18 ago. 2012

LEONARDO. Poema de una visita al Museo del Louvre. ( www.homeo-psycho.de )

                                                   LEONARDO

 

Construiste nuestra vida como una cadena de lugares, hechos, rostros colocados uno detrás de otro como imágenes sobre una pared de un cremoso color coñac.

 

Creíste en las distancias, creíste ciegamente en el sistema métrico decimal para comprender todos esos hechos. Sin embargo, notaste, mientras construías artilugios para volar como los pájaros, que la geometría euclidiana no era suficiente.

 

Descubriste que no existen paredes sino finas corrientes de aire que nos despeinan como animales que cada día despiertan y descubren que esto se repetirá indefinidamente. Así de simple lo expresaste en esa amable sonrisa de la Mona Lisa.

 

Por el Puente de Monistrol, que roza el hombro de tu Gioconda aún

circulan despacio los autos. Situado al pie del espacio mítico de la montaña de Montserrat persiste en su esencia. Nosotras, al igual que los ojos de tu virgen, y nuestro coro de voces somos su secreto.

                                                                                   Sylvia M. Folch

EN EL MUSEO. Poema escrito en la visita al Louvre ( www.homeo-psycho.de )

           EN EL MUSEO
      

Dentro de El Louvre hay salas inhóspitas,

hay que pasar por ellas apresuradamente

como páginas publicitarias de un periódico,

pero hay zonas, bellísimas,

en las que se cambia de escala y de tiempo.

 

Subir despacio las escaleras

 

mientras se ve el movimiento

de la escultura de la Victoria de Samotracia…

una nave sobre el mar de otro tiempo;

la profusión de escenas vegetales,

la atmósfera epicúrea,

 

todo invita a desaparecer en las imágenes.

 

Visitar el museo de El Louvre es

como volver a los lugares

a los que nunca fuiste,

volver a instantes imposibles.

A la salida, el mundo se te antoja

 

más leve y luminoso.

                                   También más vulnerable.

 

                                        Sylvia M. Folch

                            www.homeo-psycho.de

16 ago. 2012

ÚLTIMOS MINUTOS DE VIDA ( www.homeo-psycho.de )

EL ÚLTIMO ADIOS DE UNA MONJA EN EL MONASTERIO

 

Había ecos de plegaria y música de piano que recortaban su silencio, abreviaturas sordas de música en sus sienes y sus párpados temblaban todavía. En un claustro sonrosado con las piernas desnudas y manchadas del mismo color rosa que los arcos, las lágrimas abundaban como el frío.

 

Pensé en su corazón lleno de tesoros, excepción en un mundo falto de latidos, en su vientre tatuado por espinos, en sus muslos pintados de azul claro.

 

En aquellos días viví entre su imagen, su sexo borrado del tiempo y un jardín lleno de letras grises y gemidos como un humo de nombre solitario, su respirar con los ojos, cómo en su musitar rogaba un nuevo hogar distinto de aquel donde la cera y la ceniza son los ángeles.

 

Vi cómo su quietud se pronunciaba descomponiendo el árbol de su ser, ablandando sus delicados miembros, cómo lo gris deshizo el vívido amarillo y cómo se iban perdiendo los aromas en el ascenso de un olor impuro, hipocrático.

 

Sus pétalos eran lívidas caricias, su torso se transformaba en un tallo. Y en sus ojos la sombra del no ser miraba suplicando bajo las rojas grietas de su frente. En aquellos últimos minutos vi su presencia abrirse y deshacerse y sus ojos perderse entre las frutas funestas de pasados intocables. Como su única hermana recogí en las mías, sus manos de sierra y de coral.

 

Repartida en visiones y en instantes, su estatura se quebró en infinitos fragmentos dispersados. Sus ojos como en un puente. Sus senos se abismaron con su voz y sus palabras fueron en aquel día de otoño como agua de una lluvia más oscura, más doliente. Solamente su vientre se elevaba bajo la red azul de las estrechas distorsiones del grito de la luz.

 

Sus labios se fueron ocultando poco a poco en las hojas y en las raíces secas sus silencios traspasaban pálidas orquestas. Su cuello siempre fue una tétrica magnolia. Como innobles madreselvas las venas habían recubierto, hasta las orejas, su piel de adolescente en delirio.

 

Sus pies habían sido, durante años y años, como dos piedras olvidadas, mientras que su nombre, fue como una cadena desprendiendo cada eslabón untado de sentido. Había sido su vida como una antorcha de oro y cera, como una catarata de momentos, como de mármoles un choque.

 

Como carbón vegetal ya consumido, su luna se deshizo en otros cielos…, se borró como su sol.

                                                            Sylvia M. Folch

 

12 ago. 2012

Capítulo 2 de LAS PUERTAS DEL MONASTERIO (www.homeo-psycho-de )

                              HABLAS DE TI POR ERROR

 

Hablas de ti por error.

 

Durante veinticinco años

no estuviste muerta, fuiste cautiva.

