16 abr. 2016

acepto siempre lo que hay en mi ser (Maria Rosa Villalta)


ENERGÍA RENOVABLE
                            JOHANN R. BACH

La años de trabajo duro y la lucha cuerpo a cuerpo tienden a desaparecer


TIEMPO DE BALNEARIOS



                                                  Ángeles que pudieron haber existido:
                                             Ermessinda, Clementina, Aurembiaix, Flordeneu.
                                             (de la novela "El Origen de un Claro de Luna")

                                                                                                      Johann R. Bach

13 abr. 2016

Hay que hacer buen uso de los libros

LA LIBRERÍA DEL SIGLO XXI
Soy muy poca cosa, sí, y a casi nada puedo aspirar.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del Mundo del Ápex.

Vivo en el filo del anonimato como un poema, 
coexisto con el verso y miro la cartelera de espectáculos.


Johann R. Bach

12 abr. 2016

Los Antiguos tenían mármol, yo ni siquiera tengo moldes de madera


VINO TINTO PARA EL VIERNES

He vuelto a meter en mi cuerpo
una gota de ese vino que gastan Emilia y Hector para entonarse y me he emborrachado como una estudiante en un fin de semana.

No es extraño pues que vea montañas diamantinas,
reyes de cartón, vidas de viento, mares de reflejos. Y aunque no estuviera borracha y todo ello fuera real, obviamente, no sería eterno.

El amor es,
también para mí una humilde araña lasiodora chismosa, nostalgia y el poder es hastío. Imaginemos, sin embargo, que todo es eterno. Ni aun así tendría valor todo lo que existe en este mundo pues casi todo es pompa.

Nuestro universo es un mundo denso
entre miles de puntos que se unen para forma otros mundos de fuego y otros tantos fríos como el platino, que, contemplados desde muy lejos, se reducen a cristales de roca y aleaciones de metales líquidos, caracolas ocupadas por cangrejos ermitaños, paños de cocina llenos de grasa de cordero, ciruelos cargados de fruta madura o nubes de plomo.

Así que no resultaría sorprendente
que nuestro universo fuera un átomo en un tiesto en el que crece un cactus grandifloris, o el átomo de una araña como yo que corretea por un mundo que es a su vez un átomo de un tallo de una tomatera.

Entonces, ¿por qué escribo,
si ya sé que estoy borracha, si mi escritura carece en cualquier caso de valor, cuando se ha escrito ya sobre Cervantes, Ausias March, Homero y cuando yo no podré jamás igualar a los maestros?

Los Antiguos tenían mármol,
yo ni siquiera tengo moldes de madera para hacer ladrillos para que ser cocidos al sol aunque con mis finos hilos puedo también hacer bellas hamacas.

Aunque, eso sí, en los momentos
en que no tengo nada que leer y no me apetece escuchar música de percusión, me sumerjo en un mar de dulces y sosegadas ensoñaciones, se me aparece un genio que coloca una pluma en mi mano y me dice:

"Perezosa criatura mortal,
salva tu vida, cierra los párpados y ábrelos en otro mundo lleno de amor y vino que está esperando ser creado por ti".

                                                                                                  Johann R. Bach

En el quinto centenario de la muerte de Cervantes


EL QUIJOTE POSTMODERNO

Estaba yo tan tranquila
haciendo la siesta en mi hamaca de finos hilos cuando el runruneo de la conversación entre Emilia y Hector me despertó. Hablaban de literatura. Gracias a mi fino oído me enteraba de todo. Hector como buen alumno preguntaba y preguntaba a su maestra Emilia la escritora. Hasta una modesta araña lasiodora podía extasiarse con aquella conversación.

En el impacto del lector ¿qué causa más impresión la novela o el poema? –preguntaba Hector.

Cada persona –opinaba Emilia- se entusiasma de diferente forma al leer literatura aunque en mi opinión la novela -cuando gana- gana por puntos mientras que el poema vence por nockout.

