12 oct. 2013

descendiendo por la estratosfera como por una escalera de caracol....

Mis viajes de dama solitaria

                                                                                              Ziza Madeiros

 

Mis viajes de dama solitaria

descendiendo por la estratosfera como por una escalera de caracol se suman al antiguo color de las pupilas. Después de vivir en el Hospital ¿es que acaso volví a mirar igual?

 

¿No se fijó un color

como un extraño cúmulo de algas en mis viejas pupilas?

 

Lo mismo que en los pliegues

mínimos de mi piel se fosilizan besos y desdenes, así mis ojos filtran esa franja turquesa del mar que acuna islas en medio del Lago de los Sueños,

medusas de amatista al amanecer, blancura de navíos varados.

 

Mi piel es vertedero de memoria

lo mismo que el poema.

 

Pero quizá mis ojos

extrañamente abiertos y brillantes, después de tanto tiempo sin sol, de repente dibujen empapados de luz un boscoso archipiélago perdido en el Egeo.

 

La dulzura de la seda del párpado,

es la misma que la seda de la ingle o la de la seda roja del cielo de la boca, o la seda blanca, escondida, de la nuca.

 

Asaltan mi memoria los recuerdos

del deseo de besos en mis numerosos y pequeños lunares de la espalda, en la crisálida de seda del ombligo mientras la seda digital se enreda en el ovillo del pubis.

 

La piel como sedante

atempera mi memoria. Extendida al sol se renueva.

 

                                                          Johann R. Bach

¡Éramos tan felices los dos solos!...

EL CAFÉ CON LA CHICA DE LA LIMPIEZA

 

Estoy desesperada. ¿Me comprendes Marta?

Si no fuera porque tú y otras vecinas me dais los vidrios para limpiar nos moriríamos de hambre.

 

Yo no nací para sobrevivir

rebuscando entre los contenedores. ¿Me comprendes Marta? Antes de llegar a eso me pegaría un barrigazo. ¿Me comprendes Marta? Sí, sí. Me tiraría desde lo alto de la Sagrada Familia.

 

Las niñas me dan

un montón de dolores de cabeza y me llevan de culo. ¿Me comprendes Marta? Y para más "inri" mi pareja está otra vez sin trabajo. Fuma más que nunca. Y me siento afortunada porque no bebe.

 

La mayor sólo come

gracias a que mira a las golondrinas piar sobre los alambres de tender la ropa. ¿Me comprendes Marta? Se queda con la boca abierta y así consigo meterle alguna cucharada.

 

Mastica un poco, sin ganas,

y da vueltas y vueltas a cada bocado hasta formar una bola, a veces imposible de tragar y la escupe. ¿Me comprendes Marta? Mientras mira el televisor le doy puré y la mitad se le cae en el babero sin despegar los ojos de los dibujos animados.

 

Se alimenta casi únicamente de palitos de sal.

¿Me comprendes Marta? Está tan delgada que podría escurrirse entre los barrotes del balcón. Para evitarlo hemos puesto unas grandes jardineras con cactus.

 

Mi pareja me dice que tiene celos de él.

¿Me comprendes Marta? Y tal vez se esté dejando morir. A mí me parece imposible, pues sólo se llevan once meses y parece que juegan a gusto.

 

Aunque pensándolo bien…

Cuando vamos de paseo, a menudo algún turista me para por la calle. ¿Me comprendes Marta? Me pregunta si puede hacer una foto a las niñas. Yo las coloco a las dos, pero él sólo quiere retratar a la pequeña con su lacito a cuadros en el pelo y su peto azul y sus zapatitos blancos.

 

Nadie quiere fotografiar a una niña de mirada triste.

 

Cuando me enteré de que estaba embarazada

De la mayor quise deshacerme de ella. ¿Me comprendes Marta? Me pasé semanas enteras moviendo sofás y cambiando de sitio una y otra vez los muebles. Hasta soñé caer por las escaleras.

 

¡Erámos tan felices los dos solos!...

Antes de que me abandonara al quedarme embarazada por segunda vez. ¿Me comprendes Marta?

