13 dic. 2017

Sólo me pesa no poder odiarles sin sentirme culpable... sin vomitar

¿EXISTE EL ERROR?



En el mundo rural de mi infancia
se luchaba por ir a las ciudades supuestamente todas en flor: se suponía que la tristeza empotrada en aquellos desertores del arado desaparecería como por encantamiento y que la piorrea remitiría tomando café todas las mañanas.

Los sabios urbanitas
decían que el error se halla oculto; que se producirá pero no se sabe cuándo. El Ángel Montserrat, por suerte, niega la existencia del error pues toda acción del hombre es libre: mi rostro desaliñado mostrado cruelmente en el espejo no podía ser un error.

Sin duda para mi Ángel Carmín
existe la mordaza y existe también en la infancia un tiempo de silencio en el que la luz temprana fija en la memoria las imágenes captadas por la retina, unas imágenes que han de marcar los límites. Por supuesto hay momentos -que pueden durar años- en los que a la mujer no le queda más remedio que hablar consigo misma como si lo hiciera con un ángel.

El símbolo favorito de las industrias farmacéuticas
es la serpiente y junto a ella la mujer, su mejor clienta, siempre lasciva y huidiza como la sepia tras su tinta. En cuanto a la belleza prometida por sus cremas hidratantes y "antiaging oil free", yo sé lo que es sentirla inalcanzable… aunque… ya no busque a los responsables de haber de haber arrojado su suerte y mi amor a la basura…

y es justo que los ignore.

Sólo me pesa no poder odiarles
sin sentirme culpable… sin vomitar.

El Ángel Montserrat me consuela al decirme
serás una diosa cuando sueñes.

Sí. Cuando sueñes
que los astrónomos han descubierto
un sistema planetario con dos cuerpos.

Todo conduce a un hecho inaudito:
"El fantasma se ha convertido en esperanza"… Por ello es mejor confiar en el amanecer desprendiéndose de las sombras y del mundo invisible que nos rodea ya que incluso, parafraseando a Kant, lo que está en nosotros nos escapa.

COROLARIO

Así pues, para mí, "el estar aquí es todo" es una frase que va cobrando más y más sentido: expresa una realidad global y fragmentaria a un tiempo, siempre sacudida por lo inesperado, el exabrupto o el milagro, el contraste de lo trascendente y lo cotidiano, y que, de no ser por el Ángel Montserrat me vería abocada a admitir que

éste es mi tiempo,
un vivir en que lo cotidiano
se oculta de tal modo
que de él no queda nada.

Mi tristeza -ahora lo sé-
no es un coágulo blindado contra la alegría… y ya sabéis también vosotras lo que eso significa.

                                                                                                                                 Ermessenda

22 nov. 2017

Diálogo con una enfermera de un gran hospital

EPÍLOGO

Diálogo con Asun Ferrer

-Siendo ya una mujer entradita en años,
ya me resulta difícil concebir otra forma de vida, ajena al vacío, al tedio, a la cosa, a la mera materia.

-Así se siente muchas mujeres cuando llegan, tempranamente a tomar conciencia de cuerpo bajo las estrellas que silban en la noche. Su dolor es algo más que el de los huesos al crecer o el de los pezones al ser mordidos.

-Sí, sí Johann. ¿Pero dónde besar un aire con sol? ¿En qué lugar del planeta que no se sufran relámpagos de lágrimas como en este Gran Hospital?

-Yo también quería un sol en mi infancia. No reniego de ella, es lo que soy, pero ya no existe sino como Isla Encantada que va con mi alma en forma de almendra.

-Oye Johann
¿acaso has sido mujer para pretender conocernos así, incluso las que sufrimos las vejaciones del mundo rural y de este Gran Hospital?

-No, amiga Asun,
no soy Casandra ni el adivino Criswell que tras precisar la muerte de Kenedy en 1.963 predijo que en 1.983 -equivocadamente por suerte- muchas mujeres se quedarían calvas en la ciudad de Sant Louis debido a unos gases tóxicos,

sólo soy un humilde mortal
que os ha querido mucho.

                                                                                         Johann R. Bach

9 oct. 2017

Me agrada más Ulises de vuelta que en alta mar.


EXALTADO MUNDO RURAL

En aquel mundo rural
el cielo estaba tan cerca de los hombres, tan cerca de lo viril, de la superioridad masculina, que cuando los hombres se levantaban para echar a caminar se adentraban en el cielo mismo, en lo celestial, las nubes eran su distrito, y por eso se les podía ver volando sobre las cigüeñas, porque poseían la fortaleza deífica de los Alfiles del Viento, puesto que el cielo era su continente, y alcanzados por los rayos dorados del alba resplandecían como ídolos impresionantes.

Hacerme pasar por retrasada mental, para sobrevivir a los maliciosos y retrasados: esa era la segunda opción en aquel mundo rural.

