22 jun. 2013

Habrá que prepararse para el requiem de todos los bosques -desde Darnius a Cadaqués-

   REQUIEM EN DARNIUS

 

¡Oh noche!

 

Habrá un tiempo a qué negarlo,

probablemente un fin de ciclo de un acontecer eterno donde juntar el réquiem de los pájaros sobrevolando las cenizas del mundo, y el réquiem de las nubes confundiendo la luz entre sus sombras,

 

con el réquiem

de las tormentas, el de los rayos sobre los cuerpos desnudos e indefensos como en el descomunal Fukushima, y también con el réquiem de los naufragios, el de todos los genocidios, el de las tramontanas desencadenadas, el de los campos enmudecidos por la sed.

 

¡Oh noche!

Habrá sin duda que prepararse

para el réquiem de todos los bosques -desde Darnius a Cadaqués- clamando agonizantes al mundo o a la ONU, el réquiem de los gritos, de todos los gritos de todos los llantos.

 

No será necesario inventar

el réquiem de los dioses y sus sacerdotes -jefes de religiones no liberadoras- hacia su ocaso, hacia su lento y delirante ocaso, ni el réquiem de los árboles, clavados en la tierra sus sentidos, y el de las constelaciones, meteoros y estrellas fugaces.

 

¡Oh noche!

 

Afortunadamente –para nuestra psicología-

estamos fuera de esa inmensa escala de espacio y tiempo. No podemos siquiera compararnos a dos simples hormigas que serán arrasadas por una presa hidráulica mientras, ajenas a esa desgracia, se besan.

 

Pero aún en el caso de que cantáramos 

el réquiem de los siglos convertidos en polvo, un día en que lo unitario enmudeciera nuestras voces, estrangulara nuestros impulsos y el sol convertido en gigante roja descuartizara nuestro mundo, el mar continuaría estando lleno de ese color al que la piel se entrega.
 
                                                                                       Johann R. Bach

 

Cuando llegó a casa miró en el diccionario la palabra palimpsesto

    EL PALIMPSESTO DE SÓLLER                                          

¿Alguien puede imaginar a Marta G.

calificando de raro a aquel poeta o lo que fuera, que coincidió con ella en Sóller el mes pasado?

 

Al primer golpe de vista

aquel hombre de gruesas cejas, pelo abundante y extrañamente negro para su edad, de fuerte osamenta aunque algo delgado y sin arrugas en la frente, comparó a Marta Guillamón con un palimpsesto libidinoso.

 

Marta Guillamón,

sin saber qué cosa era eso de palimpsesto, se desternillaba de risa. Lo de libidinosa no era una novedad ni algo peyorativo, pero lo otro sólo podía hacerle estornudar carcajadas.

 

Cuando llegó a casa miró el diccionario

qué cosa era eso de un palimpsesto: se trata de un manuscrito antiguo en el que se ha raspado o borrado el texto para escribir de nuevo sobre él. Estuvo totalmente de acuerdo con aquel poeta:

 

Estaba dispuesta

a seguir siendo un manuscrito donde otros dedos escribieran sobre él; un manuscrito que recogiera cada rúbrica rodeada de blancas azucenas. Aquel poeta podría definirse como un snob introvertido, porque al día siguiente, "por si las moscas"  la rehuía.

 

En Sóller –según Margarida-

se conocía a aquel individuo como una persona divertida a veces, pero normalmente no se bañaba aunque cuando lo hacía iba directamente al spa y no a la playa pública.

 

Marta Guillamón dijo a Margarida

en multitud de ocasiones que las lunas de Cadaqués y Sóller eran su misma luna. Pero a la Costa Brava no llegaban turistas como aquel.

 

¿Acaso el cielo no es el mismo allí y aquí?

-le preguntaba Margarida- "La luna si es la misma, el cielo no. El brillo de los olivos tampoco –contestaba Marta.

 

No es el cielo enfurecido

–puntualizaba Marta G.- durante varios días, con la sequedad de la tramontana penetrando en las gargantas por las rendijas de los dientes;

 

en Sóller parece

que las blancas nubes, horizontales, casi detenidas, como naves helénicas con las velas desmanteladas, avanzan a golpe de remo bajo un sol ardiente.

 

¿No es el mismo sol

el de Cadaqués que el de Sóller? No. ¿Acaso no iluminan igual? En Sóller lo hace con dos horas de retraso cuando en la playa aún no hay nadie.

 

Color de otro cielo,

lluvia ajena al viento en Sóller, luz que Marta Guillamón no conoció en su infancia.

