2 mar. 2013

EL MOLINO DE SANTA PONÇA (de la novela "Las tardes de un alférez")

                            El Molino de Santa Ponça

 

¡Oh Santa Ponça!

 

Tu territorio

entra en las saladas aguas de este Sagrado Mare Nostrum como el perfil de una bella durmiente con la cabellera anegada de vida húmeda.

 

El color de tus rocas

no es un solo color; es una mezcla de millones de colores; es tan sólo luz. Y la luz sucede a la luz en láminas de tenue transparencia.

 

¡Oh Santa Ponça!

 

Tus rocas bajan

hacia las aguas dibujado perfil por la mano de un dios que aquí encontrara reposo, la perfección del sacrificio, delgadez de la línea que engendra un horizonte de ocasos o

 

el deseo sin fin de lo lejano.

 

¡Oh Santa Ponça!

 

Aquí vemos cada día,

como desde un viejo molino, el amor de un dios y el mar. Y más allá, los dioses y los mares.

 

Como las aguas besan las arenas

y tan sólo se retiran con sus pequeñas mareas para volver, regresa a tu cintura, a tus labios mojados por el tiempo, a la luz de tu piel que el sol bajo de la tarde enciende.

 

¡Oh Santa Ponça!

 

¡Qué bello el cuerpo de tu territorio!

 

El descenso afilado de la piedra hacia el mar,

como un cabo hacia las aguas observado por el ojo del faro de Cala Figuera, se cierra cada noche detrás de un telón de luz roja.

 

Y el envolvente vacío de todo lo creado,

materno, como inmensa morada duerme vigilada sólo por un molino de viento.
 
                                                                                                   Johann R. Bach
                                                                                         www.homeo-psycho.de

1 mar. 2013

LAS HUELLAS DE LA VOZ

LAS HUELLAS DE LA VOZ

 

Desde la velocidad de la luz

hasta el miedo, tu mirada sobre el mar expresa sentimientos como poemas de Goethe; tu intuición te repite una y otra vez que el mundo es básicamente diferente de cualquier cosa que podamos  experimentar con los sentidos.

 

Sin embargo, no puedes dejar de creer

en las voces que te hablan, ni negar la tristeza que te transmiten aquellas cartas de amor que recibías, puntualmente, cada cinco días durante tu estancia en Lausanne.

 

Aquellas cartas provenían

de alguien que, como tú, deseaba ante todo un cambio radical del mundo, un vuelco del corazón humano.

 

A pesar del proyecto de alguna ley universal

que aún tardará en hacerse cumplir en algunos países, la vida de las mujeres ha cambiado muy poco… la vida concreta cotidiana.

 

A menudo te quejas de esta vida que confina,

y niega cualquier aspiración más allá del espacio en el que los hombres, en general, intentan encerrarte.

 

Tus propios impulsos de libertad

te hacen dudar de ti misma y caes, a veces, en el abismo de sentirte perteneciente a una generación de desencantadas cuando en realidad aún no has llegado ni al ecuador de tus años.

 

De la sombra que ahoga el reír de las muchachas,

de los líquenes que oxidan y devoran sus corazones quizá surja un fotón que, saltándose los muros invisibles, ilumine el fondo de las retinas y desencadene la alegría.

 

En algún momento las risas crecerán

de tamaño e intensidad, invadirán el mundo y concluirán poemas como el brotar de las piñas en las copas de los pinos piñoneros.

 

¡Decídete a hablar (o a escribir)!

No eres artista ni has tenido hijos. Todo lo que eres y que has sido hasta ahora ha de desaparecer un día contigo, pero las huellas de la voz que va impregnando todo lo que te rodea –cosas, plantas, personas-, sin duda, perdurarán como tu espíritu.
 
                                                                                                                         Silvia M. Folch
                                                                                                             www.homeo-psycho.de

28 feb. 2013

UTILLAJE DE MINERO

UTILLAJE DE MINERO

 

El cuerpo me pide que te ame.

