4 may. 2013

Basta, tristeza, basta. Déjame olvidar sus ojos.

¿CÓMO OLVIDAR UNA   

  CALLE, UNOS OJOS?

¡Una noche! O algunas pocas,

el equivalente a una vida, todo un pesar, todo un amor, toda una dulce sangre.

 

Toda una luz que bebí de unas venas

en medio de las noches y en los días radiantes de los que sólo el piano y los libros de la estantería fueron testigos.

 

Te amé. No sé. Hasta entonces sólo lo sospeché.

Te padecí con toda la paciencia que pude, gloriosamente como a la sangre misma, como el doloroso martillo que hace vivir y mata.

 

Sentí diariamente

que la vida es sentir inteligentemente cómo te pueden llegar a despreciar hasta el infinito. Supe lo que es amar porque morí a diario junto a la Dama de mis Sueños.

 

Basta, tristeza, basta.

Dejáme olvidar sus ojos.

                                                                                  Johann R. Bach

Los ojos, cielo pequeño con un platino dormido

EL AMOR, ÚLTIMO PELDAÑO

 

No. Tú no eres la sombra oscura

que en las raíces de los árboles se curva como serpiente simulando una música.

 

Serpiente gruesa

que como tronco de árbol bajo tierra respira sin sospechar un césped o un cielo con nubes blancas detenidas como naves antiguas.

 

Tú sabes que existe una bóveda azul

encima de nuestras cabezas como un dios que sueña. Sabes que ese color turquesa radiante que lleváis en los ojos los que levantando la cabeza orgullosamente miráis hacia arriba

 

es un cielo pequeño con un platino dormido.

 

Bajo tierra también hay vida.

La humedad es la sangre y hay lombrices pequeñas como niños a punto de nacer. Hay bulbos que hacia dentro crecen como las flores pero con su geotropismo negativo.

 

Ignoran que en lo sumo y en libertad

los pétalos son rosas, amarillos como el cadmio, azules cobalto, fucsias de granadas y buganvillas.

 

Hay piedras que nunca serán ojos

y hierbas que son saliva triste; dientes en la tierra que en medio de los sueños se mueven y, con un eterno trismo, mastican lo que nunca es el beso.

 

Hay agua aprisionada en las rocas bajo tierra.

Agua oscura, ¿sabes? Agua sin cielo. Agua que muda y espera por milenios el rostro, el puro o el cristalino rostro que se refleje, o esas aletas de delfín que rasga un mar en constante formación.

 

Más hondo, más, el fuego purifica.

 

                                                                        Johann R. Bach

Camina y camina como un ángel que perdió sus alas ...

LA HERENCIA DEL ÁNGEL CAÍDO

 

He aquí que por fin llega al verbo

un hombre alucinado por la belleza de una noche que se llena de luz plateada cada veintiocho días en mitad de un tristísimo minuto y fatigado del lento rodar del día miserable.

 

Camina y camina como un ángel

que perdió sus alas en el último incendio, se detiene como la vida al borde de la arena, como las hierbecillas sueltas que flotan en un agua no limpia,

 

donde a merced de la tierra

briznas que no suspiran, por escasez de oxígeno, se abandonan a ese minuto en que el amor fluye.

 

El pelo crespo por el viento ondea.

Ante él se ven extensas playas, nubes felices, un viento así dorado invitando a enlazar cuerpos sobre la arena pura.

 

En ese paisaje un hombre ve, presencia.

Es un hombre que vive, duerme. Es una forma que respira al mismo ritmo que la mar sacude y en su pecho algo late con fuerza como las playas.

 

No, no confunde ya el mar

–del que surgió-, el mar inerte en apariencia con su corazón agitado.

 

A partir de aquellas noches de luna

ya no mezcla nunca sangre con espumas tan libres. El color blanco es ala, es agua, es nube, es vela; pero no es nunca rostro. Un color delicado por su cuerpo corre.

 

Por eso, tirado ahí, en la playa;

tirado allá después en el duro camino; tirado más allá, en las duras rocas al pie de las enormes montañas, un hombre ignora el verde piadoso de los mares, su vaivén melodioso y vacío

 

y desconoce el canon eterno de su espuma.

 

Tirado sobre la tierra yace

como la pura hierba. Un viento huracanado -que más tarde bautizará con el nombre de Tramontana-, como un dios, lo peina como a los grandes pinos.