Se disponía de pocos medios. Todo ocurría en mitad de esa exaltada naturaleza a la que los poetas cantan bucólicamente como fuente de inspiración y de revelaciones. Yo misma he caído muchas veces, traicionada por  recuerdos retorcidos, en esa trampa. Y es que


¡es tan fácil describir una naturaleza
que reparte sus extraordinarios dones entre todos los hijos del Edén!

Confieso, sí, que ni llevábamos corderos blanquísimos en los brazos (eso que se ha puesto de moda en algunos pueblos para atraer turistas) ni adornábamos con flores la cerviz de los terneros, y las únicas coronas que existían se pudrían en los osarios de los cementerios.

En aquel mundo rural se violaba
casi sistemáticamente a cualquier ser que pareciera estar desamparado como si de un jardín de las delicias se tratara donde todos los retrasados o niños indefensos eran buenos, casi como corderos… como adanes inocentes en el paraíso.

En aquel ambiente de desamparo los niños crecíamos entre disminuidos psíquicos, analfabetos y personas maliciosas que sólo pensaban en perjudicarse los unos a los otros; crecíamos entre bocios, enanismo y monstruosidad, con la mierda de los orinales junto a los lechos de paja cuyos excrementos se mezclaban luego con la mierda de las bestias; había hombres que lo mismo metían la polla en el culo de una persona que en el culo de un mulo transmitiendo a partes iguales enfermedades de personas y animales que diezmaban la población infantil; los herpes en carne viva se extendían sin posibilidad de curación.

En aquel mundo rural
sólo podía soñar con ir a una gran ciudad y hablar al amanecer con el Ángel Montserrat. ¿Qué otra alternativa me quedaba si de la tierra sólo brotaban aberraciones? ¿Qué queréis que os diga amigos lectores?

Me agrada más
Ulises de vuelta que en alta mar.

Sí, sí. Ya de  niña me agradaba más
el techo de paja que el de mármol.

                                           Johann R. Bach

3 oct. 2017

¡Te he visto! Ibas de la mano del Ángel Montserrat disfrazado con una peluca pelirroja

CIGÜEÑAS BAJO UN DILUVIO


Hoy veinte de septiembre,
a falta sólo de cinco días para el aniversario de un pequeño diluvio y a la misma hora en que empezaba a llover, las cigüeñas se han concentrado en los campos. Ignoro para qué pero he notado que se apercibían de mi presencia.

Luego, al bajar del tren, te he visto.

¡Te he visto!

Ibas de la mano
del Ángel Montserrat disfrazado con una peluca pelirroja como si fueras una bella joven que pudiera confundirse con la niña que acompaña por el fango al cura rural de Georges Bernanos.

Te he visto.

Quiero decir, no eras tú,
pero estabas dentro del cuerpo de ese hombre camuflado de mujer como si se hubiera diseñado una réplica corpórea de mis terrores agrestes.

Eras una visión (¿sólo una visión?),
una proyección materializada de lo que contiene mi cerebro en relación con tu persona en concreto. A pesar de los años transcurridos y de las múltiples conversaciones con el Ángel Montserrat no consigo acostumbrarme a tus continuas transfiguraciones.

Al cruzarme contigo,
he escuchado un chirrido muy desagradable y he estado a punto de caerme al suelo golpeada por los músculos de un viento imaginario. Apenas te he visto, han subido de golpe miles de burbujas de oxígeno desde las rodillas hasta las sienes llenándome la cabeza del venenoso dióxido de carbono, como si mi cráneo fuera un espacio lleno de toboganes de hielo.

Era como la sensación
de haber chocado con una puerta de cristal: los transeúntes se evaporaban, se convertían en neblina gris mientras yo percibía en mi cuerpo la ingravidez propia del espacio exterior hasta flotar como los cuerpos que han escapado del campo gravitatorio de los planetas.

Nadie se enterará de que te he visto,
nadie debe conocer esta gelatina de creosota con motas de aluminio que hierve bajo mis pies. Nadie sabrá que me he sentido como una cigüeña bajo un diluvio.

                                                                                    Johann R. Bach



17 sept. 2017

En esos feldespatos se concentraban las combinaciones no aleatorias, no como objetos vulgares incapaces de dar lugar a sentimientos extraordinarios, inútiles salvo para alimentar el orgullo de los coleccionistas, expertos en minero-gemología.


¡ALMA! ¡QUÉ PALABRA!

De la visita a una Feria de Alimentación
recuerdo el aliento fétido de un tipo que vendía plantas medicinales envasadas en latas de diversos tamaños y colores. Era su olor cadavérico sin duda el que me trajo el recuerdo de la etapa más sucia que recuerdo. Aquel aliento era la prolongación de un mundo borrado ya en esta parte del Planeta, en esta Isla y adormecido desde hace tiempo en mi mente.

