24 sept. 2013

Me miraré en el espejo, me costará verme cómo soy

LA  MEDIANOCHE  DE  LA  ASTRONAUTA

 

Sudando, me despertaré a medianoche,

con la boca seca, pastosa, angustiada por algún sueño horrible; me sentaré en el borde de la cama, miraré el reloj;

 

las suaves campanadas de un reloj digital

marcarán la señal del meridiano terrestre. Beberé un trago de agua salinizada levemente que me hará recordar los antiguos polvos del Dr. Lithinés,

 

iré al lavabo

con grandes ganas de orinar y pocas de defecar por lo que tendré que apretar mi frio vientre con mis propias manos, doblando el cuerpo hacia adelante, dejando sueltos los músculos de la cara y con los labios colgando notaré el fluir de mi saliva que no impediré por una extraña y agradable sensación.

 

Algo más calmada,

me miraré en el espejo, me costará verme (lo sé, estoy segura) cómo soy; reconocerme se me presentará duro pero, a pesar de todo, analizaré esa mueca de disgusto, escudriñaré con mis propios ojos el fondo de mis dilatadas pupilas.

 

Pulverizaré sobre mi cara agua fresca

como forma de lavarme. Me untaré el cuello cabelludo con un aceite elaborado a base de Rosa mosqueta y Citrus sinensis,

 

aspiraré, por medio de otro espray,

aceite esencial de Citrus aurantium para combatir mi ansiedad, haré las muecas aconsejadas por el Manual de la Soledad para recuperar la tonicidad de mis músculos faciales.

 

De vuelta otra vez a la cama

con mis cuatro gránulos de Lilium tigrinum 15 CH que me harán soportable la angustia, intentaré concentrarme en la lectura de "Las Estructuras del Cerebro", me esforzaré por no enviarlo todo a freír espárragos

 

y al leer no leeré,

pensaré en momentos pasados, gozosos en el recuerdo y al tiempo que una mano cede por el peso del libro la otra jugará a los dados. Me relajaré lentamente y caeré en los brazos de Morfeo como otras tantas noches artificiales.

                                                                Johann R. Bach

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