17 abr. 2015

sus elásticos huesos son astros que han caído, recientemente, hace tan sólo unos miles de noches,

SIGAMOS MIRANDO LOS CIELOS

 

Mira a esa amazona de ojos brillantes.

Parece que juega con sus propios huesos como niñas haciendo ejercicios en la barra fija.

 

Me pregunto qué pensará,

cómo es la proyección de su sombra sobre el futuro. Quizá crea que sus elásticos huesos son astros que han caído, recientemente, hace tan sólo unos miles de noches,

 

que quizá cayeron de tanto girar

y provocar mareas en todos los mares.

 

Entretanto la miramos

desde varios ángulos e inventamos el caos. Enloquecidos ante su piel platinada comienzo a nombrar las cosas,

 

intento poner orden

en un sistema de por sí desordenado a pesar de que sé que me lo prohíbe la Segunda Ley de la Termodinámica.

 

Una simple mariposa

con alas tan finas como si fueran de celofán se posa sobre su hombro y con su leve aleteo mueve el universo,

 

las nubes sobre nuestras cabezas

buscando hacerse entender con el viejo lenguaje de la lluvia, pero esta vez, en otro espacio

 

un mundo especialmente hecho para ti;

y, esta vez no dejes de abrazarme durante la noche.

 

Ven mi amor,

sigamos mirando los cielos.

 

                                               Johann R. Bach


Sólo con su mirada ya ha escrito su primer poema;

NO ES UN ESPEJISMO

 

No es un espejismo.

Alguien diría que es como una reencarnación: sin arrugas horizontales en la frente y

 

unos labios carnosos

como los de una incipiente escrófula mira fijamente todo aquello que dejó:

 

la casa sigue en su sitio

y en la ventana esperando su regreso su fiel compañero que al verla bajar del taxi sonríe y sus ojos brillan como antaño,

 

las nubes han caído de su paraíso

y el mundo ha tropezado con ellas y todo parece como si fuera a salirse de su órbita para

 

ser el sol de otra galaxia.

 

Ha vuelto La Dama de sus Sueños,

con una canción en los labios, con el cerebro limpio, con el amor de niño en los ojos, con la paz entre las manos.

 

En su bolso lleva ligereza

como palabras yuxtapuestas preparadas para pintar un poema que no se llame poema y que viva en otro lenguaje

 

un lenguaje dispuesto

a inventar animales, cometas, árboles y música.

 

Después de cinco años en coma ha vuelto.

Su sonrisa se halla de nuevo invadiendo el jardín que apenas podía resistir su ausencia.

 

Sólo con su mirada

ya ha escrito su primer poema; ha juntado todos los árboles y flores del jardín y los ha depositado junto al muro en una sola imagen:

 

El primer poema visual

de la tierra florida.

 

                                                                                            Johann R. Bach

 

No sé cuánto va a durar esta noche tan tuya

HABITAS DONDE ESCRIBO

 

Sé que estás ahí Patricia.

Noto cómo tus ojos lanzan hilillos de luz para atrapar algún verso de esos que te escribo para que tú lo habites.

 

Escucho las notas musicales

que parten de tu pecho mientras escribo. Es una música sin palabras aún y siento como si estuviera en un libro distinto del que leo.

 

No sé cuánto va a durar esta noche tan tuya

pero sé que habitas donde escribo

 

y me alegra que pienses en mí

como yo lo hago en tus labios de mercurio. Me satisface tu retorno al amanecer  que

 

se esconde bajo la orilla de otro mar

como bajo tierra lo hace el sol desde mi ocaso.

 

                                                              Johann R. Bach



15 abr. 2015

Eran tan sólo las tres de la mañana y nadie hacía el mínimo gesto para marcharse a casa.

EL MONÓLOGO DE PALMIRA 

 

Bajo una dulce música de jazz,

estábamos todas estiradas en el suelo hablando unas con otras. Eran tan sólo las tres de la mañana y nadie hacía el mínimo gesto para marcharse a casa.

 

Estábamos tan bien

que queríamos detener el tiempo, evitar un final. Fui al lavabo y me arreglé un poco y al volver las encontré a todas haciendo un corro sentadas y escuchando lo que decía Palmira. 