 

El amor, como un número,

tan pronto es agua que sale de una boca tirada, como es el secreto de lo verde en el oído que lo oprime, como es la cuneta pasiva que todo lo contiene, hasta el odio que afloja para convertirse en el sueño.

 

Por eso cuando en mitad del camino,

un solitario ángel caído que fue dorado siente próximo -y lejano al mismo tiempo- el cielo como una inmensa bóveda y, sin embargo, con sus débiles piernas nunca pétalos

 

arrastra la memoria opaca con amor,

con amor al sollozo sobre lo que fue y ya no es. Arriba entre las flores altas cuyos estambres casi cosquillean el limpio azul vaga un aroma a anteayer, a flores derribadas,

 

a ese polen pisado

que tiñe de amarillo constante la planta pasajera, la caricia involuntaria ese pie que fue rosa, que fue espina, que fue corola o dulce contacto de las flores.

 

Ese hombre cabizbajo,

de más negro semblante como el silencio de la noche que transcurre después de alguna muerte, pasa borrando apenas las huellas de los autos, de los hierros violentos

 

que fueron dientes siempre,

que fueron boca para morder el polvo.

 

El dulce hombre

bajo el duro caparazón de sus hombros –apéndice de lo que fueron alas- ha renunciado a ser confundido con una mariposa, pero su sangre gime encerrada en un pecho distinto de la forma del olvido, descendiendo hacia

 

unos brazos

que crean un diminuto mundo perdido casi en el mismo centro del oscuro Cosmos.

 

Johann R. Bach

¡Oh noche! ... eres la reina de ese gran pais que se llama silencio

NO MÁS LÁGRIMAS EN EL MAR

 

¡Oh noche!

 

Donde podríamos llorar

los simples mortales si el mar embravecido lanza contra las rocas nuestras lágrimas y amenaza las playas con mareas cargadas de llanto.

 

Ante quién podríamos lamentarnos

sino ante tus sombras que siempre nos han acogido con dulzura y nos han escuchado, pues no en vano eres la reina de ese gran país que se llama silencio.

 

¡Oh noche!

 

¿Cómo consolarnos?

si lo hemos dado todo. ¿Cómo hallar un suspiro sosegado? si nos hemos entregado a fondo amando a los nuestros y no podemos ni siquiera decir al final: Nos equivocamos.

 

¿Qué hacer con tantas y tantas horas

-de duros trabajos-? empleadas en crear hogares donde el amor pudiera confundirse con el aroma de los membrillos y en las que nadie ha participado y finalmente los nuestros no han encontrado nada: ni formas, ni nada que las sustituya.

 

¡Oh noche!

 

Qué duro es reconocer

nuestra fragilidad; que no somos ni siquiera generosos y nos pasamos media vida disputándonos las cosas, que no siempre transportamos en nuestro corazón un gramo de sal, pero sí deseos de venganza y resentimiento.

 

¡Dime! ¿Estamos aún a tiempo

del doloroso arrepentimiento? Ya sabes que en nuestra juventud, llena de arrogancia, hemos llegado a pensar que hasta podríamos exigir morir en verano, que es cuando se muere fácil y alegremente.

 

¡Oh noche!

 

Rechazábamos

la posibilidad de agonizar entre nieves y hielos, ay, hartos de los cercanos y lejanos bronces, prefiriendo ver cómo envejecían las venas de nuestras manos.

 

Ahora que otros signos se aproximan

devuélveme si ello es posible la lenta respiración, mientras observo a lo lejos las luces de la ciudad como si fueran lamparillas amarillas de aceite o candelabros de resplandor violeta.

 

¡Oh noche!

 

Quisiera sellar contigo,

como una amistad secreta, con todos y con todo, -puesto que ya nada nos roza, ni puede, físicamente, ofendernos- una exquisita espiritualidad que no moleste siquiera a mares y ríos. 

                                                                                           Johann R. Bach

Toda idea es atractiva. Hasta la idea del Amor sin medida.

          PALABRAS MISTERIOSAS

                COMO ESTRELLAS

 

Lo inexplicable

de alguna frase de las tuyas que no hemos entendido en su tiniebla, se ilumina a veces con tal centelleo que nos ciega… Es precisamente lo real, lo que es metafísico…

 

Pero a los amantes

no les gusta, cuando, entre la adivinanza y la posibilidad de adivinar, la sagacidad quiebra con suavidad  sus aguijones…

 

Al pie de la letra

con su mejor caligrafía se abrazan y se besan y no intuyen que hasta el peligro pasa a ser costumbre e indiferencia. O de lo contrario deberían desaparecer.

