28 ene. 2017

Portada de la novela que comienza a ver la luz


GEOMETRÍAS HOMOTÉTICAS

               El sonido del origen es una línea,
               la explosión de un cuerpo celeste,
               una grieta en la zona oscura del Universo.

El tiempo para Cassia es geometría
que hace flor del azar, y de la curva
una estrella de siete puntas y núcleo
de platino que vuelve a su principio.

                                                                                                JOHANN R. BACH

27 ene. 2017

Alguno de aquellos comentarios me los aprendía de memoria:


FUEGO DE VERANO

Después de aquel verano mi familia se trasladó a Barcelona. Sorprendentemente aquella separación de Clara no fue lo traumática que era de esperar. Tanto Clara como yo encajamos la separación porque estábamos convencidas de que la ausencia no implica soledad. Por otra parte mis padres no se deshicieron de la casa de Sóller y pasamos las vacaciones de Navidad y Semana Santa rodeados de nieve y lluvia en nuestra Serra de Tramuntana como siempre y con la esperanza de volver en verano el curso se me hizo corto.

Clara y yo nos escribíamos largas cartas en las que describíamos con todo detalle nuestras vivencias. Cartas que yo releía varias veces oliendo el papel por si encontraba en ellas rastros de su perfume. Alguno de aquellos comentarios me los aprendía de memoria:

"… ¡Si vieras como recuerdo ahora aquella mañana en la que sentí tus labios, por primera vez, sobre los míos! No recuerdo que me dijiste ni lo que yo te dije, pero nos encontrábamos tendidas sobre la alfombra, nerviosas las dos. Una nubes taparon el sol durante unos minutos como queriendo apagar la luz de la sala. Nuestro abrazo me pareció eterno. Tú llevabas un vestido ceñido, sin mangas, verde pastel en el que se dibujaban unas tiras de pequeñas espigas oscuras y en tu pecho apenas se apuntaban los pezones dejando el sexo como un misterio… Me han quedado grabados en la memoria –esta inmensa memoria que me envejece- tu vestido, tus cabellos castaños cortados como los de un escolar, relucientes…"

                                                                                       J. R. Bach

25 ene. 2017

Me acostumbré a ir a su casa cada día


TIEMPO DE LO AUSENTE

Fue en julio cuando Clara y yo nos hicimos amigas. Yo había comenzado a ir a su casa al saber que le había dicho a mi madre que yo leía muy bien y rápido. Clara me había dejado "La Isla Misteriosa" novela que me la tragué en una sola noche. Al devolvérsela me dejó "La Vuelta al Mundo en Ochenta días" luego "Viaje de la Tierra a la Luna" y al ver que me entusiasmaban las historias de Julio Verne me dejó "Los Exploradores del Meloria" de Emilio Salgari y "El Escarabajo de Oro" de Poe y muchas otras novelas que estimulaban mi imaginación. Así descubrí el mundo de la literatura.

Me acostumbré a ir a su casa cada día hacia las nueve de la mañana pues mis padres bajaban a la playa temprano para tomar el sol sin peligro de quemarse. Me encantaba tomar una taza de chocolate mientras ella tomaba café. Comentábamos las novelas que me prestaba. Me hablaba con entusiasmo de todas y cada una de aquellas obras, como si aquellas fueran su razón de existir. Se había rodeado de libros, los saboreaba y subrayaba en ellos muchas frases que no dudaba en releérmelos.

Un día le pregunté el porqué de tanta lectura. Me sonrió y me dijo que a falta de vivencias personales, concretas, de la vida diaria, no podía hacer otra cosa. Para sobrevivir, hay que vivir otros mundos, saborearlos, recordarlos con sus características, incluso memorizarlos y vivirlos con sentimientos. Mira -me dijo– voy a dejarte una novela que yo leo a menudo y la guardo en un cajón secreto; la lees despacio y cuando me la devuelvas la comentamos. El título de "El amante de Lady Chatterley" en principio me pareció sugerente aunque no demasiado.

Hacía diez años que Clara estaba casada con Armando. Era hija de padre francés y madre mallorquina y había vivido siempre en Sóller. Sus padres habían muerto en un accidente automovilístico. Ella salió, milagrosamente, ilesa físicamente. Pude deducir que se había casado con Armando porque se había cansado de vivir con sus tíos. No tenían hijos. También observé que no se veían en todo el día excepto durante la cena y para ir a misa los domingos por la mañana.

