24 may. 2017

“… El hombre es realidad dada, el mundo hipótesis que, con mayor o menor fortuna, inventamos…”


¿SURGIDO DEL VIENTO DEL CAP DE CREUS?

Leo P. Hermes me pide,
en mi calidad de traductora al alemán de algunos de los escritos de J. R. Bach, que dé mi opinión sobre lo que conozco -que no es poco- de su obra.

Johann R. Bach es uno de esos escritores
que parecen provenir de la nada, como salidos de la niebla de un tiempo pasado en el que todo, excepto él, desapareció como en un naufragio del que sólo conocemos la tabla (su pluma), el náufrago y sus historias vividas o inventadas.

Es como si hubiera brotado
imprevisiblemente de ambientes que le han sido ajenos, sin haber sido preparado por nadie, sin precedentes, sin pertenencias o señales de reconocimientos útiles para definirle.

Johann R. Bach es la poesía excéntrica hecha carne;
incómodo, irregular, inclasificable e inconfundible. Por la manera que cómo escribe y por aquello que escribe P. Hermes ha dicho -y con razón- que es marciana su forma de escribir. Y realmente algunas de sus frases evocan la imagen de un Nietzsche surgido del viento del Cap de Creus. Pongo por testigo de ello a Andrés Geyer creador de la web "La Chica de Kiefholzstrasse" (Das Medchen aus Kiefholzstrasse) y el Blog asociado "Homeo-Psycho".

R. Bach se describe a sí mismo en el poema "Café de La Virreina" como una araña el sitio desde el cual percibe lo que le interesa no el objeto de su interés:

"… se coloca en la barra de un bar,
mira a su alrededor mientras toma café
y examina la cartelera de espectáculos…"

Sostiene teorías poco comunes:
afirma que nadie sabe exactamente qué quiere antes de cumplir cincuenta años, edad en la que ya se han acumulado suficientes adversarios que se encargarán de hacérselo ver. En mi caso, he de reconocerlo, se verificó esa sentencia.

De la misma manera
que la opinión del joven no revela lo que piensa, sino lo último que ha leído, R. Bach parece, por su erudición, conocer miles de obras de "literatura occidental" y en no pocas ocasiones se muestra como el antiguo que niega el dolor (de ahí sus descubrimientos médicos para paliarlo), mientras que en otras ocasiones, niega como los modernos el pecado. Es por ello que siempre me ha parecido ver en sus escritos como si se enredase en sofismas idénticos:

"… El mundo es explicable desde el hombre,
pero el hombre no lo es desde el mundo …"

"… El hombre es realidad dada, el mundo hipótesis
que, con mayor o menor fortuna, inventamos…"

Podría decir en resumen sobre R. Bach,
aún a riesgo de estar equivocada, que como hombre moderno no escapa a la tentación de identificar permitido y posible, pero a mi parecer Johann se ha instalado ciegamente desde hace tiempo en la sólida corteza de su destino, pues de alguna manera intuyó cómo -en sus propias palabras- "la sustancia del mundo fluye hoy por una secreta herida hacia la nada…"

Y, sin embargo,
su juventud casi naïf navega sin notarlo en un mar de optimismo… No he visto en ninguna página de esta novela "Una Rodilla Herida" aquel pesimismo que le llevó a escribir que "la poesía había muerto asfixiada por las metáforas"

En cierta ocasión,
después de una pequeña charla, le pregunté cómo podía sentirse joven después de haber cumplido tantos años y me contestó: “Sigo respirando, escribiendo y viviendo mi vida sin grandes altibajos porque aún espero otro milagro…”
                                                                                     A. Kunstbaur

21 may. 2017

¡Entra en la creación del Mundo del Ápex que fue una vez y es nuevamente!


PARTIDA HACIA EL ÁPEX
DE LA MANO DEL ÁNGEL MONTSERRAT

Era…
era ya y no era aún…1

Sentía
-reemprendiendo el hilo que hilvanaba sus últimos minutos- la felicidad del tiempo que ya se deslizaba por el mundo de la noche nuevamente abierto y traía el frescor consigo,

sentía la felicidad del aliento
entonces ya fácil encajado en la manante respiración de la oscuridad de todos los mundos,

sentía el murmullo del mundo,
sentía lo natural…

Más frescas se volvían las estrellas
más fresco su espacio,
más fresco lo audible en él.

