9 oct. 2014

el azul cobalto de los cielos limpios de Canarias existe

LOS POLÍTICOS EXISTEN,

PORQUE SIEMPRE FLOTAN

 

Las cosas y las ideas existen

y por alguna razón me veo obligado a repetir que el amarillo-cadmio del sol, el amarillo-selenio de los huevos fritos y el ocre de los bosques caducifolios se muestran con fuerza.

 

Existen en fin, cosas

como el BRG (British Racing Green) la tonalidad verde de los coches de carreras británicos y

 

el azul cobalto

de los cielos limpios de Canarias.

 

El hormigueo

por falta de un buen riego sanguíneo como en una isquemia avanzada en la que lo habitual es la claudicación intermitente, y,

 

la ansiedad

por hallar un gas energético -el gas esquisto- un tesoro del que la casta madrileña de políticos de corazones endurecidos lo espera todo.

 

¡Políticos!

 

¡Qué bendición sería

que nadie los necesitara!

 

                                                           Johann R. Bach

Suavemente intentaba apartar a aquel diminuto ser con la punta del bolígrafo,

          LOS  ESPEJOS  DE  GEORGINA

 

Cuando me trasladé

a casa de Georgina quedé presa como una libélula del aura de los espejos que en ella encontré. Allí todo es un espejo que invade tus ojos, se empeña –te obstinas- en asediar la imagen imprevista.

 

Allí no sólo el agua,

el metal terso, la página blanca, la piedra que conforma sus estatuas, sino también sus manos que imponen su orden en las cosas, la fuga del tiempo y su retorno, siempre imprevisto, el miedo a los pasos que van negando los caminos.

 

Hoy mismo, después de contemplar el espejo,

colgado a mi altura, no para verme sino para buscarla a ella cuando no está en casa, me he estado fijando en las dos luces iguales que presiden su superficie intachable, de la que he logrado desterrar pared y cortinas;

 

y, en mi mente han aparecido

las líneas de un paisaje sin sueño; el aire mismo se ha prestado al olvido de los problemas con mi exmarido.

 

¿Es todavía espejo o es ya fuente?

He tenido la sensación que no quisiera parecerme a alguien que no se atreva a contemplar su propio rostro. He sentido cómo al mirar ese espejo realmente la estaba esperando como un único esfuerzo.

 

Me he puesto a leer

–uno de mis mayores placeres-, y un insecto diminuto se ha parado en el margen de una página, lo aparto sacudiendo la hoja (delicadamente: para no hacerle mal) y casi al instante, de un salto se ha situado allí de nuevo.

 

Parecía como si me invitara

a fijarme en él: era un díptero, todo él de color verde con algunas manchitas amatistas, no doméstico, las alas eran casi triángulos equiláteros que lucían paralelas al papel en que posaba las patitas, me ha recordado a las libélulas.

 

Demasiado abierto,

el cuerpecillo casi tocaba el blanco de la página. Un trazo firme de precioso verde esmeralda, extremadamente sutil, bordeaba las alas transparentes, como celofán cristalino me exhortaban a mirarlas bien para percibirlas mejor, a fijarme en la perfecta simetría de su vivo soporte.

 

Suavemente

intentaba apartar a aquel diminuto ser con la punta del bolígrafo, pero se volvía a instalar tan cerca del libro, sin intentar huir que me pareció que buscaba compañía aunque no fuera yo de su misma especie.

 

He intentado ahuyentarlo

de nuevo con un ligero soplo. Se resistía a marchar. He pensado que era una vida ya sin instinto de conservación, que su final estaba próximo y me he desentendido;

 

hasta sentirla posada

en la parte de mi mano ¡temblor! que yo no veía, la que estaba frente al libro, esperando, toda, el momento de pasar la hoja, la vuelta del tiempo…

 

He continuado leyendo y pasando páginas:

mi escala en el tiempo es otra. Pero nuestros universos son una misma cosa.

