27 jun. 2015

Al despertar mi lengua resbala por tu piel

MILLONES DE BOCAS



Al despertar
mi lengua vuela y corta como golpe de agua tu vientre. Aún no ha amanecido y el silencio reina al otro lado de la ventana abierta.

Al despertar
mi lengua resbala por tu piel y provoca hondos temblores en tu cuerpo. Hace calor y el sudor se funde con la saliva.

Al despertar
mi lengua anuda muy lejos en tu sangre. Y no tardarán en correr vientos de piedra pues hay

millones de bocas
que buscan lenguas para erizar corazones. Sí sí, lenguas que habiten entre la vena cava y la aorta.

Lenguas despiertas, erguidas,
sobre los ojos, sobre la frente.

Al despertar
Tomo agua con las palmas de mis manos y con ella pongo frescos mis ojos.

Me miro en el espejo,
abro la boca y río.

                                                            Johann R. Bach

26 jun. 2015

Algo parecido a un gesto, o la espalda de una sombra.


MÉDULA DE FUEGO

De niño,
sin ambiciones mundanas, sentía un gran apego a las montañas. Más tarde, caí desgraciadamente en el lazo de este vanidoso mundo, que

me ha retenido por tantos años.

Los pájaros enjaulados
añoran los nidos que tenían en la hiedra fuertemente adherida a los muros.

Los peces de los acuarios
echan de menos el inmerso mar.

Por fin he regresado a mi paisaje
y estoy aquí, como cultivador de viña vacunada contra la filoxera y replantando olivos,

rotulando las laderas rocosas frente al mar.

Sin más importancia
de la que se merece soy consciente de que un día seré la ausencia de Johann R. Bach

luego mi olvido.

Mi nombre
será poco menos que la marca de un pie desnudo sobre la piel del mar.

Algo parecido a un gesto,
o la espalda de una sombra.

Pero hoy tengo una médula de fuego,
una piel extensa multiplicada en mi garganta. Un puño aún joven en el centro de mis huesos, apretándose muy hondo.

Sigo describiendo
en medio de las tormentas de luz continua sobre mi frente y mis dedos como arterias hincadas en el calor de la tierra rocosa bañada por las olas dibujan nuevos mapas posibles.

                                                               Johann R. Bach

25 jun. 2015

No me sentía como la mujer solitaria,


YO ENTONCES ERA UNA SIMPLE TURISTA

Agotada, arrastrando mis pies
y mis maduros años, en mitad de una plaza, con las terrazas a rebosar y un mapa turístico en las manos, buscaba un simple rincón donde poder sentarme un rato.

La escalinata de la iglesia de la plaza
estaba llena de jóvenes estudiantes y me pareció que sentarme junto a ellos era invadir su espacio.

No me sentía como la mujer solitaria,
en medio de una ciudad antigua y rica en monumentos históricos de las películas americanas,

y, sin embargo …

Entré en un bar casi vacío,
pues la mayoría de clientes preferían las sillas bajo la sombra de los plátanos. Tomé asiento y pedí una cerveza de tamaño mediano y un bocadillo de jamón.

En la barra, tomando un café,
un chico joven intercambiaba algunas palabras con una atenta camarera de grandes y bellísimos ojos.

No suelen haber chicas guapas solas
–eso pasa sólo en las escenas de contenidos masticados del cine- por lo que tuve la impresión de que mi presencia pasaba desapercibida.

Discretamente,
a través del gran espejo situado detrás de la barra observaba a aquel atractivo joven y por un momento vi cómo él hacía lo mismo:

su mirada insistente
me provocó un estremecimiento que sentí cómo crecía la saliva en mi boca. Preferí atribuir el fenómeno al hambre que removía mi vientre.

Aquel cliente pagó su café
y se despidió con un alegre "ciao" de la camarera. Dejé de pensar en aquella figura y me concentré en la cerveza y en mi mapa.

Mi sorpresa fue mayúscula
cuando al pedir la cuenta la bella camarera de bellos ojos me comunicó que aquel joven de la barra ya la había pagado.

