16 mar. 2013

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)
de la novela "Las Tardes de un Alférez"
Johann R. Bach

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)

LA CANDELARIA DE PAUL LAFITTE (I)

 

Toda la nieve del valle era insuficiente

para enfriar sus sesos. Tenía el infierno en la cabeza.

 

Con la primavera en la punta de los dedos

en el mismo instante en que La Candelaria reía, las verdosas andanadas de hierbas exuberantes cubrían las escasas parcelas de tierra enamorada. 

 

Como a todo lo demás,

animales de granja, escarabajos y muebles, le había temblado también el espíritu.

 

Con gran dolor se comió,

al mismo tiempo que su orgullo, las fotografías que aún conservaba en la cartera.

 

Eran auténticos documentos gráficos

de una actividad –la guerrillera- que comprometía su alma, incluso si aquélla hubiera estado dormida.

 

¿Cómo le pudo llegar a él la escritura? 

 

¿En qué podía pensar si no,

mientras el plumón de la niebla se estrellaba contra aquella ventana que no podía protegerle ni siquiera del frío del invierno?

 

Se levantaba de su lecho de paja,

iba y venía dando saltos de un lugar a otro, combatiendo con el ejercicio su entumecimiento.

 

Llegó a desear

que sus enemigos lo trasladaran lo antes posible a otro lugar soñando con el ligero calor del interior de un vagón de tren.

 

Siempre se había sentido orgulloso

de no haber nacido en una metrópoli. Creía que eso era una suerte porque le permitía ver a su país "desde fuera".

 

Comprendió que aquella guerra iba a prolongarse

 

"más allá de los armisticios platónicos",

pues los excrementos del nazismo se habían hundido en el fértil inconsciente de los hombres y la única forma de resistir era convertirse en un refractario.

 

Su propio aliento

era el único calor que llegaba a sus manos…

 

Dos soldados le registraron en el cobertizo.

al encontrar en su cartera un tríptico que le identificaba como Paul Lafitte, nacido en Aix-en-Provence,

 

le pusieron un brazalete azul en el brazo

y lo subieron a un vagón abarrotado de prisioneros.

 

El calor de aquel amasijo de desdichados,

con un mismo momentáneo destino, le devolvió la esperanza.

 

Vivió aquella noche

coloreada de herrumbre como la de un reo que ve cómo alguien misterioso le abre las rejas de todos los jardines.

 

Sobrevivió

porque para la mirada de la noche viva, el sueño no es a veces sino un liquen espectral dispuesto a hacerse realidad.

 

                                                                                         Johann R. Bach
                                                                       De la novela "Las Tardes de un Alférez"

                                                                                 

15 mar. 2013

PAUL LAFITTE (Suite del maquís) de Johann R. Bach

CONJUNTO DE SIETE POEMAS DE LA NOVELA "Las Tardes de un Alférez" QUE SE SUBIRÁN AL BLOG Homeo-Psycho PRÓXIMAMENTE.
Clicad en la foto para ampliar

14 mar. 2013

CARTA DE LECTURA DIFERIDA

ROSA FRAGANS

CARTA PARA LECTURA DIFERIDA

        CARTA PARA LECTURA DIFERIDA

 

 Querido Leo P. Hermes:

 

Te escribo a ti

porque creo que sabrás comprenderme y porque necesito escribir algo de lo que ya no cabe en mi pecho.

 

Aunque quizá te asombre

yo había sentido muchas veces aquella llamarada leve y breve que recorre el cuerpo de pies a cabeza por un contacto casi imperceptible, a flor de piel, por una mirada que te hace sentir de golpe el alma desnuda.

 

Por una palabra tierna,

o por las lágrimas mezcladas en un abrazo que se prolonga, había conocido sensaciones que parecían agotar su sentido en ellas mismas y que no pedían nada más; ninguna urgencia las llamaba a lugar alguno.

