26 mar. 2017

Rechazaba casarse y formar una familia pues no veía en ello una solución a su psiquismo


FRANCIS EL GUIA DE MONTAÑA

Muy distinto a su marido Francis parecía haber brotado
bajo el azar de las calles y como una hierba mezquina peleó para sobrevivir entre las fachadas y la acera mientras los transeúntes no eran para él más que simples sombras.

Él creía que el recuerdo de aquellos tiempos
ya no era más que una voz quebrada.

Francis se volvió poco a poco
en una persona tímida que hacía todo lo posible para rechazar los recuerdos aunque su memoria le traicionaba y que, de vez en cuando,
volvía a alzarse, como un fuego que uno aplasta…

¡Nada importante de este mundo!

Intentó abrirse paso en la vida trabajando aquí y allá… Sin éxito. Finalmente encontró acomodo en las tareas de un camping de alta montaña pues lo que más le encantaba eran los minerales y la observación en el sotobosque el crecimiento de las ortigas y la gayuba.

A veces se detenía en un claro
y sentía –es cierto- que el aire era oprimente, ácido, suntuoso, erótico y triste. Lo soportaba estoicamente gracias a su buen carácter que le exhortaba a valorar la vida en la naturaleza como mal menor.

Era extremadamente correcto
y translúcido en el trato. Daba la sensación por su delgadez de que se había ido desgastando aunque físicamente era de naturaleza resistente. Al igual que uno de esos elegantes galgos que parecen no disponer de espacio en el cuerpo para los órganos vitales, se diría que en su interior carecía de algo que le permitiese llevar una vida animal o emocional. Todo él parecía una superficie pulimentada.

Era en comparación al marido de Flordeneu
un hombre sólido dotado de unos labios gruesos como destinados al más largo beso. Y por supuesto, más moreno, más alto, con los ojos grises y una nariz griega, quizá normanda. Su cabeza era huesuda y angulosa exenta de cualquier adiposidad. Él mismo creía que se iba desgastando con el tiempo, como una antigua cuchara de plata.

Rechazaba casarse y formar una familia
pues no veía en ello una solución a su psiquismo aunque siempre reconoció que sólo escribir entre dos el mundo tendría algún sentido tal y como debió decir a Adán soñador una Eva inquieta. Del Francis niño ya no quedaba más que un brillo que le hace soñar que con la llegada de Flordeneu a su vida despunta el día, que con ella es más sencillo entrar en el futuro llevando para luego un poco de esa fruta madura, por la gracia de la cual el azul se une al verde en la noche de la hierba.

                                                                                                  Johann R. Bach

Su relación matrimonial llegó a un punto en el que Flordeneu no podía expresar el menor interés


LA SOLEDAD NECESARIA

La verdad es que Flordeneu estaba hasta la mismísima coronilla de su marido y solía contener la rabia apretando los dientes mientras mandaba un mensaje para que vinieran a llenar el depósito de gasoil de la calefacción, mientras llamaba al fontanero para que instalase una ducha con alcachofa en el grifo de la bañera, …

Su marido era el responsable de que casi no le quedaran amigos, una de las razones por las que sentía un anhelo voluptuoso, sensual y casi febril por los placeres de la soledad. Necesitaba alejarse…, alejarse de todas aquellas relaciones arruinadas, de aquellas falsas sonrisas.

Sí. Necesitaba estar sola,
mirar el cielo y el paisaje
sin que nadie la observase,
no tener que fingir.

Su marido no tenía la culpa,
les decía a los demás,
de haberse vuelto tan "difícil".

Había sido culpa de la bebida.
Fue mala suerte no haber limitado su afición por el alcohol, los analgésicos, los antiinflamatorios y el bicarbonato para los excesos de especias, sal y mariscos. Sin embargo, huelga decirlo, ella en su fuero interno, sí culpaba a su marido.

Su afición al alcohol
sólo había acentuado su egolatría, su malicia discreta, su tendencia a poner a los demás en su sitio. Su ebriedad le daba excusas para comportarse mal, pero, en realidad, él siempre se había comportado mal. No soportaba estar en casa. Se aprovechaba de su alcoholismo como si fuese un regalo del dios Baco; lo abrazó como su estado natural.

