23 nov. 2012

LA PROSA DE LA ESTUDIANTE DE LETRAS

                      LA PROSA DE LA ESTUDIANTE DE LETRAS

 

Cuando miras la televisión

tienes la sensación de observar una naranja, durante horas y horas y al final no puedes recordar ni su color.

 

Prefieres leer los clásicos

de la literatura griega, y cada uno de ellos te resulta una balsa salvavidas en la que, sola en mitad de un mar en calma, te encuentras a gusto.

 

En tu buzón depositan

sólo cartas certificadas del Ayuntamiento o de la compañía del gas, aunque de vez en cuando recibes algún escrito que te sitúa en el mundo real como el de mi hermana Sylvia:

 

Yo, Sylvia Martínez Folch

una modesta monja de clausura cuyo dios descendió a la tierra perturbando mi natural soledad

 

C E R T I F I C O

 

Primero: que estuvo

reunido conmigo durante tres horas en el huerto del Monasterio –lo cual me hizo muy feliz.

 

Segundo: que con humana humildad

me confesó estar preocupado por el camino emprendido por los hombres: habían cambiado las buenas formas del ser por el simple parecer ser.

 

Tercero: que no era verdad

que Electra hubiese trabajado en una cooperativa ni Orestes estudió farmacia, ni siquiera acabó el bachillerato.

 

Cuarto: que tampoco Clitemnestra

llevaba un sombrero azul el día de la boda de Agamenón; y, la insolación que pilló es porque estuvo bronceándose en la playa.

 

Quinto: lo único que es verdad

es que Egisto no paraba de fumar aunque hizo un reportaje fotográfico esculpido en tablillas de madera fenomenal; y

 

que el único que sufrió

un ataque de cuernos fue Menelao cuando Paris, en contra de su voluntad, pagó el café y las copas.

 

Sexto: que cuando volvieron a la ciudad

después de la boda, ya muy entrada la noche, iban todos borrachos, con documentos de identidad falsos y los bolsillos vacíos

 

sólo Baco y Dionisio permanecieron sobrios

durante todos los festejos

 

Séptimo: La prima-hermana

de la diosa Ociosidad y causa concomitante que va mano a mano con ella, la ninfa Soledad, se mostraba excesiva;

 

como un síntoma

en su fase coactiva o forzosa. Entretanto, en los pómulos de Sócrates se iban apretujando los años como murciélagos en su cueva.

 

Finalmente se fue

dejándome sumida en un mar de dudas aunque, según Descartes no puedes dudar de que estás dudando

 

Realmente hay que reconocer

que vivimos en el mejor de los mundos, porque a pesar de todo, milagrosamente aún funciona.

Mira como entra en la habitación

la luz descalza y el olor del café se desparrama por el aire calentado durante toda la noche por tu propio aliento. Hasta la cama sube su desnudez.

                                                                               Tulia M. Folch
                                                                   www.homeo-psycho.de

 

CRÓNICA 2 DESDE EL PARAISO

                          CRONICA 2 DESDE EL PARAISO

 

Ya sabéis que aquí la jornada

es de dos horas semanales y la noción de sueldo o de subvención está desapareciendo del léxico de los periodistas. Sólo a los locos, mentecatos, dementes o

 

poseídos que sabemos leer y escribir

se nos ocurre trabajar penosas jornadas de 40 horas semanales y algunos enfermos crónicos escriben noticias, crónicas y poemas sobrepasando hasta las 90 horas. 

 

y es que este Paraíso es la leche.

 

Aquí sólo unos pocos contemplan

a los dioses, miran el espíritu puro del cielo. Los demás escuchan comunicados sobre sus milagros en la investigación de la física cuántica y la termodinámica.

 

También abundan los comunicados

de los políticos sobre las promesas que con el tiempo verán a Dios porque saben que eso vende, pero se guardan muy bien de decir cuándo.