 

A veces me parece que comprenden

todo lo que hablo en voz alta. ¿Me comprendes Marta? Cuando me pasa eso por la cabeza tengo la sensación que los niños oyen hasta lo que una no llega a pronunciar jamás.

 

Y ven lo que nadie percibe.

¿Me comprendes Marta? Sólo que no lo dicen, lo llevan en los ojos.

 

Voy a continuar limpiando los cristales

antes de que me salten las lágrimas. ¿Me comprendes Marta?

 

                                                                       Johann R. Bach

traicionó a su huésped Menelao ... raptando a su hija Helena

  PARIS ODIADO POR LAS NINFAS

 

Engreído, caprichoso

y crecido su orgullo por su origen, bajo la sombra de Afrodita (la que nació del espumoso semen del castrado Urano), Paris

 

traicionó a su huésped Menelao –rey de Esparta-

robándole los abalorios sagrados con incrustaciones de samario y tántalo, raptando a su hija Helena, devoradora de naves y hombres, ansiosa de vicios urbanitas y hambrienta de perfumes exóticos y pedrerías.

 

Ebrio de honores

por haber logrado la muerte del pelida Aquiles, como un imán sus ojos descendían al centro más ardiente del cuerpo de Helena y sus labios sólo se separaban para ingerir largos tragos de espumoso vino: acre frenesí de lujuria se respiraba en el aire bermejo.

 

Entretanto los ojos de una cabeza estrecha

de un caballo de madera observaban cómo del mar añil emergía, rodeada por una guirnalda de soldados disfrazados de ninfas,

 

Tetis con sus pies de plata,

(que dando principio a sus lamentos, exclamó:

 —Oíd, hermanas nereidas, para que sepáis cuantas penas sufre mi corazón);

 

esperaban pacientemente

que aquellos nombres sonoros que resonaban bajo un sol de ojo topacio se confundieran con el aire mientras llegaba la medianoche:

 

Tetis (= la prenda), amiga de Juno

y codiciada por Júpiter, pero obligada a casarse con un mortal, cuando se conoció su destino de tener un hijo más poderoso que su padre...

 

La enamoró Peleo,

venciéndola en una artera lucha en que adoptó, con versatilidad verdaderamente acuática, formas de ave, árbol y tigre; y fue madre nada menos que de Aquiles (Por cierto que en el festín de esas bodas lanzó Discordia su manzana)!

 

La mayor de todas las nereidas

es la Circunnadante Anfitrite (= la que rodea el mar), que mientras dirigía la danza de sus hermanas frente a Naxos sedujo e hizo sentar cabeza al casquivano Poseidón, señor olímpico del mar. Con él tuvo a Tritón (= el mar).

 

La más profunda Bentesicime

(= el mar de fondo) de diminutos ojos negros y casi tan famosa por sus amores, lo es Galatea (= la blanca como leche), locamente prendida en los suaves encantos del bello Acis y sorda a los requiebros y quejas del montañoso y tosco Polifemo

 

Bienna-dadora de amor Ágave

muy amiga de Doto y sus dones extraordinarios listos para ser prestados, celebraba cada dos años sobre Cimótoe la onda más rápida su indiscutible belleza

 

Actea, Limnorea y

Calianira encanta-hombres de gruesos labios, soñaban con tener amores con los mortales y envidiaban a la fértil Ferusa, a Proto la portadora de primicias, a Glauce vestida con su velo azul-mar y a la ondulada Cimótoe por su arte en la danza sobre el viento

 

La insular Nesea

llenaba de flores los escondites de Espeo cavernícola con la ayuda de Toe nado-agilísima que no podía tomar el sol sin que le cayera la piel a tiras como a Halia de enormes ojos sal-ceniza redondos.

 

¡Mélite miel! y ¡Yera grácil!

Las que más se alegraron de la desaparición de Aquiles, las más dulces. Mis preferidas entre las setenta y siete (penúltimo de los sagrados múltiplos de siete) nereidas en total.

 

                                                                  Johann R. Bach

 

 

Calienta Febus a los cuerpos desnudos tendidos sobre la arena

EL SOL NOS MIRA DE REOJO

 

Desde el mismo centro

de nuestro sistema planetario, como un verdadero dios el sol mira de reojo cómo se besan seres extraviados y como se buscan entre montañas y valles como una libertad sin alas.

