31 ene. 2015

Con tecnología o sin ella, llegaremos, sin duda, al Ápex.

 
NARANJOS Y GRANADOS ENTRE LAS ESTRELLAS
 
Después de bajar la serpenteante carretera
y alejándome del observatorio, me encontré con algunos amigos que entre cerveza y cerveza me preguntaron como ya es habitual:
 
¿Què buscas ahí en cielo nocturno?
 
Bueno –contesté-, creo
que ya la tecnología ha amanecido con la misma pasión que tenían antes el amor y los movimientos sociales revolucionarios,
 
pero, igual que entonces,
no sabemos cuan largo será el viaje, durante cuánto tiempo brillarán aún en el cielo el sol y las estrellas.
 
Con tecnología o sin ella,
llegaremos, sin duda, al Ápex. Allí se construirá nuestra nueva casa y aunque llevo años barriendo, con el radiotelescopio,
 
el entorno de Betelgeuse,
todavía no he hallado –lo reconozco- la parcela adecuada, una parcela donde la abundancia de agua nos permita plantar naranjos y granados.
 
La ansiedad se disfraza de prisa
de forma que los números nos devoran el torso y, sin embargo, yacen apretados unos con otros como números:
 
Nos trasladamos,
respecto al centro del grupo de galaxias, a la diabólica velocidad de 250 Km por segundo y hemos gastado hasta el último céntimo de esperanza en ese viaje hacia el Ápex.
 
Pero los siglos sólo empiezan una vez:
Tenemos la impaciencia que da la intolerancia y el dolor grave imprescindible que muchos olvidan, comprando, en las tiendas llenas de cosas inútiles…
 
Yo prefiero rebuscar
entre los cielos nocturnos posibles parcelas de naranjos y granados.
 
                                                            Johann R. Bach

París ya flotaba en tu mente como un mar brillante

LAS PUERTAS DEL MONASTERIO

 

Todo estaba ocurriendo sin ruido,

tus suspiros subían hasta el techo del mundo, sin cansancio que suprimiera tu inquietud.

 

Tan pronto sentiste cómo las puertas del monasterio se cerraban a tu espalda apareció el gozo de estar libre y sola en la noche donde uno puede esconderse.

 

París ya flotaba en tu mente

como un mar brillante y sus bulevares como arterias por las que circula la voluntad de algunas mujeres tenaces. 


Sentías que deberías dar pasos largos 

para atravesar ese desierto de conceptos, para imitar otra música, pues la Superiora solía decirte que se puede ir más rápido cuando se está rodeada de indiferencia:

 

Entonces una debe encontrar

su camino en medio de extraños rostros en los que la mirada se ahoga.

 

Una nube mojaba

con sus gotitas tu cara y tus manos flotaban en el aire; las lucecitas ya lejanas del Monasterio te tranquilizaban: conocías bien que en su interior todas dormían como si todo fuera un sueño pesado que se abre hueco en la tierra.

 

Poco a poco

notabas que el aire se volvía más ligero y el ruido del motor de un automóvil a lo lejos te sonaba como el fluir de un arroyo. En él venían tu hermana y su compañero a rescatarte, inútilmente de la noche.

 

El campanario invisible ya,

empezó a dar la hora. Las puertas del Monasterio se cerraban para siempre tras de ti.

 

Tal vez el mundo resucitará.

Las doctas cigüeñas especialistas en repartir paz entre los campanarios podrían volver a vigilar las tardes.

 

Detrás de la lluvia

podría haber otro cielo donde unas voces más dulces subieran un recuerdo en vez de una oración. 

                                                                                                                                                     Johann R. Bach

Por la tarde vino a buscarme para llevarme al colegio.

EN CADAQUÉS TODOS ÉRAMOS RICOS

 

Oí un día

cómo una vecina le decía a mi madre: Hay que tener cuidado con Marta. Es peligrosa, porque su familia es rica y no hay forma de hacerla entrar en cintura.

 

En mi cabeza daba vueltas esa palabra

que podía significar pelirroja, peligruesa… o cualquier cosa menos considerar que Marta Guillamon fuera un peligro.

 

Por la tarde vino a buscarme

para llevarme al colegio. Aunque yo ya tenía siete años y sabía ir solo hasta la escuela mi madre agradecía a Marta que me recogiera a mí y a mi hermana, pues

 

mi hermano mayor no quería hacerse responsable

de lo que pudiera pasarnos en el trayecto hacia la escuela. Un rasguño, un simple moratón por una caída podía suponerle un castigo.

 

Aquella tarde le expliqué a Marta

lo que había oído respecto de la riqueza de su familia. Se echó a reír.

