17 ene. 2018

Catalunya no els cansis de tu,


CATALUNYA

Aquests nens carregats
sobre les teves espatlles
són alhora la teva càrrega
i la teva ocasió..., el teu horitzó.

Terra de muntanya on crema la calèndula
i de camps d'oliveres i vinyes, de magraners i ametllers;
terra de pins acariciada per l'escuma de Posidó,
per vents de Tramuntana, Cerç, Mestral o Garbí;

Catalunya no els cansis de tu,

                    mantén-te entre flor i frontera;
                    sigues per a ells bressol i paradís.


                                                                                                 Johann R. Bach

13 ene. 2018

La descripción de la muerte como “música en las sienes”.


ENTREVISTA A ERMESSENDA

Lejos ya de los paisajes desoladores
en los que abundaban los edificios en ruinas -por los estragos de la guerra o simplemente por abandono-, casas habitadas por la miseria económica y la desidia y páramos por los que resbalaba la niebla, tuve la fortuna de entrevistar a Ermessenda en calidad de enviado especial de mi diario y que reproduzco, en parte, aquí a continuación:

-Albert L Poch.
Se ha dicho que su juventud discurrió en un ambiente escalofriante escalofriante propio de cuadros escénicos de escritoras, no por causualidad, mayoritariamente femeninas como Charlotte Brontë, Vernon Lee o Violet Hunt. ¿Sucedió realmente así?

-ERMESSENDA.
El paso del tiempo siempre cicatriza muchas heridas y dulcifica los recuerdos, pero algunas de esas heridas supuran durante toda la vida y aunque yo sólo viví unos pocos momentos de aquel mundo rural creo que fue mucho más terrible de lo que yo he podido describir.

-A.L.P.
Después de haber escapado de una cárcel de cristal como la que Usted sufrió ¿podíamos decir que ha descubierto el elixir de la felicidad?

-ERMESSENDA.
No. El Agua Marina, elixir de la felicidad, por suerte ha existido siempre y de ahí la importancia de la sal en la vida de todos los seres vivos. Una sola gota de agua del mar puede revertir cualquier sufrimiento humano.

-A.L.P.
En sus escritos se nombran minerales compuestos, metales preciosos, insectos y toda clase de cosas "vivientes", pero llaman la atención sus elogios a azucenas, girasoles, margaritas, caléndulas… ¿Existe alguna razón especial para ello?

-ERMESSENDA.
Sí. Todas ellas pertenecen a la familia de las Compositae y por ello son todas cicatrizantes y antitraumatizantes: la margarita, quizá por su abundancia, se siente pisoteada (¿por la vida?), pero no tarda en levantarse de nuevo; la caléndula se cierra en el momento que una nube oculta el sol y vuelve a extender sus pétalos en el momento que vuelve a lucir el sol, además cura quemaduras y ayuda a reparar a pieles desgarradas.

-A.L.P.
¿Algunos minerales o metales gozan también de su preferencia?

-ERMESSENDA
Sin duda el litio figura en un lugar preferente entre mis metales. En él reside la esperanza de los depresivos. Como es muy volátil hay que mantenerlo cerca de nosotros mezclado en el interior de la lepidolita o en la turmalina lítica. Además en su combinación carbonatada nos ayuda a combatir esa plaga que constituye la tendencia al aumento de peso. También el tántalo se alza como una promesa para la superconductibilidad y como esperanza contra el cáncer.

-A.L.P.
¿Su afición al café tiene también algún sentido?

-ERMESSENDA.
Sí. El café es totalmente necesario para cualquier persona: agudiza los sentidos. El problema se plantea en cuanto a la dosis básica: Cuando el nerviosismo impide el sueño hay que disminuir la ingesta y cuando las buenas noticias excitan el ánimo hay que aumentar la dosis.

-A.L.P.
Tego entendido que, a pesar de haber accedido a los estudios a edad ya madura, le encantan las matemáticas. ¿Puede citar algunos conceptos algebraicos, geométricos o astronómicos especiales para usted?

-ERMESSENDA.
Hay muchas cosas interesantes en las matemáticas. Tienen en ella un lugar destacado los espacios métricos de Minkowski, el modelo que describe la forma del universo como una descomunal silla de montar a caballo y el concepto del lema matemático como pura gota de lucidez.