 

Alguna vez, también, a los quince años,

una palabra furtiva, cazada al vuelo, una broma entendida a medias en el desmadre de risas y juerga que acompañan las tertulias en la piscina, centelleaban por un momento como unos interrogantes sin respuesta.

 

Las ideas y frases de Marta Guillamón

respondían una pregunta justo antes de que hubiera sido formulada. Y, ante la respuesta, la pregunta osaba hacerse presente con inusitada fuerza.

 

Durante dos años

estuve intercambiando con Marta correos y poemas casi a diario. Me fue más fácil de lo que pensaba, aunque ninguna dificultad –en aquellos momentos- habría puesto freno a mi repentina obstinación.

 

Mis mensajes eran un reclamo,

una llamada imprecisa y abierta hacia lo desconocido. El día que escuché la música que ella me recomendó –Spiegel im Spiegel de Arvo Pärt- sentí un desconocido placer hormigueante en todo mi cuerpo.

 

Aquella música fue para mí

el enésimo descubrimiento de cómo de forma misteriosa podía penetrar su imagen en mi corazón. Hasta aquel momento Marta G. no tenía rostro aunque creo que yo conocía su alma mejor que la mía.

 

A veces mientras me debatía

en una efervescencia informe, ella se presentaba delante de mí armada de la fuerza de la palabra que ordena y da forma. Cierto día en que sentí ahogarme, faltándome el aire y a las puertas del Inframundo, me fue indicando por teléfono, cómo respirar tumbada en el sofá.

 

 

Me recuperé

y no me cabe la menor duda de que, afortunadamente, su palabra podía más que la mía. Creí entonces que era un ángel y su alma, en último término, la belleza de sus poemas. Y en el encanto de aquel espejo yo buscaba los rasgos ignorados de mi espíritu.

 

La quise conocer,

tocar sus huesos, mirarme en sus ojos... Fue el mayor error de mi vida: Marta no esperaba nada de los hombres; en muchos correos me había dicho que no tenía amigos y al mismo tiempo afirmaba que no había amistad sin estima y que nunca había encontrado un hombre que le hubiera inspirado.

 

Sin embargo no existían barreras para su sexo

lo que me decepcionó profundamente. Rompí el encanto de nuestra relación. Fue apasionante mientras fuimos unas perfectas desconocidas. Sólo pude excluir de mi absoluto menosprecio sus poemas porque, a mi pesar, trascendían su desbocado sexo.

 

A pesar de haber roto el cordón umbilical

que nos unía, no pude reprimir mi deseo y le envié el siguiente poema a modo de felicitación de año nuevo y de despedida:

 

¡¡BUEN AÑO!!

 

Gracias Marta

por éste y cada uno de los poemas que me has enviado en este tiempo. Quizá se me escapen detalles y ya sabes, amiga mía, que a veces resulta difícil juzgar al quedarse sólo con

 

el elemento sensible que percibo.

 

Donde quiera que te lleven tus pasos,

deseo que se vean cumplidos tus anhelos, y la alegría te acompañe.

 

Si la pena osa traspasar la barrera

de tus sueños no le des permanente cobijo. Que tus ojos y tu corazón estén siempre abiertos a la belleza que nos traes en cada uno de tus poemas y en la música que se desprende de tus sienes.                                                                                        

                                                                                                           Rosa Fragans

 

Si algún día alguien lee sus correos,

que no se extrañe de ver que los firmaba como "tu amante" "Besos allí donde los quieras"…

                                                                                           1 de enero de 2.001

                                                                                                    Rosa Fragans 

 

NOTA: Es mi deseo que nadie pueda leer –si ello es posible- el contenido de esta carta antes del 15 de marzo de 2.013

EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

Johann R. Bach

EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

       EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

 

 

                                 EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

 

Lo que fascinaba aquí y allá

de los versos de Marta Guillamón era el porvenir, oscuridad resbaladiza anterior a la aurora, en tanto en cuanto que su noche se fuera confundiendo poco a poco con el pasado.

