8 sept. 2012

EL CORAZÓN: EL ÚLTIMO EN CERRAR LAS PUERTAS. ( www.homeo-psycho.de )

                    AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

 

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.

                                                              Elisa R. Bach

RECUERDOS SOBRE UN RELOJ DE BOLSILLO OLVIDADO

                                 EL RELOJ DE LOS MÍNIMOS

 

Convaleciente aún,

Era inimaginable que una niña como tú pudiera preguntarse con desdén si aquel santurrón hipofóbico con su túnica marrón y una cuerda sobre su abultada cintura bajaba de verdad al hormiguero del barrio sólo para mendigar sus propios huesos…

 

Todo empezó

cuando tu madre encontró un bonito reloj de bolsillo paseando por la Plaça Maragall sobre un banco de la parada final del tranvía 37. Tu madre ignorando qué es una "res derelicta" creyó que lo más conveniente era depositarlo en la iglesia de los Padres Mínimos, curiosamente situada en la calle del Olvido.

 

Aquel fraile italiano

recogió aquella pequeña joya de reloj y dijo que indagaría acerca de quien pudiera ser el propietario. En aquella primera visita le viste una caída de párpados detrás de sus enormes gafas que no podías saber si era de sueño o de indiferencia.

 

Evidentemente para ti

ese signo no era benevolencia. El fraile visitó vuestra casa durante algún tiempo bajo la excusa de su "pastoreo", pero tú, niña pero no tonta le sorprendiste en varias ocasiones mirando lascivamente el trasero de tu madre.

 

Ella, ajena a los pensamientos del fraile

sólo se preocupaba de realizar su milagro cotidiano de daros algo que llevar a la boca y en ello ponía todo su amor a vosotros  como una golondrina lo hace con sus polluelos.

 

Y aún se excusaba:

"Precisamente hoy no se me ha dado bien la cocina, la sopa es pura hiel y el pescado sabe a barro, la tarta de manzana (era el postre de los domingos) está costrosa, veis hijos, de hecho no sé ni siquiera cocinar… Se adelantaba a servir un dedo de vino diluido en un vaso de gaseosa…

 

Tú, entonces le mirabas las manos;

Ignorabas, viendo su belleza, qué era envejecer. Eran manos humildes, limpias, carnosas y sin venas ni manchas café. No eran manos para caer bajo las túnicas de la orden de los "mínimos".

 

El fraile fue desapareciendo

de vuestras vidas y cuando fuiste ya un poco mayor, los domingos ibas de paseo por la Plaça Maragall y asistías a la misa de los mínimos pero no por fervor religioso, sino como una ocasión semanal de ser vista y deseada.

 

Te colocabas en los últimos bancos

donde los chicos, desde las columnas laterales pudieran ver tus manos de marfil, leves, como habitadas por la tentación de las alas, y que fieles a todo lo temporal hay que ahuecar como a una almohada bajo la cabeza de un hijo.

                                                                    Elisa R. Bach

 

DEL AEROPUERTO DE BERLIN A KALININGRADO ( www.homeo.psycho.de )

Sobre el fondo amarillo se lee la inscripción "Winners have a sixt sense": "Los ganadores tienen un sexto sentido"

 

                      Del aeropuerto de Berlín a Kaliningrado

 

Los ganadores tienen un sexto sentido,

pero todos necesitamos un hombro amigo, un animal de compañía o un libro que nos ayude a comprendernos a nosotros mismos.

 

Hace mucho

que sabemos que somos frágiles. Hay que buscar apoyos como lo hacen las voces en un coro.

 

                                                                              Johann R. Bach

    TRAS LOS PASOS DE KANT

 

«Dos cosas me llenan la mente

 

 con un siempre renovado

y acrecentado asombro y admiración que no decae por mucho que continuamente reflexione sobre ellas: el firmamento estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí».