Has venido como la ola, sin orden ni concierto y me siento como una niña que se siente mirada y atendida en sus historias explicadas con palabras balbucientes.

 

Me gustaría poderte decir

palabras bonitas simplemente porque quiero decírtelas. Se las he pedido a mis hijos y se han reído de mí porque realmente para ellos sólo fui lo mismo que para su padre: una ama de llaves.

 

Sé que me buscas

porque te gustan las mujeres, pero en tu juego he encontrado la ternura que me fue negada por una sociedad cargada de militares, monjas, jueces y políticos cargados todos ellos de autoritarismo.

 

Siento que explotas mi soledad,

la manoseas y la acorralas con sibilina suavidad y si he de escuchar los consejos de los que me rodean en el taller no me queda más remedio que negarme a tus besos.

 

Soy muy frágil y tú lo sabes.

No puedo evitar esta marea viva que parte de mi bajo vientre e inunda de saliva mi boca. Físicamente soy fuerte porque esa era la cualidad de las mujeres de los mineros, mientras que el corazón es blando como mis labios.

 

Fui educada para amar pasivamente

en un mundo exento de ternura donde yo debía ser la última atendida. No debía envejecer para poder cuidar, por lo menos, a tres generaciones de hombres.

 

Abuelos, tíos, hermanos y cuñados,

hijos y sobrinos tenían, todos ellos, derechos sobre mí por el simple hecho de que haber nacido mujer antes de hora: en un mundo en que todas éramos simples utillajes de minero.

 

Ahora a mis sesenta y dos años

siento por primera vez revolotear las mariposas en mi vientre y por primera vez en la vida no pienso hacer caso a nadie sobre lo que debo hacer con mi cuerpo y mi soledad.

 

Mi sangre no quiere ni paz ni tregua

y pregona con fuerza que soy de estirpe humilde y romera; y, quisiera sólo saber algunas palabras bonitas y sencillas para decírtelas entre beso y beso.

                                                                                     Elisa R. Bach
                                                                            www.homeo-psycho.de

MEDICINA PARA LOS QUE TRABAJAN EN EL AMBITO DE LA JUSTICIA

ANTES DE UN JUICIO: LYCOPODIUM 200 CH
    Johann R. Bach

MEDICINA PARA LOS QUE TRABAJAN EN TEMAS DE JUSTICIA

                       La jueza dictando su razonada sentencia

 

ANTES DE UN JUICIO: LYCOPODIUM 200 CH

 

Con un retraso de once años,

dos meses y cuatro días se dio paso a la fase de Audiencia Pública de aquello a lo que las enciclopedias dedican páginas y páginas: EL JUICIO.

 

La investigación formal

concebida para demostrar y dejar constancia de la inocencia sin mácula de jueces, abogados, fiscales y miembros del jurado estaba en su punto álgido y para conseguir tal fin se necesitaba en la sala,

 

la presencia del contraste visible: EL REO, PRESO o ACUSADO.

 

Por si el contraste no estuviera claro

se le debió acusar además, como a otros acusados, de revolucionario que por lo general se trata de un ser humano o socialista, pero en la Edad Media también se juzgaba a animales, peces, reptiles e insectos.

 

Sí, sí, esos juicios a las cosas

estaban a la orden del día, pero pensemos que hasta los años 70 del siglo pasado en España

 

se condenaba –en los cuarteles-

a motos por haber atropellado a alguien recluyéndolas perpetuamente en el garaje; o, se arrestaba a la bandera de un cuartel por haberse sometido en sus dependencias a una borrachera colectiva de alcohol y putas;

 

A los insectos que asolaban los campos

de cereales, los huertos y los viñedos: eran citados a declarar por el fiscal ante un tribunal civil;

 

si después de su declaración,

defensa y condena continuaban "in contumanciam", el caso se llevaba a un tribunal eclesiástico superior, donde se les excomulgaba y anatematizaba solemnemente de forma que sus hijos no pudieran ir a ninguna escuela jesuita.

