15 feb. 2017

La fruta tiembla aún en la cima de su curva.


LA NOCHE DE ARSENIO

Cada uno, Cassia,
vive de forma diferente la noche. Tú tienes la suerte de que el amor te colma todas las horas del día y apenas tu alma distingue el atardecer con el derrumbamiento del sol del amanecer gris y lluvioso.

La noche más terrible es la de Arsenio
puesto que en cada instante que repentinamente patentiza el progreso de los años –reflejado su rostro en el espejo- exhala un ocre olor mortecino.

Sí, sí. Arsénico tiene un sudor de olor característico
y una vivencia donde el acto espasmódico y retráctil, por medio del cual sus sienes plateadas se reconocen a sí mismas, hinca su fina extremidad en su corazón amotinado.

Ese olor acompaña cada noche
al rostro hipocrático de Arsenio que siente atados al patíbulo del tiempo sus profanados años.

Llegada la medianoche
un leve sacudimiento basta para raptar a sus manos su presa rebelde y codiciada. La vítrea frialdad de otras pupilas no refleja más que su irremediable decadencia. La ternura espontánea de su compañera se empobrece en lealtad agradecida.

Así sucede, Cassia, amor:
cae la medianoche, las densas y oscuras sombras se apoderan de su cara estrecha de caballo y su madurez lúcida se rinde al desdén.

Una tibia indiferencia
corre sobre la faz del mundo…, de su mundo. Todo parece inmóvil en la quietud de la noche… incluso la luz de las estrellas se opaca.

Nada ha cambiado,
sólo su esplendor se amortigua. La púrpura se funde en la penumbra. La angustia invade su pecho y aparentemente las cosas preparan ya su fuga, pero aún suspenden su vuelo vacilante.

La fruta tiembla aún en la cima de su curva.
Su mano derecha –Arsenio es diestro- baja y recorre el inquieto pubis mientras su izquierda palpa la piel marmórea de su compañera.

Su soledad es la más temible
y es por ello que Arsenio no puede soportarla sin volverse loco. Antaño, cuando le molestaba el calor y su habilidad era zurda su carácter era optimista, pero al adelgazar y perder la grasa subcutánea el fría penetra en su cuerpo y ya nada puede corregir el escepticismo del arte gótico de sus huesos.

                                                                              Johann R. Bach

12 feb. 2017

Desde el centro de un pentágono se ven bocas comiendo y besando, escupiendo y chupando… incluso hablando.


EL ORIGEN DE LA ESTASIS

Ya no sabemos qué es lo que produce la estasis de las cosas.
¿Producen las universidades modernas medios para salvar la diferencia? ¿Para distinguir la cualidad entre los océanos de cosas?

Muchos son los que se quejan y, sin embargo poco hacen.

Sabido es que los que preparan las redes no son los que más pescan; y que, del libro viven todos menos el escritor.

El interés de los geólogos está en la arcilla.
Los metafísicos buscan entre los rescoldos de la obra acabada las huellas del Autor. 

La insolencia engendra ruina esa clase sutil de suicidio.

Sólo los conventos de las Hermanitas Asuncionistas
rechazaban el misterio fingido como medio de publicidad.

Desde el centro de  un pentágono
se ven bocas comiendo y besando, escupiendo y chupando… incluso hablando.

Parafraseando a Bart Simson,
me gustan esas tiendas llenas de cosas inútiles, de santos de plástico, poliedros de cristal de colores y flores de papel, desconcertantemente complejas.

Cosas, cosas, cosas… por todos lados cosas:
estatuas, sombrillas, mesas, sillas interrumpiendo el paso de los viandantes… restos de harina, tapas de botella de bebidas.

Cosas, cosas, cosas…
complemento exacto de calles vulgares, una matemática calma, controlada, mientras la arquitectura se reparte, se hunde entre los contenedores específicos para cada clase de basura y se levanta ante los mismos ojos nocturnos de búho.

Las ideas, "a contrario senso",
escalan, como un caracol, sobre las rocas húmedas, escondiéndose del sol y de la vista –al borde del ruidoso torrente de automóviles- y se cubren de misterio. Y también es un misterio que la estasis venosa de las piernas sea amor en estado puro.

                                                                              Johann R. Bach

¡Espera por mí!


¿ES POSIBLE TANTO AMOR?


Dentro de mí hay un mundo.

Fuera, fuera de mí misma,
hay un universo que deambula sujeto a mis incursiones –un universo (para mí) en calma, al que yo me acerco concretamente: tú mi amor… Pierre…-.

¡Espera por mí!