-A.L.P.
Se le tiene por muy aficionada a la psicología. ¿Puede decir sucintamente algo útil de la psicología para ser aplicado de forma sencilla por cualquier persona?

-ERMESSENDA
Descartes dijo al final de su vida una cosa muy curiosa para su tiempo: "Toda mi vida ha estado plagada de desgracias, la mayoría de las cuales no sucedieron nunca". Redescubría con esas palabras la vida virtual del mundo de los antiguos griegos.

-A.L.P.
¿Alguna historia del Mundo Griego para recordar?

-ERMESSENDA.
La batalla de Las Termópilas… El Caballo de Troya… el amor de Paris por Helena… La historia de Dédalo intentando socorrer a su hijo Ícaro porque quiso volar hacia el sol a pesar de que sus alas eran de cera… Hermes y su pétaso… Todo en el Antiguo Mundo Griego y sus mitos es apasionante.

-A.L.P.
¿Se identifica con alguno de esos personajes del Mundo Mitológico?

-ERMESSENDA.
Con el personaje que más me identifico es con el Diógenes que al despuntar el día salía con su linterna y que cuando se le preguntaba que es lo que buscaba a plena luz del día con su linterna, respondía: "Busco un hombre".

-A.L.P.
¿Alguna metáfora para recordar?

-ERMESSENDA.
La descripción de la muerte como "música en las sienes".

A.L.P.
¿Alguna novela interesante para recomendar?

-ERMESSENDA
"La Muerte de Virgilio" de Hermann Broch.

                                                             Albert L Poch

6 ene. 2018

Paseabas sobre las aguas, en Venecia,


SOBRE LOS CANALES DE VENECIA

No hay nada en mi vida
que no se haya impregnado de una màgica emisión tuya: hasta el papel donde escribo despide calor de tu espíritu.

Todo lo que no existe -ahora lo sé- me pertenece.

Me dí cuenta de ello
en el preciso momento en que el icosaedro puso el acento sobre ti el Ángel más cabal del universo observable. Desde entonces leo entre lineas de todo lo escrito los fundamentos del Libro Espasmódico.

Aún durmiendo pocas hores
en esta fría habitación en el pabellón de traumatologia he soñado contigo.

Paseabas sobre las aguas, en Venecia,
y a nadie le parecía extraordinario que llevases entre tus manos cinco lunas. Era normal que pasearas en góndola sobre el canal solo tú.

En el sueño habías subido a la góndola
después de acariciar a una niña en la Piazza de San Marco. Era maravilloso verte manejar las cinco lunas sobre el canal...

Al penetrar los primeros hilillos de luz del día
en la habitación, me he despertado diciendo "no te vayas, no te vayas...", como si la realidad de mis huesos doloridos me robara la verdadera vida. 

Es en esa realidad que me pregunto
si sabe alguien como me siento desde que he ingresado en este hospital.

¿Quién sabe -sigo preguntándome-
cómo mi cerebro se desintegra con el efecto de los antibióticos, los antiinflamatorios, los anticoagulantes, los anti…?

¿Alguien sospecha acaso
que mi mente va cosida al firmamento con grapas de titanio?

No tengo fuerzas
ni para levantarme de la cama y, sin embargo…, algo me dice que no tardaré en abandonar este odioso hospital.

                                                                                               Ermessenda

Una vez cumplidos los años suficientes,


TOZUDO SABOR DE VIDA

Una vez cumplidos los años suficientes,
a mí también me empezaron a aflorar los síntomas de la Enfermedad que más daño hace a las mujeres: entrometidas, chismosas, encastilladas en su fácil flujo genital de maledicencia, bañadas sus lenguas por el abundante líquido mercurial de las glándulas salivales que mojan las almohadas, las monomaníacas y acosadoras, eternas malhumoradas sin absolución posible, impotentes frente a la falta de amor, carcomidas por el deseo no saciado,

se vuelven expertas en culpar a los demás,
haciéndoles responsables del fracaso de sus vidas, convencidas de una superioridad proporcional a la grasa que deforma sus glúteos hiperbólicos.