 

¡Ah esta vista que pregunta y pregunta!

Dime Margarida: ¿Has notado como la piel del mar aquí, como a veces en un espejo, nos amarillea el rostro?

 

¿O cómo este sol poniente de Sóller,

es como un ladrón que nos roba el maquillaje cada mañana? Mientras que por la tarde es tibio; en Cadaqués hace ya dos horas que se ha ocultado tras las montañas.

 

Dime Margarida, dime

si sientes que este mar, y sus rincones, no es nuestro. Aunque le llamemos Mare Nostrum no es nuestro, es de Homero…

 

¡Ay Marta!

Es lo mejor que he oído sobre este sitio.
 
                                                                                Johann R. Bach

¡Oh luna! entrelaza con tus sombras ...

  NOCHES DE LUNA CRECIENTE

 

¡Oh luna!

 

Tú que llenas la noche

de blancas figuras de héroes y reflejas los tenues rayos del sol nocturno sobre las copas de los árboles de los callados bosques mientras creces.

 

Tú que no te apartas

del tierno abrazo de los amantes y guardas en las carpetas de sombras de tiempos famosos de tus archivos de rocas brillantes en los alrededores de ríos y lagos,

 

te extiendes sobre la ciudad

donde habita un linaje corrupto, frío y maligno y los nietos de ojos limpios, sin sangre, se disponen a afrontar el futuro, deseando crecer como las mareas.

 

¡Oh luna!

 

Entrelaza con tus sombras

que suspiran sobre el cristal vacío de los lagos de alta montaña para que puedan engullir el reflejo de todos los astros y podamos beber sus aguas.

 

Cubre con tu luz

los claros del bosque  para que podamos sobresalir por encima de las infernales muecas de fogosas bestias de ásperos licopodios, abetos y amanitas encantadas.

 

Eres más fuerte

que la boca oscura de la melancolía, que la forma plasmada de grises y rosas nubes de otoño y más generosa que el manto de gotitas de lluvia que caen sobre una aldea que piadosa en imágenes morenas expira.

 

¡Escúchanos!

 

Y haz que las noches de otoño

no lleguen tan frías y chispeando estrellas sobre nuestros huesos troceados sean como monjas silenciosas que sueñan con su Orfeo.

                                                                                Johann R. Bach

 

Vienes a verme morir ...

  A LAS PUERTAS DEL ÁPEX

 

Mi amiga Alicia sufrió

una crisis aguda sicológica a causa de una inflamación del peritoneo la membrana serosa que recubre parte de la cavidad abdominal y las vísceras. Todo empezó con un proceso infeccioso a causa de una apendicitis.

 

Cuando comenzó esa peritonitis aguda

se manifestó con dolor abdominal, náuseas, vómitos y fiebre, pero lo que le afectó más fue la hipotensión, las taquicardias y la sed. La deshidratación amenazaba con provocar un fallo orgánico múltiple, o sistémico, lo cual podía llevarla incluso a la muerte.

 

Alicia no podía ni toser

sin provocar un dolor abdominal insoportable. Hasta girarse suavemente en la cama le resultaba tremendamente doloroso. En su rostro aparecieron unos granos raros llamados bizantinos que aumentaban la tristeza de sus ojos.

 

Me llamaron muy tarde

–eran la ocho de la tarde- después de llevar ya ocho días hospitalizada. Cuando llegué tenía plena conciencia y toda su inteligencia ocupada en su muerte. Ella aseguraba que no estaba triste por dejar la vida; por su ironía era evidente.

 

Aquella misma noche charlamos afablemente,

habían dispuesto una cama junto a ella por si deseaba quedarme a dormir junto a ella. No me fue difícil comprender el desamparo y el lamentable abandono que hacían de aquella habitación un lugar poco propicio para la alegría.

 

Hacía mucho calor

y la ventana estaba abierta de par en par y hasta ella llegaba el barullo del bulevar y oíamos unos cantos de estudiantes con ganas de jarana, y eso la desasosegaba, y con un esbozo de sonrisa me decía: "No los envidio…".

 

Toda esa noche estuvo, como es natural, inquieta

porque mi persona se hallaba junto a ella; por tierna que se mostrara, ¡creyó que mi curiosidad era lo único que me había llevado hasta allí!

 

"Vienes a verme morir

-me dijo cuando me vio aparecer-, y sin embargo no tiene ningún interés. Como ves, estoy plenamente consciente (eran sus propias palabras) y soy la marcha de la descomposición; todavía me quedan cuatro horas, pues las moléculas inconscientes de mi ser siguen trabajando hasta las dos de la mañana hora de máxima de mi acidez.

