25 sept. 2013

Pocas noches sobre el cielo de ese castillo del lago se ven lunas

            LAGO THUN

 

Un largo lago, encajado entre montañas,

desemboca en otro lago y sólo mira brillar su piel bajo un cielo complicado.

 

Un bonito castillo,

tranquilo pende en sus barandas.

 

Miradle, sí,

como otros brilla yerto escuchando la melodía de un mundo tranquilo. Aunque los astros, sí, ruedan sin música. Doce constelaciones se pasean sobre él sin provocar arrugas durante todo el año.

 

Millones de estrellas

no alumbran los labios fríos, que amando cajas musicales bajo las pendientes de los tejados de un pequeño paraíso no abandonan su modestia ni su austeridad.

 

Pocas noches

sobre el cielo de ese castillo del lago Thun se ven lunas, lunas de oro, que "supramundanamente" envían sus encantos y en un batir de besos gemebundos danzan al compás de mínimos corazones de mariposas y caracoles.

 

Raramente el fantasma azulenco

se inclina sobre ese modesto lago que pide permiso a Interlaken para desaguar el exceso de nieve, que resbalando por las montañas da vida a todo el valle que lo circunda.

 

En los jardines de ese castillo que aquí veis

fósforos de luciérnagas lucen y los violines de cientos de grillos suenan bajo las rosas de verano y un proyecto de sombra se deshace al mediodía.

 

En invierno, sin embargo,

las gargantas silenciosas emiten un clamor de azucenas deshojándose, y un vals, un giro o vals toma, arrebata esa ilusión de sábanas vacías de miles de pequeñas criaturas esperando el estallido de una nueva primavera.

                                                    Johann R. Bach

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