¿QUÉ SERÍA LA ALEGRÍA SIN EL DOLOR? ( www.homeo-psycho.de )

                                        LESIÓN EN UN OJO

 

Después de un día

de intenso trabajo de bosque (Forstarbeit) las sombras se caían en el albergue, cada una por su lado. No tenías ganas ni de ir a cenar y sacándote las botas, te dejaste caer sobre tu litera. Creías que estabas sola y te disponías a cerrar los ojos aunque sólo fuera en un sueño corto.

 

Angelika tosió un poco

y te sorprendió que ella tampoco hubiera ido a cenar con el resto de las chicas. Te incorporaste y fuiste a sentarte en su litera. En la penumbra apenas si se veían sus gafas y no te apercibiste de que llevaba un ojo tapado con una gasa.

 

Con voz temblorosa

te puso al corriente de su jornada: se había clavado una astilla en un ojo y en la clínica que se la sacaron le advirtieron de que durante veinticuatro horas permanecería sedada y que no era conveniente ingerir ninguna clase de alimento.

 

Sentiste piedad por aquellos

ojos vivos, azules como el cielo y despiertos como los de un gorrión. Un torrente de lágrimas caían sobre su rostro y de vez en cuando las enjugaba con un pañuelo ya empapado de tanto llorar.

 

Sentía más dolor

por el abandono de ver que ninguna de sus compañeras había renunciado a la cena para permanecer junto a ella que por la lesión en sí.

 

El mareo de la anestesia

le producía un vacío en el estómago y de vez en cuando una angustia mortal le subía hasta la garganta y su frente sudaba copiosamente.

 

Tomaste su mano

entre las tuyas, apoyaste tu cabeza sobre la suya y sentiste los latidos del corazón femenino: rápidos, débiles, algo irregulares. Pero dulces como la miel y las uvas. Tú los escuchabas, pero ellos notando la presencia de tu rostro se aceleraron: buscaban el beso.

 

La luz había caído

con el derrumbamiento del sol y todo era aparente. Y lo que no lo era también.

 

Sus lágrimas te dieron la sal

que necesitabas mientras parafraseabas en tu mente a Anacreonte: "Deliro y no deliro me bastaría con que me necesitaras".

 

Las yemas de tus dedos

palpan aún hoy aquel pijama de hospital que se coloca sobre los cuerpos de los pobres con botones mal cosidos y bien descosidos mientras meditas sobre qué sería la alegría sin el dolor.

 

                                                                             Elisa R. Bach

 

7 sept. 2012

FÓRMULAS Y RECETAS MÉDICAS EGIPCIAS ( www.homeo-psycho.de )

El Papiro Ebers recoge un remedio para que una mujer deje de concebir durante uno, dos o tres años: "moler una medida de puntas de acacia y dátiles. Mezclarlo con miel. Impregnar un tampón e introducir en la vagina".

 

                                             PAPIRO EBERS (Prosa)

 

Si hubiera nieve

quedaría de ti una huella aquí donde por un instante te apoyas, en el muro de la Iglesia de Sant Joan de la Virreina… Pero hace calor y las hojas de los plátanos aguantan en la rama, hasta las mujeres van sin maquillaje y algunas en "shorts".

 

En el campo

el maíz debe estar a punto de ser recogido, las escasas nubes se hacen de rogar y los estanques artificiales las refleja como morfina bajo su piel…

 

El Papiro Ebers,

uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, es en verdad demasiado joven comparado con lo que tú arrastras. Fue redactado en el antiguo Egipto, cerca del año 1500 antes de nuestra era (en el año 8º del reinado de Amenhotep I, de la dinastía XVIII), por una persona parecida a ti;

 

Entre los restos

de una momia en la tumba de Assasif, en Luxor, el famoso papiro ha  sobrevivido absorbiendo la letra de sus medicinas.

 

Ese papiro

mide más de veinte metros de longitud, unos treinta centímetros de alto y contiene 877 apartados que describen numerosas síndromes o enfermedades en varios campos de la medicina.