Todo era como un murmullo,
que platinamente claro
se agitaba en la gran oscuridad,

era, esperado y lleno de expectación,
era el mar enviando sus olas,
murmurando en la noche,
pero ya llamado por el alba que venía.

Casi asustado
creía que su oído le engañaba. ¡Pero no! Era el mar, era la realidad tritónicamente inmensa del mar, y la traducción de la novela "Una Rodilla Herida" relevada por la voz, se agitaba en el incalculable romper de las olas,

se agitaba en las estrellas empalidecidas,
no, aún más, aún más, llenas de la voz escuchaban las aguas, escuchaban los mares. Él escuchaba la oscuridad y todo lo humano, tanto lo durmiente, como lo que despertaba.

Escuchaban todos los mundos,
se escuchaban a sí mismos en todo lo que los llenaba:

Lo natural se adaptaba a lo natural
y en ello había amor…

Fallada la sentencia,
la voz, entretejida en el todo, no daba respuesta alguna y casi era… como si sólo el día debiera traer la respuesta, como si todo entonces fuese expectación, esperando el astro diurno, como si ya nada más fuera permitido.

La noche se recogía
alrededor de su fin.

Se concentraba en él
y la negrura perdía su morbidez; afuera el centellear de las estrellas comenzaba a lucir verdoso.

Inmóvil en la oscuridad
estaba el color del aire; sacando inmóvil con el tacto cosa a cosa de las sombras, y milímetro a milímetro, a partir de la ventana, la habitación se volvía habitación, los cuadros de nuevo cuadros;

al centelleo de las últimas estrellas,
en la ventana, destacaba un antiguo candelabro, negro como un árbol deshojado, colgando aún de sus brazos los restos de la noche.

¡Oh noche que se va!
Que sostiene al durmiente
hasta el último aliento,

más y más, de ramas infinitas de infinito plumaje,
llevándole infinitamente en sus brazos,
apretado a su pecho.

Lo fugaz se había anunciado,
se había perdido, se había planteado, y se había tornado imperecedero; fugaz era el día que ascendía ante él, y ya hacía mucho que no miraba hacía él; velados estaban sus ojos aunque seguían abiertos, velados de lágrimas sin lágrimas, sólo que miraba con extrañado mirar al día que llegaba, veía el alborear, veía como poco a poco ponía allá afuera su incoloro color, capa a capa, sobre los tejados,

lo veía y ya no lo veía,
el ver se le había convertido en sentir, y en aquel sentir, nacía el día para él, tornándose suyo propio con su nueva luz:

crecía la madrugada,
iba hacia él con la creciente pureza de su perfume, con su claridad muy gris, muy clara, iba hacia él con la clara precisión mañanera, con el plateado aliento salino del mar, brotado con plata de plateados rompientes en suave lejanía, brotado del primer resplandor de la orilla húmeda y fresca; iba hacia él como en un gran aliento, como respirando tras una hora de lluvia, oscura de lluvia y clara de rocío refrescante.

De este modo se sentía
llevar más y más lejos, y allí donde el viaje se hundía, allí donde ondean las espigas, donde cuelgan las uvas y los animales descansan a la sombra de los chaparros, allí estaba el Ángel Montserrat delante de él, casi no ángel, más bien un muchacho, y sin embargo un ángel, envuelto en las frescas alas de la mañana de primeros de octubre, con negros rizos, ojos claros, y su voz no era la que llena simbólicamente el todo como acción anunciadora, no, era más bien un eco muy lejano de la simbólica imagen primigenia que flotaba en lo alto; era ella -melodiosa voz- la que entonces comenzaba a hablar, muy suave, y sin embargo era la sombra broncínea de los Cuatro Eones (Hádico, Arcaico, Proterozoico y Fanerozoico):

¡Entra en la creación del Mundo del Ápex
que fue una vez y es nuevamente!

Y que tu nombre se grabe para siempre
junto al de Ermessenda: ha llegado tu hora!