Te pareces al ruiseñor aún

y estás volando sobre la negra placa

de alquitrán y cemento con guirnaldas.

 

Triste de ti, horrible de ti, hablas de ti por error.

 

Se trata de un pasado lejanísimo que vuelve

y cuya consistencia blanda, crujiente,

muy tenaz te deja abandonada

a la orilla feroz de las estrellas,

anonadada caja,

 

puro mantel de esquinas maniatadas.

 

Aunque ya no quedan muros de naranjos

membrillos, granados y vides, has de aprender

como las criaturas que se levantan

por la mañana con el deseo humano de vivir

un día más de navegación

 

y de deber acaso aéreo.

 

Pides mediante una confusión de letanías,

con musitación monjil,

que los rosarios no giren inútilmente,

que las losas no se desplacen bajo pies descalzos

y que las gaviotas, por los acantilados

 

no olviden dejar las huellas de sus patas.

 

Finalmente describes cómo el firmamento

tenía ayer un matiz lila,

una línea de vuelos arpegiados

entre las dos miradas. Todavía sucede aquello

y aceptar es concederse derrotado,

 

vencer es desatar o cortar nudos.

 

Hablas de ti por error,

de tus puños, tu color;

los ocasos sondando el horizonte

de tus imaginarias montañas de nácar

donde se elevan tu mirar y

 

el vértice de una pirámide de llamas.

                                      Sylvia M. Folch

 

Cuando me presentaron a todas las integrantes del coro sentí una sensación como de una cena familiar de las que yo acostumbraba a soñar. ¡La había esperado durante tanto tiempo! A medida que Simone me iba presentando intentaba grabar en mi mente cada cara con sus ojos, cada nombre con una vida distinta esperando que yo las leyera como se leen las rayas de la mano.

 

Agnés

 

A la primera en darme la mano mientras me besaba efusivamente le puse el sobrenombre de Ignace a pesar de que su verdadero nombre era Agnés: Sus reacciones eran ambivalentes y paradójicas como pude ir corroborando en sucesivos encuentros: no toleraba el humo de tabaco incluso de los que fumaban en las terrazas o en los portales de las casa. Sin embargo, de vez en cuando se fumaba algún cigarrillo con verdadero placer después de haber cantado. Su carácter caprichoso hacía difícil el trato con ella, pero en el fondo era muy buena persona y siempre estaba dispuesta a colaborar.

 

Agnés, a sus treinta y cinco años, es una muchacha como la flor del azafrán: delicada, airosa y fogosa. Es muy precoz; pasó –según Simone- de la más tierna infancia a una viva actividad sexual; a la menor insinuación por parte de Pierre experimenta una excitación que le produce manchas rojas en el cuello.

 

Según cuenta ella misma, siente algo que se mueve dentro de su vientre, incluso llega a creer que está embarazada de él, aun cuando ella sabe de sobras que eso es imposible. En cuanto se excita sexualmente se transforma en una muchacha histérica y siente deseos de besar a todo el mundo y de su vagina se desprende un olor característico debido a un flujo denso (según mi propia experiencia), viscoso que reclama las caricias universales.

 

Anaïs

 

A la tímida y callada solista del grupo le caía muy bien el nombre de Anaïs debido a su sensibilidad musical excepcional. Era delgada y bajita y su pelo corto a "lo garçon" le daba un aire juvenil a pesar de que ya rozaba los cincuenta. Simone decía de ella que era una persona maravilosa.

 

Tenía una única hija de diez años que tenía la expresión de un ángel y un marido ya octogenario. Anaïs, a la mínima ocasión, decía de él que era el alma mater de su hogar, pues llevaba a la niña al colegio, hacía la compra y cocinaba. Su cabeza se mantenía lúcida y su conversación era de lo más interesante. Estaba al corriente de todo lo que decían los periódicos, era muy crítico con todo y con todos excepto con ella y sus amigas del coro.

 

Incomprensiblemente Anaïs sufre de vez en cuando unos ataques de celos que se añaden a la excitación activa de la microcirculación que empiezan ya a hacerse presentes en su menopausia. Esos  trastornos psicosexuales los explica Pierre mediante las investigaciones realizadas con la foliculina que han demostrado que, durante la menopausia se podrían ver signos de excitación psíquica, como ataques de celos. En el caso de la paloma, se producen fenómenos extraños: ya no incuba sus huevos sino que los destruye (¿Medea?).

 

El caso es que en Anaïs asistimos a un movimiento de excitabilidad psíquica, originariamente erótico, que va evolucionando hacia la agresividad y finalmente la hostilidad hacia las funciones sexuales; se instalan la frigidez y una animosidad general, que buscará un culpable, al que perseguirá con empeño. ¿Cómo es posible esa situación con un marido octogenario? ¿De dónde proceden esos celos?

 

Esa violenta actitud de Anaïs puede disminuir, diluirse o convertirse en una reivindicación popular, sindical o colectiva, o simplemente en el vigor justiciero de la denuncia anónima. Ese activismo cerebral según Pierre alimenta los celos, la superactividad cerebral excita la imaginación, la interpretación errónea, cubriendo incluso a un anciano con un "halo mental" de desconfianza.