 

Aquí –nos dijo-, en Cadaqués, todos somos ricos.

Cuando nacimos nos pusieron las riquezas del mar a nuestros pies. Mirad esos cangrejos

 

No nos quitan ojo.

¿Qué ven en nosotros? Os lo diré: ven toda una corte de damas y princesas…, reyes y nobles a los que admiran.

 

¿No es divertido ver

cómo retroceden ante una simple caña? Nosotros tenemos cañas, somos ricos.

 

Escuchad entre ola y ola.

Por un momento se paran las rocas a escucharnos porque nuestras voces les suenan como una música diferente a la sonata del mar.

 

Nosotros tenemos voz. Somos ricos.

 

Mirad esas nubes detenidas

ahí arriba como barcas de pesca porque el viento ha amainado. De un momento a otro enrojecerán en este inmenso cielo azul.

 

Tenemos un hermoso cielo sobre nosotros.

Más tarde, como todos los días -en los que no llueve- se llenará de estrellas brillantes.

 

Tenemos un cielo para soñar.

Somos ricos. Con los años nos podemos hacer aún más ricos: podemos aprender a leer y escribir que no es poco.

 

Sólo son pobres aquellos

que no ven lo mismo que nosotros; que ingenuamente creen que la riqueza se encuentra en los metales.

 

Desconocen cuan tóxicos son

el oro, la plata, el platino…; también el cinc, el aluminio, el selenio, el mercurio, el cobre…

 

Son codiciados por sus propiedades físicas,

pero por ello son peligrosos y hay que mantenerse a cierta distancia, mientras que

 

la fuerza de nuestras voces

es la fuerza del saúco, amarga y plena, ascendente por el triunfo de su flor blanca, crecida en los márgenes de una tierra que despreciamos por no servir para ser cultivada.

 

¿Quién puede resistir su expandida dulzura?

¿Quién finalmente se opone como a ella a recibir un beso?

 

Mirad esas blancas flores:

En todas partes y en ninguna instala el saúco con pobreza su nieve corrupta: es su fuerza

 

La fuerza de una corriente desatada

de bayas negras que sepulta la tierra de la luz. Nosotros tenemos esos frutos para sanar el corazón. Somos ricos.

 

La verdad es que no entendimos nada,

pero sonaba bien aquello de que éramos ricos.

 

                                                                        Johann R. Bach

30 ene. 2015

Llueve y hace frío, pronto comenzará a nevar

      
 EL  REGRESO  COMO  PESADILLA

Llueve y hace frío.
Te sientes como en un viaje en autobús hacia la nada, como un arroyo ciego que en el vapor del cristal va tachando las fechas húmedas;

como el último baño
de tu piel las calles se atragantan deprisa y en los finísimos hilos del invierno el cielo muerde, las estrellas tiemblan, padecen una terrible y débil agonía;

lejos de los claustros
llevas un lugar cosido a las espaldas, un arquitrabe inmaculado y frío
para cerrar los ojos y vivir a veces, una mujer herida como el orgullo de las arañas aroma café con leche y bufandas que aguardan algo indescriptible.

Si tuvieras que volver
de nuevo al Monasterio, elegirías un último pedazo de tiempo en este París de dilatadas letanías bajo el sol de invierno y la humedad invadiendo el interior de las personas con sus gotitas de agua resbalando también hacia la misma incertidumbre.

Si te vieras obligada a regresar
de nuevo al Monasterio mirarías por última vez los restos de verdura en el mercado, la resina ácida cayendo sobre la corteza de pinos y álamos.

 ¡Ah! Si sólo pudieras olvidar
aquella pesadilla… volvería a ti la locura silvestre que impregna la metamorfosis de esta ciudad que renace cada mañana.

Por suerte
cuando abres los ojos te alegras de haber huido ya sin sandalias ni un crucifijo mojándote los labios.

De todas formas,
con pesadillas o sin ellas ya no necesitas medicamentos para que deje de doler tu soledad lejana para acallar tu búsqueda incesante, tu libertad como locura definitivamente; tu vértigo, mejor que el alcohol, limpia tus arterias y tu alma.

                                                                Johann R. Bach

29 ene. 2015

todos necesitamos un hombro amigo, un animal de compañía o un libro

Sobre el fondo amarillo se lee la inscripción "Winners
have a sixt sense": "Los ganadores tienen un sexto sentido"


De Berlín a Kaliningrado

¡Oh noche!

Mientras espero el avión leo,
como un ingenioso juego de palabras: "Los ganadores tienen un sexto sentido,

pero todos necesitamos
un hombro amigo, un animal de compañía o un libro que nos ayude a comprendernos a nosotros mismos.