 

Calienta Febus

a los cuerpos desnudos tendidos sobre la arena de las playas y con su fuego como un rumor ronco y lejano flotando en el viento extiende sus llamas sobre bosques de coníferas provocando el estallido de las vainas de los frutos de carballos atlánticos.

 

Evita con su sonrisa

el raquitismo de los niños que construyen plácidamente sus castillos de arena en las playas, dorando su piel como la de los dioses.

 

Evapora las aguas de los mares

y levanta los vientos de la naturaleza porque a ella no le importan ni el odio ni el amor mientras que las montañas siguen sin llorar ni dar gritos y la flor de árnica sigue naciendo, contra fríos y nieves  más allá de lo humano.

 

Viaja hacia el Ápex

a la endemoniada velocidad de 19,3 kilómetros por segundo y nosotros le seguimos en su locura sin otra razón que la de querer seguir amando.

 

                                                                     Johann R. Bach

11 oct. 2013

No me arrepiento de haber dejado ese decadente ambiente

   MARTA GUILLAMON YA NO VA AL TEATRO

         

En mis años de estudiante

a quien yo admiraba con absoluta entrega, más incluso que a Cervantes o Rilque, más que a todo el parnaso de las antologías académicas y de las lecturas escogidas, era a Marta Guillamon.

 

Marta padecía un leve trastorno de comunicación

que a nosotros, poco dados a actitudes intermedias, nos llevaba de la piedad a la anticipación y de la ansiedad a la admiración.

 

A saber: decía lo que le daba la gana.

 

No hace mucho me topé con ella

en el Paseo de Gracia. Sí sí, me topé con ella, con Marta Guillamon la gran admiradora del trabajo que hizo durante toda su vida Adolfo Marsillach dentro y fuera del teatro.

 

Me pareció una cortesía preguntarle

si aún iba al teatro pues Adolfo Marsillach murió dejando un mal sabor de boca a todos nosotros al haber declarado poco antes de morir que el teatro no servía para cambiar la conciencia.

 

¡Ay! Déjame coger aire –me dijo-

y aguántame cinco minutos sin abrir la boca.

 

Me fui cansada del "teatreo" de Madrid,

de las quejas, las envidias, los cotilleos, los enchufes, los depredadores, la decepción, la crueldad, la banalidad, la mezquindad.

 

No me arrepiento

de haber dejado ese decadente ambiente.

 

Desde la desaparición de Adolfo,

me entristece tener que distinguir entre realidad y ficción, renunciar a la vida que tanto admiré, con el corazón encogido de vuelta a Barcelona.

 

He acabado aceptando la escisión,

convivo con ese pequeño dolor.

 

Finjo que pertenezco a este mundo,

acepto que los jóvenes pidan becas, escribo en Google, trato a cientos de personas con gotas de café y vinagre, piñones y poemas en prosa y pago el alquiler, la línea ADSL y los coches alquilados en los aeropuertos con tarjetas de crédito.

 

Soy más yo cuando escribo

que cuando hablo. El teatro no admite mentiras. Por eso ya no voy al teatro porque es el único lugar donde cabe la verdad.

 

Me enfurece que la práctica teatral

esté tan desligada de lo que ocurre en otros campos y sobre todo, de lo que ocurre en el mundo.

 

No lo entiendo.

El mundo teatral no se interesa por la narrativa, la pintura, la fotografía, la música. El autor teatral, en general, es un dictador. Suele anteponer sus antojos racionales a las necesidades intrínsecas de la obra por nacer.

 

Luego el texto se lleva a escena

y no hay más que actores que hablan y hablan, sin que nada ocurra en sus cuerpos, aderezos de videos y momentos decorativos donde los actores bailotean un rato para descansar la garganta. ¿Es eso teatro?

 

A mí no me interesa el "meter más",

ser más original, más moderna. A eso en mi juventud le llamaban egocentrismo, ingenuidad cargada de torpeza.

