22 feb. 2013

YA SÓLO ES POSIBLE LA MÍSTICA

                     YA SÓLO ES POSIBLE LA MISTICA

 

En lucha contra mis propios escritos

nadie pudo arrebatarme jamás aquella dimensión de luz salida de la inteligencia de las experiencias, ni nadie pudo

 

derrocar el luto de la fe perdida,

aquella fe tan grande y transparente como el roble que se parece a un bello árbol infinito.

 

Yo misma me sorprendía

día a día mientras robaba la vida, fugitiva de mis designios de amor. Nadie me escuchó con suficiente atención y he tenido que ver cómo los barrotes del silencio crecían y reforzaban

 

la celda de cristal de roca

y me arrancaban los cabellos mientras lloraba, reía o esperaba que alguien me contestara la pregunta sagrada: ¿Qué era eso del Señor?

 

De la idea de su existencia,

después, saqué fuerzas para resistir el martirio que sobrevolaba por encima de mí como una mariposa viva. Consumé el amor, aún en mi soledad incluso lejos de los dioses.

 

Pero finalmente volví a la ciencia

del Dolor del Hombre, que se fue convirtiendo poco a poco en mi ciencia.

 

¡Oh noche!

 

Libera mi corazón

de esta agobiante estación de amor llena de recuerdos secretos. Él es la tierra, pero la tierra quiere ser fecundada y yo ya no tengo semillas.

 

¡Oh noche!

 

Si escribir es una culpa

por qué Él me dio el don de la palabra para hablar con trémulo lenguaje de amor a quien quiso escucharme.

 

Cargada ya de años

y a punto de entrar en la cuarta edad en la que las sienes son pura ceniza y ya se han cerrado los poros del pubis ¿dónde encontraré un pellizco siquiera de buena hierba?

 

¿Qué sabe nadie de mis conventos?

¿Quién sabe nada de la madura gracia de las santas? ¿y de las grandes almas enloquecidas?

 

¿Qué puedo encontrar

entre los hosannas de un hombre culto, pero vacío de cualquier contenido humano?

 

En algún lugar se halla el canto,

en algún otro, la palabra; y, nadie se atreve a pronunciarla: Locura, mi mayor y joven enemiga.

 

Durante un tiempo llevé mi soledad

como un velo sobre mis ojos hasta que se me cayó. Causa y síntoma de mis infortunios la actitud taciturna en mi juventud fue voluntaria y deleitosa:

 

era agradable al principio concebir

y meditar a ratos sobre cosas "presentes, pasadas o por venir". Aquella especie de inofensiva locura me eran tan placenteros que podía pasarme días enteros y

 

noches sin dormir,

incluso años completos en dichas contemplaciones y meditaciones fantásticas que eran como sueños y difícilmente los interrumpía voluntariamente.

 

Pero en algún momento la escena

cambió de repente por algún mal objeto a partir del cual la compañía se hizo insoportable porque me había habituado a los lugares solitarios y me incapacité para reflexionar sobre temas agrios.

 

El temor, la tristeza, la sospecha,

el pudor rústico, el descontento, las preocupaciones y el cansancio de la vida me sorprendieron con la dolorosa alarma de la congestión de mis cervicales señal inequívoca de fracaso.

 

No puedo negar que saqué provecho

de algunas de aquellas meditaciones y que me permitieron comprender la parte positiva de aquel retiro voluntario para profundizar las palabras de Jerónimo:

 

"Dijo que las villas y ciudades

le parecían cárceles horribles; la soledad, un paraíso envenenado sólo por los escorpiones. Prefería estar vestido de saco, tumbado en el suelo, alimentado de agua y hierbas, a los placeres romanos".

 

La soledad de otros autores

como Crisóstomo, Cipriano, Agustín, en tratados enteros, la que Petrarca, Erasmo, Diego de Estella y la de muchos otros que alababan tanto en sus libros es un paraíso,

 

un cielo en la tierra

si se usa correctamente, bueno para el cuerpo y mejor para el alma: "los que están inspirados por los dioses saben vivir solos". Ese debería ser el Lema número 8 de los que

 

como hicieron siempre Demócrito,

Cleantes, y todos esos filósofos, al apartarse del mundo tumultuoso, como en la Villa Laurentana de Plinio, las "Tusculanas" de Cicerón, el estudio de Giovio, para seguir sus estudios.

 

Siempre me vi, de todas formas, observada,

como Sócrates por los soldados, con admiración de mis compañeros de la facultad, pero la frialdad y la melancolía trepaban por mis piernas amenazando invadir mis órganos más nobles.