 

De momento dan órdenes

para que a las doce del mediodía, como si fuera el ángelus, las sirenas mujan dulcemente imitando la salida de las antiguas fábricas de donde salían los proletarios celestes

 

llevando bajo el brazo sin garbo

sus alas como violines, sus elegantes zapatos negros combinados con deportivos blancos calcetines símbolo de pureza ideológica y sobre sus cabezas azules gorras de beisbol con visera.

 

Aquí aún se recuerda aquel día

en que el ángel caído, exhausto y con la serpiente enroscada entre sus piernasrodilla fue detenido bajo la sombra de la sospecha; aún todavía todo él lleno de luz.

 

Qué hermoso el instante

cuando cayó de rodillas con sus ojos llenos de lágrimas, encarnado en la culpa, fue esposado y con lengua vacilante entre sus dientes rotos lo confesó todo antes de ser colgado cabeza abajo.

 

Los hosannas se extendieron

como ya sabéis por todo el Paraíso y como era de esperar la ramita del olivo apareció en el pico de la paloma. ¡Hosanna en el Paraíso!

 

Esto es el Paraíso.

                                                                                    Desde el Paraíso

                                                                                     Johann R. Bach 
                                                                               www.homeo-psycho.de 

 

22 nov. 2012

JAQUE MATE EN CATORCE JUGADAS O LOS SONETOS DE RILKE

                     Lou Andreas Salomé

 

                                         LA POESÍA DE RILKE

 

Lo que te llegó de él –La Pantera-

hace tiempo está pegado al imán de tu corazón y no lo sueltas:

 

"Los poemas no son sensaciones, son experiencias".

 

Lo que fue llegando después

tuvo que lidiar con intermediarios y sentiste el tirón de lo que se te acumulaba encima, hasta el punto de que tus cimientos, al menos en parte, amenazaban con venirse abajo de un momento a otro

 

ante tanta belleza escondida tras el sufrimiento.

 

La poesía para él -y ahora también para ti-,

entre otras cosas, era dialogar con la palabra libertad, era como escapar por la puerta trasera de la disciplina militar.

 

Pero nunca como en un poema

se percibe que las cosas se parecen a su nombre. De ahí empezaste a sospechar, tal vez, que en libertad las palabras tienden a caminar hacia aquello que nombran.

 

No todo lo que salía de su alma

te gustó, pero se lo perdonabas por ser humano. Entre las cosas que más te molestaron de su etapa sonetista fue esa soberbia de gran maestro que busca el jaque mate en catorce jugadas planificadas en cuartetos y tercetos encadenados.

 

A ti no te apetece que el poema se rinda

antes de tiempo, tirando su rey, a fin de arruinar ese gran final  que hace relamerse al autor sin darse cuenta que ha construido los barrotes con forjadas rimas y lo condena a ser prisionero de su talento.

 

Todo estaba a su alcance,

y sin embargo, se ahogaba en sus propios versos. Demasiado pronto olvidó Rilke aquel verso, lleno de amor, que le escribió a la Dama de sus Sueños –Lou Andreas Salomé-:

 

"sólo tú eres real"

 

                                                                                      Elisa R. Bach
                                                                            www.homeo-psycho.de

RESPIRACIÓN JADEANTE DENTRO DE LAS MINAS URBANAS

                       Comienzo de la calle Garriga i Roca

 

CARRETERA GARRIGA I ROCA

 

La calle Garriga i Roca

-una excusa para ir a buscar agua a la Font de'n Fargas- era un mundo meandroso donde experimenté la dulce dictadura del número pi: todo era curvo, incluso todo aquello que no lo pareciese.

 

Era una de las pocas calles

de todas las que rodeaban el parque que estaban asfaltadas aunque por ella no recuerdo que circulase coche alguno.

 

A los lados de las bicicletas

corría, a un ritmo "allegro ma non tropo", la indócil humildad de los bordillos en su simple encintado de aceras.

 

De poca pendiente,

excepto en el primer tramo que arrancaba desde la Avenida de Montserrat (hoy, Mare de Deu de Montserrat) era ideal para pasear en bicicleta.

