22 oct. 2016

Y si el día es lluvioso mucho mejor por su sonido húmedo y los aromas de tomillo y paja tierna.


EL ROJO FEMENINO SATURADO DE SANGRE

Los dibujos de Cassia
son como cuadros de Octavi Intente (gran amigo del blues y de la noche) auténticos tapices bordados con hilo de oro azul sobre el lienzo del aire.

En sus tonos rojos saturados de sangre
se puede ver, como en la mayoría de los cuadros pintados por mujeres, su sello femenino. Son inconfundibles los trazos rápidos como si estuviera viendo en un espejo sus mejillas el color del crepúsculo, la plenitud de la fruta.

Son sus cuadros paisajes
para para colocar junto a grandes ventanales y compararlos con la luz del amanecer y su encendido olor de madrugada mientras suenan campanadas que se resquebrajan como granadas.

Sí, sí. Ya sé que estáis pensando
que escribo todas esas cosas porque estoy enamorada de ella, pero comprenderéis que después de los elogios que Cassia hace de mis metáforas no me voy a quedar impasible, mirando por la ventana y su vidrio lente de presbicia.

Una vez que te has acostumbrado
a ver las paredes de esta Casa de Huéspedes forradas con los trazos finos de la mano de Cassia sólo queda implorar luz clara al cielo…, y bondad al viento; y, dejar para la noche la experiencia del misterio de las caricias amorosas.

                                                                                                 J. R. Bach

20 oct. 2016

¿Acaso no concluye ya el racimo en septiembre?


LA FIESTA CONTINÚA

¿A quién puedo ofrecer las dudas áureas

el rastrojo en que florece el cálculo?

¿A quién puedo dar 
el bazo podrido del envidioso y el borrico?

¿Sólo yo tengo crisis
en las que me siento como un ser solitario?

¿Sólo yo me siento,
a veces, triste, ignorante…, prescindible como la ola de un mar en calma chicha?

¿Soy acaso la única en percibir
que la velocidad de la luz es poca cosa?

¿Es posible, en el actual estado de cosas,
creer aún en la necesidad de reír?

¿Acaso no concluye ya
el racimo en septiembre?

¿Alguien duda de que la lluvia seguirá cayendo
sobre los tejados de zinc o de pizarra?

¿Dejará acaso de cantar el enloquecido grillo
en las cortas noches del verano?

La fiesta continúa:
el horizonte, el amor…, la fantasía.

                                                              Johann R. Bach

19 oct. 2016

...allí donde la palabra escrita por Ermessenda ha hincado el diente, del papel hace porcelana fina.


NOCHES DE PLATA OXIDADA

Me consta que Ermessenda conoce
las consecuencias de las desmelenadas verdades que han demolido los hombres en el vasto torbellino de las metáforas.

No ha menospreciado nunca
el fuego y la lava de las tripas: siete metros y medio de oscuro vacío orgánico y todo el ardor ácido de las dudas que nos agrietan.

No es posible –según ella-
cerrar los ojos y proclamar el vacío –encontrar un lugar para ocupar o ser humo en el planeta Tierra, pues la válvula tricúspide no pasa de moda.

Porque ¿cuántas penumbras volcadas
sobre el corazón se necesitan para paralizar los riñones hasta convertirlos en lunas entumecidas cubiertas de terciopelo?

Todo en esta Casa de Huéspedes
es como el absurdo pasajero que concurre en la parábola.

No somos importantes –reconozcámoslo ya desde ahora-,
somos retales de algodón, sólo retales de la promesa: noches de plata oxidada.

-De acuerdo, de acuerdo Cassia;
sin embargo, tus retratos y tus paisajes trascienden el mero hecho de una simple historia de una persona.

-Amiga Laia,
al igual que tus construcciones de hierro, hormigón y ladrillo rojo pueden durar siglos, allí donde la palabra escrita por Ermessenda ha hincado el diente, del papel hace porcelana fina.

                                                                                                  J. R. Bach

18 oct. 2016

Amb ulls tristos, miren a l'infinit els déus de l'Olimp.


LA NOCHE GRIEGA

Arde Europa por los cuatro costados.
Las fuerzas centrífugas son cada vez más fuertes.

Gran Bretaña se niega a discutir
con tirios y troyanos, con irlandeses y escoceses

Con ojos tristes,
miran el infinito los dioses del Olimpo.

Allí donde Europa y sus musas diseñaron el futuro
ya no se recogen las aceitunas y las heridas de las granadas
chorrean arilos fucsias sin desprenderse del árbol. 

El tiempo navega en la noche griega
carro negro con neumáticos de silencio.

                                                                                  J. R. Bach



La esperanza que zurce horizontes no desaparece de sus ojos


CAE LA NOCHE SOBRE EL MAR

El ojo del calamar acecha mar adentro.

El viento de tramontana ha cesado
y vitrifica el aire. Llueve y cae también la noche barca ciega que avanza con todos los remos levantados.

La esperanza que zurce horizontes
no desaparece de sus ojos a pesar de que, en los que piden asilo,  la vida es un inminente fuego y toda vulnerable.