 

¡Ay del que está solo!

Hombres y mujeres deberían aprender esa disciplina de la vida que impide que unas dulces criaturas sociables acaben siendo una bestia,

 

un monstruo, inhumano,

de aspecto desaliñado y misántropos que, incluso se aborrecen a sí mismos y odian la compañía de otros seres humanos, como tantos Timones, Nabuconodosores,

 

por consentir demasiado

a esos humores agradables, y por su propia negligencia. Lo que postuló Mercurial para un paciente melancólico se puede aplicar –creo- con justicia a toda persona solitaria:

 

"La naturaleza, se puede compadecer de ti, porque mientras ella te dio un temperamento bueno y saludable, un cuerpo sano, y los dioses te han dado una alma tan divina y excelente, tantas y tantas cualidades y dones provechosos,

 

tú no sólo los has despreciado,

sino que los has corrompido, viciado, has arruinado su temperamento e infectado esos dones con el desenfreno, la ociosidad, la soledad y muchos otros medios".

 

¡Oh noche!

 

Me he convertido en un enemigo

de mí misma y del mundo. Me he perdido voluntariamente, he naufragado, yo misma soy la causa eficiente de mi propia miseria.

 

Sí, sí. Es mi retrato.

No quiero perder más tiempo contemplándolo. Debo reflexionar solamente si aún es posible corregir mi caligrafía y si aún me queda suficiente amor propio para ello.

 

Gracias por darme la oportunidad

de escribir con mis propias sílabas todo aquello que aún no ha salido de mi pecho.

                                                                               Sylvia M. Folch
                                                                     www.homeo-psycho.de

21 feb. 2013

ANTES DE UN JUICIO: LYCOPODIUM 200 CH. Poema de la novela "LAS TARDES DE UN ALFÉREZ"

                         La jueza dictando su razonada sentencia

 

ANTES DE UN JUICIO: LYCOPODIUM 200 CH

 

Con un retraso de once años,

dos meses y cuatro días se dio paso a la fase de Audiencia Pública de aquello a lo que las enciclopedias dedican páginas y páginas: EL JUICIO.

 

La investigación formal

concebida para demostrar y dejar constancia de la inocencia sin mácula de jueces, abogados, fiscales y miembros del jurado estaba en su punto álgido y para conseguir tal fin se necesitaba en la sala,

 

la presencia del contraste visible: EL REO, PRESO o ACUSADO.

 

Por si el contraste no estuviera claro

se le debió acusar además, como a otros acusados, de revolucionario que por lo general se trata de un ser humano o socialista, pero en la Edad Media también se juzgaba a animales, peces, reptiles e insectos.

 

Sí, sí, esos juicios a las cosas

estaban a la orden del día, pero pensemos que hasta los años 70 del siglo pasado en España

 

se condenaba –en los cuarteles-

a motos por haber atropellado a alguien recluyéndolas perpetuamente en el garaje; o, se arrestaba a la bandera de un cuartel por haberse sometido en sus dependencias a una borrachera colectiva de alcohol y putas;

 

A los insectos que asolaban los campos

de cereales, los huertos y los viñedos: eran citados a declarar por el fiscal ante un tribunal civil;

 

si después de su declaración,

defensa y condena continuaban "in contumanciam", el caso se llevaba a un tribunal eclesiástico superior, donde se les excomulgaba y anatematizaba solemnemente de forma que sus hijos no pudieran ir a ninguna escuela jesuita.

 

En Nápoles se sentenció a un burro

a morir en la hoguera, aunque debido a la intersección de los franciscanos, no llegó a ejecutarse.

 

En la Suiza de 1.451,

se entabló un pleito contra las sanguijuelas que infestaban algunos estanques de los alrededores de Berna, y

 

el Obispo de Lausanne,

siguiendo las recomendaciones de los profesores de Heildelberg, dictó que algunos de aquellos "gusanos acuáticos" fueran detenidos y  presentados ante el magistrado local.

 

Así lo hicieron,

y a las sanguijuelas, tanto las presentes como las ausentes, se les ordenó que abandonaran los lugares que habían infestado antes de tres días, so pena de recibir "la maldición de Dios". Las crónicas de la época no relatan si se cumplió la condena.

 

Todas esas condenas recaen

sobre las atribuladas mentes de Jueces, abogados, fiscales, miembros de jurados, llenándolos de ansiedad. A pesar de ello se esfuerzan en ir pulcramente vestidos y demuestran su voluntad de personalidad esotérica e inmaculadas (las mentes) se revestirán con la toga –negra, claro.