 

En Nápoles se sentenció a un burro

a morir en la hoguera, aunque debido a la intersección de los franciscanos, no llegó a ejecutarse.

 

En la Suiza de 1.451,

se entabló un pleito contra las sanguijuelas que infestaban algunos estanques de los alrededores de Berna, y

 

el Obispo de Lausanne,

siguiendo las recomendaciones de los profesores de Heildelberg, dictó que algunos de aquellos "gusanos acuáticos" fueran detenidos y  presentados ante el magistrado local.

 

Así lo hicieron,

y a las sanguijuelas, tanto las presentes como las ausentes, se les ordenó que abandonaran los lugares que habían infestado antes de tres días, so pena de recibir "la maldición de Dios". Las crónicas de la época no relatan si se cumplió la condena.

 

Todas esas condenas recaen

sobre las atribuladas mentes de Jueces, abogados, fiscales, miembros de jurados, llenándolos de ansiedad. A pesar de ello se esfuerzan en ir pulcramente vestidos y demuestran su voluntad de personalidad esotérica e inmaculadas (las mentes) se revestirán con la toga –negra, claro.

 

Sufren, después de leídos los sumarios

de una fuerte falta de confianza en sí mismos, pero gracias a las investigaciones de un modesto Alférez médico se descubrió -ya hace unos cuarenta años-, que

 

su dignidad y pureza salen a flote

tomando la salvaje medicina LYCOPODIUM 200 CH, que con sólo un gránulo se puede ganar un juicio. Es decir, después de tomar esa medicina les importará un bledo si el acusado era o no culpable.

 

                                                                              Johann R. Bach
                                                                  www.homeo-psycho.de

27 feb. 2013

OJOS DE CUERO

OJOS DE CUERO

 

 

 

¡Oh mañana!

 

Si no me inspirases reflexiones poéticas no tendría nada para vivir. Estas rocas que resisten la embestida milenaria de las olas no serían mías.

 

 

 

Ahora me siento feliz

 

de tener bajo mi mirada manzanos a los que, cuidadosamente, se les preparó el lecho para alojar a sus raíces y también a los descuidados algarrobos que echan ramas y frutos llenos de vida; y, siento gran satisfacción porque mis manos se llenan de sol.

 

 

 

Todo el oxígeno del mundo

 

puede pasar por mis pulmones sin pedir permiso a los ángeles y sin provocar la irrupción de los demonios y desde la atalaya solar puedo ver cómo los colores se mueven por cielos y mares.

 

 

 

Los dioses han vuelto.

 

Acaban de penetrar en la vida y nos exhortan a contemplar el paso de las muchachas acariciando las ramblas después de la lluvia. Sus movimientos se parecen al vuelo de las abejas…sólo ellas saben cuánto polen llevan en la boca para que la miel concluya.

 

 

 

Esta tierra de espanto

 

donde caza el licaón y abundan las víboras, paradójicamente, no está exenta de desamparo y lo que nos piden los inviernos es que levantemos por los aires lo que de otro modo no sería sino limalla enrojecida por la oxidación y lluvia ácida.

 

 

 

Lo que nos piden los inviernos

 

es que formemos parte del preludio que se ha de convertir en sabor: un sabor igual a aquel que canta bajo su redondez alada la civilización de la luz, del color y el fruto.

 

En el mar que templa el clima

 

hay que hundir esa rabiosa voluntad de enseñarnos a despreciar a los dioses que viven entre nosotros.

 

 

 

Ellos, pacientemente,

 

esperan de nosotros que no permitamos que nos sustraigan la parte de la naturaleza que contenemos. No perdamos ni un pistilo de ella, no cedamos ni una gota de su fina lluvia.

 

 

 

¡Oh mañana!

 

¡Qué suerte poderte observar aún con mis ojos de cuero!

