8 feb. 2014

Cuando era niño aún, del palacio paterno lo expulsaron.

De nombre OROFERNES ACTUAL

 

Este que aquí sobre algunos bieuros1veis,

cuyo agraciado y fino rostro no sonríe aunque lo parezca, es Orofernes Actual, hijo del que fuera Conde de los Granados.

 

Cuando era niño aún,

del palacio paterno lo expulsaron. Lo enviaron a Roma su ciudad natal, para que allí creciese en el olvido entre gentes extrañas.

 

Sin temor, igual que un griego auténtico,

tuvo la plenitud del placer de la Noche Romana. Siempre en su corazón latino, más griego en los modales y en la lengua ceceante,

 

ornado de turquesas falsas,

como un helénico vestido, ungido con esencia de lavanda, entre la hermosa juventud de la Ciudad Eterna, el más bello era él, el del busto más perfecto.

 

Cuando los sublevados

limpiaron de pretendientes el camino hacia el trono y le hicieron rey, lanzóse sobre esta realeza para gozar de un modo nuevo cada día, reunir euros, dólares, oro, marfil y plata rapazmente

 

y contemplar envanecido

el orgullo de los elefantes yaciendo a sus pies. De la marcha del país o de su influencia sobre los negocios de sus familiares lo ignoraba todo.

 

Sus súbditos han comenzado

a explicar chistes públicamente que antaño estaban prohibidos so pena de ser acusados, los humoristas que así lo hicieran, del delito de Lesa Majestad.

 

Presionado por la prensa y sus ministros,

pidió perdón con la promesa de no volver a matar elefantes; abandonó por algún tiempo la embriaguez y la lascivia

 

y aún aturdido y con torpeza urdió

algunas intrigas, intentó vagos actos, concibió ciertos planes para salvar a sus familiares de las fauces de una Ciega Justicia.

 

No le quedó más remedio

que emprender la Senda de los Fracasos por la que a cada paso va dejando un lastre de miseria moral.

 

Algún poeta narrará en el futuro

los detalles de su aniquilación o quizá la historia lo desdeñe por insignificante.

 

Habrá que esperar

aún algún tiempo para conocer con exactitud la “crónica de un destino anunciado”: quizá el mismo que su efigie en las monedas.

 

                       Johann R. Bach

 

(1)     Bieuro: moneda de dos euros

Todo estaba a su alcance y, sin embargo, se ahogaba en sus propios versos

            LA POESÍA DE RILKE

 

Lo que te llegó de él –La Pantera-

hace tiempo está pegado al imán de tu corazón y no lo sueltas:

 

“Los poemas no son sensaciones, son experiencias”.

 

Lo que fue llegando después

tuvo que lidiar con intermediarios y sentiste el tirón de lo que se te acumulaba encima, hasta el punto de que tus cimientos, al menos en parte, amenazaban con venirse abajo de un momento a otro

 

ante tanta belleza escondida tras el sufrimiento.

 

La poesía para él -y ahora también para ti-,

entre otras cosas, era dialogar con la palabra libertad, era como escapar por la puerta trasera de la disciplina militar.

 

Pero nunca como en un poema

se percibe que las cosas se parecen a su nombre. De ahí empezaste a sospechar, tal vez, que en libertad las palabras tienden a caminar hacia aquello que nombran.

 

No todo lo que salía de su alma

te gustó, pero se lo perdonabas por ser humano. Entre las cosas que más te molestaron de su etapa sonetista fue esa soberbia de gran maestro que busca el jaque mate en catorce jugadas planificadas en cuartetos y tercetos encadenados.

 

A ti no te apetece que el poema se rinda

antes de tiempo, tirando su rey, a fin de arruinar ese gran final  que hace relamerse al autor sin darse cuenta que ha construido los barrotes con forjadas rimas y lo condena a ser prisionero de su talento.