Así lo decía el Ángel Montserrat, terrible de ternura, consolador de tristeza, inaccesible de nostalgia; así lo oía mi compañero traductor de labios del Ángel Montserrat, lo oía como lenguaje dentro del lenguaje, en toda su terrenal sencillez y, oyéndolo, llamado por su nombre y unido al nombre de Ermessenda, vio otra vez el ondular de los campos, extendido de orilla a orilla, infinitas las ondas de los frutos, infinitas las ondas de las aguas, ambas bañadas en la fresca, oblicua luz de madrugada, brillando fresca la cercanía, brillando fresca la lejanía; lo vio y siguió luego la dulzura del conocerlo todo y del no conocer, del saberlo todo y de no saber, del sentirlo todo y del no sentir nada; siguió la dulzura del olvidarlo todo…

Y vi en sus ojos
cómo siguió su sueño sin sueños…

1) Perdonadme que haya adoptado un estilo parecido al de Proust -en su lentitud sobre todo-, pero la narración del momento así lo requería.

                                                                                       Johann R. Bach

20 may. 2017

Tus lágrimas ... son pura reivindicación pacífica


PURO ALGODÓN

Eres Cassia
La Flor de los Vientos puro algodón
que pasa de repente de la risa al llanto
y del llanto a la feliz sonrisa.

Tus lágrimas cobijan sodio reparador
de corazones ofendidos;
son pura reivindicación pacífica
que flotan en el viento de la noche.

En la bóveda ahuecada de estrellas
que circunscribe tu cálida aura,
se oxida el vino rojo y se hace más rico
y el aceite en su tinaja se hace más claro.

Eres Cassia como las fresas del bosque,
el hallazgo milagroso de este planeta:
al colgarte encima de las cosas
haces de la vida algo digno de ser vivido.

                                                   Johann R. Bach

17 may. 2017

-Lo real debe hacer arder lo que he traducido -dijo.


BELLEZA Y VERDAD

Hace ya tiempo
que mi compañero emprendió el viaje hacia el Ápex. El verano había sido largo y las nubes tendían las sombras -como ya te había contado- sobre los relojes de sol, el viento de tramontana se había desatado por toda la Península del Cap de Creus.

Junto al medio porrón de vino,
granadas almendras y membrillos yacían en la fuente sobre la mesa desprendiéndose de sus últimos aromas y, a modo de azucarero, un vaso de bakelita lleno de grumos de resina de pino preparados para darle fuerza al vino a la manera del Ángel Montserrat.

Aquel verano le situó
en algún punto de intersección del cruel determinismo espiritual y fisiológico de la naturaleza como si en su ADN estuviera marcado como en las líneas de la mano el fatal desenlace.

Por ningún lado aparecía la palabra muerte
y, sin embargo, un olor acre flotaba en el viento en el que, como un lamento, estaba presente el tema postrero de construir, de crear objetos como defensa contra la gélida frialdad del universo; si alguien ha construido un hogar, estará a salvo…

Traducía desesperadamente mis textos
en una carrera loca contra Cronos. Se quejaba continuamente: "No acabaré – decía repetidamente como hablando consigo mismo- Una Rodilla Herida antes del Veranillo del Membrillo.

Yo sonreía: ¿Quieres tal vez que otro lo haga por ti?
¡No! -se le escapó, en cierto modo angustiado de que se ofreciera esa tarea al vecino que también era licenciado en filología hispana. ¡Sí! Él creía que era deudor, había contraído la obligación de traducir aquel endiablado texto y como envenenado con nitrato de plata empleaba todas sus horas entre diccionarios pues allá Abajo, en la Calle de la Miseria, sabían de su deuda…

Aunque de todos modos,
ya nada podía serle exigido.

Lejos de su vista,
vio el mar ante sí, como una balsa de mercurio, extendido en la lejanía del cielo, cual líquida roca que en su azul centelleo sostuviera al sol; en su enorme profundidad iluminada semejaba la abierta cúpula de un monte, que, pronta a recibir y procreando, absorbía toda la realidad y la volvía a despedir, día y noche en broncíneo retumbar y, desde el atronador estruendo de sus quintas de tos, subiendo y apagándose, el símbolo de la voz, apagándose y subiendo, el símbolo de toda realidad:

-Lo real debe hacer arder
lo que he traducido -dijo.

