14 feb. 2015

Tu médico te ha dicho que aspires el aroma de la lavanda, que pasees bajo los tilos y que no comas manzanas


¿TAN DIFÍCIL ES VIVIR?

¿Tan difícil es vivir?
Huiste despavorido cuando entre los acantilados te pregunté: Mi amor, ¿tan difícil es vivir? -parafraseando  un verso de Virgilio-, creí que ibas a suicidarte.

Tu médico te ha dicho
que aspires el aroma de la lavanda, que pasees bajo los tilos y que no comas manzanas que puedan estropear tu humor. ¿Prefieres la cicuta antes que cumplir la obligación de mirar el horizonte pintado con nubes de algodón y frescos?

¿Es demasiado pedir
que duermas bajo mi sábana de nardos, narcisos y violetas?  Si no tienes valor para seguir adelante por el dulce camino de los granados abarrotados de flores fucsias, lánzate al mar y que los delfines se repartan tu cuerpo.

Desobedece los cantos de sirena
que te impiden atravesar el huso horario de tu mundo. Si aún crees que te falta valor para que el mar del que saliste te engulla para alimentar a sus algas déjate morir, como Adriano, de inapetencia de poder -terrenal y celestial.

Pero si aún te queda algo de sal
en tu corazón deshilváname con tus dientes y vuelve a empezar. Si necesitas ayuda, pídemela y te daré una gota de mi negra tinta, lanzaré mi aliento en tu boca y mis manos se hundirán en tu espalda.

Te abriré los ojos a la horizontalidad,
tus hombros recuperarán tersura, tu piel volverá a absorber la luz y el oxígeno de mis pulmones y la vida rebrotará como en primavera llenando tus sueños de lunas.                               
                                                                                              Johann R. Bach



13 feb. 2015

Era un poeta -reclamado por él mismo como lírico- que se recluía en una casa de La Serra de l’Obach,

                          El Paller de Tot l'Any (El Pajar de Todo el Año)

UN DURO FEBRERO

Hoy he comprado
la obra poética completa de un amigo. Me ha sorprendido su callado adiós. Hacía tiempo que no sabía nada de él.

Era un poeta
-reclamado por él mismo como lírico- que se recluía en una casa de La Serra de l'Obach, despreocupándose totalmente del patrimonio de la familia en Santa Margarita.

Sólo vivía para la poesía
aunque de vez en cuando se aparejaba con alguna muchacha romántica con promesas –como los demás hombres- de lo que él sabía que no podía cumplir.

Entro en la cafetería La Virreina
y tomo a pequeños sorbos un café con la intención de pasar página aunque observo que

el sol empieza a calentar,
la concurrida Plaça de la Virreina y las terrazas de sus cafés, se bañan en un sol aun con el color triste en su rostro de los últimos días de invierno.

Los últimos meses han llenado
de falsas promesas el saco de los días:

No ha habido –algo esperado-
el correspondiente juego de equilibrios entre lo posible y lo soñado como posible,

se ha fingido
durante demasiado tiempo que se vivía para que no pareciese que casi todo era plano o con poco relieve quizá más justo sin tantas mentiras.

Conforme avanza el mes de febrero
se aligeran las mentes para no engañar a los vecinos y visitantes del barrio encantados por lo bucólico del paisaje que espera el último domingo de mes para bailar swing.

Espero que se haya terminado definitivamente
este invierno de hojas muertas, de lágrimas por los amigos que nos han dejado y de sonrisas apagadas.

                                                                    Johann R. Bach

12 feb. 2015

¿Qué hace mal tiempo? Bueno, dejemos que pase todo.

SIN PRISA PERO SIN PAUSA

 

¿Qué hace mal tiempo?

 

Bueno, dejemos que pase todo.

Pues uno el destino debe superar, llevar ropas más en boga que la moda, correr más rápido que el tiempo,

 

no sólo pararse y esperar;

 

hacer en un instante

lo que no puede deshacerse durante siete eternidades.

 

¿Predestinado?

 

Así serían los ángeles caídos:

epidemia general que no arruina la diversión de nadie.

 

¡Acción, acción!