 

Sufren, después de leídos los sumarios

de una fuerte falta de confianza en sí mismos, pero gracias a las investigaciones de un modesto Alférez médico se descubrió -ya hace unos cuarenta años-, que

 

su dignidad y pureza salen a flote

tomando la salvaje medicina LYCOPODIUM 200 CH, que con sólo un gránulo se puede ganar un juicio. Es decir, después de tomar esa medicina les importará un bledo si el acusado era o no culpable.

 

                                                                              Johann R. Bach
                                                                   www.homeo-psycho.de

20 feb. 2013

PALABRAS PARA ELISA

PALABRAS PARA ELISA

PALABRAS PARA ELISA

PALABRAS PARA ELISA

 

No creímos

que tras la pena indecible de tus palabras al decirnos adiós para siempre, los gorriones pudieran seguir cantando.

 

En su lengua las aves

nos vienen a decir, mediante esa especie de concierto polifónico del amanecer, que hay que cruzar mares y puertas de monasterios antes de que las caricias amorosas surjan de nuestra mirada.

 

Tus palabras fueron un canto

permanente a la esperanza, un "allegro ma non tropo" y sólo ahora sabemos que el silencio sin ellas es mucho más denso.

 

Entre las cosas

que, con insistencia, nos mostrabas vimos surgir, como el humo de las sombras, el miedo y sus símbolos. ¿Quién podía pensar que alguien quisiera matar a un granado o a un olivo?

 

Tu piel, mucho antes de ser ceniza,

sabía sus nombres –la vid, el almendro, el membrillo- y sus secretos, así como se fortalecen sus espíritus: aguantando las patas de la lluvia, el vendaval y el malhumor de Eolo y

 

la agresión de los incendios

provocados por los temibles rayos –atributo de Zeus- que de vez en cuando nos alcanzan con su ira .  

 

Nuestros ojos dan pena

porque ya no podrán leer tus poemas y nuestros labios evitarán nombrarte para evitar el sufrimiento al recordarte.

 

Y sin embargo tus ideas

seguirán palpitantes, de labio en labio, revoloteando en el aire, con sus alas ya imposibles para nuestras voces ya un tanto apagadas.

 

¡Oh Elisa!

 

Diosa de labios rojos

y corazón entreabierto, sólo pudo con tu fuerza el odio de un genio adverso.

 

Sólo una espina

rodeada de la belleza de una rosa penetró con el misterio: desaparición siempre repetida, sacrificio que es eterno.

 

¡Oh Elisa!

 

Sólo una rama de muérdago

como una línea de frío titanio por la niebla atravesando te traspasó con su cuerpo.

 

En ese momento

los gemidos de los lobos rayaron el firmamento y pequeñas luciérnagas con sus linternas iluminaron la noche sin luna.

                                                                                             Leo P. Hermes
                                                                              www.psycho.de

19 feb. 2013

EL AUMENTO DE ENTROPÍA

EL AUMENTO DE ENTROPÍA
Y EL TEMIBLE CAOS

EL AUMENTO DE ENTROPÍA

                               EL AUMENTO DE ENTROPÍA

 

Os imagináis a Marta Guillamón

volviendo a casa, enamorada, oliendo el aire dulzón, irrespirable, de la tierra empapada, los grumos opulentos de la fermentación;

 

volviendo

mientras las hojas descosidas liberan sus metales y el agua de los charcos reflejando un cielo marrón que le sigue con la mirada.

 

Después de subir al ático,

con el ascensor averiado, jadeando y combatiendo el ascua silenciosa del invierno:

 

la cara y cruz del hielo;

 

después de quitarse la blusa

empapada como hoja que penetra y adormece la piel; entrando en la noche rapaz que viene a someterla a la dura prueba.

 

Con los pechos al aire

y secándose el pelo escucha a su compañero –estudiante de Ciencias Físicas- que repite como si fuera un loro, grabando en su ADN los conceptos más absurdos:

 

vida es aquello

que hemos aprendidos a considerar vida. Vida –sigue repitiendo-… vida es aquello asociado a ciertos elementos químicos que hemos aprendido a asociar a su presencia (nótese la repetición de la palabra "misteriosa" asociar).

 

Marta parece no oír bien,

pero hace un esfuerzo por entender: "hay vida allí donde el grado de entropía es reducido y estable, es decir, allí donde se incumple la segunda ley de la termodinámica y se impone la rebeldía.