 

He vuelto a mirar mi rostro en el espejo, esperando la noche para dar un corto paseo con Georgina.


                                            Johann R. Bach

Estoy dispuesto a rectificar lo que sea si con ello deshago un entuerto.

PASIÓN EN GOOGLE, EN PÚBLICO

 

MAIL A UNA ESCRITORA DESESPERANZADA

 

Nadie me lee. Me pregunto por qué.

Unos le echan la culpa a la crisis y quizá tengan razón porque yo siempre he estado en crisis.

 

No me quejo porque nadie

me haya recibido con los brazos abiertos ni porque los bancos no quisieron jamás darme un crédito con garantía hipotecaria.

 

Quise ser como todos. Fracasé.

No tuve más remedio que escribir para no volverme loco. Durante muchos años, es cierto, sentí desafección -la palabra más educada que sale de la punta de mi bolígrafo- y mi alma sólo se alimentaba de libros que cogía entre los que un sabio aburrido lanzaba.

 

Al principio escribía pequeñas anécdotas

que, a modo de requiebro o chiste, llamaban a la risa, después la cosa se puso seria cuando oí decir que sólo a los pobres les daba por ser poetas.

 

Me llamaban pobre poeta

cuando en realidad yo nunca fui pobre.

 

Lo puse por escrito:

yo no era ni pobre ni agresivo.

 

A medida que iba escribiendo

las chicas se apartaban de mí por lo de pobre porque muchísimas mujeres le tienen pánico a la pobreza. Yo les decía: ¡soy rico! Sí sí soy rico y ellas huían despavoridas nada más empezar a explicarles mis bienes:

 

Tengo dos manos llenas de dedos,

unos pies delicados como la porcelana y unos pétalos deseando formar pareja con los tuyos, tengo una cabeza desprovista de dolores, unas pestañas que me sirven para peinar la lluvia y un corazón dispuesto a entregarse.

 

Ellas respondían

que además de pobre estaba loco. Aunque eso no me enfadaba, sí me entristecía. Nunca comprendí cómo una bebida hecha de una planta llamada zarzaparrilla podía ser la chispa de la vida.

 

Claro que el catecismo tampoco lo entendía

y no pasaba nada.

 

Después de más de cincuenta años

parece que la cosa ha cambiado para algunos (entre los que me cuento yo) porque poco a poco nos fueron buscando porque sabíamos escribir sin faltas de ortografía: periódicos, bibliotecas, editoriales solicitaban nuestros servicios como correctores.

 

Nos pagaban a tanto la hora,

es decir en negro, sin vacaciones, sin pagas extras, sin seguridad social, etc. etc. Viví durante unos cuantos años en el auténtico paraíso.

 

Hasta llegaron a enviarme al "extranjero"

como corresponsal. Aquello era la leche: además de los gastos pagados aprendía otro idioma.

 

Nadie me lee. No me quejo.

 

Tú, que eres una persona

que intenta comprenderme –seguramente porque me necesitas- insistes en preguntarme ¿de qué vivo? ¿Por qué rechazo las ayudas sociales si nadie lee mis poemas?

 

Cansado de argumentar

me sube a la cara un calor que no es enfado, es una mezcla de rabia e incomprensión y

 

mis venas en las sienes

toman el tamaño de mi dedo meñique. De mis fauces secas de vino sale entonces el monólogo que subiré al Blog en Google:

 

Aunque sólo una persona

como tú,mi amor, me leyera, me daría por satisfecho, dando por válida toda mi actividad de años. He escrito varias novelas de contenidos profundos que no las lee más que alguna persona despistada.

 

A veces las releo yo mismo

y no siento la necesidad de cambiar un ápice lo que escribí. No importa que te lean muchos o pocos.

 

Quizá sea aún demasiado pronto.

Quién sabe si las cosas serán diferentes dentro de cincuenta años.

