6 jun. 2015

Re: ¿Quién quiere un mundo sin bosques ni marinas?

Vaya hermoso tatuaje!? Me haré alguno para saber si te agrada :)

El jun 5, 2015 12:15 AM, "Joan Rr" <johannboss@gmail.com> escribió:

VACACIONES EXÓTICAS EN CADAQUÉS

 



¿Quién quiere un mundo

sin bosques ni marinas?

 

¿una playa sin pinos ni retama

o una ciudad con rascacielos de ermitaños?

 

¿Quién no sueña de vez en cuando

con dejar atrás, por unos días, el calor del verano y

 

este loco turismo

para vivir otras emociones y de incógnito

bajo la campana del Cap de Creus?

 

                                                                   Johann R. Bach



en pleno periodo fértil, pensé en cómo buscarme,

NO QUISE VERME SÓLO RECORDADA

 

Hubo un día

en que, frente al mar en calma,

 

en pleno periodo fértil,

pensé en cómo buscarme,

 

pero ese pensamiento

se me quitó sin dificultad de la cabeza

 

al saber que me encontraría

tan sólo recordada.

 

                                                         Marta Guillamon


Los años han caminado no en balde sobre mi rostro


LA TRAMPA OSCURA DE LA VOZ

Tantos años calado de mar,
a menudo tocando allí fondo, en el homérico mar, azul, los faros han convertido –ante mis ojos- las fatigas en la luz del mundo.

La tierra no es tierra
si la luna nos deslumbra y la cara se desnuda en un estallido de ausencia, y es espejo ofrecido a todos los hombres, infiel.

¿Después de tantos milenios,
vosotras las diosas del amor, no os habéis cansado de convertir cerdos en cerdos?

¿Si sólo soy un humilde mortal,
cómo podría seduciros? ¿Cómo podría atraeros a la trampa oscura de mi voz?

Recuerdo mi niñez
como si me hubieran criado entre cariñosos osos para poder sobrevivir, y, siento que los años son la suciedad que no podemos escurrir del estropajo.

Los años han caminado
no en balde sobre mi rostro. Son callos y espera ciega ya al final del túnel.

¿Es eso vejez?
¿Ofrecerse a la tierra, como el niño que fui, desnudo en la pequeña playa frente a la puerta de mi casa mientras florecían mis cabellos como jacintos?

                                                               Johann R. Bach

5 jun. 2015

Atrás han quedado los recuerdos y los ruidos de hojas que ensombrecían su pasado

MIRAR AL CIELO CADA DÍA (epílogo)


Tía Cinta mira ahora

al cielo cada día y piensa agradecida que

 

ante un solo quiebro de la luz

el mundo puede derrumbarse aunque de momento, sobre las cumbres de la Serra de Tramuntana, la luz de junio,

 

rebotando por las rocas,

contra los árboles brotados de nuevo, filtrándose en medio de los pétalos del estallido de las flores,

 

las margaritas, los iris,

y tantas rosas en el jardín: todo transparente: y el corazón, ¡de tanta alegría!

 

Atrás han quedado los recuerdos

y los ruidos de hojas que ensombrecían su pasado de vejaciones y maltratos: le salvaba un día el odio, el otro, la voluntad, pero ahora

 

son las floraciones de liquen

de su apasionante amor las que le sirven como rebozo a la sangre.

 

                                                                 Johann R. Bach


¿Quién quiere un mundo sin bosques ni marinas?

VACACIONES EXÓTICAS EN CADAQUÉS

 



¿Quién quiere un mundo

sin bosques ni marinas?

 

¿una playa sin pinos ni retama

o una ciudad con rascacielos de ermitaños?

 

¿Quién no sueña de vez en cuando

con dejar atrás, por unos días, el calor del verano y

 

este loco turismo

para vivir otras emociones y de incógnito

bajo la campana del Cap de Creus?

 

                                                                   Johann R. Bach



4 jun. 2015

contrahecho por los años, apasionado lector de poesía,

ENAMORADO DE LA NOCHE Y DEL MAR





¡Oh noche!

 

Qué bien encadenas

las nuevas generaciones –esas que ya no leerán el "El Lobo Estepario" de Herman Hesse, ni "La Montaña Mágica" de Thomas Mann-

 

con la gente de mis años.

 

¡Oh noche!

