30 dic. 2013

Era un momento en que la escuela era el centro del mundo

             Relato para un día de lluvia

                                                      Amanecer en Titán una de las lunas de Saturno

 

Un día que llovía a cántaros

tuvimos que renunciar al recreo. Recuerdo aquel día por la peculiar historia que nos contó Marta.

 

Estábamos en el centro del mundo,

casi en el centro de una tenebrosa oscuridad, bajo un cielo espeso y húmedo desplegado sobre todo el pueblo, inmóvil entre el caldo tibio y espeso del aire.

 

Marta Guillamon –la alumna mayor-

era la encargada de distraernos con sus historias durante los días en que el mal tiempo nos impedía salir al recreo un espacio frente al mar.

 

"¿Veis esa multitud de gotas –comenzaba su relato-

que caen del cielo? Pertenecen a una pequeña familia de negros nubarrones que de vez en cuando se enfadan o se sienten desdichados y lloran;

 

vierten sus lágrimas sobre el pueblo".

 

Por las rendijas de las ventanas

mal ajustadas no entraba, como otras veces, el áspero olor de los pinos, sino el resplandor de los relámpagos blancos y silenciosos.

 

Yo me quedé sin nombre y sin mí,

con mi miedo vergonzante. Era un momento en el que la escuela era el centro del mundo.

 

No es mala gente esa familia –continuaba diciendo Marta,

aunque a veces pagamos caro sus enfados. Sí sí, es una familia como otras. Cuando seáis mayores os hablarán de sus miembros: los cúmulos, los estratos, los estrato-cúmulos, los cirros… todos ellos muy interesantes…

 

Mucho más interesantes son otras familias

que están por encima de las nubes. Puedo aseguraros que mucho más arriba moran por ejemplo numerosas familias de estrellas

 

con nombres aún más exóticos,

como por ejemplo ANTARES –"La Más Bella del Cielo"- una estrella gigante de color rojo que contrasta con RIGEL otra estrella gigante pero de color azul.

 

y cada una de esas estrellas

tiene su propia familia con numerosos hijos que se llaman planetas lugares donde no se odia al mar ni a las hormigas y donde los niños pase lo que pase siempre sonríen cuando sale su sol.

 

Sí sí, su sol, un sol como nuestro sol,

ése que vemos cada día, tiene una mujer dulce y romántica de cara redonda que sale a pasear todas las noches y que vosotros conocéis con el nombre de Luna.

 

El Sol es una estrella

que fuma puros tan grandes que nos calienta a todo el pueblo cuando la familia de nubes se va de viaje.

 

Sus hijos son esos planetas

que hemos bautizado con nombres extraños que oiréis a lo largo de vuestra vida como MERCURIO, VENUS, MARTE, JÚPITER… todos ellos nombres de dioses…

 

Y cada uno de esos planetas

tiene un misterio. Por ejemplo Mercurio está tan cerca del sol que te puedes achicharrar si no te pones en su parte oscura donde, al contrario, te pelas de frío si dejas de moverte.

 

Saturno está lleno de anillos de colores

y sus numerosas hijas las lunas bailan en días y noches llenando su cielo de alegría,

 

viajando alrededor de ése planeta,

dando vueltas y más vueltas, cayendo de arriba abajo, dibujando volutas y volutas como un vis sin fin…

 

Mirad –dijo Marta levantándose-,

ha parado de llover… y sale ya el sol. Aún nos quedan diez minutos de recreo…

 

¡Venid!¡Vamos a la playa!

 

                                                        Johann R. Bach

 

Estábamos en el centro del mundo... bajo un cielo denso y húmedo...

             Relato para un día de lluvia

                                                      Amanecer en Titán una de las lunas de Saturno

 

Un día que llovía a cántaros

tuvimos que renunciar al recreo. Recuerdo aquel día por la peculiar historia que nos contó Marta.

 

Estábamos en el centro del mundo,

casi en el centro de una tenebrosa oscuridad, bajo un cielo denso y húmedo desplegado sobre todo el pueblo, inmóvil entre el caldo tibio y espeso del aire.

