respuesta.

 

Luego deja que las sombras

guarden todas las promesas que no pude cumplir sobre mi escritorio;

 

la luz de tu rostro

me ha de marcar el camino de mi retorno. Cuando te vayas a tus quehaceres cierra la puerta sin hacer ruido porque

 

quizá aún esté escribiendo.

 

                                                                Johann R. Bach

 

 

Podríamos, aún, pensar en otras riquezas más beneficiosas para el alma.


PINTAN BASTOS

Parece que se han puesto de acuerdo
todos los economistas del planeta. Los bienes y los alimentos son escasos: pintan bastos –dicen- cuando presentas sus "análisis".

Sólo hablan de los metales y otros líquidos
–como el petróleo o el mercurio- en tanto en cuanto se espera de ellos beneficio, pero

Podríamos, aún, pensar en otras riquezas
más beneficiosas para el alma.

Llegará un día –y me gustaría no perdérmelo-
en que supliquemos el regreso de la razón de la mecánica de cuerdas para

detener los bisturís del laser
que ya han comenzado a clavarse en nuestro pecho.

Será el gran día de los números sólidos,
de álgebras apasionantes y de espacios métricos aún desconocidos en los que las aves recuperen sus alas;

el mar sus barcos de vela
-auxiliados por limpios motores solares-; la tierra sus cosechas sin prisas.

Ese día –estoy convencido-
se producirá el fin de la duda bajo una luz increíblemente barata.

Y alguien podrá decir:
¡Afortunados los que manejan el método de la reducción al absurdo como forma de demostración de

los teoremas del amor!

Y la confianza de que el mundo
no es un lugar donde la destrucción y la miseria moral cae de los árboles.

Volverá a imponerse el concepto de que
el mundo es un lugar digno de ser vivido.

                                                              Johann R. Bach

5 feb. 2015

“aún no he encontrado a alguien con una propuesta aceptable,

PIDO PASIÓN Y ENTUSIASMO

 

Cada vez que yo le decía a Clara

que no iba a casarme nunca, ella contestaba que esa afirmación era espantosa.

 

Haz de tu vida lo que quieras,

pero nunca digas que tienes vocación de solterona. Es mucho más diplomático y elegante decir:

 

"aún no he encontrado a alguien

con una propuesta aceptable, una oferta de un amor limpio que me haga sentir algo diferente de la monotonía cotidiana,

 

un proyecto de largo recorrido

que mitigue la soledad y se alegre de mis alegrías y no se compadezca de mí en los momentos difíciles como si yo fuera una extraña".

 

"Pido pasión y entusiasmo;

Y, -parafraseando a Virgilio- muchos deberían preguntarse: ¿tan difícil es vivir?"

                                                                    Johann R. Bach

4 feb. 2015

El viejo poeta chino echa una mirada al muro y alucina:


UNA NOCHE DEL VIEJO POETA CHINO

Se despierta el casi anciano poeta.
Bien pasada la medianoche, hacia las tres el sudor y la acidez en la saliva lo sacan de su amodorramiento,

Se sienta en el borde de su bajo camastro
y con los brazos apoyados sobre las rodillas respira profundamente para reabsorber el gusto agrio del vino sin digerir aún.

La enclaustrada oscuridad
y el sueño al viejo poeta chino le ofrecen sus lotos. No para percibir allí donde todo es feo, corroído por la tuberculosis del tiempo, descorazonador

-esto es belleza;
no para desear allí donde la muerte es la única consumación- sabiduría.

El viejo sabio tiene calor,
se levanta, se mueve lentamente para no despertar la casa, desliza suavemente la puerta corredera y baja al jardín, se estira sobre la grava y mira a las estrellas,

alucina al oír un ligero cric-cric junto a su oreja.

Es un caracol que busca
desesperadamente a su amada pues teme el calor del amanecer. Necesita apresurarse para restregarse con ella unas cuatro horas y su escala el mes de junio es el último de su tercera vida.

El viejo poeta se levanta,
entra en la casa y vuelve al lugar con una jarra de vino espeso, oxidado en una esquina de la habitación que hace las funciones de dormitorio, escritorio y sala de visitas.

La premura le ha acelerado los latidos
y ya no oye el cric-cric de su amigo el Helix aspersa la especie que tiene siete vidas como los gatos,

respira hondo sucesivas veces,
al cabo de un rato alucina al oír de nuevo los latidos de aquel mínimo corazón que se mueve entre su hojarasca para participar en la danza del mundo.

El poeta descubre junto al muro
otros dos congéneres y… alucina pensando que aquel abrazo puede durar unas cuatro horas, tiempo que en nuestra escala significaría estar copulando siete días –sin sacarla como se dice vulgarmente-...

