15 ago. 2015

Pero ¿qué es lo que realmente me importa?


VIVIR EN MARES DIFERENTES

Querida Martina,

He recibido tu felicitación
por el nacimiento de mi segunda hija y me encanta ver que a pesar de vivir separadas, en mares distintos, nuestra amistad goza de buena salud.

Estoy muy contenta
de que te hayan llegado bien todas las fotos que te he ido enviando a lo largo de todo el embarazo.

Germán se ocupa de mí
y de todos los asuntos domésticos y hace verdaderos esfuerzos para comprar todo aquello que yo le indico. A veces se equivoca en las tareas de la casa, pero no por falta de atención, sino porque le falta práctica en eso que él cree que son cosa femenina.

Yo, me paso horas -¡qué remedio!- en Google
y ocupo gran parte del tiempo en escribir en mi diario cualquier vicisitud y me ayuda mucho saber que luego tú –y sólo tú- la leerás.

Se habla mucho de mundos virtuales
como si fuera una novedad, pero en realidad el mundo como virtualidad está vinculado a nuestra supervivencia como especie y al desarrollo de nuestra evolución.

Por lo visto somos seres
mediados por lo imaginario.

Incluso este diario mío
es una suerte de metáfora del tiempo como cronología y como kairós.

Pero ¿qué es lo que realmente me importa?
Que al otro lado del mar estés tú mi amor.

                                                  Muchos besos. Tuya Clara.

      Johann R. Bach

la oscura habitación (del poeta) en la que amontona sus platos rotos y sus diplomas,

 
SUEÑOS DE POETA Y VIDA DE SU COMPAÑERA
 
Uno de los sueños de un poeta
es escribir novelas.
 
Sueña también con una casa
con la puerta abierta y en la puerta él mismo dispuesto a hacerte pasar, a presentarte a su familia y luego conducirte a la biblioteca,
 
donde se demora
–como regalando tiempo al tiempo- mostrándote con entusiasmo sus libros (uno a uno),
 
luego querría llevarte a su estudio,
donde volvería a demorarse para intentar explicarte con renovado entusiasmo los avances y retrocesos de su escritura, y
 
después querría enseñarte la cocina,
el dormitorio, el cuarto de baño, para llevarte finalmente al trastero, la oscura habitación en la que amontona sus platos rotos y sus diplomas,
 
sus demonios y sus juguetes.
 
No contento con que hubieres visto su casa
desde la planta noble hasta la innoble, el escritor te insistiría para que le acompañares por las calles que recorre
 
habitualmente en dirección a su lugar de trabajo,
a los bares en los que se reúne con los amigos y al restaurante donde invita -a un módico menú- de vez en cuando a un círculo de conocidos con los que guarda cierta distancia.
 
Fuera ya de sus sueños,
arranca por la mañana de un caluroso sábado de agosto de resaca tras una fiesta nocturna, frente a la ventana de su casa el supuesto cronista de este planeta,
 
sale a caminar por la plaza,
recoge miradas interrogativas de los "sin domicilio fijo" (SDF) sentados en los bancos verdes y con sus caras escarlata y, al mismo tiempo se lamenta de su mala salud aunque
 
celebra el buen estado de su polla
por la respuesta que obtiene cuando, con ocasión de ponerse crema en las ingles, se unta la punta y con la fricción observa cómo crece.
 
¡Pobre poeta!
A todo eso le llama una vida rica.
 
Olvida que la relación de su compañera
–también escritora- con su propia vida está cargada de servidumbres:
 
los hombres no han tenido que enfrentarse nunca al gran problema que fue en el pasado la virginidad, ni conocen la maternidad, ni el aborto, ni el estigma de la belleza física;
 
y tantas cosas más
que han hecho de la vida de esa mujer inteligente (lo escogió entre una miríada de hombres) un espacio cargado de silencio y de destrucción.
 
¿Cuánta verdad puede soportar
la autobiografía femenina sin que su autora vea cómo se destruye su propia vida,
 
la mirada que sus hijos,
por ejemplo, puedan tener de su madre a la luz de lo que cuenta?
 
Por eso me gustan cada vez más
las mujeres maduras, porque hacen lo posible por ser fieles a sí mismas.
 
