21 dic. 2013

Si crees que a algunas mujeres no les basta tu amor, prueba a ser correcto



DR. HOUSE BLUES



Si crees que a algunas mujeres

no les basta tu amor prueba a ser correcto, a cumplir con lo mínimo. No recordarán de qué color tienes los ojos o lo que les has susurrado al oído.



No recordarán como ahogaban sus gritos,

a oscuras, en la butaca forrada de pana de un cine, pero felicítalas por su cumpleaños y dile que se ve muy bien, que los años no dejan huella en sus rostros.



A diferencia de la mujer enamorada

volverán a apreciar aquellos momentos en que simplemente nos conformábamos con unas horas de charla, con un refresco en las manos…

con un baile bajo una luz intensa.



Hay que admitir que la fidelidad

de cualquier clase, probablemente, es mejor que la indiferencia de las aceras vacías.



Y entonces uno se vuelve a asombrar,

cuando después de un día duro en el que ya sólo se puede oír la música de fondo de la radio,



como en un blues de medianoche,

fue agradable haber vivido aquellos latidos intensos, bellísimos;



saca del cajón de la mesita de noche

una de aquellas novelas cargadas con dinamita pura y lee unas palabras subrayadas –por ti- en rojo:



"Se hace caprichosa la noche

mientras la luna ya hace rato que se ha encendido. Tan solo tú suenas en mi melodía… en el suspiro del misterio de la especie..."



"En la soledad de mi silencio pesa

el emblema de tus labios y tu sonrisa. No, no estoy solo… Tu sombra, entre los dioses de la plácida ternura sigue aquí".



Son bonitas esas novelas.

Ahora que ya han desaparecido los cuartos de luna de su piel me basta que me diga galanterías típicas de novela como por ejemplo:



"Sigues siendo muy atractivo,

aunque de una belleza diferente, menos infantil, más consciente i contenida".



"has cambiado en las maneras,

que ahora son las de un señor que nació entre las sedas de una noble cuna".



Todo es como un agrio blues de mínimos.



                                                                    Johann R. Bach


La Calle Pelayo se llenó de mirones... los grises la emprendieron con ellos.

           AMOR Y GUERRA

 

El día y la hora de la cita en Barcelona

no quedaban a la expectativa como la otra vez. Estaban claros. Se trataba en realidad de una convocatoria.

 

Allí sentados en la terraza del Estudiantil

 Guillermina Motta y Serrat simulaban tranquilidad, una nube de "grises" entristecía aún más la luz de la Plaza de la Universidad,

 

Marta Guillamón escribía

en su cuaderno: hay que ponerlo todo por escrito como si fuera oralmente…

 

aquí se va a armar la de Troya,

 

pero hay que prestar atención

al instante mismo en que la locura sin fin ofrece la mano a la esperanza; ya que es posible que la locura siga esperando, del mismo modo que a los ángeles se les niegan las lágrimas…

 

Montserrat Roig habla con Carbonell

en la esquina de la Calle Pelayo; el color rojo de su vestido es provocativo, pero –dice- el color negro adelgaza la figura, sobre todo cuando estás de espaldas al piano.

 

Marta Guillamón creía

que no acudiría nadie,

 

pero esta vez se equivocaba, los gritos

procedían de la Calle Aribau, la masa gris corría hacia allí destrozando el alquitrán, buscando a la fiera.

 

Otra cabeza de combativos estudiantes

bajaba por la Calle Balmes cantando "No nos vencerán" se apoyaban en la columna del presente inexistente y mientras pasaban por el tamiz de la violencia,

 

Marta escribía: "esto es"…

"la sensibilidad de la muerte -del Régimen- encarnada y por lo tanto mortal, sufre con la inmortal crudeza del cuerpo…

 

este año los árboles dieron ya fruto dos veces…

también las mentiras tienen ya tanto fruto que la vida se hace insoportable…"

 

Por la Gran Vía se acerca otra manifestación

procedente de la Plaça Espanya. Dos grises se llevaban detenida a una chica de Filosofía

 

Mariano, Aisa, Blanes y Manuel se enfrentan

a ellos; la liberan: era la Fina, combativa como su sexo.

 

Por la Ronda de Sant Antoni

se acercaba otra manifestación gritando "Libertad".

 

Marta escribe entonces:

"Esto ya es Troya".

 

La Calle Pelayo se llenó de mirones,

huyeron despavoridos hacia la Plaça Catalunya; los grises la emprendieron con ellos.

 

En realidad limpiaban la calle

para batirse en retirada: aquella vez perdieron. En el cuaderno Marta garabateó:

 

¡Tanto como has ansiado:

ahora mismo, ahora mismo, y, en cambio, acontecerá cuando de ti no quede nada!