-¿Desde cuándo trazas un límite
entre lo real y la verdad (lo virtual)? -le interrumpí y se irguió un poco, como siempre dispuesto a la discusión, para comenzar con nuevas explicaciones:

Descartes dice que…
Le corté la palabra pues el rosado maleficio del bacilo de Koch había practicado un vacío tal en sus pulmones que la misma palabra le provocaba la tos letal. Aún así tuvo fuerzas para acabar la frase:

"Belleza y verdad son, como en ti amor,
una sola cosa fundida con la realidad…"

                                                                     Johann R. Bach

-Lo real debe hacer arder lo que he traducido -dijo.


BELLEZA Y VERDAD

Hace ya tiempo
que mi compañero emprendió el viaje hacia el Ápex. El verano había sido largo y las nubes tendían las sombras -como ya te había contado- sobre los relojes de sol, el viento de tramontana se había desatado por toda la Península del Cap de Creus.

Junto al medio porrón de vino,
granadas almendras y membrillos yacían en la fuente sobre la mesa desprendiéndose de sus últimos aromas y, a modo de azucarero, un vaso de bakelita lleno de grumos de resina de pino preparados para darle fuerza al vino a la manera del Ángel Montserrat.

Aquel verano le situó
en algún punto de intersección del cruel determinismo espiritual y fisiológico de la naturaleza como si en su ADN estuviera marcado como en las líneas de la mano el fatal desenlace.

Por ningún lado aparecía la palabra muerte
y, sin embargo, un olor acre flotaba en el viento en el que, como un lamento, estaba presente el tema postrero de construir, de crear objetos como defensa contra la gélida frialdad del universo; si alguien ha construido un hogar, estará a salvo…

Traducía desesperadamente mis textos
en una carrera loca contra Cronos. Se quejaba continuamente: "No acabaré – decía repetidamente como hablando consigo mismo- Una Rodilla Herida antes del Veranillo del Membrillo.

Yo sonreía: ¿Quieres tal vez que otro lo haga por ti?
¡No! -se le escapó, en cierto modo angustiado de que se ofreciera esa tarea al vecino que también era licenciado en filología hispana. ¡Sí! Él creía que era deudor, había contraído la obligación de traducir aquel endiablado texto y como envenenado con nitrato de plata empleaba todas sus horas entre diccionarios pues allá Abajo, en la Calle de la Miseria, sabían de su deuda…

Aunque de todos modos,
ya nada podía serle exigido.

Lejos de su vista,
vio el mar ante sí, como una balsa de mercurio, extendido en la lejanía del cielo, cual líquida roca que en su azul centelleo sostuviera al sol; en su enorme profundidad iluminada semejaba la abierta cúpula de un monte, que, pronta a recibir y procreando, absorbía toda la realidad y la volvía a despedir, día y noche en broncíneo retumbar y, desde el atronador estruendo de sus quintas de tos, subiendo y apagándose, el símbolo de la voz, apagándose y subiendo, el símbolo de toda realidad:

-Lo real debe hacer arder
lo que he traducido -dijo.

-¿Desde cuándo trazas un límite
entre lo real y la verdad (lo virtual)? -le interrumpí y se irguió un poco, como siempre dispuesto a la discusión, para comenzar con nuevas explicaciones:

Descartes dice que…
Le corté la palabra pues el rosado maleficio del bacilo de Koch había practicado un vacío tal en sus pulmones que la misma palabra le provocaba la tos letal. Aún así tuvo fuerzas para acabar la frase:

"Belleza y verdad son, como en ti amor,
una sola cosa fundida con la realidad…"

                                                                     Johann R. Bach

15 may. 2017

Miro la única foto que tengo de ella


UN ESTALLIDO DE VIDA

Miro la única foto que tengo de ella
y nada me parece latir en esa arteria que yo sueño que toco en el hueco de sus hombros.

Pienso en el día en el que,
en la estupefacción del cielo y de la tierra que se acercan el uno a la otra, confundiéndose,

volviéndose horizonte,
luego sendero entre árboles, frotando madera con madera, surgió la llama…

un estallido de vida
como entre nosotros.