 

Ignoraba de qué iba el asunto,

pero ni loca iba a perderme aquello. Me senté tras la espalda de Anaïs y me dispuse a escuchar como las demás. Hablaban de poesía…

 

EL MONÓLOGO DE PALMIRA

 

"…Aunque desde el bachillerato

yo había leído la poesía con la certeza de que era una manera de escribir distinta a todas y que no podía usarse como la prosa de las novelas o la de los libros de estudio (aunque tenía una imprecisa afinidad con los rezos religiosos),

 

creo que mi primera noción

concreta de la poesía en tanto que actividad soberana y sin relación con la experiencia inmediata se produjo cuando tropecé con Rilke.

 

Los poemas de Rilke me impresionaron,

pero más aún la convicción inmediata de que aquellos versos, aun siendo su origen a veces a partir de una traducción de los clásicos griegos, tenían una fuerza superior a cualquier poeta vivo de los que yo leía entonces.

 

Me preguntaba entonces

¿Cómo podía alguien emocionarse, o cavilar sobre nuestro destino, a partir de las palabras que hace milenios concibió el extraño habitante de un lugar remoto

 

poblado por gente

que se alimentaba de queso de cabra, aceitunas negras e higos y cuya economía, por así llamarla, se sostenía con las incursiones pirata que emprendían durante el verano por el Egeo? ¿Cómo podía seguir siendo actual Sófocles?

 

En realidad la pregunta

estaba mal planteada. No era actual Sófocles sino atemporal, o mejor aún, ahistórico. La poesía es aquello que se escapa de la historia. Más allá de lo inmediato está lo profundo del poema, lo poético, es decir, la materia prima de la poesía, aquello de lo que trata.

 

Llegado a este punto me podríais preguntar entonces

¿de qué tratan los poemas?

 

Yo diría que la poesía

es siempre un homenaje y que si el poema no es un canto, entonces no es un poema. Todas sabéis lo que se siente cuando nuestras voces se elevan hacia el cielo como el vuelo de los pájaros. Pues al leer un poema se ha de sentir ese mismo canto.

 

Recuerdo que las monjas

de mi juventud me paseaban por las clases de las niñas mayores para exhibirme como una exótica futura poetisa cuando en realidad yo lo único que hacía era leer versos en voz alta, pero aquello me permitía pasear la mirada por entre aquellas aburridas colegialas.

 

Y de vez en cuando descubría

entre ellas unos ojos vivos que se clavaban en los míos produciéndome una extraña y agradable sensación en el vientre.

 

Emocionada, desviaba mi mirada

de la suya para evitar los ojos de una niña y alternando la vista entre los versos y la ventana veía un enorme castaño en flor.

 

Yo hubiera jurado

que esa imagen la vi realmente al mirar por la ventana, pero con el tiempo y a medida que iba leyendo poesía me surgió en un momento dado la idea de que aquello fue una imagen virtual de un significado evidente:  el castaño era el símbolo fálico (el sexo masculino deseado por mí en aquellos momentos con fuerza).

 

El árbol crece

y se lanza hacia el cielo impulsado por una potencia inextinguible, explota en el florecer y en el fructificar, danza a la luz del sol como un bailarín colosal.

 

Es como un verso final

que completa el canto: la música que baila el árbol es la potencia del "bios", la música de la vida terrestre. El castaño es la danza de la vida; nosotras somos música viviente.


                                     Johann R. Bach



14 abr. 2015

Hasta este cochambroso barrio de New Orleans llegaste ocultando tu tristeza (bis)

JIM CROW,

BLUES PARA POBRES ALGODONEROS

 

Llegaste tú; sí sí, tú Jim Crow1, a este rincón

del barrio sacudida por el manoseo de las habladurías y la dureza de la vida en los campos del mundo algodonero.

 

Hasta este cochambroso barrio de New Orleans

llegaste ocultando tu tristeza (bis)

 

Las palmas bajo la nuca

y el pelo desparramado agreste como barba de perro komondor mirándolo todo con simpleza y admiración.

 

"Cómo se ve

que tú eres letrista de canciones" sólo un modesto letrista.

 

le decías

a tu amigo protector a media voz en la tiniebla de un cuarto con olor a ginebra y flores de plástico de todos los colores.

 

En las paredes, vigilando alegres,

no podían faltar claro está carteles de Lee Conley, Benny Carter, Duke Ellintong, Dizzy, Lionel Hampton, los clásicos del jazz y los otros, los Mozart y los Beethoven de siempre.

