12 jul. 2014

Los astros hilan en secreto sin lanzadera en la oscuridad que se extiende como el mar hacia el horizonte.

La pureza del número

 

Todos miran o han mirado el cielo;

buscando respuesta a la existencia en la magia de la noche. Desde la antigüedad, gente sencilla, sabios, sacerdotes han observado como hay un beso tras cada gota de agua llovida.

 

También llueven ideas

caídas desde las estrellas, conceptos abstractos que viajan encaramados en finos haces de luz, nocturnos casi siempre.

 

Doce es el número mágico.

Llovido del cielo invadió todos nuestros campos de trigo, las copas de los árboles, nuestros rudimentos matemáticos y el mágico transcurrir del tiempo.

 

Arriba están la Casas del Cielo.

Los doce signos del zodíaco la Casa de lo Oculto, la doce, Escorpión la Casa de la Muerte. Millones de peregrinos terrícolas inspeccionan el cielo.

 

Los astros hilan en secreto

sin lanzadera en la oscuridad que se extiende como el mar hacia el horizonte. Saturno  gira lejos bañado por sus propios anillos y aún inamovible, el que arrastra hacia atrás su carro, El Cangrejo.

 

Signos en el espacio interestelar

que hay que interpretar, que marcan el origen olvidado o el retorno a lo ignoto.

Espacio sin senderos, sin distancias euclidianas por dónde camina, cada vez más puro el número.

 

Muchos, sosegados de años

en la paz del abrazo, y en un tardío encuentro casi de despedida, a la vez, culpables e inocentes de lo que hemos sido volvemos a confesar al oído que en la escuela nos disgustaban los bailes de cifras.

 

No los entendíamos.                                      

                                                   Johann R. Bach

Todo en Cadaqués gira en torno al pasado, en torno a la historia escrita por los hombres;

 

Vacaciones en el Mediterráneo (II) (mar)  Cadaqués

 

Todo lo que veo en este lugar,

ya vivido en otros menos alegres como Alt Treptow o Friedenau, está relacionado con la vida de los hombres, sus sueños lo invaden entero mientras calles y playas callan.

 

Todo en Cadaqués

gira en torno al pasado, en torno a la historia escrita por los hombres; muchos -como Dalí o Plá- recrean su mundo dentro de cada palabra.

 

Mientras la savia agosteando

pierde fuerza dentro de las arterias la piel de los árboles se enfría endureciendo tronco y ramas; las hojas se desprenden, caen al vacío.

 

Cuando los días se detienen

dando paso a largas noches los ojos de té se reconocen; huyen de las desgracias,

que siempre a punto dentro de la mente te esperan aunque la mayoría de esos presagios no sucederán jamás.

 

En Cadaqués

los gestos se reencuentran detrás de los blancos muros desteñidos de recuerdos, bajo la desapacible Tramontana

 

Y ahora tú

que has aprendido a llorar miras labios que se besan mientras miran al mar, aunque otras bocas sedientas pidan beber en la tuya.

 

Un viento de soledad

mueve las clareadas copas y toldos de terrazas, restablece el deseo, desnuda la impaciencia.

 

Se expande

la luz del dolor dentro de ti como las galaxias hacia el centro del tiempo.

 

No oigo mi corazón.

Pienso en mi vida, pero se desdibujan las imágenes justo al borde del sueño. La noche, húmeda y estrellada bombea su sangre caudalosa al ritmo de la marea.      

 

                                                                                         Johann R. Bach

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Carmiña se ha tumbado al sol al lado de Leonardo  en la minúscula playa frente al legendario Casino de Cadaqués donde pintores, artistas y políticos, en promiscuidad cuidadosamente establecida, comentan en agostos, año tras año, toda clase de noticias y chismes de prensa rosa y gozan del marujeo de élite. Buscan la notoriedad de un rincón blanco, soleado pero bañado de humedad salada.

 

Algunos contratan a medios periodísticos para que les hagan un reportaje, otros muchos se llevan sus propias cámaras de fotos; organizan fiestas a las que invitan a personalidades de otros países. Utilizan Cadaqués como caja de resonancia de sus obras o de sus ideas. Tiempo habrá de que llegue La Tramontana y los desplace hacia escenarios más apacibles.

 

Nosotros Manuel y yo, nos hemos sentado en la terraza cubiertos por ligeras camisas de manga larga, gorras o sombreros de paja y gafas oscuras. Los dos huimos de los baños de sol aunque por razones distintas: mi delicada piel no me permite excesos, mientras que la piel de Manuel se halla ya bronceada por el trabajo de todo el año.