Levantarse rápido a colocarse cada cual en su sitio, a hacer las cosas más irremediables; engendrar, en una breve consumación del deseo,

 

Remordimiento,

reacción, desdicha, pesar.

 

¡Acción, acción!

Este no es el momento para estarse quieto.

 

¡Silencio! ¡Se rueda!

 

                                                           Johann R. Bach

Lo que más detesta La Señora es la nieve.

SEÑORA DE SU SOLEDAD

 

No recuerdo su nombre,

pero sí cómo era: ni fea ni guapa, reía en contadas ocasiones en presencia de extraños.

 

Detestaba a sus huéspedes

porque parecían contentos de la luz que entraba en sus habitaciones. De poder envasarla la hubiera escondido en el arcón del desván.

 

Algo parecido le ocurría con la música:

Con un vals revivía sus años felices, al oír los instrumentos de percusión se transformaba.

 

Al bailar sus ojos brillaban,

Brillaban como el platino, su sonrisa afloraba a sus labios dejando ver la preciosidad de unos dientes bien cuidados, y, la corteza de sus hombros desaparecía.

 

Yo ocupaba la habitación

que daba a dos calles y la tribuna acristalada que remataba la esquina de la casa me permitía ver un paisaje, amplio, ondulado como las olas del mar y un sol que se ponía cada tarde detrás de él.

 

Dos lamparillas gemelas colgadas del techo

podían iluminar toda la habitación, pero yo no usaba más que la luz de la opalina verde sobre el escritorio.

 

En el armario empotrado

poca ropa esperaba a ser usada, triste como un viaje con olor a naftalina. Detrás de las cortinas la pared escondía algunas manchas de pintura vieja.

 

Cuando llegaba a casa,

la Señora –así la llamábamos- estaba recostada sobre un sillón orejero, leyendo alguna gruesa novela de amor y de la pequeña radio surgía una música de salsa caribeña.

 

De vez en cuando levantaba la cabeza

para ver quién atravesaba aquel largo pasillo cubierto de cuadros un tanto oscuros y cubierto con un papel pintado con rayas verticales doradas.

 

Su mirar era enfadoso

y desdeñaba hasta el saludo como el del los que ya no esperan nada de la vida ni de los habitantes del pequeño mundo de su casa. Descuidaba incluso las obligaciones de su pequeño negocio de hostal.

 

Era la Señora

como una criatura que consciente de su debilidad, se aferra indefensa al mundo, agarrada a la tierra en posición de decúbito o

 

con las piernas cruzadas

y la espalda bien apoyada en el respaldo del antiguo sillón. Todo lo impensable, que sin embargo ha de suceder ella parecía sentirlo en los huesos: con temor a que se le deshiciesen.

 

Lo que más detesta La Señora es la nieve.

Creía que si cuajaban los gruesos copos en la calle y el espesor de la capa blanca subiera un par de centímetros se inundaría su alma de tristeza.

 

La Señora de su Soledad

creía que ya sólo era posible esperar el deshielo al mediodía y la brisa primaveral.

 

No recuerdo su nombre

ni los años que tenía. Sólo recuerdo que se parecía a la palabra melancolía.

 

                                                             Johann R. Bach

Los más asombrados son los naranjos con sus flores blancas.


MILAGRO

Milagro.
Los antiguos granados han regresado a nuestras playas y

están cicatrizando las heridas
de nuestros cordones umbilicales.

Los más asombrados
son los naranjos con sus flores blancas.

Volvemos a mirar con buenos ojos
el fuerte viento que abre de par en par
los libros de la biblioteca del mar.

                                                                Johann R. Bach

Todo empezó con la caída de los ángeles…


LA CAIDA DE LOS ÁNGELES

En vez de preguntarnos
¿cuándo se jodió lo nuestro? Creo que es mejor convenir que todo empezó con la caída de los ángeles…

Los continentes emergieron
entre unos mares poco salinizados; el agua dulce de la lluvia permitió el brote de helechos entre las rocas y

La flor de árnica conquistó las cumbres nevadas,
las margaritas se instalaron a millones en los campos, las caléndulas –auténticos paneles  solares- comenzaron a acumular calor,

las abejas inauguraron la primavera:
polinizaban toda clase de flores y sintetizaron la miel del romero, del tilo… y los peces se atrevieron a volar y habitar grandes espacios de aire cálido y

transportaron en sus bodegas
semillas de especies lejanas extendiendo la vida; y, de la diversidad, la luz reflejó en los cielos los colores de los mares.