Se trata de una época de mi vida
en la que todo parecía indicar que el nacer era un error de la naturaleza al igual que los biólogos actuales consideran la vida como una probabilidad estadística, como un error de accidental explicitado brillantemente por la Ley de Murphy.

Bastantes años más tarde comprendí
que era imposible que el nacer fuera un error. La prolongada astenia geológica, capa tras capa desde la formación de este planeta, indicaba una paciencia infinita y un plan preconcebido, pues los feldespatos no sólo son una maravilla de la técnica de cristalización sino también necesarios para la vida.

En esos feldespatos
se concentraban las combinaciones no aleatorias, no como objetos vulgares incapaces de dar lugar a sentimientos extraordinarios, inútiles salvo para alimentar el orgullo de los coleccionistas, expertos en minero-gemología.

En algunas de las paradas
de charcutería vegetal de aquella feria había personajillos con uniforme como alguaciles cenutrios que agitaban en el aire sus guantecillos blancos de conservadores inverosímiles para exaltar de aquel modo la falsa categoría de aquel emporio de la birria y de la baratija, compitiendo mediante un gesto policial, presuntuoso y despótico con El Louvre. Repetían constantemente como los funcionario del famoso museo ¡No se puede tocar! ¡No se puede tocar!

En aquellas cosas y restos de cosas
de vegetales liofilizados y envasados al vacío clavadas en la memoria gracias a aquel aliento fétido, no había ni poesía ni belleza, ni consuelo, ni bálsamo, ni catarsis, ni exorcismo, ni la parte negra del mundo. Todo aquello no era más que piltrafa estrictamente numerada con código de barras. Al contrario, me recordaban el día que me violaron siendo aún una niña y que, cuando en un pequeño arroyo intentaba lavarme vomité una especie de papilla verde de olor nauseabundo.

Sólo la apoteosis de la prosa y el astío
salían de mi boca. Sólo salía de mi estómago la glorificación de la hartura y el sopor como una celebración de lo intrascendente del mundo. Aquello no era la eternidad, sólo era mierda atesorada en latas de leche en polvo y queso amarillo restos de la última guerra con olor a carne humana enmohecida como los fermentos de un cadáver. Todo aquel cólico de lo material no era la eternidad.

Recuerdo sentir que era absolutamente apremiante
exprimir la urgencia del sexo, siendo el sexo el principio y el final de las mujeres de la época, lo más sincero, lo más negro, aquella cavidad revestida de platino virgen destinada a recoger chorros de libertad y calcando los hábitos de los dioses, metamorfoseándome en lluvia plateada, licuarme en forma de petróleo mezclado con polvos bóricos.

Era urgente absorber el mal aliento
con el beso estremecedor del Ángel Montserrat, como si mi capacidad potencial de amar estuviera presa dentro de aquella forma inmunda, la maravilla aprisionada por el hedor, porque después del beso en un lluvioso amanecer saldría el sol y borraría todas las cicatrices aún purulentas gracias a una insolación general.

En aquella violación
me hurgaron tanto en la vagina que casi me la arrancan. Para sobrevivir a la brutalidad natural de aquel mundo que yo rechazaba por no sentirlo como mío, no encontré mejor solución que desviarme hacia lo metafísico. Seguramente, quizá, muchos de los que lean mi relato se sientan muy orgullosos de no haber creído nunca en el Ángel Montserrat y se sientan también orgullosos de no haber necesitado nunca su bálsamo. Pero yo sí, yo sí necesitaba al Ángel Montserrat, yo sí necesitaba desviarme hacia lo metafísico. Porque la segunda opción era mejorar la barbarie. Sí. Pero eso quedaba fuera del campo de mis posibilidades. Lo real era un mundo nauseabundo más atento al óxido de las monedas que a la limpieza del alma… del ¡alma! ¡Qué palabra!

                                                                      Johann R. Bach

15 sept. 2017

“Mira Kronos, me rio yo, como cualquier espíritu de la hegemonía del Universo.


EL OPTIMISMO DEL ÁNGEL MONSERRAT

Fíjate en mi poder -decía Kronos:
Mientras tú Angel Montserrat, risueño, meditas sobre las cosas, yo transformo en pocos segundos la noche en un amanecer que, pese a su belleza morirá en unas cuantas decenas de minutos.

El Ángel Montserrat,
soltando una gran carcajada, respondía con la naturalidad del que está seguro y bien convencido de lo que se dice:

"Mira Kronos, me rio yo,
como cualquier espíritu de la hegemonía del Universo. Es el espíritu el que ha creado las leyes del movimiento, del frio y el calor o simplemente esa tan cacareada ley de la gravedad. Entre los lapsos de las cambiantes posiciones de las cosas naciste tú.