Envanecidas por el esfuerzo del parto,
como si parir fuera el diploma universal de todos los esfuerzos universales, el esfuerzo de los esfuerzos, reclaman incluso una ovación por defecar con regularidad. Las celulíticas más atrevidas y aburguesadas son las que antes se precipitan a la conquista de "la polla negra" sin reparar siquiera que su afición por la negritud no es sino el fruto de su depresión y responsable de ese eccema eritematoso en forma de mariposa sobre sus rostros.

Su sensación de poder
se viene abajo rápidamente al comprobar la traición sentimental de aquellos glandes alquilados en los mercadillos africanos o caribeños.

Fue con H. R.
que descubrí un mundo entero de Hombres Antídoto, hombres a los que adorar, un mundo en el que no cuenta ese conjunto de vileza masculina en el que la piel exuda alicina propia de la cebolla y, que una vez cumplidos los años suficientes desfiguran el rostro hasta desenterrar la mueca de asco que siempre tuvieron oculta en sus miserables corazones.

Sentados frente a frente H. y yo
no éramos sino alumno y profesora. No éramos las únicas criaturas en el aula pero los otros alumnos leían en silencio mientras una sonrisa y el leve suspiro de nuestro aliento enfrentaba nuestros ojos. La vida era más poderosa que nosotros.

Desandada ternura que ahora toco
y se escapa mientras sueño; y aún veo el color rosado de su pecosa piel cubierta de abundante vello, la fugaz certidumbre de su sexo y su excitante muñón sustituyendo las caricias de una mano amputada, y como una herida me estremece el recuerdo de su lengua recorriendo mi geografía.

Las luces se apagaron en la sala
y a la espera de la aparición en la pantalla de Ana Karenina se instaló un silencio habitado, casi mágico, además de una especial disposición del cuerpo para existir como si hubiera otra piel debajo de la piel, para sentir en una prolongada sensación el puro instinto, bajo una bóveda oscura, frente al terciopelo de las butacas, … y de pronto, inesperada, su mano, su única mano, tomó suavemente la mía en la penumbra de la última fila.

Todo parecía estar preparado para nosotros:
labios húmedos y ojos de obsidiana tan cerca, casi sin aire entre ellos, con imágenes amorosas en la pantalla y el insistente sabor de vida en el ardor de la sal de la saliva en su lengua y dientes, imágenes de pasión -sí- tozudo sabor de vida. Todo nos empujaba a olvidar la diferencia de nuestros mundos.

Como si un par galvánico
se originara al contacto de sus dedos resbalando sobre mi clítoris, un corriente eléctrica recorría inopinadamente mis ganglios, como si aquel cine fuera el mundo de las sombras, y, del mismo modo que Ana Karenina, no pudiera sentir la dicha sin una avalancha de oscuridad.

El frágil tacto tierno de la piel
y la altivez suave de los pechos, detenidos en el aire de pronto, con las piernas abiertas y el flujo derramado sobre los muslos, su mano, su única mano, se deslizó buscando el íntimo musgo húmedo y los labios ocultos ácido aroma.

Mientras escapaba de los límites
impuestos por Kronos, de la amortajada claridad del exterior de la sala, ahogué el grito de la sangre y su fiesta escarlata y en mi corazón dejó de serpentear la culebra del desamparo y me sentí flotar como nunca entre las sombras que habían borrado todo lo que no fuera placer.

Si después de tantos años,
hiciera el amor otra vez con H. lo haría en Kiruna lejos de los dominios de de Formica Rufa la temible diosa de las hormigas rojas: le haría un velo blanco envolviéndoles su vientre con el vaho de mi aliento y pondría azucenas blancas sobre su sexo erguido que celebrarían el milagro de su esperma capaz de fecundar el hielo.

Aún me gusta y le quiero
con la fidelidad natural de los rayos de la luna, hasta el punto de enterrarme en su pecho como en una celda de cristal.

                                                                    Ermessenda

24 dic. 2017

Feliz Navidad

UNA NAVIDAD MÁS


                                                                                                "Si pierdo la memoria
                                                                                                 qué pureza".
                                                                                                           Pere Gimferrer

He recibido varios mensajes de esos
que se envían a todos los contactos
que figuran registrados
en lejanos teléfonos móviles.

