18 jun. 2016

¿No se acuerda ya de quién en verdad la amó?


BAJO UN CIELO GRIS LLUVIOSO


¡Branca on madura el meu goig!


TENDRA CATALUNYA

¡Ai tendra Catalunya!
¡Branca on madura el meu goig!

El morro del cel és blanc.
El que en ell es reflecteix, ets tu,
caiguda meva, amor meu, saqueig.

                                    Johann R. Bach

Vaig somiar massa sovint amb ser aquell fugitiu harmoniós de persona gens indicada a parlar de política


ELS ULLS DEL DESPERT FÉNIX


Estel assassinat en sec, hauré titllat sagnant la nit d'aquesta època


UN ARBRE PLE DE RIALLES



¿Com sabia, solitari, que la terra no anava a morir,


EL CANT DEL GRILL

Soñé demasiado a menudo con ser ese fugitivo armonioso de persona apenas indicada a hablar de política


LOS OJOS DE FÉNIX DESPIERTO

¡Hagan la belleza y la realidad de Catalunya
que muchos de los que ahora lucháis en las calles y en los balcones, estéis presentes cuando desde todos los rincones del Mediterráneo se oigan las salvas de la liberación!

Soñé demasiado a menudo
con ser ese fugitivo armonioso de persona apenas indicada a hablar de política, pero investido por un trato de favor de las estrellas. Cada una de mis heridas saca a la ventana sus ojos de fénix despierto. Sé que todavía no soy más que el viento de la aurora.

                                                                          Johann R. Bach

Cometa asesinado en seco, habré tachado sangrando la noche de esta época


UN ÁRBOL LLENO DE RISAS

16 jun. 2016

Éramos exactos en lo excepcional,


GRANADA SONRIENTE



                                                                          Johann R. Bach

És tan fort el meu deliri ... que n'hi hauria prou en que em necessitessis.


ENCARA NO T'HE OBLIDAT

Aquest navegar a sobrevent
més penós com menys vent acudeix al meu rostre.

És tan fort el meu deliri ...
-esperant tornar a veure aquells ulls de te-
que n'hi hauria prou en que em necessitessis.

Des que els camins de la memòria
han estat coberts pel negre alè dels monstres, trobo recer en una innocència on l'home que somia no pot envellir.

Però no sé si soc prou valent
per imposar-me no tornar-te a veure, jo que en aquestes paraules em considero el més llunyà dels meus imitadors.

Ja ho veus, amor:
només et puc fer des d'aquest racó de l'Àpex alguns pocs poemes, enviar-te'ls com un pom de margarides.

Encara no t'he oblidat.

                                                               Johann R. Bach

15 jun. 2016

Vida, on és la teva victòria?


LES MANS DE CLEMENTINE

Antigues i sublims mans.
Traços al carbonet avui comptats.

Tot el que es furta a la mà resulta,
en aquest vespre, essencial.

Allò que va ser fragmentari xiuxiueja,
en aquesta Casa d'Hostes,
pletòric d'allò més essencial.

Vida, on és la teva victòria?

Sempre vaig saber, amiga Cassia,
que el futur escassejava.

                                                Johann R. Bach

Vida, ¿dónde está tu victoria?


LAS MANOS DE CLEMENTINE

Manos antaño sublimes.
Trazos al carboncillo hoy contados.

Todo lo que se hurta a la mano resulta,
en este anochecer, esencial.

Lo incumplido zumba,
en esta Casa de Huéspedes,
rebosante de esencial.

Vida, ¿dónde está tu victoria?

Siempre supe, amiga Cassia,
que el porvenir escaseaba.

                                      Johann R. Bach

14 jun. 2016

La nube tenía un olor fuerte, desprendía una especie de rayos como un perfume caro


EL OLOR DE UN SUDOR EXTRAÑO



Ven Lou, mira ese paisaje repetido en la cima de la noche, sobre la cual una luz se alza:


EL DARDO DE ORIÓN

Ven Lou,
salgamos al balcón a respirar el aire de la noche y atravesemos con nuestra mirada la bóveda celeste moteada con las lucecitas de Géminis y sentiremos más que sabemos:

Somos luciérnagas en la hendidura de la noche.
Nos apoyamos, irreversiblemente, en un fondo de fango, como el campanario de una iglesia emergiendo de un pantano artificial que acusa la sequía.

En su lucha por levantar la cabeza,
¿el hombre hubiera sobrevivido sin las dificultades a las que hemos bautizado, injustamente, como diabólicas?

Creo Agnés, que hay una comprensión para todo,
pero desde es hilado sube una niebla, un clamor de miedo, y a veces nuestro odio trazador. Algo me decía mientras meditaba, día a día, sentado en un banco cualquiera que

somos transeúntes empeñados en pasar por la vida;
por consiguiente, en sembrar la confusión, en infligir nuestro calor, es decir nuestra exuberancia. ¡Por eso somos intempestivos e insólitos. Es como si nuestra utilidad no se pudiera oponer a la revuelta contra el empresario.

Si te hubiera conocido en aquel tiempo,
podría haber conservado intacta mi esperanza. Si hubieras estado a mi lado no habría caído de mi esplendor, y la muerte que todos ven, tú no la hubieras marcado, helecho en el muro, paseante apoyada en mi brazo. En todo caso si tú también hubieras sido destructiva lo habrías sido con herramientas nupciales.

Envidiaba a aquellos
que gozaba del espacio como un privilegio, porque son, sin duda, privilegiados aquellos a quienes bastan el sol y el viento para enloquecer, para ser saqueados.

Ven Lou, mira ahí arriba el dardo de Orión,
el trébol estrellado, en el carrascal, espejos del cielo nocturno. Mira el trébol oscurecido por la delgada neblina… La cicatriz de brillo verde, la tromba del sufrimiento, el hatillo de la esperanza.