 

Manuel suele trabajar en verano desnudo de cintura para arriba protegiendo su cabeza con una gorra de beisbol para evitar una insolación excesiva de la cabeza. Un pantalón corto le permite refrescar sus musculosas piernas.

 

La brisa marina nos refresca y parece que el sol no es peligroso, pero Carmiña se ha puesto roja como una gamba. No ha podido resistir más insolación y se ha unido a nosotros en la terraza, dejando solo a Leonardo tostándose como un "guiri".


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De la novela NIÑOS A LA DERIVA 

11 jul. 2014

cuando puedan contar los surcos que han dejado las lágrimas (sobre tu rostro)

                    AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

 

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.

                                               Johann R. Bach

Hola mi amor, NO ME HE ENFADADO He meditado mucho sobre las palabras que viertes en tu mail

                           PRIMERA CARTA DE AMOR DE DANIEL

Querida Sylvia

 

Estoy desolado. Mamá no para de llorar y yo me siento impotente para consolarla. No sé qué hacer ni que decir. A veces se me escapan a mí también las lágrimas cuando la miro de reojo y veo como las lágrimas resbalan por su rostro sin interrupción. Siento que es muy desgraciada con papá que la ha maltratado siempre; incluso llegando a las manos. Pero por alguna razón que aún desconozco no se atreve a abandonarlo.  Ester y yo callamos y comprendemos, pero a menudo ella abraza a mamá, la acaricia y la besa; yo, por algún prejuicio masculino, no puedo hacerlo: siento como si estuviera sujetado por unas botas de hierro y encerrado en una celda de conceptos antiguos.

 

Desde que te fuiste de casa las comidas y las cenas se han vuelto amargas. El silencio es lo menos doloroso, pero papá, ya lo sabes, se empeña en romperlo de forma brusca, con palabras muy duras para mamá; le echa la culpa de todo lo que pasa. Si se cae una cuchara al suelo la trata de inútil... Ya sabes: que si la sopa está fría…, que si no sabe ni planchar bien una camisa…,

 

Sus amigos dicen de él que es una persona simpática y que siempre está de buen humor, explicando chistes y lisonjeando a todos. Cuanta más cerveza bebe más simpático les parece a los colegas del bar. Es todo lo contrario de cuando está en casa. No quisiera odiarlo porque es mi padre, pero a menudo me pregunto hasta cuándo tendremos que soportar ese infierno.

 

Por otro lado, pienso que el conocerte a ti ha sido una cosa maravillosa. Tu amabilidad, tu paciencia y tu comprensión hace que los que te rodean se sientan a gusto. Tus ideas sobre las cosas me han hecho ver el mundo. No es que antes no lo viera, pero ahora algo dentro de mí ha cambiado. Siento que te quiero. Sí. Pero no como piensas tú.

 

Tengo sólo catorce años –a punto de cumplir quince-, apenas un niño para ti, pero si pudiera fugarme de casa y escaparme contigo, te aseguro que lo haría esta misma tarde. Anteayer, en el cine, mientras me acariciabas las mejillas y te besé tus dedos me sentí feliz y entré en ese mundo mágico que inspiras y que tú conoces tan bien. A causa de eso no he dormido en toda la noche y no he probado bocado en todo el día. Los pantalones se me caen porque he adelgazado.

 

Ester y mamá se han ido a la piscina y papá se ha ido a pescar con los compañeros de su empresa. Así que estoy sólo en casa. No hago más que pensar en ti. Veo tu cara en todo lo que miro y si cierro los ojos oigo tu voz y me estremezco, los poros de mi piel se abren como si quisieran estar a punto para recibir tu aroma. Guardé en mi armario una de tus toallas y la huelo todos los días para tener algo tuyo cerca de mí. Te quiero.

 

Espero que no te enfades por este mail. Besos. Daniel   

 

Respuesta

 

Hola mi amor,

NO ME HE ENFADADO

 

He meditado mucho sobre las palabras que viertes en tu mail y he de reconocer que me has obligado a escoger entre contestarte como lo haría una tía normal a su sobrino o a explicarte todo aquello que me has hecho sentir. Finalmente he optado por tratarte ya como un adulto. En efecto, cuando me besaste los dedos en el cine se me puso la piel de gallina y sentí que esos labios tuyos ya no son los de un niño. Yo también pensé en ti cuando llegué a casa y… soñé…

 

Y ahora que tengo la confirmación de lo que pensaste con mis dedos entre tus labios me haces sentir la mujer más dichosa del mundo. Pero de la misma manera que yo no quiero confundir mi hambre de sexo masculino con el amor, tú tampoco debieras confundir el descubrir el sexo con algo más profundo, que ha de llenar una gran parte de tu vida. Deja fluir el tiempo necesario e intenta contener un poco a ese gran corazón que amenaza con salirse por la boca.