 

En fin todo eso

que a uno, aún no habiendo aprendido a sentir, sí le parece lo único verdaderamente pulcro, adecuado,

 

lo único verdaderamente pulcro, adecuado,

para evadir la brutalidad de los sucesos. (bis)

 

Tu amigo parecía estar lejos,

triste, tratando de animar falazmente la cansada sangre en las venas y tú, una "Jim Crow", ancha casi tapando la cama

 

funcionando soberbiamente

con lo que se podría llamar tu belleza o sea "tu verdad" una cosa hecha de calor-destreza-y-fuerza de voluntad

 

un desbordamiento

como una yegua con sus patas traseras bien abiertas que se vuelven plateadas y empiezan a brillar

 

en un tintineo de luces inestable

colándose por una rendija de luz en la persiana que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez de avena…

 

y, todo,

todo perdiendo la certeza y la eternidad como si la luz estuviera de veras inventando una forma nueva.

 

En fin todo eso

que a uno, aún no habiendo aprendido a sentir, sí le parece lo único verdaderamente pulcro, adecuado,

 

lo único verdaderamente pulcro, adecuado,

para evadir la brutalidad de los sucesos. (bis)

 

                                                                 Johann R. Bach

 

1)      Sinónimo racista de persona pobre


¿Qué puedes esperar de mí? Si eres lista aléjate de mí. Ni siquiera tengo el engreimiento de creer que mi conversación valga una birra.

BLUES PARA LAURA

 

Si eres lista, Laura, aléjate de mí.

¡Aléjate de mí! ¡Lo más lejos que puedas!

Si eres inteligente

no permanezcas junto a mí, pero si a pesar de todo prefieres una vida llena de percances

 

entonces coge mi mano y no la sueltes.

 

¡Mira! Todos parecen divertirse;

beben cerveza y fuman porros liados con maquinilla, sin embargo a mí todo eso no me dice nada:

 

No sé divertirme como ellos.

En mi país no hacía otra cosa que pasear por la playa y capturar pequeñas gambas y arañas de mar olvidadas por la marea en su retirada.

 

He ido a la oficina de desempleo

(aunque en el rótulo pone Oficina de Empleo), he cogido número y he guardado pacientemente en la cola,

 

Han llamado por su nombre a medio mundo,

 

pero ninguna mesa me ha llamado.

A mi lado se han sentado varias personas que ni siquiera me han mirado. Ni mis iguales tienen interés por mí.

 

Sólo un negro me miraba

con sus grandes ojos. Conozco bien esa mirada, quiere que le pague una birra a cambio de unos minutos de conversación.

 

Limpio jardines,

a veces trabajo de camarero y me pagan (en negro) a tres euros la hora porque, aunque comunitario, soy extranjero.

 

¿Qué puedes esperar de mí?

Si eres lista aléjate de mí. Ni siquiera tengo el engreimiento de creer que mi conversación valga una birra.

 

Laura amor, si eres inteligente

no permanezcas junto a mí, pero si a pesar de todo estás dispuesta a llevar  una vida llena de percances, sobresaltos y noches sin sueño

 

entonces coge mi mano y no la sueltes.


                                                            Johann R. Bach


 

 

12 abr. 2015

sus caras asoman desde sus hábitos, como buenos bebés en sus cochecitos.

 

Querida Margarida

 

Me sorprende verme

sobre la cubierta de este Ferry atravesando un apacible lago rumbo a Brienz.

 

Ahora viajo de vuelta

después de una preciosa excursión a la Jungfrau. Todo ha ido de maravilla: el tren cremallera, la visita a la ciudad de Interlaken, preciosa incluso con niebla.

 

Me he olvidado de tal forma del mundo

que el regreso me parece un viaje extraño. Un día, siendo casi una niña, dije que haría este recorrido. No me equivoqué al imaginarme este aire, fresco y húmedo.

 

Allá arriba en la Jungfrau

no reinaba el silencio de los valles. Junto a los silbidos del viento sonaba el ritmo de mis pies, un reloj sin números.

 

Junto a las paredes de la montaña

vi pájaros marrones cuyo nombre desconocía; sobre mi cabeza viajaban nubes de color de cinc y gris plomizo como si me acompañaran en el camino.

 

En un recodo del camino

el agua había arrastrado pequeñas ramas que brillaban rojas como oxidadas.

 

Ha habido un momento

en que parecía que iba a llover, pero pronto una fría ventisca se ha llevado las amenazadoras nubes a otro lado.