Marcharse

sin el dominio del horror, pero con toda seguridad en aquel silencio descalzo que se nos acerca con una invitación floral y dice simplemente: ¡Basta!

 

Pero como ya sabes,

el verdadero amante establece una tregua con el retrato y raramente lleva hasta el espejo el gallo de una palabra todavía no iniciada, un escándalo no acordado y una alegría inexpresada.

 

Toda idea es atractiva.

Hasta la idea del Amor sin medida. Deja que dure, pues, la noche, aunque la última piedra que le queda al constructor de faros tenga que llevarle a la ruina. ¡Que dure la noche,  aunque en las obras ferroviarias del AVE bajo tierra –como palabras misteriosas- tengan que apagar la primera luciérnaga!

 

¡Que dure la noche

en que la escoba de una estrella fugaz haya barrido hace tiempo la caída de los ángeles de todos los jardines al bosque de difuntos! El corazón es gravedad… La razón sólo peso… Hasta en la inocencia póstuma seguimos siendo tentados. ¡Que dure, pues la noche!

                                                        

Y dura…

Sólo un lugar brilla: el agua de la cala estancada, gruta uterina del infierno y los celos con punzadas en la virginidad de la música, más crueles que la violación de una virgen.

 

Si algún ángel

luchara por nosotros, diría lo mismo que nosotros: Así que estás aquí, con los reparos propios de la primera vez. ¿Por qué subiste a la barca? ¡Cómo es posible! ¡Ven!

 

Pero tú,

puesto que por ti lucha Eva, contestas: "Quise tocar las estrellas con la mano, pero temo a las palabras que salen de la boca de un loco.

                                                                    Johann R. Bach

Cerezas rojas robadas como todos los años, olas furtivas...

      Tardes de primavera


¿Te acuerdas de aquellas tardes

a mediados de mayo de 198…? Cerezas rojas robadas como todos los años, olas furtivas de la playa de Cadaqués, el ardor de un domingo por la noche el día que tu madre aún respiraba belleza.


La poesía, los recuerdos sucios y los limpios,

el aburrimiento, el último ron quemado, hablando de Wagner o lanzando sarcasmos, creaban un momento ya conflictivo y literario.

Pero al hacerse de día ya querías más:


Era tarde. La luz invadía las paredes blancas como tu piel y la sonrisa y el enamoramiento en tus ojos brillantes te sorprendía como al día: con el adorno de una angustia rosada en la voz y en las mejillas. Te hacían más poeta.


Era como interpretar un nocturno

bajo los focos de 100 corazones llenos de literatura. Muchas mañanas, la romántica luz de esos encuentros retiraba las sombras de un escenario barrido por la brisa, las flores de los cerezos ya habían dado paso al soñado fruto rojo y, ya los pacientes pájaros podían picotear a placer las cerezas.



Bajo el cielo indeciso, purificado,

el gesto se recuperaba: cierta insistente caricia, una palabra, el olor de los árboles bañados por la brisa marina, los trozos de versos
removiéndose en tu cabeza como cerezas infantiles colgadas en las orejas dudando para escoger la forma de salir a respirar.



El resto era previsible como los sueños:

amantes, surrealismo, versos libres y el duro trabajo de ir elaborando la promesa inconsistente de rendirte, buscar la pureza de la rebelde buena, el dulce calor arterial de ser traviesa y diferente.


                                                                                        Johann R. Bach

2 may. 2013

...donde huele la vida y se sospecha la sal

MAIL DE UNA ASTRONAUTA

Nos alertaron

sobre la ausencia de arañas y la ocasional hambruna. 

 

En los desplazamientos

por largos corredores en motos eléctricas de tres ruedas, la sensación en la cara casi se parece a la brisa de un verano corto atlántico donde huele la vida y se sospecha la sal.

 

Encontramos reposo

en un patio diseñado por el Consejo con toda clase de detalles pensados como motivos y temas de conversación:

 

en una pared, a modo de pantalla,

se ven viñedos; un apicultor sonríe bajo su máscara protectora cuyo objeto es el de simular el himno de las abejas ahogando la monotonía.

 

Pensando

en esa escena buscaremos la tranquilidad, en la cama nos apretujaremos como en el panal deseando culminar con suspiros la eterna noche fría y constelada controlada de principio a fin por un reloj que sólo obedece a Greenwich.

 

Estrecharemos nuestros pechos

y todo seguirá como de costumbre, excepto el peso del presente que arruinó el pacto que hicimos con el cielo.

