28 dic. 2013

Berlín: Lugar donde el desierto y el exilio recobran su señorío

YO, HUGUET Y MIS ATREVIMIENTOS

                                                                   Estatua del Treptower Park

 

YO, HUGUET

 

No sé si estoy,

metido hasta el cuello, entro o salgo de un sueño kafkiano o si en realidad floto por encima de las nubes contaminadas por ácidos proteicos.

 

Pero en todo caso,

sea lo que sea, lanzo al vacío, como una bomba de vacío, todos los fragmentos que aún funcionan de mi memoria:

 

Yo, Huguet,

hijo de un modesto empleado de correos y nieto del Director de la Banda de música de Schöneberg, llegué a aquí a Friedenau esperando hacer la América.

 

Yo, un oscuro químico

lustrado ahora por la sal de Siemens, inventé esa ficción: el Centauro volador, cruce de animal soñador necesitado con nativas de la zona.

 

Inventé el futuro, el futurismo. La Naranja.

 

Me cagué en su mecánica,

la Torre Eiffel, esa ciudad amanerada: París.

 

Aprendí palabras ásperas:

Schwein, tot, scheisse, Schlempe1 (yo que caminaba delicadamente como si jugase al tenis, yo, cuya vida era un campo de golf), copié y apliqué el sistema Bach (que nadie conocía por aquí).

 

Tuve mano amable,

tuve mano de obra (barata). Comencé por conquistar Fregestrasse

(dreiunddreizig)2 y ahora me pudro en las Aguas del Tiempo.

 

Yo, que me horroricé

cuando escuché que estos teutones llamaban"ACIDS"(3) (en su acrónimo) a las relucientes máquinas, trituradoras, de alimentos llegados de todas partes del mundo porque les recordaban el ruido de los puercos al comer.

 

Establecí un Orden,

una jerarquía en el Caos: de un lado los del Oeste y administradores, del otro, los hombres y las bestias4.

 

Yo Huguet,

que puse un toque de delicadeza,de civilización en estos páramos de Grünau: Al espejismo de los oasis de Köpenick y Treptow opuse chaflanes de 10 metros(5), rehabilité cientos de pisos, una iglesia…,

 

también recuperé

el viejo Regatta 36(6) para que estos bárbaros escucharan música un viernes cada mes no el rumor sempiterno, monótono de las arenas del puerto casi abandonado.

 

Yo, que me la creí completa

y se la hice creer a medio mundo: "El salitre berlinés es el mejor del orbe": nitrato de sodio y otros nitratos cubiertos por mares de árboles,

 

"El salitre berlinés disponible para todos: Es natural"

 

Yo, que me convertí en Santiago,

Santiago Huguet, tuve en mis manos el Oro, el Oro Blanco de tus dientes, el Monopolio de tu piel.

 

La Dama de Friedenau

me confirió, haciendo uso de su Erótica Potestad la Orden Oficial de La Berliner Eichentor7.

 

 Yo, S. H. ...,

 

cuyo nombre desaparece

bajo la formidable leyenda y las casas modernistas de Alt Treptow, extiendo mis raíces dieciséis metros bajo tierra, mucho más profundamente que los 42 metros cuadrado del "souterrain" del número 2 de la Pudestrasse8 y no encuentro agua.

 

El desierto y el exilio recobran su señorío. ~

 

                                                                 Johann R. Bach

 

(1)     Palabras soeces alemanas: cerdo, muerto, mierda, guarra.

(2)     Número 33 el número de la calle Fregestrasse, cómo reafirmando la hospitalidad para aquellos que la requieran.

(3)     ACIDS: acrónimo (en alemán) peyorativo de aquellos que viven de las subvenciones.

(4)     Ciudadanos de segunda a los que se les pone un plato en la mesa como el pienso a los animales.

(5)     Los chaflanes en Berlín miden tres metros porque los autos no necesitan, debido a la amplitud de sus calles, tener mayor visibilidad. En Barcelona los chaflanes cortan las esquinas con un triángulo isósceles de 7metros x 7 metros dando un lado de 10 metros.

(6)     Regatta 36 es el nombre del restaurante sito en esa calle y en ese número, joya histórica hoy, -ya deslucida- de los tiempos de las olimpiadas.