Es cierto que el Universo se mueve,
se transforma y envejece, pero ello no es motivo de tristeza, pesimismo o malhumor: del viejo olivo se desprenden miles de aceitunas, del viejo mar surgen las jóvenes islas.

Fíjate en el amor que Ermessenda,
una sencilla escritora, pone en sus escritos: es un "lugar" donde el misterio se disuelve sin que tú, "amigo Kronos" puedas intervenir… porque ese lugar es espíritu puro…

                                                                        Johann R. Bach

13 sept. 2017

La novel·la L'Alber de l'Ángel Montserrat en versió catalana


té un amant cabal: l'Ángel Montserrat, l'àngel més humà de tots, que voldria que l'essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.




té un amant cabal: l’Ángel Montserrat, l’àngel més humà de tots, que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

El consumeix una passió eterna,
i és indiferent a l'atzar arbitrari i a les contingències de la bona o mala fortuna, i persuadeix alba rere alba, minut rere minut, la seva deliciosa recompensa.

Allò que frustra o trenca el cor d’alguns humans
és aliment per a l’ardent avanç cap a la carícia i el goig de l’amor. L'Àngel Montserrat és un missatger de les ofrenes del cel, de l’inefable a vista d’alba, d'una escena en els boscos caducifolis o de quan ell agafa pel braç  un home o una dona.

El seu amor, sobre tots els amors,
té folgança i amplitud... deixa espai lliure davant seu. No és amant irresolut ni suspicaç... Ell és segur... i menysprea els intervals oberts. La seva experiència,  les seves  efusions i sotracs, no són endebades. Res no sembla poder-lo irritar... ni en el sofriment ni en les tenebres.

Per ell, queixa, gelosia
i enveja són cadàvers soterrats que es podreixen en terra eixorca... Ell mateix va veure com els hi sepultaven. No hi ha mar més segur de  platja, ni platja de mar, que ell del gaudi de l’amor, de tota perfecció i de tota bellesa.

Però escolta bé, Cronos!
L'Àngel Montserrat vol ser lleial amb tothom, també amb tu, Cronos, em sents? i, com en un blues de mitjanit, ens diu que

no ens ofereix un camí planer,
ni una vida de recompenses fàcils...

Sinó un viure
on es dissipa amb mà pròdiga tot allò que es guanya o s’aconsegueix.

S’ofereix a ajudar-nos
a trobar un lloc sota el sol i un mar on ressonin somriures i on el goig s'assenti sobre la pell; a no deixar morir una sola alba a la inconsistència enfilada amb què solem viure i que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

Ho has sentit, Cronos?
L'Àngel Montserrat vol ser lleial amb tothom, fins i tot amb tu, convençut que ets menys temible perquè provoques envelliment que no pas perquè desemmascares.

L'Univers observable -va prosseguir Èol-
té un amant cabal: l’Ángel Montserrat, l’àngel més humà de tots, que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

                                                                Johann R. Bach

12 sept. 2017

El Ángel Montserrat avanza

El Universo observable -prosiguió Eolo-
tiene un amante cabal y ése es el más humano de los ángeles: Quisiera él que en la noche, su esencia se concentrara como en un lema matemático gota pura de lucidez.


LA APOLOGÍA DEL ÁNGEL MONTSERRAT

tiene un amante cabal y ése es el más humano de los ángeles: Quisiera él que en la noche, su esencia se concentrara como en un lema matemático gota pura de lucidez.

Le consume una pasión eterna,
y es indiferente al azar que suceda y a las posibles contingencias de la buena o mala fortuna, y persuade amanecer tras amanecer y minuto a minuto a su deliciosa recompensa.

Lo que frustra o quebranta a algunos humanos
es alimento para su ardiente avance hacia el contacto y el amoroso júbilo. El Ángel Montserrat está en comunicación con todo lo que se espera del cielo, o de lo más alto a vista del amanecer, o de una escena en los bosques caducifolios, o cuando rodea con el brazo el cuello de un hombre o de una mujer.

Su amor, sobre todos los amores,
tiene holganza y amplitud…, deja espacio libre delante de sí. No es amante irresoluto ni suspicaz…, él es seguro…, desdeña los intervalos abiertos. Su experiencia y las efusiones y los estremecimientos, no son en vano. Nada parece poder irritarlo…, ni en el sufrimiento, ni en las tinieblas.

Para él, las quejas y los celos
y la envidia son cadáveres sepultos que se pudren en la tierra…, él mismo vio cómo los sepultaban. No está el mar más seguro de la playa, ni la playa del mar, que él disfrute de su amor y de toda perfección y de toda belleza.

