29 abr. 2017

Sí. El planeta sigue girando sobre sí… (Y) ¡Es tanto lo que tiene que decirte!


ALGO QUE CONTARTE

Ha subido ya
casi ochenta escalones de los ochenta y cuatro de una vida. Empiezan a aparecer los días en que se encuentra sin aliento mientras sus ojos ven como el cielo cada noche se mueve sobre su cabeza.

Sí. El planeta sigue girando sobre sí…
(Y) ¡Es tanto lo que tiene que decirte!

Las golondrinas han vuelto
y las calabazas se hinchan de agua y todo se agradece como tus mensajes. Las calles se han llenado de libros… y de rosas al año de platino forrando.

Una idea sencilla,
como una margarita, le alegra la vida: Tras de él algo vibra, aletea y brilla como una estrella más…

y  es que tú sigues leyendo lo que te escribe. 

                                                               Johann R. Bach

26 abr. 2017

Pronto pondrán un ser vivo (un virus) en Marte sin haber pisado jamás su superficie

AGRADECIMIENTO A LEO P. HERMES Y
A TODOS LOS LECTORES DE MIS ESCRITOS


Amigo Leo, he leído con gran placer
tus palabras de elogio a mi novela "Piel de Una Rodilla Herida" y también a tu cariñosa crítica sobre mi forma marciana de escribir y no puedo por menos que agradecer tu atención. Ya sabes es bueno que hablen de uno aunque nos atribuyan cosas horribles.

Sí sí. Agradezco
a todas aquellas personas que, poco o mucho, me han leído y que han opinado sobre lo que escribo. Agradezco hoy, después de varios años de actividad crítica a Julio Gelbenzu, la Profe de Mates, Xana Garcia, Patricia, Bárbara, Rosa Villalta, Dora Campos, Pilar dehesa, Pilar Novales, Rosi Torres, Andrés, Anna Kunstbaur, Teresa Mater Amabilis, Griselda Corni Fino, Asun Ferrer, Maria Jesus Fiuza, Carmen Peratilla, Anna Pino, Gloria Peraita, Rosalva, Silvia Martinez, Misteri d'Elx 777, … No sigo porque por larga que sea la lísta siempre me dejaría amigos por nombrar. A todos ellos les agradezco aquellas palabras que me enviaron y que me ha animado a seguir escribiendo.

En cuanto a tus palabras Leo tengo
que decirte que en efecto, se puede estar en dos estados a la vez.
Pronto pondrán un ser vivo (un virus) en Marte sin haber pisado jamás su superficie. Quizá ya lo hayan colocado y guarden silencio sobre sus resultados. La realidad del Mundo del Ápex se va abriendo paso en los oscuros espacios interestelares y es que la realidad se ha deshecho por todas partes, empezando por lo más mostrenco, que es el dinero, que ya es pura ficción.

Lo propio de los humanos
-se afirma en los cursos que voy siguiendo con auténtica pasión-, es crear ficciones (el viaje a la luna, la epidemia del VIH, el Estado…): el dinero se ha hecho poesía, y la crisis de los activos tóxicos se deriva de esas licencias poéticas que ya no tienen fin. Las crisis actuales son esta exvida actual. Los bancos centrales y los jueces anticorrupción van inventando la realidad como si fuera una telenovela, un culebrón… cuántico.

La especie humana
ha irrealizado todo en una narración enloquecida que se enrosca sobre sí misma como una placa de grafeno y la única esperanza es la ciencia, que está tardando muchísimo en dar el siguiente paso. De momento la inteligencia artificial sólo para ganar partidas en las consolas y para vigilarnos más de cerca, así que estamos esperando como el santo advenimiento el fin de este mundo para poder estrenar otro.

Las expectativas son inmensas, más que nunca.
Cada día trae algo… Ya se puede, por ejemplo, amar con pasión y hacer el amor estando al mismo tiempo en mares diferentes, pero a efectos prácticos seguimos en la deuda infinita: Aunque sea con GPS estamos ya en el Mundo del Ápex, mezclándonos "seres vivos" con personas que ya emprendieron ese "Largo y Apasionante Viaje".