 

Besos. Sylvia.

10 jul. 2014

¡Oh noche! “Para mí, hasta la luz ha sido tiniebla

ORACIÓN

                                           

 

¡Oh noche!

"No te ruego que deshagas la oscuridad de mi corazón ni de mi conciencia sino en la medida en que eso sea justo para que pueda alabarte, y ver en la Negritud la forma de lo que debe ser bendecido y en lo maravilloso de mi propio espíritu que ya tengo el fuego que sólo Tú has de encender".

 

"No conozco el nombre

o la palabra que exprese mejor el mundo desde el cual a partir de ahorate contemplaré y te adoraré, sumida en la profundidad de un negrísimo mar cuyos abismos son yo misma convertida en mar".

 

"Durante veinticinco años

viví las noches con la misma naturalidad que un niño cuelga cerezas como guirnaldas en sus orejas; y, no te invoco con palabras de alegría porque no tengo el tesoro del que se extrae esa antorcha; sólo levanto hacia ti mis manosde ceniza prematura y el reflejo que mi opacidad pueda dar de tu oscura luminosidad".

 

¡Oh noche!

"Para mí, hasta la luz ha sido tiniebla

en tanto no sentí la llamada a correr por los campos, a humedecer mis labios con esas gotitas de agua de vida y a reconocer mis propios suspiros antes del amanecer.

 

Ayúdame a encontrar una oración,

un pensamiento o una palabra que convierta mis recuerdos en sentimientos".


                                                       Johann R. Bach 

¿Conoces, dime, noches de amor?

¿HABLAS DE AMOR?

¿Conoces, dime, noches de amor?
¿Flotan sobre tu sangre pétalos de suaves palabras?

¿En tu querido cuerpo
no habrá sitios que puedan recordar igual que unos ojos de un rostro satisfecho?
                                                                 Johann R. Bach

COMENTARIO
Y días , y tardes ....y podría nombrar más al tiempo, pero no viene al caso.
Conozco un rostro implacable , bello y sincero de un gran poeta con prosa de delicias ocultas para aquellos qúe no saben verlo.
Conozco un trotamundos implicado en la vida y con un corazón bello cuyo amor sin límites te lleva más alla de las estrellas simaginadas por uno.
LECTORA ATLÁNTICA

Y ese verso que se escribe mientras la tierra calla, ese campo doméstico que muge sin acento

LA PORTE DE CHARENTON (Poema)

 

Ustedes que no creían

–y no creen- en nada que no fuera tangible –para Ustedes claro-, no querían admitir que bajo la piel del mar había más mar.

 

Necesitaban encontrar el bosón; no pudiendo tampoco crearlo, Ustedes, durante cincuenta años, al galope no pudieron ceñirse su soledad de paja absuelta, inacabada. No supieron guardar el secreto de su ignorancia, del alto sol señor de la jornada, del sol que irrita, que vehemente fatiga, que la noche es ausencia y podrían pasar frío.

 

No supieron

encontrar Ustedes el BOSÓN y le echaron la culpa al SOSÓN –otra partícula- responsable de la comunión entre el vuelo de los pájaros y la lluvia ácida; responsable de un horizonte hecho de manos de compañera y pan de los que tienen miedo de desaparecer si no dan señales de algún descubrimiento.

 

Ya no recuerdan (Vdes)

aquella única vez en que un auricular colgó de sus orejas alaridos para decir amor aun siendo ateos.

 

Les hemos visto

uno a uno engullidos como vivieron: por costumbre. No es raro, pues, comprobar que en lugar de estar contentos, les embargue su desazón:

 

A Dios

no le hizo falta reservar un gran espacio, una única hectárea de tierra allá en las nubes era suficiente para aparcar todos vuestros BOSONES y aún quedaría espacio para los SOSONES en caso de que logréis descubrirlos.

 

Estos versos,

rompiendo silencios no placen y ruego perdonéis a los poetas su mal humor si no les ha gustado, por falta de sal, esa sopa de bosones y sosones.

 

Y ese verso

que se escribe mientras la tierra calla, ese campo doméstico que muge sin acento y los instantes con sonrisa se puede hilvanar como tu silueta se cose a la penumbra.