                                                                 Johann R. Bach

12 ago. 2015

Vi en su rostro la angustia


DEL DIARIO DE UN POETA (II)

12 de enero de 1.892

En mi penúltima vida
era conocido por el nombre de Daudet, Alphonse Daudet y he visto que algunos de mis escritos de aquella época convulsa de la historia de Francia, suenan aún en algunos rincones de viejas bibliotecas.

Cené, aquella noche de la fecha referida,
en casa de Victor Hugo.

Naturalmente el gran poeta presidía la mesa,
pero estaba en un extremo, aislado, y los invitados poco a poco se fueron alejando de él dirigiéndose a los jóvenes.

Vi en su rostro la angustia
de uno de sus personajes pidiendo auxilio inútilmente mientras se hundía más y más en las arenas movedizas de alguna playa cerca del Mont San Michel.

Vi de nuevo aquella escena
en la que, parafraseando lo descrito en aquella novela de "Los Miserables", se describía una de las más espantosas formas que la naturaleza emplea para borrar de la faz de la tierra a un hombre.

Victor Hugo por aquel entonces
ya estaba casi sordo y nadie hablaba con él… de repente, al final de la comida, se oyó la voz del gran hombre,

con su barba hirsuta,
la voz profunda, surgida como la de un hombre que sabe que su final está cerca, como si las arenas de Normandía se lo estuvieran tragando:

"Escribí todo lo que he visto en la vida.
Os dejo mi diario "Choses Vues" a cambio os pido que me deis doble ración de chocolate.

15 de enero de 1892
Tres día después
sólo recordaba de aquella cena que la mano de Edmund Goncourt tenía la tersura de un edredón de plumas húmedo.

Quizá alguien crea
que no es precisamente generoso mi comentario sobre Goncourt, pero él mismo arrepentido de sus celos hacia mí escribió, un años antes, en febrero de 1.891:

“Zola y Daudet –decía Goncourt en su comentario-
se han engrandecido con sus obras, mientras que yo sólo he podido inventar una Academia…

mi Diario únicamente tiene valor
por su malevolencia y no he ofrecido más que imágenes grotescas de la gente de mi época”.

Una soledad poblada como la de Goncourt
se desborda cuando no se vacía y finalmente lo hace bajo el efecto de una sorna que al cabo de los años y de las décadas se congela en el retrato veraz de una época:

la última palabra.

                                                                             Alphonse Daudet
                                                                    mi penúltimo pseudónimo

11 ago. 2015

el silencio en las alturas

DEL DIARIO DE UN POETA

 

Es ya un deporte consolidado,

en este mundo de poetas frustrados, fabricar, acerca de la poesía, definiciones y especulaciones;

 

acerca de la narrativa, el ensayo:

enumerar, dictaminar, dogmatizar, excluir, desterrar, e incluso declarar, en la cúspide de algún laberinto abstracto,

 

impecable,

con entradas y salidas que sólo imaginó y entiende su constructor, que esos géneros han muerto y que toca pasar a otras formas

 

revitalizadas precisamente

por la declaración de muerte.

 

No quisiera el poeta estar perorando, como si fuera un especialista en diarios poéticos y de ningún modo lo es.

 

Y…, sin embargo, escribe, opina, ríe.

 

1 de agosto 2.006

 

Marta Guillamon se sorprende

al ver a tantas mujeres que se toman tan en serio la tarea cuando van de compras.

 

2 de septiembre de 2.007

 

 

Ha sido horrible –escribía Marta-

ver tanta gente en la cola de la Oficina de Empleo –que todo el mundo sabe que es la cola de la Oficina del desempleo. ¿Son víctimas o héroes de su propia subjetividad; nadan, zozobran, o se hunden en ella?

 

En el hoy de cualquier mes

de cualquier año, la superficie hiperbólica se mueve de la admiración –incluso del amor- al odio,

 

de la buena a la mala conciencia

–por envejecimiento-, del juicio al prejuicio –por arterioesclerosis-, en esa intimidad que uno establece y que no tiene reglas.

 

9 de agosto de 2.013

 

Después de los sucesos de Fukushima a ningún japonés se le ocurrirá, ante el olor de un marisco putrefacto, acusar a todo el mar.

