25 oct. 2014

Vivir amado, es mucho más complicado.

JAZZ PARA UNA DIOSA DEL AMOR

 

Morir por ti sería insuficiente,

el más humilde de los mortales podría hacerlo dada tu condición de Diosa del Amor.

 

Vivir amado,

es mucho más complicado.

 

Te ofrezco incluso esto:

vivir con los pulmones ebrios de suspiros enriquecidos con jazz ese amargo veneno.

 

Morir es algo insignificante,

realmente demodé, pero vivir obliga a morir de éxtasis múltiples veces, como después de un solo de trompeta,

 

sin el respiro de estar muerto.

                                                                Johann R. Bach

Soberbias, se envaran las sillas tan vacías debajo del refugio en el que me acogiste;

BLUES DEL RELOJ DE SOBREMESA

                         Lampe auf den verlassenen Papieren,

                         Undringsum Nacht bis weith in ein ins Holz

                         der Schränke. Ich, naja, ich träume.

                                                                                                                                                                Elisa R. Bach

 

Una lámpara sobre papeles olvidados

y alrededor la noche, dentro de la madera de los armarios. Yo así te sueño.

 

Soberbias,

se envaran las sillas tan vacías debajo del refugio en el que me acogiste;

 

cargadas de muchas dignidades,

somnolientas y algo tristes;

 

desde arriba

se vierten junto a una harmónica noches de pasión sobre un reloj de sobremesa

 

jugando una partida de damas,

escuchando el vaivén de una música desgarrada de blues de un par de arpas de boca.

 

                                                                Johann R. Bach

22 oct. 2014

Esperas que por la mañana nos veamos para hablar, pero no te llamaré. Sé lo que me vas a decir.

BLUES DE LA RAMA DEL TEJO

 

Atravieso lentamente el parque.

Un tejo ha comenzado a inclinar una de sus ramas hacia el húmedo césped donde la joven hierba parece esperarla.

 

Yo debería hacer lo mismo

que esa rama: sobrevivir.  (bis)

 

Va a llover y no estoy de humor;

el cielo está furioso y es verde: el crepúsculo será diferente una vez más. Me has dicho que quieres hablar, pero yo no lo necesito:

 

Sé lo que me vas a decir. (bis)

 

No necesito palabras

para comprender el extraño y frío brillo platinado de tus ojos. La tarde está poblada de lanzas amenazantes y un triste tañido de campanas y de más cerca

 

el contenido grito desagarrado

del saxo sobre mi espalda. (bis)

 

Según las noticias de la radio

el mar se va a revolver y aconsejan no salir a navegar. Esta noche –dicen- va a ser tormentosa…

 

Veremos un llorar en la piedra;

más adentro, entre los huesos, la carne duele.

 

Yo tocaré en el local medio vacio

notas más desafinadas que otras veces… (bis)

 

En la penumbra nadie verá mi tristeza,

el saxo brillará como el oro en la sala exenta ya de humo aunque el vaho pegado a los cristales permanezca adormecido por la cerveza.

 

Esperas que por la mañana nos veamos para hablar,

pero no te llamaré.

 

 Sé lo que me vas a decir. (bis)

 

No. Esta vez no.

No acudiré a mi entierro. Haré como la rama del tejo: clavaré mi tristeza en el césped y esperaré, tocando mi saxo, a que la vida vuelva a brotar.

 

                                                          Johann R. Bach

 

21 oct. 2014

Sólo puedo masticar pequeños trozos de caléndula que calman mi ansiedad,

BLUES PARA LAS CALÉNDULAS 

Aturdida aún intento saber qué pasa:
todo está oscuro y la boca la tengo seca y llena de barro; un pequeño hilo de agua discurre junto a mi mejilla y su helor aviva mi mente.

Poco a poco
me voy acostumbrando a la oscuridad y en el fondo de un pasillo medio destruido veo algo de luz.

