24 sept. 2013

Con un abrigo gris sobre mis piernas

          HIPOCRATES

 

Con la mirada en un cielo distinto

visto con la distorsión del parabrisas y las gafas de sol y el pie en el gas sentía la presencia del amor en la silueta del asiento de al lado.

 

El rosa y el violeta apuntaban en el horizonte

sobre la niebla que pegándose al asfalto se negaba a desaparecer ante los primeros hilos de luz.

 

Era inevitable pensar en las lluvias torrenciales

del mes de septiembre del 62 que causaron cientos de muertos en los barrios humildes de la poblaciones cercanas a Barcelona y en la posterior gran nevada justo el día de Navidad de aquel mismo año.

 

Pensé en las cartas que te envié

durante aquel septiembre del 68 tras los acontecimientos de aquel mayo en París y el agosto de Praga. Todas eran cartas de amor escritas en letra pequeña para aprovechar el papel.

 

Serpenteando lentamente por la carretera,

reflexioné sobre el origen de la mayor aventura de mi vida: mi padre perteneció en su forma de pensar a "algo" parecido a la célebre escuela de los Asclepiadeos (Asclepios dios de la medicina, Esculapio en el mundo romano), que transmitían de padre a hijo el arte de la medicina.

 

Recordé cómo después de aquellos meses en Suiza

me incorporé a la facultad, al manejo del bisturí y a las suturas, cómo me deslizaba sobre las calles adoquinadas y llenas de vías de tranvía con mi Vespa y mi jersey de lana con cremallera y cuello alto

 

Con un abrigo gris sobre mis piernas

y guantes de conductor de esos que asoman las puntas de los dedos combatía el frío compensando la pobre calefacción del motor.

 

El auto rodaba lentamente

mientras con la mirada puesta en un cielo distinto –nunca el cielo de un día es igual al de otro día- buscaba aquella imagen que creí ver cuando sólo tenía siete años.

 

En aquel tiempo mi padre solía decirme

que Dios estaba sobre nosotros tan cerca como el techo del cielo. Ahora sé que no tiene cara, pero entonces buscaba sus ojos entre las nubes mientras le acompañaba a sus visitas domiciliarias.

 

Miré el volante, el salpicadero, la guantera…

sólo añoré el botón con la típica e histórica "S" de "starter". Igual que en los tiempos de Hipócrates ahora era yo el que conducía y visitaba enfermos.

 

Heredé de mi padre todo lo que pude.

                                                                                  Johann R. Bach

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Si deseáis ampliar conceptos sobre Hipócrates, Mary García tiene un excelente trabajo sobre él en su Blog.  Clicad para acceder a ese excelente trabajo en el siguiente link  

 

NEUROLOGIA Y ARTE(EL ARTE DE LA MEDICINA)

http://cerebroefectivo13.blogspot.com/2013/09/neurologia-y-arteel-arte-de-la-medicina.html

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