 

Este hipo que oyes es a pesar mío:

no sufro, gracias a las inyecciones de alcaloides -derivados de la morfina- sintéticos que me dan, es como un sueño. Moriré agotada, tal vez por un error, tal vez por una "imposibilidad social".

 

Alicia no permitía

que se disimulara ante su estado de gravedad. Tanto conocimiento y clarividencia en un momento semejante es aterrador. ¿Qué gracia es la que nos infunde el dios Hermes para vivirlo con semejante coraje?

 

Curiosamente Alicia se preguntaba

sobre quién sería la siguiente desafortunada. La muerte habita en mi espíritu –repetía de vez en cuando- porque la he visto y eso no es alegre.

 

Sin embargo Alicia no murió

a las dos de la mañana como había previsto y aún vivió lo suficiente para enviarme postales por Navidad durante muchos años. Su cuerpo se había alcalinizado al sentir que una mano amiga no la dejó marchar.

                                                                                                     Johann R. Bach

20 jun. 2013

Desde siempre fui alérgica al sol

    EL SUEÑO DE LACHESIS

 

No recuerdo bien como pasó todo.

¡fue todo tan rápido e inesperado! Me siento rara, flotando en este aire caliente y ese rayo de luz que se desliza, entre una de las rendijas de mi ataúd, como una serpiente, esa luz que me busca, será mi tortura.

 

Desde siempre fui alérgica al sol,

y, hasta aquí, dentro en esta caja, tengo que soportar la poca delicadeza de mi marido al no situarme a la sombra de los morales. Ya lo ves Sol, no poder ni aún aquí librarme de ti, oh luz, luz del Sol, del Sol de la tierra.

 

Desde aquí arriba,

desprendida de mi cuerpo, veo cómo todos se inclinan sobre mí para ver mis labios lívidos, finos, ribeteados aún por una línea blanca como si hubiera bebido leche. ¡Hipócritas!

 

Siempre creí que había un Sol distinto de los muertos.

¿Te he de soportar solamente por el único servicio que me prestas?¿tan caro cobras el indicarme si es de día o de noche?

 

La sangre se me agolpa

en las sienes formando un murmullo que no llega a ser como la música al romper las olas de los mares. No llega a ser un ritmo de descanso final, es un intermezzo.

 

Aunque pensándolo bien,

mientras te vea, luz del Sol, me seguiré viendo, desde lo alto, dentro de mi ataúd como otra persona cualquiera y seguiré sintiendo que estoy aquí todavía y ver que a pesar de mi accidente de automóvil el mar no se ha hundido.

 

¿Puede que todo no sea más que un sueño?

¿que mi despertar sea el más penoso? Noto que el corazón late muy lentamente; de forma deficiente para un ser vivo, pero suficiente para sufrir la luz del Sol en forma de calor.

                                                                                  Johann R. Bach

La mujer triste y sola ... el ser débil

           A TI, BONDADOSA MUJER

 

Entre todas las bondades de este mundo,

la tuya es una bondad innata: Una bondad endeble y tierna, inagotable; una bondad que se expande, sin arrepentimientos ni devoluciones, cuyo origen surge de la fuente de todas las cosas.

 

Esa bondad tuya es un bien sagrado,

que expande por todas partes el beneficio y la vida, la verdadera semilla celeste que germina por todas partes y que expande la vida, y el único bien aquí abajo, en un pedazo de tierra bañado por los mares, que nos otorga el derecho a decir que hemos vivido.

 

Tú, la más pobre y humilde de las mujeres,

la mujer triste y sola, aquella en la que se resume el sobrecogimiento y el dolor del harapo, el ser débil, en una palabra,

 

y que el mundo olvida,

serás siempre el ser encantador y sagrado que merece ser, que tiene derecho al mañana.

 

Haría falta que la vida marchitara tu alma

para que ésta dejara de tener encanto, dulzura o belleza. ¿Cómo es posible olvidarnos de tantos millones de sonrisas como la tuya que nos abren los brazos todos los días?

                                                                                Johann R. Bach

En tu buzón depositan sólo cartas del Ayuntamiento o del gas

  LA PROSA DE LA ESTUDIANTE DE LETRAS

Cuando miras la televisión

tienes la sensación de observar una naranja, durante horas y horas y al final no puedes recordar ni su color.

