8 oct. 2016

hay una cólera (en Nueva Oleans) en el aire que una madre no puede disipar.


BLUES DEL KATRINA

¡Katrina,

nunca dejaste caer tanta agua
sobre esta ciudad!

¿Qué pretendes hacer aquí, donde es tanta la indigencia y somos tantos los seres que a pesar de todo creemos en la música,

único bien que poseemos,
en esta Nueva Orleans ya llena de penas?

¿Qué vienes a hacer sobre estas casas fantasma,
donde incluso sin tu amenaza nuestra vida siempre peligra, donde vivimos como fugitivos amenazados por el éxodo?

¿Qué has venido a hacer, Katrina,
En esta ciudad donde, cansados y sin coraje, lloramos sus calles inundadas, y asustadas?

¿Qué quieres de nuestros pequeños huertos,
más viejos que el más viejo de nosotros?

¿Tienes algún recado
para las cenizas de quienes hemos resistido, harmónica en mano, a tu huracanada violencia?

¿Por qué interrumpes
la melodía de todos esos viejos en su recordar inacabable? También los niños se han despertado y se sorprenden, y

hay una cólera
en el aire qu Ella estrecha a los pequeños, uno tras otro, en su regazo. Cada pequeño rostro adivina el dolor de después del diluvio.

Había música en Nueva Orleans
y en los intersticios de la muerte antes de tu ira. Sí, mucho antes de tu llegada había ya

dolores de todos los tamaños
y música de blues como única fuente de felicidad.

Ahora ya sólo queda recordar
el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera mezclándose con las notas roncas de nuestras voces.

Con todo el blues no traza fronteras
ni límites frente al bien y el mal, ni frente a lo desconocido, y sigue ahuyentando a los fantasmas en los espacios vacíos, inundados,

 y a medianoche.

I per què recordo el que sí va experimentar el meu cos i la meva ànima?


OCTUBRE, TEMPS D'ESTIMAR

Qui va esborrar el temps
que em donava el seu oxigen, el que amagava allò no viscut?

I per què recordo
el que sí va experimentar el meu cos i la meva ànima?

Què fa aquí,
en aquesta humil Casa d'Hostes, refrescant-me la memòria sota la lluna d'octubre?

La boira,
el silenci d'aquest mateix moment que no és meu, els teus petons que em rejoveneixen... tot plegat fa que la meva sang bulli de nou.

                                                                                                  J. R. Bach

-Sucedió hace mucho, muchísimo tiempo…


JÓVENES ESCRITORES LEEN A ERMESSENDA

Ermessenda volviendo de un paseo
subió lentamente las escaleras que conducían al piso de la humilde Casa de Huéspedes. Era un hermoso día de invierno y la escritora, como solía hacer, se había puesto en marcha justo después de desayunar, para aspirar oxígeno fresco.

Ya con los pies fríos
se alegró de regresar a su habitación cálida y acogedora. Clementine le abrió la puerta con la noticia de que un joven, a quién ella jamás había visto, llevaba media hora esperándola. Ermessenda, que casi nunca recibía visitas, se dirigió con cierta curiosidad a la sala de estar. Cuando entró, el joven que la esperaba sentado en una butaca se levantó e hizo una reverencia.

Ermessenda devolvió el saludo y dijo:
-Me ha dicho que lleva usted un rato esperándome. ¿A qué debo su visita?
- Permítame que me presente: soy Daniel Duval, escritor.
- Tome asiento, por favor. Me alegra que haya escogido usted la escritura como profesión.

El joven escritor era pálido,
tenía el pelo rubio y liso certificando su predisposición a las afecciones gripales e iba correctamente vestido.

Un grupo de jóvenes
interesados por la literatura descubrimos su "Yo, Marta Guillamon y los Hombres de mi vida".
-¿Cómo?- exclamó Ermessenda perpleja- ¿han leído ustedes mi novela? ¿todavía se leen mis obras?