 

Marta empieza a comprender.

Se baja los tejanos. Su entropía se está desbordando entre las piernas.

 

Todo tiende al caos

y al desorden –oye decir-; todo se deshace y envejece sin remedio. Son casi las últimas palabras antes de apretujarse

 

a una boca

revuelta, como un ardiente caos, entre sábanas de colores.

                                                                                       Elisa R. Bach
                                                                            www.homeo-psycho.de

  

18 feb. 2013

SÉPTIMO POEMA DE "PAUL LAFITTE (Suite del maquís)

EL MONÓLOGO DE PAUL LAFITTE
Johann R. Bach

SÉPTIMO POEMA DE "PAUL LAFITTE (La suite del maquís)"

EL MONÓLOGO DE PAUL LAFITTE
 

Pocas noches de lunas me gustaron

durante mi encierro en ese humilde cobertizo. El alfabeto de las estrellas que silabeaba cuanto me permitía el cansancio del día y del que sacaba otros conceptos y otras esperanzas me indujeron a escribir.

 

Pocas noches de lunas me gustaron,

sin embargo, fueron suficientes para grabar en mi memoria la conjunción, como en un eclipse de sol, la tristeza, la soledad y la esperanza.

 

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!

Comprendo muy bien que no quiera abandonar su querido pedazo de tierra, pero piense que gane quien gane esta guerra su jardín de alfalfa y trigo será confiscado;

 

gane quien gane esta guerra

le enviarán a un campo de concentración el tiempo suficiente para debilitar su vigor y los nuevos propietarios de su hacienda se habrán consolidado como personas honestas y honradas.

 

¡Suba abuelo¡!Suba al camión!

Su verdadero tesoro son esas tres orgullosas margaritas que lamen sus propias heridas para que cicatricen pronto. Derrochan amor porque es su única oportunidad de sobrevivir.

 

Lo peor de la guerra está aún por llegar:

las fuerzas de ocupación violaran a millones de mujeres; encarcelarán  y torturarán a millones de hombres por el sólo placer de verlos sufrir. Millones de jóvenes estarán desocupados y alcoholizados y nutrirán las filas de la delincuencia.

 

En los países vencedores la vida no será mejor:

en las calles de París, por haber dado amor a soldados enemigos, se arrastrará a miles de mujeres desnudas, rapadas e insultadas; se les duchará en pleno invierno con los hidrantes públicos a los que sólo tienen acceso los bomberos.

 

Los pequeños países

serán borrados de los mapas y sus lenguas prohibidas durante decenas de años o quizá siglos y las bocas de sus habitantes serán tapadas con la palabra libertad;

 

en nombre de la democracia

se les condenarán a ser ciudadanos de tercera y miles de funcionarios serán expulsados de sus puestos: los alguaciles ya no hablarán la lengua de esos sacrificados lugares.

 

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!

¿Quién enseñará a sus hijas, aunque sea de forma parcial, a regar los campos? ¿Quién les enseñará a sortear las dificultades que se le vienen encima?

 

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!

Se hace tarde y las princesas no deberían ver el infierno que nos va a caer encima. Le necesitamos para que nos conduzca por los caminos que sólo Vd. conoce palmo a palmo;

 

le necesitamos para que nos aliente

con su sabiduría; para que con sus palabras crezca nuestra esperanza; le necesitamos para sobrevivir.

 

¡Suba abuelo! ¡Suba al camión!

¡Coja el volante y no pare hasta sacarnos de este mar de fuego y odio!

 

                                                                                     Johann R. Bach
                                                                           www.homeo-psycho.de

SEPTIMO POEMA DE "PAUL LAFITTE (Suite del maquís)

Johann R. Bach

PREGUNTAS SENCILLAS A LA ORILLA DEL LAGO THUN

PREGUNTAS SENCILLAS

Las preguntas en apariencia sencillas

-como wie geht es dir? o comment allez-vous?- que se le hacían a Marta G. requieren complejas respuestas.

Sin embargo, Marta Guillamón

no tuvo que quitarse las vendas de la indiferencia bonachona porque desde su juventud había dejado de creer en el progreso: le importaba únicamente su propia herida.

La abundancia de neveras,

máquinas de vacío, yogures bajos en grasas y descafeinados con sacarina, zapatillas de deporte y calcetines blancos, teléfonos móviles y

auriculares que escupen música

en oídos sordos, grasientas hamburguesas y naranjas naturales de semillas manipuladas genéticamente, risas enlatadas después de cada frase de horteras películas de televisión,…

habían acabado saciándole de aburrimiento.