 

Prefieres leer los clásicos

de la literatura griega, y cada uno de ellos te resulta una balsa salvavidas en la que, sola en mitad de un mar en calma, te encuentras a gusto.

 

En tu buzón depositan

sólo cartas certificadas del Ayuntamiento o de la compañía de gas, aunque de vez en cuando recibes algún escrito que te sitúa en el mundo real como el de mi hermana Sylvia:

 

Yo, Sylvia Martínez Folch

una modesta monja de clausura cuyo dios descendió a la tierra perturbando mi natural soledad

 

C E R T I F I C O

 

Primero: que estuvo

reunido conmigo durante tres horas en el huerto del Monasterio –lo cual me hizo muy feliz.

 

Segundo: que con humana humildad

me confesó estar preocupado por el camino emprendido por los hombres: habían cambiado las buenas formas del ser por el simple parecer ser.

 

Tercero: que no era verdad

que Electra hubiese trabajado en una cooperativa ni que Orestes estudió farmacia, ni siquiera acabó el bachillerato.

 

Cuarto: que tampoco Clitemnestra

llevaba un sombrero azul el día de la boda de Agamenón; y, la insolación que pilló es porque estuvo bronceándose en la playa.

 

Quinto: lo único que es verdad

es que Egisto no paraba de fumar aunque hizo un reportaje fotográfico fenomenal esculpido en tablillas de madera; y

 

que el único que sufrió

un ataque de cuernos fue Menelao cuando Paris, en contra de su voluntad, pagó el café y las copas.

 

Sexto: que cuando volvieron a la ciudad

después de la boda, ya muy entrada la noche, iban todos borrachos, con documentos de identidad falsos y los bolsillos vacíos. Sólo Baco y Aquiles permanecieron sobrios durante todos los festejos

 

Séptimo: La prima-hermana

de la diosa Ociosidad y causa concomitante que va mano a mano con ella, la ninfa Soledad, se mostraba excesiva;

 

como un síntoma

en su fase coactiva o forzosa. Entretanto, en los pómulos de Sócrates se iban apretujando los años como murciélagos en su cueva.

 

Finalmente se fue

dejándome sumida en un mar de dudas aunque, según Descartes, no puedes dudar de que estás dudando.

 

Realmente hay que reconocer

que vivimos en el mejor de los mundos, porque a pesar de todo, milagrosamente aún funciona.

 

Mira como entra en la habitación

la luz descalza y el olor del café se desparrama por el aire calentado durante toda la noche por tu propio aliento. Hasta la cama sube su desnudez.

                                                                               Tulia M. Folch

19 jun. 2013

A los sesenta años se hizo por primera vez con un esqueleto

HASTA LOS VEINTIOCHO HIZO LO QUE QUISO

 

Cuando arrancó en su carrera

con fuerza y con potencia, distaba de haber encontrado su leguaje, su técnica.

 

Lo tenía todo para sorprender:

audacia, rigor, originalidad, temperamento, pero nada de lo que le fala adquirir poco a poco para ofrecer su llama lírica en total plenitud.

 

Hasta los veintiocho

no hizo otra cosa que lo que le dio la gana, así como ofrecernos sus primeras extravagancias de talento que sorprenden, atraen y captan las miradas.

 

Sin duda, sabemos cómo llegó a dar de qué hablar.

 

Fue después de algún viajar

cuando se encontró a sí mismo. Tomó del natural unas notas precisas y, a partir de los efectos variados y múltiples del paisaje creó unos documentos que le servirían para siempre.

 

Con genio ardiente, vehemente,

agitado en toda su obra por la pasión, empezó pintando la condena, la peste y los choques revolucionarios aunque más tarde se vio obligado a moderar mediante la representación temas más reposados.

 

A medida que cumplía

con la realización de su obra, en el transcurso de su bulliciosa carrera, llena de amoríos, tiende cada vez más a hacer su dibujo mediante una representación más rápida y eficaz del cuerpo humano;

 

al principio es necesario un estudio

atento del modelo: el robusto y poderoso relieve que obtiene es testigo de ello, pero será más tarde cuando se preocupe por la osamenta, por la configuración propiamente dicha, y cuando se fije en lo que el hombre detenta de permanente y esencial.

 

Se dice que fue a los sesenta años

la primera vez que se hizo con un esqueleto. Entonces confiesa que si le  fuera posible iniciarse de nuevo en el estudio de la pintura, empezaría por ahí.