 

Allí corríamos junto a las llantas

a toda velocidad sin peligro alguno agotando nuestra blanda musculatura. De vez en cuando deteníamos las ruedas escasamente lubricadas, a mitad de camino,

 

en el centro de una curva

y nos aventurábamos a penetrar en una extraña mina. Era un corredor de sección cuadrada construida con ladrillos rojos que nunca supimos nada acerca de su utilidad.

 

Parece ser que Miguel de Cervantes

en una de sus múltiples estancias en Barcelona estuvo en una casa llamada Más Ginardó, que parece que perteneció al famoso bandolero Perot Rocaguinarda. Es de este personaje de donde, quizás, también puede provenir el nombre de (el barrio) Guinardó.

 

Se habla de la existencia

de pasadizos secretos, largos y laberínticos, que permitían a Rocaguinarda fugarse cuando era asediado por las tropas del virrey, ya que comunicaban el cortijo con el interior de la antigua Barcelona amurallada. Incluso hay quien afirma haber recorrido parte de aquellos pasadizos.

 

"Perot lo Ladrón"

 

Rocaguinarda, hijo de Oristà

y conocido como "Perot lo Ladrón", logró tal renombre que incluso Cervantes se hizo eco de él en El Quijote.

 

Fue miembro de la banda de los nyerros (ñerros), en una época -el siglo XVI- en que el bandolerismo tenía más que ver con pertenecer a un "bando" que con el latrocinio.

 

Lo que si es cierto

es que nosotros conocíamos muchos de aquellos túneles del Guinardó. Los recorríamos con gran excitación como aventuras soñadas y deseadas.

 

En la confluencia de las calles –por ejemplo-

de Varsovia y Telégrafo había una boca, oculta por las zarzas, de un pasadizo que pasando por debajo del Hospital de San Pablo salía a un solar de la calle Castillejos por debajo de la Calle Córcega.

 

La mina de la Calle Garriga i Roca

era como un pasillo que conducía a una especie de plazoleta sin salida a excepción de un pozo vertical por el que nunca nos atrevimos a subir por él.

 

El agua se filtraba por todas partes

y goteaba por pequeñas estalactitas y acrecentaba nuestra sensación de encontrarnos ante algo prohibido.

 

El helor que surgía de las paredes

era como una agonía que se nos pegaba a la piel. Al salir de aquel extraño conducto nos tumbábamos al sol

 

buscando un cálido reposo

parecido al de las ruedas de nuestras bicicletas agazapadas sobre la hierba. Como ansiosos átomos que se acercan más y más se engendraba en nosotros

 

una llamarada

que se transformaba en un fiero deseo de encontrar el placer infinito de los primeros besos.

 

La proximidad de nuestros cuerpos

dentro de la mina nos excitaba hasta lo indecible; el sol y la soledad de la calle aportaban el resto.

                                                                         Sylvia M. Folch
                                                            www.homeo-psycho.de

21 nov. 2012

SYLVIA M. fOLCH SE INCORPORA A LA REDACCIÓN DE www.homeo-psycho.de

                           YA SÓLO ES POSIBLE LA MISTICA

 

En lucha contra mis propios escritos

nadie pudo arrebatarme jamás aquella dimensión de luz salida de la inteligencia de las experiencias, ni nadie pudo

 

derrocar el luto de la fe perdida,

aquella fe tan grande y transparente como el roble que se parece a un bello árbol infinito.

 

Yo misma me sorprendía

día a día mientras robaba la vida, fugitiva de mis designios de amor. Nadie me escuchó con suficiente atención y he tenido que ver cómo los barrotes del silencio crecían y reforzaban

 

la celda de cristal de roca

y me arrancaban los cabellos mientras lloraba, reía o esperaba que alguien me contestara la pregunta sagrada: ¿Qué era eso del Señor?