Unas criaturas
a las que se les habían atrofiado las alas lo observaban todo. De sus ojos tristes surgió una chispa de entusiasmo mientras sus cejas peinaban la lluvia:

Todo empezó con la caída de los ángeles…

Tiempos duros habían de venir:
rocas secas en lugar de alimento, el peinar de abuelas y madrastras como consuelo, el cojear de famélicos animales domésticos;

tiempos de toses en los sótanos,
dolores de cervicales como símbolo del fracaso; el alejamiento de la hierba del hipérico en el momento del salto a través de la hoguera de San Juan;

tiempos en que la traición obligaría
a la muda abnegación del hombre a una conversación de toda la noche, mientras que la mujer había de llevar en los pensamientos leña para la quema de los falos;

tiempos, en fin,
en que toda ayuda, para la vida, sería poco:

inventaron para ello,
aquellos seres de luz blanca, la música sencilla, los cuentos para niños, el dibujo figurativo, el huecograbado y el arte rupestre, …

la poesía para soñar con esperanza
y para la cicatrización de las heridas sufridas en el delicado pecho por las decepciones y los abandonos.

Todo empezó con la caída de los ángeles…

Pero también ellos bebían vino,
partían el pan y se acostaban con mujeres mortales, y por eso, ebrios, buscamos de nuevo señales en los cielos,

entre las estrellas en noches sin luna.

Todo empezó con la caída de los ángeles…
ángeles como aquellos a los que oí musitarse entre sí mientras conducían el coche en el que me llevaban hacia las oportunidades de la juventud.


                                                                   Johann R. Bach


10 feb. 2015

la sombra del sodio que alimenta nuestros corazones

LA SOMBRA DE LOS METALES

 

Por las calles

pasan flotando los pensamientos junto a agudos sistemas eléctricos de cobre y luces con sus finas almas de tungsteno.

 

Gracias a esa luz

que desgasta los hilillos de las bombillas fundiéndolos poco a poco, sobreviven las sombras de los otros metales en momentos en que la noche amenaza a los niños.

 

Todos queremos tener nuestra dosis de sombra:

oscura durante el día sobre todo en verano, blanca de luna por la noche. Sólo los astronautas, sometidos a

 

la ultramoderna luz difusa

de miles de leds diseminados por las paredes de descomunales naves situadas en el espacio exterior.

 

fuera ya de la gravedad

carecen de sombra.

 

El objeto predomina.

Predomina y predetermina la función de todo conocimiento aunque se trate de objetos formados por metales ligeros como el litio (hoy por hoy el mejor antidepresivo).

 

Todo en nuestro mundo

está acechado por la sombra de los metales aunque deberíamos distinguir entre la sombra del plomo –o del oro- que nos arrastra al fondo del mar o la del cinc que nos lleva directamente al abismo de la depresión y,

 

la sombra del sodio

que alimenta nuestros corazones y da vida paseándose por los mares.

 

Capturar las sombras,

filtrando la luz de las estrellas, junto a la amada. ¡Qué gran placer!

                                                                Johann R. Bach

 

Los seres celestes gustan de un nido en los pechos sensibles,


YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA


Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

tuve que leer El Quijote,
el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.

Sigue no obstante, la luz de lo alto
a los hombres hablando llena de hermosos sentidos;

la voz del celestial tonante
clama inquiriendo si aún lo recuerdan;

la onda enlutada
eco le hace en su duelo y repite: "¿ninguno en mí piensa?"

Los seres celestes
gustan de un nido en los pechos sensibles, siguen gentiles las musas al hombre esforzado inspirando,

hoy le acompañan lo mismo que antaño
y envuelve las cumbres de las montañas que vieron su nacimiento,

pervive e impera
y en todo preséntase el aire para que unido en los brazos de Eolo ora para que todo un pueblo a la vieja dicha retorne y

a todos un común espíritu sea.