 

El magnífico dibujo que hizo a lápiz

para la decoración de la Cámara de Diputados, Educación de Aquiles, demuestra claramente que entonces tenía el sentido representativo del cuerpo humano mucho más desarrollado que en su juventud;

 

asistimos al movimiento de la vida misma,

como si palpitara bajo una epidermis de cristal.

 

Éste es un rasgo singular en él:

a medida que analiza la naturaleza, la escruta y la descompone, no pierde en ningún en ningún momento el sentimiento tan intenso y vivo que tiene de la vida, de la pasión, pues siempre tuvo la capacidad de crearla; de ahí su poder.

 

El don vital

es el motor constante que le conducirá de una obra a otra hasta llegar al final.

 

¿Alguien duda a estas alturas

que estemos hablando de Delacroix?

 

                                                                                 Johann R. Bach

Cädaqués ya no es bilingüe

 LAS PALABRAS EN ROMA TAMPOCO SON ETERNAS

                  

Roma ya no es la ciudad eterna

ni Paris es el París que yo viví, ni Cadaqués es ya el pueblecito de Salvador Dalí o el bucólico refugio de pescadores donde yo nací.

 

La casa donde vivíamos cambia cada año de actividad, ora es un taller de algún artista que quiere disfrutar del ambiente marino una temporada, ora es un bar cotizado con una terraza frente al mar.

 

Cadaqués ya no es bilingüe,

sino multiparlante a pesar de ser cuna de toda la península del Cap de Creus uno de los focos culturales del espíritu Empordanés.

 

Sin embargo la palabra es tozuda.

Hablamos de la palabra que un ser humano guarda como de su misma sustancia, aunque la aprendiera o la formara él mismo un dia.

 

La que no se dice porque al decirla

la desdeciría también al darla como nueva o al enunciarla, como si pudiera pasar; la palabra que no puede convertirse en pasado y para la que no se cuenta con el futuro, la que se ha unido con el ser.

 

Y en el firmamento,

algunas constelaciones o estrellas brillantes sólo parecen guardar alguna palabra y custodiar por ella, con ella, la inmensidad inconcebible de los espacios ocupados sólo por diminutos clústers de luz, los vacios y oquedades del universo, vigías del Verbo.

 

Las palabras

parecen haberse fijado con la misma quietud del universo, y, sin embargo, … ¡se mueven!

                                                                                              Johann R. Bach

18 jun. 2013

La vida late en el reloj solitario de mi estudio

                        EL CAFÉ (Coffea cruda)                                                          

Aroma de café y risas

 

En Gràcia, esta medianoche en la plaza,

todo pasa según lo que habíamos previsto: La vida late en el reloj solitario de mi estudio y en esta página, que me hace compañía este sábado, por donde se me deslizan los dedos; imprime, mientras las notas del teclado rompen el denso silencio.

 

Respiro profundamente,

miro por la ventana, admiro, aspiro, la perfecta disposición de las estrellas en el cielo:

 

(recuerdo a mi madre,

mirando las estrellas), y algo más cercano aún y más sutil, sumergido entre las sombras y que penetra la soledad fría, delicada como una música de piano, y un ruido de terrazas, con gente feliz y ausente de donde me llega un elástico fluido y el aroma de café envueltos en risas y humo de tabaco.

 

A través de los claros de los árboles

los hilos blancos chorrean plata dejando tras de sí huellas brillantes y proyectan sombras chinescas en las paredes llenas de cuadros que todo lo saben, y ... callan.

 

Así mismo vuelven a mi mente

pensamientos que me traen la memoria de alegres cenas llenas de tu presencia.

 

Cierro los ojos poco a poco

esperando el regreso de los tuyos, tu sonrisa tu preciosa sintaxis y tus azucenas de cinco pétalos.                                   

                                                                                                   Johann R. Bach

 

Alfredo era un panadero que trabajaba diariamente unas 12 horas. Tomaba café negro en vaso  de unos 200 ml varias veces al día para mantenerse despierto en su trabajo nocturno. Él se definía a sí mismo como como una persona desquiciada. Era muy nervioso y muy delgado mientras que sus huesos delataban una fuerte constitución.

 

Llegó un día en que no podía tocar un plato, una herramienta, o cualquier cosa debido a una hipersensibilidad en el tacto; como si le dieran calambres al tocar los objetos y delante de los ojos veía una especie de relámpagos. Sus males se curaron con una gota de café diluida en un vaso de agua.

 

 

Úrsula trabajaba en una ferretería de la que era, junto a su hermano, propietaria del negocio heredado de sus padres. Empleaba muchas horas en el establecimiento comercial y no podía ocuparse demasiado de su hija que era hiperactiva. Normalmente la hija obtenía notas muy bajas en la escuela por lo que Úrsula decidió ponerla en tratamiento homeopático.