En su juventud,
al menos se esforzaba por controlar su lengua, sus bromas a costa de los demás, sus ansias de demostrar que el resto del mundo era ignorante, ridículo y maleducado. En el terreno sexual la mayoría de las veces no podía penetrarme por falta de erección. En cierto modo el alcoholismo había eliminado ese autocontrol, le había dado carta blanca para la eyaculación precoz.

Sus humillaciones no se limitaban
al ámbito íntimo del hogar sino que él parecía disfrutar humillándola en público, quejándose de ella a sus espaldas, socavando su ánimo además de los momentos en que estaban solo viendo la televisión.

Su relación matrimonial llegó a un punto
en el que Flordeneu no podía expresar el menor interés por cualquier programa sin que él la atacase por sus gustos, sus aficiones o sus costumbres "intelectuales"…

Si veía el telediario, es que estaba obsesionada con las noticias, atrapada por los medios, y que la locura informativa de los directores de los programas le había lavado el cerebro hasta la sumisión. Si ponía un partido de tenis, él la sermoneaba sobre los males de los deportes de competición. Si veía documentales sobre la fauna salvaje, se burlaba de ella por interesarse por los tejones y las mariposas cuando debería preocuparse por los problemas de los centros de las ciudades. Si veía una serie de humor, él la llamaba soñadora, y atacaba a la comedia en cuestión por ser una cómoda fantasía de clase media o una glorificación de la subcultura de la clase trabajadora.

Viese lo que viese, estaba mal,
y si no veía nada, vaya, entonces alegaba que era una snob, incapaz de compartir con su marido los placeres más básicos de la vida cotidiana. Noche tras noche, con un ángulo oblicuo a través de la pequeña pantalla, la maltrataba.

Él no odiaba la televisión, sino a ella.

"La mía –le había confesado a Francis- era una historia sin sentido… hasta que te conocí: a mi marido, a modo jactancioso, le gustaba que se supiera que su abuela era de estirpe noble. Revelaba ese dato en tono de broma, pero, por lo pronto, lo revelaba… demasiado a menudo. Eso no era elegante por su parte aunque ¿acaso no te estoy yo ahora diciendo que me casé con un hombre de noble familia? La diferencia es que todo esto sólo te lo he contado a ti".

                                                                                   Johann R. Bach

¿Hacia dónde se dirigen todos?


SELENIO, COBALTO Y NIQUEL

En las minas a cielo abierto el gris metálico,
el azul, el rojo, el verde… se desbordan.
Es -dice Cassia- más sencillo el color que la vida.
A través del color la forma se quiebra.

La voz –continua diciéndole a su amiga-
se propaga a través de los metales rápidamente,
entra en el universo agazapada a la luz y alcanza
la línea del horizonte cósmico observable.

Las dos amigas se detienen en esa enorme playa,
la miran como algo necesario, es casi de noche y
los que van delante de ellas, ya no ven sus pasos

sobre la arena en la que brilla un poco el agua.

¿Hacia dónde se dirigen todos?
Hacia la Proa del Mundo
imagen que sólo sirve al sueño. Porque ¿qué hacer
con una alegoría cuando vuelves a casa, al atardecer?

¿Qué hacer si ya el billete ya está comprado
y la barca a punto de zarpar?

                                                              Johann R. Bach

23 mar. 2017

Durante toda la tarde estuve meditando sobre mi lugar en el Mundo.


LA FRIALDAD DE UN MARIDO (fragmento)

Cuando Francis y yo llegamos al camping
el recibimiento que nos dispensó mi marido fue más frío de lo que cabría esperar: se limitó a decir que se alegraba de que la cosa no hubiera sido grave (¡sólo faltaría!) y agradeciendo a Francis su ayuda lo despidió como el que despide al cartero.

Durante toda la tarde
estuve meditando sobre mi lugar en el Mundo. Mi marido jugaba su partida de dominó con los amigos como si nada hubiera pasado. Una sola idea pasó por mi mente, le di el encargo a mi hija de que, discretamente, averiguase el teléfono móvil de Francis. En cuanto lo tuve medité largamente qué mensaje le iba a enviar:

¡Ven conmigo amor a cojear en el futuro!

                                                                               Johann R. Bach

22 mar. 2017

Y otra vez volvía a sentir sus dedos precavidos


UNA RODILLA HERIDA

Caí bajando por la tartera:
primero la rodilla, la palma de la mano, en seguida todo el cuerpo sobre la tierra pizarrosa empapada de lluvia,

pero aquella lluvia era tibia,
como un don que se nos otorgaba y fue así cómo uno contra el otro, muy cerca, y… allí se produjo el comienzo del deseo.

