28 nov. 2014

Ha sido como un sueño ajeno a nuestra especie:

ARBOLILLOS DESNUDOS

 

A finales de noviembre,

la estación del año en la que los sueños de los hombres son iguales, un pasado homogéneo,

 

desvanecido

 

que parece el de una piedra

secada al sol hay unos padres mudos, unos niños dan vueltas corriendo con un perro,

 

una llegada

que se intenta describir como agua que se lleva a mi boca cómo he dormido en mi habitación con su diminuto balcón que da a la calle de arbolillos desnudos.

 

Ha sido como un sueño

ajeno a nuestra especie:

 

En él se adelgaza el aire,

la luz se encoge y se despereza como admirando la lluvia y, sin embargo, punza los ojos…

 

el frío, la transparencia…

Los colores de la Navidad ya empujan.

 

                                                             Johann R. Bach

27 nov. 2014

Vinieron con la ilusión de poblar bosques vírgenes,

COLOR Y JAZZ EN LA PLAZA

 

No son, precisamente, ángeles lo que falta;

están en todas partes y son multitud. Los hay que penden en racimo en los taludes de las autopistas y

 

al anochecer,

en los linderos de los bosques sagrados se pueden ver los centelleos de sus ojos acorralados a través del tupido follaje de plátanos y tilos.

 

El calor de los pueblos

que acogen en sus calles a antiguos cantantes de blues y bailarinas de swing descongela el barro de sus jardines,

 

dibuja poco a poco

con las huellas de los peatones la espina dorsal del antiguo centro urbano cargado de luces de neón.

 

A vista de pájaro,

podríamos observar, la amplitud ondulante de suelo en pendiente, blanqueada por la luz al reflejarse en las alas de los arcángeles en punta como si fueran pequeños charcos helados.

 

Esas criaturas han volado durante siglos

hacia estas latitudes suaves subtrópicas. Vinieron con la ilusión de poblar bosques vírgenes,

 

bosques en fuga bajo el  viento

y hallaron bosques acosados por todas partes de resplandores de luces de colores y música de jazz,

 

de muros de hormigón

y ladrillos cocidos al sol

 

y, por un cielo vacío que ya no se sostiene

plagado de brasas de azul que se apagan, últimos resplandores del espacio, arcoíris de un caprichoso desdoblamiento de la luz

 

aves de eterna mañana.

 

Música de saxofones perdidos

entre los aires urbanos, clarividentes cuya razón de ser es demasiado antigua,

 

notas graves de contrabajo

como aves gigantes que golpean los finos cristales de las ventanas de los mundos cálidos de los habitáculos que cobijan al alcohol, al tabaco, al café y al sexo;

 

y, renegantes de dioses y ángeles,

quieren vivir.

 

La tierra les hincha el corazón

y borbolla tormentas en su estómago y en sus arterias.

 

Muy lejos de los cascos urbanos

el lamento de la trompa llama al fondo del bosque de estrellas y los ángeles refugiados en él no oyen nada más.

 

Sus alas se arrancan

con ruido de truenos sin ritmo ni contrapunto y, plantados sobre la tierra, por primera vez están borrachos no de alcohol, sino de vértigo.

 

Borrachos, pero aún bellos.

Borrachos sí, pero bellos como el día.

 

Nada de Auriga,

de llama recta sobre el carro, nada de esmalte, nada de Victoria de Samotracia.

 

Sólo la belleza envolvente de la luz:

 

ácido virgen

arrancador de orín y sombra. Belleza carnicera, artesana sobre carne y hueso, reveladora de entrañas;

 

y la materia rinde el alma

como el romero y la lavanda aportan olor al atardecer cuando el frescor labra los jardines.

 

Es la belleza que guardan,

a pesar de la desesperanza, miles de criaturas que fueron seducidas como ratas arrastradas por el Flautista de Hamelin;

 

belleza amplia que ilumina

el universo de una aurora más abierta, más chispeante de clústers paquetitos de luz convertidos en música euforizante de swing

 

juego de cintura para deslizarse

en la jungla de los malos presagios en pleno día, ardid para golpear a la propia luz,

 

por detrás ¡de un brinco!

 

El ritmo quema la grasa,

en lámparas hechas con las palmas de sus manos. Y es que una plaza sin música ni color es

 

insoportable como un lecho vacío.

 

                                                                                   Johann R. Bach

26 nov. 2014

El furor del mar tormentoso: es una porción de eternidad

HOY LLUEVE. MIREMOS POR LA VENTANA

      

Mirad un cuerpo femenino:

veréis la obra de los dioses.