-Nosotros sí que las leemos.
Y nos enteramos de que moraba en una sencilla Casa de Huéspedes cerca del café donde nos reunimos. Después de esa primera novela descubrimos una segunda "Barcelona nació con los Granados" y luego una tercera "El Arte Gótico de los Huesos". Quedamos maravillados de su forma de escribir,  pues nunca habíamos conocido a un genio tal: una escritora "surrealista de hogaza", que había hecho en este pequeño rincón de París su propia "Cátedra de literatura", junto con un minúsculo y merecido púlpito (Cassia, Clementine y los otros huéspedes de la pensión) que desafía a toda institución universitaria, con la humildad y la extravagancia de quien vive dedicado sólo y exclusivamente a la literatura.

Somos, sí, un grupo de escritores jóvenes
que nos mantenemos apartados del camino trillado. Si le dijera sus nombres, no le serviría a usted de mucho. Esos nombres todavía son desconocidos. Somos creadores de lenguaje, ni más ni menos, y ya llegará nuestra hora.

Ermessenda lo escuchó atentamente
y asintió con la cabeza. Le resultaba todo muy extraño: ¡alguien leía sus novelas! Escritor, escritores, creadores de lenguaje… ¡Cómo sonaban esas palabras! De pronto afloraron en la memoria de la escritora imágenes confusas de días lejanos y personas olvidadas. Nombres y destinos le venían a la mente, y al final se vio a sí misma como una mujer joven, igual que ocurre en los sueños se vio riendo, charlando, se vio como una de las mejores y más altivas escritoras en medio de un círculo de jóvenes que se mantenían apartados del camino trillado y que sólo querían ser escritores. Y dijo en voz alta, como si el joven Daniel Duval que tenía delante hubiera recorrido junto con ella sus veloces pensamientos:

-Sucedió hace mucho, muchísimo tiempo…

Aquella noche no podía conciliar el sueño.
Decidió esperar a que llegara Cassia de su viaje a Dinamarca. Cuando la vio llegar su corazón se aceleró como se le hubiera puesto una inyección de adrenalina iodada. Con los ojos cerrados simulando estar dormida, sintió como se inclinaba sobre ella para besarla. Siguió echada sobre la cama pero sus brazos rodearon el pecho de Cassia. Sintió como ella la acariciaba.

-¿Qué hora es?
Sin responder Cassia le puso una mano sobre el vientre y continuó acariciándola. Ermessenda sonreía. Cuando Cassia deslizó su mano entre las piernas, ella se la sostuvo con firmeza. Aspiraba con fuerza el aire caldeado de la habitación para oxigenarse, le hervía la sangre…

-Dibújame.
Dibújame desnuda como lo hiciste con Clementine.

¡Inmortalízame en tus retratos!

                                                                               J. R. Bach

cielo y tierra parecen haber permutado sus propiedades:

imagen de Michael Cheval

TORMENTA

Parece que vamos a tener tormenta.
Metales y no-metales, mármoles, basaltos y feldespatos están eufóricos y se preparan para el baño.

El viento sopla con ganas de bronca.
La coquilla del cielo se cierra y se acerca; casi se podría tocar su barriga preñada con las yemas de los dedos dando tan sólo un saltito.

Cassia, se dispone a dibujar ese cielo singular,
mira hacia arriba, igual que hacen la ramas desnudas de los árboles, y se sobresalta por la inusitada proximidad de las nubes;

cielo y tierra
parecen haber permutado sus propiedades: el cielo se ha vuelto más sólido que de costumbre mientras la tierra se licúa.

                                                                                      J. R. Bach

¿por qué recuerdo lo que sí experimentó mi cuerpo y mi alma?

imagen de Delvaux de la colección Thyssen

OCTUBRE, TIEMPO DE AMAR

¿Quién borró el tiempo
que me daba su oxígeno, el que escondía lo no vivido?

Y ¿por qué recuerdo
lo que sí experimentó mi cuerpo y mi alma?

¿Qué hace aquí,
en esta humilde Casa de Huéspedes, refrescándome la memoria bajo la luna de octubre?

La niebla,
el silencio de este mismo momento que no es mío, tus besos que me rejuvenecen, hacen que mi sangre hierva de nuevo.