 

Más allá del agotamiento del psiquismo de Anaïs y de sus epitelios, creo que se encuentra al ser humano, que pierde su elasticidad enfrentándose al estrés y a las rebeliones; ¡y entonces nos damos cuenta que es en el eslabón más bajo de la escala de la alimentación y las caricias donde se sitúan las más finas rehabilitaciones terapéuticas humanas! En todo caso Anaïs es un espejo donde ver mi inmediato futuro.

 

Aurea

 

Aurea, tenía todo el aspecto de una mujer taciturna refugiada en la música. Las mejillas rojas indicaban una presión alta y una persona de enfado fácil. Debía tener alrededor de los sesenta años y era con mucho la mayor del grupo. Se le veía una persona honrada y a juzgar por los anillos y pulseras de oro daba la impresión de una mujer que nunca renunció a ser rica.

 

Siempre se mostraba crítica e inflexible con el comportamiento de sus 3 hijos. Ya casados, no la visitaban casi nunca. El rubor aparecía en su rostro con sólo hablar de sus hijos de la misma forma que cuando hablaba de temas sexuales o cuando hablaba simplemente con algún hombre. Cuando estaba en presencia de Pierre, parte de enrojecer como una colegiala su sudor cambiaba de olor y sus ojos se tornaban brillantes propios de una mujer cuando siente fuerte titilación entre las piernas.

 

Desde la muerte de su marido Aurea se transformó en la fiel y leal organizadora de todos los conciertos y sus dotes de negociadora hacía que todas las componentes del coro obtuvieran una pequeña paga cada dos meses, fruto de los contratos que conseguía de bodas, bautizos y otros eventos. También debo decir que fue la primera en ofrecerme dinero (prestado) para que saliera adelante.

 

Palmira

 

A Palmire le gustaba la música "dulce" y no paraba de insistir sobre ello, pero había estudiado durante muchos años piano y contrapunto y cantaba lo que fuera necesario en cualquier circunstancia. Su sonrisa permanente hacía juego con una cierta timidez de sus ojos, era cariñosa y le costaba decir no. Es el tipo de persona que más abunda en conventos y monasterios.

 

Es una mujer vivaz carácter dócil y tímida, con hígado débil a juzgar por sus dietas draconianas, de quejas continuas y cambiantes; y, de entumecimiento parcial en manos y pies pues las tiene siempre rosadas. Es caprichosa, algo avara y suspicaz, se siente menospreciada o teme el menosprecio; tiene gran temor a estar sola. Se ofende fácilmente. Tiene cuarenta y cinco años y no se ha casado nunca. Es de fácil consuelo y necesita continuamente estar bajo la tutela de alguien. En su vida sólo busca amor. Dándole amor ya se siente pagada.

 

Narcisse

 

Narcisse ama mucho la música; el efecto sobre ella es favorable aunque le haga llorar. Lo que más destaca de su figura es una enorme barriga mal disimulada con vestidos largos a modo de túnica. Sin embargo sus grandes ojos verdes le confieren un aire de diosa de los escenarios. Su potente voz de soprano la hace sentirse apreciada y mientras canta se olvida de sus tristezas.

 

No es una persona optimista, pero se esfuerza para estar de buen humor y de crearlo a su alrededor.

 

En cierta ocasión fuimos con ella, Anne, Laura, Carmen y yo a pasar un fin de semana al Mont Saint Michel y de regreso íbamos todas diciendo toda clase de ocurrencias, chistes y/o cantando menos ella que parecía estar meditabunda. Estábamos ya a las puertas de París cuando de repente nos dijo: Habéis quedado muy bien; lo he grabado todo. Nos echamos a reír al ver que nos había preparado el golpe final, el final de fiesta.

 

En verano fuimos las mismas compañeras, de vacaciones a Sttetin, una bonita ciudad hanseática del norte de Polonia, bañada por una especie de delta rozando el mar Báltico. Aparte de visitar su bello centro histórico nos movimos por todos los ámbitos y vivimos las típicas anécdotas de los viajeros porque no entendíamos una papa del complicado idioma de Polonia.

 

Llegamos a Wolin, una pequeña población en dirección al mar Báltico, hacia el mediodía. El lugar era encantador: el rio Oder (Odra en polonés) discurría lentamente bajo un puente (levadizo según la señal de tráfico) giratorio que hacía las veces de semáforo, interrumpiendo el paso de la carretera para dejar pasar los barcos. Deambulamos un poco por el pueblo y tomamos unos refrescos bajo un toldo frente al rio. Hacía un calor espantoso.

 

Las tiendas normales estaban cerradas, pero en una de ellas vimos un cartel con una llave y la palabra "ksero" de lo que dedujimos que significaba cerrajero o algo parecido. Al día siguiente vimos un establecimiento donde se hallaba la misma palabra "ksero". Preguntamos si nos podían hacer una copia de una llave y en un buen inglés nos contestaron que allí sólo hacían copias en papel. Por lo visto la palabra ksero significaba copia.

