15 oct. 2016

Los sueños le angustiaban por la noche en el dormitorio y como ya sabéis dormía con la luz encendida y la puerta abierta para sentirse menos solo.


NIKO NO AMÓ AL ÁNGEL MONTSERRAT


Niko temía los desvalidos domingos
de septiembre y de octubre en los que, repeinado y engomado, leía en su habitación un ejemplar de "Barcelona nació con los Granados" o algún capítulo de "Das Mädchen aus Kiefholzstrasse". Temía al mal tiempo y a las fiestas donde era invitado con la intención de verlo borracho; él que era enemigo de perder la compostura y al deterioro fisiológico de su cuerpo.

Los sueños le angustiaban por la noche en el dormitorio
y como ya sabéis dormía con la luz encendida y la puerta abierta para sentirse menos solo.

No amó, es cierto, al Ángel Montserrat…,
pero sí a aquellos hombres que en la noche salvaje, ennegrecidos por la grasa de los motores náuticos, los veía enfundados en sus impermeables amarillos ir de un lado para otro en el puerto. Descargaban las cajas con el pescado con premura, no querían que les sorprendiera el amanecer faenando.

No amó, como os decía, al Ángel Montserrat,
pero saboreaba, sobre todo lo sombrío, cuando en la habitación de persianas medio subidas, alta y azul, agudamente afecta de humedad, leía su novela sin cesar meditada, abarrotada de misteriosas metáforas surrealistas, de personajes ahogados en su propio anhídrido carbónico, de carnales flores abiertas esperando a alguien que las polinizara:

derrumbamientos, odios y huidas, vidas de vértigo,
caos en las relaciones sexuales, desgracias y rumores de barrio dormitorio; mientras él, acostado sobre piezas de lienzos, presentía de nuevo la vela de su barco acuartelada con violencia por un fuerte viento como el que le había de traer a esta Casa de Huéspedes.

                                                                                                J. R. Bach

Hola amigos, estáis asistiendo, en tiempo real, a como se hilvanan los "Retales de Algodón"


RETALES DE ALGODÓN

Siendo ya más madura…
comenzaron a salir voces que pretendían
decirme cómo y qué tenía que escribir.

            Por toda respuesta … dejé que los críticos dijeran
            cuanto han dicho; rechacé su pan y aceite, cobre
            y cobalto además del código cosido con silencio
            en sus jardines: pasteles de neón, nada.
                                                                                                                 J. R. Bach

El día entero sientes cómo se seca la goma, cómo se despega poco a poco de tu piel;


LAS CARETAS DEL PLANETA TIERRA


Mira Cassia ese escarabajo,
ha salido del frasco topacio donde guardamos el té. Su nombre es el de un rey, Blatta orientalis.

Oscuro, redondo, aparece de pronto,
las alas recogidas bajo la dura carcasa; con sus delicadas patitas palpa la resbaladiza superficie del mármol; no avanza, ahí se queda –un ojo negro mas no de ciego-, un ojo sacado, separado de sus nervios; un ojo curvo, que todo lo inspecciona. A su alrededor la humedad desaparece y en su presencia el asma se detiene.

Observa cómo se queda inmóvil –un nudo en la garganta que impide hablar e incluso ver a causa de la tos-, algo como un paro cardíaco: es el fin que mira el fin. ¡Miedo y dicha del final! Es la desesperación de los cardíacos: que termine todo: tú y yo y nuestras diferencias.

¡Qué absurdos sentimientos
para almas como la tuya y la mía, pulmonares llenas de esperanza! ¡Todo aparece como tan excesivo…! No nos dejan siquiera un espacio libre, al igual que a ese noble Blatta en su frasco de cristal donde guardamos el té; no nos dejan dar ni un paso así sea hacia el Ápex. Qué historia absurda, ajena, ajena.

¿Qué responsabilidad –pregunta Cassia-
tenemos nosotras en todo esto? Ya sabes que yo sólo dibujo aunque a veces sea por encargo. Ninguna, no cabe duda. Insoportables, aquellas noches y días de un planeta en descomposición. Recuerda aquellas mañanas en la que, apenas despertar (más cansadas aún que antes del sueño), nuestro primer gesto, antes siquiera de lavarnos o tomar el café, era extender la mano para sacar del cajón nuestra apergaminada careta y ajustárnosla al rostro cual culpables, a veces con engrudo, y otras con cola de pescado, y otras más con esa goma pegajosa con la que pegan la piel de los zapatos.