 

Oftalmología, ginecología,

gastroenterología..., y las correspondientes prescripciones escritas en hierático han resistido la oscuridad de miles de años siguiendo las instrucciones de uno de los primeros esbozos de depresión clínica bajo el campo holístico de la psicología.

 

Los caballos en Leibzip

beben silenciosamente. Habrá de nuevo guerra… aprestémonos a hacer acopio de la mayor parte del reino vegetal: azafrán, mirra, aloes, hojas de ricino, loto azul, extracto de lirio, jugo de amapola, resina, incienso, cáñamo, etc.

 

Guardemos en papiros

modernos la utilidad de varios remedios obtenidos de insectos y arañas que probablemente sobrevivan a terremotos y tsunamis provocados artificialmente.

 

Guardemos los conocimientos médicos

como los antiguos egipcios en cada biblioteca, en cada tumba. Pongamos a buen recaudo, en varios idiomas, fórmulas magistrales y remedios.

 

Imitemos la jerarquía

del Papiro Ebers con un "tratado del corazón" destacando que el corazón es el centro del sistema sanguíneo, con vasos unidos a cada parte del cuerpo, porque de él dependerán los distintos fluidos como la sangre, lágrimas, orina y el esperma… Y sobre todo los sentimientos de compasión y amor…

 

No nos olvidemos

de un capítulo para los desórdenes mentales, en el que se recojan los trastornos tales como la depresión y la demencia, que se extenderán sobre lo que quede del género humano.

 

Junto a las recetas mágicas

de los herederos de la diosa Sekhmet escribirás un texto sobre la leche de una madre recién dada a luz para curar las quemaduras…  y todas las enfermedades humanas. De esa fertilidad seguiremos dependiendo.

 

Algunos han amado

y en cambio ya no se acuerdan. Los sueños, los signos, las imágenes, hasta la humedad de los bosques, podrían ser salvados sólo por una ayuda sobrenatural.

                                                             Elisa R. Bach

 

 

6 sept. 2012

10 FRAGMENTOS EN PROSA. ( www.homeo-psycho.de )

                                           10 FAGMENTOS

 

Hubo un tiempo

en que creíste que estos fragmentos podían ofrecerse como trabajo preparatorio de algo más coherente, más articulado. Ese tiempo pasó

y estas frases son, por el contrario, las ruinas de un edificio aún inexistente.

                                                                                           Elisa R. Bach

                                                     I

Llamas por teléfono

y nadie contesta. Se te puede imaginar cómo en el Camino el viento cálido te empuja y alargas una mano indolentemente para que el tacto del sol se extienda por tu piel con el gozo del azul y te abrace, brillante, el mediodía.

 

Entretanto

llamas por teléfono y nadie contesta. Se puede presentir el desnudo latido donde el corazón te resuena el pulso antiguo del mundo y el aire es un aliento que bebes y te dibuja entre sístoles.

 

Llamas por teléfono

y nadie contesta. Toda la vida te cabe en los ojos -así de grandes los tienes- cuando miras el silencio y necesitas pensar en el retorno. Insistes en hablar por teléfono y nadie contesta.

 

                                                II

 

Escribes,

abres tus sentidos, destierras la añoranza. Entretanto, lentamente tus dedos señalan las olas del puerto; y, en el horizonte, la espesura del barro, la musicalidad del tiempo indicando la posición de las galaxias como si de vectores afijos se tratara; la densidad de los números reales o la del trigo como en las antiguas dinastías faraónicas de los ptolomeos que medían el grano y las estrellas por litros.

 

Tus sentidos también señalan,

como "in longa mano", el canto humilde de las primeras formas sobre los muelles del puerto; confundiendo los límites.

 

                                             (III)

 

Piensas –creo-

en recoger cantos rodados cristales pulidos por el roce de arena y mar, conchas y esqueletos de pequeños animales marinos, fragmentos, como tú, del mundo.