 

Para ella todas las profesiones –vocacionales o no-

tenían algo en común y como los arroyos corrían juntas coincidiendo en sus avenidas con momentos de mayor o menor euforia de las nubes de invierno o primavera.

 

Solía decir que las gotas de lluvia eran

en toda estación los hermosos relámpagos del horizonte y la tierra que debían recorrer antes de ser bebidas por bocas llenas de ansiedad dependía de la autorización de los bosques.

 

"No hay opción posible –repetía a menudo-,

hay que conseguir que el rayo al caer se convierta en el incendio de nuestro placer, mientras que toda otra actividad profesional o no será secundaria y dependiente del dios Eros".

 

"El rayo libera la tempestad

–escribió en cierta ocasión-, permitiéndole colmar nuestros placeres y nuestra sed. ¿No es sensual el rayo de subir, de día, el cubo de la cisterna donde el agua no cesa de bailar el esplendor de su nacimiento entre encaladas paredes?  

 

En momentos de pesimismo,

repetía hasta la saciedad que ya no bastaba el optimismo de las filosofías. Éstas y el arte trágico habían fracasado ya hacía tiempo. Su fracaso sólo beneficiaba a la ciencia-acción, el ardor del azufre y la amargura de la estricnina.

 

"Durante milenios

–explicaba al beber un par de cubatas- voló silenciosamente el Tiempo, mientras el hombre iba formándose. Vino la lluvia convirtiéndose en vino sagrado, infinitamente; luego el hombre caminó y actuó".

 

"Nacieron los desiertos

–continuaba diciendo mientras echaba otro largo trago-; el fuego se alzó por segunda vez. Entonces el hombre con el apoyo de la alquimia que se renovaba buscando la homeopatía y otras ciencias de la salud, dilapidó sus riquezas y masacró a los suyos".

 

"Siguieron el agua

–decía con los labios empapados de ron-, la tierra, el mar, el aire mientras un átomo se resistía a la fisión".

 

Sí sí, no me miréis así:

todo eso sucedía hace pocos minutos. ¿Sólo Marta Guillamón se había dado por enterada?

                                                                                          Johann R. Bach

 

13 mar. 2013

AURUM (o El Buscador de Oro)

AURUM NO RENUNCIA A SER RICO

AURUM (o El Buscador de Oro)

                        AURUM ( o El Buscador de Oro)

 

Sin poder dormir

te levantas, paseas tu rabia y tu lascivia por el pasillo, bebes un pequeño sorbo de agua con gas; el dolor abdominal sube al límite, como tu tensión arterial.

 

Crees que la vida

te ha tratado mal y los tuyos han sido injustos. Te han abandonado –crees-

después de darles la vida, el idioma y treinta años de alimentos.

 

Sientes que este mundo

ya no te da alegrías que compensen tus sacrificios aunque reconoces que nunca renunciaste a ser rica; enrojeces sólo de pensarlo: las dolorosas punzadas como arpones clavados en tu corazón te hieren más allá de las coordenadas de un umbral soportable.

 

Sin saber por qué, te sientas

y escribes una larga lista de tareas destinadas a poner orden en todo aquello que crees que es de tu responsabilidad: lo quieres dejar todo listo hasta el último detalle antes de iniciar tu viaje hacia el Ápex.

 

Planeas ir a ver las olas del mar;

crees que sólo el olvido podría cubrirte de pétalos de rosas. No como antiguas naves encalladas, desguazadas y oxidadas con las costillas al aire, sino como una gota de miel flotando en el mar.

 

Así caería tu cuerpo;

así las aguas te cogerían al vuelo; así tu olvido dejaría de alimentar malas conciencias con las que se sacian las olas de la desesperanza de los cardíacos.

 

Tus palabras

no son ya más que un sueño de piedras a punto de calcinarse, no son tampoco más que otras palabras.

 

Fuiste por el camino de los hombres

que no eligieron la vida que vivieron: te perseguía el mar en un abrazo que colmó tus pulmones de un rumor de locura.