Eso no hace más que aumentar
mi sentimiento de soledad:

Vosotros pensamientos míos
contra-hechos conmigo de nadie rosa…
sois los únicos que me acompañáis
en esta fría navidad.

Gracias por no haberme abandonado.

                                                Ermessenda   

23 dic. 2017

La raíz del dolor

FORMICA RUFA


Sin méritos artísticos ni literarios, soltando espumarajos ácidos por la boca, ensangrentando a cigarras, moscas y caracoles, irracional en todos sus gestos -excepto en la acumulación de semillas para llenar sus graneros-,

Formica Rufa la diosa de las hormigas acecha escondida tras los cajones del armario de la cocina, exhibiendo descaradamente sus poderosas mandíbulas, la heredera del inmenso Reino de la Corteza Terrestre extiende sus ciudades allí donde habitan los demonios.

Para ella la pomposa Theridion Curassavicum no es más que una simple araña que por mucho que finja no la engaña: una araña en una letrina es lo mismo que una Aranea Diaema (la tarántula de la cruz papal) defecando tras un libro en una lujosa biblioteca. Tampoco le sirve de nada a Mygale Lasiodora esconderse en los jardines de una escuela para leer novelas de amor entre alumnos y profesoras.

Ni siquiera los justos conseguirán sobrevivir,
serán devorados al igual que las inofensivas crisálidas aunque no antes de que hayan sido pisoteados por abogados y psiquiatras.

Formica Rufa, en la nueva situación de este planeta,
no espera más que tomar posesión de su herencia.

Son las ocho de la mañana.
Escribo junto a una ventana desde donde veo el puerto en calma.

Tengo la sensación
de estar ahora en situación de atreverme a vivir mi vida menos angustiosamente -gracias a Hervé, gracias a su sabiduría, sus advertencias, ruegos y enseñanzas y su poder personal sobre mí.

Mientras escribía miraba de reojo a Hervé.
Él seguía escribiendo desde las seis de la mañana, sentado a la mesa de madera maciza de roble. Tengo que reconocer que trabaja intensamente sin duda. Revisa su novela. Ahora veo claramente la finalidad el talante y el temple, que puedo ayudarle a modificarla, a cortarla, a cambiar el orden de los capítulos. Juntos -lo siento así- creamos siempre. Se ha vuelto a acostar y vuelve a dormir plácidamente.

Pienso que tras todo mi pensamiento metafísico
se esconde una realista feroz. El realismo es en particular sexual: un rechazo brutal a todo lo que no esté relacionado con el sexo. Esta noche, por ejemplo, siento desesperadamente aquel sabor a tierra de mi infancia, como una venganza de la más Alta Esfera a las que Hervé me ha arrastrado, y no consigo entenderme. Creo que hombres como él empujan al suicidio a las mujeres sexualmente activas. Cuando pienso en la plenitud de mi vida con este escritor excepcional me pregunto qué me disuade de no seguirle a donde sea.

Observo a Hervé en la cama
y me niego a creer que mi incapacidad para enfrentarme con los mayores dolores del amor sea la causa de mi miedo a lo absoluto.

¡Qué sentimiento de vulnerabilidad mórbida!

La superchería y el engaño
son mi defensa frente a una vida traicionera, demasiado trágica y destructiva, demasiado terrorífica para mí.

El efecto que me produce la timidez sexual de Hervé
es más intensa que la de otros amantes porque me retrotrae al primer dolor inefable del abandono de mi padre del cual aún no estoy liberada. Todavía siento las raíces de este dolor desgarrado, cuando acontece algo que puede recordármelo lejanamente.
                                                              Ermessenda

13 dic. 2017

Sólo me pesa no poder odiarles sin sentirme culpable... sin vomitar

¿EXISTE EL ERROR?



En el mundo rural de mi infancia
se luchaba por ir a las ciudades supuestamente todas en flor: se suponía que la tristeza empotrada en aquellos desertores del arado desaparecería como por encantamiento y que la piorrea remitiría tomando café todas las mañanas.

Los sabios urbanitas
decían que el error se halla oculto; que se producirá pero no se sabe cuándo. El Ángel Montserrat, por suerte, niega la existencia del error pues toda acción del hombre es libre: mi rostro desaliñado mostrado cruelmente en el espejo no podía ser un error.