Hace mucho
que sabemos que somos frágiles. Hay que buscar apoyos como lo hacen las voces en un coro.

                                                         Johann R. Bach

                   TRAS LOS PASOS DE KANT:
¡Oh noche!

Quisiera comprenderte como a Kant.
Profesor de Königsberg –hoy Kaliningrado- proponía la idea de estudiar conjuntamente la naturaleza y el espacio exterior en su temprana Historia general de la naturaleza y teoría del cielo.

Uno de los muchos amigos,
entre los que le animaban a perseverar en sus estudios sobre esa inmensa sábana de lucecitas que aparece sobre nosotros con el crepúsculo fue Friedrich Hölderlin.

Demostró su amistad
y sintetizó todo su apoyo filosófico y literario con dos cortos versos:

¿Quién construyó los montes
y marcó la senda de los ríos?
                            Hölderlin

¡Oh noche!

Sabes que entre sus amigos
se encuentran algunas personas maravillosas que, por miles, llevan flores a su tumbra.

En el cementerio de Kaliningrado
en 1.991 se recuperó para el mundo su figura y uno de sus pensamientos más poéticos, al escribir sobre su tumba las siguientes palabras:

«Dos cosas me llenan la mente
con un siempre renovado y acrecentado asombro y admiración que no decaen por mucho que continuamente reflexione sobre ellas: el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

Voces autorizadas le habían pedido
que rompiera su largo silencio pues sin él –decían- no se perdía un filósofo se perdía el mundo.

¡Oh noche!

Ahora algunas personas
guardamos en un "pendrive" colgado con una cinta al cuello de conexión USB listo para ser leído con sus palabras:

"Cualquier cambio me hace aprensivo,
aunque ofrezca la mejor promesa de mejorar mi estado, y estoy convencido, por este instinto natural mío, de que debo llevar cuidado si deseo que los hilos que las Parcas1 tejen tan finos y débiles en mi caso sean tejidos con cierta longitud".

"Mi sincero agradecimiento
a mis amigos y admiradores, que piensan tan bondadosamente de mí hasta comprometerse con mi bienestar, pero, al mismo tiempo, pido, del modo más humilde, protección en mi actual estado frente a cualquier alteración".

¡Oh noche!

Pasados los años
ya es hora que el mundo sepa que descubrió el origen del planeta tierra y el del sistema solar a partir de una masa que, habiendo madurado suficientemente, en forma de puro, giraba sobre su eje central perpendicular.

Laplace le dio la razón
con sus cálculos sobre la cantidad de movimiento de los planetas y nosotros también se la damos porque gracias a él podemos mirar en nuestro interior y levantando la cabeza, leer el Código de lo oscuro y sus sombras blancas.

                                                            Johann R. Bach

*(1) Parca. En la mitología griega, cada una de las tres deidades hermanas con figura de viejas, de las cuales una hilaba, otra devanaba y otra cortaba el hilo de la vida de cada persona.
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28 ene. 2015

en los imbornales, desaparecieron hace tiempo las cenizas.

BAJO EL CIRUELO JAPONÉS

 

Cada invierno me cuesta más recordar

cómo aquel hombre que ignorando que yo le estaba observando desde el balcón,

 

indolente, pisaba unas diminutas ciruelas

que en la esquina de la calle manchaban de rubí revolado.

 

Así parece, a veces, perder la poesía

sus días de esplendor, al superar ese minuto en que la luz y el miedo se abrazan,

 

y todo es certidumbre, y anochece.

 

El aire negro

cubre el vehículo de limpieza que riega con agua desde el centro de la calzada y se confunde con la oscuridad del alquitrán.

 

Todo para que en un rincón

lleno de plásticos las ciruelas bordes malversadas llenen de olvido momentos de placer mientras crecían junto al resto de los frutos.

 

La tarde caía lenta,

y el hombre sin saber muy bien qué hacer con tantas ciruelas derramadas se ponía la máscara pálida que indicaba su añoranza;

 

su amada –le cuesta admitirlo- no vendrá,

porque ya, sin retorno, la luz de la vejez hará brillar aquella esquina perdida para siempre.

 

Y, es que en los imbornales,

desaparecieron hace tiempo las cenizas.

 

Abandonado de amor,

aquel hombre parecía haber caído en un espacio único de siete dimensiones que lo contiene casi todo y

 

no tendrá otro mar

en la incertidumbre y el esfuerzo: en exceso ha esperado, ocupando la escindida esperanza que rompe contra la calle nocturna,

 

donde no recuerdan su nombre.