 

Con qué maestría

vas apartando suavemente de mis lectores a aquellos que continuamente caen en la trampa de presionarme para que

 

me coloque a la altura

de la imagen que se puedan haber hecho de mí. Pues tú eres testigo que les regalo de corazón

 

todos mis escritos,

pero no la libertad ni el derecho de ser como soy: contrahecho por los años, apasionado lector de poesía,

 

enamorado de tu techo de estrellas,

del mar que me vio nacer y

de la ternura que se me dispensa.

 

                                                            Johann R. Bach


¡Qué duro es mi cuerpo!

NO ACEPTABA SER DIFERENTE: ¡QUÉ ERROR! (fragmento)

 

¡Qué duro es mi cuerpo!

 

¡Qué piedra es

rodando hacia el frío de la noche en el desierto puerto, hacia la niebla espesa rodando!

 

Cuánto he sufrido

–por no haberme comprendido antes- y estoy sola en este lecho de honda luna,

 

En esta homérica orilla de mi mar,

en esta barca que nadie pagará por mí.

 

Qué lejos aún estoy de mí

ahora que sé que soy distinta.

 

                                                               Johann R. Bach


Me tumbé junto a ella y bebí sus lágrimas.


FERNANDO CONFIESA QUE AMA A TÍA CINTA

Durante la noche
en la que Clara y yo, agazapadas detrás de la ventana abierta y atentas a cualquier ruido –humano, animal o fantasmagórico-, la casa flotando casi rozando el cielo constelado parecía que se iba a salir del paisaje de los placeres.

La luz del sol
ya hacía horas que ya no iluminaba las vigas de madera, mientas que la de la luna se reflejaba en la piel del agua como si fuera una pista de baile. Esa noche no dormimos ni un minuto. Pensar en el encuentro furtivo de tía Cinta con Fernando excitó tanto a Clara que me pidió que le mordiera los pezones mientras se masturbaba al oír los gemidos placenteros de tía Cinta.

Cuando el cielo empezaba a clarear
sentí como si estuviera mirando por un agujero abierto entre las nubes; y, al ver que se encendía la luz de la habitación de Fernando nos dirigimos hacia allí con una bandeja en la que brillaban tres vasos y una jarra cargada con café frío recién sacado de la nevera. No le dimos otra opción a Fernando que la de acompañarnos a la playa.

Asombrado Fernando,
nos lanzaba una mirada absorbente de esas que beben y nunca quedan satisfechas; bajaba de vez en cuando los párpados suaves de piel delicada, y con la suavidad con que los bajaba nos mostraba su bondad. En aquellas negras pestañas, largas y suaves, había una ductibilidad sedosa, per sobre aquellos delicados párpados había unas cejas salvajes, pobladas como las  de un bosquimano. La nariz era algo pequeña, vulnerable y pura; la frente espiritual la boca llena de labios y sensual, y las manos las de un lanzador olímpico de disco que reafirmaba una cierta voluntad.

Mientras saboreaba el café,
parpadeaba, lentamente, oscilaba entre tomar el aire de un rudo guardabosques y el porte dúctil, entre la afirmación plena de sí mismo y unos eclipses repentinos que le hacían palidecer y evadirse de todo ante gente que no era de su cuerda. Dudaba –lo que hasta cierto punto era normal en un chico de su edad- constantemente, incluso de forma simultánea, entre la sed fisiológica que la boca le reclamaba y la llama secreta de un sueño que le dejaba prácticamente sin fuerzas.

Clara y yo
no sabíamos si sonreír amablemente ante aquel bellísimo rostro o dejarnos encandilar por el amor que de él se desprendía como le había pasado a tía Cinta, cuando de repente abrió sus labios y dijo unas palabras que me parecieron atronadoras:

"Todo empezó –comenzó a hablar Fernando-
en la segunda noche después de mi llegada a la casa. Tío Francisco con una expresión vengativa desconocida por mí exclamó: "La muy puta creía que no era capaz de golpearla estando tú presente". Es decir, la golpeaba con cualquier cosa que tuviera a mano regularmente. Tía Cinta se levantó llorando, salió al jardín y estirada sobre la terraza lloraba desconsoladamente".

Me tumbé junto a ella y bebí sus lágrimas.
El resto si no lo conocéis, lo podéis imaginar.

                                                                 Johann R. Bach

3 jun. 2015

Me siento pequeño como una bacteria.