El día entero sientes cómo se seca la goma,
cómo se despega poco a poco de tu piel; temes que te toque la luz, el aire, el agua, una mano o hasta tu propia mano; temes que la careta se separe por la contracción involuntaria de sonrisa; que vaya y dé en tu plato con el guiso de la cresta del gallo, justo cuando dices "no tengo hambre"; no sea que aparezca al desnudo tu hambre brutal, tu hambre insaciable.

Ese desprenderse de la máscara
lo sentíamos siempre más que por lo que nos rodeaba por lo que llevábamos dentro como una dentadura de oro –siempre temiendo que se cayera, esa dentadura que no nos dejaba gritar, ni reír, que mantenía nuestra expresión en la medida corriente y apropiada.

¿Qué más culpa que todo eso?

Cayó la noche como ya sabes Cassia amor.
Ya está oscuro. No veo tu silueta amor. Mejor. No veo tu careta ni tú la mía: no la necesitas para dibujarme tal como soy. En todo caso dibuja aparte esas caretas y ponles debajo un rótulo con sus nombres: castidad, santidad…, recato, decoro…

                                                                           J. R. Bach

14 oct. 2016

“La música de aquella discoteca era fascinante, como vidriosa, con una percusión que iba al mismo ritmo que los latidos del corazón


EL VIAJE DE CASSIA

Poco después de llegar a esta Casa de Huéspedes
yo ignoraba que Cassia era dibujante y que, a pesar de su juventud, sus paisajes ya eran auténticas obras de arte. La misma noche en la que nos conocimos estuvimos de charla hasta las cinco de la mañana. Clementine dormitaba en una mecedora al fondo de la sala y a pesar de la acumulación de trastos por todas partes y polvo antiguo escribí estas notas en mi cuaderno:

"La música de aquella discoteca era fascinante,
como vidriosa, con una percusión que iba al mismo ritmo que los latidos del corazón de y Cassia sintió que su respiración se aceleraba. Intentó respirar más lentamente y pronto tuvo la sensación que sólo vaciaba de aire sus pulmones y no llenaban acompasadamente. Era como si hubiera salido del local y atravesara un paisaje, como si flotara sobre un paisaje de sonidos rítmicos. Si cerraba los ojos, veía dibujos de colores que se abrían como si fueran flores o delicados abanicos japoneses".

"Los dibujos eran deslumbrantes de puro magenta
ribeteados de vivas líneas amarillas y anaranjadas. Parecían granadas maduras medio abiertas. Era todo hermoso y Cassia inconsciente de lo que sucedía realmente a su alrededor se encontraba muy bien, sin embargo, al abrir los ojos le pareció que miraba por un tubo oscuro un túnel largo de paredes violeta".

"Algunas parejas de jóvenes cogidos de la mano
iban delante de ella incluso alguien le tendía la mano para ayudarla a cruzar aquel fractal de un mundo húmedo. Vio gente que abandonaba su posición de "sentados" y se levantaba, pero la música no había parado de sonar. ¿Por qué han apagado –se preguntaba Cassia- las pocas luces de la sala? Volvió a cerrar los ojos".

"Al fondo del túnel se veía una luz de color azul pastel
que parecía una salida y poco a poco el frío iba calando sus góticos huesos y sentía como se le enfriaba, fatalmente, también su cerebro. Los colores desaparecieron. Todo era oscuridad y Cassia experimentó los últimos temblores en un planeta que ardía consumiendo todo su oxígeno".

                                                                           J. R. Bach

13 oct. 2016

Anèmica luna plateada flotas sobre un mar en calma.


NOCHE DE ESTAÑO LÍQUIDO

Anémica luna
plateada flotas sobre un mar en calma.

La vida calla y un silencio de vidrio
que surge con las luces de las ventanas congela el gesto

de una noche frágil
que ha sufrido horas y horas el estaño líquido –riqueza para Catalunya.

El aire permanece quieto en El Maresme
solemne y denso.


12 oct. 2016

Desearía, Cassia amor, que salieran todos de esta memoria evocadora con su amor,


LOS AMANTES DE ERMESSENDA

Aunque sobrepasé largamente el número de dieciocho
–los hombres que de promedio experimenta sexualmente una mujer moderna- te cito aquí, Cassia amor, algunos de mis amantes.

Aquel Sebastián que no dejó de ser mi amante:
su alma me abandonó un día mientras estaba sentado en la acera con un ataque de esquizofrenia definitivo.

Augusto se fue con otra mujer llena de joyas;
no pudo renunciar a su deseo de ser rico. Un ataque de apoplejía lo condenó a la prisión de una silla de ruedas.