Me sentí envuelta en una nube
y la sangre se agolpaba en mis sienes. Todo sucedía como en un relato imaginario de quien se dedica a mirar por las ventanas.

Aquella noche no pude dormir.
Su mirada fija en mí a través del espejo no se me iba de la cabeza…

Evidentemente al día siguiente volví,
a pasear por misma plaza, esta vez saboreando los colores de la alegría que flotaba en el aire, a la misma hora, al mismo bar.

Allí, con su café, estaba él.
Hoy pago yo –le dije como si lo conociera de toda la vida. Me miró con cierta dulzura y me contestó con un escueto "de acuerdo".

Aún hoy lo recuerdo,
cuando por la mañana preparo el café mientras él se ducha.

                                                                               Johann R. Bach 

23 jun. 2015

¿Qué queréis que os diga? No me gusta la Colau


PIRINEOS FUENTE DE RIQUEZA

Ante el menosprecio de una alcaldesa,
sin escrúpulos, inhumana y que no sabe lo que es soñar con un mapa Alpina entre las manos

miré temprano este domingo
hacia arriba y vi, rayando el cielo con su vuelo, el fénix y el quebrantahuesos sobre las nieves.

Vi también los paisajes
donde nació la pintura olotina de manos de los Vayreda de aproximación al impresionismo.

Jamás riquezas ni honores ambicioné
y ya hace tiempo que ya ni pienso en esas cosas.

El caballo bayo no ambiciona
correr una distancia de mil kilómetros.

El desterrado ha vivido
siempre con el sueño de volver al Canigó, rendido por el cansancio de un otoño de varias décadas.

Los hombres hombres
de diez veces siete años fueron añorantes del ruiseñor natos en todo tiempo.

Y, además,
dónde ir una vez separado del Lago Sant Maurici o de la Pica d'Estats?

Yo siempre he creído que el hombre cuerdo,
en toda pesadumbre que le aflija –incluida la pérdida de compañeros bajo un inesperado alud-,

debe saber
que el cielo nunca dispone nada que no tenga su fin.

¡Oh Pirineos,
oh lagos Certescans –donde tuve la dicha de colocarte las válvulas-, Naorte y todos los otros diminutos depósitos del agua de vida! ¡Vida hasta más allá de Cerler!

Aún me queda el consuelo
de cantaros en mis puros poemas.

                                                              Johann R. Bach

Tras la sutil cortina rosada de la ventana


UNA GOTA DE CAFÉ SOBRE EL ALBORNOZ

Algo misterioso revolotea sobre su cabello,
algo como diminutas mariposas de oro y frunce con extraño nerviosismo el ceño.

La incipiente primavera retrocede
ante la fina niebla que extrañamente acompaña al viento como si tuviera prisa por desvanecerse.

Tras la sutil cortina rosada de la ventana
contempla las cumbres aún nevadas como si las montañas del fondo del paisaje fueran un biombo pintado.

Piensa en ir a la cocina
-con la tenue luz por compañera- a preparar un café, a intentar poner en marcha el vehículo que transporta a lo cotidiano.

Fuera, tras la ventana,
el frío cielo comienza a iluminarse, y se ata el cinto del albornoz con un nudo parecido al de su garganta.

¿Seguirá ceñido aún a la cintura de su amado
el miedo a no encontrar el camino de regreso?

Una gota de café ha manchado
su rosado atuendo como lo ha hecho sobre su rostro el rímel arrastrado por las lágrimas.

Algo misterioso revolotea sobre su cabello,
algo como diminutas mariposas de oro y frunce con extraño nerviosismo el ceño.

                                                               Johann R. Bach

22 jun. 2015

Es tan fuerte mi delirio…


ME BASTARÍA CON QUE ME NECESITARAS

Este navegar a barlovento
más penoso
cuanto menos viento acude a mi rostro.

Es tan fuerte mi delirio…
-esperando volver a ver esos ojos de té- que
me bastaría con que me necesitaras.

Ya lo ves: sólo puedo escribirte
algunos pocos poemas,
enviártelos como un ramillete de margaritas.

Aún no te he olvidado.

                                                Johann R. Bach