 

Todo estaba a su alcance,

y sin embargo, se ahogaba en sus propios versos. Demasiado pronto olvidó Rilke aquel verso, lleno de amor, que le escribió a la Dama de sus Sueños –Lou Andreas Salomé-:

 

“sólo tú eres real”

                                                                   Johann R. Bach

Encendió las dos velas que adornaban la mesa

RESURGIR COMO LA ESPUMA

 

Aquel día cumplía los cincuenta.

Al salir del baño, se había envuelto en un albornoz de suave rizo del que solamente sobresalían las piernas y las manos.

 

Del armario de cristal,

tomó el pulverizador y roció sus cabellos -llenos ya de canas teñidas de rojo- con fluido y aromático aceite.

 

El suave cepillo de color ambar

dividió la sedosa masa en largos filamentos color naranja semejantes a los surcos que, sirviéndose de un tenedor, traza el alegre pastelero en la mermelada de albaricoque.

 

Dejó descansar el cepillo y,

tomando con delicadeza el cortaúñas, recortó los extremos de sus párpados mate, para dar misterio a su mirada.

 

Tenía que hacerlo a menudo,

pues volvían a crecer enseguida.

 

Encendió la lucecita

del espejo de aumento y se acercó para ver el estado de su epidermis. Alrededor de las aletas de la nariz sobresalían los huecos de antiguos comedones formando así la llamada piel de naranja.

 

Se quitó el albornoz

y se pasó la beta que hacía las veces de cinturón y se la pasó entre los dedos de los pies para absorber los últimos restos de humedad pues era propensa al hogo “pie de atleta”.

 

En el espejo podía verse

a quién se parecía: en su amplia boca a Sofía Loren, en sus ojos una presentadora de informativos de la televisión, pues su cara era redonda, las orejas pequeñas como las de las

 

personas que envejecen lentamente,

la nariz recta como la de Nefertiti y la tez dorada por los baños de sol. Su sonrisa era como la de un bebé y

 

el hoyuelo de la hermosura

daba a su barbilla un toque de fortaleza y voluntariedad.

 

Era alta y de piernas largas,

lo que unido a una cierta simpatía madurada durante años por un esfuerzo de empatía le daba un aire agradable a las mujeres y cierto temor a los hombres.

 

En efecto, a las chicas les hablaba con dulzura,

y a los chicos con alegría aunque distante. Casi siempre estaba de buen humor y en sus horas libres leía y leía…

 

Se vistió con un traje azul marino:

el pantalón marcaba casi excesivamente sus glúteos pero ceñia elegantemente sus tobillos y sus zapatos rojos hacían juego con su cabello.

 

Se dirigió al comedor

para ultimar los preparativos para la cena. Miró el reloj y vio que sólo faltaban diez minutos para que su invitada amiga llegase.

 

Encendió las dos velas que adornaban la mesa,

 

puso una suave música de jazz

que ayudara a soportar aquellos larguísimos minutos que se habían de consumir antes de que comenzase una nueva etapa de su vida.

 

                                                          Johann R. Bach

 

7 feb. 2014

El desastre del Katrina no estaba previsto como final;

UN FINAL PARA CADA POEMA

 

Sí. Todo eran risas

cuando en broma decíamos que lo más importante en la vida era emitir juicios “a priori” sobre todas las cosas.

 

En momentos

en que el comunismo volvía a recorrer Europa y Asia disfrutábamos recordando a aquellos que filosofaban en la Facultad que las masas estaban equivocadas y que los individuos siempre tenían razón.

 

“Hay que abstenerse –les decíamos-

de deducir normas de conducta al respecto, pues no necesitan ser formuladas para que alguien las siga”. Jajaja

 

“Sólo dos cosas –nos decíamos- son importantes:

el amor, en todas su formas, con chicas bonitas y la música de New Orleans o de Duke Ellington”.

 

“El resto debería desaparecer –reíamos-

pues el resto es feo. Y los pocos años de demostración que siguieron a aquel tiempo cobraron toda su fuerza del hecho de que

 

la historia es enteramente auténtica,

puesto que la habíamos imaginado de cabo a rabo excepto el final.