 

A veces encontrábamos rótulos fáciles de entender. Por ejemplo en un restaurante podíamos leer "Chztery" seguida de cuatro platos adheridos y a continuación la palabra "tallenge" La primera palabra significa el número cuatro en ruso y con un poco de imaginación hallábamos el significado de la segunda palabra (Teller significa plato en alemán). Por otro lado el icono de cuatro platos era de lo más elocuente y no dejaba lugar a dudas.

 

No lejos de es restaurante hay un local de esos semisubterráneos dedicados a tapicería. En la puerta había un letrero pintado sobre el cristal de la puerta que estaba clarísimo el destino del local "TAPICER", pero lo que nos llamó la atención fue un cartel hecho a mano que anunciaba que estaba cerrado momentáneamente: "jestem u klienta". Narcisse exclamó: ¡Mirad! ¡está cerrado porque el tapicero está haciendo la siesta con una clienta! Así era de divertida Narcisse.

 

En las calles de Stettin no se ven árabes ni negros; los chinos escasean y se confunden con vietnamitas. Recuerdo que en un mercado popular, junto a una terminal de autobuses, uno de los pocos negros (concretamente era el tercero) que vimos iba en una silla de ruedas y era conducido por un muchacho joven que hablaba inglés. Entraron delante de nosotras en una especie de pequeña barraca donde hacían copias de llaves.

 

El negro desde su silla de ruedas le preguntaba al cerrajero en inglés cuánto costaba una pila para su transistor. El pobre hombre le escribió en un cartón el precio de una pila. El negro por señas le dijo cuánto quería por las cuatro. El vendedor volvió a escribir el precio total en el cartón (cuatro veces más). El negro giró su silla de ruedas y mascullando entre dientes dijo en un inglés que todas entendimos: It's very expensive. Por lo visto el negro esperaba que si compraba cuatro pilas de golpe obtendría un descuento.

 

A Narcisse y a mí nos hizo mucha gracia la anécdota mientras que a las demás compañeras la escena les dio pena. ¿Cuál de los dos daba más pena? ¿el negrito en su silla de ruedas regateando o el cerrajero que no vendía ni una miserable pila? Esa escena provocó en nosotras diferentes reacciones emocionales. Eso indica que cada una ve el mundo (la realidad) desde un ángulo distinto. Pero de ese suceso yo saqué la conclusión de que sólo la alegría es inmediata. En mi cuaderno escribí un breve poema: Sólo la alegría es inmediata.
 

                            SÓLO LA ALEGRÍA ES INMEDIATA

 

Sólo la alegría es inmediata

 

En realidad

sólo la alegría existe en el tiempo,

ya que sólo ella es inmediata.

Es presencia viva.

Mézclala con música de violín

 

y estallarás en carcajadas.             

                                                                Sylvia M. Folch

 

 

Laura

 

A Laura le encantaba ir al cine y cada vez que tenía ocasión me invitaba a ir con ella. Yo solía llevar a mis sobrinos algún sábado que otro a ver películas para menores de edad y aun así me gustaba verlos reír. Con Laura era diferente, le gustaban las películas profundas y en los momentos más emotivos me cogía de la mano como para vivir más intensamente. Se metía en cuerpo y alma dentro de la pantalla, lloraba y suspiraba al mismo ritmo que los protagonistas.

 

Al final de la película, volviendo ya a nuestro mundo me besaba agradecida por haberla acompañado en "su aventura". Esa sensación de placer viendo una película sólo era comparable –según me confesó- a lo que sentía cuando Pierre le hacía un masaje; algunas veces hasta se quedaba dormida de placer en la misma camilla.

 

Laura, emotiva y receptiva se parece a Narcisse, pero contrariamente a ella es blanda y llora con mucha facilidad. Sus manos son pequeñas y blandas. Es de esas personas que te entregan la mano, sin fuerza, casi muerta, en vez de estrecharla. Su piel es morena y con sus abalorios dorados en el cuello y en las muñecas parece una princesa egipcia. Le gusta hablar y cuando lo hace lo hace hasta por los codos. Sus quejas se parecen también a las de Narcisse en el sentido de que es poco –por no decir nada- afortunada en amores.

 

Su carácter es el de una persona inhibida y tímida si no te conoce, precisamente todo lo contrario de la extrovertida Narcisse, pero cuando tiene confianza no para de hablar. Todo en su vida se desarrolló lentamente, acabó los estudios de secretariado muy tarde,

Se casó tarde y tardó varios años antes de quedar embarazada. Tuvo dos gemelos maravillosos y poco tiempo después su marido la abandonó.

 

Laura es una mujer que tiene erupciones cutáneas que rezuman un líquido espeso como la miel y por ello usa unos polvos que camuflan ese aspecto poco agradable. Por otra parte tiene los párpados inflamados, con pústulas; secreción por los oídos; ulceraciones húmedas detrás de las orejas; comisuras de la boca agrietadas. Sus uñas, fácilmente observables, son gruesas, agrietadas y deformes. Es llorona, pero es pesimista y con tenencia a la obesidad. Es un tipo de persona regordeta, de desarrollo retrasado, pero de muy buen carácter.