El cielo es para ellos
un tejado de negra pizarra en el que no es extraño que naufraguen los más plácidos sueños.

Los desaparecidos están ahí abajo –piensan-
y miran el mar con nuestros ojos, hablan con nuestras palabras, están en mis labios.

Y es que nosotros mismos somos el mar, el escollo y la sed.

                                                                                      J. R. Bach

17 oct. 2016

pronto vieron cómo el día era sustituido por la noche luciérnaga que avanza con las luces apagadas


PIRÁMIDES TRUNCADAS

No es plano el cielo –dicen los científicos-
y es perder el tiempo negar esa negación, sin embargo, yo tengo a menudo la sensación de caminar sobre él entre silencios con color.

Veo, después de tomar café
siete pirámides truncadas por la niebla, entre ellas asoma una luna-violín y un albatros-amor,

un cóndor-flauta deslumbrado
por el reflejo de las luces de la ciudad en las nubes bajas que va doblando, mareado, las aristas de  los poliédricos monumentos como si fueran simples esquinas.

También veo una estrella y su núcleo de níquel-wolframio
que atraviesa lentamente y triste el horizonte. Su brillo rojo-verde puede confundirse con un avión, pero esa idea se desvanece en cuanto atrapa a una nube por la axila.

Otra estrella orgullosa de estar formada por minerales
de itrio, lantano y tántalo lucha desesperadamente contra su anemia blanca. Siete niños castigados se olvidan rápidamente del cero obtenido en matemáticas al perseguir las burbujas doradas que esa estrella-pulsar lanza al espacio situado por encima del cielo.

Podríamos decir de ellos, por ejemplo,
que su mañana era una voz de alondra-armónica rio abajo que se extendía tiernamente y era policroma. Pero pronto vieron cómo el día era sustituido por la noche luciérnaga que avanza con las luces apagadas.

Ellos, como yo, se olvidan de ellos mismos
en el ingenuo color que, en solitario, lucha contra el dolor. Esperan que la tetera esconda en su vapor al Ángel Montserrat con sus cintas azules en la boca.
                                                                                                           J. R. Bach

16 oct. 2016

había colocado sobre la pared que daba de frente a las grandes ventanas, jirones de tela deshilachadas


LOURENZO Y SUS RETALES

De niño solía hacer cosas para matar el tiempo.
Y esa costumbre le acompañó durante toda su vida: sacaba un hilo tras otro de un basto trozo de saco, desenredaba el entramado de una cuerda hasta que sólo quedaban los hilos más finos o, al contrario, llenaba de nudos un cuerda, despedazaba una flor o una rama de pino, sombreaba una hoja de papel con un lápiz, hasta que cubría toda su superficie.

A veces intentaba hacer alguna composición
como haciendo un collage con un puñado de hilillos, fibras de cáñamo y pétalos de una flor. Ponía cuidado en dejar espacios vacíos en forma de estelas y dejaba todo el material esparcido por el suelo como si el azar hubiera dispuesto caprichosamente todos aquellos objetos.

Siendo algo mayor solía bajar al sótano de la casa
buscando entre todo tipo de cosas y trastos viejos que olían a polvo antiguo. Siempre acababa escogiendo algún trozo de tela, la lavaba en la cocina con agua caliente y jabón tardando un buen rato en eliminar los restos de telarañas y dejarla completamente limpia. En un primer momento hacía jirones de unos dos centímetros de ancho con la finalidad de tener con qué distraerse durante días. Deshilachando cada jirón de aquellos tenía entretenimiento para varias horas.

Esa afición de deshilachar retales
la ha desarrollado incluso aquí en esta Casa de Huéspedes. En efecto, durante semanas se encerró en su habitación, salía escasamente para desayunar y cenar; el resto del día deshilachaba sin parar toda aquella tela que caía en sus manos. Cierto día abrió de par en par las grandes puertas de su habitación y, eufórico, nos mostró su "obra de arte":

había colocado sobre la pared que daba de frente a las grandes ventanas, jirones de tela deshilachadas en sus extremos como formando una hilera de escobas atravesadas por unos cuantos hilos pintados con carmín de labios y, como formando un marco, un cordel lleno de nudos limitaba el collage sujetado a la pared con multitud de chinchetas de colores.

Mientras duró aquella actividad
sólo entraba en la cocina por las mañanas para prepararse un café. Algunos días sólo comía cacahuetes salados hasta el punto de que la boca llegaba a arderle, y bebía cantidades ingentes de café. Durante la cena hablaba poco con el resto de huéspedes. Dormía mal por las noches, tenía sueños extraños y a menudo se despertaba empapado de sudor.

A veces tenía la sensación
de que todo lo que percibía de la Casa de Huéspedes estaba en relación con su lenta obra de destrucción lo cual podía ser una explicación a su afición a deshilachar retales de tela. Los gritos de los niños del piso de encima le provocaron una de esas crisis suyas insoportables llevándole a arrancar un pedazo de tela de su vieja camisa de algodón y luego, con la ayuda de una aguja fue sacando hilo tras hilo. Durante esa labor –decía Lourenzo- me olvido del tiempo y de los gritos de mi infancia.

                                                                                           J. R. Bach