9 may. 2015

El cerebro, lleno de minúsculas maquinarias hasta casi estallar

AMAR Y MIRAR LAS ESTRELLAS…
COMO SIEMPRE

Siento que he alcanzado
el anunciado futuro aunque mi instinto y mi temor me ponen en guardia.

¡Cuidado con la anécdota! -me dijo un día mi amor-
¡No es un fractal de un subsistema del Universo!

No son una anécdota –le contesté con voz suave-
las estrellas del mes de mayo…

Cuando se quebró –le dije entre suspiros al oído-
la presa del hombre, aspirada por la gigantesca falla del abandono de lo divino, unas palabras en lontananza,

unas palabras que no querían perderse,
trataron de resistir al exorbitante empujón. Allá se decidió la dinastía de su sentido.

Hoy he corrido
hasta la salida de esta noche postdiluviana. Plantado en el alba temblorosa,

con la cintura llena de estaciones,
te he esperado amor porque sabía que ibas a venir. Te adivinaba detrás de la negrura del horizonte.

Esta noche, como otras de este mes,
he levantado los ojos al cielo y la náusea me ha derrumbado la mandíbula.

Aún oigo alzarse
desde el frescor de mis subterráneos el gemido del placer, murmullo de la mujer entreabierta.

Una ceniza de cactus prehistóricos
hace volar mi desierto en pedazos. Aún soy, sorprendentemente, capaz de morir…

Siento que he alcanzado
el anunciado futuro: el tiempo en que las naciones, sobre el mapa del universo reducido a las imágenes de los GPS,

ya están tan estrechamente interdependientes
como los órganos de un mismo cuerpo, insolidarias en su economía.

El cerebro,
lleno de minúsculas maquinarias hasta casi estallar, ¿puede todavía garantizar la existencia del riachuelo del sueño y evasión?

El hombre,
con paso de sonámbulo, camina hacia las minas criminales, guiado por el canto de los inventores de una diabólica tecnología,

aunque entre la realidad y su planteamiento,
está nuestra vida que magnifica la realidad y esta abyección de chips informáticos destinados a programarnos y

prepararnos para ser injertados en nuestra piel. 

Ya he alcanzado el anunciado futuro 
y sigo mirando las estrellas del mes de mayo, amando apasionadamente y poniendo en camino la inteligencia y la ternura

sin el apoyo de los mapas de un GPS.

                                                                     Johann R. Bach

7 may. 2015

comes y bebes conmigo todas mis simples sopas de letras

AÚN NO TE HE PREGUNTADO SI ERES FELIZ

 

Oye Patricia,

aún no te he preguntado si eres feliz. No sé si se dice en tu mar a las chicas palomita mía –colometa meva en mi idioma-,

 

aún no te he preguntado si eres feliz.

Maravillosa, no haces caso y acudes a mi adoración aquí a este Blog de Google Plus sin que tenga que mentir,

 

estar celoso o ser digno de tu amor,

dispuesta al injerto, te arrimas a mi aguda palabra y te entregas del todo a ella

 

sin que me sienta culpable,

 

comes y bebes conmigo

todas mis simples sopas de letras y vives las agitaciones que iluminas con tu sencillez vidente.

 

Me impresionas,

sin que me sienta mejor de lo que soy, igual que lo sentimos en una fantasía compuesta para ocho violines y dos pianos.

 

Libre, me liberas,

qué más puedo querer, qué más puedo pedir ¡y con todo, esa angustia torturante en mí -ansiedad de querer echar los dados cada día-,

 

esta angustia por alguien

que posiblemente no conoceré jamás!

 

Estando aquí junto a ti Patricia, leyéndome,

es demasiado para un amor de otro mar.

 

                                                             Johann R. Bach


6 may. 2015

¡Qué poco importaba qué hacer o qué encarnar!...


ANTE UN FUTURO INCIERTO

Con azimut cero
el sol permanece a mi espalda como un amigo aunque las placas de grafeno me impiden ver su luz.

Desde esta noche eterna
veo ahí abajo un planeta lleno de mares rodeado por unas lucecitas azules y me veo en mi estudio escribiendo.

¡Qué poco importaba
qué hacer o qué encarnar!... Sin impulso y sin vector afijo por lo menos que me pudiera dar una dirección, un ángulo de despegue,

sin motivo, sin consecuencias,
sin destino allí en un pequeño paquete de metros cúbicos había un ser en su indivisible plenitud…

Aquel ser, fundamentalmente,
vio ternura en cada isla en cada mar.

Desgraciadamente, una vez vista,
la belleza merma, a menos que se repita tanto que también el amor sea pérdida.

No. Desde esta ventana, no.
Desde esta enorme distancia no puedo ver cómo el barrendero apila en pequeños montones la hojarasca y las cáscaras de naranja.