Las quejas
porque esta revolución científica no cambia nuestras vidas como lo hicieron las anteriores son ya unánimes. Nadie comprende cómo a estas alturas del relato tecnológico todavía estemos angustiados porque hemos de pagar el recibo de la luz. Los economistas ya confiesan abiertamente, por fin, que no entienden nada, mientras que por otro lado algunos/as escritores/as seguimos rigiéndonos por los criterios de aquellos que fueron y han sido proveedores de metáforas.

Y ante todo este mundo
que se retuerce como una hélice diabólica sigo por el camino que entre todos habéis ayudado a encontrar: ser un hombre que sueña a un hombre.

                                                                                             Johann R. Bach

aunque no entandamos nada intuimos que algo está al caer…


MIRADA A UNA NOVELA SURREALISTA

He leído la novela “Piel de Rodilla Herida”
y no tengo que hacer el menor esfuerzo para recordar la emoción y el impacto con que leí la tetralogía formada por Dibujos y Paisajes de Cassia, El Arte Gótico de los Huesos, Retales de Algodón y Arcilla de Ánfora Romana que Johann R. Bach escribió bajo la especial visión metafísica y surrealista.

Escribo estas letras reconociendo que,
aún a pesar de haber estudiado en la misma facultad que Johann, advierto como aquel profesor de biología que con una tranquilidad pasmosa afirmaba que los genes tienen una función muy escurridiza: “Es decir, no tenemos ni idea”.

Ahora mismo podría parafrasear a Kafka
(el juego de la vida como una distracción mientras esperamos el vuelo hacia el Mundo del Ápex) o al mismísimo Faulkner (“una habitación a pensión completa alquilada en el Purgatorio a cambio de su vida”) y decir que en una primera lectura me dio fiebre y me dejé invadir por una atmósfera con la pretensión de instalarme en aquel clima mental tan suyo.
Entre las páginas de esta novela se sospecha la finísima guía de lectura de Proust, la exculpación del hombre emborrachado de Babel a propósito de Hölderlin, el vuelo panorámico sobre textos poco visitados franceses, la justa invitación a leer a Jünger, las rutas alternativas que Mann propone para adentrarse en el mal… (Inciso: la forma salvaje con la que están escritos los materiales de toda la obra está garantizada y que, lejos de los soberbios despliegues de erudición y sabiduría vital a los que nos tiene Johann acostumbrados cuando saca brillo y destellos inesperados a un muerto, aplica aquí un trabajo de “collage” casi inevitable.)

Lo ideal sería que el lector abandonase aquí la reseña y se lanzase ya a reverdecer o amplificar sus propios entusiasmos. Pero como tampoco quiero que abandonen mis propios comentarios y de alguna manera tengo que justificar la minuta aquí van unas palabras sobre el estilo de R. Bach.

En primer lugar no es necesario insistir demasiado: aquí en esta nueva novela, se incita a extraer palabras y conceptos y literatura en general de Google ese gran baúl de donde tanto se puede aprender. Y, en segundo lugar, hay que convenir en que detrás de cada escrito hay una voluntad estilística que se expresa de múltiples maneras: en aforismos, en el gusto por arrancar la pieza del sitio más inesperado, la misteriosa y poco ortodoxa precisión verbal… Pero sobre todo en el gusto por la escritura, por momentos golosísima, cuando el progreso de la argumentación se ralentiza para narrar la intensidad de la pasión juvenil, el carácter destructivo del “fluido temporal”, el vuelo de los gorriones o la pasividad con que las cigüeñas le sacan a las tardes la raíz cuadrada o una fantasmagoría provocada por tres días de intensa fiebre.

Johann muestra una versión asilvestrada del gusto que encuentra Proust en la metáfora autónoma, que como todo el mundo sabe supone una condensación repentina -como un requiebro- y feliz del lenguaje, desprendido de su función utilitaria, sorprendido de su propio poder.


Cuando pienso en la ya extensa obra de Johann R. Bach me figuro casi siempre a una inteligencia extraña en busca de un género particular, o si se prefiere, una inteligencia que se niega a pagar peajes. El resultado me parece interesantísimo, fascinante por momentos.