(7)     La Berlinesa Puerta de los Robles: Nombre del proyecto destinado a proteger los robles de la antigua carretera que iba desde Potsdam al centro de Berlín proyectada por el mismo arquitecto que diseñó La Puerta de Brandemburgo.

(8)     Lugar donde el autor de este poema diseñó una especie de loft.

 

27 dic. 2013

Todo lo asume el fuego y lo consagra.

       EL ROBLE DE GOETHE ARDIENDO

    

Derrotado de luz,

como un poeta al que tan sólo el tiempo ha derrotado, cae al fin el roble como un cuerpo al infinito fragor de su penúltima batalla.

 

Y es un cadáver vivo

que aún conserva la mansedumbre triste de los seres destinados al fuego, la nobleza de haber visto en sus ojos tanto cielo.

 

Derrotado su afán,

al fin, su tronco -y sus extremidades las ramas- será dios en la hoguera más humilde y alzará en su agonía una oración con que arrojar la luz que tantos años atesoró su madera: grito eterno que

 

hará voz del silencio,

como un coro en el viento solemne de la noche. Y al incendio de todos sus recuerdos acudirán las bocas de otros cantos como en Navidad los villancicos,

 

acudirán los nombres

que ya nadie pronunciará por él.

 

Y esta guerra

será al fin su victoria más temida. Será su vuelo manco hasta la tierra donde ya duermen todas sus raíces.

 

Todo lo asume el fuego

y su ceniza será fría en el mármol de su tumba como esa noche gris que ha consumido toda su luz ardiendo con su cuerpo.

 

Todo lo asume el fuego y lo consagra.

 

Todo lo purifica la llama

y en el humo su luz de nuevo buscará otra sombra que habitar en silencio, otra morada donde dioses antiguos ya le aguardan.

 

                                                      Johann R. Bach

26 dic. 2013

Ya sólo nos queda recordar el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera


KATRINA BLUES

¡Katrina!

Nunca dejaste caer tanta agua
sobre esta ciudad.

¿Qué pretendes hacer aquí, donde es tanta la indigencia, y son tantos los seres que, a pesar de todo, creen en la música

único bien que poseen
en este New Orleans ya lleno de penas?

¿Qué vienes a hacer sobre estas casas,
en las que no estamos seguros ni ante nuestra propia vida, en las que vivimos como fugitivos junto a la huida, que ha entrado con nosotros?

¿Qué has venido a hacer Katrina
sobre nosotros, que estamos cansados y hemos dejado nuestro coraje fuera, en calles inundadas, asustadas?

¿Qué quieres de nuestros pequeños huertos,
que son más viejos que el más viejo de nosotros?

¿Tienes algún recado
para las cenizas de quienes hemos resistido, harmónica en mano, a tu huracanada violencia?

¿Por qué interrumpes
la melodía de todos esos viejos en su recordar inacabable? Los niños se han despertado y se sorprenden, y

hay como una cólera
en el aire que la madre no puede disipar. Ella estrecha los pequeños rostros, uno tras otro, sobre sus rodillas, pero cada rostro sabe y ya nada podrá ser como antes.

Había vida en New Orleans
y en los intersticios de la muerte antes de que tú vinieras. Sí, mucho antes de que llegases junto a nosotros había ya

dolores de todos los tamaños
y música de blues como única fuente de felicidad.

Ahora ya sólo nos queda recordar
el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera mezclándose con las notas roncas de nuestras voces como un contrabajo desafinado.

Con todo el blues no traza fronteras
ni límites frente al bien y el mal, y frente a lo desconocido y sigue ahuyentando a los fantasmas en los espacios vacios, en nuestras habitaciones y a medianoche.

                                                          Johann R. Bach

25 dic. 2013

Si tan fácil es nacer ¿por qué no nacen las uvas más que a la luz de un junio...?

LAS UVAS Y SU NAVIDAD

 

¿Cómo podrá saber su afán el racimo?

¿Y cómo qué cantidad de luz necesita y por qué se oculta bajos las hojas de la parra?

 

¿Cómo resiste el relente

en la oscuridad de una noche tan ciega que acaba por consumirse y finalmente el brillo de su piel se confunde con el alba?

 

¿Cuántos olivos y almendros

han de agitar sus ramas sobre el viento para crear de nuevo lo creado sobre otra plenitud más acabada?