 

 

 

        Johann R. Bach

OJOS DE CUERO

    OJOS DE CUERO
       Johan R. Bach

OJOS DE CUERO

                                           OJOS DE CUERO

 

¡Oh mañana!

Si no me inspirases reflexiones poéticas no tendría nada para vivir. Estas rocas que resisten la embestida milenaria de las olas no serían mías.

 

Ahora me siento feliz

de tener bajo mi mirada manzanos a los que, cuidadosamente, se les preparó el lecho para alojar a sus raíces y también a los descuidados algarrobos que echan ramas y frutos llenos de vida; y, siento gran satisfacción porque mis manos se llenan de sol.

 

Todo el oxígeno del mundo

puede pasar por mis pulmones sin pedir permiso a los ángeles y sin provocar la irrupción de los demonios y desde la atalaya solar puedo ver cómo los colores se mueven por cielos y mares.

 

Los dioses han vuelto.

Acaban de penetrar en la vida y nos exhortan a contemplar el paso de las muchachas acariciando las ramblas después de la lluvia. Sus movimientos se parecen al vuelo de las abejas…  sólo ellas saben cuánto polen llevan en la boca para que la miel concluya.

 

Esta tierra de espanto

donde caza el licaón y abundan las víboras, paradójicamente, no está exenta de desamparo y lo que nos piden los inviernos es que levantemos por los aires lo que de otro modo no sería sino limalla enrojecida por la oxidación y lluvia ácida.

 

Lo que nos piden los inviernos

es que formemos parte del preludio que se ha de convertir en sabor: un sabor igual a aquel que canta bajo su redondez alada la civilización de la luz, del color y el fruto.

En el mar que templa el clima

hay que hundir esa rabiosa voluntad de enseñarnos a despreciar a los dioses que viven entre nosotros.

 

Ellos, pacientemente,

esperan de nosotros que no permitamos que nos sustraigan la parte de la naturaleza que contenemos. No perdamos ni un pistilo de ella, no cedamos ni una gota de su fina lluvia.

 

¡Oh mañana!

¡Qué suerte poderte observar aún con mis ojos de cuero!

 

                                                                         Johann R. Bach
                                                              www.homeo-psycho.de

26 feb. 2013

HÓRREO GALLEGO: UN POEMA HECHO EN PIEDRA

             Hórreo gallego: un poema escrito en piedra

 

HÓRREO GALLEGO

 

El poeta lee

en un hórreo gallego - auténtica Piedra Roseta de Galicia-, todo un mundo de sentimientos, un tiempo difícil donde el mínimo esfuerzo se valoraba y las palabras amorosas ocupaban un alto lugar en la vida de un espacio que se batía contra las embestidas del mar.

 

Hoy ya pocas personas podrán negar

la belleza de un hórreo gallego y la delicadeza con la que se escogió el paisaje donde ubicarlo, de la misma manera que muy pocas mujeres pueden encontrar que la palabra amor les suene como un sonido cursi, kitsch, rosa. A todas nos gusta oírla.

 

Y es que a la poesía se le acusa,

frecuentemente de cursi -cuando va tras las huellas de la belleza-, de describir no lo que realmente ha sucedido, sino como ha sido escrito o esculpido en la piedra

 

pero ya se cuentan por miles

los historiadores que deducen de los versos de un poema toda la riqueza del universo de sentimientos en el que vivió el poeta que los compuso.

 

A ella –la poesía-

le debemos aquello que, de tan evidente, pasaba desapercibido: esa reformulación constante en su insistencia del arte en clave femenina.

 

El lenguaje de un poema

no es –o no debería ser- un conjunto de fichas para jugar, sino que los valores de cada palabra y de cada frase reciben su expresión a través de procesos históricos que no se pueden eludir.

 

Así, las palabras contienen

siempre un hatillo de marcas y cicatrices, aunque después el poeta las lleve a cabo a su lenguaje particular, pero

 

¿Quién enseñó a hablar a los poetas?