 

Es tan agradable

ese verso que escrito a media tarde… Ese silencio meditado carnal subsidio y fruta convierte el arrullo del Sena y el cielo gris de París junto a la Porte de Charenton, lejos del Monasterio, en cálida caricia y a ti, prófuga como un globo, te hace ir masticando el aire.

                                                                                     Johann R. Bach

9 jul. 2014

Todo estaba ocurriendo sin ruido, tus suspiros subían hasta el techo del mundo, sin cansancio que suprimiera tu inquietud.

LAS PUERTAS DEL MONASTERIO (Poema)

 

Todo estaba ocurriendo sin ruido,

tus suspiros subían hasta el techo del mundo, sin cansancio que suprimiera tu inquietud.

 

Tan pronto sentiste cómo las puertas del monasterio se cerraban a tu espalda apareció el gozo de estar libre y sola en la noche donde uno puede esconderse.

 

París ya flotaba en tu mente

como un mar brillante y sus bulevares como arterias por las que circula la voluntad de algunas mujeres tenaces. Sentías que deberías dar pasos largos para atravesar ese desierto de conceptos, para imitar otra música, pues la Superiora solía decirte que se puede ir más rápido cuando se está rodeada de indiferencia:

 

Entonces una debe encontrar

su camino en medio de extraños rostros en los que la mirada se ahoga.

 

Una nube mojaba

con sus gotitas tu cara y tus manos flotaban en el aire; las lucecitas ya lejanas del Monasterio te tranquilizaban: conocías bien que en su interior todas dormían como si todo fuera un sueño pesado que se abre hueco en la tierra.

 

Poco a poco

notabas que el aire se volvía más ligero y el ruido del motor de un automóvil a lo lejos te sonaba como el fluir de un arroyo. En él venían tu hermana y su compañero a rescatarte, inútilmente de la noche.

 

El campanario invisible ya,

empezó a dar la hora. Las puertas del Monasterio se cerraban para siempre tras de ti.

 

Tal vez el mundo resucitará.

Las doctas cigüeñas especialistas en repartir paz entre los campanarios podrían volver a vigilar las tardes.

 

Detrás de la lluvia

podría haber otro cielo donde unas voces más dulces subieran un recuerdo en vez de una oración. 

                                                   Johann R. Bach

 

llegaban cada cuatro días cargadas de amor con el mismo color de un agosto que no conociste, con la misma mansedumbre de la belleza enferma y silenciosa

CARTAS DE AMOR

 

Densas

como el Cuerpo de los Números Realeseran las cartas que te escribía

desde Lausanne. Escritas con una caligrafía minúscula yapretada como sus dientes bajo la luna llena,

 

llegaban cada cuatro días

cargadas de amor con el mismo color de un agosto que no conociste, con la misma mansedumbre de la belleza enferma y silenciosa, la misma luz.

 

Tan sólo en su portal

no cambió el número 424; los demás números antiguos de la calle fueron sustituidos por los nuevos.

 

Aún puedes verlos llegar.

Hasta conoces sus sentimientos de recién casados,con palabras hermosastomando posesión de la habitación -donde habías dormido algunos domingos-,

 

los ecos de familia

en los primeros mueblesque tú no pudiste comprar,la voz de los amigos por la casa, excepto la tuya que quedó pegada en las paredesy todo lo que se oculta en una dirección,nueve palabras escritas en un sobre

 

-tres del nombre,

cuatro de la calle, dos entre ciudad y código postal -al sentirse de pronto separados, por más de mil kilómetros y dos fronteras.

 

¿Pero cómo se vive

la humillación al pasar el tiempo? Agosto, tinta gris, del sesenta y ocho:

 

era la fecha de sus primeras cartas.

Paisaje del final de la Primavera de Praga,ausencia y miedo, sueños y un destino imprevisto en Lausanne, palabras de amor mezcladas con la necesidad,

 

deseos y preguntas protegidas

por un sobre de papel celeste con el rótulo "Via aérea" orlado con rombos rojos y azules,obligaciones, cartas de verdadero amor,los sueños que más tarde tú guardabas en el cajón cerrado de tu dormitorio.

 

¿Recuerdas?

Un día te escribió: Me parece que por la cara que ponen mis padres han leído una carta tuya. El número 424 no cambió y las cartas llegaron a su destino.Eran cartas escritas bellamente, con palabras y un corazón no sacado de los libros.


                                                       Johann R. Bach

8 jul. 2014

Mira, me gustaría sólo sostenerte con las mías tus manos y estar bien y en silencio rodeado con esta misma música de jazz que estoy escuchando.