Intento moverme y no puedo:
algo me sujeta por la cintura y mis piernas están doloridas, sobre mi espalda noto la presión de algo duro aunque no cortante.

Comienzo a tomar conciencia
de que estoy atrapada entre escombros que me tienen inmovilizada, oigo voces a lo lejos.

Sepultada entre las vigas
que han caído sobre mí, como fiera enjaulada respiro. Un rumor de palas me dice que trabajan desde fuera;

mis pulmones lo hacen desde dentro.

¿Cómo podría saber
que es a mí a quien buscan?

¿Cómo podrían saber ellos que aún respiro?
Un espantoso espacio hecho de arena y maderos atravesados impide que me puedan oír mis débiles palabras.

La disciplina practicada
durante años me indica que debo respirar profundamente para calmarme y pensar y … ¿qué otra cosa podría hacer? En primer lugar debo saber si estoy herida.

Tengo un golpe en la cabeza,
pero no debe ser grave porque no noto que la sangre corra por los cabellos,

muevo los dedos de pies y manos:
no tengo lesionada la columna vertebral. La rodilla derecha me duele aunque ese dolor ya me molestaba antes de estos magullamientos.

Observo con el tacto
de la mano libre la derecha qué cosas están a mi alcance: sólo un pequeño cesto de mimbre que contiene un ramillete de caléndulas que llevaba en la mano cuando se ha desplomado el cielo sobre mí.

Con auténticas dudas
sobre si es posible la esperanza tengo miedo, un miedo aún más paralizante que los escombros que tengo encima. Me tiembla la barbilla.

Sola por todas partes
como el propio convento en ruinas, poco a poco se va apoderando  de mi cerebro la idea de que si no estoy herida

ningún espectro podrá dañarme
ni serpiente alguna hechizarme: sólo destrona a la Fatalidad aquél que la ha sufrido.

Miro mi reloj
y por sus manecillas fosforescentes sé la hora que es aunque no puedo ver el día. Me parece que llevo aquí una eternidad.

Al ver que disminuye la claridad
al fondo de lo que creo fue un pasillo, la angustia se apodera de mí, el pecho parece que puede estallar de un momento a otro.

Me introduzco un pellizco de caléndula en la boca y dejo que lentamente la saliva disuelva sus alcaloides. Sorprendentemente la calma llega a mi espíritu hasta el punto de prepararme para afrontar la situación.

Respiro hondo… varias veces.
Para hidratarme bebo unos cuantos sorbos del agua que circula bajo mi rostro y el gusto amargo de la caléndula va desapareciendo.

El reloj marca las nueve,
afuera el rumor de las excavadoras ha cesado. Debo hacer como los que pretendidamente me buscan: dormir… dormir… dormir. Pienso en Hamlet.

Me concentro, punto por punto,
en aquellos lugares de mi cuerpo sobre los que me apoyo y punto por punto en los siento presión.

Parece que he dormido un poco.
Miro el reloj. Mi asombro es mayúsculo: Son las seis de la mañana. He dormido placenteramente. ¿A causa de la caléndula?

Afuera las excavadoras reanudan su búsqueda
apartando más y más escombros, mientras yo me revuelvo contra la idea de que no me encontrarán viva.

No tengo hambre, pero si sed.
Por suerte afuera sigue lloviendo y el agua llega a mi boca como los besos (mis primeros besos) del único amante que he tenido en mi vida.

Mis pies se entumecen más y más
y, sin embargo, aún mis dedos están despiertos. Por momentos el rumor de las palas cesa y me pregunto

¿Qué estoy haciendo
dentro de esta Apariencia de mí misma?

Antes de esta desgracia
creía conocer la Luz, ahora la puedo ver ahí al fondo del desdichado pasillo: es morir

Sólo puedo masticar
pequeños trozos de caléndula que calman mi ansiedad, beber pequeños sorbos de este milagroso hilillo de agua que llega hasta mi boca como la esperanza,

y soñar que Damián -el ladrón de mis sueños-
me besa los pezones y que va a venir de un momento a otro a rescatarme como el Orfeo que cada monja lleva secretamente en su corazón.

