27 dic. 2014

La luz quiere volver al sol y rebasa la luna por encima de tu figura arrodillada


EN LA CIMA DEL MUNDO

Ven mi amor,
tiéndete sobre este lecho de hierbabuena y tomillo. Respira hondo y calma tus jadeantes pulmones.

Ya hemos alcanzado la cima del mundo.

¡Chist!… Calla amor,
y escucha este vasto silencio, herido de aromas y colores terribles de libélulas reposando.

Ha llegado la hora
en que los árboles se equivocan cómo los pájaros que desorientados por el exceso de calor

muerden las tres caras de la noche.

Nadie se asoma a las ventanas del convento
excepto los bomberos que vigilan los posibles incendios de los pueblos de la lejana llanura.

Hay luz en la casa de los sueños
Y, sin embargo, duermen las monjas.

Nadie se desliza por las escaleras del cielo.

Y la precisa maquinaria del tiempo,
misterioso prodigio de lunas y estrellas, gira hacia atrás, candente azul vivo, chirriante.

Ha llegado la hora
en que los árboles se equivocan cómo los pájaros que desorientados por el exceso de calor,

muerden las tres caras de la noche.

Y tú y yo ya hemos alcanzado
la cima del mundo por tercera vez.

Vuelve la leche a tus pechos
Los cuales se resisten a marchitarse; lentamente, la carne se endurece y como las arboledas arraiga hacia el cielo;

La luz quiere volver al sol
y rebasa la luna por encima de tu figura arrodillada y un dios de madera antigua flota allí abajo sobre el mar.

                                                         Johann R. Bach

Y tú y yo ya hemos alcanzado la cima del mundo por tercera vez.

NOCHE JUNTO AL CONVENTO

 

Ven mi amor,

tiéndete sobre este lecho de hierbabuena y tomillo. Respira hondo y calma tus jadeantes pulmones.

 

Ya hemos alcanzado la cima del mundo.

 

¡Chist!… Calla amor,

y escucha este vasto silencio, herido de aromas y colores terribles de libélulas reposando.

 

Ha llegado la hora

en que los árboles se equivocan cómo los pájaros que desorientados por el exceso de calor

 

muerden las tres caras de la noche.

 

Nadie se asoma a las ventanas del convento

excepto los bomberos que vigilan los posibles incendios de los pueblos de la lejana llanura.

 

Hay luz en la casa de los sueños

Y, sin embargo, duermen las monjas.

 

Nadie se desliza por las escaleras del cielo.

 

Y la precisa maquinaria del tiempo,

misterioso prodigio de lunas y estrellas, gira hacia atrás, candente azul vivo, chirriante.

 

Ha llegado la hora

en que los árboles se equivocan cómo los pájaros que desorientados por el exceso de calor,

 

muerden las tres caras de la noche.

 

Y tú y yo ya hemos alcanzado

la cima del mundo por tercera vez.

 

Vuelve la leche a tus pechos

Los cuales se resisten a marchitarse; lentamente, la carne se endurece y como las arboledas arraiga hacia el cielo;

 

La luz quiere volver al sol

y rebasa la luna por encima de tu figura arrodillada y un dios de madera antigua flota allí abajo sobre el mar.

 

                                                               Johann R. Bach

 

26 dic. 2014

Dentro del diminuto mundo del submarino de bolsillo sólo dolor sobre mi piel,

LA SOLEDAD EN LOS FONDOS MARINOS

 

Sumergido en el mar vi

 

Sólo color

y volumen distorsionado con sensación de humedad en los huesos;

 

el rumor insoportable

de cuerpos vítreos frotándose mientras miles de ojos sin párpados observan los suaves movimientos de las algas y

 

otras tantas miles de aletas

correteaban entre marinas zurcidoras, voluptuosas.

 

No vi el ojo (de la sepia)

que simboliza la inteligencia, la percepción perfecta del espacio y las distancias entre la presa y el depredador o

 

la capacidad de ver

o la voluntad de mirar,

 

sino el ojo estricto,

crudo del batiscafo, lo bastante abismal como para atemorizar, lo bastante verdadero como para ser de cristal curvado, encastado en un marco de duraluminio.

 

Dentro del diminuto mundo

del submarino de bolsillo

 

sólo dolor sobre mi piel,

costumbre, sensación de baño en mi propio sudor, fragor de herramientas cuerpos sin vida

 

y ninguna ninfa lasciva

que, levantando sus sedosos velos de luz, me muestre ingenua, sus ancas divinas.