 

De la idea de su existencia,

después, saqué fuerzas para resistir el martirio que sobrevolaba por encima de mí como una mariposa viva. Consumé el amor, aún en mi soledad incluso lejos de los dioses.

 

Pero finalmente volví a la ciencia

del Dolor del Hombre, que se fue convirtiendo poco a poco en mi ciencia.

 

¡Oh noche!

 

Libera mi corazón

de esta agobiante estación de amor llena de recuerdos secretos. Él es la tierra, pero la tierra quiere ser fecundada y yo ya no tengo semillas.

 

¡Oh noche!

 

Si escribir es una culpa

por qué Él me dio el don de la palabra para hablar con trémulo lenguaje de amor a quien quiso escucharme.

 

Cargada ya de años

y a punto de entrar en la cuarta edad en la que las sienes son pura ceniza y ya se han cerrado los poros del pubis ¿dónde encontraré un pellizco siquiera de buena hierba?

 

¿Qué sabe nadie de mis conventos?

¿Quién sabe nada de la madura gracia de las santas? ¿y de las grandes almas enloquecidas?

 

¿Qué puedo encontrar

entre los hosannas de un hombre culto, pero vacío de cualquier contenido humano?

 

En algún lugar se halla el canto,

en algún otro, la palabra; y, nadie se atreve a pronunciarla: Locura, mi mayor y joven enemiga.

 

Durante un tiempo llevé mi soledad

como un velo sobre mis ojos hasta que se me cayó. Causa y síntoma de mis infortunios la actitud taciturna en mi juventud fue voluntaria y deleitosa:

 

era agradable al principio concebir

y meditar a ratos sobre cosas "presentes, pasadas o por venir". Aquella especie de inofensiva locura me eran tan placenteros que podía pasarme días enteros y

 

noches sin dormir,

incluso años completos en dichas contemplaciones y meditaciones fantásticas que eran como sueños y difícilmente los interrumpía voluntariamente.

 

Pero en algún momento la escena

cambió de repente por algún mal objeto a partir del cual la compañía se hizo insoportable porque me había habituado a los lugares solitarios y me incapacité para reflexionar sobre temas agrios.

 

El temor, la tristeza, la sospecha,

el pudor rústico, el descontento, las preocupaciones y el cansancio de la vida me sorprendieron con la dolorosa alarma de la congestión de mis cervicales señal inequívoca de fracaso.

 

No puedo negar que saqué provecho

de algunas de aquellas meditaciones y que me permitieron comprender la parte positiva de aquel retiro voluntario para profundizar las palabras de Jerónimo:

 

"Dijo que las villas y ciudades

le parecían cárceles horribles; la soledad, un paraíso envenenado sólo por los escorpiones. Prefería estar vestido de saco, tumbado en el suelo, alimentado de agua y hierbas, a los placeres romanos".

 

La soledad de otros autores

como Crisóstomo, Cipriano, Agustín, en tratados enteros, la que Petrarca, Erasmo, Diego de Estella y la de muchos otros que alababan tanto en sus libros es un paraíso,

 

un cielo en la tierra

si se usa correctamente, bueno para el cuerpo y mejor para el alma: "los que están inspirados por los dioses saben vivir solos". Ese debería ser el Lema número 8 de los que

 

como hicieron siempre Demócrito,

Cleantes, y todos esos filósofos, al apartarse del mundo tumultuoso, como en la Villa Laurentana de Plinio, las "Tusculanas" de Cicerón, el estudio de Giovio, para seguir sus estudios.

 

Siempre me vi, de todas formas, observada,

como Sócrates por los soldados, con admiración de mis compañeros de la facultad, pero la frialdad y la melancolía trepaban por mis piernas amenazando invadir mis órganos más nobles.

 

¡Ay del que está solo!