Pero ¡escucha bien Kronos!
El Ángel Montserrat quiere ser leal con todos, también contigo Kronos y como en un blues de medianoche nos dice que:

No nos ofrece un camino de rosas sin espinas,
ni una vida de recompensas fáciles…

Él nos ofrece un vivir
en el que se disipa con mano pródiga todo lo que se gana o alcanza. Ofrece ayudarnos a encontrar para nosotros un lugar bajo el sol y un mar donde resuenen las sonrisas y se asiente el gozo… sobre la piel. Ofrece no dejar morir un solo amanecer en la inconsistencia enhebrada con que lo vivimos y quisiera que en la noche, su esencia se concentrara como en un lema matemático gota pura de lucidez.

¿Has oído Kronos?
El Ángel Montserrat quiere ser leal con todos, incluso contigo pues está convencido de que eres menos temible porque provocas envejecimiento que porque desenmascaras.

El Universo observable
tiene un amante cabal y ése es el más humano de los ángeles: Quisiera él que en la noche, su esencia se concentrara como en un lema matemático gota pura de lucidez.

                                                                                  Johann R. Bach


27 ago. 2017

Empiezo la aventura de escribir otra novela.

EL AMANECER DEL ÁNGEL MONTSERRAT



EL AMANECER DEL ÁNGEL MONTSERRAT
Amanece…

Pasearé por la playa que me plazca,
seré señor total y absoluto, escucharé
a cualquiera que se dirija a mí y
consideraré todo aquello que me digan.

Me detendré a mirar cómo el sol
se salta la valla del horizonte,
aceptaré el arco que describa durante el día
aunque algunas nubes oscurezcan el cielo.


                                                                                               Johann R. Bach

25 ago. 2017

Ya está en la imprenta la tercera edición de "NIÑOS A LA DERIVA" novela científica cuya tesis afirma que los niños de padres mayores son más longevos y más inteligentes


NIÑOS A LA DERIVA (I)
Tardamos años en saber
que la soledad (frecuentemente sólo el deseo),
es otro libro de la bibliografía de las noches,

un Manual, susceptible de examen,
con las páginas pálidas de la piel
bajo alfabetos en tinta de latidos y de calles,
con las notas al pie de la memoria                                                      
                                                                                                                   Johann R. Bach

5 jun. 2017

He lanzado al mar, bajo el soplo de la luna, la última botella


LA DESPEDIDA DEL NÁUFRAGO

La parra crece,
se despega de la tierra, se encarama en los muros y florece para invisibles vendimias.

A los escritores
tampoco les debería importar tener menos lectores admiradores de sus escritos que imitadores que sí los valoran.

De todos los animales
el cerdo es el más romántico; de ahí que lo contrario de romántico no sea clásico sino tontorrón. (¿Os acordáis del cuento “Los Tres Cerditos”?)

En Google +
he podido observar que abundan dos tipos de blogers: uno el que cree en Dios, y, otro que se cree que es Dios. No tardaré en abandonar ese gran baúl de Google tabla de salvación de muchos náufragos.

He lanzado al mar,
bajo el soplo de la luna, la última botella con notas y metáforas de la novela "Piel de Una Rodilla Herida". Si alguien la recoge le ruego que sonría porque

tan sólo
para el Ángel Montserrat soy irremplazable.

                                                                                          Johann R. Bach

4 jun. 2017

“Unos dedos, unos labios, una piel de rodilla herida…, dejan el todo a la imaginación”.


LOS FRAGMENTOS DE JOHANN R. BACH

"Unos dedos, unos labios,
una piel de rodilla herida…,
dejan el todo a la imaginación".
                           Johann R. Bach
Señor Hermes

Después de una espera de siete años, todo un ciclo vital leyendo día a día esos escritos de Johann cargados de significados he llegado a la conclusión personal de lo que es la convicción metafísica de R. Bach: "la totalidad del universo existe tanto en el Cosmos entero como en cada uno de sus aparentes fragmentos (de ahí su gran interés por la teoría de fractales).

La novela maravillosa
que Johann R. Bach sería capaz de realizar, no ha sido escrita, ni probablemente la escribirá ya: la tenemos esparcida en una treintena de legajos diversos, todos anteriores a la novela ideal (algo que se parezca al estilo de Proust) que, detrás de cada escritor se deja adivinar como una constante, secreta e inaccesible presencia.

Para R. Bach el fragmento
es la expresión del pensamiento limpio, sin polvo adherido a la membrana que lo protege. Es más: afirmar que el fragmento no es apto para expresar la totalidad, significaría presuponer que el discurso prolijo la contenga toda. Éste tiende, además, a ocultar las rupturas del ser mientras "el fragmento es el medio de expresión del que -me aventuro a decir- aprendió que el hombre vive entre fragmentos".

Entonces, el quebrar su obra en fragmentos
es sólo la estrategia expresiva de un pensamiento que intenta alcanzar el todo: "Mis breves escritos – dice en una de sus cartas- son los toques cromáticos de una composición concebida en perfecto contrapunto". Para quien sabe leer, y sólo para él, el conjunto de los toques cromáticos brinda una visión de la totalidad. Las metáforas que se encuentran en el exergo de toda su obra son otras tantas aclaraciones de esa filosofía de contrapunto. Como sus versos escritos, como sencillo y sucinto poema:

"Unos dedos, unos labios,
una piel de rodilla herida…,
dejan el todo a la imaginación".