 

                                                                 Johann R. Bach

No volvería a tocarte y no te vería envejecer rodeada de nietos.

FUTURO CON ETIQUETA AMARILLA

 

Adiviné mi futuro de etiqueta amarilla.

No era el abismo, pero sentí más que supe cómo se iban a desarrollar, en muchos aspectos, los acontecimientos:

 

Sentí que ya no era posible

seguir soñando juntos.

 

No, ya no. No era posible,

no viviríamos el uno junto al otro, ni siquiera como vecinos. Tus hijos no serían los míos.

 

Por las noches

no sería yo el que te besara despidiéndome para hacer la guardia en el hospital. Nunca sabrías que fue de mí ni

 

por qué me amaron otras.

 

Nunca llegarías a saber

cómo lo harían ni si simularía amarlas o sí estando con ellas pensaría en ti, ni si era verdad lo que dijiste que era: "un alma maldita sin suerte".

 

Tú no quisiste jugar con tu futuro:

unas niñas a tu alrededor en una casa con una hipoteca asequible aunque, alcanzado ya, el padre de ellas probablemente te abandonaría.

 

Lo vi claro: no serías para mí,

no sabría nunca donde vivirías, ni con quién, ni si te acordarías de mí, aunque sé que un millón de besos hacen mella en la piel.

 

No me abrazarías nunca

como aquella noche, nunca. No volvería a tocarte y no te vería envejecer rodeada de nietos.

 

Adiviné mi futuro de etiqueta amarilla.

No era el abismo, pero

 

sentí que ya no era posible

seguir soñando juntos.

 

                                                           Johann R. Bach

 

Yo no voy a subir. No me encuentro bien.


EL INSOMNIO DE LOS TÍMIDOS


No he dormido en toda la noche.
Escribo estas líneas desde el refugio de montaña denominado Jungfraujoch situado a 3.454 metros de altitud a punto de que mis compañeros comiencen el ascenso al Jungfrau.

Yo no voy a subir.
No me encuentro bien. Siento una especie de desvanecimiento similar al que sentí cuando me dieron el primer beso en los labios a los quince años.

Ya me encontraba mal
mientras subíamos con el tren cremallera (el Jungfraubahn); la vista se me nublaba por momentos y en la espalda notaba un roce extraño al apoyarme en el respaldo de mi asiento como si tuviera granos de arena rozándome; las piernas apenas me sostenían y por mis manos corría un hormigueo molesto.

Los amigos han intentado animarme
y han insistido lo indecible para que no desista de la excursión, pero no me han convencido: Me encuentro realmente mal y quisiera volver a mi estudio, donde estaría a salvo de las miradas de los demás: unos me miran con pena, otros se molestan por mi debilidad,... todos parecen desaprobar mi actitud. Eso me hace sentir aún peor.

Hace un momento Angelika
me ha dicho que ella tampoco subirá al pico más alto del macizo situado al sur del cantón de Berna y se va a quedar conmigo en el refugio. Me he ruborizado como cuando un chico te dice por primera vez que le gustas.

Siempre he sido tímida.

Ahora siento que la sangre
se me agolpa en las mejillas con sólo notar que me miran y siento en el estómago una sensación de vacío que me hace imposible mantener la mirada alta.

Con la cara encendida y aturdida
sólo espero que se marchen todos porque me da la sensación que su presencia me da dolor de cabeza; la ansiedad se apodera de mí; la respiración es difícil y entrecortada.

El reloj parece haberse detenido;
avanza lentamente como si le faltara cuerda... y yo sigo escribiendo para olvidar que lo estoy pasando mal.

                                                                Johann R. Bach

25 dic. 2014

YA HA PASADO LA NAVIDAD POR EL MERIDIANO DE GREENWICH. AHORA TOCA FELICITAR EL AÑO NUEVO


¡Feliz Año Nuevo!
¡Mañana reanudaremos los bombardeos!

A punto de comenzar el año nuevo
la gente se movía apresurada y afanosamente. Llevaban en su mente la idea fija de comprar…

comprar alimentos sustanciosos
y manjares de todos los continentes, ropa, calzado, bebidas -50% alcohólicas-, juguetes para los pequeños, etc.

Yo, sin nada que comprar,
había salido a tomar el aire.

Con el café de tarde
leí los titulares de un periódico y tuve la impresión de que las noticias eran las del año pasado.

Aburrido
comencé un paseo hacia ninguna parte.

