3 ene. 2015

Letra de un Blues para antiguas soledades


BLUES PARA ANTIGUAS SOLEDADES

Si estuvieses aquí, amor,
si estuvieses aquí, cerca, cerca, enredadas tus piernas sobre las mías en el sofá mirándonos a los ojos.

Tuyo podría ser el pañuelo,
mía la lágrima, suspendida en mitad de la mejilla como antiguas soledades.

Claro que también podría ser al revés. (bis)

Si volvieras a viajar, amor,
Si volvieras a viajar hasta este mar, con el recuerdo de mi aroma junto a ti con tu mano sobre mi hombro para cambiar de velocidad

el silbido de un motor "Mercedes puta madre",

Iríamos a una playa o a otro lugar
aunque estuviera concurrido porque lo importante del paisaje –sea el Mar del Este o el Mediterráneo- serías tú.

Serías tú, mi diosa… (bis)

¡Ojalá estuvieras aquí
como en aquella noche que salieron al mismo tiempo la luna y las estrellas con sus alegres lucecitas sobre el mar!

Y como si yo no supiera nada de astronomía
te diría, por ejemplo, mira la espuma que levanta la luna sobre el mar; tiene un suspirar parecido al tuyo pues

se apresura en su sueño… (bis)

¡Ojalá pudiera
antes de que la luna llegase a ser plena, llamarte por teléfono para oír por lo menos tu voz".

Si estuvieras aquí, amor,
a sabiendas de que pisamos el mismo hemisferio, no permanecería sentado como ahora en el porche

bebiendo a pequeños sorbos

una cerveza tras otra… (bis).

Es ya muy tarde,
el sol se ha puesto aunque, jugando, los niños chillan y las gaviotas lloran. ¿De qué sirve olvidar si a continuación

el sueño me recuerda tu piel junto a la mía?   (bis)

                                                             Johann R. Bach

2 ene. 2015

Y como cosa simple en su deterioro sólo me queda en este primer día del año,

JIRONES DE VIDA ABANDONADOS

Muchas veces me he preguntado

si mi carácter crítico es lo que mantiene una estructura rígida de impecable fotomontaje de imágenes que tienen cabida , en su interior,

 

como delicados jirones de vida.

 

Arroyos resecos distinguibles

sólo por un puñado de cañas y lagartijas que toman despreocupadamente el sol, cactos humildes y claveles de aire que absorben agua de la humedad aérea, y,

 

charcos de agua putrefacta.

 

Piezas inútiles

de un siempre improvisado ajedrez.

 

Es como una mirada cotidiana.

Un paisaje gastado por los años se convierte, poco a poco, sin llamar la atención, el depósito perfecto de mis piezas desguazadas.

 

Recipientes de plástico,

neumáticos de coche gastados listos para colocar en los muelles del puerto,

 

latas ennegrecidas por el óxido

que se incrustan en la tierra, recortes de mármol de antiguas cocinas,

 

pilas de revistas científicas

y/o de decoración que conservan el olor frágil del salobre, viejos libros amontonados que se cansaron de esperar a solitarios lectores y que

 

exhalan todavía el aroma

de pieles quemadas por el sol.

 

Tumbado en la arena

junto al mar estoy, veo como el mundo ofrece todo su espesor. Tan nítido que me obliga a retractarme.

 

Las cosas son simples cosas,

en su deterioro. Y sólo puedo responder con la luz de un día soleado de playa en el que se agradece el calor absorbido por mi vestimenta azul marino.

 

Y como cosa simple en su deterioro

sólo me queda en este primer día del año, recoger los restos del anterior y acumularlos en ese depósito de piezas desguazadas

 

deseando un venturoso año

a todos los amigos de Google +

 

                                                                 Johann R. Bach

 

30 dic. 2014

esta angustia rasa, desnuda, privada de cualquier ornamento, que resbala sobre sí misma y supura.



UN ZURRÓN DE CENTINODIA
                    


1)       Polygonum aviculare Nombre botánico de la centinodia y remedio homeopático indicado en la artritis de las pequeñas articulaciones y nudillos de los dedos

28 dic. 2014

Cuando el fuerte viento anuncia los milagros con la voz del barco

SWING ANTES DE ACABAR EL AÑO

Inválidos
o personas con algún hándicap, protegidos por escuadras de policía urbana acuden en comitiva solemne a practicar deporte o a visitar museos para extirpar el vacío del alma.

El sindicato de músicos
exige con extrema urgencia un himno futbolístico que se pueda interpretar con la ocarina a punto de entrar en el censo de los pobres.

A pesar del frío y el viento,
el cielo se ha puesto el magnífico uniforme azul marino constelado de oro del almirante a punto de jubilarse.

El último reducto
de la música de tripulaciones de la flota pesquera infla enormes pompas de jabón mientras escucha cómo cantan habaneras las gentes congregadas en la playa.

Las buhardillas
ya no vierten poetas por los canalones.

La ciencia infusa
difunde a rienda suelta al estilo de las mujeres que al nacer ya tienen conocimientos.

Galopa, galopa.
Como los ciclistas aficionados en domingo. Galopa, galopa y critica a los que van en moto porque no tienes dinero ni para sacarte el carnet A

Después de cuatro cubatas
y tres birras, duerme, duerme… ¿Pero qué vas a hacer con las fantasías? o… ¿Dónde las has dejado?

Cuando el fuerte viento
anuncia los milagros con la voz del barco que exige el piloto a la entrada del puerto hay que ponerse la sonrisa nueva y disponerse a bailar swing en la plaza de La Virreina1.