 

Ahora, después de nuestra traición,

lejos de nuestro perdido paraíso ya no hay lluvia ni nos duchamos, en su lugar sufrimos la agresión en la piel del oxígeno diluido en microscópicas gotas de aceite reciclado de antiguos girasoles.

 

Esto es el "Paraíso de la Ciencia".

Aunque algo hemos ganado: Poetas, viejos criminales y millonarios ya somos todos iguales. ¿Acaso nos preocupamos  durante miles de años de crear otra cosa?

 

Sólo nos queda

seguir pintando cuadros, imaginando música que se desprende de paredes, tuberías y máquinas. Escribir al fin y al cabo sencillos poemas para soñar, amar y ser amados.

                                                                                           johann R. Bach

Heme aquí, postrada

PALACIO DE LAS PALABRAS SECRETAS

 

¡Oh noche!

Heme aquí ante ti Diosa de las Tinieblas

en éxtasis de bosque, con el delirio en las sienes; entre flores, exhaustas de su propio aroma y mis ojos entre los ojos de tus estrellas y mis labios llenos de sal entre las olas.

Heme aquí, postrada

en esta vigilia junto a un mar sin luz, separada de cuánto no me amó y abandonada por aquellos que sí me amaron.

¡Oh noche!

 

Ante ti vengo a llorar

cuando ya nadie quiere ver mis lágrimas, cuando de mi pecho ya no surge más que resentimiento y sangre desprendida de viejas cicatrices.

 

Aquí me tienes después del crepúsculo

perdida entre brumas que gimen como espirales de caracolas vacías;

lamentándome de haber olvidado tu regalo de aquellas lluvias de estrellas de tantos agostos envueltas en tomillo y romero.

 

¡Oh noche!

 

Rosa de roja rosa

que abrazas lo intocable y lo real, levanta tus vientos de tramontana y arrástrame como a las joyas hacia la luz violeta pues cuando llegue la hora de las amatistas quisiera ser una de tus sombras elegidas para construir tu Palacio de Palabras Secretas.

                                                                                           Johann R. Bach

LA LAMPARA

                  LAMPE                                                                              

 

                                                 Lampe auf den verlassenen Papieren,

                                                 undringsum Nacht bis weit hinein ins Holz

                                                 der Schränke. Ich, na ja, ich träume.

                                                                                                 Johann R. Bach

 

 

Una lámpara

sobre papeles olvidados y alrededor la noche, dentro de la madera de los armarios. Yo así te sueño.

 

Soberbias,

se envaran las sillas tan vacías debajo del refugio en el que me acogiste; cargadas de muchas dignidades, somnolientas y algo tristes; de arriba se vertían noches de pasión

 

sobre un reloj parado.

                                                                                              Johann R. Bach

 

1 may. 2013

NO HAY QUE ESPERAR A ORINAR POR REBOSAMIENTO PARA LEER POESÍA

    POEMA VIS MEDICATRIX 

                           o

La fuerza medicatriz del poema

        

El poema

como único motivo de vivir para muchas criaturas y tú os tocáis. ¿Con qué? Con el roce de las alas, con el roce de vuestra propia lejanía.

 

De joven te parecía

que las heridas siempre cicatrizarían rápidamente y la fuerza de tu cuerpo no sólo no reconocía límites sino que creías que crecería constantemente. Aún desconocías la inercia y las fuerzas que la frenan hasta anularla.

 

A cada problema surgía

otra felicidad vista y curada la peligrosa sequía, el rigor de la luz no socarraba más las flores. Refrescado el ambiente por la lluvia susurraban los valles centelleantes coronados de vegetación, los arroyos se hinchaban como tus venas y todas las alas plegadas se aventuraban de nuevo en el espacio del canto.

 

Pero a medida que pasaban los años

observabas que cada vez las afrentas tardaban más y más en encontrar el camino del olvido y que el resentimiento contra todo y contra todos crecía y crecía hasta amenazarte con la parálisis total.

 

A una edad

en que todo proyecto se te mostraba fútil, pero aún el aire estaba lleno de criaturas alegres; la ciudad y el bosque rebosaban de trinos renovados; y, sin embargo los que te rodeaban parecían entender que de ti, ya no podía esperarse nada.

 

Un pequeño

haz de luz azul de una estrella fugaz atravesó la noche. ¿Crees que los dioses habrían abierto las ventanas de la bóveda celeste y alegrado el camino de ese hilo de luz fino como el de una araña para nada?