¿Alguien con vocación femenina?

                                                                           Leo P. Hermes
                                                                  www.homeo-psycho.de

PAUL LAFITTE (Suite del maquís)

El sueño de un maquís prisionero: LA FUGA.

Siete poemas con un hilo conductor entre ellos para dar relieve al relato en tercera persona del maquís Paul Lafitte, de origen empordanés, que luchó con las armas en la mano durante veinte años, y veinte más denunciando con su pluma las injusticias en el ámbito europeo.                     

                                                                                             Johann R. Bach

                                                                                   www.homeo-psycho.de

PAUL LAFITTE (Suite del maquís)

El sueño de un maquís prisionero: LA FUGA.

Siete poemas con un hilo conductor entre ellos para dar relieve al relato en tercera persona del maquís Paul Lafitte, de origen empordanés, que luchó con las armas en la mano durante veinte años, y veinte más denunciando con su pluma las injusticias en el ámbito europeo.

Johann R. Bach

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)

Toda la nieve del valle era insuficiente

para enfriar sus sesos. Tenía el infierno en la cabeza.

Con la primavera en la punta de los dedos

en el mismo instante en que La Candelaria reía, las verdosas andanadas de hierbas exuberantes cubrían las escasas parcelas de tierra enamorada.

Como a todo lo demás,

animales de granja, escarabajos y muebles, le había temblado también el espíritu.

Con gran dolor se comió,

al mismo tiempo que su orgullo, las fotografías que aún conservaba en la cartera.

Eran auténticos documentos gráficos

de una actividad –la guerrillera- que comprometía su alma, incluso si aquélla hubiera estado dormida.

¿Cómo le pudo llegar a él la escritura?

¿En qué podía pensar si no,

mientras el plumón de la niebla se estrellaba contra aquella ventana que no podía protegerle ni siquiera del frío del invierno?

Se levantaba de su lecho de paja,

iba y venía dando saltos de un lugar a otro, combatiendo con el ejercicio su entumecimiento.

Llegó a desear

que sus enemigos lo trasladaran lo antes posible a otro lugar soñando con el ligero calor del interior de un vagón de tren.

Siempre se había sentido orgulloso

de no haber nacido en una metrópoli. Creía que eso era una suerte porque le permitía ver a su país "desde fuera".

Comprendió que aquella guerra iba a prolongarse

"más allá de los armisticios platónicos",

pues los excrementos del nazismo se habían hundido en el fértil inconsciente de los hombres y la única forma de resistir era convertirse en un refractario.

Su propio aliento

era el único calor que llegaba a sus manos…

Dos soldados le registraron en el cobertizo.

al encontrar en su cartera un tríptico que le identificaba como Paul Lafitte, nacido en Aix-en-Provence,

le pusieron un brazalete azul en el brazo

y lo subieron a un vagón abarrotado de prisioneros.

El calor de aquel amasijo de desdichados,

con un mismo momentáneo destino, le devolvió la esperanza.

Vivió aquella noche

coloreada de herrumbre como la de un reo que ve cómo alguien misterioso le abre las rejas de todos los jardines.

Sobrevivió

porque para la mirada de la noche viva, el sueño no es a veces sino un liquen espectral dispuesto a hacerse realidad.

Johann R. Bach

www.homeo-psycho.de

PAUL LAFITTE (Suite del maquís)

El sueño de un maquís prisionero: LA FUGA.

Siete poemas con un hilo conductor entre ellos para dar relieve al relato en tercera persona del maquís Paul Lafitte, de origen empordanés, que luchó con las armas en la mano durante veinte años, y veinte más denunciando con su pluma las injusticias en el ámbito europeo.

Johann R. Bach

 

 

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)

Toda la nieve del valle era insuficiente

para enfriar sus sesos. Tenía el infierno en la cabeza.