                                                                                              Asunción T.

1 jun. 2017

“Una noche, cayó un rayo sobre el roble. Quintí y yo lo vimos, ...


EL PRIMO QUINTÍ Y EL ROBLE

 Nadie le había dicho
que aquel 25 de octubre el "insti" permanecería cerrado. Aún no eran las ocho de la mañana cuando de repente todas las obligaciones del día se habían esfumado.

Cassia L. Roure comenzó a deambular sin nada en que pensar, dirigía su mirada a la calle pareciéndole más desierta que de costumbre, sólo un tranvía rasgaba el paisaje. Caminaba, buscando a tientas las palabras que colgaban en su mente como una forma vacía que no podía llenar ni suprimir. Miró hacia atrás: un rectángulo gris plomizo se erguía sobre los edificios, proclamando su presagio inevitable de lluvia. No le importaba el paisaje de las calles sino el color del cielo.

Bajó por las Ramblas hasta La Boquería, dirigió su atención hacia un puesto de verduras. Vio una pila de brillantes zanahorias y frescas cebollas preguntándose por qué se sentía reconfortada, y luego, por qué experimentaba el repentino e inexplicable deseo de que todas aquellas cosas no permanecieran a la intemperie, sin protección frente al espacio vacío y frío por encima de ellas.

Luego subió hasta alcanzar la calle Pelayo, fijó su mirada en los cristales de las zapaterías con sus escaparates aún oscuros, y en la Plaza de Catalunya levantó la vista para ver la altura de los edificios bancarios. Sin saber por qué, recordó repentinamente el enorme roble que había significado tanto en su infancia. Sin motivo aparente, evocó el árbol y los veranos de su niñez en el pueblo. Había pasado durante varios veranos en la casa de Tía Maricarmen en la falda del Montseny.

Según lo transcrito del diario Ermessenda Cassia explicaba así sus recuerdos:

"El gran roble había crecido
en un recodo del camino de Sant Marçal al Turó de l'Home un paraje solitario en los días laborables. Mi primo Quintí nos llevaba a menudo allí a toda la pandilla de veraneantes para contemplarlo. Debe tener -nos decía- por lo menos cien años y a nosotros nos parecía que allí seguiría durante muchos más".

"A mí me encantaba contemplarlo.
Sus raíces debían haberse aferrado al sendero como un puño cuyos dedos se hundiesen en la tierra. Quintí nos decía cada verano que si un gigante lo tomara por la copa, no podría arrancarlo, sino que arrastraría consigo toda la montaña del Montseny y al resto del mundo, como un yo-yo colgando de un hilo. Se sentía seguro en presencia de aquel roble y me contagiaba a mí también aquella seguridad. Fue tras aquel árbol donde vi la enorme verga de mi primo por primera vez mientras orinaba frente a mí".

"Una mezcla de placer y de natural tranquilidad me invadió de tal manera aquella escena que estuve soñando durante todo el verano cosas nuevas para mí: algunas noches, durante el sueño, me paseaba, placenteramente, desnuda por toda la casa mientras que en otras ocasiones soñaba que bajaba a la calle a pasear y en mitad de la calle me daba cuenta de que me había olvidado vestirme y con gran vergüenza regresaba corriendo a casa ante los atónitos ojos de los transeúntes".

"En el verano siguiente fuimos de vacaciones a Mallorca por lo que no pisamos el pueblo ni un solo día, así que cuando volví a ver a mi primo Quintí ya no era mi primo: era el hombre. En su rostro ya crecía una barba y sus ojos ligeramente enrojecidos me miraban asombrados por el rápido crecimiento de mis pechos. Ya no me besaba el primo, me besaba el deseo hecho hombre, sus labios buscaban los míos que se aflojaban cada vez que los suyos me rozaban".

"Fuimos a ver nuestro roble.
Allí seguía majestuosamente como si nada pudiera transformar ni amenazar su presencia. Allí fuimos felices casi todas las mañanas del verano. El roble seguía siendo el mayor símbolo de fuerza de Quintí y yo entre sus brazos también me sentía segura de haber encontrado el primer amor, el más fuerte de todos".

"Una noche, cayó un rayo sobre el roble.
Quintí y yo lo vimos, a la mañana siguiente, partido por la mitad y descubrimos entonces que el tronco era sólo un túnel negro, una cáscara vacía. Aquella aurora debió destilar un llanto de dolor ignoto; en el viento flotar una canción con la tristeza de un alma selecta; y, oírse el sollozar sonoro del bosque en la espesura".