Se aficionó a cosas extrañas; a dibujar, por ejemplo, columnas dóricas; inventar árboles compuestos de piezas de plástico inyectado;

coleccionar fotos de famosos

con verrugas en la cara; cronometrar cuántas veces por minuto un dictador pronuncia la palabra democracia.

Ahora de vez en cuando convoca

a sus amigos para preguntarles qué entienden ellos por un mundo mejor y si tienen la sensación de que en este país se está consiguiendo eso.

Cuando oye, por ejemplo, las respuestas:

"…la vida cultural actual es más profunda…" "…en los institutos y universidades los alumnos salen mejor preparados…" "…gracias a los antibióticos somos más listos…"

"…los salarios nos permiten una vida

tan emocionante que hasta los parados pueden pagarse sus birras…"

Marta G. se desternilla de risa.

Ese es el objeto de sus reuniones.Johann R. Bach

17 feb. 2013

LOS AMIGOS. Cap. 3 de "LAS TARDES DE UN ALFÉREZ"

Llamé por teléfono

a todos los números que constaban en mi agenda y de esa manera supe que estaban también destinados en Mallorca Toni y Jaume.

También llamé a Olga,

una antigua compañera de la facultad, que estaba empleada en el aeropuerto de Palma, pero se había casado, tenía dos hijas y poco podía ayudarme a pesar de su buena disposición.

Jaume había sido compañero mío

durante todo el bachillerato superior en el Instituto Balmes. El acabó estudiando derecho después de algunas dudas sobre su vocación.

Acabó decidiéndose a estudiar

esa carrera debido a que empezó a salir con una chica, Clara, cuyo hermano mayor era abogado y finalmente acabó casándose con ella un poco antes de acabar sus estudios y finalmente, trabajando en el bufete de su cuñado.

Para acabar los estudios

Jaume había pedido prórroga durante dos años por lo que fue posible que coincidiéramos en el tiempo y por casualidad también en el destino. Por mi parte, al haber nacido en un pueblo de mar el destino debía ser en alguna plaza marítima. Lo mismo ocurrió con Jaume que había nacido en Mataró.

El destino de Jaume

era de lo más pintoresco. Fue destinado como vigilante a un faro. Normalmente los faros eran vigilados por un cabo y cuatro soldados, pero en la práctica dejaban que lo vigilara un solo soldado mientras los otros, habitualmente mallorquines, vivían prácticamente en sus casas durante todo el servicio militar. Así se ahorraban el coste de mantenimiento de esos soldados.

Jaume estaba encantado con su destino:

leer y pescar sin que nadie le molestara. No estaba mal. Cuando lo visité en el faro había ganado peso y lo encontré de buen humor con lo que deduje que era una de esas personas que son felices junto al mar.

Se puso muy contento,

pero no me podía ayudar en el tema de encontrar un lugar para dormir. Me ofrecía habitación en el faro, pero para ello debería atravesar a diario la isla de punta a punta.

EN LLUCHMAJOR

Solo me quedaba visitar a Toni.

Era un muchacho serio, mallorquín que siguió la carrera de perito ingeniero eléctrico en Barcelona. Mientras estuvo estudiando se hospedó en mi casa de forma gratuita, por lo que éramos como hermanos.

Cuando se enteró de mi destino

en Mallorca me visitó inmediatamente en el cuartel.

Toni era natural de Lluchmajor

y coincidió también en el tiempo y destino con el mío. Su familia tenía un apartamento en S'Arenal a tan sólo doce kilómetros de Palma y además la parada de autobús estaba ubicada frente al cuartel.

Me dio las llaves del apartamento,

me invitó a comer en Llucmajor, me presentó a sus padres, a sus hermanas y sus novios. No me admitió que le pagara nada en concepto de alquiler.

La casa de Lluchmajor era una auténtica

casa de campo. Recuerdo la comuna que se componía de un banco de madera en el que en el centro había una tapa redonda cónica que encajaba perfectamente en la abertura que servía de taza y los excrementos caían en un patio al aire libre.

María, la hermana mayor de Toni

era algo rechoncha con la cara redonda y vestía siempre con vestidos oscuros típicos de campesinas de otra época. Su novio era un chico que cultivaba sus propios huertos. Era de Randa y hablaba con un acento tan cerrado que me era imposible entender ni una sola palabra.