Sobrepasando los riesgos:
¡A cántaros! ¡Para la flor de un día!

¿Es posible tanto amor?

                                                            Johann R. Bach

Y, sin embargo, el mundo sigue girando sobre su eje y circula por una inmensa elipse imperturbable


EL SOL IGNORANTE

¿Quién adormece la inteligencia?

Algunos filósofos pesimistas creen conocer la causa de ese proceso anestesiante: la decadencia de la clase media haciendo un foso imposible entre la alta y la baja (clases inventoras de la Máquina del Estado de la cual viven) donde la vida una vez florecía… el conocimiento de las avenidas de la información.

Se acabaron –dicen- los milenios donde
el viento removía laureles y tejas y el agua caía en eneros y febreros sobre el esqueleto de las viñas vírgenes adherido a los muros.

Ahora –insisten en su argumento-
perros y licopodios conspiran para reinventar un mundo a punto de desaparecer.

Entretanto un tribunal de robots
juzgará la inconsistente protesta de hombre: Allí donde trabajan muchas mujeres los sueldos son muy bajos, están por debajo de la media.

El robot de nombre Fiscal,
manipulado por otro robot el Teniente Fiscal, manipulado a su vez por el robot Fiscal General, rastreará en playas y  bosques huellas de sandalias para acusar a todo aquello que se mueve.

Y, sin embargo, el mundo sigue girando sobre su eje
y circula por una inmensa elipse imperturbable ante la precesión de los equinoccios. El sol ignorante se renueva a él mismo desde el remoto tiempo que salió de la hendidura de huecos oscuros, de forma que su descomunal gravedad no deja escapar de sus dominios más que diminutos clústers de luz y de calor.

Conchas y microorganismos
cargados de clorofila tiñen el fondo marino fabricando luz y calor y lavan los mares de las matemáticas a los detalles, cuerpos de hombres y mujeres, ligeramente inclinados hacia adelante con respecto a la postura básica de estar de pie y el peso apoyado sobre el metatarso, mientras el otro muslo está inclinado y la pierna y el brazo opuesto cuelgan, indican un movimiento que, sorprendentemente, concluirá como el racimo.

                                                                            Johann R. Bach

9 feb. 2017

Haga como su marido ¡cómprese el coche que le dé la gana!

RETALES DE ALGODÓN
Siendo ya más madura…
comenzaron a salir voces que pretendían
decirme cómo y qué tenía que escribir.

Por toda respuesta… dejé que los críticos dijeran
cuanto han dicho; rechacé su pan y aceite, cobre
y cobalto además del código cosido con silencio
en sus jardines: pasteles de neón, nada.                     J. R. Bach

Ante la avalancha de preguntas sobre el poema emblemático que incita a la lectura de la novela "Retales de Algodón", el autor de la misma me ha pedido que escriba, a modo de prólogo algunas palabras sobre ese poema.

Ermessenda, en efecto, rechazó los cargos políticos que le ofrecieron y desdeñó la posibilidad de convertirse en una «intelectual comprometida» con alguna de las causas en boga —por aquel entonces pues consideraba que no sólo la piel del Planeta Tierra estaba enferma sino que sus males eran ya sistémicos—.

Si todavía hoy merece en el Mundo del Ápex nuestra atención es porque evitó enredarse en la letra pequeña de la vida política y social, para atender a lo suyo: proponer una enmienda a la totalidad del concepto metafísico. Desde el «no-lugar» y «no-tiempo» en que supo colocarse formuló una gravísima acusación contra una época que, muy a su pesar, fue suya: «Ningún siglo anterior presenció tantas matanzas en nombre de tan transparentes imposturas».

Ese lamento profundo de Ermessenda era el mismo de muchísimos otros escritores –filósofos o no- y poetas y no tenía nada de novedoso: lo original en ella fue la forma en que lo expresó:

Siendo ya más madura…

Es decir, fue preciso madurar durante años antes de llegar a conclusiones concretas y precisas sobre las que escribir.

comenzaron a salir voces que pretendían
decirme cómo y qué tenía que escribir.

Mientras una escritora se mantiene dentro de ese "cinturón de castidad" de "lo socialmente correcto" nadie se opone a lo que escribe, pero en cuanto se rebela contra lo establecido por la "vacas sagradas" del mundo editorial, caen sobre la mujer escritora todas las convenciones del planeta. Esa actitud no es exclusiva sobre lo que se debe escribir pues ocurre en todos los ámbitos en que la mujer "se atreve" a pisar. Me encantó cierto día cuando leí un anuncio publicitario de una marca automovilística:

Haga como su marido
¡cómprese el coche que le dé la gana!