 

Marta Guillamon –la alumna mayor-

era la encargada de distraernos con sus historias durante los días en que el mal tiempo nos impedía salir al recreo un espacio frente al mar.

 

"¿Veis esa multitud de gotas –comenzaba su relato-

que caen del cielo? Pertenecen a una pequeña familia de negros nubarrones que de vez en cuando se enfadan o se sienten desdichados y lloran;

 

vierten sus lágrimas sobre el pueblo".

 

Por las rendijas de las ventanas

mal ajustadas no entraba, como otras veces, el áspero olor de los pinos, sino el resplandor de los relámpagos blancos y silenciosos.

 

Yo me quedé sin nombre y sin mí,

con mi miedo vergonzante. Era un momento en el que la escuela era el centro del mundo.

 

No es mala gente esa familia –continuaba diciendo Marta,

aunque a veces pagamos caro sus enfados. Sí sí, es una familia como otras. Cuando seáis mayores os hablarán de sus miembros: los cúmulos, los estratos, los estrato-cúmulos, los cirros… todos ellos muy interesantes…

 

Mucho más interesantes son otras familias

que están por encima de las nubes. Puedo aseguraros que mucho más arriba moran por ejemplo numerosas familias de estrellas

 

con nombres aún más exóticos,

como por ejemplo ANTARES –"La Más Bella del Cielo"- una estrella gigante de color rojo que contrasta con RIGEL otra estrella gigante pero de color azul.

 

y cada una de esas estrellas

tiene su propia familia con numerosos hijos que se llaman planetas lugares donde no se odia al mar ni a las hormigas y donde los niños pase lo que pase siempre sonríen cuando sale su sol.

 

Sí sí, su sol, un sol como nuestro sol,

ése que vemos cada día, tiene una mujer dulce y romántica de cara redonda que sale a pasear todas las noches y que vosotros conocéis con el nombre de Luna.

 

El Sol es una estrella

que fuma puros tan grandes que nos calienta a todo el pueblo cuando la familia de nubes se va de viaje.

 

Sus hijos son esos planetas

que hemos bautizado con nombres extraños que oiréis a lo largo de vuestra vida como MERCURIO, VENUS, MARTE, JÚPITER… todos ellos nombres de dioses…

 

Y cada uno de esos planetas

tiene un misterio. Por ejemplo Mercurio está tan cerca del sol que te puedes achicharrar si no te pones en su parte oscura donde, al contrario, te pelas de frío si dejas de moverte.

 

Saturno está lleno de anillos de colores

y sus numerosas hijas las lunas bailan en días y noches llenando su cielo de alegría,

 

viajando alrededor de ése planeta,

dando vueltas y más vueltas, cayendo de arriba abajo, dibujando volutas y volutas como un vis sin fin…

 

Mirad –dijo Marta levantándose-,

ha parado de llover… y sale ya el sol. Aún nos quedan diez minutos de recreo…

 

¡Venid!¡Vamos a la playa!

 

                                                                   Johann R. Bach

 

... chillabas en sueños como si estuvieras despierto y llorabas.

UN ALMA LLENA DE VIDA

                                                                                      Naturaleza muerta

 

Bajo esa bóveda celestial

sobre nosotros, en suspenso y su maravillosa luz trémula -que ya no es que viene de un pasado sin límites y se está ahí colgada-, palpitante y helada,

 

chillabas en sueños

como si estuvieras despierto y llorabas.

 

Yo te susurraba al oído,

suavemente, dulces palabras, para no removerte más las sombras de tu sueño hecho de amor.

 

Al mismo tiempo rezaba a mi dios,

a cualquier dios para que no te murieras como si eso fuera posible en un hijo que, a pesar de la fiebre, tiene el alma llena de vida.

 

Aún nos quedaban a ti y a mí

muchos años para caminar contra el viento. Aún me río cuando pienso en todo aquello.

 

                                                               Johann R. Bach

29 dic. 2013

Sus bellas almendras se fijaron en mis ojos. Peregrina, intocable, ...