 

¿Cuándo el tejo sabe

que una de sus ramas variará su tropismo para hundirse en la tierra como un esqueje milagroso y dar paso así a su eternidad?

 

Si es tan fácil nacer,

¿por qué no nacen las uvas más que al alba y la luz de un junio y las estrellas sólo en la noche clara que las llama?

 

No necesitan nada:

son creadas, sólo su afán les vale la existencia, sólo su soledad, porque nacieron tantas veces seguidas de tantos veranos, que una más es su vida.

 

¿Quién las nace,

cómo pueden saber cuál es el septiembre entre todos los meses del año, cuál es el tributo que han de entregar a los gorriones, cuál es la muerte al fin, cuál es la palabra que las ha de convertir en la sangre de La Navidad?

 

No necesitan nada,

simplemente despiertan y al final de la primavera amanecen como el chirrido de un gallo de veleta que siempre anuncia al viento y lo reparte y es el alba otra vez y es la existencia.

 

Pero aun así los junios no se juntan:

¿cómo podrá saber su afán el racimo?

 

                                                                             Johann R. Bach

24 dic. 2013

Mi alma estaba llena de sangre y hierro templado al aceite, de fuego y veneno

EL OTOÑO DEL GUARDIA DE LA REVOLUCIÓN

 

No es imposible que me haya hecho viejo:

la ceniza ha inundado mis sienes. ¿Es eso una señal inequívoca que la vejez que trepa por las piernas como la hiedra ha llenado de arrugas horizontales mi frente?

 

Sí. También a mi espíritu

le tiemblan las manos, le salen canas y las sílabas brotan ya lentamente de sus labios.

 

No siempre fue así.

 

Hace muchos años,

mi alma estaba llena de canciones de amor y guerra: estaba llena de sangre y hierro templado al aceite, de fuego y veneno, de deseos de revolución y venganza;

 

pero todo eso ya no tiene ningún sentido.

 

En algunos momentos,

eso que, a falta de otro nombre, sigo llamándole alma se llenaba sin reservas de cualquier tipo de esperanza.

 

Sí, sí la esperanza.

 

Me servía de escudo para hacer frente

a la herencia que me dejó la noche oscura y el vacío. Y me sirvió –creo- a pesar de que en sus dos lados no había nada en el vacío.

 

Fue así: el vacío consumió mi juventud.

 

Yo no sabía que perdería mi juventud.

Creía que la juventud resistiría fuera de mi cuerpo en las estrellas, en la luz de la luna, en las mariposas moribundas del amanecer,

 

en las flores en medio de las sombras,

en las palabras de mal presagio de la lechuza, en la sangre y en el lamento del cuco que canta a principios del verano,

 

en la incertidumbre de la sonrisa

o en la danza triste de un mínimo corazón de un caracol.

 

Y a pesar de lo imprecisa,

fría, triste y remota que fue, mi juventud ha sido, a pesar de todo, una juventud como la de tantos y nada más.

 

¿Y por qué ahora esta soledad?

Siento que la noche me responde: porque… la juventud de las otras cosas, la juventud que ya no está en ti, también se ha perdido.

 

Toda la juventud del mundo,

¿también se ha perdido?

 

No tengo otra opción:

la carne que abriga mi cuerpo se mudará en la noche en medio del vacío y dejaré tirado en tierra el escudo de la esperanza.

 

Sí, mi alma se siente sola y abandonada.

Y, sin embargo está a salvo de todo peligro.

 

En ella ya no hay odio

ni sed de venganza, suena en mi interior una música como arrancada al piano de Chopin y revive en mi rostro una cierta sonrisa como extraída de la sugerente trompeta de Dizzy Gillespie,

 

Todo es color, sonido.

Sólo me queda ya, esperar -en éstos, mis últimos años- que la música alcance al mismo tiempo que la ceniza, suavemente mis sienes.

 

                                                                                     Johann R. Bach

 

Medicinas para acompañar la Navidad

Es Navidad también

en el espacio exterior

 

En la Sala Social del hospital

a hora convenida se llenó de jilgueros eufóricos; con música,  bajo por la escalera y subo por la rampa trasera para dejar en el armario de recepción mi segunda piel de cuero.

 

Oía sus cantos y encuentré

a todos transformados en Einsteins, Kants, Laplaces, Cauchys… Se alternaban en diálogo biólogo-semiótico sobre numerosas estrellas, entre caviar y vinos, con música de vals de fondo.