 

Es como si el destino mismo fuera fatalista

y por eso muchos se sienten aplastados… por la nada vallada. Y, sin embargo, Marta Guillamón pasaba por encima… y

 

aquella noche

enseñando sus almohadas vivas dijo:

 

"¡bésame donde la columna vertebral acaba!"…
 

                                                                            Johann R. Bach

 

 

ya no tenemos quince años saliendo de los sueños de la infancia.

LLAMAR A CADA COSA POR SU NOMBRE

 

Ya no bastan cuatro frases hechas,

aprendidas de antiguos comediantes, ya no tenemos quince años saliendo de los sueños de la infancia.

 

Dentro de las cancelas cerradas

en la amarilla llama del mediodía -cuando callan las estatuas y los mitos aceptan- las voces se agitan, al principio

 

pura, tranquilamente

 

y después atronadora y rápidamente

en la callejuela junto al bulevar de Pére Lachaise. Descubren de pronto los eternos secretos; a veces -con naturalidad aplastante- son terribles y temibles como tumbas

 

y otras veces de nuevo como tumbas otra vez.

 

Como caricias de lejanos y finos dedos

llaman a cada cosa por su nombre: llaman al agua de la fuente, boca; a los negros y altos árboles, olvido; a la noche entre las rieras, cordón umbilical;

 

llaman a los ojos llorosos, "amiga";

 

a los frescos labios rojos, hojas;

a los dientes amorosos, pesadilla; a los purpúreos lechos de amor, abismos; a las negras aguas del puerto, lámpara; llaman a las anclas enmohecidas, treno del sueño;

 

ponen alas de colores a la triste mirada de Orfeo;

 

en sus manos (de Orfeo) ponen abanicos,

desgarran  sus encendidas faldas, adornan sus cabezas con encajes muy delicados

(en el pecho de Orfeo clavan banderas);

 

echan en el caos de los oráculos, sangre;

 

y, vuelven a llamar a las palmeras tizones;

se detienen con sollozos en la palabra martillo; llaman silencio a las "puertas del Monasterio"; en lugar de muerte dicen, música en las sienes; denominan bosque de la noche a tu corazón y lata y fría tristeza, al invierno.

 

ya no bastan cuatro frases hechas

aprendidas de antiguos comediantes; ya no tenemos quince años saliendo de los sueños de la infancia.          
 
                                          Johann R. Bach

20 dic. 2013

Por la terraza blanqueada movió los pies... cortando cortinas de niebla dijo: "soy Marta"

LA FUERZA DEL DESEO

 

La única vez que vi enferma a Marta Guillamon

fue durante la gran nevada del 62. Mi madre me dijo que fuera a su casa a ayudarle a quitar la nieve de la terraza.

 

Cuando me abrió la puerta

me llegó hasta mí un tufo como de manzanas al horno. Pálida como nunca la había visto, llevaba arremolinada al cuello una bufanda roja.

 

Me dio una pala enorme y comencé la labor.

 

Sorprendentemente,

haciendo caso omiso de las recomendaciones del médico y a pesar de la fiebre (o a causa de la fiebre misma) salió a la terraza y

 

entonces dijo: "soy Marta"

y el viento le azotó la garganta animando los sonidos de su voz. Escuché como el viento helado se le subía a la cabeza cuando aún no eran las once de la mañana.

 

Volviendo su cara, Paseo Maragall abajo,

como si se volviera hacia el mar y dijo: "soy Marta" pero ninguna ola le devolvió el eco.

 

Las palabras se consumían

en su garganta como la espuma saltando sobre el oleaje perdiéndose mar adentro.

 

Por la terraza blanqueada movió los pies

y dando la espalda al viento que descendía desde la Serra de Collserola, cortando cortinas de niebla dijo: "soy Marta".

 

"Así como una palabra –insistía-

demasiado repetida se despega del ser yo Marta salgo a la mañana como una racha de fina nieve y me paseo por esta terraza

 

como la diosa Artemisa por los Campos Eliseos,

y el hielo entre los dedos de mis pies se aferra como la sal de los mares.

 

Sentí profunda pena por ella,

la conduje suavemente al interior del salón-comedor y agobiado pedí con fuerza el deseo a las estrellas ocultas de aquella mañana de que no se muriera.

 

Con el calor del interior del ático,

el color subió tímidamente a sus mejillas, se acurrucó en el viejo sofá de pana verde y se cubrió con una manta.

 

Una leve sonrisa apareció en sus labios

y un pequeño suspiro surgió entre sus dientes como aire que se cuela por el quicio de la puerta.