Reflexiono sobre qué sucede
en ese planeta sobre el que orbito por si decidiera volver.

Veo el tiempo en qué viví.
Era un tiempo en el que la agresividad lo regaba todo con vino de estramonio,

un tiempo
en que hasta una lágrima de compasión sabía que era la única que lloraba; años en que se servía chocolate a la ira y ternera al odio.

Aunque también veo
a un niño no mucho mayor que yo que llevaba un zorro disecado alrededor del cuello y

lo dejaba tocar por una moneda.

Veo todavía sus ojos
y sus manos temblorosas y el serrín que se escapaba de la boca del cánido.

Y también veo aquel niño
que recogía el dinero y que, en un momento dado, mientras su padre bebía, se volvía de espaldas y se metía en la boca un bieuro(1).

Ahorraba ante un futuro incierto
porque sus huesos le dolían debido al fuerte crecimiento. Era la vida que se abría paso.

                                                                Johann R. Bach

NOTA (1): Un bieuro moneda de dos euros

5 may. 2015

El romero estaba pisoteado y desnudo,

CAMISAS EMPAPADAS DE SUDOR

 

El sol había ocultado su alegría,

a pesar de que el día había transcurrido envuelto en una cruel niebla y la sangre buscaba el rubor de la aurora.

 

La noche de final del verano

comenzaba a alargar sus sombras.

 

Y aunque el calor había callado,

aquello que no podía oponerse a la vida crecía entre la zarzamora sin importarle los rasguños ni en codos ni rodillas.

 

Después de que nuestros huesos

hubieron tocado tierra, a través de nuestros rostros derrumbándose, no acabó nada amor mío.

 

Lo que nosotros flotar vimos,

con un placer que rozaba el dolor estaba como en un nido y nos unían sus ojos en complicidad naciente.

 

El romero estaba pisoteado y desnudo,

y acrecentaba con su aroma la ansiedad de volver a echar los dados antes de que la aurora con sus blanquecinos hilillos de luz

 

descubriera nuestras camisas

empapadas de sudor y gozo.

 

                                                                   Johann R. Bach



4 may. 2015

Re: Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro
bajo la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas de la cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde las Islas una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

Es la revolución de Orión nuevamente entre nosotros.


CUCHICHEOS ENTRE ESTRELLAS

La tierra quemada vuelve a ser fértil
gracias al magnesio que, en presencia de la Amazona de Platino, reconstituye la clorofila por más que un hierro la siga hiriendo:

Vuelve la colaboración
de las sangres fundamentales: la clorofila y la hemoglobina -el verde y el rojo-, el magnesio y el hierro bajo

la mirada atenta de la Jueza de Platino,
asistida por sus secretarios el aluminio y el cobre.

En los almendros por primavera
chorrea vejez y juventud y de las ascuas dela cosecha la Amazona de Platino extrae la antorcha y

la locura de ver
belleza metálica a su alrededor.

De la misma manera
que el caballo transparente, de ojos vendados como la justicia, de estrecha cabeza ha condenado a su enemigo

la Amazona de Platino de hirientes espuelas
ha dominado a los vientos más severos que los que corren por su voz.

Es la revolución de Orión
nuevamente entre nosotros.

Desde otro mar una hermosa voz pregunta
cómo sé esas cosas. Le respondo lo mismo que te dije a ti Patricia: no he hecho más que escuchar

los cuchicheos entre las estrellas.

                                                            Johann R. Bach

pediría a la noche verdadera disponer de mi sueño


ANOCHE ME DESPERTÉ SUDANDO

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

Tu rostro se deslizaba
sobre la almohada húmeda de saliva a trompicones retrocediendo ante mi aliento.

Mi lengua
no era más que una mancha en búsqueda de la abeja que la haría flor y la endurecería como las valvas de una almeja viva.

Íbamos a separarnos.
Tú te quedarías en la casa de la Colina de los Aromas y yo penetraría en el Jardín del Vacío.

Allí abajo, frente al mar,
la protección de las rocas, en la plenitud del viento de tramontana, pediría a la noche verdadera

disponer de mi sueño
para acrecentar tu felicidad. Y todos los frutos te pertenecerían.

Anoche me desperté sudando
–de un imposible sueño- con la boca seca y con la sensación de que mi huella, mi existencia se perdían entre el rumor de las olas.

                                                               Johann R. Bach


3 may. 2015

Re: tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente


FINA LLUVIA SOBRE EL PUENTE


En el paseo solitario
de cada mañana me detengo a contemplar la piel del rio.

De todas las mansas aguas
de los días claros, tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente y

reconozco tus ojos:
la vida futura en el fuero íntimo del hombre nuevamente cualificado.

Al fín y al cabo
no se me ocurre algo mejor que cultivar rosas para que caiga sobre el puente la fina lluvia.

                                                              Johann R. Bach