 

Al cabo de dos meses la profesora de la niña la llamó para hablar con ella. En la entrevista la maestra le dio la buena noticia de que su hija había mejorado tanto sus calificaciones que no entendía como se había producido aquel milagro.

 

Úrsula salió temblando de la reunión y sus piernas no podían mantenerla en pie. Su temblor era tanto externo como interno. El saber que su hija ya se comportaba como una persona "normal" en clase le había alterado su sistema nervioso. Llamó a su médico homeópata que le aconsejó que se tomara una gota de café diluida en un vaso de agua. Úrsula, con esa gota de café recuperó su habitual aplomo.

 

María, hipertensa desde hacía tiempo, estaba celebrando con su familia el cumpleaños de un hijo suyo en una terraza junto al mar. Tomaron unas cuantas tapas marineras. Luego al compás de las olas del mar disfrutaron de una excelente paella y con las bebidas correspondientes todos saciaron su sed y finalmente todos completaron su opípara comida con un aromático café. De repente María se puso malísima: la tensión se le disparó y su malestar fue curado tomando una gota de café diluida en un vaso de agua.

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El café exacerba la sensibilidad de los sentidos, despejándonos por la mañana antes de ir al trabajo aunque, todos lo sabemos, crea nerviosismo, ansiedad, insomnio, dolor de cabeza como si tuviéramos un clavo clavado en el cráneo, etc.

 

Algunos de esos efectos los consideramos positivos porque nos ayudan a estar despiertos en la carretera o para una mayor concentración en el estudio. Así consideramos positivo el aumento de agudeza visual que se produce con la ingesta de café. También valoramos positivamente que el gusto de los alimentos se haga más nítido.

 

Sin embargo ya no nos gusta tanto la hipersensibilidad olfativa porque se nos hace difícil soportar los olores de una cocina o el viajar en un automóvil de un fumador, etc. Tampoco consideramos como positivo no poder dormir a causa de los ruidos de los vecinos… Pues la hiperacusia también se debe al abuso del café.

 

Podríamos resumir diciendo que el café diluido puede curar

             La exaltación de los sentidos

             Los malos efectos de las buenas noticias

             El nerviosismo

             El insomnio

             La irritabilidad

             Dolores intolerables

             Angustia y ansiedad

             Hipertensión

             Dolor de oído

             Acidez de estómago

             Preventivo de la afonía de los cantantes (mediante enema)
                                                                     Johann R. Bach

Un solitario bajo el cielo gris

    EL MÉDICO SOLITARIO

 

La fina lluvia hace desistir,

a los clientes habituales, de tomar un café en las terrazas y la plaza está vacía.

 

Un solitario bajo el cielo gris

atraviesa la callada mañana, con la mochila de cuero en la espalda y unos enormes auriculares puestos. Es el chico confundido que despierta de los sueños. Gris su rostro en el aire húmedo se disuelve.

 

Con los pelos extendidos llora

resignadamente sin recordar que fue estudiante de medicina como si esa etapa alegre de su juventud se hubiera diluido en miles de dosis de alcohol anuales,

 

Su mirada perdida

atraviesa la ventana, ojo inmóvil entre rejas; y, como en un dulce viaje a través de un lago ve cómo se besan, prodigiosamente, dos amantes.

 

Con movimientos lentos

su rostro lívido sonríe en el vino el horror de la muerte grapado a la cara de los enfermos. Pero su condición de médico no se limita a la mesa de oficina de su consulta.

 

Una monja orando herida

y desnuda ante los ojos del galeno Salvador entrega su cuerpo a la ciencia para salvar su alma. Le pide que la libere de todos los diablos del alcohol aunque no ignora que la bata blanca que la examina huele a cerveza y miel.

 

Esa Madre Superiora canta

bajito en el sueño. Plácida mira por las noches la botella de Cognac como si fuera su hijo; con ojos que son todos llenos de verdad.

 

Resuenan carcajadas en el prostíbulo

al oír la historia, una de tantas, del Monasterio y en el sótano junto a la luz de sebo las prostitutas  pintan con su blanca mano un sardónico silencio en la pared.

 

El médico solitario medita

sobre la mesa del bar; y, con un vaso de cerveza ya vacío en su mano continúa con su murmuración monjil. Es como los demás: un personaje que llena con su presencia el paisaje.

 

                                                                                      Elisa R. Bach