ANTE UN MAR DE MERCURIO

 

Hace tan sólo una semana

estuve en Honfleur. Aprovechando la pleamar, vi a los barcos entrar y salir de su puerto bajo la vigilancia de la flecha de Sainte Catherine.

 

Y miré la mar y su agua

que la hace sensible y vi: que las olas al unirse en planos y esferas absorbían la luz,

 

multiplicando su poder de lunas

y al liberarse de la superficie de aquel mar dejaban su estado de cúpulas para ascender, como muertos planetas al cielo.

 

Tuve la impresión, ensimismado,

de que si tomaba un poco de aquella misma agua en mis manos no me mojaría. Que era pesada, suave y manual.

 

Que su manifiesta analogía con el mercurio

sólo lograba hacer más radiante el Universo Vivo del extraño mar (mar radiante porque su luz repite, en unidad, el fuego del cielo) que

 

atravieso en la noche naciente.

 

Porque había vagado

por horas y un par de días, tal vez más, y ya casi era de noche para todos los turistas que bebíamos cerveza mirando desde lo alto, por la pequeña ventana, La Lieutenance con miedo al vacío,

 

en el Vientre del Miedo,

en el vientre de sombra y alucinación por un mar de mercurio sin piedad.

 

Sentí como si estuviera en el Purgatorio

que allá en la tierra que dejé:

 

huesos quemados

por un cielo de hiel mientras los buitres gritaban: "no haya paz y así, para siempre, nos equivocaremos".

 

Mi corazón escorado

como un velero se quejaba de que Ella, la Ungida en el País Lunar, entraba en la tasca y se sentó en una mesa frente a mí.

 

Sus bellas almendras

se fijaron en mis ojos. Peregrina, intocable, parecía reprocharme lo inconfesable la inocencia y la cobardía.

 

Una angustia indecible

se apoderó de mí como si me hubiera despertado en un barco extraviado y vi la noche;

 

vi el mercurio quebrarse y hervir,

y soltar Soles Negros que en vuelo devoraban la luz. Sentí como si ya fuera imposible salir de la noche, de una noche siempre oscura y silenciosa.

 

Comprendí antes de volver a ver

sus almendrados ojos que sólo aquellos que viajan en las cámaras ocultas del enorme barco sin límites llegarán a lo que fue la luz: su dominio.

 

Ya de regreso a mi mar,

a mi viento de tramontana me dispongo, como todos, a entrar en el año nuevo para dar otra vuelta más alrededor de mi Sol.

 

Nos hemos de preparar

para describir la eterna escena de los hombres, mujeres y niños que esperan la vuelta de sus familiares a puerto y a que salga la luna y en vuelo suban en sus sueños a comérsela.

 

                                                         Johann R. Bach

¡Feliz Año Nuevo!

FELIZ AÑO NUEVO

 

Doce meses

nos ha llevado dar una vuelta más alrededor de nuestro sol. Ha sido un año como una fiera de gran tamaño echada sobre nosotros,

 

Sobre nuestro pobre andar

de hormiguitas.

 

Al principio nos amenazaron

con convertirnos a todos en harapientos vagabundos pidiendo un euro por las calles para comprar un poco de vino –el pan se suponía que lo encontraríamos en los contenedores.

 

Poco a poco fuimos acorralando un tanto el cielo

y en no pocas ocasiones tuvimos el amor sentado muy cerca y demostramos que

 

vive aún el hombre desnudo

en nuestro vientre.

 

Millones de personas

salieron a la calle, no a mendigar, no a llorar, no a odiar. Salieron cogidos del brazo, con la sonrisa en los labios, con la victoria en los ojos, …

 

con la paz… entre las manos

 

Entre las estrellas y las flores respiraron nuestros monstruos, nuestros niños, … nuestros ángeles.

 

Fue lanzada sobre nosotros

una lluvia de protones, neutrones y neutrinos, bosones junto a sus primos los winos, zwinos y fermiones, fotones y sus homólogos los fotinos, squarks y gluinos (hijos del gluón),

 

gravitones y gravitinos.