 

Cada cual ve lo que puede ver:

La rata, el zorro, el topo, el conejo, miran las raíces; la abeja, las flores, el pájaro, las nubes y el nido;

 

la araña, la tela.

la rana cree que el cielo no es más grande que la boca del pozo

 

mientras que el hombre se deleita

con el color de los frutos.

 

El águila

–con su extraordinaria agudeza visual- nunca perdió tanto tiempo como cuando se avino a aprender del cuervo negro.

 

El furor del mar tormentoso:

es una porción de eternidad demasiado grande para los ojos del hombre y lo que hoy es evidente

 

en otros tiempos fue imaginado.

 

Un solo pensamiento llena la inmensidad.

Hoy llueve. Miremos por la ventana.

 

                                                         Johann R. Bach

La abeja reina es la única que tiene un reloj de pulsera

UN BARRANCO AMARILLO

 

Algunas tardes, cuando me quedo dormido,

mi sofá se desliza hacia los campos y se detiene frente a un barranco. Intento volar como las abejas para evitar la caída.

 

Ante un abismo sin fin

la ansiedad me despierta y en la oscuridad, desde la mesa donde reposan naranjas, granadas y los plátanos

 

una abeja posada sobre la fruta

me mira a los ojos. Mis músculos tardan en desentumecerse y antes de desperezarme

 

me cubro con las manos el pecho

y no me atrevo a apartar la mirada de ese minúsculo insecto social e imagino su cara pálida en la que destacan

 

las visibles venas

bajo la fina piel de sus sienes. Pienso en su mundo rotando alrededor del sol… como el nuestro.

 

La eternidad está enamorada

de los frutos del tiempo. Especialmente el programa genético de la abeja le procura una laboriosidad fuera del tiempo:

 

al igual que el color preferido de las arañas

es el de las naranjas y plátanos, el color miel la excita de tal manera que no tiene tiempo para penas,

 

revolotea una y otra vez el panal

y no puede construir más que hexágonos único polígono que se desliza siempre por el mismo plano.

 

La abeja reina es la única

que tiene un reloj de pulsera para medir las horas de la sabiduría y en el momento preciso engendra otra abeja reina;

 

es la única que saca la cuenta

de los días que faltan para que la sequedad del verano paralice la actividad industrial,

 

el peso de los paquetes de miel

almacenados en contenedores con forma de prisma de base hexagonal y la medida de todo en años de escasez.

 

¡Qué suerte poder pensar

en un barranco lleno de frutos y flores!

 

                                                              Johann R. Bach

No se les ocurrió (a los poetas chinos) estudiar el genio de las ciudades y sus ejércitos

EL GRILLO Y VIEJO POETA CHINO

 

                                   Fue bailarina y geisha cantante

                                   y ahora es la mujer de un inconstante

                                   que vaga por el mundo y no regresa.

                                   Un lecho vacío es insoportable.

                                                                - ANÓNIMO CHINO -

 

Los viejos poetas chinos animaron

con genios todos los objetos perceptibles, incluidos los minúsculos insectos provistos de un mínimo corazón,

 

dándoles nombres y adornándolos

–no sin antes echar unos buenos tragos de vino- con los atributos de los bosques sagrados,

 

Los ríos, las montañas,

-y sus vericuetos para llegar a culminarlas- los pequeños estanques y pueblos minúsculos que no figuran en los mapas y

 

con cualquier cosa

que sus sentidos, muchos y más agudos, pudieran percibir.

 

No se les ocurrió estudiar

el genio de las ciudades y sus ejércitos como sistemas que necesitaran de la protección de alguna deidad mental;

 

sistemas de los que algunos se aprovecharon

para esclavizar a los hombres comunes, intentando abstraer o convertir en realidades mentales:

 

así nació el sacerdocio.

 

Escogieron los ritos de culto

narrados en los relatos poéticos del Pequeño Saltamontes o la Linterna de la luciérnaga.

 

No tardaron, así, en olvidar

que todos los dioses y musas habitan en el corazón del hombre y que hasta

 

el mínimo corazón de un grillo

canta de alegría -buscando compañera- al nacer la primavera.

 

                                                              Johann R. Bach

25 nov. 2014

Hay que reivindicar la cabeza sublime,

¿REIVINDICACIONES O DESEOS?

 

Maldecir fortalece, bendecir relaja.

De ahí el interés de las religiones en bendecir a pueblos y ciudadanos.

 

La bendición corta la imaginación y

el libre pensamiento como pecado y mucho más si se trata del femenino.

