23 mar. 2016

-¿Te habrás aburrido no?


REGRESO AL JARDÍN

Buenos días amigo,
me alegro de volverte a ver. Veo que sigues ahí, en el muro, con tu costumbre de tomar el sol por la mañana temprano.

-Hola amiga
–contestó con su ronca voz el viejo lagarto-, estaba preocupado por tu ausencia. ¿Te ha pasado algo que te ha mantenido lejos del Jardín?

-Me han operado otra vez de la cadera,
pero por fin me han soltado otra vez esos matasanos modernos. Mucho laser, mucha publicidad y pocas nueces. Y ya lo ves, no puedo olvidarme de esta silla de ruedas.

-¿Te habrás aburrido no?

No creas, podía contemplar el jardín
desde la ventana donde me tenían postrada y aunque era fría la umbría penumbra de esa clínica montada en una casa de piedra de esas de veraneo cuya estancia en ella la venden como un periodo de reposo, no estaba mal.

El silencio era tal
que desde una cocina que había al final del pasillo resonaba con fuerza el tictac de un reloj y al final hasta me parecía obtener compañía con su incesante medir el tiempo;

Y a menudo
me encontraba a gusto contemplando el trémulo follaje, las ramas, la maraña dibujada por la sombra sobre la pared encalada de aquella habitación como si fueran cuadros pintados especialmente para mí.

Ahora además del paisaje,
oigo la música del Jardín y mis añosos pulmones pueden embriagarse, libremente, con la poesía de la vejez y el viento.

                                                                       Johann R. Bach

22 mar. 2016

Sí, es al amanecer… Ropa sucia.


SERPIENTES Y JABALÍES

Sí, es al amanecer… Ropa sucia.

La serpiente y su sangre emponzoñada de cinc,
como una constelación, estuvo tan cerca de las mujeres tal vez para que despreciaran la noche de bodas en que cohabitaron con un dios sucio de apio hasta las orejas.

Los hombres jabalíes revolcados en azufre,
por el contrario, prefirieron a las más distantes diosas, se acostaron con ellas y las hartaron de cuadros, y todavía hoy siguen admirando el desagüe del retrete que ha sobrevivido al templo de Apolo en Delfos.

Sí, es al amanecer… Ropa sucia.

                                                                                Johann R. Bach

Estaba de muy buen ver la chica –pensaba Jotapé.


JOTAPÉ DE SOBRENOMBRE

Al parecer Emilia tenía un ojo especial
a la hora de escoger amistades.

En cierta ocasión
acogió en su casa a J.P. un muchacho de dieciocho años hijo de una profesora de metafísica de una academia clandestina de la época.

¿Queréis que os explique la historia de Jotapé?

¡Oh sí Tía Mygale! –dijeron a coro todas aquellas arañitas que se reunían por las tardes para aprender a tejer.

Le llamaban Jotapé
–reanudó su relato la vieja araña narradora- porque firmaba las postales que enviaba a sus amigos desde los lugares que visitaba con las siglas J.P. ocultando así su verdadera identidad al igual que lo hacían los jóvenes revolucionarios de la época. Cuando se le preguntaba sobre el significado de aquellas siglas respondía que eran las iniciales de Janos Petrovich un pseudónimo que pensaba utilizar en sus escritos futuros pues era muy romántico.

Una de aquellas tardes
Jotapé había puesto una música bailona, ya sabéis, de esas salsas caribeñas que sólo oírlas cualquier araña empieza a mover el culo, cuando, de repente, sonó el timbre. Al abrir la puerta se encontró Jotapé a una joven ataviada como una antigua deshollinadora con sus instrumentos de limpieza.

Aquello, os lo juro chicas, me hizo abrir los ojos. Inmediatamente me descolgué del techo y me situé sobre un cuadro en el que Emilia llevaba un vestido de blonda blanco, largo hasta los pies, de primera comunión con un misal blanco biselado en oro en una mano y un rosario oscuro en la otra. Sobre su cabeza lucía una diadema orlada de brillantes.

Desde aquella posición
lo podía ver todo perfectamente. Sabía que estaba a punto de pasar algo y saqué de mi bolsillo mi cuaderno de notas y me dispuse a describir todo aquello que pasara.

Aquella muchacha
llevaba una gorra de esas llamadas apaches, la visión de la cual dejó a Jotapé totalmente desconcertado. Ella le dice que la escritora Emilia la había llamado para hacer la limpieza. Sin más preámbulo extendió un plástico junto al fuego a tierra y comenzó a sacar la ceniza. Llevaba unos pantalones negros, camisa azul marino y zapatos botines con cordones y calcetines negros. El color oscuro le estilizaba la figura y disimulaba aceptablemente sus voluminosas tetas. Cuando Jotapé estaba seguro de que ella no podía verle miraba descaradamente aquellas caderas bien puestas y que se balanceaban de vez en cuando al ritmo de la música caribeña. Con el dorso de la mano se limpiaba el exceso de saliva que se desbordaba por las comisuras de sus labios como si estuviera viendo a alguien comer un limón.