Querían demostrar su fuerza, la fuerza de SUSY una diosa artificial (SUperSYmetría).

 

Una simple cuerda,

elástica, de dimensión uno, (eso sí, de muchos kilómetros de longitud) ha sido el elemento capaz de vibrar, de retorcerse sobre sí misma,

 

en una frecuencia justa

alcanzando los rangos de todas las vibraciones que corresponden a cada una de las partículas que encontramos en la naturalezacomo si de una resonancia se tratara.

 

Hemos envejecido.

Sí. Somos un año más viejos.

 

Hemos envejecido

porque ha aumentado la entropía de nuestros cuerpos lo cual nos indica la desagradable consecuencia de la segunda ley de la termodinámica aunque, entretanto…

 

el animal

tocó su carne y buscó su cuerpo homólogo sonriendo.

 

¡Feliz año nuevo!

                                                             Johann R. Bach

¡Oh qué grave se muestra la faz del crepúsculo! Es el misterioso silencio rojo de tu boca,

Te detienes ante un semáforo rojo.

Miras por el retrovisor. Una moto se ha detenido detrás de tu auto.

 

Ves un hombre de cabeza grande,

cara redonda, labios gruesos y sus gafas protectoras del viento no pueden ocultar sus ojos rasgados de lo que deduces que esos rasgos corresponden a un chino.

 

El hombre aprovecha la parada

para girar su cara y abroncar a una bellísima niña de unos seis o siete años que probablemente es su hija. El semáforo se pone verde y todos los vehículos arrancan.

 

En el siguiente semáforo rojo

detienes de nuevo el auto. La misma moto también se detiene, pero esta vez en la parte izquierda, junto a tu ventanilla semiabierta la cara de la niña queda muy cerca de la tuya.

 

La escena se repite.

Aquel hombre aún no se había vaciado de su mal humor y girando la cara hacia la niña la sigue abroncando. La niña me mira como pidiendo comprensión.

 

Sus dulces ojos quedan fijados

en mi retina. Intento que de mis labios salga la mejor de mis sonrisas. Ella también me sonríe aunque se le escapa una lágrima. Los coches arrancan y piensas que no volverás a ver a esa niña.

 

Oyes musitar allá abajo

en el jardín; no puedes olvidar la belleza de los ojos rasgados de la niña de la motovespa; cómo muy suavemente le había resbalado la sonrisa acompañada de la lágrima.

 

En el comedor las manzanas

hacen olor sobre la cajonera mientras la abuela enciende cirios dorados.

 

¡Oh qué benigno es el otoño.

Suenan tenues tus pasos sobre el viejo piso de madera mientras afuera los altos árboles se visten con sus mejores galas ocres y las plantas trepadoras enrojecen sin alcanzar sus copas.

 

¡Oh que grave se muestra

la faz del crepúsculo! Es el misterioso silencio rojo de tu boca, sombreado por la somnolencia del follaje el que se impone junto al oro oscuro de los quemados campos de girasoles.

 

Un canto de guitarra

Rompe el silencio desde un hostal cercano, al tiempo que las matas salvajes de sauco, allá abajo, ven rodar las castañas que se desprenden de sus claustros en estos días de noviembre.

 

Dejas una ventana abierta,

como es costumbre, para que entre el aire fresco y también la esperanza… Es el milagro anual del otoño que nos golpea y nos obliga a doblar las rodillas.

 

¡Oh noche!

 

Qué oscura te muestras

con la luna escondida como la llama purpúrea que se te ha apagado en la boca.

 

En tu silencio expira la música

de cuerdas solitaria del alma temerosa. ¡Deja,pues, que la cabeza, ebria de ese vino cargado de polvo de estrellas, caiga en la almohada del césped junto al romero!

 

¡Oh noche!

 

Deja que el polvo de tus estrellas,

empaquetado en diminutos clústeres, resbale sobre nuestros rostros como la lágrima de una niña.