Con la primavera en la punta de los dedos

en el mismo instante en que La Candelaria reía, las verdosas andanadas de hierbas exuberantes cubrían las escasas parcelas de tierra enamorada.

Como a todo lo demás,

animales de granja, escarabajos y muebles, le había temblado también el espíritu.

Con gran dolor se comió,

al mismo tiempo que su orgullo, las fotografías que aún conservaba en la cartera.

Eran auténticos documentos gráficos

de una actividad –la guerrillera- que comprometía su alma, incluso si aquélla hubiera estado dormida.

¿Cómo le pudo llegar a él la escritura?

¿En qué podía pensar si no,

mientras el plumón de la niebla se estrellaba contra aquella ventana que no podía protegerle ni siquiera del frío del invierno?

Se levantaba de su lecho de paja,

iba y venía dando saltos de un lugar a otro, combatiendo con el ejercicio su entumecimiento.

Llegó a desear

que sus enemigos lo trasladaran lo antes posible a otro lugar soñando con el ligero calor del interior de un vagón de tren.

Siempre se había sentido orgulloso

de no haber nacido en una metrópoli. Creía que eso era una suerte porque le permitía ver a su país "desde fuera".

Comprendió que aquella guerra iba a prolongarse

"más allá de los armisticios platónicos",

pues los excrementos del nazismo se habían hundido en el fértil inconsciente de los hombres y la única forma de resistir era convertirse en un refractario.

Su propio aliento

era el único calor que llegaba a sus manos…

Dos soldados le registraron en el cobertizo.

al encontrar en su cartera un tríptico que le identificaba como Paul Lafitte, nacido en Aix-en-Provence,

le pusieron un brazalete azul en el brazo

y lo subieron a un vagón abarrotado de prisioneros.

El calor de aquel amasijo de desdichados,

con un mismo momentáneo destino, le devolvió la esperanza.

Vivió aquella noche

coloreada de herrumbre como la de un reo que ve cómo alguien misterioso le abre las rejas de todos los jardines.

Sobrevivió

porque para la mirada de la noche viva, el sueño no es a veces sino un liquen espectral dispuesto a hacerse realidad.

Johann R. Bach

www.homeo-psycho.de

25 feb. 2013

60 ANIVERSARIO

                        CUMPLEAÑOS (II)

 

Parece increíble,

pero puedes mirar atrás y ver sesenta años. Y allí, al final de la mirada -a cada año un metro de distancia-, un ser humano ya completamente reconocible, las manos apretando los puños al dormir,

 

los ojos clavados en el futuro

 

con la mezcla de terror

y desesperanza de alguien que sabe de su próxima aniquilación.

 

Completamente familiar

aunque todavía, por supuesto, muy joven has vuelto a ir al cine y a oscuras has vivido cómo dos manos se buscan entre sí.

 

Mirando ciegamente hacia adelante,

con la expresión de alguien que clava los ojos en la más completa oscuridad recuerdas con cariño a aquella niña que no acababa de encajar:

 

la imperfecta

para quien el recreo era un suplicio.

 

En tu opinión, no cumples con la definición

de niña, una persona que puede esperarlo todo del futuro y, sin embargo, los otros te van mirando sorprendidos, constantemente amistosos, con la cámara, mientras dices "Lluiiiiiiis";

 

muchos de ellos sonríen

realmente con verdadera convicción, y acuden a tu memoria todos esos años plagados de inseguridades, de sueños bonitos, de disgusto por ti misma, y, también inundada

 

de desprecio hacia lo común y corriente;

 

eternamente relegada a la soledad,

dominada por lo trágico, donde la inmensa voluntad de vivir sólo era algo a rechazar te ha sorprendido aprender a los 60

 

con qué se llena una vida vacía

 

                                                                                  Johann R. Bach
                                                                        www.homeo-psycho.de

24 feb. 2013

EL MONÓLOGO DE PALMIRA

                                 EL MONÓLOGO DE PALMIRA

 

Bajo una dulce música de jazz,

estábamos todas estiradas en el suelo hablando unas con otras. Eran tan sólo las tres de la mañana y nadie hacía el mínimo gesto para marcharse a casa.