 

No eres de los que rectifican –me dices-

y no es así del todo:

 

Estoy dispuesto a rectificar lo que sea

si con ello deshago un entuerto. Pero -insisto- eres tú mi amor una mujer maravillosa, y realmente eres como una Diosa del Amor. Cualquier hombre podría ser feliz a tu lado.

 

No sé nada de ti.

Sólo puedo juzgar por la única foto que has colgado en tu Blog, pero apuesto a que no te fueron bien las matemáticas en el bachillerato.

 

Por lo que leo en tu sonrisa

me aventuro a decir que eres una persona que necesita hacer las cosas por sí misma y te cabreas cuando no te salen bien, porque en cada cosa que haces te pones a prueba a ti misma.

 

Me atrevo a decir que cuando te salen mal

no es porque no puedas hacerlas bien, es porque te precipitas debido a ese carácter explosivo que tienes.

 

Aparentemente eres una persona tranquila

que no pierde los nervios, pero basta que te pongan una fecha, una hora para el vuelo, un día preciso para un examen, etc. para que prepares las cosas con una semana de antelación porque no soportas las prisas de último momento.

 

Tienes un conflicto con el tiempo.

Tu agenda siempre está apretada y crees que no te dará tiempo de hacerlo todo.

 

Eres así mi amor.

Pero al mismo leo en tus mails que eres dulce como tú sola, agradecida hasta el delirio y, permíteme decirte que lo mejor de tu vida aún está por llegar. La fertilidad intelectual de tu pecho aún no ha salido; la otra la de la maternidad se acabó, es una etapa superada. No estuvo mal el tener tres hijos.

 

Dime que me equivoco,

dime que no deseas que tus escritos triunfen, que tus lectores te deseen incluso sexualmente, dime que me equivoco cuando sospecho que sale fuego de tus labios,

 

dime que me equivoco

cuando tus ganas de vivir pueden romper el cielo y tus manos apretarse hasta arrugar las nubes.

 

Dime mi amor, que me equivoco

al creer que sientes la pasión de la rebeldía de tu segunda juventud, la mejor.Dime si me equivoco cuando te digo que tienes dinamita dentro de ti, que tu pasión está punto de estallar junto a tu risa.

 

 Dímelo. Dime que estoy equivocado

y corregiré mi apreciación de que eres una de las más dulces diosas del amor.

 

                                                                                    Johann R. Bach

8 oct. 2014

Han pasado muchos años y casi me había olvidado de la primera vez que vi unos ojos como los tuyos mi amor.

MARTA, LA DE LOS OJOS BONITOS

Te observo mi amor
mientras te peinas y veo que tu rostro sigue siendo hermoso.

Han pasado muchos años
y casi me había olvidado de la primera vez que vi unos ojos como los tuyos mi amor.

Fue en Palma de Mallorca.
Era un rostro como el tuyo cumbre de la belleza. Mirando sus ojos todas las penalidades de este mundo podían hacerse soportables.

Los destellos feroces en el placer
que salían de aquellas pupilas eran capaces de cautivar por sí solos. En la soledad de mi apartamento escribí:

Me abrasa el esplendor de ese rostro
que hoy la vida ha puesto en mi camino,
me abrasa su grata insolencia
y sus dos zafiros demasiado peligrosos
para ser contemplados.

¡Me he sentido tan arrebatado!
¡Oh, hermoso rostro!
De ahora en adelante borro de mi espíritu
a otras mujeres distintas exentas
de ese fulgor envolvente de amor.

Estoy cansado de esas bellezas de celuloide;
Ya no me hará falta ir al cine
para estimular mi imaginación.
He terminado con ellas;
cuanto más las miraba peor me sentía.

En tu frente –como en aquel rostro-
habita el amor, una frente donde el amor juega. Esa frente despejada, que se parece al cielo, a una región hermosísima de cielo:

nívea y suave como el alabastro;
dos mejillas de un rojo bermellón, en las que el amor se aloja. Unos labios de coral,

un santuario de besos,
donde mil flores de cuatro pétalos se muestran, y otros mil besos aguardan

el más dulce lugar
de todos los lugares, dulce flor olorosa, donde miel se puede libar miel.