Árboles, bicicletas y motos,
hombres y mujeres, todo estaba teñido de un color amargo como el café sin azúcar.

Las gentes
se parecían a la palabra calavera rellena de tristeza; caminaban errantes como yo antes de decidir cuál era, en aquellos momentos, la tarea prioritaria;

Parecía que iban
de un lugar a otro perdido el rumbo.

Pasaba por su lado
y no me miraban, no me veían, me ignoraban. No encontraba en aquellos rostros labios que me sonriesen

nadie a quien sonreír,
nadie a quien desearle un Buen Año Nuevo.

La alegría estaba programada
–con cincuenta y dos semanas de antelación- en todos los ordenadores y teléfonos móviles: día 1 de enero, hora 00.00

¡Feliz Año Nuevo¡
¡Mañana reanudaremos los bombardeos!

                                                              Johann R. Bach 

Fwd: Delivery Status Notification (Failure)


LOS CONTRARIOS

                                                             En el universo vemos los contrarios:
                                                             la luz y la oscuridad, el calor y el frío.
                                                                                               Plotino, Enéadas

Ahí arriba en los cielos,
se buscan los contrarios como el hidrógeno y el oxígeno que forman con su
enlace covalente el agua,

el sodio busca una unión metálica
con el cloro base de los ladrillos de la sal de la vida;

se afanan por ser
y por fundirse:

son parte de un mismo cuerpo.

Las huellas del agua y la sal
se pierden tierra adentro, hasta el fuego que un día incendió el planeta,
hasta el mar primigenio,

hasta el tiempo que palpita
por primera vez en unos ojos, en el corazón del mundo, esta inmensa nave de
cuyo destino sólo sabemos que se dirige al Ápex;

viajamos
junto a todos nuestros antepasados a la espeluznante velocidad de treintaidos
kilómetros por segundo arrastrados por

una diabólica masa incandescente
en cuyo caldo se hallan todas las respuestas y a la que adoramos como a un
dios –Febus- que nos da la vida.

                                                             Johann R. Bach

24 dic. 2014

arrastrados por una diabólica masa incandescente en cuyo caldo se hallan todas las respuestas

LOS CONTRARIOS
                                                                                En el universo vemos los contrarios:
                                                                                                                         la luz y la oscuridad, el calor y el frío.
                                                                                                                                                                Plotino, Enéadas

Ahí arriba en los cielos,
se buscan los contrarios como el hidrógeno y el oxígeno que forman con su enlace covalente el agua,

el sodio busca una unión metálica
con el cloro base de los ladrillos de la sal de la vida;

se afanan por ser
y por fundirse:

son parte de un mismo cuerpo.

Las huellas del agua y la sal
se pierden tierra adentro, hasta el fuego que un día incendió el planeta, hasta el mar primigenio,

hasta el tiempo que palpita
por primera vez en unos ojos, en el corazón del mundo, esta inmensa nave de cuyo destino sólo sabemos que se dirige al Ápex;

viajamos
junto a todos nuestros antepasados a la espeluznante velocidad de veintiún kilómetros por segundo arrastrados por

una diabólica masa incandescente
en cuyo caldo se hallan todas las respuestas y a la que adoramos como a un dios –Febus- que nos da la vida.

                                                                   Johann R. Bach

Él era entusiasta durante el día, tú durante la noche,


PLACER EN LA PENUMBRA

Al oír su respirar profundo
solías preguntarle en voz baja, casi imperceptible: ¿duermes?

Y es que verle dormir te apaciguaba.

Su aspecto
en esos momentos era más que el de una persona. Su rostro se reblandecía un poco, los labios se le hinchaban: eróticos y rojos.

Pero los ojos le temblaban
debajo de los párpados como diablillos inquietos, olía a sueño, afeado el pobre de una manera conmovedora por un hilillo de saliva que brillaba sospechosamente sobre una de las comisuras.

Le decías entonces,
como en una musitación monjil, cosas sencillas, cosas que no habrían sido posibles a la luz neutra del mediodía o de la tarde,

un Sí cierto y desprotegido
mientras deslizabas un dedo enredado en tu pubis. Sí, sí, sí… Era como si tu cuerpo, duro al principio, se reblandeciera como el suyo.

Hacía tres meses que vivíais juntos
y las costumbres aún no cicatrizaban del todo. La realidad se imponía: de forma sorprendente vuestros cuerpos parecían no poder acostumbrarse el uno al otro, como si

cada uno por separado
tuviese en el interior los restos de una alegría mal enterrada que nada tenía que ver con las frustraciones en el amor.