El poeta, con presteza, escribe:

"La noche es un inmensurable
y profundo silencio: pronto el amanecer vomitará los fétidos vahos de las cloacas de la ciudad.

¡Oh suprema belleza de la noche
que no conoce limitaciones!

-las estrellas o los dentados filos
de los dientes de la carcoma. Desesperada, mi mente la ha deseado: nunca mi sangre, cuyo pulso es un ritmo del mundo como el del caracol".

Vuelve el poeta su vista hacia el cielo,

piensa en el otro extremo,
en la inestable Beatriz musa y gran amor de un tal Dante Alighieri indiferente a los besos como a las matemáticas un mal alumno. Ella también es una mazmorra,

no un modo de vida;

una mazmorra de Occidente
que, sin duda alguna, eleva a muchas almas hacia la luz, no te da muerte; pero a fin de cuentas lleva al mismo punto.

Reflexiona, casi en voz alta,
el viejo sabio chino:

¿Cuál es, pues, la medida elemental?
Aceptar el mundo como es, aunque metafóricamente, revelando el caos de la naturaleza con un alma, moldeando transitoriedad con la eternidad.

El poeta, llegado a este punto,
bebe tres largos tragos de vino y escribe:

"Cuando las flores son pensamientos, y los solitarios sauces llorones fuentes de ambiciosos anhelos; cuando nuestras acciones son el poema del que

todas las geografías y arquitecturas
y toda ciencia y todos los trastos viejos son palabras, cuando el blanco voluptuoso de una diosa del amor hace juego con cierto candor del alma;

entonces se habrá encontrado,
la permanente y viva belleza.

No es –continua escribiendo el poeta- una gema cara
e inasequible; no es una almohadilla perfumada para olerla sólo cuando la gente se hace demasiado pestilentemente insistente.

No es un nacimiento de raros oboes,
no visible sólo desde las diez hasta las seis por licencia administrativa con sus tasas correspondientes, ni alguna cosa bien alejada, sino

una ética, una forma de creencia y práctica,
de fe y obras en su implicación con los auténticos hilos de la vida".

Yo no deseo este pequeño claustro,
mi humilde morada, para los sonrosados monjes que vienen de vez en cuando a visitarme…"

El lápiz se detiene en la mano trémula
para echar otros tres buenos tragos de vino antes del amanecer

El viejo poeta chino echa una mirada
al muro y alucina: allí siguen aún en su dulce abrazo los caracoles. Piensa en seguir escribiendo, en leer, y

cuando el pensar le falle,
sentirse inconmensurablemente más sutilmente, creativo tal vez a ratos.

                                                                Johann R. Bach

3 feb. 2015

El sentido del tiempo es un síntoma de anemia del alma

LA BELLEZA DEL VIEJO POETA CHINO

 

Es corto el trayecto del poeta chino;

sale a media mañana de su pequeña casa, pisa con suavidad los pétalos caídos de las flores del cerezo.

 

En su zurrón lleva un mendrugo de pan,

un trozo de queso del que le regaló su nieta hace tres días, un diente de ajo y un pequeño odre de vino tinto.

 

Es corto el paseo que va a dar el poeta.

 

No irá mucho más allá

del puente de madera que cruza el estanque. Al pasar le saludan los peces de colores porque ya saben que a la vuelta les tirará las migajas que se han quedado en el fondo del zurrón.

 

Los privilegiados gorriones

serán los primeros en recoger los minúsculos trozos de pan seco. El viejo poeta no irá mucho más allá del puente de madera.

 

El pan duro para los pájaros

–musita entre dientes-, el vino para mí.

 

Al otro lado del puente

hay una roca que alguien puso allí para que el sabio poeta se sentara a mirar la belleza de las glicinas, a oír el trino de las golondrinas y a

 

confiar en el tiempo,

que es la esencia de la belleza.

 

Al viejo poeta, casi un anciano

no le hizo falta en su juventud estudiar matemáticas para medir su escala en el tiempo.

 

Después de tres largos tragos de vino,

mira en el estanque la quietud de las aguas en la que flotan los nenúfares y alucina ante las imágenes que se reflejan.

 

Saca de su pecho un cuaderno y escribe:

 

"Vivimos

entre las eternas degeneraciones de las apoteosis. El ocaso se deshace en una tenue nieve gris y en el profundo océano de la medianoche, inmensurable como el olvido y

 

se contrae en el verde charco del amanecer.

 

Las flores se reducen a polvo

con su propio resplandor.

