26 sept. 2013

Tu belleza es tal que has vivido atrapada en tu propia belleza

               EL LAUREL

 

Tras cada pequeña ondulación

en el borde de cada hoja, el laurel evita el destino y como la sonrisa del viento, tonifica tu corazón recordándote el espíritu de Dafne.

 

Tu belleza es tal

que has vivido atrapada en tu propia piel hasta que acorralada deseaste, angustiada, solitaria y sin diadema, que tu debilitado corazón escapara a ese permanente acoso.

 

Muchos hombres te pretendieron

desconsolados por tu rechazo. Huías de ellos como el rayo que abandona la nube y le encomendabas a tu dios particular que te librara de tus desmayos.

 

Cuando te faltaba el aliento

y las palpitaciones de tu corazón empequeñecían como ondas de luz de lejanas estrellas, la angustia se apoderaba de tu sudorosa frente y el desmayo era la respuesta a la ansiedad del deseo de escapar de tu propia belleza.

 

Si el estar entre los humanos es mucho

y porque en apariencia todo lo visible se desvanece, es que en realidad eras necesaria aunque sólo lo fueras por una vez.

 

¡Qué hermosa vez!

 

Haber sido esa una vez, aunque sólo

hubiera sido una sola noche, esa noche parecería ser irrevocable:

 

tu transformación en laurel

era inevitable y ahora adornas la frente de emperadores, dioses y personajes importantes que rinden culto a tu belleza y a la generosidad de tu corazón.

                                                          Johann R. Bach

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