 

Y, sin embargo,

a pesar de que te desvives por los tuyos, un silencio va buscando a lo lejos tu mirada y, con calma, quieres besar esa otra vida de ser mar en el mar que alimentas.

                                                                               Elisa R. Bach

 

12 mar. 2013

LA CIEGA DE PORTOFINO

Portofino. Al fondo las cumbres nevadas casi tocando el mar

LA CIEGA DE PORTOFINO

                   Portofino. Al fondo las cumbres nevadas casi tocando el mar

 

                                   LA CIEGA DE PORTOFINO

 

En Portofino

respiraste y escuchaste su aliento como un placer solitario que todos hemos experimentado; sentiste ante las olas inquietas del mar como el sol se posaba sobre sus párpados.

 

Escuchaste el vuelo de las gaviotas

por encima del horizonte, cómo flotaban con su silbido en el viento y colgada de su dulce brazo creciste como joven alondra en el amor.

 

Las horas de un tiempo inacabado

cuando todo parecía perdido empezaron a transcurrir plácidamente ante ese andar desnudo de sus ojos invadiéndote la alegría repentina, humedecidos todos tus poros, ante el Mar de los Sueños, con la arena acariciando tus pies.

 

Sentiste más fuerte  que nunca

salir de tu pecho, ese grito que pide besar a los que tenemos cerca; la música de aquella Costa Liguria parecía suave como un engaño puro.

 

Aquellas horas ya son indestructibles.

 

Amaste todo aquello:

las pecas sobre su piel el brazalete que cerraba la manga, aquella dulzura sin sombra que, entre unos mínimos dedos, como una evidencia de amor erizaba el musgo sonrojado.

 

Nos cogió de la mano

en aquel bellísimo rincón de Portofino y como en un ritual, aspiró profundamente aquella brisa marina y mojándose los labios con su propia lengua como saboreando la sal adherida susurró como si hablase al viento:

 

"Hay dolores aquí de todos los tamaños

y una pequeña semilla de felicidad en alguna barca entre ésas que veis. Tormenta a tormenta,  batalla a batalla se moldearon esas rocas. El clima suave y el calor del sol atrajeron a especies de plantas coníferas en las que se refugiaron miles de aves hasta convertirse en un rincón vivo  lleno de luz y mar".

 

Más tarde, con la luna ya alzada,

en Santa Margarita, decidiste no renunciar a voz alguna; abandonar tu antigua soledad; adoptar un nuevo mar; vivir en el más maravilloso de los mundos

 

y aceptar que tus ojos eran ya los suyos

 

                                                                                              Elisa R. Bach

 

COMO UN BLUES. De Joan R. Riera

Casa emblemática de la Moselstrasse de Berlín

COMO UN BLUES

COMO UN BLUES

 

Como en un blues de medianoche,

flotando en el aire lleno de humo en el Bar Chaplin de la Moselstrasse, me hubiera gustado comenzar con una frase como "ámame otra vez amor"

 

como en aquella ocasión única

 

cuando te pedí que me dejaras vivir cerca de ti y, sin embargo, todo terminó –como ya sabes- con otra como "perdóname por todo el daño que te he hecho".

 

Por todo el dolor

que aún siento ámame a solas si de verdad me quisiste.

 

Si de verdad me quisiste

déjame que te ame con el silencio de mis versos, como yo siento que he de hacerlo.

 

Hacerlo como un amor

al que se quisiera volver después de haber estado latente. Latente como un instrumento de catorce cuerdas que no se escuchaba desde hace tiempo; por ejemplo,

 

como una viola d'amore.

 

Pasado ya ese tiempo que necesita una palabra

para recobrar su significado, para que resuene en tus oídos con perlas nublándote los ojos y pese a los errores cometidos hasta

 

el momento de hilvanar estas sílabas.

