4 may. 2017

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?


ADIÓS NO DESEADO

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?
Y cómo lo sabe aún: después de nueve años… un algo oscuro, cruel, no herido, que lo bien ligado muestra otra vez, lo ofrece y lo desgarra.

¿Qué sin defensa estuvo al verlo,
cuando la llamó, y la dejó marchar, quedándose como si fuera natural en todas las mujeres, pero pequeño, blanco, y nada, sino un guiño, ya no dirigido a ella,

un leve proseguir guiñando…
apenas explicable ya: tal vez un almendro del que una abubilla se va volando rauda.

                                                                       Johann R. Bach

2 may. 2017

esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso


LA BELLEZA DEL PAISAJE

Y, sin embargo podría decir, por ejemplo,
la palabra olivo o la palabra almendro o en otro orden de cosas la palabra cielo o la palabra esperanza,

y alzando los ojos,
ver esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso. Es un fuego de gran suavidad, sus brasas claras han transmutado sus copas en luz,

y aquí está una sierra larga y poco pronunciada,
allá en sus cimas entrenan su vuelo los estorninos, las cigüeñas desde lo alto de las grúas abandonadas otean su horizonte futuro, y, sus manos se reúnen, sus cuerpos se buscan con esa evidencia silenciosa

que no hay más remedio que llamar belleza.

Miro las flores de un ciruelo solitario
durante una hora, apenas eso es visible, porque la visibilidad se hace cadmio y oro puro

mientras que alrededor cae la noche.

¿Es que no hay en el paisaje más que deseo,
el mismo sueño con distinto rostro?

                                                                                             Johann R. Bach

nada me parece latir en esa arteria que yo sueño


UN ESTALLIDO DE VIDA

Miro la única foto que tengo de ella
y nada me parece latir en esa arteria que yo sueño que toco en el hueco de sus hombros.

Pienso en el día en el que,
en la estupefacción del cielo y de la tierra que se acercan el uno a la otra, confundiéndose,

volviéndose horizonte,
luego sendero entre árboles, frotando madera con madera, surgió la llama…

un estallido de vida
como entre nosotros.

                                                         Johann R. Bach

Me giré de espaldas a su cuerpo y un estremecimiento recorrió mi pecho


HUIR DE UNA RELACIÓN TÓXICA

Era de noche.
En el dormitorio, sobre la mesita de noche, pesada con su alegoría en color, iluminada de cielo negro, una página yacía en la novela Una Rodilla Herida, y nosotros con los cuerpos desnudos.

Una quisiera alzar
aunque fuera sólo una esquina, ver más allá en el espacio de las otras páginas. Pero el fajo de esas otras aún está por escribir. Parece que el poemario se esté escribiendo desde el fin del mundo.

¿Carbón vegetal sólo para un último fuego?

¿Debo creer que el signo
que prendió en el flanco de mi vida como un relámpago, y allí resplandeció, no fue más que manos inútilmente unidas,

sueños, fiebre de nada más que sueños,
momia ataviada para nada, bajo su capa de papel reciclado?

Era de noche.
En el dormitorio yaciendo con nuestros cuerpos desnudos, una mueca, sin llegar a ser un movimiento para nada, inconcluso, parecía apoderarse de aquel durmiente atormentante por su sueño.

¿Voy a tocar ese hombro -me preguntaba?
¿Iba a ser capaz de solicitar que sus ojos se abrieran, se dilatasen y que su cuerpo resucitase, como así había sido una vez?

Me giré de espaldas a su cuerpo
y un estremecimiento recorrió mi pecho. El espejo que dormía sobre la puerta del armario tampoco dormía. Quise apartar los ojos de su quimera, pero ya el fuego había prendido en mi vientre.

¿Refleja acaso el ciprés, las estrellas,
el bello rostro de una mujer meditando sobre el calor de su brazo plegado? No, si se entreabre la puerta del armario para que queden ocultos unos dedos ávidos que se acercan a las cosas antes de que el día despunte.

Era de noche. La última de aquella relación tóxica.
La página ilustrada con una reproducción de un cuadro de Delvaux de la novela Una Rodilla Herida sobre la mesita de noche y su reflejo sólo agitaban la noche.

                                                        Johann R. Bach

1 may. 2017

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga


SE NECESITAN ÁNGELES EXPERTOS EN QUIMIOTERAPIA

¿Cuántos ángeles más caídos del cielo?
¿Cuántos días y cuántas vueltas más alrededor del sol hemos de dar antes de encontrar la calma?

El dolor entra por la ventana de esta habitación, lo noto en los pies, lo oigo traquetear en el ventilador pagado con fondos públicos; es decir, ruidoso y de mala calidad.

Me vienen recuerdos antiguos y preocupaciones actuales, me levanto y camino lentamente, con pasos cortos como los necesitados de hierro en sangre: sólo así mejoro.