"Fue entonces cuando comprendí que las Puertas de la Naturaleza están cerradas a cuantos, indiferentes, ríen con crueldad, a cuantos, extraños, ríen en un País de Infortunio y Paraíso al mismo tiempo donde a pesar de todo aún el amor crece como la rosa: entre espinas".

                                                                              Johann R. Bach

24 may. 2017

“… El hombre es realidad dada, el mundo hipótesis que, con mayor o menor fortuna, inventamos…”


¿SURGIDO DEL VIENTO DEL CAP DE CREUS?

Leo P. Hermes me pide,
en mi calidad de traductora al alemán de algunos de los escritos de J. R. Bach, que dé mi opinión sobre lo que conozco -que no es poco- de su obra.

Johann R. Bach es uno de esos escritores
que parecen provenir de la nada, como salidos de la niebla de un tiempo pasado en el que todo, excepto él, desapareció como en un naufragio del que sólo conocemos la tabla (su pluma), el náufrago y sus historias vividas o inventadas.

Es como si hubiera brotado
imprevisiblemente de ambientes que le han sido ajenos, sin haber sido preparado por nadie, sin precedentes, sin pertenencias o señales de reconocimientos útiles para definirle.

Johann R. Bach es la poesía excéntrica hecha carne;
incómodo, irregular, inclasificable e inconfundible. Por la manera que cómo escribe y por aquello que escribe P. Hermes ha dicho -y con razón- que es marciana su forma de escribir. Y realmente algunas de sus frases evocan la imagen de un Nietzsche surgido del viento del Cap de Creus. Pongo por testigo de ello a Andrés Geyer creador de la web "La Chica de Kiefholzstrasse" (Das Medchen aus Kiefholzstrasse) y el Blog asociado "Homeo-Psycho".

R. Bach se describe a sí mismo en el poema "Café de La Virreina" como una araña el sitio desde el cual percibe lo que le interesa no el objeto de su interés:

"… se coloca en la barra de un bar,
mira a su alrededor mientras toma café
y examina la cartelera de espectáculos…"

Sostiene teorías poco comunes:
afirma que nadie sabe exactamente qué quiere antes de cumplir cincuenta años, edad en la que ya se han acumulado suficientes adversarios que se encargarán de hacérselo ver. En mi caso, he de reconocerlo, se verificó esa sentencia.

De la misma manera
que la opinión del joven no revela lo que piensa, sino lo último que ha leído, R. Bach parece, por su erudición, conocer miles de obras de "literatura occidental" y en no pocas ocasiones se muestra como el antiguo que niega el dolor (de ahí sus descubrimientos médicos para paliarlo), mientras que en otras ocasiones, niega como los modernos el pecado. Es por ello que siempre me ha parecido ver en sus escritos como si se enredase en sofismas idénticos:

"… El mundo es explicable desde el hombre,
pero el hombre no lo es desde el mundo …"

"… El hombre es realidad dada, el mundo hipótesis
que, con mayor o menor fortuna, inventamos…"

Podría decir en resumen sobre R. Bach,
aún a riesgo de estar equivocada, que como hombre moderno no escapa a la tentación de identificar permitido y posible, pero a mi parecer Johann se ha instalado ciegamente desde hace tiempo en la sólida corteza de su destino, pues de alguna manera intuyó cómo -en sus propias palabras- "la sustancia del mundo fluye hoy por una secreta herida hacia la nada…"

Y, sin embargo,
su juventud casi naïf navega sin notarlo en un mar de optimismo… No he visto en ninguna página de esta novela "Una Rodilla Herida" aquel pesimismo que le llevó a escribir que "la poesía había muerto asfixiada por las metáforas"

En cierta ocasión,
después de una pequeña charla, le pregunté cómo podía sentirse joven después de haber cumplido tantos años y me contestó: “Sigo respirando, escribiendo y viviendo mi vida sin grandes altibajos porque aún espero otro milagro…”
                                                                                     A. Kunstbaur

21 may. 2017

¡Entra en la creación del Mundo del Ápex que fue una vez y es nuevamente!


PARTIDA HACIA EL ÁPEX
DE LA MANO DEL ÁNGEL MONTSERRAT

Era…
era ya y no era aún…1

Sentía
-reemprendiendo el hilo que hilvanaba sus últimos minutos- la felicidad del tiempo que ya se deslizaba por el mundo de la noche nuevamente abierto y traía el frescor consigo,

sentía la felicidad del aliento
entonces ya fácil encajado en la manante respiración de la oscuridad de todos los mundos,

sentía el murmullo del mundo,
sentía lo natural…

Más frescas se volvían las estrellas
más fresco su espacio,
más fresco lo audible en él.

Todo era como un murmullo,
que platinamente claro
se agitaba en la gran oscuridad,

era, esperado y lleno de expectación,
era el mar enviando sus olas,
murmurando en la noche,
pero ya llamado por el alba que venía.

