28 sept. 2013

Cobrar vida como una estatua con un soplo divino

El entusiasmo se asoma al Mundo de los Sueños

 

El invierno aún no ha llegado

a las puertas del barrio. Hemos oído en la radio que en el Pirineo ha caído una nieve aún demasiado tímida, pero pronto se ha fundido. Ellos –los vigilantes de las nubes- dicen que es agua nieve con algo de color blanco. 

 

En cierta medida es como una metáfora

que cobra vida como lo podría hacer una estatua con un soplo divino. El otoño lo vives en el barrio con cierta alegría y es que en realidad no ha sido, nunca para ti, una estación triste.

 

Los colores que adopta

la vegetación que trepa por las paredes se enciende y es tan diversa que tus ojos se alegran a cada paso. Y de noche la luz de las farolas no hace más que resaltar los latidos de esos mínimos corazones que se aferran al entusiasmo de los muros del barrio.

 

Piensas, meditas,

tu corazón late y recibes como la alegría del primer café de la mañana todos los sueños. Mater Amabilis, por ejemplo, ha soñado que te daban el Premio Nobel, pero no de literatura sino el de física: tus poemas han conmovido a los científicos, les ha ablandado el corazón.

 

En su sueño te daban el Nobel de Física y Química: habías logrado que el titanio de sus esqueletos volviera a los valores de referencia y las médulas óseas -rojas y amarillas- de sus columnas vertebrales resbalen de nuevo en su interior desde el cerebro hasta el coxis.

 

Se habían ultimado ya

los preparativos para la ceremonia de entrega de los premios; Monika Wolf, La Profe de Mates y ella misma –Mater Amabilis- se habían sentado en los sillones contiguos al rotulado como Elisa Bach.

 

La pretenciosa R. de tu nombre había desaparecido (los miembros del Jurado de la Academia de Oslo creían que era la "R" de Rilke). Ataviados con su conservadurismo veían demasiada osadía porque además no les gusta nada la "R" de revolución o de resentimiento o de rabia o la de simple Recuerdo.

 

Radiantes, con vestidos

creados expresamente para la ceremonia en el establecimiento de Louis Vuitton de Les Champs Eliseés allí estabais en representación de Andrés, Yogui, Palas Atenea, Octavi, Lidia, Santi, … y tantos otros que habían hecho posible el premio.

 

La Profe de Mates

con un vestido verde esmeralda y un collar de perlas haciendo juego con sus pendientes, y tú misma como la señora Mater Amábilis vestida austeramente de azul marino con su bolso bien compaginado con sus zapatos rojos, y, Monika Wolf cubierta con un vestido largo de color turquesa y su diadema de rubíes, erais las auténticas protagonistas de un mundo de sueños y poesía.

 

"¡Ah no! De ninguna manera –dice Monika a la prensa- la poesía es mucho más importante que la física; nosotras valoramos más un verso que te llega al alma como un rayo de luz que ha viajado millones de kilómetros antes de llegar a nuestra retina que todas las ecuaciones parcialmente falsas del mundo que no ve más que materia endurecida.

 

Escribes el sueño en tu cuaderno

y bajas las escaleras de Fontana. Esas mismas que Monika Wolf subirá para dejar atrás las profundidades del metro como si del Inframundo se tratara.

 

Sabes que no volverá la vista atrás,

que observará las caras amarillentas de los que bajan aunque no sepa sus nombres ni las lenguas que hablan. Como Perséfone lleva en la mochila su primavera.

 

Monika Wolf, y Maestra de los Ecos

-a qué negarlo-, aspirará el olor a romero y a clavo del barrio como si todo el aroma del Lago de los Sueños corriera por la calle Verdi arriba. La Profe de Mates le deseará suerte y Mater Amabilis la acompañará en su recorrido por galerías de arte y librerías.

 

Esta noche volverás a mirar

las estrellas cargadas del brillo de años para intentar comprender por qué en realidad el Mundo de los Sueños no ha hecho más que empezar. 

                                                              Johann R. Bach

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