 

11 de julio de 2.014

 

En las cumbres del Himalaya el hielo pasa formar las nubes sin pasar por el estado líquido. Es la sublimación por las bajas presiones debido a la altura. Las nubes sueltan la nieve sobre la nieve,

 

el silencio en las alturas

sobre el silencio.

 

                                                  Fechas escogidas del "Diario de un Poeta"

                                                                            Johann R. Bach


10 ago. 2015

"Lucretia y sus finos hilos de araña". Un relato para insomnes


(VI) Epílogo. ESCRÍBEME TAMBIÉN TÚ.

Por desgracia, junto a mí, ahora, mirando lánguidamente por encima de mi hombro está tan sólo Victoria, que espera que le cambien las sábanas. Hasta que llegue el momento sigue escribiendo cartas de amor con rotuladores, incluso sobre su cuerpo, que ha cubierto, hasta donde ha podido alcanzar, de letras y dibujos ingenuos.

Ahora está escribiendo sobre su pecho, con tinta verde: "Te suplico que me escribas también tú", y junto a ello pintarrajea la cabeza de una niña de cabellos castaños, ojos pardos y boca roja. Esta es mi situación. En cualquier caso, tendré que salir de aquí, donde no hago otra cosa que aplazar, una y otra vez, hasta el infinito la lucha con la bestia. Mi obsesión no se deja exorcizar, escribiendo no vuelvo a ser yo y no quiero, Dios mío, quedarme así.

Por ello aplazo toda decisión hasta regresar, en cierto modo, al "mundo". Allí veré que hacer y sobre todo cómo hacerlo.

Estas hojas de papel, amontonadas en un taco sobre la mesita de noche, son un fracaso mayor que lo que acabo de narrar. Estoy resuelto a quemarlas esta misma noche, he decidido no dejárselas al médico ni a nadie más, porque si ellos las leyeran no podría escaparme nunca de aquí, o tal vez llegara incluso a limbos peores. Simularé, con asco, la normalidad, seré un corderito obediente, dispuesto a hacer felices a los que le esquilan la lana, de vuelta a sus cabales tras una cris de histeria.

¿Por qué sigo escribiendo estas líneas si sé que voy a destruir todo este relato?¿Por qué sigo trazando una letra y otra letra y otra letra?¿No es acaso para tomar una bocanada de aire, de este aire acondicionado de paredes blancas, y otra más?

No, tengo que acabar de una vez. Ya está. He terminado. Ahora a esperar el día en que pueda abandonar este hospital.

                                                               Johann R. Bach


9 ago. 2015

Hoy llueve. Es domingo y me basta,


ARTIFICIOS DE ORO Y MARFIL

Hoy llueve. Es domingo y me basta,
parafraseando a Chang Kiu-lin con mirar cómo se deshacen las nubes.

Imagino al viejo poeta chino,
con su aspecto especialmente pálido, esperando, pacientemente, que el viento limpiera el cielo de nuevo y transportara el penetrante aroma de las magnolias en flor.

Lo imagino recordándose a sí mismo
que todo está en todo:

"Las estrellas más lejanas influyen
en la orla del cáliz de una flor; el rocío de la mañana contiene la neblina de la noche pasada".

Todo está entrelazado –pensaría-
por una omnipotente dependencia.

No hay nada que pueda librarse
–convencido de ello estaba el gran poeta- del poder de todo lo demás. Y tanto más si hablamos de una cosa pensante, como el hombre.

Las nubes y las caras se reflejarían –creo- en su sueño.
Las fragancias de las flores tuercen el camino de nuestros pensamientos. ¿Y por qué no modelar libremente lo que está siendo modelado por el azar?

Al rodearnos de pequeños objetos-juguete
y artificios de oro y marfil encendemos una idea, una imagen:

una estatuilla del tamaño de un dedo
es la expresión de la fantasía del artista reducida a su esencia después de un trabajo de muchos años.

Y he aquí esos cientos de horas
aparentemente inútiles: uno puede calentarse contemplando la estatuilla como quien se calienta al fuego…

Imagino al viejo poeta Chang suspirando
ante tales pensamientos antes de plasmarlos con sus ideogramas sobre el papel.

Hoy llueve. Es domingo y me basta,
parafraseando a Chang Kiu-lin, con mirar cómo se deshacen las nubes.

                                                                             Johann R. Bach