22 sept. 2013

¿No será acaso el vacío, la oscuridad, lo que rehuyo?

LOS QUE SE FUERON COMO UN VERANO

¡Oh noche!

 

Tú que me has acompañado

siempre en todas las oscuras pleamares de mi vida ¡Dime! ¿cuánto tiempo falta aún para que ya no haya ni pesadumbre ni obligación. Para que ya me puedas dejar si ya lo sabes?

 

¿Cuántas quedan aún

de esas horas en que tú aliviabas

mi llanto con tu siempre y tu jamás? ¿Cuántas ocasiones me aguardan aún como aquellas en que llorábamos juntos y tus lágrimas agua de vida resbalaban sobre mi rostro?

 

¿Acaso las olvidaste ya?

 

¡Oh noche!

 

Cuando a finales de verano

camines por este paisaje, por estos campos sembrados de vides y olivos, cuando me encuentres ya ante el crepúsculo, no gires tus ojos hacia otra parte. Sigue dándome el reflejo de todos tus astros.

 

A veces me pregunto:

¿no será acaso el vacío, la oscuridad, lo que rehúyo; no sería acaso cada vez más pesada la carga si ya no me quisieras ver?

 

¡Oh noche!

 

Las arrugas, las penas,

profundas en mis rasgos, son también el sueño ligero que arrastro con cicatrices marcadas a fuego, las huellas aquí y allá, las justas que me han tocado en suerte y he soportado gracias a la frescura que me has dado en cada giro de luna amándome.

 

También el verano toca a su fin,

pero las tuyas siempre han sido noches que abrazan el corazón con pesadumbre y obligación para aquellos que nos abandonaron y todavía respiran, con dolores, con palpitantes pérdidas, allí donde  los crepúsculos son ya lejanos.

                                                         Johann R. Bach

 

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