                                                                            Johann R. Bach

 

 

28 dic. 2013

Berlín: Lugar donde el desierto y el exilio recobran su señorío

YO, HUGUET Y MIS ATREVIMIENTOS

                                                                   Estatua del Treptower Park

 

YO, HUGUET

 

No sé si estoy,

metido hasta el cuello, entro o salgo de un sueño kafkiano o si en realidad floto por encima de las nubes contaminadas por ácidos proteicos.

 

Pero en todo caso,

sea lo que sea, lanzo al vacío, como una bomba de vacío, todos los fragmentos que aún funcionan de mi memoria:

 

Yo, Huguet,

hijo de un modesto empleado de correos y nieto del Director de la Banda de música de Schöneberg, llegué a aquí a Friedenau esperando hacer la América.

 

Yo, un oscuro químico

lustrado ahora por la sal de Siemens, inventé esa ficción: el Centauro volador, cruce de animal soñador necesitado con nativas de la zona.

 

Inventé el futuro, el futurismo. La Naranja.

 

Me cagué en su mecánica,

la Torre Eiffel, esa ciudad amanerada: París.

 

Aprendí palabras ásperas:

Schwein, tot, scheisse, Schlempe1 (yo que caminaba delicadamente como si jugase al tenis, yo, cuya vida era un campo de golf), copié y apliqué el sistema Bach (que nadie conocía por aquí).

 

Tuve mano amable,

tuve mano de obra (barata). Comencé por conquistar Fregestrasse

(dreiunddreizig)2 y ahora me pudro en las Aguas del Tiempo.

 

Yo, que me horroricé

cuando escuché que estos teutones llamaban"ACIDS"(3) (en su acrónimo) a las relucientes máquinas, trituradoras, de alimentos llegados de todas partes del mundo porque les recordaban el ruido de los puercos al comer.

 

Establecí un Orden,

una jerarquía en el Caos: de un lado los del Oeste y administradores, del otro, los hombres y las bestias4.

 

Yo Huguet,

que puse un toque de delicadeza,de civilización en estos páramos de Grünau: Al espejismo de los oasis de Köpenick y Treptow opuse chaflanes de 10 metros(5), rehabilité cientos de pisos, una iglesia…,

 

también recuperé

el viejo Regatta 36(6) para que estos bárbaros escucharan música un viernes cada mes no el rumor sempiterno, monótono de las arenas del puerto casi abandonado.

 

Yo, que me la creí completa

y se la hice creer a medio mundo: "El salitre berlinés es el mejor del orbe": nitrato de sodio y otros nitratos cubiertos por mares de árboles,

 

"El salitre berlinés disponible para todos: Es natural"

 

Yo, que me convertí en Santiago,

Santiago Huguet, tuve en mis manos el Oro, el Oro Blanco de tus dientes, el Monopolio de tu piel.

 

La Dama de Friedenau

me confirió, haciendo uso de su Erótica Potestad la Orden Oficial de La Berliner Eichentor7.

 

 Yo, S. H. ...,

 

cuyo nombre desaparece

bajo la formidable leyenda y las casas modernistas de Alt Treptow, extiendo mis raíces dieciséis metros bajo tierra, mucho más profundamente que los 42 metros cuadrado del "souterrain" del número 2 de la Pudestrasse8 y no encuentro agua.

 

El desierto y el exilio recobran su señorío. ~

 

                                                                 Johann R. Bach

 

(1)     Palabras soeces alemanas: cerdo, muerto, mierda, guarra.

(2)     Número 33 el número de la calle Fregestrasse, cómo reafirmando la hospitalidad para aquellos que la requieran.

(3)     ACIDS: acrónimo (en alemán) peyorativo de aquellos que viven de las subvenciones.

(4)     Ciudadanos de segunda a los que se les pone un plato en la mesa como el pienso a los animales.

(5)     Los chaflanes en Berlín miden tres metros porque los autos no necesitan, debido a la amplitud de sus calles, tener mayor visibilidad. En Barcelona los chaflanes cortan las esquinas con un triángulo isósceles de 7metros x 7 metros dando un lado de 10 metros.