Por toda respuesta… dejé que los críticos dijeran
cuanto han dicho;

Esas palabras de Ermessenda son casi una recomendación sobre la necesidad de guardar silencio sobre las críticas que pueda recibir una escritora por el mero hecho de ser mujer. Es decir, no es conveniente caer en esa discusión estéril sobre cómo y qué se ha de escribir. Allí donde hay libertad de expresión hay crecimiento personal.

rechacé su pan y aceite, cobre y cobalto…

En esta elemental metáfora se recoge el rechazo a los alimentos (nutrición, vestidos, calzado, educación…, etc.), a la tentación de ceder por dinero (por el cobre) o por la fama, prestigio como formas de reconocimiento (el cobalto como azul cielo). Hay que poner estas metáforas en relación con la madurez expresada al principio del poema pues ese rechazo no se produce súbitamente sino que las presiones a una mujer escritora se van sucediendo en forma de rubato, con su sutil "tempo ondulante".

del código cosido con silencio en sus jardines…

Esta es una de esas metáforas que deben ser interpretadas en el contexto del poema pues se refieren a las modernas tarjetas de crédito que aparentemente abren puertas de establecimientos y vallas que dan acceso a recintos autorizados (barreras en autopistas, espectáculos producidos en canales exclusivos de TV…, etc.) emitidas en …silencio en sus jardines… (discretamente por los bancos)

pasteles de neón, nada.  

Los pasteles de neón son esos pasteles baratos en los que se escribe "feliz cumpleaños" y frases por el estilo con una caligrafía muy simple de colorines llamativos. Metáfora sucinta que significa "en resumen… "nada". Lo Breve si es bueno es doblemente bueno.

                                                                              Leo P. Hermes
               

8 feb. 2017

“Que practiquen deporte ellos”.


FERTILIDAD DEL AFORISTA


Al aforista, más que un pensamiento original, le reclamamos la originalidad de que piense por él mismo, de que tenga un punto de vista propio sobre los asuntos terrenales o… incluso metafísicos. El aforista no es un filósofo, sino un paseante con capacidad de juicio y en muchas ocasiones son divulgadores de grandes pensadores.

La perfección formal, agudeza, lucidez, ironía y gracia son algunas de las características que salvan al género aforístico. Si no, se cae en la tonta ingeniosidad, en las meras ocurrencias o en la estéril grandilocuencia.

A veces se agradece la mención de algún autor con el que iniciarse en la lectura de un género determinado. En este caso, por mérito propio destaca la obra de Nicolás Gómez Dávila.

"Uno, en general, no suele arrepentirse
de no haber hecho aquello que supuestamente le habría gustado hacer". 

"La rebeldía siempre resulta cara.
Por eso siempre buscamos un culpable al cual cargarle la responsabilidad de nuestros actos".

La familia es una cárcel de cristal
donde se purga "el mayor atrevimiento": el intento de fuga.

"Todo poema es una simplificación. A veces una bella síntesis".

"Que practiquen deporte ellos".

"En los textos largos siempre encontramos algo en falta".

"Es médico aquél que entiende de lo que no tiene nombre y comprende al enfermo a pesar de los diagnósticos emitidos con anterioridad".

En no pocas ocasiones hay que escribir para ser el que está
porque eso, como mirar el paisaje que tienes delante, es "todo lo que hay".

"Escribir es la mayor aventura de la mujer madura":
al escribir reconoce que siempre fue rebelde e incorregible".

"Los pensamientos sencillos
como alas de pájaro tienen muchas dificultades para mentir, no adornan las cosas por timidez".

"Sentado en los amplios escalones
de una Escalera de Mármol se disfruta del panorámico paisaje viendo cómo crecen los frutos en umbela de la hiedra".

"El bosque escucha
a los pájaros que se paran sobre sus árboles a descansar y medita sobre su longevidad".

Las casas y el paisaje aparecen como algo humano,
cotidiano y veraz, pero también existe "lo imperdonable" y las criaturas de tímpanos metálicos.


                                                                        Johann R. Bach

5 feb. 2017

Aún la noche de febrero no había echado la heladora red de plata cuando me di cuenta que estaba en el estudio de Pierre oyendo todas aquellas cosas de pájaros huyendo de los cielos inhóspitos, rosas esperando renacer de sus propias cenizas, manzanas esperando en los huertos un nuevo origen…


OJOS DE ESFINGE

Hola amor,
Esta semana he tenido una experiencia dura y maravillosa al mismo tiempo: he conocido a Pierre.