Casi asustado
creía que su oído le engañaba. ¡Pero no! Era el mar, era la realidad tritónicamente inmensa del mar, y la traducción de la novela "Una Rodilla Herida" relevada por la voz, se agitaba en el incalculable romper de las olas,

se agitaba en las estrellas empalidecidas,
no, aún más, aún más, llenas de la voz escuchaban las aguas, escuchaban los mares. Él escuchaba la oscuridad y todo lo humano, tanto lo durmiente, como lo que despertaba.

Escuchaban todos los mundos,
se escuchaban a sí mismos en todo lo que los llenaba:

Lo natural se adaptaba a lo natural
y en ello había amor…

Fallada la sentencia,
la voz, entretejida en el todo, no daba respuesta alguna y casi era… como si sólo el día debiera traer la respuesta, como si todo entonces fuese expectación, esperando el astro diurno, como si ya nada más fuera permitido.

La noche se recogía
alrededor de su fin.

Se concentraba en él
y la negrura perdía su morbidez; afuera el centellear de las estrellas comenzaba a lucir verdoso.

Inmóvil en la oscuridad
estaba el color del aire; sacando inmóvil con el tacto cosa a cosa de las sombras, y milímetro a milímetro, a partir de la ventana, la habitación se volvía habitación, los cuadros de nuevo cuadros;

al centelleo de las últimas estrellas,
en la ventana, destacaba un antiguo candelabro, negro como un árbol deshojado, colgando aún de sus brazos los restos de la noche.

¡Oh noche que se va!
Que sostiene al durmiente
hasta el último aliento,

más y más, de ramas infinitas de infinito plumaje,
llevándole infinitamente en sus brazos,
apretado a su pecho.

Lo fugaz se había anunciado,
se había perdido, se había planteado, y se había tornado imperecedero; fugaz era el día que ascendía ante él, y ya hacía mucho que no miraba hacía él; velados estaban sus ojos aunque seguían abiertos, velados de lágrimas sin lágrimas, sólo que miraba con extrañado mirar al día que llegaba, veía el alborear, veía como poco a poco ponía allá afuera su incoloro color, capa a capa, sobre los tejados,

lo veía y ya no lo veía,
el ver se le había convertido en sentir, y en aquel sentir, nacía el día para él, tornándose suyo propio con su nueva luz:

crecía la madrugada,
iba hacia él con la creciente pureza de su perfume, con su claridad muy gris, muy clara, iba hacia él con la clara precisión mañanera, con el plateado aliento salino del mar, brotado con plata de plateados rompientes en suave lejanía, brotado del primer resplandor de la orilla húmeda y fresca; iba hacia él como en un gran aliento, como respirando tras una hora de lluvia, oscura de lluvia y clara de rocío refrescante.

De este modo se sentía
llevar más y más lejos, y allí donde el viaje se hundía, allí donde ondean las espigas, donde cuelgan las uvas y los animales descansan a la sombra de los chaparros, allí estaba el Ángel Montserrat delante de él, casi no ángel, más bien un muchacho, y sin embargo un ángel, envuelto en las frescas alas de la mañana de primeros de octubre, con negros rizos, ojos claros, y su voz no era la que llena simbólicamente el todo como acción anunciadora, no, era más bien un eco muy lejano de la simbólica imagen primigenia que flotaba en lo alto; era ella -melodiosa voz- la que entonces comenzaba a hablar, muy suave, y sin embargo era la sombra broncínea de los Cuatro Eones (Hádico, Arcaico, Proterozoico y Fanerozoico):

¡Entra en la creación del Mundo del Ápex
que fue una vez y es nuevamente!

Y que tu nombre se grabe para siempre
junto al de Ermessenda: ha llegado tu hora!

Así lo decía el Ángel Montserrat, terrible de ternura, consolador de tristeza, inaccesible de nostalgia; así lo oía mi compañero traductor de labios del Ángel Montserrat, lo oía como lenguaje dentro del lenguaje, en toda su terrenal sencillez y, oyéndolo, llamado por su nombre y unido al nombre de Ermessenda, vio otra vez el ondular de los campos, extendido de orilla a orilla, infinitas las ondas de los frutos, infinitas las ondas de las aguas, ambas bañadas en la fresca, oblicua luz de madrugada, brillando fresca la cercanía, brillando fresca la lejanía; lo vio y siguió luego la dulzura del conocerlo todo y del no conocer, del saberlo todo y de no saber, del sentirlo todo y del no sentir nada; siguió la dulzura del olvidarlo todo…

Y vi en sus ojos
cómo siguió su sueño sin sueños…

1) Perdonadme que haya adoptado un estilo parecido al de Proust -en su lentitud sobre todo-, pero la narración del momento así lo requería.

                                                                                       Johann R. Bach