 

En las orillas de los viejos ríos

resisten las patéticas cepas de las viñas y los fantasmas de los que ya nos han abandonado se esfuerzan por regresar a la vida…"

 

El viejo poeta repite la dosis de vino

y sigue escribiendo en el reverso de la página:

 

"Los bosques están llenos de olor a lo pasajero…"

 

Titubea el poeta,

mira fijamente la quietud de las aguas del estanque y observa detenidamente una araña de agua que de no moverse será pronto engullida por algún pez de color rojo.

 

Sigue alucinando

tras una tercera ronda de tres largos tragos de vino:

 

"La belleza, pues,

es ese instante de descenso en que la apoteosis inclina sus alas hacia el abismo, instante en que el pez mezclará en su jugo gástrico a esa alegre criatura que no hacía más que tomar el sol junto a los nenúfares.

 

Los límites de la curva

se pierden parabólicamente en algún lugar del infinito. Nuestros ojos sentimentales ven sólo el tramo intermedio de esta degeneración -que los científicos modernos llaman entropía-,

 

sin conocer ni los extremos superiores

ni los inferiores, que algunos han creído encontrar, ángeles primigenios y demonios de exterminio".

 

Alza, el anciano poeta, la vista al cielo;

acaba con los restos de vino y se pregunta:

 

"¿Acaso he dicho yo

que la mortalidad es belleza?"

 

Ha sido una debilidad –escribe-

El sentido del tiempo es un síntoma de anemia del alma, por el que fluye el angélico icor1.

 

Debemos huir del polvo

situado en las farmacias sobre los frascos de porcelana que contienen los venenos medicinales.

                                                                   Johann R. Bach

 

1.       En la antigua cirugía, líquido seroso que rezuman ciertas úlceras malignas, sin hallarse en él los elementos del pus y principalmente sus glóbulos. En la mitología griega este fluido era la sangre de los dioses.

 

2 feb. 2015

Ante mí la verdad desnuda crujía sobre sus patas intelectuales,

RESPUESTA A TU ÚLTIMA CARTA

 

Siempre has insistido

en lo contradictorio de mis palabras. ¿Recuerdas? Acostumbrabas a decirme: "Quien te entienda que te compre".

 

Joana, tu carta, demostrando, supongo,

que en algún lugar de este planeta existes ¿quién sabe? En algún lugar del tiempo,

 

que quizás, esta mañana llegue,

recordándome con alguna de tus notas de amonestación católica que la fe es la prueba no las obra.

 

¡Obras!

Cualquier persona de modesta condición puede hacerlas si lo intenta ¿pero qué escuela puede enseñar a uno a creer en lo aparentemente ridículo?

 

Un ciego diría

que no se puede creer en lo palpablemente inexistente y sin embargo el amanecer se muestra visible con sus hilos de luz. Lo mismo que nosotros, devotos del orgasmo como culminación esotérica, en esta loca aventura del amor

 

quien quiera salvarse debe amar

 

sin el accesorio de los sentidos o de la razón,

no debe dudar aunque la deidad sea trasladad lejos, remota, invisible; quien no se ama más por obras voluptuosas, sino por

 

la fe que vive en ausencia

y en la ignorancia del cuerpo.

 

No soy uno de esos pretenciosos

que afirman tener fe, e incluso en el amor permanezco agnóstico. ¿Estás aquí? Evidentemente es el hecho, constatado por tu divina visión,

 

tal vez por el cálido toque de la boca;

y porque te amo, por tanto, lo sé con mayor certeza, con mucho dolor.

Ya sé que me dirás,

en caso de que esta carta llegue a tus manos: "Palabras, palabras y palabras".

¿Qué le voy a hacer a mis sílabas si yo soy así?

Contradictorio, disperso, siempre con nuevos pensamientos profundos engendrados por una cancioncilla cualquiera,

 

Abierto a nuevos mundos

Vislumbrados por la ventana de una palabra que ha cesado, de algún modo, de ser opaca.

 

Siempre con las musas

zumbándome en la cabeza: Una autografía, en fin, cristalizada bajo una antigua estilográfica, así:

 

"Cuando te escribí esa carta

era lo bastante joven para no conocer la juventud, yo era un fauno cuyos amores eran bizantinos -como el acné de mi frente- entre rígidos árboles.

 

Ante mí la verdad desnuda

crujía sobre sus patas intelectuales, divina por ser inhumana, y nunca fue atrapada yendo yo a toda velocidad;

 

pues ella el pensamiento

sobrepasar podía.

 

Ahora soy lo bastante viejo

para saber que soy joven, más bellezas de silicona persigo, pero inspiro vida al remover el titanio de sus huesos

 

con el aliento de mi deseo.