Sin duda para mi Ángel Carmín
existe la mordaza y existe también en la infancia un tiempo de silencio en el que la luz temprana fija en la memoria las imágenes captadas por la retina, unas imágenes que han de marcar los límites. Por supuesto hay momentos -que pueden durar años- en los que a la mujer no le queda más remedio que hablar consigo misma como si lo hiciera con un ángel.

El símbolo favorito de las industrias farmacéuticas
es la serpiente y junto a ella la mujer, su mejor clienta, siempre lasciva y huidiza como la sepia tras su tinta. En cuanto a la belleza prometida por sus cremas hidratantes y "antiaging oil free", yo sé lo que es sentirla inalcanzable… aunque… ya no busque a los responsables de haber de haber arrojado su suerte y mi amor a la basura…

y es justo que los ignore.

Sólo me pesa no poder odiarles
sin sentirme culpable… sin vomitar.

El Ángel Montserrat me consuela al decirme
serás una diosa cuando sueñes.

Sí. Cuando sueñes
que los astrónomos han descubierto
un sistema planetario con dos cuerpos.

Todo conduce a un hecho inaudito:
"El fantasma se ha convertido en esperanza"… Por ello es mejor confiar en el amanecer desprendiéndose de las sombras y del mundo invisible que nos rodea ya que incluso, parafraseando a Kant, lo que está en nosotros nos escapa.

COROLARIO

Así pues, para mí, "el estar aquí es todo" es una frase que va cobrando más y más sentido: expresa una realidad global y fragmentaria a un tiempo, siempre sacudida por lo inesperado, el exabrupto o el milagro, el contraste de lo trascendente y lo cotidiano, y que, de no ser por el Ángel Montserrat me vería abocada a admitir que

éste es mi tiempo,
un vivir en que lo cotidiano
se oculta de tal modo
que de él no queda nada.

Mi tristeza -ahora lo sé-
no es un coágulo blindado contra la alegría… y ya sabéis también vosotras lo que eso significa.

                                                                                                                                 Ermessenda

22 nov. 2017

Diálogo con una enfermera de un gran hospital

EPÍLOGO

Diálogo con Asun Ferrer

-Siendo ya una mujer entradita en años,
ya me resulta difícil concebir otra forma de vida, ajena al vacío, al tedio, a la cosa, a la mera materia.

-Así se siente muchas mujeres cuando llegan, tempranamente a tomar conciencia de cuerpo bajo las estrellas que silban en la noche. Su dolor es algo más que el de los huesos al crecer o el de los pezones al ser mordidos.

-Sí, sí Johann. ¿Pero dónde besar un aire con sol? ¿En qué lugar del planeta que no se sufran relámpagos de lágrimas como en este Gran Hospital?

-Yo también quería un sol en mi infancia. No reniego de ella, es lo que soy, pero ya no existe sino como Isla Encantada que va con mi alma en forma de almendra.

-Oye Johann
¿acaso has sido mujer para pretender conocernos así, incluso las que sufrimos las vejaciones del mundo rural y de este Gran Hospital?

-No, amiga Asun,
no soy Casandra ni el adivino Criswell que tras precisar la muerte de Kenedy en 1.963 predijo que en 1.983 -equivocadamente por suerte- muchas mujeres se quedarían calvas en la ciudad de Sant Louis debido a unos gases tóxicos,

sólo soy un humilde mortal
que os ha querido mucho.

                                                                                         Johann R. Bach

9 oct. 2017

Me agrada más Ulises de vuelta que en alta mar.


EXALTADO MUNDO RURAL

En aquel mundo rural
el cielo estaba tan cerca de los hombres, tan cerca de lo viril, de la superioridad masculina, que cuando los hombres se levantaban para echar a caminar se adentraban en el cielo mismo, en lo celestial, las nubes eran su distrito, y por eso se les podía ver volando sobre las cigüeñas, porque poseían la fortaleza deífica de los Alfiles del Viento, puesto que el cielo era su continente, y alcanzados por los rayos dorados del alba resplandecían como ídolos impresionantes.

Hacerme pasar por retrasada mental, para sobrevivir a los maliciosos y retrasados: esa era la segunda opción en aquel mundo rural.