Con su brazo en mi cintura
y el mío en su hombro iniciamos la penosa salida de aquella zona tan resbaladiza.

Sin darnos cuenta
perdimos de vista al resto del grupo, la sangre que manaba de la rodilla se estaba coagulando bajo el pantalón hasta el tobillo.

Fuera ya de la tartera,
Francis quiso examinar mi rodilla y para ello me desabroché el pantalón dejando al aire unos muslos fatigados por la caminata. Él tocaba con el dedo la pierna herida, pero mi imaginación lo situaba bastante más arriba: tuve que girar el rostro para que no viera mis mandíbulas apretarse del intenso placer de aquella caricia y mis gemidos pudieran simular dolor. En veinticinco años de matrimonio no había tenido nunca un orgasmo que se extendiera por toda la columna vertebral cuyas punzadas llegaban hasta alcanzar el cráneo.

Una vez vendada la rodilla herida
pude comprobar que la cosa no había sido tan grave pues continuamos casi con normalidad el descenso y el paisaje acaso de ajedrea de jardín, de menta, daba igual todos aquellos arbustos juntos existían confundidos con nosotros mismos. Francis era un muchacho tímido que hablaba poco –cosa que gusta a muchas mujeres- y cogida de su brazo sentía la presencia del Hombre con sus ventajas sobre mi miedo.

Habíamos entrado en una zona de campo
de inclinación suave y, de nuevo, aunque más lejos, aquel estrépito del cielo de antes, otra vez con relámpagos, un poco menos seguidos y entre arbustos algo más crecidos que parecían estar al acecho de unos rumores, aquella vez más ligeros, como de alas que se agitan, como de minúsculas vidas invisibles, pero que no nos inquietaban, que nos rodeaban más bien como un nuevo sueño sobre la tierra.

Nada había ya inmóvil entre el aire y la tierra.
Intenté pensar en mi marido en su preocupación por nuestro retraso, pero la sensación de flotar en el viento, invadida de placer, era más fuerte. Cojeando al andar iba apoyada del brazo de Francis el improvisado compañero hasta aquel momento un desconocido, precisamente, en el momento en que el dolor parecía estar desapareciendo

de repente empezó a caer sobre nosotros
una tormenta de granizo. La temperatura estaba descendiendo y protegiéndonos a modo de escudo la cabeza con nuestras mochilas, el caminar se hizo tan penoso que obligué a Francis a detenerse. Él, como dándome esperanza, me señaló unas rocas diciéndome que debíamos buscar abrigo en ellas.

En efecto, allí, en un recoveco suficiente
para descansar nos acurrucamos, Francis sacó de su mochila una manta térmica que nos permitió, en parte, librarnos del frío, tapándonos hasta la cabeza de forma que nuestro propio aliento nos calentaba las mejillas. Nuestra situación pareció menos desesperada aunque el granizo y la ventisca continuaban.

Intenté pensar otra vez en mi marido
y en mi hija para evadirme de la proximidad de su boca. Pensé en cómo deberían estar preocupados por mí, pero mis labios se sentían atraídos por suyos con una fuerza ajena a mi voluntad. Con sus besos volvía a sentir aquellas punzadas en la vagina que ascendían hasta los pezones como corrientes eléctricas sutiles y placenteras.

"Escucha -le dije- no sé quién eres… el Ángel Montserrat que ha acudido en mi ayuda o el mismísimo diablo que no ha parado hasta haberme penetrado. Nunca he estado con otro hombre que no fuera mi marido y por ello dudo de que seas realmente un hombre aunque mi mano comprueba aferrada a tu miembro viril que eres de carne y hueso".

Me miraba los dedos
y jugaba a abrirlos y cerrarlos mientras los suyos continuaban acariciando mi pubis y buscaba en medio de aquel placer un nombre a todo lo que estaba sucediendo. La noche estaba cayendo cuando la tormenta cesó, el campo parecía un mar plateado, brillante, la oscuridad iba invadiendo el paisaje cuando apenas veía sus ojos abiertos como nunca los había visto en ningún otro hombre, cuando me quedé dormida sobre su pecho.