                                                                                                 J. R. Bach

7 oct. 2016

Tantas veces va el cántaro a la fuente ...


DOS LEYES DE MURPHY

Ley Vigésimo Octava

Si sueles revolcarte por el pajar
acabarás pinchándote con la aguja.

Ley Trigésimo quinta

Si eres muy bajito al cruzar la frontera
un día u otro algún aduanero te dirá: ¡Alto!

                                                                          J. R. Bach

En preparación "Retales de Algodón" tercera novela de la trilogía "Dibujos y Paisajes de Cassia", "El Arte Gótico de los Huesos" y "Retales de Algodón"


RETALES DE ALGODÓN
Siendo ya más madura
–continuó Ermessenda después de un pequeño sorbo de café- comenzaron a salir voces que pretendían decirme cómo y qué tenía que escribir. Por toda respuesta di mi palabra gratuitamente,

dejé que los críticos dijeran cuanto han dicho; me ofrecieron a cambio pan y aceite, cobre y cobalto además de un código cosido con silencio en sus jardines: pasteles de neón, nada.

                                                                                                                   J. R. Bach

6 oct. 2016

Escribir nos da la posibilidad de iniciar un viaje de placer, de vivir la aventura de una edad de platino que no se oxida

¿POETAS EN CRISIS?



Ahora algunos poetas se han caído
de la cómoda cama del Olimpo y comparten con los simples mortales una aventura surrealista: la de escribir cosas orladas de figuras poéticas, imperfectas y sorprendentes, que surgen de la mente de cada uno.

Hay libertad para escribir, lo que no es poco,
para ver un mar de feldespatos, lagos inmensos de azucenas, ranúnculos y caléndulas; para ver personas hambrientas de belleza poniendo a una hija el nombre de Neret; y describir un cielo en fuga hasta llorar de placer.

Escribir nos da la posibilidad
de iniciar un viaje de placer, de vivir la aventura de una edad de platino que no se oxida aunque los agoreros del cambio climático auguren la extinción de las abejas y la muerte de los mares.

Lanther y otros matemáticos
ya han demostrado que el Caos no existe y que la esperanza estadística en su complejidad desmiente la unilateralidad de un mundo concebido solo como un espectáculo terrible: sobre el bosque arrasado por un incendio resurgirán trementinosos pinos y vigorosos robles y

mientras eso ocurre
alguien escribirá que ha visto belleza allí donde otros no ven más que dolor y desolación. Siempre habrá quien se niegue a separar lo verdadero de lo falso.

                                                                                   J. R. Bach

4 oct. 2016

Cada palabra se abraza con la que tiene al lado.


ALGUNAS CITAS PARA ERUDITOS



Un anuncio poco común


PRIMER DÍA DE ERMESSENDA EN PARÍS

Aún con la mente confusa por los acontecimientos de aquellos días en que yo admiraba su cuerpo de hombre agonizante. Sí, de un cuerpo que irradiaba dolor al menospreciarme y que sigue aquí –más allá de lo razonable-…, que insiste.

Me volvía loca su lengua –clavel de la ironía- que escondía callada sed punzante. No sé cómo aún perdura en mi mente su mano nerviosa, azul, de amante ni su verso que llora aunque cante. Seguía y sigue presente en mí la imagen de su pila de huesos, insultante, y su alma cayéndose de frío.

¿Qué podría decir, cicatrizante, a aquellos atributos de su augusta verdad que lo envolvían? ¿Qué le podría haber dicho para que su mente cambiara de rumbo?

Con esas tribulaciones danzando en mi cabeza me encontraba en París leyendo los anuncios de una revista de publicidad inmobiliaria.

Llamé al número de teléfono de Clementine
porque me pareció poco común su anuncio:

Se ofrece habitación
en Casa de Huéspedes a mujer seria y responsable, amiga de la conversación, sin alergias al polvo, aficionada a la lectura, a la poesía, a la música clásica, al arte del dibujo, a la pintura surrealista y a la escultura figurativa. Llamar tres veces seguidas a partir de las cinco de la tarde al teléfono ……..   ………..   …………
                                                                                           J. R. Bach