 

Es verdad que yo he tenido

y aún tengo una vida rica en paisajes y en nuevos aprendizajes de lenguajes especializados y

 

he llegado a avergonzarme por ello

porque yo admiro muchísimo a la gente que hace una sola cosa en su vida y la domina como un profesor de matemáticas que se pasea entre grupos, cuerpos y anillos o el guardagujas que ve pasar todos los trenes de su vida sin subirse a ninguno de ellos.

 

La entrega absoluta

de esos personajes me conmociona, me lleva a la inspiración poética y a olvidarme del teatro.

 

No.Ya no voy al teatro.

                                                                        Johann R. Bach

 

 

"La vida no fue amable con él...

EL FRÍO TACTO DEL MARMOL

 

La fina lluvia caía sobre la hierba

y me decidí a dar un pequeño paseo aprovechando la soledad de una aurora de escasas luces.

 

Noté, al tacto, el mármol

bastante más frío que mis manos y pensé en el origen de ese carbonato empleado precisamente por su insolubilidad. Podría ser de Porriño o de Cehegin, pero no de Carrara porque no era muy caro.

 

Mirando al cielo y sus grises algodones

lamenté el haber sido mordido por una rata cuando estaba haciendo un hueco para plantar un geranio. ¿Cómo hubiera podido vengarme de aquella agresión?

 

Un hombre jamás puede vengarse

del ogro monstruoso de la vida.

 

Uno entra en la sala de partos,

que es el nacer moderno y ya tienes que vivir, matarte a trabajar: está a la vista el cebo que ansías, una mujer con la que llegar a un acuerdo para echar los dados.

 

Pero para ello hay que ir con cuidado,

evitando el tejido espinoso que rodea a la rosa. Después de haberte embriagado con su perfume, un simple roedor puede acabar con una vida idílica.

 

Observo con mis ojos secos,

ya sin lágrimas las palabras que mis supuestos amigos me han dedicado: "Amable fue su vida, y en él los versos de tal manera se combinaron que la naturaleza podría alzarse para decirle al mundo: Éste fue un poeta".

 

Quienes me conocieron a fondo

se sonríen al leer esta hueca retórica.

 

Creo que hubiera sido más correcto decir:

"La vida no fue amable con él, y en él los poemas se combinaron de tal manera que le declaró la guerra a la vida vegetativa y en ella una simple mordedura de una criatura común llena de su rabia por su infortunio le mató.

 

En vida yo no aguantaba a las ratas

y ahora que estoy muerto tengo que aguantar que ellas sean precisamente las que escriban mi epitafio.

 

                                                           Johann R. Bach

  

Tu recuerdo inmerso en una noche constelada se desvanece

                       LA NOCHE SE SUMA

 AL SILENCIO DE LAS ESTATUAS Y LOS MITOS

 

                                             Estatuas en el Treptower Park de Berlín

 

                               COMIENZA LA NOCHE

 

Comienza la noche

y hay que hacerle frente con el Manual de la Soledad, aún por elaborar, en la mano.

 

Tu recuerdo inmerso

en una noche constelada se desvanece como la luz gris y esta sombra desgarrada se refugia en el sueño.

 

He perdido las miradas:

el entusiasmo inicial que despertaba en mí el transparente Spree como un deseo impaciente que me empujó hacia tus labios; ha cedido como niebla de mediodía.

 

Cobra vida

una angustia infinita que no sé cómo mitigar.

 

Ahora las miradas

las dibuja el silencio con unos trazos que me hieren incurablemente en el atardecer donde se detiene la espera, sereno, sobre un cielo de cristal.

 

Limpio mis ojos

entristecidos y cabizbajos de lágrimas azules.

 

De la misma forma

que hubo una noche en la que nací existió otra noche donde tu cuerpo me amó. En suma valió la pena haberlo escrito mientras que el olvido va secando su rastro.

 

Todo es desnudo

fuera del tiempo cuando surgen los astros.

 

                                                                Johann R. Bach

 

Lo tenía todo para sorprender: audacia, rigor, originalidad, temperamento

HASTA LOS VEINTIOCHO HIZO LO QUE QUISO

 

Cuando arrancó en su carrera

con fuerza y con potencia, distaba de haber encontrado su leguaje, su técnica.