Él debió dormir también pues al despertar vi su rostro relajado y con su dulce besar me fue dando la pista de que no había ninguna otra cosa allí, como diciéndome que no había nada más. No me intranquilizó estar allí a su merced: en sus ojos no vi más que amor… Cuando se puso en pie, miré el reloj y sólo eran las seis de la mañana, lo cogí por la manga y casi le supliqué que yaciera junto a mí, que me penetrara otra vez, pues necesitaba saber que todo aquello no era el sueño de una cincuentona con un amante veinticinco años más joven.

Y otra vez volvía a sentir sus dedos precavidos
que me hacían olvidar la Tierra real y que nada, ni siquiera el hambre, era capaz de sacarme de aquella locura. A lo lejos sentí cómo seguían rugiendo los truenos hasta desaparecer en la lejanía mientras en mi tuétano se hacían sentir los torbellinos de color. El resto es fácil de imaginar: el cielo regresó sobre aquello que las palabras habrían de convertir en una especie de barro como en el Origen.

                                                                             Johann R. Bach

21 mar. 2017

Vida y amor trabados llenos de alegría distantes de los sonetos de mediodía:


Ni sonetos ni madrigales de mediodía

De los sueños y pesadillas de infancia,
difíciles de conjugar con el cuerpo expandiéndose como un punto imantado por el campo magnético de nuestro planeta,

nace el erotismo puesta en marcha
de un funcionamiento más profundo y más rico del humanismo biológico y de aquel gran conocimiento que parte del propio cuerpo.

Según los biólogos humanistas
la chispa de la vida no son los sonetos de mediodía, ni de los madrigales cantados a media voz bajo una sombrilla;

sino del sodio inyectado en corazón
por la succión de la diástole, camuflado en la sangre antigua agua de mar oxidada.

Sin embargo las cosas vuelven y vuelven a inscribirse,
unas en otras, en un universo movido por clústers paquetitos de luz cargados de corpúsculos memorizados desde el inicio de los tiempos.

Vida y amor trabados llenos de alegría
distantes de los sonetos de mediodía:

No hay equilibrio posible…
igual que el movimiento la vida necesita de la locura del amor, experimentar un beso de sol, brevísimo, al atardecer de joven exceso y el abrazo en la sombra de la noche.

                                                           Johann R. Bach

20 mar. 2017

la piel del mar... oculta bajo su manto de olas y espuma mucha más agua


EL PESO DE ESTE MUNDO

Para soportar el peso de este mundo, a diferencia de cómo lo hace Atlas el titán, sólo es posible hacerlo postrado de rodillas.

Las soluciones en filosofía son como la piel del mar, que oculta bajo su manto de olas y espuma mucha más agua.

No obstante sus caviladas respuestas son mucho mejor que las soluciones científicas que no remedian ningún problema humano sino que sólo solucionan los propios problemas de la ciencia.

Y de vez en cuando hay que recordar al lector que antes de menospreciar un mensaje, es conveniente leerlo detenidamente varias veces, pues toda metafísica tiene que trabajar con metáforas.

                                                                                                            Johann R. Bach

LA TIERRA SIGUE GIRANDO ALREDEDOR DEL SOL ...


QUE NADIE SE INQUIETE

¡Calma! ¡Calma!
Que nadie se inquiete: los observantes de los cielos dicen que 
La Tierra sigue girando alrededor del sol y que 
sigue acompañándole en su viaje hacia el Ápex.

                                                                                  Johann R. Bach

17 mar. 2017

... com creix sobre la vora brillant de la parpella inferior, com llisca tot al llarg de la cara, ...


PROPOSTA DE FINAL PER A UNA NOVEL·LA

M'heu oblidat, estimats amics meus?
Sóc jo, la narradora, una insignificant aranya l'única habilitat de la qual és manejar amb soltesa les meves petites potes i gràcies a la meva mida i a la capacitat d'esmunyir-me per sota les portes puc ser testimoni de tot allò que s'esdevé a casa.

És cert
que no he fet entrar les meves argentades temples en algunes estances, però això és perquè he estat ocupada amb un assumpte totalment diferent. Jo sóc aquella que s'arrepapa ara damunt de l'ou que és dalt la taula com si volgués covar-lo; jo sóc aquella que agita les diminutes potetes per l'habitació, tibada i satisfeta.