Estaba de muy buen ver la chica –pensaba Jotapé.
Cuando acabó la faena el muchacho, temblorosamente, le dio un cheque que Emilia había dejado en el mueble del recibidor. Ella enrolló en una manta sus instrumentos de limpieza y al ver lo azaroso que estaba, y divertida, le preguntó si no iba a darle un beso. Dicen que trae buena suerte –dijo ella.

Aquello era demasiado para Jotapé;
sus ojos estaban más abiertos que los míos os lo aseguro. Unas décimas de segundo después se puso colorado como un tomate. La besó en la mejilla y se estremeció al sentir aquella piel tan suave exenta de todo vello masculino. Ella rio y sujetando la cara de Jotapé, dirigió sus ojos hacia los labios de él y le dio un pico. Sí sí, un beso en todos los morros. Luego le dijo tranquilamente: Me llamo Rosita. Luego se giró para marcharse.

Jotapé la acompañó hasta la puerta y la acompañó escaleras abajo. Sentía el beso quemándole los labios; no sabía qué le pasaba. Estaba su cuerpo lleno de sensaciones que lo conducían hacia aquello que él desconocía. Estirando las orejas me pareció oír cómo le decía que le gustaría verla otra vez. Se debía preguntar si a ella le gustaría ir al cine con él alguna vez. Por primera vez Jotapé supo qué quería hacer de su vida. Pero en aquel momento no se lo dijo.

Rosita poniéndose las manos sobre las caderas
se lo miró de arriba abajo y un silencio denso se interpuso entre los dos, pero finalmente ella le dio una tarjeta de la empresa de limpieza en la que trabajaba.

Llama a este número esta noche
–dijo Rosita- después de las diez. Entonces hablaremos. Ahora me tengo que ir. Volvió a mirar a Jotapé otra vez a los ojos y sonrió.

¿Y después qué? Las arañitas estaban inquietas.
¿Nos vas a contar Tia Mygale el resto de la historia? No te pares ahora.

Mañana os contaré el resto.
                                                                     Johann R. Bach

¿Qué me ataba antes...?


ABRÁZAME Y SUEÑA

Eres del amanecer
cálido aliento y haces que tiemble al sentirlo.

¿Qué me ataba antes
de pies y manos la boca corazón?

Duras virutas del alma.

Un golpe de partículas subatómicas
tirita en el aire y ríen las estrellas.

Abrázame y sueña.

                                             Johann R. Bach

21 mar. 2016

El Tiempo Presente: Es el más largo para unos


METAFÍSICA

Relato:
Al despertar después de una noche de ensueño,
sorprendentemente, Maximina del Orbe se asomó a la ventana y vio que no había cisnes en la calle.

El Circo:
De niña Marta Guillamón
fue llevada casi a la fuerza a ver los payasos de un circo ambulante. Salió llorando por la pena infinita que sintió por ellos.

La Televisión:
Jotapé (J.P.)
dejó de mirar películas en televisión porque no quería que nadie le dijera cuando ha de reír.

La risa enlatada:
Le contó el médico a su sobrino que la risa enlatada podría producir botulismo al igual que las espinacas fermentadas.

El consumo:
La publicidad –nos decía el cura del barrio-
ha sido tan intensa que ha conseguido convencernos de que la cabeza sirve para ir a la peluquería y las orejas para aguantar las gafas.

Grandes superficies:
Se inventaron
para que las mujeres compren alimentos y ropa aunque las bragas son más baratas en los mercadillos. Para los hombres se han dispuesto mercados de herramientas y tornillos.

El Cine:
Ni siquiera las películas
de contenidos masticados consiguen poner en marcha el cerebro.

El Inclemente Tiempo:
La lluvia bendición para unos,
trae a otros el reuma y la gripe. ¡Nieve para los ricos! ¡Sol y playa para los infelices! Unos y otros ya pueden olvidar que existe el mar.

El Tiempo Presente:
Es el más largo para unos,
mientras que otros lo aliñan con la "Salsa del Pasado". ¿El futuro? Todavía ha de nacer.

Amanecer:
Cada día la luz rompe las tinieblas de la noche.
Y eso sucederá, probablente, todos los n-1 días de nuestra vida.

                                                                             Johann R. Bach