                                                         Johann R. Bach

14 may. 2017

la huella del estallido de la vida


GEOMETRÍAS EN EL VACÍO

El sonido del origen es una línea,
la explosión de un cuerpo celeste,
una grieta en la zona oscura del Universo,                                              
la huella del estallido de la vida.
    
                                                                                    JOHANN R. BACH

13 may. 2017

Nadie había contado con la libertad del hombre para escoger y ceder a la tentación de entregarse al goce de sus propias emociones.


YO TAMBIÉN Me hice AMIGA
del Ángel Montserrat

Sí sí. Yo también me hice amiga del Ángel Montserrat
cuando vi que, a pesar de su gran poder, se desprendía de su luz un cierto genio modesto.

Se sorprendía de los resultados
obtenidos por los hombres y en menor medida por las mujeres pues había puesto muchas esperanzas en el género humano.

"A pesar de todo -me explicaba-,
siempre estuve en contra de cualquier exterminio como forma de castigo. Incluso a la más simple de las especies de peces se le había asignado una función completamente necesaria para el desarrollo de la conciencia humana".

Sin embargo, al parecer,
Nadie había contado con la libertad del hombre para escoger y ceder a la tentación de entregarse al goce de sus propias emociones.

"Hay que conceder
-continuaba explicándome el Ángel Montserrat- que todo ataque de ira o de tristeza (antesalas de toda depresión), tiene sus motivaciones secretas. Si así no fuese, la mayoría de los hombres habrían alcanzado ya cierta sabiduría".

Pero -le contesté-
El Diablo se interesa por el hombre y, a su manera, hace experimentos con él; le seduce para que haga inconveniencias utilizando maliciosamente para ello cualquier recurso; seguramente tiene legiones de ángeles que le enseñan ciencias y artes que estaban hasta hace poco reservadas a la perfección del pléroma.

"Ante tantos disparates
-continuó diciéndome el Ángel Montserrat-
cometidos por los hombres Nadie encontró necesaria su intervención como algo ineludiblemente necesario. Pero esas intervenciones, no lograron, para fastidio de Nadie, sino éxitos provisionales, pues el mismo castigo draconiano de ahogar a todos los seres vivos (a excepción de los elegidos) con el Gran Diluvio no sólo fue injusto sino también de efectos poco duraderos. La humanidad muestra estar infectada de cinc -metal que exacerba la sensibilidad de los sentidos sobre todo el tacto como máximo exponente del placer carnal y altera el sistema nervioso haciendo casi imposible la espera aumentando la posibilidad de errores en el comportamiento-, pero también de azufre (imputado éste a Lucifer) -no metal responsable de una inteligencia superior que le ha llevado a dominar cruelmente a todas las demás especies-. Esa dualidad de metales y no metales es la base de los seres, de la existencia opuesta a la Nada… ¿a Nadie?"

Llegados a este punto
el Ángel Montserrat echó un largo trago de vino de la bota que colgaba de su costado. Luego pasándose el dorso de su mano por los labios prosiguió su explicación: "Este mismo vino tinto que llevo conmigo para cruzar los Grandes Espacios Vacíos está cargado de sulfitos aunque conozco sus efectos y tomándolo prudentemente es inofensivo".

Fue en ese momento
en que empecé a dudar de si estaba soñando despierta o que el vino había hecho de las suyas. En todo caso grabé en mi memoria todos esos conocimientos y decidí tomar la amistad que me ofrecía el Ángel Montserrat como algo muy serio.

Sí sí. Yo también me hice amiga del Ángel Montserrat.

                                                                                Johann R. Bach

12 may. 2017

la perfecta combinación del blanco y el negro


ESCAPAR DE LA JAULA DE ORO

Que el cielo no se detiene en Cadaqués,
me dí cuenta en una tarde de invierno.

Tenía antojos de espejismo,
mi marido me humillaba y los proyectos que revoloteaban en mi cabeza huían con el secreto de las nubes.

Se escapaba el azul cobalto
por las rendijas del horizonte. Yo contemplaba la escena y creía ser otra: la tramontana, un bosque de árboles dibujados con tinta china que en su simplicidad se volvía aún más profundo,

la perfecta combinación del blanco y el negro
como una macabra prolongación de la tierra de la Península del Cap de Creus.