Se disponía de pocos medios. Todo ocurría en mitad de esa exaltada naturaleza a la que los poetas cantan bucólicamente como fuente de inspiración y de revelaciones. Yo misma he caído muchas veces, traicionada por  recuerdos retorcidos, en esa trampa. Y es que


¡es tan fácil describir una naturaleza
que reparte sus extraordinarios dones entre todos los hijos del Edén!

Confieso, sí, que ni llevábamos corderos blanquísimos en los brazos (eso que se ha puesto de moda en algunos pueblos para atraer turistas) ni adornábamos con flores la cerviz de los terneros, y las únicas coronas que existían se pudrían en los osarios de los cementerios.

En aquel mundo rural se violaba
casi sistemáticamente a cualquier ser que pareciera estar desamparado como si de un jardín de las delicias se tratara donde todos los retrasados o niños indefensos eran buenos, casi como corderos… como adanes inocentes en el paraíso.

En aquel ambiente de desamparo los niños crecíamos entre disminuidos psíquicos, analfabetos y personas maliciosas que sólo pensaban en perjudicarse los unos a los otros; crecíamos entre bocios, enanismo y monstruosidad, con la mierda de los orinales junto a los lechos de paja cuyos excrementos se mezclaban luego con la mierda de las bestias; había hombres que lo mismo metían la polla en el culo de una persona que en el culo de un mulo transmitiendo a partes iguales enfermedades de personas y animales que diezmaban la población infantil; los herpes en carne viva se extendían sin posibilidad de curación.

En aquel mundo rural
sólo podía soñar con ir a una gran ciudad y hablar al amanecer con el Ángel Montserrat. ¿Qué otra alternativa me quedaba si de la tierra sólo brotaban aberraciones? ¿Qué queréis que os diga amigos lectores?

Me agrada más
Ulises de vuelta que en alta mar.

Sí, sí. Ya de  niña me agradaba más
el techo de paja que el de mármol.

                                           Johann R. Bach

3 oct. 2017

¡Te he visto! Ibas de la mano del Ángel Montserrat disfrazado con una peluca pelirroja

CIGÜEÑAS BAJO UN DILUVIO


Hoy veinte de septiembre,
a falta sólo de cinco días para el aniversario de un pequeño diluvio y a la misma hora en que empezaba a llover, las cigüeñas se han concentrado en los campos. Ignoro para qué pero he notado que se apercibían de mi presencia.

Luego, al bajar del tren, te he visto.

¡Te he visto!

Ibas de la mano
del Ángel Montserrat disfrazado con una peluca pelirroja como si fueras una bella joven que pudiera confundirse con la niña que acompaña por el fango al cura rural de Georges Bernanos.

Te he visto.

Quiero decir, no eras tú,
pero estabas dentro del cuerpo de ese hombre camuflado de mujer como si se hubiera diseñado una réplica corpórea de mis terrores agrestes.

Eras una visión (¿sólo una visión?),
una proyección materializada de lo que contiene mi cerebro en relación con tu persona en concreto. A pesar de los años transcurridos y de las múltiples conversaciones con el Ángel Montserrat no consigo acostumbrarme a tus continuas transfiguraciones.

Al cruzarme contigo,
he escuchado un chirrido muy desagradable y he estado a punto de caerme al suelo golpeada por los músculos de un viento imaginario. Apenas te he visto, han subido de golpe miles de burbujas de oxígeno desde las rodillas hasta las sienes llenándome la cabeza del venenoso dióxido de carbono, como si mi cráneo fuera un espacio lleno de toboganes de hielo.

Era como la sensación
de haber chocado con una puerta de cristal: los transeúntes se evaporaban, se convertían en neblina gris mientras yo percibía en mi cuerpo la ingravidez propia del espacio exterior hasta flotar como los cuerpos que han escapado del campo gravitatorio de los planetas.

Nadie se enterará de que te he visto,
nadie debe conocer esta gelatina de creosota con motas de aluminio que hierve bajo mis pies. Nadie sabrá que me he sentido como una cigüeña bajo un diluvio.

