26 sept. 2014

Caminamos en paz, mi sombra y yo.

LA ÚLTIMA NOCHE DEL VERANO

 

La noche es fresca

bajo los plátanos de la riera en Arenys de Mar.

 

Caminamos en paz, mi sombra y yo.

 

La luz en las ventanas

a estas horas de la noche nos responde.

 

                                                                    Johann R. Bach

Pronto os requerirá mi mano, mi mano, pequeño monstruo intenso.

A LOS MÍOS

 

Los diablos han vuelto, amigos.

Ahora mismo acaban de penetrar en esta vida de nuestro tercer milenio; más la palabra que revoca,

 

bajo la palabra que despliega,

ha vuelto a aparecer

 

-también ella-

para conjuntamente hacernos sufrir.

 

Con la ley en la mano

todos nuestros sacos de huesos irían a parar a la cárcel: sólo los alemanes se empeñan una y otra vez en convertir cada calle en una galería de celdas de una descomunal prisión.

 

A los míos

 

Por mi parte

sólo puedo deciros que, en mi espacio, donde el sol vuela bajo, tan bajo como las gaviotas, la noche los apaga mientras amo.

 

Como almendra dentro de su huerto

respiro la brisa del mar y siento como apacigua el fuego que brota de mi piel como el hielo al caos.  

 

Alcanzo con la vista

todos los muros del jardín y puedo observar el dulce pasear de las lagartijas entre los rojos ladrillos.

 

¿Mas qué vale el deseo

sin vuestro enjambre y celo?

 

Se apaga el ranúnculo bulboso

sin el color del prado.

 

Deciros lo obvio: que aquí,

en esta pequeña península del Cap de Creus, rodeada de olivos, vides y granados, resiste la tranquilidad, lo sabe el mundo entero.

 

Verano, mar,

espacios, amantes escondidos, todo un menú donde los gorriones entrenan sus vuelos y repiten unos a otros: "libre, libre, libre, libre, …"

 

Pronto os requerirá mi mano,

mi mano, pequeño monstruo intenso. Pero a excepción de vosotros ¡lectores! ¿qué belleza… qué otra belleza?

 

                                                               Johann R. Bach

25 sept. 2014

Sí, sí. Me gustaría poder maravillarte los insomnios con el paciente crepúsculo de la edad, despertar fuera del cuerpo,

PROPUESTA DE AMOR

 

Tus ojos me interrogan

cada noche y yo no sé qué podría contestar.

 

El amor podría ser

esa persecución de sombras, aquella cabeza de mármol mutilada o aquel desierto donde

 

el temor a perderte

permanece oculto en la suciedad antigua de los días.

 

Yo, humildemente

te propongo una travesía: amanecer sin querer poseer el mundo y en la humedad de la noche saciar el deseo aplazado,

 

respirar la música del cielo constelado,

sentir el borbotar de la saliva en el miedo de la boca.

 

Si estuvieras de acuerdo

te enseñaría el secreto de la alquimia de los minerales para provocarte una mínima culpa en el inmaduro paisaje del corazón.

 

Sí, sí. Me gustaría

poder maravillarte los insomnios con el paciente crepúsculo de la edad, despertar fuera del cuerpo,

 

olvidar la mirada

sobre el pelo esmeralda de los ríos, beber el fulgor de los astros en el esplendor del alba,

 

nombrarte

para volver a empezar juntos por enésima vez la vida.

 

                                                               Johann R. Bach

 

24 sept. 2014

¿Dónde están los dioses? ¿Qué piensan cuando te ven desolada?

¡Grita tu nombre al viento!

Mira el mar
ese inmenso depósito de vida.

Es como el fuego de la mañana,
la semilla del origen que se fija en tus ojos; no naciste señora: sólo te pertenece

el sueño que te alimenta y te borra.

Separada de los dioses
has preservado el gesto de la mirada que te legaron tus ancestros y te vence el azul del mar

en los pliegues de cada ola.

Con la mente has aprendido
a separar el trazo gris del presente y ahora el mañana te atormenta con desgracias que no han de suceder y, sin embargo,

tienes miedo de saber.

Reconoces que es necesario
que llegue ese instante ansiosamente esperado y luchas por el poder que te libre del don de los otros.

Eres mi amor el agua del placer
que se consume, la herida ensanchándose.

¡Grita tu nombre al viento!
Ofrece tus manos a la tierra que se encarna, como los labios desnudos donde arraiga el deseo,

la piel que necesitas
para que se queme tu cuerpo, el dolor que renace incesante.

¡Grita tu nombre al viento!
Que la caja de tu pecho se libre del mal que crece.

Cerca de ti,
en mitad del mar la luz empuja a todas las criaturas hacia un destino callado y paciente.

¿Quién ríe cuando lo has comprendido?

¿Dónde están los dioses?
¿Qué piensan cuando te ven desolada?

Cabizbaja,
ya libre de arrogancias que te cegaban, te sumerges en el olvido de todo aquello que te hizo desdichada, mientras

continúa germinando el mundo
y el llanto ¡Grita tu nombre al viento! Verás cómo de nuevo late tu corazón como la primera vez.

                                                       Johann R. Bach

Es el mundo nostálgico en el que los rastros de unas manos explican, frágiles, fragmentos de soledad.

LA NOSTALGIA DEL GRANADO

 

Moja la luz mediterránea

las diminutas hojas del granado; las blancas paredes se hunden ante su fuerza;

 

desnuda las ventanas de las casas,

quema las sombras y se esconde detrás de piedras y metales, abre los ojos impacientes,

 

las lágrimas fucsia

se abren paso a través de amarillas cortezas incapaces de contener la fuerza expansiva de los arilos.

 

En ellos los sueños se expanden

como la luz en el cielo rojizo del atardecer…, sangrando.

 

Es el mundo opaco

donde crece la nostalgia del granado; entre muros que se agrietan como sus frutos

 

mientras se desnuda el glorioso pasado.

 

Es el mundo nostálgico

en el que los rastros de unas manos explican, frágiles, fragmentos de soledad.

 

Imágines que empequeñecen el presente;

voces que retornan del fango de la memoria y alivian los síntomas de hernias umbilicales.

 

                                                             Johann R. Bach

el parque donde nos besamos tantas veces.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!
        
Nuestro mundo sigue al sol
en su viaje hacia el Ápex. Avanza en su movimiento hiperbólico a la vertiginosa velocidad de veintiún kilómetros por segundo.

Quiere llegar a tiempo
a ese lugar sagrado en el que han de coincidir el centro del tiempo con el Baricentro del Universo.

Para que nos entretengamos durante el viaje
hacia esas lucecitas de platino hemos de recrear un escenario adecuado a nuestro sueño;

un escenario
donde los ojos se reencuentran -una lengua de cielo nocturno- y también confluyen manchas blancas,

se apoyan las manos
en la corteza de los robles de una avenida cualquiera como la de Unten den Eichen de Berlín,

Los labios añoran aquella fuente
junto al monolito de la tercera Milla Prusiana donde nuestros padres nos llevaban los domingos.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!


Los pies vuelven hoy
a pisar las tablas de un escenario parecido a las calles donde cabía el mundo de nuestra infancia y

el parque donde nos besamos tantas veces.

El barrio es el escenario
de un sueño que agoniza, la piel que se estrella contra el secreto del tiempo que

nos ha de ayudar
durante nuestro viaje hacia el Ápex.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!      
                                                                            Johann R. Bach