Iba paseando por Els Jardinets de Gracia cuando una enorme foto de unos niños destrozados yaciendo sobre un fondo de casas lejanas ardiendo me llamó la atención. En el cartel ponía una sola palabra Hiroshima. Hacía mucho frío en la calle y casi automáticamente entré en el local. Todas las paredes estaban cubiertas de fotos en blanco y negro.

A la vista de aquellas escenas sentí sobre mi piel la brutalidad de una guerra jamás conocida antes. Y me es imposible describirte el horror humano y su escandalosa sobredosis de realidad de aquella exposición. Como si me hubiera adivinado mi necesidad de una palabra amable, se me acercó él: un hombre de unos y siete o cuarenta y ocho años de aspecto atlético. Me dijo sencillamente que era el propietario de la sala y que a él también le horrorizaban aquellas escenas. Me explicó que, por lo menos una vez en la vida nos habíamos de enfrentar a lo más oscuro de nuestra alma… y ese era el objeto de la exposición según le había explicado el artista organizador.

Viendo aquellas fotos, es una obviedad decir que todo se estructura en un ciclo (nacer, crecer hasta "la altura" posible, morir –no importa cómo-, nada) que termina reduciendo al absurdo terrible la misma idea de guerra y la parte de la condición humana más oscura que la sostiene. Ese ¡tanto para nada! Ese tanto que obliga a mirar el mundo desde la ceguera de unos "ojos de Esfinge" para ver un retrato demasiado obsceno de nosotros mismos.

Nadie me había hablado nunca en ese tono suave y casi imposible de mantener los tímpanos vibrando con la intensidad de un diapasón. De repente, sus palabras recobraron un acento social: Me invitó a comer un plato combinado en el bar de la esquina. Mientras comíamos, con algún que otro silencio, en mi mente se recogían ideas y se grababan involuntariamente: "Todos los mundos están aquí y aquí se reúnen" –me había dicho Pierre-, "todo lo humano es también absurdamente esto: guerra tras guerra".  Sin saber por qué bebí más vino de la cuenta. Necesitaba desinhibirme, dejarme "llevar" por aquella humanidad representada en un "Adonis de carne y hueso".

Aún la noche de febrero no había echado la heladora red de plata cuando me di cuenta que estaba en el estudio de Pierre oyendo todas aquellas cosas de pájaros huyendo de los cielos inhóspitos, rosas esperando renacer de sus propias cenizas, manzanas esperando en los huertos un nuevo origen… y sus labios reblandeciendo los míos… y esa cosa creciendo en mi mano… El cuerpo sabe más que la razón –me decía a mí misma. El sentir nostalgia se convertía en deseo.

No recuerdo qué pasó aquella noche. Me desperté abrazada a Pierre, el tacto de su piel velluda tan distinta de la de las mujeres me llenaba de gozo, mi cuerpo sabía que no había habido penetración y eso me tranquilizó. Empecé a besarle el pecho hasta que se despertó. Las caricias continuaron durante toda la mañana hasta bien entrada la tarde. Sólo el hambre nos hizo abandonar el revoltijo de las sábanas.

A mis padres les dije que me iba a estudiar a casa de una compañera para estudiar, así que estuve toda la semana embobada con las caricias de Pierre. Vuelvo a tener una vida "normal" pues Pierre ha salido de viaje. Tiene una exposición en una sala de Londres y otra en Glasgow. Mi cabeza se ha vuelto a colocar sobre mis hombros aunque algo en mí se ha roto y aún no sé si eso es positivo o no. 

                                                                                 Johann R. Bach

3 feb. 2017

Ni uno solo de los decibelios que surgían de su voz era ajeno a la enigmática escala de Verdi


CAROLUS HORN

Carolus Horn era como un capitán
dentro de un "Opel Kapitan" el auto de lujo de la época. Los personajes de sus dibujos y cuadros parecían haberse escapado de la Belle Epoque.

Sus galones perdieron brillo
al sentir como crecía la niebla al aparecer habitaciones iluminadas en sus cabeza y gente en ellas actuando.

En una tarde de un julio caluroso,
montado en su "Opel Kapitann" se apercibió por primera vez, en el espejo retrovisor, de su pelo ceniciento, su cara de pasa arrugada y sobre el volante unas manos de sapo.

Su angustia a partir de aquel día
fue en aumento al sentir que vivía rodeado de gentes conocidas de las que no recordaba sus nombres.