 

                                                             Johann R. Bach

27 ene. 2015

lamentándome de haber olvidado tu regalo de aquellas lluvias de estrellas

    PALACIO DE LAS PALABRAS SECRETAS

 

¡Oh noche!

 

Heme aquí ante ti Diosa de las Tinieblas

en éxtasis de bosque, con el delirio en las sienes;

 

entre flores,

exhaustas de su propio aroma y mis ojos entre los ojos de tus estrellas y mis labios llenos de sal entre las olas.

 

Heme aquí, postrada

en esta vigilia junto a un mar sin luz, separada de cuánto no me amó y abandonada por aquellos que sí me amaron.

 

¡Oh noche!

 

Ante ti vengo a llorar

cuando ya nadie quiere ver mis lágrimas, cuando de mi pecho ya no surge más que resentimiento y sangre desprendida de viejas cicatrices.

 

Aquí me tienes después del crepúsculo

perdida entre brumas que gimen como espirales de caracolas vacías;

 

lamentándome de haber olvidado

tu regalo de aquellas lluvias de estrellas de tantos agostos envueltas en tomillo y romero.

 

¡Oh noche!

 

Rosa de rosa rosa

que abrazas lo intocable y lo real, levanta tus vientos de tramontana y arrástrame

 

como a las joyas

hacia la luz violeta pues cuando llegue la hora de las amatistas quisiera ser una de tus sombras elegidas para construir tu Palacio de Palabras Secretas.

.

                                                                    Johann R. Bach


26 ene. 2015

Estaba ebria de gozos:

ORACIÓN DE ARREPENTIMIENTO

¡Oh noche!

Escalofrío que te deslizas sobre mi piel
como sangre la herida fresca y bajas corriendo su huella oscura, te extiendes en aquellas horas en que los campos se tintan de sombras,

momentos en que preparas la floración,
con tu escarcha, de las rosas de todos los jardines, escucha esta súplica;

acoge las soledades hechas de años
y de derrotas y ayúdame a expulsar las culpas de mi alma, a sobrevivir, precisamente cuando los sueños caen.

¡Oh noche!

A menudo me parece oírte decir:
¿Acaso no eras esa? ¡Ay, cómo te olvidabas de mí! ¿Era esa tu imagen?

¿No eran acaso tu pregunta,
tu palabra, tu luz celestial, cosas que con tanto orgullo poseías?

Estaba ebria de gozos:
mi palabra, mi luz celestial, antaño poseída, está ahora destruida, desperdiciada;

y a quien le haya ocurrido como a mí,
tiene que olvidarse de sí y mostrarse humildemente ante ti como lo hago yo, porque ya ni toca las viejas horas.
                                                                                    Johann R. Bach

¿Sabes? Me gusta tu culo y me gusta tu pensar;


SUBIR LA TRISTEZA AL DESVÁN

A Marta Guillamon
no se le podía preguntar qué le atraía especialmente de aquél del cual iba colgada del brazo paseando lentamente por Las Ramblas.

Cuando a Marta le caía en gracia algún hombre
se negaba a dar una explicación coherente –léase interesada- y racional del por qué aquél y no otro.

Los hombres se enamoraban de ella,
pero le temían aún más que la deseaban.

Al parecer, la única explicación plausible
es que en realidad el cuerpo se lo pedía. Aceptaba el amor masculino como venido de improviso a lomos de una ola

sin orden ni concierto.

Era como si, un desvarío verde,
bajo la espesura del sagrado bosque se le enramara como en una cabaña sin cerrojos ni barrotes.

No era un simple capricho,
ni se producía aquella locura de enamoramiento a fecha fija. Para entenderlo se tenía que hilvanar algunos pensamientos que de vez en cuando, inesperadamente, hacía sobre el amor:

"porque el amor –se le escapó en cierta ocasión-, segado,
ha crecido como los arilos de una granada en mi cama"…

"y porque el jadear de la corteza
que provoca lo salobre lo llevo bien hincado de forma que encrespa la bahía".

Otras veces Marta era más directa;
rozando la grosería, pero con la misma sonrisa de la inocencia podía decir por ejemplo:

¿Sabes?
Me gusta tu culo y me gusta tu pensar; no desaprovecharía la ocasión de que mi lengua pudiera recorrer, lentamente,

como un silencioso caracol,
el árbol entero, de la raíz a la copa, con el amor a la espalda, y un ápice de espanto en la punta de las antenas.

Y es que Marta sabía
lo que era subir la tristeza al desván, mirarse al espejo, pintarse los labios y bajar las escaleras

con un vestido de alegría
dispuesta a aceptar los regalos del mundo.