                                                         Johann R. Bach

apagarás el amanecer con una copa más de ron quemado

LA NOCHE DE FINAL DE MES

 

¡Qué pasada!

Por la mañana te levantarás

bailando valses de Johann Strauss;

todo sonreirá bajo un cielo despejado

y un sol prometedor

 

como tantos a final de mes.

 

Al mediodía el ritmo de swing

te hará sudar, hasta reventar,

en la Plaza de la Virreina.

Por la tarde te relajará la ducha y la siesta,

luego, después de una película,

 

cena, pasodobles y ron incluidos.

 

Entrarás en casa deseando más noche;

tu compañero de piso te dirá simplemente:

"te esperaba".

El atrevimiento con el que te desnudas

volverá a desconcertarlo.

 

Tú te sacas el luto como íntima ropa negra,

 

como tu madre lo hacía al ponerse el pijama.

¡Vamos, alégrame lo que queda de noche!

-te dirás parafraseando a "Harry El Sucio"-

Sabes que pronto te encontrarás

con la aurora clavada en el espejo.

 

Haces mala cara –pensarás en tus adentros-

 

y tienes los pies sucios de música barata,

has perdido el foulard del último aniversario.

De costumbre –a la hora de los sobornos-

apagarás el amanecer

con una copa más de ron quemado

 

mientras escuchas el último blues

 

de Radio FIP saliendo de tu ordenador.

¡Qué pasada! Un simple compañero podría

convertir en rosas las agrias flores del vino.

Mentirás indiferencia para todo lo que  no sea

la noche de final de mes y en el Bar Terra,

 

ebria de vida falsa, seguirás adorándola.

 

                                             Johann R. Bach

 

19 oct. 2014

prométeme que alguien me avisará para que sea mío tu último suspiro,

AMAR MÁS ALLÁ DEL ESPACIO Y EL TIEMPO

 

No me explico esta locura,

este bestial deseo de poseer todos tus átomos y sus vibraciones hasta el punto de pretender que te comprometas por escrito,

 

que me prometas

que cuando estés a punto de cruzar la Verja, habrá médico, enfermera, notario o sacerdote que me convoque.

 

Es un amar ambicioso

–lo reconozco-, pero

 

prométeme que alguien me avisará

para que sea mío tu último suspiro, mío el sellar de tus ojos,

 

no con monedas

por más que hayan sido acuñadas en oro o platino sino que sean mis labios

 

el único broche

que tus caídos ojos pidan;

 

mío el permanecer

–cuando todos se hayan ido- junto a ti, sólo mío el concebir una vez más que tu cuerpo al rendirse de tal modo

 

me devolverá mi vida

más allá del espacio y el tiempo.

 

                                                              Johann R. Bach

Los fantasmas no precisan necesariamente una casa para hacerse presentes;

NO ES LA APOCALIPSIS LO QUE NOS ESPERA

 

Los fantasmas no precisan

necesariamente una casa para hacerse presentes; ni siquiera necesitan una modesta habitación para mostrar su esencia,

 

pues el cerebro tiene pasadizos

como un espacio ortonormal de dos dimensiones –es decir, sin volumen alguno-;

 

Es más seguro topar a medianoche

con un Espíritu Extraño que se ha colado a través del laberinto auditivo que plantar cara

 

al que se lleva dentro

ese Gélido Huésped adherido como titanio al hueso y que tiene por misión aniquilarnos.

 

Es más seguro profanar las losas

al recorrer los pasillos de un monasterio que encontrarse sin armas a uno mismo

 

en Lugar Solitario.

En caso de presentarse esa posibilidad tengamos por sentado que no es la Apocalipsis lo que nos espera,

 

sino nuestros deshabitados ojos.

 

                                                             Johann R. Bach