 

De repente sentiste

cómo la ansiedad desapareció de tu pecho. En aquel momento te dijiste a ti misma: "cincuenta febreros, una montaña. He tenido los ojos cerrados ante lo más viejo del mundo: La poesía esa fuerza medicatriz para el alma y el cuerpo que lleva en sus alforjas la musa del amor". 

 

Un simple rayo de luz

descendiendo desde una estrella cura una herida en décimas de segundo como una de tus sílabas es capaz de llenar el mundo de esperanza y hacer que te niegues a tirar la toalla prematuramente.

 

Esos poéticos rayos de luz

han atravesado millones de kilómetros para posarse sobre tus retinas y con su mínima chispa han encendido en ti el fuego necesario para saborear la noche y llenar tu alma de dicha.

 

Tan viejo como las piedras y el mar

el poema revoloteando como las abejas alrededor del roble, es capaz de cicatrizar las quemaduras de la piel y las grietas del alma.

 

Deja a un lado tu orgullo,

llora, detente, estrecha a tu amigo el poema, escucha las palabras que te curaron con arte celestial tus penas de amor y vuelve tus ojos a los versos que atravesando el viento de la noche supieron esperar.

 

                                                                           Johann R. Bach

LA LLAMADA MÁS ALLÁ DE LA MATERNIDAD

       El Triunfo de Galatea

¡Oh noche!

 

Sé que me llamas

al claro del bosque junto a rocas de oro y jacintos, pero aún no he encontrado el hilo de Ariadna que me conduzca a la salida de este laberinto.

 

Sé que me llamas

Para conducirme junto a Acis desde el ámbito en que la claridad es un diamante, pero aún no puedo oírte desde la sangre.

 

¡Oh noche!

 

No ignoro

que me llamas a la verdad sobre tu espacio ciego de crisol, pero me cuesta oírte desde el carbón. Camino y no veo mi propia sombra ni cómo mi sangre forma un rio; la luz de las estrellas se me muestra confusa entre tantos negros nubarrones.

 

Sin luna sólo veo piedras,

no la idea en que la eternidad podría abrirse ante mí y limitar mi pena y que todo lo que te imita es pura conminación de la intención.

 

¡Oh noche!

 

Sí, sí. Oigo tu llamada

a despedirme del Monasterio, a abandonar el sendero de su rosada bruma en el que he vivido con luz inexistente y que tantas veces soñé con ello.

 

Sí, sí. Oigo tu llamada

a abandonar la confusión que me aproximaba al tormento rojo, entre lamentos roncos y reflejos, pasión de soledad desolada. Sí. Bendigo tu paciente llamada desde las puertas abiertas ardiendo que me abres al otro lado de los muros del Monasterio.

                                                                                          
                                                                                                              Johann R. Bach

30 abr. 2013

LOS SUEÑOS DE LAS ESTATUAS

               CARIÁTIDE

¡Cambia de piel!

¡Escápate de la piedra!¡Haz añicos la cavidad que te subyuga! Huye exaltada a los campos, despierta y llévate contigo los besos que durante siglos te han regalado y ríete de las cornisas.

 

Escupe

sobre esa castrense fila de columnas: manos de ceniza a golpes muertas las alzaron temblorosas hacia cielos encapotados que soltaban poco a poco sus lágrimas.

 

Derriba

los templos ante las nostalgias de tu rodilla en la que el color pálido delata su ansia.

 

¡Desflorécete!

Deja que el vino gotee sobre tu sexo, desangra de grandes heridas tu blando bancal: Mira, con los gorriones Venus se hace la trenza y con las rosas se perfuma alrededor de las puertas del amor de las caderas.

 

Lánzate

exultante a los mares y demuestra que no necesitas victorias de Samotracia para que el viento te lleve hasta las lejanas orillas donde las olas se baten contra las rocas y se frotan con árboles.

 

¡Sueña! Sí, sí. ¡Sueña, Oh Cariátide!

Porque hasta de los mitos que callan y de las inmóviles estatuas pueden surgir los sueños.

                                                                                                Johann R. Bach

 

 

¿ES POSIBLE QUE EL CAOS DE DESHAGA?

       PREVENIR EL CAOS

 

Desde tu salida del Monasterio

nos enseñaste que la prisa era la excusa de los torpes, los principios no se deben confundir con los intereses.

 

No te has cansado aún

de repetir, cada vez que tienes una oportunidad, en una fiesta o reunión, que los muros de piedra no hacen un monasterio.