                                                                                    Johann R. Bach



17 sept. 2017

En esos feldespatos se concentraban las combinaciones no aleatorias, no como objetos vulgares incapaces de dar lugar a sentimientos extraordinarios, inútiles salvo para alimentar el orgullo de los coleccionistas, expertos en minero-gemología.


¡ALMA! ¡QUÉ PALABRA!

De la visita a una Feria de Alimentación
recuerdo el aliento fétido de un tipo que vendía plantas medicinales envasadas en latas de diversos tamaños y colores. Era su olor cadavérico sin duda el que me trajo el recuerdo de la etapa más sucia que recuerdo. Aquel aliento era la prolongación de un mundo borrado ya en esta parte del Planeta, en esta Isla y adormecido desde hace tiempo en mi mente.

Se trata de una época de mi vida
en la que todo parecía indicar que el nacer era un error de la naturaleza al igual que los biólogos actuales consideran la vida como una probabilidad estadística, como un error de accidental explicitado brillantemente por la Ley de Murphy.

Bastantes años más tarde comprendí
que era imposible que el nacer fuera un error. La prolongada astenia geológica, capa tras capa desde la formación de este planeta, indicaba una paciencia infinita y un plan preconcebido, pues los feldespatos no sólo son una maravilla de la técnica de cristalización sino también necesarios para la vida.

En esos feldespatos
se concentraban las combinaciones no aleatorias, no como objetos vulgares incapaces de dar lugar a sentimientos extraordinarios, inútiles salvo para alimentar el orgullo de los coleccionistas, expertos en minero-gemología.

En algunas de las paradas
de charcutería vegetal de aquella feria había personajillos con uniforme como alguaciles cenutrios que agitaban en el aire sus guantecillos blancos de conservadores inverosímiles para exaltar de aquel modo la falsa categoría de aquel emporio de la birria y de la baratija, compitiendo mediante un gesto policial, presuntuoso y despótico con El Louvre. Repetían constantemente como los funcionario del famoso museo ¡No se puede tocar! ¡No se puede tocar!

En aquellas cosas y restos de cosas
de vegetales liofilizados y envasados al vacío clavadas en la memoria gracias a aquel aliento fétido, no había ni poesía ni belleza, ni consuelo, ni bálsamo, ni catarsis, ni exorcismo, ni la parte negra del mundo. Todo aquello no era más que piltrafa estrictamente numerada con código de barras. Al contrario, me recordaban el día que me violaron siendo aún una niña y que, cuando en un pequeño arroyo intentaba lavarme vomité una especie de papilla verde de olor nauseabundo.

Sólo la apoteosis de la prosa y el astío
salían de mi boca. Sólo salía de mi estómago la glorificación de la hartura y el sopor como una celebración de lo intrascendente del mundo. Aquello no era la eternidad, sólo era mierda atesorada en latas de leche en polvo y queso amarillo restos de la última guerra con olor a carne humana enmohecida como los fermentos de un cadáver. Todo aquel cólico de lo material no era la eternidad.

Recuerdo sentir que era absolutamente apremiante
exprimir la urgencia del sexo, siendo el sexo el principio y el final de las mujeres de la época, lo más sincero, lo más negro, aquella cavidad revestida de platino virgen destinada a recoger chorros de libertad y calcando los hábitos de los dioses, metamorfoseándome en lluvia plateada, licuarme en forma de petróleo mezclado con polvos bóricos.

Era urgente absorber el mal aliento
con el beso estremecedor del Ángel Montserrat, como si mi capacidad potencial de amar estuviera presa dentro de aquella forma inmunda, la maravilla aprisionada por el hedor, porque después del beso en un lluvioso amanecer saldría el sol y borraría todas las cicatrices aún purulentas gracias a una insolación general.

En aquella violación
me hurgaron tanto en la vagina que casi me la arrancan. Para sobrevivir a la brutalidad natural de aquel mundo que yo rechazaba por no sentirlo como mío, no encontré mejor solución que desviarme hacia lo metafísico. Seguramente, quizá, muchos de los que lean mi relato se sientan muy orgullosos de no haber creído nunca en el Ángel Montserrat y se sientan también orgullosos de no haber necesitado nunca su bálsamo. Pero yo sí, yo sí necesitaba al Ángel Montserrat, yo sí necesitaba desviarme hacia lo metafísico. Porque la segunda opción era mejorar la barbarie. Sí. Pero eso quedaba fuera del campo de mis posibilidades. Lo real era un mundo nauseabundo más atento al óxido de las monedas que a la limpieza del alma… del ¡alma! ¡Qué palabra!