Y aunque hay muchas mujeres que dicen
que los "buenos tiempos" fueron con mucho los peores de todos –cuya sana doctrina yo también acepté, confundida, en cada ápice-

sin embargo, sigo, con todo,
creyendo a éstos un tanto peores que aquellos.

He estado meditando - ¿es así como se dice? -;
me gustan las palabras de los hombres a pesar de sus modales, pues a las mujeres nos enamoran por el oído.

He estado meditando, repito,
si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

si con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como lo él lo hizo, hasta que escuezan los ojos, o bien reír con aquel filósofo extraño,

Demócrito de Tracia,
que solía pasar cada página de su vida sonriendo a los dobleces como diciendo: "¡Vaya! A quién diablos le importa cómo es un hombre!" Tantos y tantos como hay para reemplazarle.
                                                       Johann R. Bach

9 feb. 2015

Eran momentos en que la hierba escondía los pasos de vivir entre palabras


EL AÑORADO MAR

Eran otros tiempos.

El espectáculo
se realizaba sobre las abundantes paredes blancas del pueblecito marinero.

Eran sombras chinescas
que nos hacían reír mientras una voz en off daba vida a la proyección de aquellas manos y dedos hábiles como las patas de una industriosa araña.

El espectáculo
era como una vida a ritmo de tres por cuatro de un vals.

Con el derrumbamiento del sol,
incluso en verano la ventana era el frío, la compañía de un viento casi huracanado contra la casa mal cerrada porque la puerta estaba hinchada por la humedad del mar

En domingos llenos de luz,
por la tarde, jugábamos a la gallinita ciega las niñas, y, a moros y cristianos los niños.

Eran momentos
en que la hierba escondía los pasos de vivir entre palabras no del todo bien escogidas mientras en la plaza sonaba la música y algunos vecinos bailaban sardanas.

En los huertos respiraban los árboles
con hojas nuevas y en voz baja se nos decía: "no hagáis ruido, escuchad la música".

                                                                                Johann R. Bach



8 feb. 2015

HOY YA HA SALIDO EL SOL


TENUES SOMBRAS SOBRE LA NIEVE
CONJUNTIVITIS EN LOS OJOS
MÚSICA PRIMAVERAL EN LAS SIENES

                                           J. R. Bach

Hoy casi un anciano sello los postigos de las ventanas


EL TIEMPO CAE CON FUERZA.

El tiempo cae con fuerza
y espero mi amor que no te rías de mis cosas y porque miro por la ventana por si las nubes abren un claro y puedo ver tu estrella.

Miro cómo cae la nieve
por la ventana del mundo esa misma a la que me asomé

jugando de niño con la nada
cuando el tiempo vino de golpe, y trastocó los límites.

Vi como una banda de seis
o siete criaturas ya envenenadas prematuramente con el negro licor del odio golpeaban a mi hermano mayor.

Ignoraba si se merecía aquella paliza o no,
pero la rabia, la impotencia y la tristeza se apoderaron de mí. Rompí a llorar y me refugié en la cocina.

Mi madre y mi hermana me preguntaron
el por qué de mis lágrimas. No contesté y creyeron que no sabía realmente qué me había asustado.

Yo comprendí muy bien las preguntas que me hicieron y con mi silencio indicaba –ahora me doy cuenta- la inutilidad de cualquier acción:

El daño
que mi hermano podía haberles causado no justificaba la magnitud de la paliza. Aquel castigo desproporcionado me apartó durante meses de los juegos y

me metí en el núcleo inmóvil
de los temores y todos los miembros de mi familia y vecinos creyeron que tenía poderes especiales.

Asociaron mis lágrimas
y mi posterior retraimiento a una misteriosa conexión telepática con mi hermano pues al ver lo moratones de mi hermano no dudaron de que

yo supe lo que había ocurrido.
¿De qué, de quién inicié mi fuga?

Hoy casi un anciano
sello los postigos de las ventanas y temo la luz al tiempo que la necesito.

Detrás de la ventana
mido los centímetros de mis goces soñando con los tuyos y bebo el tiempo en copa pequeña

en la cena de los días.

                                                              Johann R. Bach



sus ojos brillaban como si su conciencia estuviera tranquila.