 "Armando –decía ella- una vez que la confianza se había ya adueñado de nuestros corazones- se interesa únicamente por el Banco y el Ajedrez. Con eso tiene bastante. Esa reducción que ha hecho de la vida le llena". Ella en el fondo se lo agradecía, pero cuando caía la noche con su angustiosa oscuridad se sentía muy sola. Alguna vez la encontré con los ojos bañados en lágrimas de mar.

Llegamos a tener mucha confianza.

Se interesaba por mí y mis cosas. Hasta el momento mismo de conocerla yo creía ser una inútil al pensar que todo lo que hacía o pensaba no eran más que locuras de una doceañera. Clara, en cambio, me escuchaba y se tomaba en serio mis problemas y conversaciones, los meditaba, y me hablaba como si fuesen cosas tan importantes como los libros o ella misma.

Con ella no me veía ridícula y notaba cómo crecía una fuerza nueva dentro de mi cuerpo. Mirándola tenía la impresión de estar frente a una diosa de las artes a la que el mar podía obedecer si así lo requiriera ella. Dentro de mí nacía un aire puro, dócil, que me empujaba hacia la vida con ganas y seguridad. Y salía de su casa con la impresión de que mi mente crecía como lo hacían mis pechos… con un cierto dolor en los pezones.

Cuando leí El Amante de Lady Chatterley" comprendí cuan sola se sentía Clara. Pensaba muchas veces que la vida, junto a ella, debía de ser como volver a la alegría a la infancia que acababa de abandonar. Cuando iba a su casa tenía el extraño temor de toparme con Armando aunque mi condición aún de niña delicada no podía producir en él una celosía peligrosa. Lo odiaba. Su hablar era musical y mientras me señalaba una gramática que yo no miraba, me la comía con los ojos y me fui acostumbrando a un cosquilleo en mi vagina que me producía un nerviosismo difícil de disimular.

Es difícil describir aquel periodo de mi vida. Me sentía, por primera vez, verdaderamente atraída por una cosa real y concreta: Clara. El único temor que tenía era que en casa sospecharan que había algo más que buena vecindad y amistad con ella, miedo a que las malas lenguas corrieran algún indicio de en aquella casa se cocía algo más que una simple relación entre profesora y alumna. Lo cierto es que cuando, por primera vez Clara me besó en los labios y su lengua penetró en mi boca buscando la mía dejó de importarme lo que dijeran los demás. Saber que en el abrazo Clara encontraba todo el placer que Armando le denegaba me llenaba de una sensación más placentera aún que los múltiples orgasmos que sus dedos me procuraban.

En aquel verano crecí doce centímetros, mis caderas se ensancharon enormemente, el pubis se me pobló de vello casi hasta alcanzar el ombligo y mis pechos alcanzaron el tamaño de una mujer adulta. Mi carácter se asentó con fuerza y determinación haciendo desaparecer todos mis miedos y complejos: Me sentía amada; mi alma femenina reconocía que mi tiempo había comenzado como un laberinto recogido en un punto geométrico, fuente que resplandecía en la noche lunar, y era aliento de los dedos hecho viento, lengua no herida ya por el dolor del sentido de mi amada.

                                                                                                                J. R. Bach


24 ene. 2017

Comienza otra aventura: la novela "Geometrías Homotéticas


GEOMETRÍAS HOMOTÉTICAS


El tiempo para Cassia era geometría
que hacía flor del azar, y de la curva
una estrella de siete puntas y núcleo
de platino que vuelve a su principio.

                                          Ermessenda

                                           J. R. Bach

22 ene. 2017

Al cerrar el poemario, te encuentras sola de golpe, sin la noche constelada,


EL MANUAL DE LA SOLEDAD


Abres el Manual de la Soledad
por la página en que la luna se llena de plata y Orión se está despidiendo pues Aldebarán, la gigante roja, ya lo ha hecho.

Todavía tienes tiempo de leer algunos poemas más
antes de que la luz invada el firmamento y al deslumbrarte te percates de que el confín tras el que resbalan los astros es el oscuro umbral de tu pensamiento

un palco donde aterriza el Ángel Montserrat cerrando las alas, se sienta junto a ti y te cuenta su vuelo en la noche estrellada más allá del borde de tu soledad.

Al cerrar el poemario,
te encuentras sola de golpe, sin la noche constelada, sola con el recuerdo de lo que ese cielo nocturno que estaba en el libro, de la música que venía de esas páginas del Manual de la Soledad.

La luz del alba borra entonces,
la bóveda nocturna y su idioma.

                                                                                             Johann R. Bach