Él era entusiasta durante el día,
tú durante la noche, sólo al verle dormir. Se parecía a un aprendizaje: esperabas hasta que su respiración se volvía pausada y entonces

te colocabas boca arriba,
acercabas tu rostro al suyo, justo para sentir su aliento sobre el oído y dejabas que aquella excitación hiciera el resto.

Había en realidad tan poco en común…
Nada que no supieras ya y nada que no pudieras hacer sola. Y a veces, sin saber por qué,

tenías la sensación de que reía con tus suspiros.

                                                     Johann R. Bach

23 dic. 2014

No es luna todo lo que brilla como la plata.

NITRATO DE PLATA

 

No es luna

todo lo que brilla como la plata.

 

Es como el tiempo

que no encuentra nunca donde descansar. Su agenda siempre está completa,

 

se mueve sin descanso;

de acción precipitada, su carácter apresurado no le da un momento de respiro y resbala en un movimiento continuo,

 

en un vuelo incesante

parecido al de la abeja, pero sobre el vacío, incluso navegando por senderos silenciosos

 

Las horas

no le perdonan haber fumado durante tantos años y sus cuerdas vocales engrosadas le han transformado la voz.

 

No es luna

todo lo que brilla como la plata.

 

Besa,

la luz de las farolas de las terrazas, la piel y allí resbala y allí escribe la historia de un cuerpo que fue bellísimo:

 

frente ancha,

ojos que penetraban la noche, pechos que convocaban los labios, brazos tan suaves y dedos transparentes.

 

Su anhelo no encontraba nunca reposo,

sólo el gesto ardiente, cigarrillo en mano, se convertía en ternura.

 

No es luna

todo lo que brilla como la plata.

 

                                                        Johann R. Bach

Se te hacía insoportable imaginar que ninguna vida cuenta,


COMO LA FLOR DE LOS VIENTOS

Como la Flor de los Vientos
toda tu vida había estado poseída en realidad por un solo deseo: desear agradar.

Y por todo resumen: agradar, agradar y agradar.

Sentías que tu alma estaba más próxima a las herraduras de los caballos que del cielo. Y, sin embargo, volaba… y

volaba en cualquier dirección
que el viento tomase.

El contacto con el frio hierro
no te hacía presagiar nada importante para tu futuro. Y es que "saber como los científicos" que

ninguna vida vale, es muy duro.

Se te hacía insoportable imaginar
que ninguna vida cuenta, que el mundo es de los metales, que sólo las cosas resisten.

Tú te negabas una y otra vez
a pensar que todo lo que vemos no nos ve a nosotros porque la lluvia y sus pendientes de plata te hechiza,

te dice de forma poética
que eres vulnerable y que tu defensa frente a todo es la de agradar. La sonrisa de siempre, la mirada dulce y tierna sobre rostros sobreimpresos sobre otros rostros son hojas de un Manual Secreto,

una obsesión y una sed llena de astucia:

Obsesión por agradar
como forma de vencer. A ella sólo hay que añadirle una buena dosis de paciencia pues sabes que

de vez en cuando todos sucumbimos
a lo puramente personal, a lo volátil. No dejes nunca de volar "Anémona Pulsatilla, aunque el viento aparentemente se muestre caótico.

                                                                    Johann R. Bach

22 dic. 2014

No necesito releerme en busca de un ritmo más vivo o temperado,


ÚLTIMOS ESCRITOS

A ti, mi amor, también te ha de llegar
un momento en la vida en que serás una extranjera entre la gente que te rodea. Nadie aplaudirá el que hayas dormido sobre la tierra que ahora pisan tus hijos.

Nadie agradecerá los esfuerzos
hechos para hollar la senda que ellos han de seguir.

Imagino el vértigo que debes sentir
ahora al lanzar miradas al pasado desde esa tumultuosa fiesta de tus recuerdos ese mundo desconocido por todos en el que nuestra imaginación jamás puede llegar a recrearse.

Yo ya estoy, mi amor, confinado,
en mi jaula de oro, a pensión completa, de incógnito, a salvo de las miradas de antiguos adversarios vencidos, familiares y amigos.

Mesa, cama y tinta en abundancia
bastan a mi espíritu que está en vela, que toma el bolígrafo para que comparezcan mis horas pasadas.