Cuando la noche saque largas chispas
de los obesos somnolientos como el acero de sílex actúa como en caso de incendio: "sin prisa, pero sin pausa" o bien 

¡corre, grita, llora! 
Porque el año se acaba.

                                                                                            Johann R. Bach
1)          Plaza de La Virreina en el Barrio de Gracia de Barcelona

cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido


DIECIOCHO HOMBRES PARA CADA MUJER

He escrito otro capítulo
de una novela que se resiste a encajarse dentro de las doscientas páginas que me exige el mundo editorial.

Son las cuatro de la mañana,
con mucho sigilo para no despertarla, me he deslizado entre las sábanas; estirado boca arriba y la cabeza alta sobre dos almohadas regreso en mi pensamiento al mundo real.

Pronto comenzarán los ruidos
de la calle y el de los niños de los vecinos.

Sonará el despertador
y ella se tendrá que marchar. Nada habrá cambiado de forma sustancial en la monotonía diaria.

Pronto amanecerá de nuevo
y cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido para espiarla mientras se viste frente al armario abierto.

Divididas en las perchas
en secciones según su color, como pequeñas deidades familiares, ella pasará la mano sobre las faldas, elegirá una blusa –probablemente azul con lunares blancos-, un jersey, y,

cuando se siente sobre la cama
para ponerse las medias fingiré que me desperezo un poco para volver a sumergirme en el sueño.

Con la cabeza ligeramente girada
sentiré una vez más que ella me mira con indiferencia, como si ya estuviese pensando en otra cosa:

en su vida sin mí,
que ha comenzado ya hace algunas semanas;

como todos los días,
una mirada que es una infidelidad cotidiana.

La que estará ahí vistiéndose,
dentro de un rato, es una doble del futuro, una impostara a la que despeja la cabeza dejarme aquí dormido

como si yo, ingenuamente,
ignorase que esta noche se ha masturbado dos veces pensando en alguien que ha conocido este verano…

amigo –interesante- de una amiga.

También sus gestos
me parecerán más vivos, propios de una mujer enamorada, como si escuchara una conversación que me elude (pero en la que ella participa) con los objetos mismos de la casa:

la cafetera que va a preparar,
las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración, con los hombres del mundo: sabe que cada mujer vive el amor con dieciocho hombres (en promedio)

y ella
con el cuento de haberse ocupado de dos hijos sólo ha tenido seis relaciones –tres antes de casarse, y tres estando casada.

Pensará, desde luego como todas,
en sus amigas, con todas las cosas que debe hacer durante el día y en la obligación de comprar un pequeño regalo para alguien que pronto celebrará su aniversario.

Cuando termine de vestirse
se acercará rápidamente hasta mí simulando apresuramiento y me dará un beso.

Repetirá las palabras de siempre:
"me marcho, es tardísimo". Será su sincera declaración de intenciones.

Y yo, si no puedo conciliar el sueño,
seguiré escribiendo poemas sobre la soledad

                                                                  Johann R. Bach

DIECIOCHO HOMBRES

Para reflexionar antes de acabar el año.

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las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración,


DIECIOCHO HOMBRES PARA CADA MUJER

He escrito otro capítulo
de una novela que se resiste a encajarse dentro de las doscientas páginas que me exige el mundo editorial.

Son las cuatro de la mañana,
con mucho sigilo para no despertarla, me he deslizado entre las sábanas; estirado boca arriba y la cabeza alta sobre dos almohadas regreso en mi pensamiento al mundo real.

Pronto comenzarán los ruidos
de la calle y el de los niños de los vecinos.

Sonará el despertador
y ella se tendrá que marchar. Nada habrá cambiado de forma sustancial en la monotonía diaria.

Pronto amanecerá de nuevo
y cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido para espiarla mientras se viste frente al armario abierto.

Divididas en las perchas
en secciones según su color, como pequeñas deidades familiares, ella pasará la mano sobre las faldas, elegirá una blusa –probablemente azul con lunares blancos-, un jersey, y,

cuando se siente sobre la cama
para ponerse las medias fingiré que me desperezo un poco para volver a sumergirme en el sueño.

Con la cabeza ligeramente girada
sentiré una vez más que ella me mira con indiferencia, como si ya estuviese pensando en otra cosa:

en su vida sin mí,
que ha comenzado ya hace algunas semanas;

como todos los días,
una mirada que es una infidelidad cotidiana.

La que estará ahí vistiéndose,
dentro de un rato, es una doble del futuro, una impostara a la que despeja la cabeza dejarme aquí dormido

como si yo, ingenuamente,
ignorase que esta noche se ha masturbado dos veces pensando en alguien que ha conocido este verano…

amigo –interesante- de una amiga.

También sus gestos
me parecerán más vivos, propios de una mujer enamorada, como si escuchara una conversación que me elude (pero en la que ella participa) con los objetos mismos de la casa:

la cafetera que va a preparar,
las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración, con los hombres del mundo: sabe que cada mujer vive el amor con dieciocho hombres (en promedio)

y ella
con el cuento de haberse ocupado de dos hijos sólo ha tenido seis relaciones –tres antes de casarse, y tres estando casada.

Pensará, desde luego como todas,
en sus amigas, con todas las cosas que debe hacer durante el día y en la obligación de comprar un pequeño regalo para alguien que pronto celebrará su aniversario.

Cuando termine de vestirse
se acercará rápidamente hasta mí simulando apresuramiento y me dará un beso.

Repetirá las palabras de siempre:
"me marcho, es tardísimo". Será su sincera declaración de intenciones.

Y yo, si no puedo conciliar el sueño,
seguiré escribiendo poemas sobre la soledad

                                                              Johann R. Bach