 

El desastre del Katrina no estaba previsto como final;

como tampoco lo estaba que una apasionante historia de amor terminaría con la devolución –cincuenta años más tarde- de

 

un par de gemelos de oro blanco

como un final inesperado de un poema.
 
                                                           Johann R. Bach

Había una capa de lodo sobre sus vulcanizadas botas "Chiruca"

EL REGRESO DEL ASTRONAUTA

 

Parece que fue ayer,

cuando a los talleres de reparación del calzado se les llamaba “rápidos” y los escolares aprendían de memoria la tabla de multiplicar.

 

Como en un tiempo

en que los amaneceres negros y lluviosos no eran una escena soñada aunque en ellos se solapaban sueños anteriores,

 

una infancia remota crecía

en las calles secundarias con cunetas de estancada oscuridad donde los hombres respiraban algo más que aire: un irrespirable lodo.

 

Parece que fue ayer,

cuando el rojo autobús FH, decorado con la publicidad de las “Pinturas Serving Williams”, entraba en la Calle Amilcar y cambiaba de sentido en la Plaza Catalana y

 

bajo la mirada atrás

hacia la excavada oscuridad de un desagüe por donde, en la desembocadura, una ancha vía cloacal brillaba con la alegre velocidad y movimiento de la vida iluminada por el sol al parar de llover.

 

Pero alrededor todo estaba en descomposición;

y los trabajadores de la granja eran aquellas escamosas, fosforescentes criaturas que la penumbra y la putrefacción de los excrementos de las gallinas engendraban.

 

Hombrecillos, mal enfundados en sus monos azules

y honesta pobreza se apresuraban por la acera, airosos, para no perder el autobús.

 

Había una delgada capa de lodo

sobre sus vulcanizadas botas “Chiruca”.

 

Luego estaban los ojos de las mujeres trabajadoras

de aquella granja ataludada hacia la avenida principal -“Virgen de Montserrat”-

 

con su fuerte brillo que sólo era superficial.

Ellas miraban con perspicacia, pero de un modo vidrioso y superficial a causa de sus cortas noches,

 

captando de los objetos

que las rodeaban no más que la huella del atardecer de aquellas oscuras y estrechas calles

 

donde yo una vez viví en sus márgenes.

 

                                                               Johann R. Bach

6 feb. 2014

En la multitud del mercado todos se enzarzan en una batalla de futuros subjuntivos...

EL ACOSO DEL TIEMPO

 

El tiempo tiene hambre de ti

-lo sabes bien-  quiere consumirte y vaciarte de todo cuanto puedas tener de valioso:

 

envidia tu cuerpo,

la materia donde tiene asiento el recuerdo que te permite ir y venir por las calles de los años con secreta libertad.

 

Eso te obliga

a vivir con disimulo, perdida entre la multitud, a un palmo de ella, evitando que el tiempo te advierta, para que pase de largo y sin embargo se deje ver ante ti:

 

sus testigos,

sus observadores, sus escribas. Aunque nadie te haya confirmado en tu puesto, y precisamente porque nadie lo ha hecho.

 

En la multitud

del mercado todos se enzarzan en una batalla de futuros subjuntivos -por si hubiere lugar…- mientras que en tu mundo surge una necesidad, al modo oriental, de hallar consuelo en los detalles más nimios;

 

acaso sean ellos

los únicos que permanecen incontaminados, sin expandirse, a lo largo del tiempo. Observas que alguien se aferra a lo inútil y encuentra consuelo.

 

Pero también:

la utilidad es adictiva; muchas cosas están a tu alcance y sin embargo pudieran ahogarte de asirte a ellas. Sigue nadando entre los restos del naufragio pues tu tabla de náufrago aún está por llegar.

 

Los que ahora buscan

tu afecto tienen que abrirse paso sin piedad entre acumulaciones de materia inerte, entre trizas de alimentos fermentados de aves y mamíferos abandonados, ir directamente al hueso, la médula.
 

                                                       Johann R. Bach

 

Cuando... ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos...

    AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.
 

                                                             Johann R. Bach

 

5 feb. 2014

El simbolismo del amarillo en las flores y en las arañas

AÑORANDO EL DIA DE SAN JUAN

 

En nuestro mar

si el día de la Candelaria ríe el invierno aún vive. Y hoy 4 de febrero de 2014, en los campos se respira la fragancia de las raíces y el moho,

 

ningún frescor a salvo fluye

por esos humildes arroyos cuya fuente es la tierra, la tierra y no nuestros sueños;

 

cerrados están los ojos del paraíso,

pero no pueden del todo matar los colores del mundo hibernal: los almendros han tendido al sol sus flores.

 

El aire

que baja de las nevadas cumbres corta la piel, la mar parece una piscina y brilla como un diamante bajo un melancólico cielo.

 

Gris es ese aire

y silencioso como la calma abismal de la mar. Un solitario pájaro canta desde el lejano tiempo y desde otras ramas; mas ese evocador silencio duerme, inmutable.

 

No hay cura para tanta belleza.

 

Sin embargo, añoro el día de San Juan,

el más largo y rezagado día que el tiemplo ensambla entre dos sueños.

 

Es un día para madrugar,

salir a recorrer los caminos y recoger de sus márgenes las flores de la hierba de San Juan y ver cómo

 

una araña con rayas

parecidas a la tinta china amarilla huye, mancha tras mancha, por el inmaculado día.

 

Por la noche,

después de haber puesto a macerar las flores en aceite de oliva prensado en frío las hogueras encenderán el cielo hasta el amanecer.

 

El día de San Juan –añorado- es,

sin duda, el más optimista del año.

 

                                                                     Johann R. Bach

4 feb. 2014

El viento que barre las calles de la ciudad y eriza tu pelo y el mío al saberlo.

OIGO LAS TORMENTAS DE TU MAR

 

Oigo el parte meteorológico

y las noticias -en la pequeña radio verde de mi estudio- de lo que acontece en tu mar y te imagino ahí como una diosa del amor:

 

El viento quemándote la piel,

enzarzado entre los cabellos, dentro de la boca, en las narinas.

 

Los ojos llenos de viento

ocultando en parte la espuma que vuela. El viento que pasa atemorizando los tejados de las casas,

 

las ventanas, las puertas,

deslizándose por los quicios; entre los barrotes de los balcones y las grietas, silbando por las callejuelas estrechas.

 

El viento que barre las calles

de la ciudad y eriza tu pelo y el mío al saberlo. El viento que penetra los cuerpos.

 

Y tú y yo

caminando contra el viento en mares diferentes.

 

                                                             Johann R. Bach

Si pudiera...

¿EXISTENCIALISMO POSITIVO?

 

Si pudiera…

Si pudiera adueñarme de esos milagros

que me rodean.

 

Como un ángel puro,

considerando el color y la forma,

curtirme para propagarme con furia

en una llama de piedra labrada,

 

derramar mi amor sobre tu pecho

como la luz del sol, dorado y cálido

sobre las flores del mediodía,

 

celebrar la canción de los pájaros

entre las ramas,

susurrar la caída de la lluvia,

 

más allá de cualquier pensamiento,

acción pasada y pasadas palabras,

 

viviría en la belleza,

libre de mí mismo y del dolor.

 

Si pudiera…

 

                                                             Johann R. Bach

Voy a estar muy ocupado en los próximos años en hacerme millonario.

CÓMO HACERSE RICO

 

Los escasos habitantes de las islas,

rehuían la presencia del aquel Homero de playas atlánticas y detestaban su conversación y sus ideas. En realidad lo que detestaban -lo execrable en él- era la vejez.

 

Hasta en aquel paradisíaco lugar,

con acantilados llenos de gaviotas, con bosques de tranquilos pinos piñoneros lanzando al aire su aroma de trementina, crecía la ambición y la ceguera humana de querer ser rico.