 

Carmen

 

Carmen es una mujer que gusta de temas repetitivos. No para de silbar "Nabucco" como algo que le produce balanceo automático de su cuerpo. Tiene vello excesivo en brazos y piernas y el fuerte olor corporal le da una "apariencia masculina" que no intenta disimular a excepción de la barba y bigote que se los rasura a diario. Su labio superior suda como si acabara de beber agua.

 

Cuando a alguien le llama la atención sobre la negritud de su pelo ella contesta medio en serio medio en broma que aún es más negra su cabellera baja. Es vegetariana no radical y se siente orgullosa de los dos hijos gemelos obtenidos por inseminación artificial y evita hablar de todo lo que rodee a ese asunto.

 

Carmen es una persona obsesionada por el orden en todos los dominios de la vida. Para el caos no entra en su cabeza ni como concepto intelectual. Cuando le dije que quizá el ser no es libre sino por la acción del caos me preguntó ¿Qué es el caos? Le contesté que el que yo no pueda contestar a esa pregunta no significa que no exista. A pesar de su reticencia a hablar del tema no desperdicié la ocasión para dar mi humilde opinión. "El caos –insistí- es la persistencia de lo anterior en lo posterior, de lo lejano en lo íntimo, e inversamente". "El caos es el destino doloroso del ser, de ahí la manía de muchas personas que quieren vencer su ansiedad con la limpieza y el orden". Eso pareció gustarle y me dijo que es un tema interesante.

 

Georgina

 

Georgina, alta, morena con ojos enormes y largas pestañas, gran amante de la música sinfónica o polifónica, es una persona dominada por un carácter estético. Le encanta la arquitectura, la escultura, la pintura y en general el arte y la historia. Según Simone es la que tiene más aventuras amorosas -masculinas y femeninas-, pues cede fácilmente. Es entusiasta hasta el gorro y tiene un carácter empático digno de una gran dama. Viste con gran elegancia y pasear e ir a cenar a un restaurante de Montparnase con ella es un gran placer.

 

Es como la mayoría de las mujeres altas, estilizadas, con insuficiencia torácica, con la piel fina, casi transparente, fácilmente sensibles a los sonidos, olores, luces, electricidad atmosférica o temporales y largas pestañas. Según Simone, su estado psíquico se puede resumir como excitación emotiva y aprensividad exaltada. Se esfuerza por ser simpática a todos. Simone matiza sus miedos. Son –suele decir-  como presagios y teme a lo que ella cree que va a ocurrir. Su ansiedad aumenta con la hora crepuscular y en la noche.

 

Teme a las intervenciones quirúrgicas aunque éstas sean leves. De ahí su miedo a los dentistas. En cuanto al apetito Simone suele decir que sale más a cuenta comprarle un vestido que invitarla a cenar, pues tiene hambre incluso después de haber comido y por la noche. Suele tener ronquera que empeora por la tarde, antes de medianoche y ardores un poco por todas partes, siempre lleva pastillas de menta por si ha de cantar de noche.

 

Con ella visité muchos museos y exposiciones tanto en París como en la Banlieu. Se sentía a gusto en mi compañía porque decía que mi empatía le hacía sentirse como una persona normal. Era una persona muy miedosa y me pedía acompañarla hasta en sus visitas al dentista.

 

Sus dientes habían crecido algo montados unos sobre otros por falta de espacio. Su barbilla era estrecha y realzaba sus labios gruesos, sobre todo el superior. Su cara es la de una chica bonita, aunque de cerca se puede apreciar que tiene un exceso de vello que le oscurece la barba y el labio superior. En varias ocasiones muchos familiares y amigos le habían propuesto colocarse unos "hierros" para "corregir" la posición de sus dientes, pero siempre se negó a ello (por suerte). Esa imagen de niña traviesa le daba un aire juvenil y hermosura fresca y alegre.

 

Georgina había cumplido ya cuarenta y dos años. Nunca se casó porque temía –aún más que yo- la brutalidad de los hombres que nunca comprendieron que pasión y delicadeza pueden (y deberían) coexistir. Provenía de una familia adinerada y su apartamento era realmente como un palacio. Tenía cuadros hasta en los pasillos y estatuas en todos los rincones. Pierre decía de ella que tenía la sensación de que era su amiga más amable y agradecida; la que se conformaba con menos. Solía decir que era "su" Juana de Arco y que si tuviera que casarse con alguien lo haría con una muchacha como ella.

 

Ágata

 

Según Simone Ágata siempre fue una mujer huidiza a la que no le gustaba complicarse la vida. El carácter huidizo –seguía explicándome Simone con todo lujo de detalle- no sólo lo mostraba cuando se refería a salirse de algún problema con la expresión de "irse a buscar tabaco" sino que su propio lenguaje estaba lleno de expresiones en las que evitaba las palabras que ella misma denominaba vergonzantes. Así por ejemplo, para referirse al coito decía la cosa: insistía siempre en no necesitar la cosa o bien no perdía la mínima oportunidad para decir que ella tenía arreglado el tema para expresar su indiferencia hacia los hombres.