 

Mirar el agua te conmueve

cuando cae sobre la tierra en forma de lluvia o granizo porque sabes que beberé junto a ti cada noche aunque estés en otro espacio.

 

Tu piel se barniza bajo el sol

como la madera, desciendes por las dunas artificiales hechas para protegernos de las pulsantes invasiones; deambulas pensativa y feliz junto a la arena bañada por el  mar,  por los senderos de la memoria tatuando con tus besos mi imaginación y también los plexos

 

Sabes que el día es frágil.

 

                                                  IV

 

Cuando el sol desploma sus cuerdas

sobre tu ya castigada piel te refugio bajo las hayas que crecen con los colores que, de siempre, te la ennegrecen.

 

Atraviesas los bosques

de tu imaginación camino de Bretaña, sientes la vida en la madera dura que crece con los colores, de siempre; la cambian cuando pasan las horas, sobre el verde húmedo, sobre de la tarde de tus pasos.

Decrece el azul

como una mirada tuya labrando la luz, como un tejido extendido hacia el horizonte. Surge y acude a la cita un amarillo de viejo estío ya declinando.


 Recorres contigo misma

un carmín de viento, moviendo los eucaliptos y sobre tierra algo más firme las ramas arbóreas se curvan contra el silencio de occidente.


Te detienes

ante las aguas de la costa bretona y las sombras de los thuyones se arrodillan hacia el poniente despidiendo el ocaso.


Tus ojos

se esconden junto a los míos en tu pensamiento mientras los esperas.

 

                                           V

 

Por el viejo camino

de arena marcado por el manto de hojas ya secas y vencidas regresas atravesando un bosque de hayas con tus deseos entre las manos.

 

En tu pensamiento

ves los descuidados márgenes acogedores de un viejo camino en mitad del bosque desnudo, el cielo entre las ramas oscuras nubes de tierra que abrigan el verde ansioso de los campos que resurgen precipitadamente.

 

El mundo perdura,

insiste con sus fieles ciclos y sus bailes de pájaros y lluvia, de vientos y temperaturas retrasando el silencio.

 

                                                          VI

 

Levantas la vista.

Descubres la nube blanca (parece que galopas sobre ella) que rasga el azul que empalidece de tanta luz y que los gorriones atraviesan  sin moverse el ligero éter, flotando.

 

El cielo es incesante

lleva la memoria del alba, el sueño del mediodía, la piel irisada del atardecer, ese cielo generoso –de todos- desnuda el universo a golpes de noche.

 

Miras la luz

que se acuesta sobre los campos, el aceite de la tarde que resbala por tus ojos.

 

                                            VII

 

Tu mano se agita, escribes,

guardas en tu memoria para usar en momentos futuros cuando tus ojos ya no estén presentes el paisaje siguiente:

 

Extendidos sobre los campos

abrigados por el bosque entre las ramas el verde espejo del agua, el verde brillante de la tierra preñada de humus esperando acoger a la vida aún no germinada, velando la luz violeta de la aurora empujando las hojas.

 

Los ojos azules del mediodía

te acompañan hasta un ocaso de pétalos y brasas. Es el fragmento dulce de la soledad.

 

                            VIII

 

Es difícil vivir algunos años

después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber experimentado esa sensación al mirar la mañana, la luz, sentirla sobre el rostro, sin sentirse acompañado por el azul del tiempo en los campos de girasoles.

 

También es difícil

no apercibirse del olor del trigo, del barro al tocar el poniente, la fina sábana de cuero mientras los ojos se arrodillan junto a la piel en el horizonte.

 

Es difícil, vivir algunos años

después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber mirado la noche ni haberla tocado.