El balcón abierto de par en par
me permite asomarme a la calle como se contempla la luz serena que ilumina un cuadro de terrazas abarrotadas. El aroma del café mezclado con risas y tabaco sube a hacer compañía a los alegres helechos y a mí mismo.

Salgo sólo por mañana a tomar un café.
En el bar todos me saludan don los honores del primer cliente del día; por la noche, cada vez menos: los que me ven a la luz del día, se comportan como un caballo asustadizo que no responde al freno de la boca.

Es el fruto de la incoherencia de mi destino.
Las tormentas, sobre todo en mis mejores momentos lúcidos, no me han dejado a menudo otra mesa de trabajo para escribir que el escollo de mi naufragio.

Yo no necesito culminar
con mis últimos escritos una obra como pretendidamente lo han de hacer los escritores. No necesito releerme en busca de un ritmo más vivo o temperado, de un andamiaje más firme, de una acuñación más precisa.

Sólo necesito, mi amor,
que me ayudes a explicar que me dediqué a escribir porque intentando ser como los otros fracasé y, que, parafraseando a Rilke, sólo tú fuiste real.
                                                                     
                                                        Johann R. Bach 

No me preguntes, amor, el porqué de mis desvelos pues cada vez me es más difícil responderte con otra pregunta.


PUEDO DECIRTE POR EJEMPLO…
                  
No me preguntes, amor,
el porqué de mis desvelos pues cada vez me es más difícil responderte con otra pregunta. Podría decirte, por ejemplo: ¿Hace mucho que no te digo que eres una mujer maravillosa?

O ¿crees que el silencio
al que me obligan tus labios no es el mismo de siempre? ése que en la noche sólo permite el latido de la sangre y el dulzor de regaliz de la saliva.

A veces sólo puedo decirte
que levantes tu mirada para que puedas observar ese suave llorar de las estrellas.

Sé que no desconoces, ciertamente,
el ardiente misterio de unas alas describiendo círculos sobre el azur en calma, el fluir del torrente buscando el mar después de la lluvia o el beato respiro cuando el aire flota.

no me preguntes, amor,
como en un repetitivo ritual,por qué te quiero, si te tengo dentro de mí y no sabría ya verte como a ti, porque respiras dentro de mi respirar, si de mis sueños eres el único e inmortal sueño vivo.

Has regresado y eso es lo que importa…
De nuevo los amaneceres tienen temblores de íntimo misterio y se abren los días como una rosa escogida por los dioses.

De nuevo canta el ruiseñor ardiente
dentro de los bosques de los sueños adormecidos. De nuevo puedo decirte, por ejemplo: mira como tiritan los astros a lo lejos.
                                                                  Johann R. Bach

21 dic. 2014

Y es que verle dormir te apaciguaba.


PLACER EN LA PENUMBRA

Al oír su respirar profundo
solías preguntarle en voz baja, casi imperceptible: ¿duermes?

Y es que verle dormir te apaciguaba.

Su aspecto
en esos momentos era más que el de una persona. Su rostro se reblandecía un poco, los labios se le hinchaban: eróticos y rojos.

Pero los ojos le temblaban
debajo de los párpados como diablillos inquietos, olía a sueño, afeado el pobre de una manera conmovedora por un hilillo de saliva que brillaba sospechosamente sobre una de las comisuras.

Le decías entonces,
como en una musitación monjil, cosas sencillas, cosas que no habrían sido posibles a la luz neutra del mediodía o de la tarde,

un Sí cierto y desprotegido
mientras deslizabas un dedo enredado en tu pubis. Sí, sí, sí… Era como si tu cuerpo, duro al principio, se reblandeciera como el suyo.

Hacía tres meses que vivíais juntos
y las costumbres aún no cicatrizaban del todo. La realidad se imponía: de forma sorprendente vuestros cuerpos parecían no poder acostumbrarse el uno al otro, como si

cada uno por separado
tuviese en el interior los restos de una alegría mal enterrada que nada tenía que ver con las frustraciones en el amor.

Él era entusiasta durante el día,
tú durante la noche, sólo al verle dormir. Se parecía a un aprendizaje: esperabas hasta que su respiración se volvía pausada y entonces

te colocabas boca arriba,
acercabas tu rostro al suyo, justo para sentir su aliento sobre el oído y dejabas que aquella excitación hiciera el resto.

Había en realidad tan poco en común…
Nada que no supieras ya y nada que no pudieras hacer sola. Y a veces, sin saber por qué,

tenías la sensación de que reía con tus suspiros.

                                                             Johann R. Bach