Narciso, el más ególatra de todos,
consideró que era demasiado madura para él: no soportaba mis ideas distintas e independientes; se fue, como era de esperar, tras las faldas juveniles y fáciles. Fue uno de los pocos que, al abandonarme, me alegró la vida.

Carlos… era buena persona.
Quería hijos que no pude darle. Jugó como un niño a nada y tuvo suerte: volvió a la casa de sus padres donde le ofrecían todo cuanto quería.

Casimiro… que no regresó jamás
de una guerra que no era la suya. Lloraba ante la imagen de un niño hambriento y se olvidaba de yo también necesitaba sus atenciones.

Alejandro prefería la compañía de su fiel podenco.
Sólo se preocupaba de pasear por el parque con su querido can. Encontró una compañera que vivía entre dogos. Era el gran amigo de los animales.

Antonio… fue el mejor de mis amantes.
Aún le llevo flores a su tumba y así converso con mi muerte porque me lo disputa hasta la tierra. Era piloto de coches de carreras.

Pablo… uno a quien nunca quise lo bastante,
obra de sueño, conjetura, pero una buena máquina de amar. En sus labios carnosos se acumulaba la tensión, el placer y el dolor de no comprender que todos somos humanos.

Serafín me fascinaba con sus pinturas al óleo
y me halagaba su mirada sobre mi cuerpo desnudo al posar para él. Yo era sólo su modelo. Fue él el que me enseñó a contraer la musculatura vaginal.

Alcestes, el relojero,
era meticuloso en todo lo que hacía, especialmente en el vestir y en el cuidado de su cuerpo, pero era tan tacaño que hasta el semen se guardaba para él.

Daniel, el más joven de todos.
La ingenuidad de sus quince años me excitaba sexualmente hasta el delirio. Tuve el inmenso placer de ser, además de su primer amor, la diosa iniciática (deseo que todas llevamos en secreto), la Maestra de sus Sueños.

Desearía, Cassia amor,
que salieran todos de esta memoria evocadora con su amor, pues tengo frío ahora. Y me gustaría que supieran todos, que los llevo de la mano. Sus sombras estallan como un mito de vez en cuando aquí en esta Casa de Huéspedes pues fueron lo bendito hombres que, con sus virtudes y defectos, me sirvieron de aprendizaje en la vida.

Ya ves mi amor, heme aquí

en esta Casa de Huéspedes abrazándote con mis brazos de ahora y mis huesos saben que vuelven a estar juntos, junto a los tuyos y que ya no volveremos a tener frío en estas largas noches. Sabes que mi amor no entiende la palabra desaparecer como sinónimo de muerte; para quererte siempre no me necesita a mí.

                                                                                        J. R. Bach


Sólo una gran voz poética, apenas endurecida, demasiado sensible, aprende con los años precisos


UN BRINDIS POR LAS IDEAS

Nunca es triste la verdad
lo que no tiene es remedio.
                                                                                  Joan Manel Serrat

Comentario de Ermessenda:

Sólo una mujer que ha querido tener una buena educación sentimental es capaz, con la ayuda en este caso de la segunda piel de poetisa de proferir verdades tan agobiantes.

…………….  ……………….   ………………..   ………………..   ………………….  ……………..

Nadie en estado de sobriedad permanente
pudo nunca ser genial.
                                                                                  Platón

Comentario de Ermessenda:

Hay que reconocer en esas locuras transitorias,
en ese "dejarse ir" un desafío a la misma muerte que la muerte acepta de buen grado, como acepta el trueno.  

……………….   …………………   ………………..   …………………   ……………….  …………….

El poeta siempre se ve él mismo un poco viejo.
En realidad la poesía no es nunca un arte de juventud;
es verdad que nos matan los dolores;
son al mismo tiempo ceniza y brasa.
                                                                                J. R. Bach

Comentario de Ermessenda:

No hay trampa: será preciso que el verdadero amor, la más perfecta de las ideas (el último amor, que siempre es el más fuerte) nos sitúe ante la encrucijada fatal.

No son las noches, en la edad madura,
concursos de mentiras en la cama; desarmadas van las almas al campo de donde no volverán; justo en la época que ir a la vida es ir a Casa.

Sólo una gran voz poética,
apenas endurecida, demasiado sensible, aprende con los años precisos que la vida iba en serio. Una poetisa sabe que vive y vivirá a caballo de recuerdos fragmentarios que de ella tienen y tendrán los que la convoquen y la resuciten (le recuerdan sus amantes, porque a retales, fue inolvidable).

Hacia la elegía vamos:
la madera no implora piedad; redimirán la luz y sus flores blancas los almendros; besos (de las rosas jóvenes del viejo rosal) a nuestros seres desaparecidos, que se marchitarán sobre el invierno perenne de las tumbas;

el olivo ya hace siglos que aprendió a ser paciente.