 

Hablaban con dulce encono

de la capacidad respiratoria del Tiranosaurus Rex  y otras criaturas antediluvianas perdidas en la noche auriñaciense

 

Y todos en gramática armonía

estaban convencidos de su brillante futuro como científicos que apenas habían superado los ochenta años.

 

Desdeñé las galletas,

pero no al anfitrión de apenas ochenta y dos años, maestro de la poesía y del amor.

                                                                             Johann R. Bach

 

Durante muchos años me obligaron a vivir la Navidad como una obligación, como una fiesta necesaria, como una fecha en la que todos debíamos participar de una manera u otra. Yo me sentía agobiada como otras niñas, pero no podía ocultar mi disgusto. La melancolía se apoderaba de mí año tras año y la música de los villancicos invadiendo las calles se me hacía insoportable.

 

En alguna ocasión llegué a pensar si ese ambiente se produciría también en Marte. Ahora puedo afirmar que sí; que el día que el género humano colonice Marte también se celebrará la Navidad. Existe –creo- una necesidad de una fiesta de vez en cuando para romper la monotonía y hacer que la gente no se sienta tan sola, aunque sólo sea puramente formal. La fiesta de fiestas es la Navidad u otras fiestas coincidentes en esas fechas. Es una referencia que ha quedado impregnada en la humanidad sobre todo si hay vino y manjares a la vista.

 

El Hospital tampoco ha escapado a esa costumbre. Es más, todo el personal la espera porque supone un relajamiento en la disciplina del trabajo y en la que muchos la aprovechan para romper algunos límites del comportamiento regulado estrictamente.

 

Los niños hacen su propia fiesta, programada con gran cuidado al objeto de lograr con ella una mayor socialización futura. Se les enseña a preparar juegos y a participar ampliamente en su planificación aunque sigue habiendo niños que se tornan melancólicos frente a la alegría artificial –a hora convenida- porque el día y la noche han perdido sentido en este espacio.

 

La celebración de la Navidad en el Hospital produce los mismos efectos de siempre: indigestiones debidas a las comilonas, insomnio por exceso de acidez con "noches" completas en blanco o despertares con náuseas a las tres de la "mañana". A nivel psíquico en general –por consumo de alcohol- se producen situaciones de euforia colectiva, pero también melancolía en espíritus rebeldes y sensibles a los excesos de ruido y/o algarabías.

 

Yo intento ser diplomática con los mayores y amorosa con los pequeños. Empleo mucho más tiempo jugando con los niños que "discutiendo" con los mayores.
 
(del cap. 33 de la novela "Niños a la Deriva" de Johann R. Bach)

 

Medicinas para la Navidad

 

Después de una gran comilona: LYCOPODIUM

Despertar a la 3.00 h. con náuseas: KALIUM CARBONICUM

Exceso de alcohol: NUX VOMICA

Tristeza por la desaparición de un ser querido: IGNATIA
Noches en blanco: LUESINUM

Ojos que, creyendo inventar el día, habéis despertado al viento ...





ANTE ESE GRAN BAÚL 
LLAMADO GOOGLE                

                                                                   Cuadro de Seraphine Louis



¡Oh Google!



Ojos que, creyendo inventar el día,

habéis despertado al viento que arrasa a todos los que enviamos mensajes embotellados como los del náufrago: sin esperar respuesta.



Millones de ojos curiosean

el interior del Universo, fractales que se mueven en reducidos espacios como hormigas en la sombra de un almendro y que si se asoman a la ventana mágica van a deslumbrarse ante ese par de oes de tu nombre.



¿Qué puedo hacer por ti si soy el olvido,

ignorado en mitad de tu océano de Blogs?



                                                               Johann R. Bach

23 dic. 2013

la sensibilidad, ayer árida y seca, retoma la vida, su resonancia de antaño, ...

LA MAQUETA DE CADAQUÉS EN CHINA

 

¡Cadaqués! ¡Cadaqués!

Es el grito de un chino al frente de un grupo de arquitectos y fotógrafos cuando miran el mar desde la pequeña playa frente al Casino.

 

De entrada no ve nada:

una pequeña alfombra de arena gruesa, unos olivos bajos escalando la montaña y cuatro pinos mal contados sobre las rocas bañadas por el mar por todo entorno de un pequeño pueblo.