Veía un sol tibio y acogedor
en la pared de las tardes solitarias del verano después de la lluvia y una imagen del Puente Rialto coloreada con rojos, amarillos y grises oscuros de funestos presagios.

Ni uno solo de los decibelios
que surgían de su voz era ajeno a la enigmática escala de Verdi. La música había comenzado a invadir sus plateadas sienes.

Allí, en aquel extraño espacio,
era donde vivía, no en aquel momento real conduciendo su "Opel Kapitan", sino donde todo ocurrió antaño.

La realidad fallaba, deliraba, ocultaba todo tras la niebla y hablaba lenguas raras. La realidad de lo que veía tenía la estructura de la ficción y ese era tal vez su único logro narrativo.

Sus dibujos eran un tipo de realidad volátil
capaz de revelar fenómenos secretos que la realidad de los que le rodeaban no estaba en condiciones de asumir. O sea: sus vaporosos cuadros también eran realidad, como lo son los sueños.

Carolus Horn dibujó la angustia del alzheimer,
desde dentro, desde la habitación de la que, una vez ya dentro, nadie hasta ahora ha podido salir.

                                                                                Johann R. Bach

1 feb. 2017

pensé que tu luz roza los jeroglíficos, los despliega en el aire como si fueran un simple mapa hasta que siente el paso de la noche… junto a mí.


EL MANUAL DE LA SOLEDAD (II)


No sé por qué se me impone con tanta fuerza esas palabras que me escribiste en febrero. Las recibí muy contenta y no vi nada de tristeza en ellas. Vi una técnica muy desarrollada para vencer la angustia a la que la vida nos somete en ciertos momentos. Los viernes y sábados por la noche me apunté, como otras compañeras del "insti", a una asociación astronómica para observar los cielos y pensar que tú estarás mirando las mismas estrellas que yo.

En uno de los cursos de astronomía básica nos dijeron que "el sonido del origen es una línea, la explosión de un cuerpo celeste una grieta en la zona oscura del Universo". Pensé sobre ello toda la noche… pensé que tu luz roza los jeroglíficos, los despliega en el aire como si fueran un simple mapa hasta que siente el paso de la noche… junto a mí. Siento que eres como la luna, que llega de pronto a rebuscar amor en el trigo de los milenios.

Mientras estoy en alguna de las charlas te reconozco en mi silencio como la sombra que sabe escuchar la respiración del fósil. Y cuando suena la campana que nos avisa que han de cerrar el Centro Astronómico recuerdo lo que sentí aquella noche mientras el reloj del ayuntamiento campaneaba las doce –las vuelvo a sentir mientras se me eriza la piel- y pienso que las vacilaciones no son más que fruto del vacío.

Tu última carta en la que defines ese "Manual de la Soledad está llena de gracia, de vida… Sí, Clara amor, tienes razón y lo veo claro: ¿Por qué cuando Armando se encuentra con aquello que es suyo, que es parte de él mismo –un poder casi total sobre ti parecido al del tribuno respecto a su esclavo-, que ya le pertenece desde antes de nacer, no ha de hacer sino cogerlo? Yo no puedo resignarme a que esas cosas sigan así. No puedo aceptar que haya muchos caminos y que una mujer sea una simple sombra que no sabe nunca qué camino escoger. No puedo aceptarlo. No puedo explicar la impotencia que me produce ese concepto bíblico de la mujer. Un día u otro toda mujer encuentra su camino, y lo habría de seguir. Yo soy una de ésas que quieren seguirlo… a tu lado.   

                                                                                       Johann R. Bach

30 ene. 2017

Cada batec del cor ens causa una ferida,

EL MÓN HORIZONTAL DELS LLARGANDAIXOS

Cada batec del cor ens causa una ferida,
microscòpica, sí, però ferida al cap i a la fi.

La vida sería un etern dessagnar-se
si no existís la poesia, ja que aquesta
ens concedeix allò que la natura ens denega:

una edat de platí que no s'oxida,
una primavera que no es marceix,
un cel de felicitat sense núvols i una joventut eterna.


                                                                                      Johann R. Bach

28 ene. 2017

Portada de la novela que comienza a ver la luz


GEOMETRÍAS HOMOTÉTICAS

               El sonido del origen es una línea,
               la explosión de un cuerpo celeste,
               una grieta en la zona oscura del Universo.

El tiempo para Cassia es geometría
que hace flor del azar, y de la curva
una estrella de siete puntas y núcleo
de platino que vuelve a su principio.