Tot el que aquesta nit ha tingut lloc entre aquestes dues amigues nostres, que no han estat massa formals, ha succeït a la meva panxeta esfèrica.

He vist com es posen les robes tremoloses. Eviten mirar-se, ja que no tenen res a dir-se i, encara que tinguessin coses a dir-se, no creuen que valgui la pena l'esforç. La Suxa, vídua, somriu agraïda, no sap res de la relació que la Carla manté amb el seu marit. Per la seva banda, la Carla no ha contat mai a ningú allò que el seu insubstancial espòs ha tingut la sort de sentir. Per això arribo a la conclusió que, malgrat les seves absències, la Carla estima el seu marit.

La Suxa i la Carla han sortit per la porta de l'immoble al bell mig de la neu, de bracet, amb les galtes gelades i els ulls mig aclucats de tanta blancor als arbres i als cotxes estacionats en bateria al costat de la voravia entre els blocs verdosos. La Carla considera encertat dir-li de nou a la seva amiga el mateix que li ha dit cada un dels matins en els quals han sortit juntes de la casa de la Suxa: que tot s'ha acabat, que no té cap sentit, que aquesta ha estat la darrera vegada.

L'Emília enretira suaument la mà de sota del seu braç, calla durant una bona estona mirant cap el costat i després replica, amb una expressió de cortesia: "Fes el que vulguis". Camina al seu costat fins a la parada de l'autobús i resta silenciosa, mentre contempla com cauen lentament els flocs de neu damunt de l'asfalt blanc.

Quan arriba el vehicle vermell, la Carla remuga un breu "a reveure" i al cap de pocs segons la Suxa veu com s'asseu: una ombra bruna que passa per darrere de la finestra de l'autobús. La Carla, a partir d'ara, deixa de resultar interessant. És com tantes altres que finalment opten per continuar amb els seus marits.

La Suxa sap que així que entri a casa cercarà a l'agenda el nom d'alguna amiga, la convidarà a sopar i intentarà repetir el mateix acte darrere del teló blanc, com es repeteixen totes les coses, a partir d'una edat, a la vida d'una dona sola. Entra a l'escala de l'immoble envaït ja per l'olor del primer cafè del matí, obre la porta de la seva llar, la tanca tot seguit, es treu l'abric de pells, les botes i s'asseu al llit desfet.
Encèn una cigarreta, mira el rellotge, encara falten vint minuts per a les set i es queda amb la mirada clavada al buit.

M'hi acosto ben a prop i veig amb precisió,
com en un documental científic, com es forma la llàgrima en el seu ull, com creix sobre la vora brillant de la parpella inferior, com llisca tot al llarg de la cara, al costat del nas i després degota, lluent damunt del llençol.

Abans d'acabar la cigarreta
es posa dempeus i obre un armariet de la llibreria. Treu un bloc de fulls de tres centímetres de gruix, saturats d'una lletra excepcionalment bonica. El deixa caure damunt del llit, agafa un bolígraf i comença a escriure notes amb ímpetu fins que converteix la pàgina en un mapa que només ella podrà, dies més tard, interpretar.

Al cap d'un quart d'hora, més o menys,
s'aixeca, es dirigeix cap a la taula de la cuina –no veig què fa perquè estic situada darrere seu- quan, amb un cruixit apocalíptic, s'esquerda la closca d'ou i d'ell s'enlaira la Quimera, que omple tota la casa amb el seu rugit de drac, amb les seves urpes grogues, amb les immenses ales de ratpenat. S'estén l'olor triomfant de l'ou ferrat, mentre la Suxa, febril, bruscament encongida, es disposa a continuar escrivint amb ràbia: "No et queixis ja que el final d'aquesta relació podria haver estat pitjor".

M'heu oblidat, estimats amics meus?
Sóc jo, la narradora, una insignificant aranya, l´unica habilitat de la qual és manejar amb soltesa les meves petites potes i gràcies a la meva mida i a la capacitat d'esmunyir-me per sota les portes puc ser testimoni de tot allò que s'esdevé.

Perdoneu-me que aquesta vegada
hagi començat la novel·la pel final.

                                                                                         Johann R. Bach

                                                                                                                                               

16 mar. 2017

La escena era como nuestro ir muriendo para vivir.