Era celosa y vigilante de la moral

de la familia, cargo que le correspondía por ser la mayor y por ser mujer. Recuerdo que en cierta ocasión Teresa, la hermana menor se puso enferma y fui a visitarla. Estaba en una enorme y alta cama de una habitación amplísima y con poca luz natural a causa de una minúscula ventana. María no nos dejó solos ni un minuto durante toda la visita.

Teresa era mucho más estilizada

de tipo, su cara ovalada era hermosa y alegre. Tenía una relación con su hermano Toni muy especial. Eran confidentes y el liberalismo afloraba en todas sus conversaciones. Vestía ya en aquellos años con tejanos; trabajaba en una especie de pequeño local a modo de quiosco cambiando moneda a turistas.

El novio de Teresa era un encargado

de una fábrica de zapatos de Manacor, era más elegante que moderno, pero también de aires liberales. Era una persona que quería prosperar y hablaba de negocios y producción fabril de forma moderada pero lo hacía con placer.

Toni era en todo ese ambiente

la persona que había salido de la isla, había trabajado adquiriendo cierta experiencia en lo que entonces era la empresa eléctrica Fecsa. Estaba al corriente, aunque sin tomar partido, de todos los movimientos universitarios.

En la plaza de Llucmajor

junto al Ayuntamiento había una especie de bar-casino en el que se reunían a tomar café Carles, Toni y un señor mayor primo, según decían de Garicano Goñi un político de la época que se habría librado de la quema del gobierno del Opus debido al caso Matesa porque era muy buen político.

Carles era de la misma edad que Toni

y estaba muy politizado pues todos los miembros de la familia eran carlistas. Un movimiento histórico reducido, pero antifranquista. Fue él el que me presentó a Tomeu, Xavier, Isabel y Trini responsables de sendas células comunistas de la isla.

No era exagerada toda aquella publicidad

sobre playas paradisíacas, caminos y pueblos de encanto, románticas historias sobre Chopin y Santiago Rusiñol, sobre la Cartuja de Valldemossa, sobre el hechizo de las misteriosas Coves del Drach en Porto Cristo y tantos otros atractivos de su paisaje.

Poco a poco me fui dando cuenta

que el mundo mallorquín y por extensión todo el archipiélago merecía ser vivido. No era mentira toda su poesía.

Hablar de Les Illes es ensueño,

respirar luz, confundirse con esa tierra emergente y sonreír con sus pobladores. No nos engañemos: ahí surgió un Edén y con algunas dificultades aún se conserva.

TOMEU, XAVIER, ISABEL Y TRINI

Tomeu y Xavier eran unos jóvenes

entusiastas de todo lo que oliera a revolución. Eran auténticos camaradas en todo.

Cada uno de ellos

a pesar de sus escasos veinte años eran responsables de dos células comunistas integradas por una veintena de jóvenes cada una.

No quise saber,

por razones de seguridad, si habían más de esas células en la isla ni nada relacionado con su jerarquía.

Iban siempre acompañados,

como si fueran sus novias, por Isabel y Trini que evidentemente no eran sus nombres reales sino sus apodos de "guerra", a pesar de su juventud. Ambas tenían sólo dieciocho años y, aparentemente, la militancia revolucionaria parecía ser lo único que podía llenar sus vidas.

Eran una especie de secretarias:

se tomaban muy en serio toda la actividad "política" que en realidad no era más que un adoctrinamiento intensivo destinado a crear una cantera de futuros propagandistas políticos.

Desde el primer momento

Tomeu y Xavier –curiosamente esos eran sus nombres reales- me propusieron dar unas "charlas" sobre temas de interés juvenil en una especie de club de rock que servía de tapadera para sus actividades.

Esas charlas debían tener el aire

de actividades completamente legales, pero en realidad Isabel y Trini controlaban que no se infiltrara algún desconocido. Más que conferencias eran discusiones más o menos dirigidas a crear un "espíritu crítico".

Me pasaron un pequeño guión

de temas preferentes a tratar: cine, teatro, literatura, sexualidad, música, historia, etc.

Me di cuenta

que en ninguna de esas materias tenía algo que decir y sin embargo acepté con la condición de ser más que un mero comentarista en los diálogos que se suscitaran.

Me comprometí a asistir a esas charlas

de momento sólo los jueves. De todas formas no sabía en qué podría ocupar mis tardes libres.

Por otro lado me halagaba

sobremanera esa propuesta a pesar de que yo apenas había cumplido los veinticinco y no sabía exactamente qué era lo que yo podía aportar.