Hombres y mujeres deberían aprender esa disciplina de la vida que impide que unas dulces criaturas sociables acaben siendo una bestia,

 

un monstruo, inhumano,

de aspecto desaliñado y misántropos que, incluso se aborrecen a sí mismos y odian la compañía de otros seres humanos, como tantos Timones, Nabuconodosores,

 

por consentir demasiado

a esos humores agradables, y por su propia negligencia. Lo que postuló Mercurial para un paciente melancólico se puede aplicar –creo- con justicia a toda persona solitaria:

 

"La naturaleza, se puede compadecer de ti, porque mientras ella te dio un temperamento bueno y saludable, un cuerpo sano, y los dioses te han dado una alma tan divina y excelente, tantas y tantas cualidades y dones provechosos,

 

tú no sólo los has despreciado,

sino que los has corrompido, viciado, has arruinado su temperamento e infectado esos dones con el desenfreno, la ociosidad, la soledad y muchos otros medios".

 

¡Oh noche!

 

Me he convertido en un enemigo

de mí misma y del mundo. Me he perdido voluntariamente, he naufragado, yo misma soy la causa eficiente de mi propia miseria.

 

Sí, sí. Es mi retrato.

No quiero perder más tiempo contemplándolo. Debo reflexionar solamente si aún es posible corregir mi caligrafía y si aún me queda suficiente amor propio para ello.

 

Gracias por darme la oportunidad

de escribir con mis propias sílabas todo aquello que aún no ha salido de mi pecho.

                                                                               Sylvia M. Folch
                                                                     www.homeo-psycho.de

 

20 nov. 2012

LA CURACIÓN DEL DOLOR REUMÁTICO

                                              FORMICA RUFA

 

A Hippomante no le despertó

ningún reloj, porque los del siglo V a.c. - eran de arena-, medían el tiempo silenciosamente.

 

Aquella noche –cuentan-

el zumbido monótono y aburrido (como de costumbre) de Zeus adormecía con su discurso a todos aquellos labradores y comerciantes que se quejaban del calor de aquel verano.

 

La reunión se desarrollaba

sin incidentes (a pesar del infortunio de todos) en un barracón adjunto al dormitorio de Hippomante y sus hermanos. El resultado final sentenció la muerte de aquella organización campesina.

 

Hippomante se vistió,

hincó sus dientes en un mendrugo de pan empapado en vino y alzando sus ojos admiró la franja lechosa de estrellas sobre su cabeza. Por un momento se olvidó de su dolor de rodilla.

 

Medio cojeando siguió a su padre

que no hacía otra cosa que mover negativamente la cabeza. Durante la reunión Atenea estuvo lloriqueando en un rincón y Hermes se abstuvo en la votación.

 

Hacía once meses que no caía

una sola gota de agua. Poseidón se había mostrado optimista, pero no desató ninguna tormenta. Las opiniones continuaron divididas, pero la reunión constituyó el punto de partida

 

hacia algo nuevo y oscuro.

Hippomante a sus quince años aún no comprendía aquellas complejidades y no podía reflexionar sobre aquellos asuntos tan prometedores. Sólo intentaba seguir el paso de su padre.

 

La luna marcaba aquel camino de plata

al final del cual esperaban los membrillos y las almendras, la azada y la tierra reseca, el sudor y su esfuerzo.  

 

El dolor en la rodilla

iba en aumento y en mitad de una curva Hippomante decidió coger el atajo exento de hierba alta, pero en mitad de aquel vericueto empezó a sentir las peores punzadas de su vida. Retorciéndose de dolor llego al minúsculo refugio donde

 

cayó desmayado sobre el montón de paja

que a modo de lecho servía para librarse de la insolación durante las siestas.

 

Su padre le examinó la pierna

y quedó estupefacto al ver que había aumentado su volumen hasta el doble de la otra pierna: Las hormigas rojas le habían inoculado miles de dosis de su ácido fórmico.

 

Le puso ungüentos de aceite y vinagre

que eran las dos únicas sustancias que había en las tinajas de aquella choza mitad excavada en la tierra, mitad cubierta por arcos de piedras tomadas con cal.

 

Hippomante tardó una semana

en vencer la fiebre y volver a caminar, pero para sorpresa de todos no volvió nunca más a sentir dolores reumáticos.