EL MÁS LARGO BESO

Desde mi puesto de observación,
encaramada en lo alto del armario vi toda la escena:

cuerpos desnudos contorneándose
y regando con saliva cada centímetro cuadrado de piel y vello; las sábanas revueltas formando parte del amasijo amoroso. Cayeron exhaustos en los brazos de Morfeo sin despegar siquiera sus labios.

La verdad es que ella era
lo más parecido al más largo beso mientras que él no era otra cosa sino el empuje de una brasa de animal solitario oculto tras la apariencia de un ser civilizado.

De pronto la idea de una muerte lenta como el tiempo
se instaló en mí como un amor. Tenía que escribir todo lo que había pasado aquella noche.

Toda la excitación que recorría mi cuerpo
comenzó como una música suave de Arvo Pärt in crescendo:

un golpecito en el cristal,
como si hubieran tirado algo; luego, un caer ligero y amplio, como de granos de arena lanzados desde una ventana de arriba, y por fin, ese caer  que se extiende, toma reglas, adopta un ritmo parecido al de "Spiegel im Spiegel" y se hace fluido, sonoro, musical, incontable: Llovía.

Allí abajo en la enorme cama
seguían los dos dormidos como en un abrazo eterno con los labios aun pegados por el último beso. La escena era como nuestro ir muriendo para vivir.

Mientras escribía,
como cualquier araña lasiodora no paré de comer naranjas y plátanos, sentada entre cajas de cartón

sobre aquel antiguo armario,
hasta donde venían horizontales, débiles, pero aún densos y metálicos como las ondas de frente plano de una emisora de FM los toques de las campanas de la cercana iglesia, que no se mezclaban con el aire que hacía tanto tiempo que estaban atravesando.

Al otro lado de los cristales
la lluvia persistía con su música mientras yo, excitada hasta el delirio, miraba cómo era el más largo beso.

                                                                       Johann R. Bach

15 mar. 2017

Vull –ho reconec- aquest xipolleig, això musculós que no et permet gronxar-te sense pressa damunt dels finíssims fils de les nostres hamaques de colors,


GEBRE ATARONJAT EN UNA TERANYINA


La feblesa narrativa d'una aranya- el meu cap és un gran llum, penjat del sostre, intermitent, per moments els motors dels  meus lòbuls cerebrals passant a tota velocitat- respon a un desig degenerat, lesiu i llunàtic: "Un desig epilèptic, un desig deforme, un discapacitat desitjant i bavós".

Aquesta activitat narrativa que m'assalta intermitentment com a qualsevol altra aranya que no es limiti a l'avorriment en la seva teranyina conviu afortunadament amb una concepció sobre el sexe com una necessària forma de relació, com l'única manera de sortir de la letargia i obrir-se al món:

Vull –ho reconec- aquest xipolleig, això musculós que no et permet gronxar-te sense pressa damunt dels finíssims fils de les nostres hamaques de colors, que no et deixa ni un respir. En el món de les aranyes tot resta impregnat d'una malaltissa sensualitat.
Les aranyes assumim que sense sofriment no hi ha passió i que "enamorar-se és el diluvi amb els nostres habitables racons electrificats". Som igual que dues ànimes solitàries que viuen en una caravana i a l'hivern es freguen com dos cetacis.

Aquest torrent verbal que és "La Teranyina de Colors", aquest fluix de consciència desbocat, orgànic i sensitiu, sorgeix d'un estat d'hiperestèsia i disponibilitat perceptiva. La frontera entre realitat i fantasia ha de ser valorada per vosaltres, amics lectors, ja que jo com aranya narradora m'he limitat a escriure el que he vist, sentit, olorat o... imaginat.

                                                  Johann R. Bach

Ja és a l'imprenta la versió catalana de "Escarcha Anaranjada"


GEBRE ATARONJAT
EN UNA TERANYINA

M'heu oblidat, estimats amics meus?

Sóc jo, la narradora, una insignificant aranya,
l'única habilitat de la qual és manejar amb soltesa
les meves petites potes i gràcies a la meva mida
i a la capacitat d'esmunyir-me per sota les portes
puc ser testimoni de tot allò que s'esdevé a casa.


                                                                       Johann R. Bach
                                                     Traducció: Emili Pascual i Ferrando

13 mar. 2017

hombres blandos y sedientos como hierba, insaciables como hierba; sus nervios, raíz que cunde.