NOCHE DE LLUVIA

 

Sigilosa la noche,

entre las cortinas imagino en tu cabello el sol que allí quedó olvidado.

 

Mira, me gustaría

sólo sostenerte con las mías tus manos y estar bien y en silencio rodeado con esta misma música de jazz que estoy escuchando.

 

Se me dilata entonces el corazón,

hasta que en mil pedazos lo cotidiano estalle. Así se abre al milagro.

 

Perecen en la aurora

de sus muelles de lo infinito las primeras olas mucho antes de que nuestro planeta vire para tomar nuestra dosis de sol.

 

Son las cinco de la mañana,

llueve y ya ves: temprano soñando contigo despierto.

 

                                                    Johann R. Bach

                                                  

7 jul. 2014

Es el entusiasmo quien levanta el peso de los años y la superchería quien relata la fatiga del siglo.

AMOR EN EL CYBERESPACIO

 

Puede que la vida comenzase

con un gran estallido, pero no acabará con un absurdo concordato.

 

Es el entusiasmo

quien levanta el peso de los años y la superchería quien relata la fatiga del siglo. Afortunadamente

 

ya no nos parecemos a esos sapos

que en la austera noche de la ciénaga se llaman sin verse, doblegando a su grito de amor toda la fatalidad del universo.

 

Ha estallado otro milenio 

y también con él el fatídico ciclo de otro siglo, otro volcán y multitud de tsunamis;

 

con los desechos de montañas

se han confeccionado hombres que aromatizarán durante algún tiempo los glaciares:

 

ha surgido LA EVA DE LAS MONTAÑAS:

 

esa mujer joven

cuya vida indivisible tiene la dimensión exacta del corazón de nuestra noche; su luz poco a poco, como la niebla, colma los valles.

 

Su mirada es un rumor fugaz de hojas

como un enjambre de cohetes entumecidos que no se han lanzado aún esperando las fiestas de Santiago de Compostela;

 

su aliento es esa circulación

enguatada de gaviotas e insectos trazando mil líneas en la corteza tierna del crepúsculo atlántico y

 

en su rostro acariciado,

se ve marcado, algo mayor que el tamaño de un grano de alfalfa, el hoyuelo de la hermosura

 

incendio de la luna

que jamás será un incendio, un mañana minúsculo cuyas intenciones no conocemos, sino

 

un busto de vivos colores

que se ha plegado sonriendo,

 

es la sombra, a pocos pasos,

de un breve compañero en cuclillas que piensa que, de un momento a otro, su cinturón va ceder…

 

¡Qué importan entonces

la hora y el lugar de la cita que el diablo ha concertado con nosotros!

 

¿Podría suceder más adelante

que fuéramos parecidos a esos cráteres donde ya no acuden los volcanes, y amarillean los tallos de la hierba?

 

Son las dos de la madrugada.

La luna es salvia y estaño intenso; y, nosotros dos, alumnos de La Escuela de los Poetas del Tímpano,

 

besándonos entre los clústers

de las ondas electromagnéticas de la noche.

 

                                                          Johann R. Bach

 

6 jul. 2014

Cierto lunes llegó en un lamentable estado de embriaguez a la prisión. Eran las 17.00 h. Le pusieron delante de ella varios expedientes de liberación de detenidos para firmar su puesta en libertad,

Capítulo 2. La Jueza

·        Avidez de responsabilidades

·        Alcoholismo y tabaquismo

NUX VOMICA 200 CH

·        Depresión con ganas de huir

SEPIA 200 CH

La justicia es la conveniencia de los poderosos (Platón)

 

La noche tiene ojos sin pupilas

y largas manos. ¡Qué buen tiempo hace! Es necesario gritar para no estar triste las horas danzan como las letras y las sílabas dentro de mi frente. Es necesario rugir para olvidar, para no morir cantando, para no enrojecer de vergüenza y de rabia.

 

¡Qué tiempo tan poco apacible!

 

Nada mejor que irse

tomar el bastón y caminar con el culo arrastrando. Cuando uno agota los nervios y se enfurece porque ha tomado demasiado café debe hacer un alto en el camino y mirar hacia atrás.

 

¡Qué tiempo tan poco alegre!

 

Las campanas repican

a modo de despedida y por gloria de ingenuos soldados, el cementerio es encantador, hay flores, nacidas de estornudos, coronas, inscripciones y cruces fabricadas por el hombre generoso gran filósofo que envió a muchos

al campo de batalla.

 

¡Qué tiempo tan apacible!