Melíferas abejas,
¿a qué ir ahora tras el tomillo y los tilos? Venid todas a los labios de mi amada: ella exhala rosas.

Entretanto te observo mi amor
mientras te peinas y veo que tu rostro sigue siendo hermoso. Marta me gustan tus ojos.

                                                                            Johann R. Bach

7 oct. 2014

La suave piel del mar se abrió como una boca engullendo nuestros cuerpos desnudos;

INCESTO

 

Hacia el sol tiende el esfuerzo del vegetal.

Es lo que en la escuela se definía como geotropismo negativo de la parte aérea de las plantas (ahora se le denomina heliotropismo) mientras que

 

el geotropismo positivo

se refería a la dirección en la que trabajan las raíces;

 

el combate persiste

y el calor aumenta la fuerza de la savia;

 

la reverberación de las buganvillas

se volvía cegadora en aquella tarde;

 

capas de aire superpuestas,

de igual densidad, se removían al vaivén de la mecedora en la que descansaba Eolo.

 

Os juro que,

aunque mi garganta pedía calladamente beber cerveza, no había bebido ni una gota de alcohol;

 

aquellas flores fucsia

horadaban mis pupilas con su brillo brutal; fue casi un accidente.

 

Después de varios años

veo de nuevo ahora las circunstancias exactas.

 

Nos habíamos detenido

frente a la solitaria playa de Canet, nuestros pies descalzos acusaban el calor de la ardiente arena.

 

La suave piel del mar

se abrió como una boca engullendo nuestros cuerpos desnudos;

 

saliendo del agua

la reverberación se volvió cegadora; al otro lado de la carretera sólo las flores rojas del nopal vigilaban la moto y parecían olvidarse de nosotros;

 

Mi hermana y yo marchábamos

sobre una alfombra nupcial.

 

                                                           Johann R. Bach

6 oct. 2014

Qué pena que tú, Johann, seas un hombre tan, tan viejo,

  MARTA Y JOHANN VIEJOS AMIGOS


Tu amiga Marta Guillamon
es una excelente critica, la clase más rara de mujer. Es el azote de esos críticos tipo foca amaestrada que, incluso los mejores, me aburren por lo menos las mañanas.

Cuando en una ocasión le oí decir:
"dale a alguien un nombre prestigioso y ya está a medio camino de ser un imbécil" me dije a mí misma: "Esa mujer sabe lo que dice".

No sugiero que Marta no tenga prestigio,
pero toda su vida ha quedado prendida con pinzas de tender la ropa, y como en un limbo marítimo se ha quedado en esa feliz etapa en que la voz de una mujer es más importante que su nombre.

Nadie podría escribir
mejores introducciones que Marta. Casi todos los críticos sueñan con en hacer una buena aparición ante su público admirador. Marta Guillamon se ocupa de los libros que ha de editar y al diablo con todo lo demás.

No se expresó mal
sobre la dramaturgia en el poema que tú escribiste el otro día "Marta Guillamon ya no va al teatro". Por supuesto en  muchos aspectos de sus monólogos tiene razón, como casi siempre.

Es más difícil escribir teatro,
es un trabajo más duro, no tengo dudas de ello, aunque yo nunca lo he intentado siquiera.

El guión de una obra de teatro
puede exigir un uso más exhaustivo del talento, una tarea mejor hecha de detalles, un mejor oído para el habla de cierta clase de gente, pero en general, es mucho más superficial.

Toma Johann, cualquier obra teatral buena,
pero no grande, y ponla en forma de ficción y te quedará algo muy liviano…

Qué pena que tú, Johann,
seas un hombre tan, tan viejo, de setenta y siete años. Qué pena que muchas mujeres como yo sientan simpatía por ti. Es una mala época.

Sí sí, ya sé que tú dices que no eres viejo,
que sólo estás un poco gastado, pero si por lo menos fueras un hombre de mediana edad.