 

Crear una pequeña flor

es trabajo de siglos. El mejor vino es el añejo; la mejor agua la más fresca. ¡Los rezos no aran! ¡Las alabanzas no cosechan!

 

El alma de dulce gozo,

jamás se podrá mancillar y de la misma forma que al ver un águila reconocemos una porción del genio ¡Levantemos las cabezas!

 

El pobre en valentía es rico en astucia y

 

no se puede esperar

más que veneno del agua estancada

 

aunque de los ojos esperamos el fuego;

de las fosas nasales, el aire; de la boca, el agua; de la barba, la tierra; de los pies y las manos, la proporción.

 

El cuervo verde lo querría todo negro;

la lechuza, todo blanco. La exuberancia es belleza.

 

La verdad

–como la semilla que germina en la oscuridad- jamás debería decirse

de forma que se entienda y no sea creída.

 

¿Quién podría afirmar

que el desprecio al despreciable es como el aire al pájaro o el mar al pez?

 

Hay que reivindicar la cabeza sublime,

del corazón, el  desenfreno pasional no patológico pero inducido, y, de los genitales belleza.

 

                                                          Johann R. Bach

 

24 nov. 2014

El gusano cortado perdona al arado,

MÉXICO PARA PENSAR

 

En México se bendice con cada parpadeo.

No es mala costumbre y tarde o temprano sus gentes meditarán sobre el Cosmos a pesar de no tener costumbre.

 

Les pasa lo mismo

que al que desea pero no actúa, crían podredumbre. El gusano cortado perdona al arado, mientras otros

 

sumergen en el río

a aquel que ama el agua.

 

Se llenan la boca de improperios

contra el necio que no ve el mismo árbol que el sabio.

 

Alguien debería decirles

que no pierdan más tiempo y aparten de sus bendiciones a aquel cuya cara no irradia luz, pues jamás será una estrella

 

que marque el camino.

 

                                                                 Johann R. Bach

El gusano cortado perdona al arado,

MÉXICO PARA PENSAR

 

En México se bendice con cada parpadeo.

No es mala costumbre y tarde o temprano sus gentes meditarán sobre el Cosmos a pesar de no tener costumbre.

 

Les pasa lo mismo

que al que desea pero no actúa, crían podredumbre. El gusano cortado perdona al arado, mientras otros

 

sumergen en el río

a aquel que ama el agua.

 

Se llenan la boca de improperios

contra el necio que no ve el mismo árbol que el sabio.

 

Alguien debería decirles

que no pierdan más tiempo y aparten de sus bendiciones a aquel cuya cara no irradia luz, pues jamás será una estrella

 

que marque el camino.

 

                                                                 Johann R. Bach

23 nov. 2014

Antes de la lluvia no he visto hojas bajo las corolas

ME CANSÉ DE MI TRISTE OFICIO

 

Vuelvo a la casa de mis padres.

Me cansé de mi triste oficio de letrista: Escribir y repasar posibles errores de  letras de canciones -quemándome las cejas-, años y años, para otros

 

¡Solamente para otros!

 

La lluvia reaviva

el verdor del musgo del patio.

 

La escarcha enrojece

la casa con hojas caídas. Ocioso, subo a las golfas y contemplo cómo se acuesta el sol.

 

Sólo el canto de retreta

de los gorriones me acompaña en mi nostalgia y tristeza.

 

Antes de la lluvia

no he visto hojas bajo las corolas como aquellas de las que Pablo Neruda sacaba alegría.

 

Tras la lluvia no encuentro corolas bajo las hojas.

 

Sí veo

cómo mariposas y abejas vuelan al otro lado de los setos de la partión.

 

¡Oh primavera,

¿habrás caído en la casa de los vecinos?

 

¡Qué gran lección

me ha dado la Universidad Gratuíta de la Miseria!

 

"Las flores hay que cogerlas a tiempo.

Si no, sólo te quedas con la rama desnuda y seca".

 

Así –como esa rama-,

vuelvo a la casa de mis padres.

 

Me cansé de mi triste oficio de letrista de blues. (bis)


                                                             Johann R. Bach

 

cierra los párpados ante mi soplo,

NO ME ADULES

 

No me adules mi amor.

¡No acrecientes mi figura! ¿Quién sabe si me alzo como un sol sostenido?

 

Levanta sólo el rostro muy despacio,

para que mi fluir sea casi idéntico a tu propio llanto.

 

Y si mi fuerza te pasa de largo,

colócate derecha ante mi ráfaga;

 

cierra los párpados ante mi soplo,

como si de tanto verme a mí pudieras volverte ciega.


                                                                                   Johann R. Bach