                                                              Johann R. Bach

25 ene. 2015

Aquí me tienes suplicando que quieras concederme ese brillo gris metálico que se pasea junto a la playa,

A PUNTO DE AMANECER

¡Oh noche!

 

¡Qué bien combinas tiniebla y claridad!

Ser y no ser unidos en el color gris moteado de magenta donde la mezcla levanta sus castillos de sombras sin sonido, la espera paciente del amanecer.

 

En las sombras de platino,

lo negro se reviste del fulgor de tus estrellas para acercar su rostro hacia las alas de las aves que rozan, tan pronto clarea, las almenas de la niebla.

 

¡Oh noche!

 

La mezcla nos confunde

en su calor de transparencias que se agregan sólo en superposición de movimientos y de inmovilidad asimétricos.

 

Las escaleras cromáticas

gimen cuando el alma desciende por su sombra hacia lo mineral o sube por sus escalones de mármol hacia la sombra que finge ser un ángel entre anillos.

 

¡Oh noche!

 

¡Qué bien atas la luz a la oscuridad!

La anudas como el silencio, o como la palabra sorda de los siglos entre las yuxtaposiciones de los tiempos pensados o vividos solamente.

 

Aquí me tienes suplicando

que quieras concederme ese brillo gris metálico que se pasea junto a la playa, ese espacio que separa el campo de olivos de tus sienes y su música.

 

¡Oh noche!

 

Sabes que sueño con oírte decir:

"Te concedo lo justo entre los ojos, lo justo entre los labios y lo solo entre las manos tristes del ocaso".


                                                                   Johann R. Bach

 

que tus ángeles te lleven a otro lugar donde puedas encontrar otra música

BLUES PARA UN DIA DE VIENTO

Apareciste en mi vida
en un día de fuerte viento dándome a entender que me necesitabas. Eso no dio, finalmente resultado: tenías celos de todo aquello que me rodeaba:

los amigos, el club, la noche, el blues…

Luego, cambiaste de actitud.
Después de un ataque de ira en el que creí que me ibas a matar con tus propias manos me dijiste que

ya no había nada en mí
que te sirviera: una mirada, un beso, una palabra… sin dejar translucir tristeza alguna sino desprecio cruel:

sin hacer aprecio en un primer momento
–como en un preludio de una canción triste-; contando a otras personas cómo al situarte a mi lado era perder el tiempo en un movimiento de la fase final.

Por mi parte, dolido,
sólo puedo pensar que, parafraseando a Bob Dylan, no soy yo el que buscas y me esfuerzo por comprenderte.

Por ello, así te canto
en este día de fuerte viento:

Si me dices adiós
sin confesar que quieres un futuro limpio; claro para tus padres que no han querido bendecir nuestro amor,

si te vas sin decirme
que en realidad soñabas con un mundo en el que ningún ruiseñor faltase cantando en tu ventana al llegar la primavera,

(Estribillo)

que tus ángeles te lleven
a otro lugar donde puedas encontrar otra música y todo aquello que yo no pude darte. (bis)

Te prometí –como cualquier otro hombre-
lo que no tenía, sabiendo que no podía volver atrás para borrar las huellas de mi humilde origen.

Intenté convencerte
de que pararas tu reloj, que era posible que esperaras hasta que yo pudiera construir un espacio para nosotros. Siendo vano ese deseo

(Estribillo)

que tus ángeles te lleven
a otro lugar donde puedas encontrar otra música y todo aquello que yo no pude darte. (bis)

Visité a una gitana
en un día como este de fuerte viento para me echase las cartas y en lugar de enumerar mis carencias, arremetió contra las mujeres diciéndome lo que nunca había oído:

"No sabes la suerte que has tenido
al ser ella la que te abandone, pues no dudes que todas las mujeres son furiosas, propensas a la ira,

incapaces de dominarla
y, llevadas por la iracundia, se lanzan al hierro, a la aniquilación de cualquier proyecto tanto si es suyo como si es ajeno".

"siempre es la ira –me repitió por tres veces-
la que hace que el sexo femenino sea el sexo nocivo y con una rabia que quema el hígado,

son arrastradas furiosas,
como morrenas arrancadas de las cumbres por los glaciares cuando la montaña se hunde y

se desliza el flanco
por el lado pendiente".

Cabizbajo salí de aquella inmunda barraca.
El fuerte viento aún no había amainado. No quise creer en un mundo de fácil crueldad. Ahora miro al cielo y asumo mi parte de incapacidad para el amor.

Mi obligación como muestra
de agradecimiento es desearte

(estribillo)

que tus ángeles te lleven
a otro lugar donde puedas encontrar otra música y todo aquello que yo no pude darte. (bis) 
                                                                  Johann R. Bach