 

Y sin embargo –Simone me advirtió-, siempre está cotilleando sobre "el tema". Los que la rodean no se aperciben fácilmente de su carácter porque tiene una gran habilidad diplomática y sabe esperar pacientemente a que los demás inicien la conversación y luego con suavidad introduce los temas que a ella le interesan.

 

Simone continuaba hablándome con el placer de una auténtica maruja sobre  Ágata: Con trece años descubrió –coincidiendo con sus primeras reglas- que la posición horizontal era cuando realmente se sentía más cómoda. En efecto, en contraposición a su aversión por la posición de estar parada en pie, se podía estar horas y horas leyendo en tumbada en la playa o en el sofá. También es fácil –continuaba Simone su análisis- observar que de estar sentada se siente más cómoda con las piernas cruzadas y con los riñones bien apoyados en el respaldo de un cómodo sillón.

 

Ante esa descripción de Ágata apunté en mi cuaderno algunos datos que, hilándolos luego, escribí un poema:

 

La horizontalidad

Mejor es dormir apaisadamente

en decúbito supino como el mar,

o sentada bajo un olivo con raíces hondas

en tierra, sorbiendo minerales

y amor materno, refloreciendo de año en año,

y con reluciente, despertar

bajo el éter fresco y azul.

Y sin embargo un geotropismo

te obliga a la efímera verticalidad.

Comparado contigo es inmortal el árbol,

y también las flores más audaces:

 querrías, -lo sabes- la edad de uno,

                                  la temeridad de las otras.

 En noches como esta,

en luz infinitésima de estrellas,

árboles y flores han esparcido

su frescura silente. Tú entre ellos sueñas,

y no te ven;

 cuando duermes a veces piensas que

eres su hermana más que nunca:

Tu mente se relaja. Y, sin embargo

resultas más normal, echada:

el cielo y tú trabáis conversación abierta;

y, así olivo y romero

 te acarician con su aroma y te ven.                         Sylvia M. Folch

 

Continuando con su análisis Simone me decía acerca de Ágata: "De la misma forma que aprendió a ocultar su afición a la horizontalidad en el sofá, Ágata comía desmesuradamente a escondidas y dejó de ir a misa los domingos porque no soportaba estar de rodillas. Ni poniéndose una almohadilla en el reclinatorio podía soportar esa posición. Por otra parte tenía muchos remordimientos y sentía culpa por la frecuencia con la que se masturbaba" (sic).

 

Según una confesión a Simone de la propia Ágata, "la simple mirada hacia el busto de sus compañeras la excitaba. Sin embargo la presencia de algún muchacho amigo de sus hermanos la dejaba indiferente". Sus reglas se fueron regularizando poco a poco y algunos años más tarde, después de un parto complicado, casi se olvida de sus problemas y ansiedades. Se dedicaba en cuerpo y alma a estudiar y su juventud pasó a ser la época mejor valorada de su vida. Salía con un chico (que no era el padre de su hija), Mateo, más que regularmente y acabó casándose con él.

 

Los tres primeros años de casada, todo eran cenas con amigos, excursiones a pie, llegando incluso a jugar a voleibol. Recorrió con su marido Mateo diversos países con viajes organizados. Pero observó que, por alguna razón la nieve no le gustaba, más bien le disgustaba, mientras que la playa le atraía muchísimo. Su humor era bueno en general y el futuro lo miraba con cierto optimismo.

 

Según Simone sus ganas de divertirse parecían no tener límites: sólo pensando que iba a ir de fiesta y que en ella habría baile y vino ya se ponía contenta. En efecto, bailando se transformaba en la más eufórica y erótica de las ninfas, el rubor afloraba a sus mejillas mezclándose con el calor del vino y sentía como se le clavaban los ojos masculinos en su pecho, con alegría redoblada giraba y giraba su busto para hacer resaltar sus apretados glúteos rozando lo obsceno.

 

Al regresar a casa hacía el amor con su marido al objeto de excitarse más y más con un coito que no culminaba en orgasmo hasta que no se masturbaba -aprovechando el momento en que Mateo se aseaba en el baño-. Simone me contó que durante el primer embarazo Ágata lo pasó muy mal: la amenaza seria de aborto la tuvo en vilo sobre todo en el quinto mes. En esos meses sentía aversión a su marido, llegando a vomitar la simple visión de los genitales de Mateo y cualquier olor fuerte de comida la sumía en un asco profundo. Cualquier tema que rozara el erotismo le hacía desear estar sola. 