                                                                                                JOHANN R. BACH

27 ene. 2017

Alguno de aquellos comentarios me los aprendía de memoria:


FUEGO DE VERANO

Después de aquel verano mi familia se trasladó a Barcelona. Sorprendentemente aquella separación de Clara no fue lo traumática que era de esperar. Tanto Clara como yo encajamos la separación porque estábamos convencidas de que la ausencia no implica soledad. Por otra parte mis padres no se deshicieron de la casa de Sóller y pasamos las vacaciones de Navidad y Semana Santa rodeados de nieve y lluvia en nuestra Serra de Tramuntana como siempre y con la esperanza de volver en verano el curso se me hizo corto.

Clara y yo nos escribíamos largas cartas en las que describíamos con todo detalle nuestras vivencias. Cartas que yo releía varias veces oliendo el papel por si encontraba en ellas rastros de su perfume. Alguno de aquellos comentarios me los aprendía de memoria:

"… ¡Si vieras como recuerdo ahora aquella mañana en la que sentí tus labios, por primera vez, sobre los míos! No recuerdo que me dijiste ni lo que yo te dije, pero nos encontrábamos tendidas sobre la alfombra, nerviosas las dos. Una nubes taparon el sol durante unos minutos como queriendo apagar la luz de la sala. Nuestro abrazo me pareció eterno. Tú llevabas un vestido ceñido, sin mangas, verde pastel en el que se dibujaban unas tiras de pequeñas espigas oscuras y en tu pecho apenas se apuntaban los pezones dejando el sexo como un misterio… Me han quedado grabados en la memoria –esta inmensa memoria que me envejece- tu vestido, tus cabellos castaños cortados como los de un escolar, relucientes…"

                                                                                       J. R. Bach

25 ene. 2017

Me acostumbré a ir a su casa cada día


TIEMPO DE LO AUSENTE

Fue en julio cuando Clara y yo nos hicimos amigas. Yo había comenzado a ir a su casa al saber que le había dicho a mi madre que yo leía muy bien y rápido. Clara me había dejado "La Isla Misteriosa" novela que me la tragué en una sola noche. Al devolvérsela me dejó "La Vuelta al Mundo en Ochenta días" luego "Viaje de la Tierra a la Luna" y al ver que me entusiasmaban las historias de Julio Verne me dejó "Los Exploradores del Meloria" de Emilio Salgari y "El Escarabajo de Oro" de Poe y muchas otras novelas que estimulaban mi imaginación. Así descubrí el mundo de la literatura.

Me acostumbré a ir a su casa cada día hacia las nueve de la mañana pues mis padres bajaban a la playa temprano para tomar el sol sin peligro de quemarse. Me encantaba tomar una taza de chocolate mientras ella tomaba café. Comentábamos las novelas que me prestaba. Me hablaba con entusiasmo de todas y cada una de aquellas obras, como si aquellas fueran su razón de existir. Se había rodeado de libros, los saboreaba y subrayaba en ellos muchas frases que no dudaba en releérmelos.

Un día le pregunté el porqué de tanta lectura. Me sonrió y me dijo que a falta de vivencias personales, concretas, de la vida diaria, no podía hacer otra cosa. Para sobrevivir, hay que vivir otros mundos, saborearlos, recordarlos con sus características, incluso memorizarlos y vivirlos con sentimientos. Mira -me dijo– voy a dejarte una novela que yo leo a menudo y la guardo en un cajón secreto; la lees despacio y cuando me la devuelvas la comentamos. El título de "El amante de Lady Chatterley" en principio me pareció sugerente aunque no demasiado.

Hacía diez años que Clara estaba casada con Armando. Era hija de padre francés y madre mallorquina y había vivido siempre en Sóller. Sus padres habían muerto en un accidente automovilístico. Ella salió, milagrosamente, ilesa físicamente. Pude deducir que se había casado con Armando porque se había cansado de vivir con sus tíos. No tenían hijos. También observé que no se veían en todo el día excepto durante la cena y para ir a misa los domingos por la mañana.

 "Armando –decía ella- una vez que la confianza se había ya adueñado de nuestros corazones- se interesa únicamente por el Banco y el Ajedrez. Con eso tiene bastante. Esa reducción que ha hecho de la vida le llena". Ella en el fondo se lo agradecía, pero cuando caía la noche con su angustiosa oscuridad se sentía muy sola. Alguna vez la encontré con los ojos bañados en lágrimas de mar.

Llegamos a tener mucha confianza.

Se interesaba por mí y mis cosas. Hasta el momento mismo de conocerla yo creía ser una inútil al pensar que todo lo que hacía o pensaba no eran más que locuras de una doceañera. Clara, en cambio, me escuchaba y se tomaba en serio mis problemas y conversaciones, los meditaba, y me hablaba como si fuesen cosas tan importantes como los libros o ella misma.