 

Tranquiliza saber

Que, en caso de mal tiempo, todo está preparado para pernoctar allá arriba, pues se cierra el tráfico del tren cremallera.

 

De todas formas

no me hubiera gustado que eso pasara. No sé decirlo de otra manera. Una habitación de hotel anónima no se convierte en mi habitación gracias a una contingencia.

 

Viajan conmigo dos libros en la mochila,

mi gorra de beisbol, las gafas oscuras, un fular de seda y las llaves del Wrangler que he dejado en el puerto.

 

A pesar de todo lo que ha sucedido,

nada parece haber sucedido. Este Thünersee es muy viejo y la piel de sus aguas agradecen su origen tectónico.

 

Me gustaría que pasara algo de importancia

para ser explicado, para escribirlo, para hacerte partícipe de una parte de mi vida.

 

Por encima de mi hombro izquierdo

veo a dos monjas sentadas como dos jugadores de ajedrez: sus caras asoman desde sus hábitos, como buenos bebés en sus cochecitos.

 

Sin discriminación el viento les empuja

los manguitos dejando al descubierto sus muñecas. Casi desnudas, veo lo que queda: la santa muñeca cubierta de vello masculino.

 

En mi imaginación,

he visto a esas dos monjas soltándose las botas y de sus sillas de madera ascendiendo sobre esta cubierta gris, sobre la baranda de hierro, inclinando a un lado sus cabezas rosas, con las bocas abiertas y redondas,

 

respirando juntas como peces:

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Cantando sin sonido.

 

Vuelvo a casa sin haber visto milagros,

sin rabia o inusual esperanza, que se ha vuelto áspera y arrugada por la edad incurable.

 

Tengo sobre mis párpados superiores,

las mismas bolsas de agua. Siguen siendo mis ojos: las letras naranjas que dicen INTERLAKEN en el salvavidas colgado junto a mis rodillas;

 

El bote salvavidas

color siena envuelto en su sucia funda de lona; la borrosa señal en su depósito que dice STEP VERBOTEN.

 

Todo en orden,

me digo a mí misma: sobreviviré.

 

                                                                   Johann R. Bach

 

amar con la mirada aquello que te es inalcanzable.

VIAJE A LA ANTÁRTIDA

 

Sabes bien

que no has decepcionado del todo

a aquella joven que fuiste: muchos de sus sueños, inquietudes, aspiraciones se convirtieron en excrementos para olvidar en el estercolero, pero

 

del impulso inicial aún te quedan fuerzas.

 

De no ser así,

no hubieras sobrevivido: el aroma que vas dejando a tu paso es aún fresco como el del agua de mar que baña La Antártida;

 

sigues transformando el mundo

con ciertos hechos cotidianos como saludar con la sonrisa por la mañana, recordar los pensamientos de Kant y Descartes y amar con la mirada aquello que te es inalcanzable.

 

Tus sueños son como los aparejos y las crines

de los grifos1 dorados que se oyen lejanos en la oscuridad, al estar sola,


entre remos y luces de pescadores… 

mientras flotas en el viento de Puerto Williams dispuesta a embarcar y partir para la isla Decepción.

 

¡Cuántas veces esa triste nave de tus sueños

partió sin ti, con su espectacular monotonía; con sus bronces y sus juegos de agua llenos de música: el brillante clamor de un ritual de gracias escondidas y

 

una sabiduría tan vieja como el mundo!

 

Aunque también alguna vez, hiciste el viaje

intentando convencerte a ti misma de que eras dichosa y te repetías a cada golpe de remo: aquí termina el reino de mi cuerpo.

 

Y lo hiciste sin guardar rencor;

con un deseo inhábil que no colman las acrobacias de la voluntad, y con cierta ingratitud no muy profunda.

 

Tenías entonces demasiados críticos

acercándose a tu piel como si fueran trampolines. Demasiados cayendo de nuevo a la laguna de sí mismos.

 

Entretanto tú ya habías sentido

en cientos de ocasiones aquella fogarada leve y breve que recorre el cuerpo de pies a cabeza por un contacto casi imperceptible, a flor de piel, por una mirada que te hace sentir de repente el alma desnuda invitándote a un viaje a tierras desconocidas.

                                      Johann R. Bach                                            

(1)     Grifo: animal fabuloso, mezcla de león y águila