 

¿Qué se oye?

El sol toca el clarín y las flores caen severamente como árboles desarraigados.

 

¡Qué buen tiempo hace!

 

Aquí están los hombres

llevan corbatas rojas y diarios de todos los colores. Se detienen y juegan a cara y cruz o al dominó.

 

Cada vez el tiempo es más apacible.Elisa R. Bach

Regina fue, en su juventud, una chica ambiciosa en el terreno social. Estudió derecho y se casó un compañero de curso, Jaume, también ambicioso, pero cuyos objetivos apuntaban a una vocación política. Cuando se licenciaron, Regina hizo oposiciones para una plaza de Asistenta Social en el Ayuntamiento de Badalona y Jaume abrió un bufete de abogados en el Baix Llobregat especializado en temas laborales y de seguridad social siempre en defensa de los trabajadores.

Regina había sido, hasta el momento de su matrimonio, una chica pletórica de cara redonda y colorada, ojos grandes, azules, con enormes pupilas, algo saltones,  expresivos y de lágrima fácil. Su pelo era ligeramente pelirrojo, a juego con las pecas arremolinadas entre sus prominentes carrillos y su nariz.

Sus labios carnosos y rojos como escapados de un rosal sonreían a menudo nerviosamente debido a su carácter  tímido: enrojecían bajo el fondo blancuzco de su mentón y, al igual que los pabellones de las orejas, se empapaban de sudor ante cualquier manifestación de cariño. Ese enrojecimiento, propio de personas tímidas, en el caso de Regina era realmente notable y el sudor que lo acompañaba se extendía por todo su cuerpo originando un suave olor ácido mezcla de jazmín y de bebé.

Durante los años que trabajó de asistenta social, su figura era redonda sin llegar a ser una gracia de Rubens, bien proporcionada, de carnes algo laxas aunque bien empaquetadas en una piel de tinte blanco-rosado. Su libido asomaba por todos los descosidos de su cuerpo y su regalada simpatía parecía no tener límites; se desvivía trabajando en los barrios del Vallés, mezclando ideología con amor a personas desvalidas. Sus ideas eran de izquierdas, tanto por herencia familiar como por formación universitaria bajo las corrientes humanitarias y sociales propias de los sesenta.

La confusión de lo político en su vertiente reivindicativa y social hacía que admirase a Jaume, persona delgada de alta figura, morena, dotado de gran facilidad de palabra, de ideas de izquierda que defendía a capa y espada; y, su inteligencia nítida, lo convertía potencialmente en un líder con brillante futuro.

Jaume, resultó ser más ambicioso y sediento de poder de lo deseado por Regina. Ella le ayudó en su carrera política y de forma decisiva lo aupó hasta lograr el cargo de alcalde. Poco duró su relación con él. Seguro en su alcaldía, del apoyo de una amplia mayoría de electores y el respaldo de las organizaciones políticas, ebrio de poder, con un engreimiento sin límites expulsó literalmente a Regina de su lado. Ella se refugió en su actividad social y siguió adelante, en solitario, con su coherencia ética. Consiguió mediante concurso de méritos llegar a ser Juez.

Paralelamente avanzaba su depresión: se alejaba de los amigos y familiares; y día a día ingería más y más cervezas hasta alcanzar un grado de alcoholismo insoportable para ella e incompatible con su cargo de Juez. En cuanto hubo una vacante en la prisión la solicitó como un medio de continuar su labor social en la difícil tarea de la rehabilitación de presos para su inserción en la vida social al alcanzar éstos la libertad.

Cierto lunes llegó en un lamentable estado de embriaguez a la prisión. Eran las 17.00 h. Le pusieron delante de ella varios expedientes de liberación de detenidos para firmar su puesta en libertad, pero aún no los había firmado todos cuando empezó a vomitar y en un taxi regresó a su casa.

Estuvo con resaca hasta el jueves. Avisó que no iría a trabajar hasta el lunes siguiente porque normalmente en viernes ya no trabajaba. Cuando se reincorporó al trabajo habitual despachó el montón de expedientes acumulados durante su ausencia sin mirar demasiado en que consistían eso expedientes; por eso no le extrañó un voluminoso expediente con pruebas clínicas, con múltiples antecedentes de robos de poca monta, alguna estafa sobreseída por falta de pruebas y alguna pelea que otra con parejas ya desaparecidas.

Como era habitual en ella, firmó la libertad provisional o sin cargos de todos los expedientes. Luego pidió la baja por enfermedad y ya no volvió a trabajar nunca más de juez. El alcohol y la depresión no le dejaron margen para otra cosa. 