Con ella no me veía ridícula y notaba cómo crecía una fuerza nueva dentro de mi cuerpo. Mirándola tenía la impresión de estar frente a una diosa de las artes a la que el mar podía obedecer si así lo requiriera ella. Dentro de mí nacía un aire puro, dócil, que me empujaba hacia la vida con ganas y seguridad. Y salía de su casa con la impresión de que mi mente crecía como lo hacían mis pechos… con un cierto dolor en los pezones.

Cuando leí El Amante de Lady Chatterley" comprendí cuan sola se sentía Clara. Pensaba muchas veces que la vida, junto a ella, debía de ser como volver a la alegría a la infancia que acababa de abandonar. Cuando iba a su casa tenía el extraño temor de toparme con Armando aunque mi condición aún de niña delicada no podía producir en él una celosía peligrosa. Lo odiaba. Su hablar era musical y mientras me señalaba una gramática que yo no miraba, me la comía con los ojos y me fui acostumbrando a un cosquilleo en mi vagina que me producía un nerviosismo difícil de disimular.

Es difícil describir aquel periodo de mi vida. Me sentía, por primera vez, verdaderamente atraída por una cosa real y concreta: Clara. El único temor que tenía era que en casa sospecharan que había algo más que buena vecindad y amistad con ella, miedo a que las malas lenguas corrieran algún indicio de en aquella casa se cocía algo más que una simple relación entre profesora y alumna. Lo cierto es que cuando, por primera vez Clara me besó en los labios y su lengua penetró en mi boca buscando la mía dejó de importarme lo que dijeran los demás. Saber que en el abrazo Clara encontraba todo el placer que Armando le denegaba me llenaba de una sensación más placentera aún que los múltiples orgasmos que sus dedos me procuraban.

En aquel verano crecí doce centímetros, mis caderas se ensancharon enormemente, el pubis se me pobló de vello casi hasta alcanzar el ombligo y mis pechos alcanzaron el tamaño de una mujer adulta. Mi carácter se asentó con fuerza y determinación haciendo desaparecer todos mis miedos y complejos: Me sentía amada; mi alma femenina reconocía que mi tiempo había comenzado como un laberinto recogido en un punto geométrico, fuente que resplandecía en la noche lunar, y era aliento de los dedos hecho viento, lengua no herida ya por el dolor del sentido de mi amada.

                                                                                                                J. R. Bach


24 ene. 2017

Comienza otra aventura: la novela "Geometrías Homotéticas


GEOMETRÍAS HOMOTÉTICAS


El tiempo para Cassia era geometría
que hacía flor del azar, y de la curva
una estrella de siete puntas y núcleo
de platino que vuelve a su principio.

                                          Ermessenda

                                           J. R. Bach

22 ene. 2017

Al cerrar el poemario, te encuentras sola de golpe, sin la noche constelada,


EL MANUAL DE LA SOLEDAD


Abres el Manual de la Soledad
por la página en que la luna se llena de plata y Orión se está despidiendo pues Aldebarán, la gigante roja, ya lo ha hecho.

Todavía tienes tiempo de leer algunos poemas más
antes de que la luz invada el firmamento y al deslumbrarte te percates de que el confín tras el que resbalan los astros es el oscuro umbral de tu pensamiento

un palco donde aterriza el Ángel Montserrat cerrando las alas, se sienta junto a ti y te cuenta su vuelo en la noche estrellada más allá del borde de tu soledad.

Al cerrar el poemario,
te encuentras sola de golpe, sin la noche constelada, sola con el recuerdo de lo que ese cielo nocturno que estaba en el libro, de la música que venía de esas páginas del Manual de la Soledad.

La luz del alba borra entonces,
la bóveda nocturna y su idioma.

                                                                                             Johann R. Bach

21 ene. 2017

su noche se despojaba de bondad


LA NOCHE DE AMANDA

La mañana de Amanda la del Puerto
se cargaba de brillantes y su noche se despojaba de bondad aunque era, tan sólo propiamente suya la bronquitis asmática de marinero.

Caminaba una noche por una estrecha calle
paralela a los muelles para no recibir en el rostro el viento de mar. Por encima de los edificios sólo una única luz del polvo estelar alumbraba su paseo.

Una Dama de porte distinguido
y rostro de cansada belleza se le puso al lado y ajustó el paso al suyo.

Quizá ya se habían tratado en otro tiempo,
así que era natural que se pusieran a hablar.