Digámoslo de una vez:
a la altura de una exigencia que le haga justicia su prosa poética suena un tanto marciana (como casi todo lo afrancesado o lo germánico afrancesado en nuestro muy anglosajón mundo). De esos relatos acompañados de misteriosas imágenes, como alegorías entre escrito y escrito prende la sospecha de que en los poemas largos alguien más importante que el lector lleva aburrido desde que traspasó el ecuador.

Piel de Una Rodilla Herida parece un lamentarse de que la ciencia que nos domina y nos lleva no acaba de instalarse en las artes y las letras. La física cuántica nos da el laser, el GPS, la medición exacta de un segundo en millones de años, diagnósticos asombrosos de la resonancia magnética.

Es una novela en la línea de todas las anteriores en la que de una manera u otra se dice que la ciencia es contraria a las intuiciones y a los sentidos con los que captamos el mundo… aparente. Kant ya dijo que no podemos conocer la cosa en sí -la realidad-, que solo la apreciamos desde nuestra configuración. La física cuántica nos dice que al mirar algo lo alteramos y experimentamos en vivo este estar y no estar, pero a la vez estamos en el mundo violento, vacío y desesperado. Nos vemos ya como ADN, cuatro letras, pero sin entender la gramática. Y, sin embargo…, aunque no entandamos nada intuimos que algo está al caer… Mientras esperamos podemos leer a Johann R. Bach.

                                                                         Barcelona a 23 de abril de 2.017

                                                                                          Leo P. Hermes


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25 abr. 2017

Colgada del cielo una luna de estaño lanzaba su lluvia blanca


UNA LUNA DE ESTAÑO

Algunos matemáticos sostienen
que yo nací así, con este caràcter, porque estadísticamente era no solamente posible sino inevitable.

Era lo que todo el mundo venía a decirme:
que era unabuena chica, atenta y servicial y me aconsejaban buscar un marido más alto que yo, que me llevara diez o quince años, culto y, sobre todo, adinerado (no hay cuadro –decían- más dantesco que la pobreza en una mujer).

Nadie hizo nunca referencia
a que fuera simpático, amable y respetuoso. Las referencias que mis compañeras del "insti" hacían sobre el sexo tenían un fondo jocoso que nunca entendía. Nadie me habló de amor ni del placer de la conversación del después...

Alguien insinuó a mimadre
sobre la necesidad de llevarme al psicólogo por ser hija única. Recuerdo vívamente el día queme hicieronuna revisión médica: anotaron en una ficha que luego pasaría a través de la Red por todos los hospitales del mundo que tenía el clítoris hipertrofiado lo cual me asustó mucho. En esa misma ficha figuraba también que estuve hospitalizada y operada a causa de una apendicitis aguda y que salí curada una semana más tarde.

A medida que me iba haciendo mayor
aumentaba sobre mí la presión social: me decían que tenía todo lo necesario para entregarme al Hombre mientras que mi dote se reducía a una pequeña radio de pilas a mi diario.

Así caí en el pozo oscuro
donde sólo contaba la opinión de él: cuando había paz, mi marido estaba por la paz, cuando eno tro país estallaba la guerra, soñaba con participar en ella.

Aporté tres hijos al mundo
que copiaron los modales y conceptos de su padre y me trataron como una ama de llaves sin sueldo, incluso se avergonzaban de mi idioma adoptando el de él... el delos vencedores.

El azar quiso,
contra todo pronóstico estadístico, que aquella màgica noche la luna se rompiera al pasar entre las piedras de la tartera: mi pensamiento progresó caminando del brazo rebosante de timidez de Francis, entre opciones libres aparentemente contrarias pues tenía laimpresión de moverme entre injusticias simétricas, como entre dos filas de ahorcados.

Rompí el cielo al unirme a un hombre
veinte años más joven, más pobre y menos letrado que yo aunque de su pecho brotaba pura poesía.

Cierto día me despertó la luz de la lamparilla de su mesita de noche: Francis estaba escribiendo un sueño que había tenido. Me pasó la hoja de papel y leí sus palabras tres veces.

¡Qué extraño sueño!

Colgada del cielo
una luna de estaño lanzaba su lluvia blanca
sobre una barca que ascendía con la marea
y los olivos con el viento
se llenaban de balanceos...

Tu pelo,
al echarte en la hierba anegada de noche,
huyó con las estrellas.

                                                                               Johann R. Bach

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