 

Aquel viejo poeta se apartaba de todos,

paseaba por las playas, se refrescaba y bebía en las milagrosas fuentes de agua dulce, se sentaba a la sombra de las rocas quitándose su sombrero de paja toquilla,

 

con su doble parpadeo

cosía el cielo al horizonte, sacaba su cuaderno de viajero trasnochado y, bolígrafo en mano, describía los regalos de la naturaleza con una caligrafía tan bonita como antigua.

 

Los elementos de las Islas Cíes son –decía-

un conjunto parecido a una tela preciosa en donde se han bordado unas nubes y en el que innumerables estrellas, apremiadas por no se sabe qué razón, parece que vuelan: aparecen y desaparecen.

 

A menudo paseaba junto a la laguna

de las Islas observando cómo en sus aguas, en una marea con un retraso de seis horas, se iban dibujando unas pequeñas ondas bañadas de luz reflejo de las olas del mar.

 

Imaginaba

que bajo aquellas mismas aguas de la laguna circulaban, en grupo como en medio de un espacio refugio, unos peces delicados y errabundos.

 

De vez en cuando alguien piadoso

se le acercaba y con cautela escuchaba su aparente inconexa conversación. Ante la pregunta sobre su soledad, respondía que los que se sentían solos eran los que se le acercaban.

 

“Algunos quieren oír de mis labios –solía decir-

los secretos de la vida, los secretos para amarrar a la diosa Fortuna o para conjurarse con ella a fin de compartir con ella el Beneficio”.

 

“No les importan mis gritos o mis lamentos,

ni que los pinos locos con raíces como dedos temblorosos apunten al silencio mi destino cercano”. “Preguntan directa y descaradamente qué deben hacer para ganar dinero”.

 

“De nada sirve decirles que miren las olas del mar

ahora que la sal de su sangreendurece el olvido, más salado, del mar. Ni qué decir sobre el comentario sobre los olvidados huesos, sucios, en los que crece el verdor anónimo”. No pueden ver cómo el agua emite llamaradas de plata y mucho menos comprender que mis días transcurren así, como las suaves mareas de la laguna.

 

Insisten y repiten la pregunta

¿Qué hay que hacer para obtener beneficio?

 

El viejo escritor

-continuando con su aparente incoherencia- respondía con voz grave que las magras arañas grises vienen y van y vienen; en la maraña de sombríos arbustos, y, que el canto solitario, apretado, invisible del autillo fecunda el pensamiento con el rumor furioso del viento.

 

Haciendo oídos sordos

las gentes volvían a preguntarle ¿Qué hacer para obtener dinero?

 

Cansado ya el viejo

de una conversación incómoda, comenzaba a ceder. Bien, bien, os lo voy a explicar:

 

“Todo aquel que quiera ser rico

tiene que pasar por dos fases: la primera consiste en tomar la decisión de hacerse rico. Para ello habrá de invitar (pagando la cuenta) a cenar a todos los amigos y cuando éstos tengan algo ya subido el vino a sus rostros les echará la siguiente arenga:

 

Amigos míos,

a partir de ahora nos veremos muy poco. Difícilmente volveremos a tener una cena llena de alegría como ésta. No es que ya no os quiera, sino que voy a estar muy ocupado en los próximos años en hacerme millonario. Así que os deseo a todos salud y felicidad.

 

Después de desvelar la primera parte del secreto

el viejo sabiose mantenía en silencio como si no pudiera desprenderse de una larga pausa, con los labios prietos, iba contando los segundos en que tardaría en llegar la siguiente pregunta:

 

¡Dínos ya en que consiste la segunda parte!

le decían,impacientemente,los ansiosos por conocer los secretos del cómo definitivamente podían hacerse ricos.

 

El viejo, con lástima infinita en sus ojos

les contestó: “La segunda parte sólo la explicaré a aquellos que hayan osado realizar la primera parte: pagar a todos los amigos una cena”.

 

Para osar triunfar,

hay que osar saltar las dificultades, cortar de cuajo el nudo gordiano de la indecisión”. 

                                                                    Johann R. Bach