 

Marta parecía recuperarse.

Era el día Navidad de 1962.

 

                                                                     Johann R. Bach

Los gases explicaban la pesadilla del vuelo.

MARIBEL Y SU HERNIA DE HIATO

                                                                               Belén de Antoni Casulleras

A Maribel le extrañaba

que los coetáneos de Homero fueran llamativos ejemplos de abusos de ingesta de vinos mezclados con gomas y especias,

 

pero encontraba normal comer

un caldo cargado de carne magra, costillas de cordero a la brasa de segundo plato, un plátano y un flan como postre y, para finalizar,

 

un trozo de tarta de manzana,

un chupito de melocotón y un café acompañado de una copa de Coñac o de Armañac.

 

Homero no se cansaba de advertir

a los hombres que vivían en aquellos "tiempos degenerados", aunque, precisamente por ser degenerados,

 

el poeta pudo ganarse el sustento mendigando,

notable ejemplo, dicho sea de paso, de cómo a veces se devuelve bien por mal porque si se lo hubieran prohibido sin duda se habría muerto de hambre.

 

Maribel, experta en fitoterapia

y otras terapias alternativas se despertó en un noche de San Esteban, hacia las tres de la mañana.

 

Las gotitas de sudor frío

se paseaban por su frente produciéndole mareo y eructos producto de alimentos no digeridos.

 

El reflujo de los gases

de la mala asimilación de una ingesta abusiva le producía un malestar que sólo se aliviaba al sentarse en la cama, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

 

Maribel, pasado el primer susto,

fue a la cocina, se tomó una gran taza de una infusión de manzanilla romana y se volvió a dormir.

 

El sueño, lejos de ser apacible,

se convirtió en una angustiosa pesadilla: soñó que era como una hoja que se había desprendido de un árbol y,

 

ya en vuelo,

parecía decir que quería caer al suelo, pero esa eventualidad no llegaba nunca.

 

El viento del oeste se levantaba

y la hacía girar hacia el este en la misma forma que Pearl S. Buck supo describir en sus libros el punto justo en que se encuentran las civilizaciones oriental y occidental.

 

¿Era sensato que la dirección

de la hoja se torciera tan bruscamente?

 

En el sueño,

con fuerzas parejas se enfrentaban ambos vientos y la hoja comenzaba a pensar que lo inteligente era dejar en suspenso su decisión de caer al suelo.

 

Al cabo de un rato los vientos se aplacaron,

y la hoja, contenta, exclamaba: he decidido caer al suelo directa, en picado. Maribel despertó.

 

Estaba en la cama boca arriba

con las piernas abiertas de par en par, no por algún deseo erótico, sino debido a una gran inflamación del abdomen.

 

En esa postura

los gases acumulados a lo largo de su tubo digestivo resultaban menos dolorosos.

 

Los gases explicaban la pesadilla del vuelo.

A partir de aquella noche de San Esteban Maribel decidió moderarse en la comida y a tener cuidado con las infusiones de manzanilla.

 

FELIZ NAVIDAD

 

                                                                         Johann R. Bach
NOTA: Corregida la imagen

Junto al mar hay belleza al aire libre... Es en nuestro mirar donde crece la belleza

BUSCAR LA RISA Y LA BELLEZA EN NAVIDAD

       

La pobreza, verdad abrasadora, no es bella.

Orden que excusa crueldad no es bella sino bien verdad.

 

Al pasear por las calles en Navidad

veo montones sobre montones contenidos y socavones y profundas transgresiones de alimentos piltrafa que tampoco son una belleza.

 

Deformación, desviación, dolencia

son a menudo feas y, sin embargo, es preciso, de vez en cuando, tomar alguna distancia,

 

ir al Cap de Creus

a ver cómo el sol se levanta con toda su gloria entre nubes que nunca logran borrar el horizonte y mientras del astro rey los rayos luchan por no desvanecerse comienza la historia del día.

 

Olivos y viñas reclaman sus sombras

para acompañar al paisaje

 

que ha de ver la escena

de un viejo poeta que lleva a cuestas a una oveja para que no se canse con la caminata. A fin de cuenta son amigos ¿no?

 

Por la noche son las sombras blancas

las que reclaman el brillo de la luna reflejo de su luz sobre el mar como si sospecharan una nueva creación.

 

Es en un lugar cómo ése,

lleno de árboles cobijando cientos de gorriones que se me ocurre desternillarme de risa al recordar

 

a aquel pequeño hombre

que fue a pedir trabajo a una serrería del Canadá. En una nave atiborrada de troncos le preguntaron si sabía cortar árboles. El hombrecito dijo sin ruborizarse que se consideraba uno de los mejores leñadores del mundo.