Una y otra vez la misma cosa

Las temperaturas han bajado,
recorriendo los campos, aunque, irreversiblemente, los almendros y los ciruelos han coloreado el paisaje.

Eso que hemos convenido en llamar primavera
se viste de claros colores: una y otra vez la misma cosa. Inútil tratar de cambiar esa precesión de los equinoccios.

Emergimos de la arena de las playas
de los mares de Proteo, almas que han marchitado los pecados públicos cada una en su oficio como un pájaro en su jaula;

malos hábitos, astucia y engaño,
o simplemente la urgencia egoísta de sacar provecho de la sangre ajena.

El hombre se altera fácilmente con la violencia.

Muchos son blandos, un manojo de hierbas, labios y dedos que ansían un pecho blanco, ojos de té que se entrecierran al resplandor del día, y pies que correrían, sin que importe cuán cansados, a la menor señal de ganancia.

La primavera es para ellos
una oportunidad de especular con el grano. Son hombres blandos y sedientos como hierba, insaciables como hierba; sus nervios, raíz que cunde.

Algunos, intransigentes, exorcizan a gritos al diablo,
otros más pacientes, esperan a que un abril lluvioso descargue como una floración del cielo le gangrene a cada quién su herida.

Una y otra vez la misma cosa:
primavera en el hemisferio norte de este planeta.

                                                                                  Johann R. Bach

“Literatura es lo que leí en mi larga, larguísima, adolescencia.


SEMANA 3. 12 DE MARZO


Pierre insiste a menudo en que el poeta sueña con escribir una novela mientras que el verso es la aspiración inconfesable del novelista.

Es divertido ver que Damián dice que esa frase es como oír cómo llueve… como una música de fondo y para reafirmar su apuesta por la poesía cree que solamente en el arte poético se puede producir la paradoja de que la parte sea superior al todo: El fragmento incluye más contenido que el sistema.

Todo ello me recuerda un comentario de Leo P. Hermes que más o menos decía así: "Literatura es lo que leí en mi larga, larguísima, adolescencia. El resto –una miríada de poemas y novelas- es erudición".

                                                                                            Johann R. Bach

10 mar. 2017

Sí, sí. Se habla mucho de que los robots deberían pagar las cuotas de la Seguridad social


SEMANA 3. 11 DE MARZO

Después de no poder definir al hombre puesto que su conciencia lo transforma, hay que definir qué es un robot.

Sí, sí. Se habla mucho de que los robots deberían pagar las cuotas de la Seguridad social de los humanos en compensación por haberlos sustituido.

El hombre es insustituible y mucho menos si es un enfermo no reconocido como tal. Y es que los humanos no perdonan un error aún después de toda una vida de aciertos.

Nuestra esperanza no está en la perfección de los robots, sino en la injusticia de Dios.

                                                              Johann R. Bach

el ruido es un invento moderno.


SEMANA 3. 10 DE MARZO

Hoy se nos pide que opinemos sobre las frases siguientes:

Un ambiente mediocre
es aquel donde no hay personas inteligentes.

Una persona inteligente
no puede vivir –se ahoga- en un ambiente mediocre.

La verdad es que el ruido es un invento moderno.

y las ciudades ilustres no mueren patas arriba como las cucarachas: acaban siendo un lugar de veraneo; un lugar donde nada desconcierta más al rico que toparse con alguien que no lo envidie por morar en una ciudad de moda.

                                                                   Johann R. Bach

9 mar. 2017

La sórdida penumbra orgánica


SEMANA 3. 9 DE MARZO


La sórdida penumbra orgánica
donde nace la idea no importa, sino su dura punta de diamante.

El carbón sometido a grandes presiones
y grandes temperaturas en la oscura y profunda entraña de la tierra cuando aflora de forma rápida y brusca a la atmósfera, se transforma por el efecto del temple en un "cubito helado" que llamamos diamante.

En caso contrario,
si el carbón sube a la superficie terrestre de forma lenta se origina el grafito "un carbón blando" negro aunque conductor del calor y la electricidad gracias a sus impurezas férricas.