Las sombras caían ya, como agujas de pino,
Desprendiéndose del aire con cierta vanidad mientras las olas del mar se enterraban con la luna bajo la arena.

Después de aquella noche
me deshice de la corteza de los hombros y como un Ícaro cualquiera eché a volar como mis sueños.

                                                                       Johann R. Bach

10 may. 2017

me hice amigo del Ángel Montserrat


SOÑÉ QUE ERA ESCRITORA

Son bonitas todas esas cosas que decís de mí.
La verdad es que todo es más sencillo:
Variable como la corteza de los árboles
recojo castañas en otoño... cerezas en primavera

Impregnado durante años del mar y su luz,
y ante la mirada perdida
de algunos buscadores de objetos útiles
entre la chatarra de esta tierra

me hice amigo del Ángel Montserrat
y me metí en la piel de Ermessenda.
Soñé que era escritora…
no sé cómo despertar.

                                        Johann R. Bach

Libre de virus. www.avg.com

¿Sabes Bruno? A mí también me gustaba el mar, la noche, el blues…


EL OPTIMISMO DE R. BACH

Señor Hermes

Mi nombre es Asunción y soy una persona que se gana la vida escribiendo y haciendo valoraciones sobre lo que otros escriben (nadie me paga la peluquería ni los zapatos de mi hijo).

Hasta ahora me he reservado mi valoración sobre este poeta que tanto halagas y cuando me preguntaban por él algunos de mis colegas les respondía que era mejor que me reservara mi opinión, porque así le podrían leer por ellos mismos sin prejuicios, pues toda novela o poema está dentro del lector. Sin embargo después de leer sus ideas sobre este poeta surgido en este siglo como saliendo de la estepa al fundirse la nieve y es por ello que tengo mi propia opinión sobre lo que R. Bach ha escrito hasta el momento, pues he seguido a diario cuanto ha depositado en ese Gran Baúl de Google (como dice él). Si me dijeran que sintetizara en pocas palabras su obra diría sin dudar que su poesía es

"Perversamente hermosa o
hermosamente perversa"

Sus personajes me han hecho reír, pensar, soñar… llorar: Ahí están colgados en Google una larga lista entre los que destaco de memoria a Dosmanos el funcionario de Correos o su homóloga Clementine funcionaria jubilada:

Anciana cuando nació
joven desconocida en la despedida.

La misma y única Clementine/a.
…………………………………………………….
En el umbral de la gravedad Ermessenda,
Igual que la araña Migale lasiodora
construye su esbozo de camino
por donde pasear por el cielo.

En parte oculto a sí mismo
se muestra a los demás
-en los rayos de su astucia inaudita-
mortalmente visible.

Tiene pasajes verdaderamente bien trabados sobre la sexualidad suave de los lagartos, la desenfrenada de las arañas… la de la impúber Aurembiaix como almendra que trata de romper su cáscara:

¿Tan difícil es apartarse de mí,
que paciente y sin boca
me consumo mientras escribo?

El trébol de la pasión
es de hierro en mi mano.

Despedidas emocionantes escritas para ser cantadas como un lamento de blues

Estaré entre las caléndulas en primavera,
entre el cólquico en otoño
entre la ventisca de la fina lluvia en invierno,
entre las ondas del trigo jugando
con el aire y sus arrugas en verano.

Historias divertidas como la de eterna joven y rebeldeMarta Guillamon en una época triste y con márgenes de libertad muy estrechos:

Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos…

Pasajes de reflexión profunda sobre la vida

Vino en las entrañas tristes.
Lágrimas de amor en los ojos.

A veces da la impresión de que Johann conoce la cercanía de la muerte. Parece ser consciente de que puede suceder en cualquier momento y ayuda al lector a ver el mundo como un paisaje y a dejar testimonios breves, pero de una crudeza muy hermosa. Así en en Dibujos y paisajes de Cassia primera novela de su tetralogía metafísica se expresa como si ya se hubiera traspasado el umbral de esta vida:

¿Sabes Bruno?
A mí también me gustaba el mar, la noche, el blues…

En esos personajes de la tetralogía mística R. Bach transmite la sensación de que el escribir es conjurar a los fantasmas. Así en la Fiesta de las Mansardas parece querer saldar cuentas al atreverse a poner el corazón al desnudo. En esas mansardas habitaciones a un lado y a otro de un estrecho y largo pasillo (curiosa metáfora del transcurrir de la vida) su poesía nos abre una ventana por donde entra la pasión.