UN SIMPLE MICROBIO

No quisiera engañarme,
aunque grandes fuerzas me empujan a ello. Fuerzas que llevan a enturbiar la inteligencia o a encerrarla en el laberinto del miedo.

Somos –lo acabo de descubrir-
simples criaturas jugando alegres en un universo cuya magnitud se escapa de la mente humana.

Me siento pequeño como una bacteria.

Las bacterias,
al conseguir las corazas de los aparentemente incautos lípidos, una especie de caperuza que hace invisible al que la lleva,

se unen bajo el liderazgo de un supermicrobio,
vencen a todo un ejército de leucocitos y macrófagos y, cuando ya creen que les espera un feliz futuro,

el jardín bajo sus pies se marchita,

es decir, el hombre fallece
y las pobres plantitas que componen toda una inmensa flora bacteriana desaparecen con él…

Disculpad queridos amigos,
que de vez en cuando hable de mí mismo, pero, al fin y al cabo, todos nosotros

somos en cierto modo
una representación del proyecto mismo del universo.

Sólo hay una remota esperanza
en la sugerencia de los mundos imaginarios de Riemann aunque hay que reconocer que

también este mundo,
es bastante interesante y se merece que escribamos algo sobre él.

                                                                 Johann R. Bach

2 jun. 2015

se podía oír la campana del tranvía que sonaba inútilmente pues a esa hora no había nadie en las calles.


TÍA CINTA Y FERNANDO (fragmento)

Cuando Clara y yo llegamos a la casa de tía Cinta
el misterio ya flotaba en el ambiente de todos los comercios y restaurantes de todo el pueblo: Un aire salino parecido a la brisa marina vibraba sobre las hojas jóvenes de los plátanos y sus sombras se hacían densas.

La primera noche
estábamos tan cansadas que caímos como fardos llenos de huesos sobre la amplia cama que tía Cinta nos había preparado. Sin cenar siquiera un un simple vaso de palo con sifón. Por la mañana, a pesar de estar aún medio dormidas salimos a mojarnos los pies en la playa. El agua estaba helada y el sol aún quedaba oculto tras la Serra de Tramuntana. La rumorosidad de las olas era nula y se podía oír la campana del tranvía que sonaba inútilmente pues a esa hora no había nadie en las calles.

Clara y yo
llevábamos los azules chandals del "Coq Sportif" que iban muy bien para el viento, pero no para el frío. Casi temblando volvimos a entrar en la casa. Todos dormían y el silencio invadía la cocina. Preparamos un café y buscando en la nevera encontramos algo de mantequilla, un pote abierto ya de mermelada de naranja amarga y, cómo no, una sobrasada cortada en rodajas. En la panera de plata, cubierto por una servilleta parecía esperarnos un auténtico pan  moreno de harina de Xaixa.

Mientras devorábamos el almuerzo
la casa toda ella dormía aunque ciertamente flotaba en el aire algo extraño, agradable. Ambas notábamos cómo hervía el gas carbónico mezclado con saliva humedeciendo todo el jardín. Pensábamos que el origen podría ser de un posible amor de mi primo Fernando. En el pueblo corrían toda clase de chismes y rumores de fantasmas que deambulaban por el jardín de la casa a partir de medianoche. Nosotras estábamos encantadas de convivir con fantasmas que se podrían pasear frente a la ventana de nuestra habitación.

Una noche de aquellas,
estábamos aún despiertas cuando empezamos a oír unos ruidos que procedían de la terraza. Nos asomamos a la ventana, pero no veíamos nada, aunque los ruidos seguían. Tirando un poco el oído llegamos a la conclusión de que eran los suspiros de tía Cinta. Eran suspiros de placer. No había duda, los susurros del amor invadían toda la casa.

Lo que nunca hubiéramos sospechado
es que el amor de Fernando no era otro que el de tía Cinta. Cuando él mismo nos lo dijo nos cogió de sorpresa. No sólo por la diferencia de edad. En pocos minutos Clara y yo intercambiábamos miradas concupiscentes.

Fernando había adelgazado
o más bien se había estirado unos quince centímetros lo que le daba un porte atlético que yo nunca vi en él. Sus ojos enormes estaban sombreados por unas larguísimas pestañas y sus abultados labios tenían el tono carmín como después de haber besado cientos de veces en una noche. Sus anchos hombros algo redondeados, no mostraban una musculatura de esas que se parecen a un nudo en una soga, pero parecían fuertes y adecuados para apoyarse en ellos. Creo que su carácter empático hizo el resto.