 

Estábamos tan bien

que queríamos detener el tiempo, evitar un final. Fui al lavabo y me arreglé un poco y al volver las encontré a todas haciendo un corro sentadas y escuchando lo que decía Palmira.

 

Ignoraba de qué iba el asunto,

pero ni loca iba a perderme aquello. Me senté tras la espalda de Anaïs y me dispuse a escuchar como las demás. Hablaban de poesía…

 

                             EL MONÓLOGO DE PALMIRA

 

"…Aunque desde el bachillerato

yo había leído la poesía con la certeza de que era una manera de escribir distinta a todas y que no podía usarse como la prosa de las novelas o la de los libros de estudio (aunque tenía una imprecisa afinidad con los rezos religiosos),

 

creo que mi primera noción

concreta de la poesía en tanto que actividad soberana y sin relación con la experiencia inmediata se produjo cuando tropecé con Rilke.

 

Los poemas de Rilke me impresionaron,

pero más aún la convicción inmediata de que aquellos versos, aun siendo su origen a veces a partir de una traducción de los clásicos griegos, tenían una fuerza superior a cualquier poeta vivo de los que yo leía entonces.

 

Me preguntaba entonces

¿Cómo podía alguien emocionarse, o cavilar sobre nuestro destino, a partir de las palabras que hace milenios concibió el extraño habitante de un lugar remoto

 

poblado por gente

que se alimentaba de queso de cabra, aceitunas negras e higos y cuya economía, por así llamarla, se sostenía con las incursiones pirata que emprendían durante el verano por el Egeo? ¿Cómo podía seguir siendo actual Sófocles?

 

En realidad la pregunta

estaba mal planteada. No era actual Sófocles sino atemporal, o mejor aún, ahistórico. La poesía es aquello que se escapa de la historia. Más allá de lo inmediato está lo profundo del poema, lo poético, es decir, la materia prima de la poesía, aquello de lo que trata.

 

Llegado a este punto me podríais preguntar entonces ¿de qué tratan los poemas?

 

Yo diría que la poesía

es siempre un homenaje y que si el poema no es un canto, entonces no es un poema. Todas sabéis lo que se siente cuando nuestras voces se elevan hacia el cielo como el vuelo de los pájaros. Pues al leer un poema se ha de sentir ese mismo canto.

 

Recuerdo que las monjas

de mi juventud me paseaban por las clases de las niñas mayores para exhibirme como una exótica futura poetisa cuando en realidad yo lo único que hacía era leer versos en voz alta, pero aquello me permitía pasear la mirada por entre aquellas aburridas colegialas.

 

Y de vez en cuando descubría

entre ellas unos ojos vivos que se clavaban en los míos produciéndome una extraña y agradable sensación en el vientre.

 

Emocionada, desviaba mi mirada

de la suya para evitar los ojos de una niña y alternando la vista entre los versos y la ventana veía un enorme castaño en flor.

 

Yo hubiera jurado

que esa imagen la vi realmente al mirar por la ventana, pero con el tiempo y a medida que iba leyendo poesía me surgió en un momento dado la idea de que aquello fue una imagen virtual de un significado evidente:  el castaño era el símbolo fálico (el sexo masculino deseado por mí en aquellos momentos con fuerza).

 

El árbol crece

y se lanza hacia el cielo impulsado por una potencia inextinguible, explota en el florecer y en el fructificar, danza a la luz del sol como un bailarín colosal.

 

Es como un verso final

que completa el canto: la música que baila el árbol es la potencia del "bios", la música de la vida terrestre. El castaño es la danza de la vida; nosotras somos música viviente.

                                                                      Sylvia M. Folch
                                                         www.homeo-psycho.de