                                                                                                              J. R. Bach

10 oct. 2016

No devolví jamás aquella llave de culpa y felicidad.


EL DICCIONARIO DE ERMESSENDA

El diccionario fue para mí,
durante toda la vida, el Libro Sagrado. Envejecimos juntos. Ahora decir eso parece una tontería,

pero en aquellos años
agenciarme con aquel maravilloso Libro sustrayéndolo de la sacristía de la iglesia era casi un crimen.

No devolví jamás
aquella llave de culpa y felicidad.

En los ratos que mi hermana no me maltrataba,
me enseñaba el manejo del orden alfabético para manejar los secretos de los mayores.

Apenas había salido del laberinto
de las preguntas infantiles:

Cuando yo sea grande
y tú seas pequeñas… ya verás. Ella reía.

A veces la cosa era más sería.
Al descubrir lo que era morir y ser enterrado las preguntas tomaban otro cariz:

Si el enterrador es el que entierra a los muertos
¿quién enterrará al enterrador cuando se muera? …

¿Cuándo yo me muera ya no seré nunca más? …

Tras aludir a la condición descalza de mi madre,
rendir culto a la autoritaria figura paterna –en una comarca de coleccionistas de lindes, veíamos a pocos hombres con la altura de su serenidad- y a mi tía la maestra del pueblo, enferma de amor hasta encontrar descanso en la demencia.

Fue ella, mi tía, la que me introdujo en la lectura
de historias de carpinteros alegres, campesinos apacibles y muchachas rebeldes que en su vida todo era pureza y banderas ensangrentadas como, por ejemplo, Juana de Arco.

Me hizo prometerle
que cuando muriera arrojara a puñados sus cenizas a los lindes de otras tierras. A cambio le diría a nadie que había sido yo la que se llevó el diccionario de la sacristía.

Así que no devolví jamás
aquella llave de culpa y felicidad. El diccionario envejeció conmigo…

                                                                                 J. R. Bach

9 oct. 2016

Bautizan a los frescos labios rojos con el nombre de hojas de viña de octubre;


EL SURREALISMO DE ERMESSENDA

Es cierto, ya no bastan cuatro frases hechas
para nombrar llamas de vela a las estrellas.

Dentro de las cancelas cerradas en la amarilla llama del mediodía -cuando callan las estatuas y los mitos aceptan- las voces se agitan, al principio pura, tranquilamente, y después atronadora por la tormenta y rápidamente en la callejuela junto al bulevar de Pére Lachaise.

Ermessenda y Cassia descubren de pronto los eternos secretos;
por momentos -con naturalidad aplastante- son terribles y temibles como tumbas y poco instantes después de nuevo como tumbas otra vez.

Las dos amigas ignoran el porqué de su afición
a pasear por el cementerio. Como caricias de lejanos y finos dedos llaman a cada cosa por su nombre como jugando con las palabras:

llaman al agua de la fuente, boca;
a los negros y altos árboles de París, desnudos en otoño, solvido;
a la noche entre los andenes del Sena, cordón umbilical; y a los ojos llorosos, "amiga".

Bautizan a los frescos labios rojos
con el nombre de hojas de viña de octubre; a los dientes amorosos, pesadilla; a los purpúreos lechos de amor, abismos;

a las negras aguas del puerto de l'Arsenal, lámpara;
califican a las anclas enmohecidas treno del sueño;
ponen alas de colores a la triste mirada de Orfeo
y en sus manos (de Orfeo) ponen abanicos,

desgarran  sus encendidas faldas trapos de cocina;
adornan sus cabezas con encajes muy delicados
(en el pecho de Orfeo clavan banderas);

echan en el caos de los oráculos, sangre;
y tienden los gayumbos (calzoncillos) de Niko
junto a los espectros blancos (camisetas)
que ahuyentan a los espectros negros.

También las limas (camisas) y picantes (calcetines)
de Bruno adornan junto a sus gerales (pantalones) el tejado
y, vuelven a llamar entre risas a las palmeras tizones;
se detienen con sollozos ante la palabra martillo;

llaman silencio a las "puertas del Monasterio";
en lugar de muerte prefieren decir música en las sienes;
denominan bosque de la noche a sus corazones
y lata y fría tristeza, al invierno.

Es cierto, ya no bastan cuatro frases hechas
para nombrar llamas de vela a las estrellas.
a las que sólo unas curiosas y minoritarias narices
las persiguen como a Venus por el profundo cielo.

                                                            J. R. Bach