 

En aquella semana de calor seco

se decidió su futuro: Hippomante se convertiría –según cuentan- en uno de los médicos más prestigiosos de aquel mundo donde aún se hacía caso de lo que decían los dioses.

                                                                                  Johann R. Bach
                                                                      www.homeo-psycho.de 

ESTE PARAISO ES LA LECHE.

ESTE PARAISO ES LA LECHE.
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ESTE PARAISO ES LA LECHE.

CRONICA DESDE EL PARAISO

 

Esta semana –como todas-

se ha caracterizado por el buen tiempo y la buena cara de todos los vecinos, con una sonrisa de plástico envidiable. No llueve y el sol quema la piel mejor que en cualquier playa.

 

Esta ha sido una semana

de poco trabajo/persona –unas dos horas en total- y hemos cobrado unos subsidios maravillosos. Esto es el Paraíso. ¿Puede haber alguien que desee otra cosa?

 

Los precios son de risa.

Con el sueldo de una semana podemos tomar 200 cafés, 1 hamburguesa, dos huevos, 1 sopa de ajo, 10 gramos de pan, 3 litros de ginebra, 2 colas de 500 ml, 3 champiñones, 50 porros, 1 gramo de jabón, 3 aceitunas y… ¡cómo no? a escoger entre 1 mandarina ácida o 1 lima.

 

(El lector de esta crónica

comprenderá por qué nuestras neveras están repletas)

 

En estos días se ha practicado

más deporte que nunca. Ya sabéis que aquí en el Paraíso el deporte preferido consiste en partir leña o en escribir sobre el teclado del ordenador ya que gracias a ello el sistema social es estable.

 

¿Los gobiernos? ¡Ay!

Son de lo más sensato. Casi no hacen nada y por ello hay pocas quejas. En caso de conflicto se van a la playa y así se evitan discusiones.

 

Hay que reconocer

que no siempre fue así, que todo fue planificado para ser distinto. Pero nadie quería que el Paraíso fuera distinto: círculos luminosos, coros y grados de abstracción pintados de cian y magenta.

 

Nada de esos ridículos ocres

de los bosques caducifolios podría amenazar las plantaciones de café y hachís. Y aunque no se logró separar con precisión las palmeras de plástico de las vacas sagradas el resultado fue bueno.

 

Al principio el cuerpo y el alma

se resistían a separarse y se necesitó mucha agua caliente y jabón para lograrlo y eso hizo que se sacaran algunas conclusiones: se mezcló un grano de lo absoluto

 

con un grano de arcilla

y aquello fue la hostia: Las gotitas de grasa resbalaban sobre los dedos que aún no comprendían la orden de los seres supremos cuando decían con voz autoritaria: "Dedos a la obra".

 

Naturalmente cuando eso pasaba

las mujeres salían huyendo buscando otros manzanos bajo los cuales poder refugiarse. Pero finalmente la Doctrina Única se impuso y lo arregló todo:

 

A partir de entonces las mujeres

son las únicas que trabajan en el Paraíso mientras sus maridos miran la tele tumbados en el sofá. ¡Ah! ¡Esto es el Paraíso!

 

Los proletarios celestes constituyen

una minoría protegida para conservar la diversidad biológica; y, son felices hasta el punto de que si se portan bien y recorren todas las estaciones del viacrucis de la Fórmula 1 sin rechistar,

 

se les deja oír el sonido de la lluvia.

 

¡Esto es el paraíso!

¿Qué digo? Esto se está convirtiendo en algo mejor que el Paraíso. La Semana próxima les volveré a enviar otra crónica con la esperanza de poderles decir:

 

¡Esto es más que el Paraíso! ¡Es la leche!

 

                                                                         Desde el Paraíso

                                                                          Johann R. Bach

19 nov. 2012

AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO
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AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

                    AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

 

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.

                                                                                       Elisa R. Bach

                                                      Barcelona a 11 de septiembre de 2.012