                                                                                     Johann R. Bach

Escribir, escribir... Sentir, sentir


SEMANA 2. 7 DE MARZO

Escribir, escribir…,
escribir paciente y laboriosamente manjares suculentos a Cassia, a Xana, a Asun, a la Profe de Mates, a Patricia, a Griselda, a Rosi, a Carme Creus, a Misteri 777 la Dama d'Elx, a Rosalva, a Pilar reencarnación de Novalis…

Sentir, sentir…,
sentir como el espíritu madura más allá de los años, dejando atrás esa tediosa obligación de ser encargado del mundo. Sentir la lluvia como una floración del cielo…

                                                                                Johann R. Bach

No esperemos que la civilización renazca,


El sello de LOS SIGLOS

Si tuviera que juzgar los siglos no dudaría en afirmar que lo que se extingue, a lo largo del siglo XIX, es la dignidad de los humildes. No obstante mi siglo predilecto es, precisamente, el XIX. Porque me enseñó a ver los demás siglos.

Me encantó leer, con ojos silenciosos de búho, lo que se escribía a lo largo de tantos y tantos siglos donde florecieron culturas múltiples y civilizaciones, pero civilización es lo que muere con el XVIII. La Era Atómica nacida en pleno siglo XX, como colofón de dos grandes guerras frustró los proyectos de una nueva civilización.

Demasiadas veces hemos contemplado la historia con ojos de esfinge para no ver que la culpabilidad del mundo moderno es mayor por haber arrasado las chozas que por haber incendiado los castillos. Hemos simpatizado –por comodidad- con cualquier hombre que no muestre sus opiniones y hemos menospreciado esa "Fuerza Metafísica" que empuja, a pesar de todo, a seguir adelante.

Alabar a la juventud –poner en ella, consecuentemente, alguna esperanza- es olvidar nuestra pasada mediocridad y bobería. Convencido estoy que la sabiduría de este siglo XXI se reduce a observar el mundo con la mirada amarga y sucia de un adolescente depravado, pues es privilegio de esta centuria el invento del frío oro azul, del pedantismo y la obscenidad.

No esperemos que la civilización renazca, mientras el hombre no vuelva a sentirse humillado de consagrarse a tareas económicas, a guardar, como las hormigas, alimentos para el invierno, a construir muros de piedra seca y bancales, a proteger los huertos con vallas de olivos, naranjos y granados, y, a adornar con almendros los márgenes de los caminos.

A medida que suben las aguas de este siglo, los sentimientos delicados y nobles, los gustos voluptuosos y finos, las ideas discretas y profundas, se refugian en unas pocas almas señeras, como los supervivientes del Diluvio sobre algunos picos silenciosos.                                                              

Lo que más me fastidia de este siglo de telefonía móvil -y no se lo perdono- es que me agobie con tal náusea al leer los periódicos o ver la televisión que olvido que su abyección no mancha la intacta primavera.

                                                                                                Johann R. Bach

6 mar. 2017

yo tomaba una postura un poco escéptica.


UNA CRÍTICA DIVERTIDA

Ante la crítica feroz de un poeta a la literatura contemporánea en el sentido de que algunos llaman "escribir con franqueza" vomitar su hiel y su baba, mientras otros denominan "establecer relaciones auténticas" entre las diferentes formas de escribir su afán de hundirse en la sangre y la mierda, yo tomaba una postura un poco escéptica.

De repente encontré entre las líneas de aquella crítica lo más divertido que he leído sobre ciertos conceptos la literatura: "La literatura contemporánea parece una algarabía de eunucos en celo".

Cada vez que recuerdo esa frase
estalla en mi pecho la carcajada.

                                                                                        Johann R. Bach

3 mar. 2017

los estimulantes son fuente de malhumor.


SEMANA 2. 3 DE MARZO.

La rutina encallece la inteligencia como las manos del labrador. Cada vez se hacen más útiles los estimulantes "rutinarios"… el café en el desayuno, el ácido ascórbico (vitamina C), el azúcar (carbohidratos), la teodramina del chocolate, los ahumados del pescado…

Sin embargo, los estimulantes son fuente de malhumor.

¿Qué enfado tendrá el funcionario
que echa espuma por la boca? ¿Por qué no habla nuestro idioma?

¿Qué persigue con su rabia blanca y verde
deshilachando el horizonte, sin preguntarse siquiera por qué se odia o qué no desea perdonarse?

¿Se arrepiente de haberse enjaulado
en un ambiente hostil a todo lo que no forma parte del mundo de "La Administración"?
                                                               Johann R. Bach