Me encantaba ver a mis compañeros de la casa
charlar entre whisky y whisky. El aroma alcohólico subía hasta lo alto del armario y me embriagaba igual que a ellos aún sin probar gota.

Encima de la mesa había un cuenco con cacahuetes salados -con sólo verlos se me hacía la boca agua- y en otro unas cuantas rodajas de plátano desecado adornando las almendras y las avellanas, y, en una bandeja, unos trozos de turrón de mazapán con incrustaciones de naranja dulcificada, una vela aún por encender, dos copas vacías esperando el champaña y…, como no podía ser de otra manera, dos libros abiertos con muchas líneas subrayadas y notas al margen.

¿Crees que Cervantes era católico creyente?
–preguntó Hector en una de las pausas del monólogo de Emilia sobre el tema.

Cervantes… uhm… -contestó pausadamente Emilia como masticando la respuesta- era muy inteligente: discutía de tejas abajo sobre el mundo, pero de tejas arriba no. Tengo entendido que murió siendo creyente y alegre. Pensando que quería ir allí al Mundo del Ápex y continuar las conversaciones que había mantenido con los amigos que habían emprendido el viaje antes que él y cuanto antes, mejor. Creo que murió riéndose.

De repente Emilia se quedó mirando al techo como si hubiera adivinado que yo estaba atenta a todo lo que acontecía en aquella velada, pero en realidad sólo estaba concentrándose para iniciar uno de sus monólogos:

"Cada época –comenzaba Emilia con una voz impostada como si estuviera hablando a un gran público- ha leído el Quijote de una manera. Ahora en la postmodernidad parece interpretarse  como el desdramatizador, el que persevera y duda, el que ilumina la doble condición de la verdad, el que anticipa la tradición ilustrada de dudar de las propias certidumbres y el que en ningún caso renuncia al humor y la jovialidad como fundamento de una visión integral de la condición humana".

"Alguien que invita a desdramatizar –continuó Emilia después de una pausa para tomar aire- sin infundir ninguna forma de nihilismo. No está adelantando el cinismo moderno de Groucho Marx, por ejemplo ("Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros"), sino una forma de reserva activa y burlona frente al excesivo poder de atracción de los propios principios. Las verdades contradictorias pueden ser simultáneamente ciertas, y descubrirlo sin rencor no empeora el mundo ni lo degrada: lo hace habitable y felizmente perceptible…"

De pronto Emilia calla… La mano que le está acariciando los pezones le ha llenado la boca de saliva… El resto de lo que sucedió aquella noche lo podéis, sin dificultad, imaginar.

                                                                    Johann R. Bach

11 abr. 2016

Este barrio, por suerte todavía, no es tan distinto de ese viejo


CAFÉ DE LA VIRREINA

Ya no es joven, es verdad.
Rozará los almendros de los vericuetos que conducen a los ochenta, pero parece que aún goza de buena salud.

Encorvado ligeramente hacia adelante,
pero no torcido como un garfio, repta junto a la barra del bar con movimientos de sorprendente agilidad:

casi parece un gorrión
agitándose en la tarde.

Bajo la gorra de visera,
sus ojos lagrimean mientras mira la cartelera de espectáculos.

Va enfundado en un jersey azul marino
de punto que alguien habrá tejido en un mundo de sol naciente y una cazadora de cuero antiguo.

Hay poca gente en el local
pues los clientes prefieren la terraza para poder fumar. No hay ninguna pantalla sobre la que ver paisajes, ni apenas ruido,

salvo el tintineo ocasional de alguna taza.
Huele aún a lejía, a cañas de cerveza y a tortilla de patatas. Huele a barrio. Y es como estar, de pronto, en una máquina del tiempo.

La imágenes de un niño
recogiendo los caramelos arrojados desde las carrozas el día de Sant Medí en la plaza de La Virreina acuden a su mente.

Este barrio, por suerte todavía,
no es tan distinto de ese viejo que ahora mira con gesto despierto y vivaracho por el ventanal.

Pese a todos los intentos
no es tan fácil acabar con él.

                                                               Johann R. Bach