Aún así, había un enigma flotando en el ambiente:
¿Qué papel le había reservado el destino a mi tío, postrado en una silla de ruedas? Con la cara verdosa de manzanas ásperas y sus labios despegándose sólo para saludar y poca cosa más, estaba todo el día viendo la televisión. ¿Sabía lo de tía Cinta y Fernando? Si lo sabía cómo podía simular que no sabía nada.

Tres días más tarde
Fernando nos explicó cómo había comenzado todo.

                                                               Johann R. Bach

tú, ciervo que huye del tigre, lobo que huye del hombre,


TÍA CINTA CABALGA ENAMORADA
COMO LA AMAZONA DE PLATINO

 El hombre es un lobo
                                                                                                                                                                                que huye del hombre                                                                                                                           
     Johann R. Bach


Tú, caballo comprensivo
sobre el cual cabalgo felizmente, humillado como una vaca normanda de ojos inmensos pintados de negro;

tú, ciervo que huye del tigre,
lobo que huye del hombre,

tú, que eres
hombre, pozo de terrores

¿Sientes sólo en la sangre
espesa de tantos cambios el deseo del polvo, de regresar a la nada?

Por un destino tan largo,
de metales fatigados que caminan hacia el plomo, de ternura y olvido, de astucia y de caza,

de instintos encerrados bajo la piel,
¡haz tuyo tu viaje!

Vuelve a tu número puro
mientras maduras, enriquece tu vida: ciclo de otro ciclo hiperbólico: materia, espíritu, voluntad i deseo, mineral y vapor.

Tu impulso, generoso,
como la naturaleza misma, hace que renazca mi esperanza recobrándome extasiada y llena de vida.

Ha valido la pena esperarte.
                                                               
                                                              Johann R. Bach


tú, ciervo que huye del tigre, lobo que huye del hombre,

TÍA CINTA CABALGA ENAMORADA
COMO LA AMAZONA DE PLATINO

                                                                                              El hombre es un lobo
                                                                                                                    que huye del hombre
                                                                                                                               Johann R. Bach

Tú, caballo comprensivo
sobre el cual cabalgo felizmente, humillado como una vaca normanda de ojos inmensos pintados de negro;

tú, ciervo que huye del tigre,
lobo que huye del hombre,

tú, que eres
hombre, pozo de terrores

¿Sientes sólo en la sangre
espesa de tantos cambios el deseo del polvo, de regresar a la nada?

Por un destino tan largo,
de metales fatigados que caminan hacia el plomo, de ternura y olvido, de astucia y de caza,

de instintos encerrados bajo la piel,
¡haz tuyo tu viaje!

Vuelve a tu número puro
mientras maduras, enriquece tu vida: ciclo de otro ciclo hiperbólico: materia, espíritu, voluntad i deseo, mineral y vapor.

Tu impulso, generoso,
como la naturaleza misma, hace que renazca mi esperanza recobrándome extasiada y llena de vida.

Ha valido la pena esperarte.
                                                                                                                                                         Johann R. Bach

31 may. 2015

Parece ser que mis sufrimientos son suaves como el frío en los dedos del esquiador


SUFRIMIENTOS SUAVES

Sólo Clara, mi mejor amiga,
sabe que nunca me he encontrado en una situación límite, que mis sufrimientos han sido suaves, como penalidades de lujo.

Nunca me he visto
en una situación en la que tuviera que salir de una casa en una tarde incierta.

En una tarde
en la que quizá los ojos fueran un presentimiento oscuro donde el cielo se mirase como en un charco sin fondo.

En una tarde
en la que, en caso de desearlo, no hubiera podido llegar hasta sus labios el nombre de las cosas. Ignoro lo que es no poder señalar con los dedos el vuelo torpe de los últimos gorriones.

Desconozco,
a pesar de la enfermedad que arrastro desde la infancia, lo que es sentir en mis pies el mundo como una cálida burbuja; lo que es imaginar voces y silencios girando en el hueco de los años.

No he aprendido a distinguir
los dedos de un amante –ni siquiera los de Clara- de las ramas de los árboles en flor,

ni cómo apartar
de los ojos de los hombres el frío de las nítidas estrellas –impidiéndome amarlos.