                                                                      Johann R. Bach

15 sept. 2017

“Mira Kronos, me rio yo, como cualquier espíritu de la hegemonía del Universo.


EL OPTIMISMO DEL ÁNGEL MONSERRAT

Fíjate en mi poder -decía Kronos:
Mientras tú Angel Montserrat, risueño, meditas sobre las cosas, yo transformo en pocos segundos la noche en un amanecer que, pese a su belleza morirá en unas cuantas decenas de minutos.

El Ángel Montserrat,
soltando una gran carcajada, respondía con la naturalidad del que está seguro y bien convencido de lo que se dice:

"Mira Kronos, me rio yo,
como cualquier espíritu de la hegemonía del Universo. Es el espíritu el que ha creado las leyes del movimiento, del frio y el calor o simplemente esa tan cacareada ley de la gravedad. Entre los lapsos de las cambiantes posiciones de las cosas naciste tú.

Es cierto que el Universo se mueve,
se transforma y envejece, pero ello no es motivo de tristeza, pesimismo o malhumor: del viejo olivo se desprenden miles de aceitunas, del viejo mar surgen las jóvenes islas.

Fíjate en el amor que Ermessenda,
una sencilla escritora, pone en sus escritos: es un "lugar" donde el misterio se disuelve sin que tú, "amigo Kronos" puedas intervenir… porque ese lugar es espíritu puro…

                                                                        Johann R. Bach

13 sept. 2017

La novel·la L'Alber de l'Ángel Montserrat en versió catalana


té un amant cabal: l'Ángel Montserrat, l'àngel més humà de tots, que voldria que l'essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.




té un amant cabal: l’Ángel Montserrat, l’àngel més humà de tots, que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

El consumeix una passió eterna,
i és indiferent a l'atzar arbitrari i a les contingències de la bona o mala fortuna, i persuadeix alba rere alba, minut rere minut, la seva deliciosa recompensa.

Allò que frustra o trenca el cor d’alguns humans
és aliment per a l’ardent avanç cap a la carícia i el goig de l’amor. L'Àngel Montserrat és un missatger de les ofrenes del cel, de l’inefable a vista d’alba, d'una escena en els boscos caducifolis o de quan ell agafa pel braç  un home o una dona.

El seu amor, sobre tots els amors,
té folgança i amplitud... deixa espai lliure davant seu. No és amant irresolut ni suspicaç... Ell és segur... i menysprea els intervals oberts. La seva experiència,  les seves  efusions i sotracs, no són endebades. Res no sembla poder-lo irritar... ni en el sofriment ni en les tenebres.

Per ell, queixa, gelosia
i enveja són cadàvers soterrats que es podreixen en terra eixorca... Ell mateix va veure com els hi sepultaven. No hi ha mar més segur de  platja, ni platja de mar, que ell del gaudi de l’amor, de tota perfecció i de tota bellesa.

Però escolta bé, Cronos!
L'Àngel Montserrat vol ser lleial amb tothom, també amb tu, Cronos, em sents? i, com en un blues de mitjanit, ens diu que

no ens ofereix un camí planer,
ni una vida de recompenses fàcils...

Sinó un viure
on es dissipa amb mà pròdiga tot allò que es guanya o s’aconsegueix.

S’ofereix a ajudar-nos
a trobar un lloc sota el sol i un mar on ressonin somriures i on el goig s'assenti sobre la pell; a no deixar morir una sola alba a la inconsistència enfilada amb què solem viure i que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

Ho has sentit, Cronos?
L'Àngel Montserrat vol ser lleial amb tothom, fins i tot amb tu, convençut que ets menys temible perquè provoques envelliment que no pas perquè desemmascares.

L'Univers observable -va prosseguir Èol-
té un amant cabal: l’Ángel Montserrat, l’àngel més humà de tots, que voldria que l’essència de la nit  es concentrés, com en un lema matemàtic, gota pura de lucidesa.

                                                                Johann R. Bach