 

                                   (IX)

 

El octubre crece como todo,

inevitablemente: La lluvia fina se resfría, se alarga la sombra, se encoge el rojo, unos ojos de té te explican la luz que hacen las horas, los pétalos de la mañana de cólquicos y caléndulas, el gesto antiguo del Sol sobre un campo de nieve, como la vida otoñea.

 

Un vuelo incandescente

atraviesa las nubes; de nuevo se aleja el azul mientras agradezco esa variedad de colores.

 

                                              X

 

En la precesión de los equinoccios no pasa desapercibido un azul de fuego y un verde nuevo que vence al tiempo gris. El día tiene una quietud de estanque, se extiende, a lo lejos, sobre las cumbres tozudas de nieve, sobre el mar completamente desplegado, sobre los ocres que se adormecen.

 

La luz se refleja

Simétricamente sobre un plano parecido a un espejo; resuena su latido como el eco de un valle y un suspiro de cálido aire regalado generosamente por Eolo te acoge, como una madre. En su regazo.

 

La tierra como vergel,

lugar soñado donde desde antiguo se hallaba el Edén deviene en un futuro posible que te lleva, que te marca la piel y en la memoria hasta los límites de la conciencia.

 

En los ojos ya cansados

de promesas y deseos aún por cumplir, hay antiguas soledades y un gesto desamparado que te ayuda, sin embargo, a comprender el género humano.

 

Una vez más,

como cada día, desde hace millones de años, llega la noche puntual, el momento desnudo que te vence y te conmueve, intenso,  bellísimo.

 

                                                                               Elisa R. Bach

5 sept. 2012

EL ACCIDENTE. Original de Elisa R. Bach (de la novela "Barcelona Nació con los Granados") www.homeo-psycho.de

                                                            Kremlin Bicêtre de París

                                               EL ACCIDENTE

No sabía qué hacer y,

al mismo tiempo, no podía estar pasivamente mirando como la persona que me amaba por encima de todo se debatía entre la vida y la muerte. Cogí un periódico de la sala de espera y en su portada escribí:

 

En esta medianoche

de invierno mi vivo amor está inmóvil. Afuera los pájaros prefieren no volar y el alma roe en el paisaje como un barco roza el muelle al cual está amarrado.

 

Los árboles

parecen agonizar nos dan la espalda. La altura de la nieve se mide

con centímetros de carpintero. Las huellas sobre la nieve cobijan tristeza y soledad y llegan hasta esta ventana  que enturbia el paisaje.

                                     

De nada sirve repaginar,

recordar lo ocurrido, pensar en las causas últimas del accidente y, sin embargo, obsesivamente, no puedo evitarlo, como si en alguno de los detalles se hallase la clave del misterio que sitúa contra las cuerdas a una persona llena de vida.

 

El trabajo

se detiene y yo levanto la vista buscando colores que ardan, esperando que todo se dé la vuelta. Mi amor y yo vamos a dar otro salto.

 

                                                            Elisa R. Bach

4 sept. 2012

CADA EDAD MIDE EL TIEMPO DE FORMA DISTINTA. ( www.homeo-psycho.de )

                EL ACOSO DEL TIEMPO

 

El tiempo tiene hambre de ti

-lo sabes bien-  quiere consumirte

y vaciarte de todo cuanto puedas tener

de valioso: envidia tu cuerpo,

la materia donde tiene asiento

 

el recuerdo que te permite ir y venir

 

por las calles de los años con secreta libertad.

Eso te obliga a vivir con disimulo,

perdida entre la multitud. a un palmo de ella,

evitando que el tiempo te advierta,

para que pase de largo y sin embargo se deje ver

 

ante ti: sus testigos, sus observadores, sus escribas.

 

Aunque nadie te haya confirmado en tu puesto, y

precisamente porque nadie lo ha hecho.

En la multitud del mercado todos se enzarzan

en una batalla de futuros subjuntivos

-por si hubiere lugar…- mientras que en tu mundo

 

surge una necesidad, al modo oriental,

 

de hallar consuelo en los detalles más nimios

acaso sean ellos los únicos

que permanecen incontaminados,

sin expandirse, a lo largo del tiempo.