 

Todos se echaron a reír.

Le dieron un hacha casi de su misma estatura diciéndole –entre carcajada y carcajada- que probase tal aseveración.

 

El hombrecillo sacó una navaja barbera

y en un abrir y cerrar de ojos, con certeros cortes, derribó un enorme árbol.

 

Asombrados los capataces le preguntaron

sobre su país de procedencia. El sonriente hombrecillo respondió que había vivido toda su vida en el Sahara Occidental.

 

Pero allí no hay árboles

-le dijeron dudando de su palabra- a lo que el pequeño leñador contestó escuetamente: "No, ya no hay".

 

Todos deberíamos hacer un esfuerzo

por comprender las palabras de la Tierra los racimos en la parra, las pequeñas brasas en el cielo y los peces bailando en el mar.

 

Junto al mar hay belleza al aire libre

o en los contenedores de la ciudad. Es en nuestro mirar donde crece la belleza.

 

Las expresiones ¡ah! ¡oh! son añicos de olas:

El mar habla lejos de su médula, lejos de su centro colima el fragor largo tiempo contenido:

 

De toda lengua de altamar,

de las claudicantes resistencias del viento y el agua, el rocío, el oleaje, las crestas, los gemidos, lo que hace el mar es un sueño,

 

un problema interior,

una honda, oscura angustia íntima brevemente revelada, por atisbos, a los buenos observadores de la costa que gozan de la aurora y del levantamiento de la luna.

 

                                                       Johann R. Bach

 

 

19 dic. 2013

Homero no se cansaba de advertir a los hombres que vivían en aquellos "tiempos degenerados"

MARIBEL Y SU HERNIA DE HIATO

                                                                               Belén de Antoni Casulleras

A Maribel le extrañaba

que los coetáneos de Homero fueran llamativos ejemplos de abusos de ingesta de vinos mezclados con gomas y especias,

 

pero encontraba normal comer

un caldo cargado de carne magra, costillas de cordero a la brasa de segundo plato, un plátano y un flan como postre y, para finalizar,

 

un trozo de tarta de manzana,

un chupito de melocotón y un café acompañado de una copa de Coñac o de Armañac.

 

Homero no se cansaba de advertir

a los hombres que vivían en aquellos "tiempos degenerados", aunque, precisamente por ser degenerados,

 

el poeta pudo ganarse el sustento mendigando,

notable ejemplo, dicho sea de paso, de cómo a veces se devuelve bien por mal porque si se lo hubieran prohibido sin duda se habría muerto de hambre.

 

Maribel, experta en fitoterapia

y otras terapias alternativas se despertó en un noche de San Esteban, hacia las tres de la mañana.

 

Las gotitas de sudor frío

se paseaban por su frente produciéndole mareo y eructos producto de alimentos no digeridos.

 

El reflujo de los gases

de la mala asimilación de una ingesta abusiva le producía un malestar que sólo se aliviaba al sentarse en la cama, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

 

Maribel, pasado el primer susto,

fue a la cocina, se tomó una gran taza de una infusión de manzanilla romana y se volvió a dormir.

 

El sueño, lejos de ser apacible,

se convirtió en una angustiosa pesadilla: soñó que era como una hoja que se había desprendido de un árbol y,

 

ya en vuelo,

parecía decir que quería caer al suelo, pero esa eventualidad no llegaba nunca.

 

El viento del oeste se levantaba

y la hacía girar hacia el este en la misma forma que Pearl S. Buck supo describir en sus libros el punto justo en que se encuentran las civilizaciones oriental y occidental.

 

¿Era sensato que la dirección

de la hoja se torciera tan bruscamente?

 

En el sueño,

con fuerzas parejas se enfrentaban ambos vientos y la hoja comenzaba a pensar que lo inteligente era dejar en suspenso su decisión de caer al suelo.

 

Al cabo de un rato los vientos se aplacaron,

y la hoja, contenta, exclamaba: he decidido caer al suelo directa, en picado. Maribel despertó.

 

Estaba en la cama boca arriba

con las piernas abiertas de par en par, no por algún deseo erótico, sino debido a una gran inflamación del abdomen.

 

En esa postura

los gases acumulados a lo largo de su tubo digestivo resultaban menos dolorosos.

 

Los gases explicaban la pesadilla del vuelo.

A partir de aquella noche de San Esteban Maribel decidió moderarse en la comida y a tener cuidado con las infusiones de manzanilla.

 

FELIZ NAVIDAD

 

                                                                     Johann R. Bach