 

Lo tenía todo para sorprender:

audacia, rigor, originalidad, temperamento, pero nada de lo que le fala adquirir poco a poco para ofrecer su llama lírica en total plenitud.

 

Hasta los veintiocho

no hizo otra cosa que lo que le dio la gana, así como ofrecernos sus primeras extravagancias de talento que sorprenden, atraen y captan las miradas.

 

Sin duda, sabemos cómo llegó a dar de qué hablar.

 

Fue después de algún viajar

cuando se encontró a sí mismo. Tomó del natural unas notas precisas y, a partir de los efectos variados y múltiples del paisaje creó unos documentos que le servirían para siempre.

 

Con genio ardiente, vehemente,

agitado en toda su obra por la pasión, empezó pintando la condena, la peste y los choques revolucionarios aunque más tarde se vio obligado a moderar mediante la representación temas más reposados.

 

A medida que cumplía

con la realización de su obra, en el transcurso de su bulliciosa carrera, llena de amoríos, tiende cada vez más a hacer su dibujo mediante una representación más rápida y eficaz del cuerpo humano;

 

al principio es necesario un estudio

atento del modelo: el robusto y poderoso relieve que obtiene es testigo de ello, pero será más tarde cuando se preocupe por la osamenta, por la configuración propiamente dicha, y cuando se fije en lo que el hombre detenta de permanente y esencial.

 

Se dice que fue a los sesenta años

la primera vez que se hizo con un esqueleto. Entonces confiesa que si le  fuera posible iniciarse de nuevo en el estudio de la pintura, empezaría por ahí.

 

El magnífico dibujo que hizo a lápiz

para la decoración de la Cámara de Diputados, Educación de Aquiles, demuestra claramente que entonces tenía el sentido representativo del cuerpo humano mucho más desarrollado que en su juventud;

 

asistimos al movimiento de la vida misma,

como si palpitara bajo una epidermis de cristal.

 

Éste es un rasgo singular en él:

a medida que analiza la naturaleza, la escruta y la descompone, no pierde en ningún en ningún momento el sentimiento tan intenso y vivo que tiene de la vida, de la pasión, pues siempre tuvo la capacidad de crearla; de ahí su poder.

 

El don vital

es el motor constante que le conducirá de una obra a otra hasta llegar al final.

 

¿Alguien duda a estas alturas

que estemos hablando de Delacroix?

 

                                                                         Johann R. Bach

Los refugios de piedra lo habían visto todo

LAS VIÑAS LO HABÍAN VISTO TODO

 

Las viñas, más allá,

lo habían visto todo y ahora están esperando reponerse; los almendros tronchados habían perdido parte de su vitalidad, aunque su optimismo seguía en pie.

 

Las casas y el campanario de la iglesia y más allá

los refugios de piedra lo habían visto todo y ahora están esperando reponerse, y la tramontana que había rasgado rocas y tejados, granados y olivos acordó unirse al mar y a la arena y guardar silencio.

 

A la hora del derrumbamiento del sol

la tarde lo remolcaba fuera del puerto que se encrespaba con palos de veleros anclados: debajo de sus cascos el ballet de reflejos se estiraba y giraba al ritmo de los restos de las olas,

 

los vendimiadores fatigados

y contentos de su labor cantaban alegres al dios Baco en la Taberna del Melitón: ¡Aleluya!¡Esto funciona¡, ¡esto funciona!"; "las uvas son azules como el ojo del mar".

 

La viñas, más allá

lo habían visto todo

                                                                         Johann R. Bach

10 oct. 2013

Aquel viejo poeta se apartaba de todos, paseaba por las playas...

CÓMO HACERSE RICO

 

Los escasos habitantes de las islas,

rehuían la presencia del aquel Homero de playas atlánticas y detestaban su conversación y sus ideas. En realidad lo que detestaban -lo execrable en él- era la vejez.

 

Hasta en aquel paradisíaco lugar,

con acantilados llenos de gaviotas, con bosques de tranquilos pinos piñoneros lanzando al aire su aroma de trementina, crecía la ambición y la ceguera humana de querer ser rico.