 

Por fin dio a luz a una hermosa niña, pero entró en una profunda depresión postparto que no cedió aún después de la cuarentena. La atonía y la indiferencia duró casi dos años, y pese a que tenía la sensación de que no se encontraba bien del todo, poco a poco pareció recuperarse. Sentía como si la mala suerte se hubiera apoderado de ella:

 

A la hora de escribir, Ágata lo hacía más lentamente de lo normal, como si quisiera ir a tientas en lo que escribía, por aproximación, como quien siluetea un monigote con tijeras y va cortando aquí y allá hasta llegar a un parecido razonable (¿soportable?).

 

En la fina apreciación de Simone, Ágata se sentía como un espíritu en las afueras y que, por mucho que quisiera entrañarse, por mucho que tratara de acercarse a la médula de su asunto, era por naturaleza exterior, un tanteo que siempre se queda a las puertas, que no sabe nunca muy bien si se ha excedido o se ha quedado corto y hay rebaba en el contorno por donde pasaron las tijeras. Un dibujar, por último, que sólo construye curvas a base de múltiples líneas rectas enlazadas, que sólo es capaz de generar matices y detalles como suma de algo. Sin embargo, iba notando cómo fruto de esa situación, afloraban buenas dotes de diplomacia y sus cualidades musicales aumentaban con una hiperacúsia cada vez más fina.

 

A partir de algún momento de ese tiempo debió sentir una fuerte necesidad de afianzarse en una profesión como modo de independizarse de todos los que la rodeaban. Estudió con ahínco Administración de Empresas, logró entrar a trabajar en Prestil (una gran empresa del grupo ICI de Choisy-le-Roi) y allí no desperdició ninguna ocasión a la hora de hacer carrera dentro de la empresa hasta hacerse una fama bien merecida de trepa. Finalmente cuando la empresa fue vendida a una Sociedad japonesa fue despedida.

 

En la actualidad Ágata trabaja en una Agencia de Viajes, se ha separado de Mateo y su única afición es cantar en el coro y rehúye hablar de los problemas de otras personas. Llora desconsoladamente de rabia cuando explica sus contrariedades y sólo le entusiasma cotillear sobre aspectos sexuales de otras compañeras, porque en el fondo no reconoce a nadie como amigo o amiga. Y, sin embargo, desde que conoce a Pierre no puede despegarse de las actividades del coro ni del trato con sus componentes

 

Llamar a cada cosa por su nombre

 

Ya no bastan cuatro frases hechas,

aprendidas de antiguos comediantes,

ya no tenemos quince años

saliendo de los sueños de la infancia.

 

Dentro de las cancelas cerradas

en la amarilla llama del mediodía

-cuando callan las estatuas

y los mitos aceptan-

las voces se agitan, al principio

pura, tranquilamente

 y después atronadora y rápidamente

en la callejuela junto al bulevar de Pére Lachaise.

Descubren de pronto los eternos secretos;

a veces -con naturalidad aplastante-

son terribles y temibles como tumbas

y otras veces de nuevo como tumbas otra vez.

 Como caricias de lejanos y finos dedos

llaman a cada cosa por su nombre:

llaman al agua de la fuente, boca;

a los negros y altos árboles, olvido;

a la noche entre las rieras, cordón umbilical;

 llaman a los ojos llorosos, "amiga";

 a los frescos labios rojos, hojas;

a los dientes amorosos, pesadilla;

a los purpúreos lechos de amor, abismos;

a las negras aguas del puerto, lámpara;

llaman a las anclas enmohecidas, treno

                                                   del sueño;

 ponen alas de colores a la triste mirada

                                                       de Orfeo;

en sus manos (de Orfeo) ponen abanicos,

desgarran  sus encendidas faldas,

adornan sus cabezas con encajes

muy delicados (en el pecho de Orfeo clavan

                                                               banderas);

echan en el caos de los oráculos, sangre;

y, vuelven a llamar a las palmeras tizones;

se detienen con sollozos en la palabra martillo;

llaman silencio a las "puertas del Monasterio";

en lugar de muerte dicen, música en las sienes;

denominan bosque de la noche a tu corazón

y lata y fría tristeza al invierno.

 

ya no bastan cuatro frases hechas

aprendidas de antiguos comediantes;

ya no tenemos quince años

saliendo de los sueños de la infancia.           

Sylvia M. Folch

Simone está convencida que con el deseo sexual Ágata hacía lo propio de mujeres que menosprecian a los hombres o son indiferentes frente a ellos. Ágata suele decir que no los necesita y que masturbándose mejora sus frecuentes cefaleas y que su mejor amigo es el sofá.

 

En general, Simone se atreve a decir que Ágata es pesimista, sin interés en las cosas aún en sus propios negocios, con desafección por los demás y solitaria. De su figura destaca que suele usar gafas oscuras y bolsos enormes donde lleva consigo a todas partes multitud de objetos. Empeora y se encuentra muy mal estando en pie o de rodillas. Le disgusta el frío, el tiempo nublado y los días oscuros, antes de las tormentas; la leche; y, los olores.

 

Felisa

Lo que más destaca de Felisa es una voz extremadamente fina, casi infantil a pesar de sus cuarenta años y por su sensibilidad general para la música probablemente el canto y el perfeccionismo sea una de las mejores del grupo. Según Simone el único problema que presenta Felisa cuando se trata de cantar fuera es su pertinaz estreñimiento. Cuando viaja su estreñimiento es total.