Amanda comenzó a contarle algo
sobre aquella vez en que, siendo aún niña vio a un lobo que se comía la luna haciéndose de golpe todo luz, una luz amarilla de cadmio con relámpagos brillantes de platino.

La Dama se rio y le dijo:
"Te dejo seguir tu paseo amanda. Dejemos para otra noche el final de tu historia".

Amanda la del Puerto, feliz,
siguió admirando el cielo y sus lucecitas y oyendo en el viento el rumor del oleaje entre la ventisca de una noche aún prometedora.

                                                                                 Johann R. Bach

borde de ánfora romana, fragmento cortante de una concha,


EL INVIERNO EN CADAQUÉS

El invierno en Cadaqués,
es roca, es mínima alga,

borde de ánfora romana,
fragmento cortante de una concha,

fractal de hueso, polvo de la vida,
tramontana que husmea en los escollos,

quieta sombra
cerniéndose en la arena frente al casino.

                                              Johann R. Bach

Ciertas cosas siguen siendo simples para ellas:


EL PESO DE LAS ESTRELLAS

¡Tantas y tantas mujeres!
¡Marcadas por una estrella lila, rosa o amarilla!

Todas caminan hacia el sol fatigadas,
no a causa de la luz cruda de las dunas:
del peso muerto de esa estrella.

Ciertas cosas siguen siendo simples para ellas:
Recordar, saber lo que importa,
estar contentas y enfadadas...

                                             Johann R. Bach

19 ene. 2017

Quiero, alma mía, oír tu grito quebrarse


MIRA AHÍ AFUERA: SIGUE NEVANDO

-¿Oyes amor
la música del campo de estrellas?

Alguien calificó ese sonoro campo de estrellas
como la mayor maravilla del universo.
¿Oyes?

-Nada.
Sólo oigo como caen las plumas de ganso,
cómo la calle y sus árboles se blanquean.

-Ven. Acércate a mi piel.
Quiero, alma mía, oír tu grito quebrarse
en la selva de mis tendones heridos.

-¿Con este frío de pato?
Es éste un frío que inflama los bronquios,
dispara la actividad histamínica y produce el "asma a frigore".

-¿Por qué se le llama frío de pato?

-Porque es precisamente el pulmón del pato de Barbaria
su remedio Anas BarBariae.

-¡Qué haríamos los humanos
sin los animales y las plantas!

Esperaremos como ellos
el celo de la primavera.

Mira ahí afuera: Sigue nevando.

                                                  J. R. Bach

Leer en el libro blanco de los incisivos


PROPUESTA DE METÁFORAS

El sabor mercurial del bostezo
como indicador de halitosis (aliento fétido). En el mismo sentido propongo "oír el violín del aliento".

Leer en el libro blanco de los incisivos
como aliento fresco y agradable.

La usura en los diálogos de los cartílagos
como osteoporosis o desgaste galopante de la masa ósea de las caderas.

La dificultad del hombre para alejarse del toro
como símbolo de fuerza, valentía y constancia hasta la tozudez.

El alarido que mira con su único ojo
como un grito desgarrador realizado por el gigante Polifemo que sólo tenía un ojo.

"Ver un horizonte de colmillos"
mal presagio antes del comienzo de la Audiencia Pública en un juicio promovido por Hacienda. De los robots vestidos con su toga no cabe esperar nada bueno.

Un copo de nieve 
(el retorno).

Acabar la visita a una exposición de porcelanas antiguas 
(la última noche).

Un número de circo no anunciado en el programa = La soledad del poeta.


El olvido = Una manzana verde.

La palmera que poliniza
desconoce la dulzura de los frutos que se mecen con el viento del mundo en los lejanos oasis.

Envía la palmera macho una poesía
que ha de ser descifrada hasta en sus mínimos detalles y es que

Un dátil no es cualquier cosa
y no digamos ya un par de mandarinas.

                                                             J. R. Bach


17 ene. 2017

amb certesa darrere del cel hi ha més cel.

                                                                 Imatge d'una vèrtebra cervical

MANDELBROT  

Beneït Benoît Mandelbrot1)
que ens va posar a meitat de camí per a comprendre que

l'arbre vol dir metafòricament el bosc i que
una rosa reflecteix una altra que està en una altra lloc
i amb certesa darrere del cel hi ha més cel.

Un camell, dos camells, ... tres, ... deu, ... vuitanta-quatre,
l'insomni desert de l'alè de la teva porció de veu.

                                                                         Johann R. Bach

1)        Mandelbrot (pa d'ametlla en alemany. Sic)