                        … la vida sin pasión es menos vida…

La amistad entre Clara y Aurembiaix ya desde una infancia forzosamente contemplativa se conservará más allá de los años y las relaciones sexuales y el recuerdo de primos/as, tios/as a pesar de sus diferencias éticas o morales se guarda en el corazón de Aurembiaix como vivencias siempre positivas. Y el amor de novela rosa de Tía Cinta, el nuevo amor después de enviudar de Tía Alicia o el amor lírico y sublimado de Tía Karina rematan los conceptos clásicos del objeto de la poesía: Amistad, familia, amor, muerte… todo ello narrado desde una óptica exenta de ambiciones "mundanas":

Siendo ya más madura…
comenzaron a salir voces que pretendían
decirme cómo y qué tenía que escribir.

Por toda respuesta… dejé que los críticos dijeran
cuanto han dicho; rechacé su pan y aceite, cobre
y cobalto además del código cosido con silencio
en sus jardines: pasteles de neón, nada.

Por último (por imposibilidad de comentar esta extensa obra de Johann R. Bach) no puedo dejar de mencionar el optimismo "quasi metafísico" que se desprende de la mayoría de sus escritos:

¿Es posible en el actual estado de cosas,
creer aún en la necesidad de reír?

R. Bach se responde a sí mismo con otra pregunta:

¿Acaso no concluye ya
el racimo en septiembre?

                                                                                        Asunción T.

4 may. 2017

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?


ADIÓS NO DESEADO

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?
Y cómo lo sabe aún: después de nueve años… un algo oscuro, cruel, no herido, que lo bien ligado muestra otra vez, lo ofrece y lo desgarra.

¿Qué sin defensa estuvo al verlo,
cuando la llamó, y la dejó marchar, quedándose como si fuera natural en todas las mujeres, pero pequeño, blanco, y nada, sino un guiño, ya no dirigido a ella,

un leve proseguir guiñando…
apenas explicable ya: tal vez un almendro del que una abubilla se va volando rauda.

                                                                       Johann R. Bach

2 may. 2017

esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso


LA BELLEZA DEL PAISAJE

Y, sin embargo podría decir, por ejemplo,
la palabra olivo o la palabra almendro o en otro orden de cosas la palabra cielo o la palabra esperanza,

y alzando los ojos,
ver esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso. Es un fuego de gran suavidad, sus brasas claras han transmutado sus copas en luz,

y aquí está una sierra larga y poco pronunciada,
allá en sus cimas entrenan su vuelo los estorninos, las cigüeñas desde lo alto de las grúas abandonadas otean su horizonte futuro, y, sus manos se reúnen, sus cuerpos se buscan con esa evidencia silenciosa

que no hay más remedio que llamar belleza.

Miro las flores de un ciruelo solitario
durante una hora, apenas eso es visible, porque la visibilidad se hace cadmio y oro puro

mientras que alrededor cae la noche.

¿Es que no hay en el paisaje más que deseo,
el mismo sueño con distinto rostro?

                                                                                             Johann R. Bach

nada me parece latir en esa arteria que yo sueño


UN ESTALLIDO DE VIDA

Miro la única foto que tengo de ella
y nada me parece latir en esa arteria que yo sueño que toco en el hueco de sus hombros.

Pienso en el día en el que,
en la estupefacción del cielo y de la tierra que se acercan el uno a la otra, confundiéndose,

volviéndose horizonte,
luego sendero entre árboles, frotando madera con madera, surgió la llama…

un estallido de vida
como entre nosotros.

                                                         Johann R. Bach

Me giré de espaldas a su cuerpo y un estremecimiento recorrió mi pecho


HUIR DE UNA RELACIÓN TÓXICA

Era de noche.
En el dormitorio, sobre la mesita de noche, pesada con su alegoría en color, iluminada de cielo negro, una página yacía en la novela Una Rodilla Herida, y nosotros con los cuerpos desnudos.