Y, sin embargo, tengo la sensación
de que todo queda detrás de la lluvia: el sueño, la caída del ánimo, las huellas del casi repentino adiós de mis desarreglos endocrinos, y,

todo se ensancha y se vuelve inestable como el mar de la memoria que cuaja entre el barro ahogado de una música de jazz.

Sólo Clara sabe cómo separo los labios
un momento en el aire de la tarde aunque no se oiga nada, sólo ella sabe cómo busco en el rostro de los hombres el agua de la fuente que da vida y no sé si aún es posible encontrarla.

Sólo Clara sabe
cuan ajeno me parece este páramo sin límites: ajenos el sol, la casa, el cuerpo, el árbol…

Parece ser
que mis sufrimientos son suaves como el frío en los dedos del esquiador tan distinto del

frío de las manos del soldado
que monta guardia temiendo que el cualquier momento puede ser muerto.

                                                                Johann R. Bach



Yo reía al oír esos cuchicheos de ociosos lugareños


LA FÓRMULA SECRETA DEL CALVADOS DE TÍA CINTA

Acompañada por su sobrino,
la veían bajar temprano al puerto.

Soltaban las amarras de un pequeño menorquín y se hacían a la mar en días en que las olas eran inexistentes.

Solían volver ya avanzada la tarde.

Nadie sabía a ciencia cierta dónde iban
lo que aumentaba el misterio aunque era evidente que aquellos paseos sobre la piel del mar en los alrededores de Soller eran siempre largos:

Salían siempre con el depósito lleno
y regresaban a puerto con un escaso par de litros de combustible.

Clara y yo escuchábamos atónitas todas las conjeturas que circulaban por el pueblo sobre la peculiar pareja de tia Cinta y mi primo Fernando.

Una pregunta algo divertida
corría maliciosamente entre los habitantes de la villa: ¿Qué comían en esos paseos?¿Se llevarían a la boca alguna cosa que pudiéramos llamar alimento?

Mucha gente se preguntaba
incluso si tía Cinta sabía cocinar.

Yo reía al oír
esos cuchicheos de ociosos lugareños y explicaba cada vez que tenía ocasión que tía Cinta no sólo cocinaba bien sino que a causa de sus comidas no había muerto nadie.

Uno de aquellos días
tía Cinta preparó una opípara cena para celebrar el aniversario de Clara. Vamos a cenar como nunca –nos dijo- y sin problemas de digestión pesada.

Como entrante
nos sirvió una fuente llena de gambas, manzanas troceadas y mejillones. Aparte, en otra fuente ostras frescas con limón y sidra en abundancia.

Después una enorme chuleta a la crema
Bien sazonada con pimienta negra y acompañada con un delicioso rojo Côtes du Rhone.

Para poder ingerir
la enorme paleta de quesos de Camembert, Livarot, Munster, Orbec y Pont-l'Évêque

nos había preparado
una especie de sorbete de Calvados denominado "Trou Normand"
compuesto, a partes iguales, por

Aguardiente de calvados (extraído de la posterior destilación de la sidra) 
Crema de leche
Leche
Azúcar Glass casero.

Después de ese brebaje
los quesos nos parecieron un manjar de dioses y la noche junto al mar algo maravilloso.

                                                        Johann R. Bach




Para qué resistirse aún si somos suyos, si somos otros como frutos más maduros cada día,


TÍA CINTA NO NIEGA SU AMOR

Y a qué negarlo,
para qué resistirse todavía, a qué acumular palabras como se echa cal al fondo de un pozo,

leña mojada sobre el fuego.

Estamos solos tú y yo frente al mundo.
Como la tarde de noviembre solos, como el golpe de viento en mitad de las rocas solos,

Detenidos en un punto,
al fin juntos en nuestra soledad.

Con una extraña luz cósmica
en nuestro interior. A qué negarlo. Con una luz capaz de arrastrar a un predecible destino

tan útil
como un vagón de tren en la estación, como la ropa usada tan ajena de las tiendas de segunda mano.

Para qué resistirse aún
si somos suyos, si somos otros como frutos más maduros cada día, desprendidos ya del árbol, arrastrándonos sobre la tierra,

piel con piel
siguiendo a tan ajeno destino de amor silencioso, ese rostro que nos mira más joven siempre que nosotros.

                                                               Johann R. Bach