 

Lo que hace comparables

-dices- los monasterios a prisiones más o menos camufladas es la concurrencia de muros de piedra inexpugnables e indestructibles desde dentro, de multitud de parásitos hipofóbicos y filósofos instructores de moral.

 

Esa combinación –insistes-

no constituye precisamente un jardín de rosas, donde una de sus primeras preocupaciones es el alojamiento de tercera clase para débiles temporales cuyos amigos no pueden pagarles un hotel de mejor calidad.

 

Ahora, cuando te preguntan,

cómo ves el estado más probable (en el futuro), tú contestas: "El Caos".

 

Explicas que, cuando lleguen al cielo

aquellos que sobrevivan a ese "desorden molecular", encontrarán que otros ya se han apropiado de las mejores parcelas considerándolas "tierras deshabitadas".

 

Cuando eso ocurra

lo primero que harán los colonos o recién llegados será construir un Monasterio. Sólo los poderosos pretenden defenderse del Caos.

 

                                                                          Johann R. Bach

¿Quién no tiene sed en el Universo?

           EL UNIVERSO TIENE SED

 

Un profesor de fisiología, con ánimo burlesco,

le preguntó a Marta Guillamón, por qué había tanta agua en el mundo. Marta sonrió y tomando un cierto aire de ingenuidad respondió:

 

porque el Universo tiene sed.

 

A continuación su sonrisa se acrecentó.

No se le ocurra –dijo Marta- suspenderme por lo breve de mi exposición porque si lo hace demostrará que Usted no sabe nada de las peripecias que debieron pasar el hidrógeno y el oxígeno

 

para llegar a un mínimo acuerdo.

 

El hidrógeno y el oxígeno se abrazaron

bajo los membrillos solares como dos amantes; sus electrones resbalaban sobre la piel de sus átomos como dedos húmedos.

 

De esas caricias nació un enlace covalente,

ligero, que originó millones de moléculas de agua que se expandieron por el universo con la misión de calmar la sed de un Cosmos ávido de aventuras.

 

El hidrógeno mismo

tuvo grandes dificultades en su nacimiento: ayudada de unos fórceps una Diosa del Amor, con maestría, lo arrancó del caldo de neutrones, protones, neutrinos, quarks, positrones… del verdadero Mar Solar;

 

se demoró por años en las montañas

deslumbrándose con las luciérnagas de litio para superar su soledad, convivió penosamente con los átomos de berilio y boro;

 

se embadurnó el rostro con carbón

y esperó con paciencia a que el nitrógeno arrastrara al oxígeno hasta la playa primigenia golpeada con gigantescas mareas de metano.

 

En esa playa –donde el hombre

echaría anclas millones de años más tarde- los relámpagos alumbraron el cielo durante unos pocos segundos y los rayos clavaron sus vestigios y el principio de un futuro.

 

Sí, sí. ¡No me mire con esa cara!

Sé que me va a objetar que el mar enfermó y que en la medida que envejece se va intoxicando con los minerales.

 

Eso es verdad,

pero durante millones de años los delfines y las alas de las gaviotas lo desgarraron y la energía del sodio cristalizada con el cauterizador cloro –unidos ambos con la fuerza ciclópea del enlace iónico-, cicatrizó sus heridas día a día.

 

Si no me cree, coja una caracola,

escuche cómo salen de su interior los suspiros del Viejo Mar y dicen: "Yo soy vuestra vida; tal vez no sea nadie, pero puedo volverme lo que queráis".

 

Por fin para dar de beber al universo

los ángeles firmaron el acuerdo esperado: por un precio módico se encargaron de sublimar los hielos de las altas cordilleras,

 

evaporar continuamente la piel de los mares,

de forma que hubiera agua dulce para todas las criaturas de cualquier planeta,

 

fundir los hielos en primavera

y mantener en equilibrio -a cuatro grados centígrados- los tres estados del agua: sólido, líquido y gaseoso.

 

El universo tiene sed.

Por eso hay tanta agua en el Cosmos.

 

Cada pléyade de estrellas

de lejanas galaxias se niegan a cerrar los ojos en busca del encuentro secreto de las aguas bajo el hielo -la sonrisa del mar- de los cometas; exploran nuevos planetas y abandonan los pozos clausurados;

 

tantean con sus hilos de luz

las venas; ayudan con ellos a mantener su elasticidad allí donde acaban los nenúfares y el hombre que camina ciego sobre la nieve del silencio.

 

El Universo tiene sed.

                                                                                          Johann R. Bach