Aquello que me cambió la vda

CAP. 1 de NIÑOS A LA DERIVA

 

Capítulo 1.       En la cárcel

 

·        Mal humor con necesidad

de insultar y blasfemar

CHAMOMILLA 200 CH

 

·        Avidez de ácidos y tendencia a llevar la contraria

HEPAR SULFUR 200 CH

 

La Soledad Una Asignatura Pendiente

 

A veces tardamos años

en percibir que enfrentarnos a la soledad es como el comienzo de un libro por el final, como leer los periódicos, con ansiedad, pasando las páginas al revés.

 

Tardamos años en saber

que la soledad (frecuentemente sólo el deseo), es otro libro de la bibliografía de las noches, un Manual, susceptible de examen, con las páginas pálidas de la piel bajo alfabetos en tinta de latidos y de calles, con las notas al pie de la memoria

 

y condiciones -necesarias y/o suficientes-

con lemas y teoremas reservados a almas que del Teorema del Coseno se han preocupado, viendo en el artificio la belleza del verso matemático para llegar al Teorema de Pitágoras introduciéndose en un índice oculto.

 

Sólo una asignatura,

al fin y al cabo recogida en el Manual de la Soledad.         

                                                                                    Johann R. Bach

 

 

He pedido un cuaderno para poder escribir y distraerme mientras espero. Realmente no sé qué espero. Siento mareos y náuseas que yo atribuyo al alcohol que he ingerido estos días; aunque no es imposible que la resaca me dure una semana como en otras ocasiones, esta me está durando ya demasiado.

Hubo un tiempo en que el alcohol me sentaba fatal, no podía beber ni un dedo de cerveza. Ahora cuando bebo vomito menos que cuando me mantengo abstemia. Mi carcelera me ha traído una libreta y dos bolígrafos, uno rojo y otro de tinta azul. Tengo un humor de perros, pero me muerdo la boca para no insultar a las celadoras. En mi interior algo me dice que tenga calma. Algo anormal está pasando. ¿Qué estarán tramando estos hijos de puta?

No recuerdo casi nada de lo sucedido: Claudia, Miret y yo entramos en un bar de una travesía de Las Ramblas, quizá en la Calle Hospital. No sé. Dos hombres se dirigieron a Miret, la querían coger por la cintura. Ella no se dejaba. Las tres íbamos borrachas como cubas, con dificultad incluso para mantenernos en pié.

El local estaba lleno de hijos de puta que ven con pasividad cómo unos aprovechones se meten con tres borrachas. Total, son extranjeras, decía un amariconado tomando un coñac en la barra. ¿Cómo podía un individuo calificarme de extranjera sin que yo hubiera abierto la boca? ¿Será que en este país sólo se emborrachan las extranjeras?

La policía entró a montón dentro del bar y haciendo un pasillo de uniformes nos hicieron entrar uno a uno en el furgón. El olor a gasoil y a acidez de borracho me daba náuseas. Miret me cogía de la mano como si fuera su madre. Me mareé, vomité y se me nubló la vista. Cuando desperté estaba en una camilla en la cárcel. Aquí sigo, metida en un hueco donde el tiempo se detiene y el espacio se reduce a proporciones inhumanas.

Cuando salí al patio y me encontré con Miret y Claudia todo me pareció muy normal. Mi estado de depravación era tal que hasta despertarme en la cárcel me parecía un hecho natural. Era lunes, habíamos pasado todo el fin de semana encerradas y según las celadoras al mediodía nos devolverían nuestras pertenencias y saldríamos a la calle. Eso fue verdad para Claudia y Miret, pero no en mi caso.

Mis preguntas a las funcionarias se estrellaban sin rebotar: nadie se explicaba cómo yo seguía allí. ¿Había golpeado rompiéndole los cojones a algún cabrón de policía en la reyerta? Finalmente sólo se me ocurrió escribir para "matar el tiempo". Y curiosamente las palabras y las comas surgían de mi mente como si hubiera escrito durante toda mi vida y hasta conceptos como perífrasis, hipérbaton, fragmento, sintaxis o yuxtaposición ya no me parecían insultos como hasta entonces los había considerado.

Miret es de madre francesa, pero ha vivido toda su vida en Badalona. Estudió derecho pero nunca trabajó de abogado, ni en ninguna otra cosa. Era la rica de las tres. Siempre pensé que salía de juerga con nosotras porque no encontraba a nadie en su entorno para ir de juerga. Sus borracheras, a veces, alcanzaban un punto en el que su humor se desbordaba y sus carcajadas podían llenar locales y barrios en noches de verano.