 

Morfológicamente, Felisa es una mujer delgada de cintura hacia arriba y más ancha de caderas. Me refiero a una desproporción importante en cuanto a esa característica. El cuello es delgado y se adelgaza en primer lugar cuando hay una pérdida de peso.

Simone dice de Felisa que sus manifestaciones psíquicas, y a la vista de lo que ocurrió en cierta ocasión esta mujer pertenece a la diátesis diencefálica –término que yo desconocía hasta ese momento-: cuando no puede mostrar, liberar, sus emociones, excitaciones, cuando no se puede liberar de un dolor o desahogar una cólera, responder a una vejación, objetar a una contradicción o vencer una ansiedad y un miedo, entra en una fase depresiva de la que es difícil superarla porque no permite que se la consuele.

Cuando permanece oculta bajo esas emociones, Felisa asiste al nacimiento de un resentimiento. Se trata de un resentimiento patógeno, porque se encuentra en una situación de inferioridad frente a los demás a causa de sentimientos que le han herido y lo que es peor lo descarga sobre ella misma.

 

Felisa, según Simone que la conoce desde hace muchos años, es una persona que somatiza explícitamente todas sus preocupaciones; así es relativamente frecuente que diga: ¿que no puedo superarlo? entonces me provoco una enfermedad real. Ella piensa que es ficticia, pero la respuesta al problema se convierte en una cefalea, una metrorragia, una parálisis, un aborto, un insomnio, una convulsión.

 

En cierta ocasión –me explicaba Simone- la hermana, Yolanda, me llamó con urgencia a las 11 de la noche porque Felisa estaba sufriendo un "ataque de nervios" al igual que en otras ocasiones y la tenían inmovilizada en la cama, sujetándola entre todos (familiares y vecinos). Era una noche de tormenta y el aguacero no remitía en absoluto.

 

Cuando llegué –proseguía Simone-, después de atravesar medio Val de Marne y medio París, el cuadro que me encontré era casi kafkiano: varios familiares sujetaban a Felisa que deliraba diciendo cosas absurdas, sacando espuma por la boca y pidiendo que se le agujerease el abdomen (¿pedía un neumotorax?) para que pudiera salir el cáncer por allí, pedía insistentemente unas tijeras. El labio inferior estaba hinchado y con una fisura profunda en el medio.

 

A falta de más datos y ante la urgencia un homeópata se decidió a administrarle 8 gránulos de Natrium muriaticum 200 CH. La suerte le acompañó en aquella situación tan delicada: a los 10 minutos Felisa estaba sentada en la cama charlando con todos y explicando lo mal que lo había pasado, pero calmada, sosegada y lúcida. Nunca más tuvo un ataque como aquel. Desde entonces Felisa sólo habla de sus amores secretos con Simone.

 

Felisa, obsesivamente, sueña con ladrones, se despierta y es consciente de que ha sido sólo un sueño, pero mira debajo de la cama para cerciorarse de que es así. Tanto miedo tiene a los ladrones que cuenta que cuando llega a casa tiene que comprobar que dentro del armario no se ha ocultado ninguno.

 

Con grandes dotes comunicativas Grâce trabaja en la radio municipal de Charenton-le-Pont y colabora con la de Creteil, es emotiva y receptiva. Es una persona muy lenta en todos los aspectos y en especial leyendo textos. Se ha dedicado desde hace mucho tiempo a leer poemas. Y lo hace verdaderamente bien. Su problema es que se duerme haciendo el amor y por ello su marido pasa temporadas largas sin acercarse a ella. Su tendencia a engordar se dispara cuando pasa largas temporadas sin trato sexual y exactamente no sabemos cómo Pierre se las arregla para invertir esa tendencia, pero todas lo sospechamos. Ella reconoce que se adelgaza con los masajes, pero su marido se niega a hacérselos. Su voz es muy agradable oída por radio.

 

La activista social del grupo, Carla, es una mujer que se toma la vida sólo por el lado que ella cree que es el serio: Llora con música fúnebre o viendo escenas de crueldad con niños y se alegra con un vals. Está apuntada y milita activamente en dos ONGs y siempre anda ocupada. Tiene poco trato con el resto del grupo y lo que piensa sobre nosotras es un misterio. Las demás ignoran la relación que tiene con Pierre, pero es conocido que es una persona exenta de libido y que sólo se excita cuando bebe alcohol.

A Bruna, la música le produce irritabilidad y ansiedad. Viene nada más cuando el siquiatra la envía porque el coro le sirve (como a todas) de terapia. Es la única que no conoce a Pierre. Al principio parecía un enigma, pero pronto me di cuenta de que era un poco retrasada mental, pero su potente voz casi de barítono encaja muy bien en el conjunto. Le da un cierto aire de masculinidad en algunas canciones. Es extremadamente tímida y no soporta las caras extrañas.