 

Aquel viejo poeta se apartaba de todos,

paseaba por las playas, se refrescaba y bebía en las milagrosas fuentes de agua dulce, se sentaba a la sombra de las rocas quitándose su sombrero de paja toquilla,

 

con su doble parpadeo

cosía el cielo al horizonte, sacaba su cuaderno de viajero trasnochado y, bolígrafo en mano, describía los regalos de la naturaleza con una caligrafía tan bonita como antigua.

 

Los elementos de las Islas Cíes son –decía-

un conjunto parecido a una tela preciosa en donde se han bordado unas nubes y en el que innumerables estrellas, apremiadas por no se sabe qué razón, parece que vuelan: aparecen y desaparecen.

 

A menudo paseaba junto a la laguna

de las Islas observando cómo en sus aguas, en una marea con un retraso de seis horas, se iban dibujando unas pequeñas ondas bañadas de luz reflejo de las olas del mar.

 

Imaginaba

que bajo aquellas mismas aguas de la laguna circulaban, en grupo como en medio de un espacio refugio, unos peces delicados y errabundos.

 

De vez en cuando alguien piadoso

se le acercaba y con cautela escuchaba su aparente inconexa conversación. Ante la pregunta sobre su soledad, respondía que los que se sentían solos eran los que se le acercaban.

 

"Algunos quieren oír de mis labios –solía decir-

los secretos de la vida, los secretos para amarrar a la diosa Fortuna o para conjurarse con ella a fin de compartir con ella el Beneficio".

 

"No les importan mis gritos o mis lamentos,

ni que los pinos locos con raíces como dedos temblorosos apunten al silencio mi destino cercano". "Preguntan directa y descaradamente qué deben hacer para ganar dinero".

 

"De nada sirve decirles que miren las olas del mar

ahora que la sal de su sangre endurece el olvido, más salado, del mar. Ni qué decir sobre el comentario sobre los olvidados huesos, sucios, en los que crece el verdor anónimo". No pueden ver cómo el agua emite llamaradas de plata y mucho menos comprender que mis días transcurren así, como las suaves mareas de la laguna.

 

Insisten y repiten la pregunta

¿Qué hay que hacer para obtener beneficio?

 

El viejo escritor

-continuando con su aparente incoherencia- respondía con voz grave que las magras arañas grises vienen y van y vienen; en la maraña de sombríos arbustos, y, que el canto solitario, apretado, invisible del autillo fecunda el pensamiento con el rumor furioso del viento.

 

Haciendo oídos sordos

las gentes volvían a preguntarle ¿Qué hacer para obtener dinero?

 

Cansado ya el viejo

de una conversación incómoda, comenzaba a ceder. Bien, bien, os lo voy a explicar:

 

"Todo aquel que quiera ser rico

tiene que pasar por dos fases: la primera consiste en tomar la decisión de hacerse rico. Para ello habrá de invitar (pagando la cuenta) a cenar a todos los amigos y cuando éstos tengan algo ya subido el vino a sus rostros les echará la siguiente arenga:

 

Amigos míos,

a partir de ahora nos veremos muy poco. Difícilmente volveremos a tener una cena llena de alegría como ésta. No es que ya no os quiera, sino que voy a estar muy ocupado en los próximos años en hacerme millonario. Así que os deseo a todos salud y felicidad.

 

Después de desvelar la primera parte del secreto

el viejo sabio se mantenía en silencio como si no pudiera desprenderse de una larga pausa, con los labios prietos, iba contando los segundos en que tardaría en llegar la siguiente pregunta:

 

¡Dínos ya en que consiste la segunda parte!

le decían, impacientemente, los ansiosos por conocer los secretos del cómo definitivamente podían hacerse ricos.

 

El viejo, con lástima infinita en sus ojos

les contestó: "La segunda parte sólo la explicaré a aquellos que hayan osado realizar la primera parte: pagar a todos los amigos una cena".

 

Para osar triunfar,

hay que osar saltar las dificultades, cortar de cuajo el nudo gordiano de la indecisión". 

                                                                  Johann R. Bach