No puedo dejar de andar de un sitio a otro de esta pequeña estancia pintada de un blanco sucio, exento de cuadros en la pared, con dos únicos libros de poesía en la mesita de noche verdadero oxígeno nocturno.

No hace mucho aún era una mujer satisfecha de estar sola. Ahora me han abierto de golpe, todo tiene aristas. Me tienen en su poder: desvariada y atrapada; me han sacado de quicio.

Se están empleando a fondo conmigo. El ataque con sesiones de radioterapia es furioso e incesante y mudo. Mis venas se han convertido en ríos contaminados con cobalto y platino que han pervertido mi olfato. Todo huele a queso de color calabaza.

No miro la televisión porque todas las caras que aparecen en la pantalla tienen los labios deformados, con una mueca horrible, enseñando los dientes a modo de sonrisa como en los anuncios de dentífricos.

Convivo días y noches con criaturas cuya existencia nada tiene que ver con la mía. Me miran cuando camino como diciéndome que mi rebeldía es inútil y aunque no puedo respirar normalmente, no comparto su desesperanza.

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga y ahorra el sodio todo lo que puede y no comparte esa desesperanza de los cardíacos.

Mis pulmones son los que sufren y se abren a pesar del proceso histamínico, sin duda, a la esperanza. Estoy intentando llegar a un acuerdo con mi dolor.

Le he puesto ya un nombre cariñoso para ayudarle a lavar su mala conciencia: Diablillo Díez Juguetón. Le digo ¿Te importaría ir a dar una vuelta mientras leo algunos poemas?

Si no tienes preferencia por un parque o camino concreto donde pasear te recomiendo Sr. Diablillo Díez Juguetón sentarte a la orilla del mar y esperes a que suba la marea.

                                              Johann R. Bach


30 abr. 2017

En su lengua las aves nos vienen a decir, mediante esa especie de concierto polifónico del amanecer, que hay que cruzar mares y puertas de monasterios


PALABRAS PARA ELISA

No creímos que tras la pena indecible de tus palabras
al decirnos adiós para siempre, los gorriones pudieran seguir cantando.

En su lengua
las aves nos vienen a decir, mediante esa especie de concierto polifónico del amanecer, que hay que cruzar mares y puertas de monasterios antes de que las caricias amorosas surjan de nuestra mirada.


Tus palabras fueron un canto permanente a la esperanza,
un "allegro ma non tropo" y sólo ahora sabemos que el silencio sin ellas es mucho más denso. Entre las cosas que, con insistencia, nos mostrabas vimos surgir, como el humo de las sombras, el miedo y sus símbolos. ¿Quién podía pensar que alguien quisiera matar a un granado o a un olivo?

Tu piel, mucho antes de ser ceniza, sabía sus nombres
–la vid, el almendro, el membrillo- y sus secretos, así como se fortalecen sus espíritus: aguantando las patas de la lluvia, el vendaval y el malhumor de Eolo y la agresión de los incendios provocados por los temibles rayos –atributo de Zeus- que de vez en cuando nos alcanzan con su ira. 

Nuestros ojos dan pena
porque ya no podrán leer tus poemas y nuestros labios evitarán nombrarte para evitar el sufrimiento al recordarte. Y sin embargo tus ideas seguirán palpitantes, de labio en labio, revoloteando en el aire, con sus alas ya imposibles para nuestras voces ya un tanto apagadas.

¡Oh Elisa!

Diosa de labios rojos y corazón entreabierto,
sólo pudo con tu fuerza el odio de un genio adverso. Sólo una espina rodeada de la belleza de una rosa penetró con el misterio: desaparición siempre repetida, sacrificio que es eterno.

¡Oh Elisa!

Sólo una rama de muérdago como una línea
de frío titanio por la niebla atravesando te traspasó con su cuerpo. En ese momento los gemidos de los lobos rayaron el firmamento y pequeñas luciérnagas con sus linternas iluminaron la noche sin luna.

                                                    Johann R. Bach

Hay un Gigante Blanco que monta guardia, inalterable, el hacer y deshacer de todo


LAS NOCHES DEL SOLSTICIO DE INVIERNO EN EL ÁPEX

Cuando sople el gregal
y la ceniza vaya cubriendo nuestras sienes haremos la colada de los años y los desengaños.

Encumbrados sobre la cresta de un tiempo
al que ya no es necesario someterse porque ya todo se ha cumplido oiremos que alguien dice:

Hay un Gigante Blanco
que monta guardia, inalterable, el hacer y deshacer de todo. Le daremos la razón, sin dudas ni reservas.

Bebamos a pequeños sorbos
las últimas copas de vino y brindemos junto a todos los relojes que marcan la hora justa del prodigio.

                                                   Johann R. Bach