 

Aunque vaya en grupo se siente solo,

casi perdido; asombrado, se acerca con expresión de sorpresa a la iglesia de donde sale música clásica de algún concierto de los muchos que acoge.

 

Allí se queda prendado

ante las blanqueadas casas, ordena fotografiarlo todo, luces y sombras, incluso el cielo cobalto.

 

¡Estoy tan solo aquí –exclama-

en los confines del Mare Nostrum!

 

"He atravesado el Mar de la China

cientos de veces y nunca vi esta bellísima combinación de cuadritos de vichy en un paisaje".

 

"No sé si la música sale de la iglesia

o es que sube con las olas desde el mar porque el mar está ahí, magnífico, imponente y soberbio al tiempo que se extiende plano hasta el horizonte".

 

"Tengo el encargo de copiar

fielmente este pueblo y su pequeña playa, cuyos lindes embragan con la mar misma, con el día y la luz, con el resplandor cambiante de olas argénteas".

 

"Los poetas de mi país –la China-

habrían de venir aquí para sentir en estas costas la soledad profunda y los músicos faltos de semitonos deberían escuchar esta armonía".

 

"Copiaremos, sí, este rincón homérico,

situaremos su maqueta en el mejor lugar de la costa china, aunque hay determinadas cosas del corazón que hay que sufrir y comentar en silencio".

 

"Vienen y se van. Dejan huellas profundas.

Cuando el tiempo las ha tocado con su sombra, se convierten en una suerte de engrandecimiento de sus mismos habitantes, un acrecentamiento de la vida,

 

un aumento colosal

en el que sentimos que el entusiasmo divino engrandece los pueblos y sus iglesias; donde

 

la sensibilidad, ayer árida y seca,

retoma su vida, su resonancia de antaño, la viva lozanía que le habían dado las viñas y olivos de los primeros años:

 

su germinación espiritual

que podría inducirnos la idea de que nada de lo que pertenece al corazón puede reproducirse, tal vez …"

 

"He aquí la cuestión más inquietante:

mi espíritu de poeta maduro, un pensamiento preocupado por obedecer dócilmente a su ley, que tiende a la perfección,

 

atormentado por portarse bien

no tiene otro objeto que el de entregar intacto el depósito de la moralidad de este pueblo junto a mis trabajos de arquitecto".

 

"Si pudiera… renunciaría a mi proyecto

y me quedaría a vivir aquí: en el auténtico Cadaqués".

 

                                                     Johann R. Bach

 

 

22 dic. 2013

Tengo ilusión, amor suficiente para no odiar y risa por dentro

LA NAVIDAD EN SIRIA

 

Entró jadeante en la tienda

un brumoso muchacho moreno. Vino a acostarse a mi lado, y me miró y yo a él –y no fuimos desconocidos-

 

Desde aquel momento

estuvo tratando de convencerme de que me escapara –refugiada otra vez- atravesando la frontera donde me darían un uniforme, me harían fotos y no me faltaría la comida;

 

viviría en otra tienda más grande.

 

Volví a sentir la soledad,

como la fiebre, medrando en la noche.

 

Por la mañana agitó la mano

y desapareció aquel brumoso muchacho moreno, su uniforme y el kalasnikof.

 

Sus veinte años

se enterraron en mi pasado, -que estuvo dentro de mí. Desde que llegó sabía que no se conformaría con una mujer de treinta y ocho de sienes cargadas de sufrimiento ya blanquecinas.

 

Pasamos hambre.

A menudo también sed. No sólo de agua. Muchos nos abandonan esparciendo polvo y ceniza sobre mis dedos.

 

De buena gana

me bebería el alma entera.

 

Todos esos ardorosos jóvenes

que pasan por mi tienda quieren darme a entender –la excusa precisa- más allá de todo argumento, qué es por lo que ellos me buscan.

 

Escribo versos

y viendo que se comportan conmigo como un niño mal criado, muda en rabia mi estar de ojos cerrados y estallo, pero

 

de nada vale decirles:

"no más, no más, sal de aquí, no vengas a echarte como un perro a mi lado".

 

Tengo ilusión,

amor suficiente para no odiar y risa por dentro.

 

Sigo esperando que deje de nevar,

que vuelva la primavera y quién sabe si también la paz.

 

                                                            Johann R. Bach