Una quisiera alzar
aunque fuera sólo una esquina, ver más allá en el espacio de las otras páginas. Pero el fajo de esas otras aún está por escribir. Parece que el poemario se esté escribiendo desde el fin del mundo.

¿Carbón vegetal sólo para un último fuego?

¿Debo creer que el signo
que prendió en el flanco de mi vida como un relámpago, y allí resplandeció, no fue más que manos inútilmente unidas,

sueños, fiebre de nada más que sueños,
momia ataviada para nada, bajo su capa de papel reciclado?

Era de noche.
En el dormitorio yaciendo con nuestros cuerpos desnudos, una mueca, sin llegar a ser un movimiento para nada, inconcluso, parecía apoderarse de aquel durmiente atormentante por su sueño.

¿Voy a tocar ese hombro -me preguntaba?
¿Iba a ser capaz de solicitar que sus ojos se abrieran, se dilatasen y que su cuerpo resucitase, como así había sido una vez?

Me giré de espaldas a su cuerpo
y un estremecimiento recorrió mi pecho. El espejo que dormía sobre la puerta del armario tampoco dormía. Quise apartar los ojos de su quimera, pero ya el fuego había prendido en mi vientre.

¿Refleja acaso el ciprés, las estrellas,
el bello rostro de una mujer meditando sobre el calor de su brazo plegado? No, si se entreabre la puerta del armario para que queden ocultos unos dedos ávidos que se acercan a las cosas antes de que el día despunte.

Era de noche. La última de aquella relación tóxica.
La página ilustrada con una reproducción de un cuadro de Delvaux de la novela Una Rodilla Herida sobre la mesita de noche y su reflejo sólo agitaban la noche.

                                                        Johann R. Bach

1 may. 2017

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga


SE NECESITAN ÁNGELES EXPERTOS EN QUIMIOTERAPIA

¿Cuántos ángeles más caídos del cielo?
¿Cuántos días y cuántas vueltas más alrededor del sol hemos de dar antes de encontrar la calma?

El dolor entra por la ventana de esta habitación, lo noto en los pies, lo oigo traquetear en el ventilador pagado con fondos públicos; es decir, ruidoso y de mala calidad.

Me vienen recuerdos antiguos y preocupaciones actuales, me levanto y camino lentamente, con pasos cortos como los necesitados de hierro en sangre: sólo así mejoro.

No puedo dejar de andar de un sitio a otro de esta pequeña estancia pintada de un blanco sucio, exento de cuadros en la pared, con dos únicos libros de poesía en la mesita de noche verdadero oxígeno nocturno.

No hace mucho aún era una mujer satisfecha de estar sola. Ahora me han abierto de golpe, todo tiene aristas. Me tienen en su poder: desvariada y atrapada; me han sacado de quicio.

Se están empleando a fondo conmigo. El ataque con sesiones de radioterapia es furioso e incesante y mudo. Mis venas se han convertido en ríos contaminados con cobalto y platino que han pervertido mi olfato. Todo huele a queso de color calabaza.

No miro la televisión porque todas las caras que aparecen en la pantalla tienen los labios deformados, con una mueca horrible, enseñando los dientes a modo de sonrisa como en los anuncios de dentífricos.

Convivo días y noches con criaturas cuya existencia nada tiene que ver con la mía. Me miran cuando camino como diciéndome que mi rebeldía es inútil y aunque no puedo respirar normalmente, no comparto su desesperanza.

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga y ahorra el sodio todo lo que puede y no comparte esa desesperanza de los cardíacos.

Mis pulmones son los que sufren y se abren a pesar del proceso histamínico, sin duda, a la esperanza. Estoy intentando llegar a un acuerdo con mi dolor.

Le he puesto ya un nombre cariñoso para ayudarle a lavar su mala conciencia: Diablillo Díez Juguetón. Le digo ¿Te importaría ir a dar una vuelta mientras leo algunos poemas?

Si no tienes preferencia por un parque o camino concreto donde pasear te recomiendo Sr. Diablillo Díez Juguetón sentarte a la orilla del mar y esperes a que suba la marea.

                                              Johann R. Bach