(6)     Regatta 36 es el nombre del restaurante sito en esa calle y en ese número, joya histórica hoy, -ya deslucida- de los tiempos de las olimpiadas.

(7)     La Berlinesa Puerta de los Robles: Nombre del proyecto destinado a proteger los robles de la antigua carretera que iba desde Potsdam al centro de Berlín proyectada por el mismo arquitecto que diseñó La Puerta de Brandemburgo.

(8)     Lugar donde el autor de este poema diseñó una especie de loft.

 

27 dic. 2013

Todo lo asume el fuego y lo consagra.

       EL ROBLE DE GOETHE ARDIENDO

    

Derrotado de luz,

como un poeta al que tan sólo el tiempo ha derrotado, cae al fin el roble como un cuerpo al infinito fragor de su penúltima batalla.

 

Y es un cadáver vivo

que aún conserva la mansedumbre triste de los seres destinados al fuego, la nobleza de haber visto en sus ojos tanto cielo.

 

Derrotado su afán,

al fin, su tronco -y sus extremidades las ramas- será dios en la hoguera más humilde y alzará en su agonía una oración con que arrojar la luz que tantos años atesoró su madera: grito eterno que

 

hará voz del silencio,

como un coro en el viento solemne de la noche. Y al incendio de todos sus recuerdos acudirán las bocas de otros cantos como en Navidad los villancicos,

 

acudirán los nombres

que ya nadie pronunciará por él.

 

Y esta guerra

será al fin su victoria más temida. Será su vuelo manco hasta la tierra donde ya duermen todas sus raíces.

 

Todo lo asume el fuego

y su ceniza será fría en el mármol de su tumba como esa noche gris que ha consumido toda su luz ardiendo con su cuerpo.

 

Todo lo asume el fuego y lo consagra.

 

Todo lo purifica la llama

y en el humo su luz de nuevo buscará otra sombra que habitar en silencio, otra morada donde dioses antiguos ya le aguardan.

 

                                                      Johann R. Bach

26 dic. 2013

Ya sólo nos queda recordar el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera


KATRINA BLUES

¡Katrina!

Nunca dejaste caer tanta agua
sobre esta ciudad.

¿Qué pretendes hacer aquí, donde es tanta la indigencia, y son tantos los seres que, a pesar de todo, creen en la música

único bien que poseen
en este New Orleans ya lleno de penas?

¿Qué vienes a hacer sobre estas casas,
en las que no estamos seguros ni ante nuestra propia vida, en las que vivimos como fugitivos junto a la huida, que ha entrado con nosotros?

¿Qué has venido a hacer Katrina
sobre nosotros, que estamos cansados y hemos dejado nuestro coraje fuera, en calles inundadas, asustadas?

¿Qué quieres de nuestros pequeños huertos,
que son más viejos que el más viejo de nosotros?

¿Tienes algún recado
para las cenizas de quienes hemos resistido, harmónica en mano, a tu huracanada violencia?

¿Por qué interrumpes
la melodía de todos esos viejos en su recordar inacabable? Los niños se han despertado y se sorprenden, y

hay como una cólera
en el aire que la madre no puede disipar. Ella estrecha los pequeños rostros, uno tras otro, sobre sus rodillas, pero cada rostro sabe y ya nada podrá ser como antes.

Había vida en New Orleans
y en los intersticios de la muerte antes de que tú vinieras. Sí, mucho antes de que llegases junto a nosotros había ya

dolores de todos los tamaños
y música de blues como única fuente de felicidad.

Ahora ya sólo nos queda recordar
el crujido de la madera y la oscuridad bajo la escalera mezclándose con las notas roncas de nuestras voces como un contrabajo desafinado.

Con todo el blues no traza fronteras
ni límites frente al bien y el mal, y frente a lo desconocido y sigue ahuyentando a los fantasmas en los espacios vacios, en nuestras habitaciones y a medianoche.

                                                          Johann R. Bach