En invierno se recluía como una monja de clausura y no quería saber nada de ningún hombre aunque sólo tiene 65 años, cuatro más que yo. Después de aquel lunes no volví a verla nunca más. No lo lamenté; era una engreída del culo.

Cuando se trataba de ligar a algún hombre yo era la encargada de iniciar la conversación a pesar de que por mi boca salían continuamente serpientes y tacos insoportables para los hombres.

Me gustaba por ejemplo llamar a un recién conocido "chupapollas de tu jefe" como una nueva categoría o cargo en su empresa o "lameculos de político" a inútiles que frecuentan locales nocturnos y que por la mañana no tienen que trabajar o "impotente de mierda" como un cariñoso piropo y "escroto duro" como equivalente de acojonado.

El insulto cuanto más grosero, más masculino es, como el fumar o beber bebidas alcohólicas. Yo siempre invito a muchas mujeres a utilizar esos tratamientos. Imagínense a una dama repugnante como yo diciéndole cariñosamente a un medio borracho que se nos ha unido en la barra de un oscuro local de luces de neón: Oye impotente de mierda ¿te vienes con nosotras al bar de al lado? porque este ya huele demasiado a colonia de la Miret.

Sólo conozco una mujer más mal hablada que yo: es una vecina que no orina; sus meados se los tiene que sacar una máquina. Me parece que a eso le llaman diálisis. A los hombres les divierte encontrar mujeres como nosotras, pero nos temen.

Claudia era una funcionaria que había estado más años de baja que trabajando. Su marido la abandonó porque decía que no era lo suficientemente intelectual. En realidad la dejó porque nunca se corría y él se sentía herido como macho incapaz de hacer disfrutar a su pareja. Ella decía no comprender cómo había aguantado tantos años con aquel cernícalo.

Yo lo vi en cierta ocasión de cerca y realmente se tiene que tener un estómago más duro que el mío para soportar a "aquello", a aquel "fenutrio" de quién hasta una foca huiría: la grasa de la cara le llegaba hasta las orejas, las sienes exentas de cabello y los dientes berzos; la barriga, sobresalida de su amplia chaqueta americana, colgaba por encima del cinturón que mordía con dificultad sus pantalones; sus tobillos, prisioneros de los bajos de su arrugado pantalón, amenazaban romper los calcetines. Ella no fue nunca feliz con él, aunque ahora, después de separada, tampoco lo era. Era vaga hasta para follar.

Todo me daba vueltas aquel domingo por la mañana cuando nos obligaron a desayunar y luego nos sacaron casi a la fuerza al patio; y aún ahora, me cuesta recordar qué coño pasó: creo recordar vagamente a Claudia riendo a carcajadas acompañando las de Miret; golpeaba sin fuerzas a aquellos dos individuos. Ellos también reían, por lo que la cosa no pasaba de un bromear de mal gusto.

Pero la cosa se debió complicar cuando el resto de la clientela del bar se puso a aplaudir todo aquello que estaba pasando. Era como una mala película americana de última (de) generación. Yo oía la música más alta de lo que mis oídos podían soportar. Mi blusa pareció recoger alegremente la saliva putrefacta que  se escapaba de mi boca.

Luego, ya en la cárcel, mi angustia iba en aumento al no tener la mínima esperanza de que mi situación pudiera cambiar; me sentía encerrada, atrapada en un destino donde todas, presas y funcionarias, me decían que aquello era provisional, pero mis dos amigas me habían abandonado aquí, dejándome sola sin motivo ni explicación para ellas ni para mí. Pero no me extrañó que no se preocuparon por mi suerte: al fin y al cabo son dos alcohólicas del copón que habrían puesto mucha tierra por medio en cuanto las soltaran.

Por la noche tenía que dormir boca arriba con las piernas abiertas porque los gases de mi vientre me producían un dolor insoportable. Mis bufidos de ballena mareada despertaban a las compañeras de celda. Ellas me amenazaban con ahogarme si no me callaba.

Mi situación cambió un poco cuando me hicieron una protocolaria revisión médica a fondo. Entre prueba y prueba yo tenía un dolor de cabeza insoportable en la parte occipital. Una presa que trabajaba en la enfermería se apiadó de mí y me consiguió una infusión de manzanilla. Sólo olerla volví a vomitar. Me sentaba mal hasta el café, mi droga preferida. En vista de mi estado de salud me trasladaron a una celda aparte de las demás.