LA BIBLIOTECA DE ALT TREPTOW

 

Fue en un lugar cercano al Treptower Park

frente a la terraza de un restaurant atendido sólo por Lucretia una mujer delgada y de apariencia triste aunque

 

sus ojos brillaban

como si su conciencia estuviera tranquila. Su tristeza, según me contó un día, se debía a que nadie del barrio entraba en el local. Me dijo que era descendiente de Lucretia Mott.

 

Yo desconocía por completo

aquella hipotética saga familiar.

 

El barrio modernista Alt Treptow

estaba habitado casi exclusivamente por atemorizados ciudadanos de la desaparecida RDA.

 

acostumbrados a no salir de casa

a cambio de un plato en la mesa y cerveza suficiente para adormecerse junto a un televisor escupiendo anuncios disfrazados de noticias.

 

Según se vaya a su encuentro,

-al encuentro de Lucretia sentada en la terraza de la entrada lujosamente amueblada, se puede conseguir su esmerada atención. Y esta era su peregrina particularidad.

 

Yo conseguí -con paciencia y asiduidad-

ganarme su aprecio. Entre café y café se quejaba más que conversaba. Nadie –decía- viene a este local ni a comprar tabaco.

 

Era una mujer aficionada a la lectura

-sobre todo a los acontecimientos de una "historia universal" explicada como una verdad absoluta por los profesores rusos.

 

Llegué a conseguir

que cocinara para mí el día de San Esteban un Halbe Ente1 y que brindara conmigo con un Côtes du Rhône. La comida se alargó hasta el anochecer (aproximadamente las cinco de la tarde)

 

Con el cuerpo ya entonado y sonriendo

Lucretia me introdujo en una estancia a través de una puerta simulada por un mueble y un cuadro. Desde allí descendiendo por una estrecha escalera de madera accedimos a un recinto abarrotado de libros como una biblioteca.

 

Muchas veces me he preguntado

si realmente estuve en ella o fue sólo un espejismo -producido por el vino- de un nuevo y desconocido desierto.

 

Recuerdo que era una estancia

con cuatro pasillos llenos de libros hasta el techo y una salita con un escritorio de unos cuarenta metros cuadrados. Eran unos pasillos que se perdían en la sombra poblados de murmullos sepulcrales y, al parecer,

 

Lucretia era la bibliotecaria,

único ser viviente en todo aquel subterráneo.

 

Ojeé algunos libros,

todos raros y que nunca había visto antes, con títulos que aludían curiosamente, a hechos sobrenaturales.

 

Aquél que no pude olvidar

se titulaba "La Creación Mística bajo el Vigesimoctavo Mundo". Estaba encuadernado al modo veneciano.

 

Oscuro y en oro,

acaricié sus láminas que me parecieron pintadas a mano. Me sobresalté bastante cuando quise releer un capítulo y ya no era el mismo que había leído la primera vez.

 

¿Qué sucedía con el texto del endemoniado libro?

 

Decía en una parte especialmente llamativa:

"El Vigesimoctavo Mundo no fue descubierto por nadie. Nosotros, pueblos antiguos y primeros de estas tierras lanzamos un llamamiento, fue escuchado".

 

"Vinieron seres de corazón helado.

Nos suicidamos. Fue la entrega de nuestras hijas en manos del Sol de Oro".

 

Pregunté a Lucretia y nada.

No supo responderme.

 

Miré, estaba solo, la única luz era mía.

Quise leer nuevamente pero ya había cambiado el trozo alucinado. Me levanté de aquella silla recubierta de resina seca de pino, salí.

 

Era de noche y había luna.

Un canto venía de lejos, de aquella misteriosa biblioteca. En días sucesivos volví al Restaurant de Lucretia.

 

Desde aquel día

se mostró especialmente amable conmigo su único cliente. Me besaba efusivamente conmovida por compartir con alguien sus quehaceres cotidianos.

 

Pero detrás del mueble

y el cuadro de la sala de billar no había ninguna puerta oculta. Yo seguí aceptando sus besos sin preguntar…

 

No quise cambiar

un apasionado amor por una curiosidad soñada o vivida.

 

                                                              Johann R. Bach

 

1.       (Halbe Ente =  Medio pato) Plato típico alemán.