Y la verdad absoluta ahora se manifiesta cuando en cierto rostro y pecho durmiente la luz de la luna sueña y acordes de plata se ensartan, y una mano de marfil toca la dolorida lira".

 

Sí, sí. Ya sé… Sólo es una modesta autobiografía


                                                          Johann R. Bach


Es preciso un nuevo recuento de equinoccios y glóbulos rojos

UN CORAZÓN DE BARRO

 

En esta noche de La Candelaria

he tenido la pesadilla de la sospecha de que durante tantos y tantos años he huido de mí mismo y

 

lo que se muestra en mi cama

es sólo un vertebrado,

 

un enemigo del amor,

una estrella destrozada por la gravedad… Un corazón de barro.

 

Ya despierto,

me dispongo a navegar en la alegría ardiente de los números porque sé que dudar no siempre tiene sentido y que

 

el cielo va a caer sobre nosotros:

el cielo implacable, el frío cielo azul, el cielo de los hechos.

 

Es preciso un nuevo recuento

de equinoccios y glóbulos rojos pues somos a penas sangre, huesos propuestos al oxígeno.

 

Redefinamos las emociones

–dicen los cardiólogos románticos- pues salen de nuestros corazones incompleto, pero

 

no son la arcilla de los sueños

ni la luz cenital de los sucesos: no son nada que dé origen, principio, fundamento.

 

Son pequeños cuerpos sin vida propia,

océanos de ceniza que se quedan ya siempre con nosotros cuando el minuto atroz ha transcurrido.

 

"No tienes inteligencia emocional"

me dijo en cierta ocasión un amor despechado. "Tienes razón" –me dije, en silencio, a mí mismo-

 

la reservo para entender procesos,

dinámicas y números.

 

Para mí la inteligencia

es secarse las lágrimas a la luz de un teorema, algo diferente del amor.

 

                                                                     Johann R. Bach

Es preciso un nuevo recuento de equinoccios y glóbulos rojos

UN CORAZÓN DE BARRO

 

En esta noche de La Candelaria

he tenido la pesadilla de la sospecha de que durante tantos y tantos años he huido de mí mismo y

 

lo que se muestra en mi cama

es sólo un vertebrado,

 

un enemigo del amor,

una estrella destrozada por la gravedad… Un corazón de barro.

 

Ya despierto,

me dispongo a navegar en la alegría ardiente de los números porque sé que dudar no siempre tiene sentido y que

 

el cielo va a caer sobre nosotros:

el cielo implacable, el frío cielo azul, el cielo de los hechos.

 

Es preciso un nuevo recuento

de equinoccios y glóbulos rojos pues somos a penas sangre, huesos propuestos al oxígeno.

 

Redefinamos las emociones

–dicen los cardiólogos románticos- pues salen de nuestros corazones incompleto, pero

 

no son la arcilla de los sueños

ni la luz cenital de los sucesos: no son nada que dé origen, principio, fundamento.

 

Son pequeños cuerpos sin vida propia,

océanos de ceniza que se quedan ya siempre con nosotros cuando el minuto atroz ha transcurrido.

 

"No tienes inteligencia emocional"

me dijo en cierta ocasión un amor despechado. "Tienes razón" –me dije, en silencio, a mí mismo-

 

la reservo para entender procesos,

dinámicas y números.

 

Para mí la inteligencia

es secarse las lágrimas a la luz de un teorema, algo diferente del amor.

 

                                                                     Johann R. Bach

1 feb. 2015

Es cierto que esperábamos más luz, más vida junto al olivo,

LA MEDIOCRIDAD DE LOS METALES

 

Cae la tarde de La Candelaria

en brazos aún del invierno, y casi ya no importa.

 

Pero yo sé dónde han escondido los libros

en ese inmenso baúl llamado Google y no habrá paz hasta su lectura y la recuperación de la desnudez como símbolo del arte.

 

Otro relato fuera de la ética es posible –no lo niego-,

pero el mundo está lleno de valles de alacranes, mares infestados de tiburones y

 

dunas de seca arena

que se mueven lentamente agrandando los desiertos que son rincones de un mundo ignorado por nosotros y por

 

los que no pueden ver belleza

–a pesar de todo- en el mar, en el llano o en los desiertos.

 

Es cierto que esperábamos más luz,

más vida junto al olivo, pero incluso de la mediocridad de los metales podemos extraer dioses infinitesimales

 

útiles para nuestro corazón

ebrio y maltratado y por la melancolía de los poderosos.

 

                                                               Johann R. Bach