Observas que alguien se aferra

 

a lo inútil y encuentra consuelo.

 

Pero también: la utilidad es adictiva;

muchas cosas están a tu alcance

y sin embargo pudieran ahogarte

de asirte a ellas. Sigue nadando

entre los restos del naufragio pues

 

tu tabla de náufrago aún está por llegar.

 

Los que ahora buscan tu afecto

tienen que abrirse paso sin piedad

entre acumulaciones de materia inerte,

entre trizas de alimentos fermentados

de aves y mamíferos abandonados,

 

ir directamente al hueso, la médula.

                                              Elisa R. Bach

MAIL DE UNA ASTRONAUTA ( www.homeo-psycho.de )

                                                                            Nave Soyuz

 

93. MAIL DE UNA ASTRONAUTA

 

Nos alertaron

sobre la ausencia de arañas y la ocasional hambruna.  En los desplazamientos por largos corredores en motos eléctricas de tres ruedas, la sensación en la cara casi se parece a la brisa de un verano corto atlántico donde huele la vida y se sospecha la sal.

 

Encontramos reposo

en un patio diseñado por el Consejo con toda clase de detalles pensados como motivos y temas de conversación: en una pared, a modo de pantalla, se ven viñedos; un apicultor sonríe bajo su máscara protectora cuyo objeto es el de simular el himno de las abejas ahogando la monotonía.

 

Pensando

en esa escena buscaremos la tranquilidad, en la cama nos apretujaremos como en el panal deseando culminar con suspiros la eterna noche fría y constelada controlada de principio a fin por un reloj que sólo obedece a Greenwich.

 

Estrecharemos nuestros pechos

y todo seguirá como de costumbre, excepto el peso del presente que arruinó el pacto que hicimos con el cielo. Ahora, después de nuestra traición, lejos de nuestro perdido paraíso ya no hay lluvia ni nos duchamos, en su lugar sufrimos la agresión en la piel del oxígeno diluido en microscópicas gotas de aceite reciclado de antiguos girasoles.

 

Esto es el "Paraíso de la Ciencia"

Aunque algo hemos ganado: Poetas, viejos criminales y millonarios ya somos todos iguales. ¿Acaso nos preocupamos

durante miles de años de crear otra cosa?

 

Sólo nos queda

seguir pintando cuadros, imaginando música que se desprende de paredes, tuberías y máquinas. Escribir al fin y al cabo sencillos poemas para amar y ser amados.

 

                                                                      Elisa R. Bach

MAIL A UNA ASTRONAUTA ( www.homeo-psycho.de )

                                Acimut de Venus en Junio (123º)

 

38. MAIL A UNA ASTRONAUTA

 

Me entreno diariamente

porque no estoy preparado para escuchar cantos ajenos o ver el contorno de las cosas ¿Acaso percibo mejor la sombra, que los buques en el horizonte?

 

El reflejo del azul

en el espacio exterior recuerda las superficies marinas agitadas y encrespadas por el viento de junio. Demasiada luz sobre tus ojos desprotegidos por el abandono de nubes, demasiada claridad sobre los míos acariciados por diminutas gotas de mar.

 

En tu rumbo

hacia el Ápex tomas suavemente estrellas que vas poniendo sobre el mástil más alto de tus poemas. A tu paso claros de belleza y desperdicios estratosféricos se inclinan y te reconocen porque habitas y reinas desde un diminuto espacio donde se confunde el horizonte con las nebulosas del azimut del mayor de los corazones.

 

Tu refugio es tu nave

preparada para guarecerse durante las tormentas de minúsculos meteoritos. Y aunque no soy hombre de mar me gustaría tener el privilegio de navegar tranquilamente sobre tus lágrimas.

 

             Manual de la Soledad

                      Leo P. Hermes