Los jóvenes te ven viejo e insípido,
los viejos saben que no eres viejo, que sólo tu piel está quemada y tus ojos brillan como púlsares en la noche, te tienen envidia, quisieran ver en ti a un gordo fatuo codicioso,

quisieran veros convertidos
a ti y a tu amiga Marta en una presa de banqueros y cobradores de impuestos y sin embargo ahí estáis tan frescos, escribiendo poemas y diciendo lo que os viene en gana sobre la pintura, la música o el teatro.

                                                                                   Johann R. Bach

COMENTARIO DE PATRICIA (Pontevedra)

Quién osa decir que eres un viejo? ....
Ese que no conoce lo que tu haces y eres capaz de hacer. Le das mil vueltas a cualquiera de los de mediana edad, y más jovenes . No puedo opinar de Marta porque no la conozco pero es simpática y con encanto.
Pero tú Johann eres sabio , bello y no viejo. Con un alma que me envolvería incluso a mí.

Capaz de amar, crear, ayudar, y recorrer mundo sin quejarte. ¿Y quieres más? Te sobra tiempo para crear prosa, y te falta tiempo para crear lo increíble. Tienes sed de saber y todo es poco. Tienes hambre por abarcar lo máximo que puedas de la vida, incluso sacas tiempo para la muerte....

¿Quién osa decir que eres un viejo ? Ese no te conoce lo suficiente, y debería conocerte para saber si él o la que lo expresa no se verá más viejo a tu lado. 


COMENTARIO DE PILAR DEHESA (México)

Vaya nuestro exterior nuestra cobertura se va gastando y los años no pasan en vano; el interior se va enriqueciendo, va madurando, somos inteligentes o sabios pero siempre vamos a mejor. Una vieja e insípida persona pasa sus años sin aprender, sin conocer, sin enseñar... tu mi querido amigo eres una bella persona por dentro y por fuera te mando ¡¡mil un besos!!

COMENTARIO DE ANA (Buenos Aires)

Gracias mi bello mago por poner paz a mi desasosiego... 

COMENTARIO DE BÁRBARA (Ribadeo)

Al otro lado del tiempo me aguarda tu mirada 
que la distancia no se digna en mostrar.
Al otro lado del tiempo espero y aguardo 
lo que me puedas decir de tu hermoso mar.

COMENTARIO DE LA PROFE DE MATES (A Coruña)

Creo que tus poemas están produciendo en muchas lectoras, entre las que me incluyo, un cambio positivo en sus vidas. Accedemos a unos universos nunca antes imaginados. Mágicos. Considero que tu labor es importante.

5 oct. 2014

como dirían los romanos NEC SPE NEC METUS (sin esperanza ni miedo).

  UN ENCENDIDO EGOISTA

 

Un socio de Marta Guillamon

me llamó "encendido egoísta". Ella, conociéndome a fondo, me miró divertida y nos invitó a tomar un café para que pudiera responder con cierta tranquilidad a esa afirmación.

 

Mientras aquel estadounidense batía

endemoniadamente deprisa su café me dio tiempo a reflexionar mi respuesta.

 

Mire Mr. Smith –comencé mi exposición-, 

durante mucho tiempo me consideré un hombre más bien modesto, pero estoy empezando a creer que Vd. tiene razón, pues

 

todos los escritores parten

de unas premisas egoístas

 

ya que para escribir deben acudir

a su propio corazón y alma y en consecuencia se vuelven introspectivos. Pienso que últimamente he empeorado, porque he recibido demasiados elogios, porque llevo una vida solitaria y porque a partir de ahora,

 

como dirían los romanos

NEC SPE NEC METUS

(sin esperanza ni miedo).

 

De todas formas

déjeme decirle Mr. Smith que para ampliar mi cultura egoísta y apagar mis encendimientos, pienso viajar a "Los Estados Humedecidos de América para be(ver) Chicago".

                                                                              

      Johann R. Bach