 

Como en un blues de medianoche

con la mirada ya humedecida quisiera mirarte otra vez durante un largo rato y luego desaparecer tan diligentemente

 

como me tomaste un dieciocho de mayo.

 

                                                                                                Joan R. Riera

 

11 mar. 2013

COMO UN BLUES

COMO UN BLUES

Como en un blues de medianoche,

flotando en el aire lleno de humo en el Bar Chaplin de la Moselstrasse, me hubiera gustado comenzar con una frase como "ámame otra vez amor"

como en aquella ocasión única

cuando te pedí que me dejaras vivir cerca de ti y, sin embargo, todo terminó –como ya sabes- con otra como "perdóname por todo el daño que te he hecho".

Por todo el dolor

que aún siento ámame a solas si de verdad me quisiste.

Si de verdad me quisiste

déjame que te ame con el silencio de mis versos, como yo siento que he de hacerlo.

Hacerlo como un amor

al que se quisiera volver después de haber estado latente. Latente como un instrumento de catorce cuerdas que no se escuchaba desde hace tiempo; por ejemplo,

como una viola d'amore.

Pasado ya ese tiempo que necesita una palabra

para recobrar su significado, para que resuene en tus oídos con perlas nublándote los ojos y pese a los errores cometidos hasta

el momento de hilvanar estas sílabas.

Como en un blues de medianoche

con la mirada ya humedecida quisiera mirarte otra vez durante un largo rato y luego desaparecer tan diligentemente

como me tomaste un dieciocho de mayo.

Joan R. Riera

10 mar. 2013

LA DEMOCRACIA PERFECTA

           Cementerio de Cadaqués. Chica: Escultor Llimona.

 

LA DEMOCRACIA PERFECTA

 

Para Marta Guillamón

la democracia perfecta es la de los difuntos, pues la tradición da voz y voto a la más menospreciada de todas las clases sociales: nuestros antepasados.

 

Insiste en que Ellos se niegan

sistemáticamente a someterse, en todas las asambleas del Inframundo a los pequeños grupos oligárquicos de aquellos que casualmente andan escondidos en verdaderos zulos ciudadanos.

 

Piensa en el viento

del Cap de Creus en febrero; en las olas, que a las órdenes de Neptuno, se han llevado dos cuerpos llenos de vida que hacían jogging por la playa enchufados mediante auriculares al veneno del rock duro.

 

Mira el borrascoso cielo

y ve en él múltiples caras de escritores que sembraron de letras los campos y siente bajo sus pies la inseguridad en sí mismas de las diosas del amor.

 

Había quedado con las amigas

en ir de viaje a Barcelona en un TGV, pero la estación de Figueres es inalcanzable por el momento. No menosprecia las opiniones de sus antepasados: "en plena tramontana hay que quedarse en casa y pasar de todo…"

 

Nada es seguro en Cadaqués en invierno:

muchas de las casas del pueblo están cerradas y sin gente, aunque conservan su antiguo mobiliario:

 

armarios y sillas

idénticos a los que Marta ve cuando despierta de un sueño en el que ha contemplado su propia infancia, cuando su casa vuelve a ser extraña: un espacio prestado para guarecerse por la noche, surcado de insectos y sombras, oliendo a la "mangra" de las baldosas.

 

Marta se siente en Cadaqués,

en la anacronía, junto a sus antepasados rodeados de ángeles resplandecientes en un espacio sin dueño: la luz de los relámpagos que ilumina el suelo, el sonido del carillón que aún funciona detrás de una puerta y una escalera por la que sólo el viento sube silbando.

 

También se cuelan voces

por uno de los cristales rotos a las que sólo se les oponen los postigos mal ajustados: todo es anunciación del edén democrático nacido de millones de seres químicamente impuros.

 

Y nuestros antepasados

siguen entre nosotros cada día con su derecho a voz y voto; observándonos, con dulzura, desde su sistema perfecto de democracia.

 

                                                                                                Elisa R. Bach
                                                                                     www.homeo-psycho.de