Ven Lou, mira ese paisaje repetido
en la cima de la noche, sobre la cual una luz se alza: Las mujeres son enamoradas y los hombres solitarios. Se roban mutuamente la soledad y el amor.

¡Eh chicos!
Clementine ha preparado ya una cafetera y pastas con arándanos.

                                                                    Johann R. Bach

12 jun. 2016

"Respecto a las mujeres -continuó Tía Hortensia- me encanta verlas pasar por la calle, con sus rostros pintados tan hábilmente,


LA MASCULINIDAD DE TÍA HORTENSIA.

El pelo peinado hacia atrás y recogido con un pequeño moño era la característica más sobresaliente que recuerdo de Tía Hortensia. Era lo más parecido a un retrato de Eva Perón y, la única de mis tías que fumaba. En su bolso jamás faltaba el paquete de cigarrillos mentolados. Llevaba siempre jerseys de cuello alto y ajustados a su figura y sus gestos eran en aquella época todo un atrevimiento.

Recuerdo que, con la excusa de llevarme a dar un paseo, íbamos en el coche de Tía Cecilia un Biscuter carrozado con madera, cuando ella encendió simultáneamente dos cigarrillos. Con la mano izquierda colocó el cigarrillo en la boca de mi tía conductora y la dejó caer rozando su pecho. Yo entendía a medias aquellos gestos, pero por indicación de Tía Hortensia guardaba su secreto.

Siendo ya algo más mayor le pregunté por sus opiniones sobre el amor con la intención de comprender a fondo aquella misteriosa personalidad. Como si se tratara de la cosa más natural del mundo comenzó a relatarme sus ideas.

"Hoy tienes ilusiones -filosofando me decía Tía Hortensia- y crees que sin ellas no podrías vivir. Cuando seas más madura verás claramente que la ilusión no es más que un error poetizado y prescindirás de ella para seguir viviendo". "Con el amor -continuaba diciéndome como defraudada- te sucederá lo propio. No hay más que un amor el de la madre al hijo. El amor entre hombres y mujeres no es sino un conglomerado de pequeños resortes: el roce de la epidermis, la vanidad mutua, el trato social, la lucha por la vida, la costumbre de verse a diario, y un poco de tesón, y otro poco de necesidad de hablar con alguien en la cama y en la mesa. El amor es tan necio, que debiendo andar por el mundo desnudo, se afana por vestirse de púrpura.

"La atracción de los sexos por orden de la Especie es una verdad; el amor, como sentimiento puro y noble, es una inmensa y desoladora mentira. Te lo aseguro". Yo no estaba del todo de acuerdo con esas palabras, pero, recordando los consejos de Tío Arturo, seguí escuchando cuando me cortó en seco al intentar decir algo: "no puede negarse que las mujeres..."

"Respecto a las mujeres -continuó Tía Hortensia- me encanta verlas pasar por la calle, con sus rostros pintados tan hábilmente, sus senos en punta y sus piernas mórbidas. Pero yo he conocido muchas de ellas y, de ser un hombre, no podría amar a ninguna. Llegando a este punto sentí un estremecimiento y mirando con los ojos entornados la línea sutil del horizonte me pareció que las palabras de Tía Hortensia eran de una masculinidad libresca. Sin embargo continué escuchando por si alguna de aquellas ideas pudiera serme útil.

"En la intimidad -continuaba lanzada ya Tía Hortensia en su discurso como aprendido de memoria- y no bien se han despojado del antifaz de los convencionalismos o de la seudo-pasión, se muestran egoístas, vanidosas, ineducadas. La idealidad de sus brillantes ojos, la frescura de sus labios, el elegante desmayo de su cuerpo y de sus actitudes hace que los hombres las crean seres adorables; pero no se hace esperar lo patente del error. Cuando un hombre le niega un capricho cualquiera a la mujer más dulce y discreta del mundo, se puede observar cómo se encrespa, cómo se encoleriza, cómo le aborrece de súbito. Cuando un hombre responde con el silencio a las quejas de su mujer y a sus emponzoñadas palabras (signo inequívoco de reivindicación) se verá cómo aquella mujer dulce y comprensiva se transforma en una fiera con medias y pendientes.

Aproveché que Tía Hotensia se llevaba la taza de café a los labios para preguntarle, con ánimo de zanjar aquel monólogo, si no había pensado en engañar a Tío Ramón. Su respuesta, después del pequeño sorbo de café fue de lo más inesperado: "el día que engañe a tu tío lo haré como siempre lo he hecho. Lo engañaré con una mujer".

                                                             Johann R. Bach

Moriré agotada, tal vez por un error, tal vez por una “imposibilidad social”.


A LAS PUERTAS DEL ÁPEX

Mi amiga Alicia sufrió una crisis aguda psicológica a causa de una inflamación del peritoneo la membrana serosa que recubre parte de la cavidad abdominal y las vísceras. Todo empezó con un proceso infeccioso a causa de una apendicitis.

Cuando comenzó esa peritonitis aguda se manifestó con dolor abdominal, náuseas, vómitos y fiebre, pero lo que le afectó más fue la hipotensión, las taquicardias y la sed. La deshidratación amenazaba con provocar un fallo orgánico múltiple, o sistémico, lo cual podía llevarla incluso a la muerte.

Alicia no podía ni toser sin provocar un dolor abdominal insoportable. Hasta girarse suavemente en la cama le resultaba tremendamente doloroso. En su rostro aparecieron unos granos raros llamados bizantinos que aumentaban la tristeza de sus ojos.

Me llamaron muy tarde –eran la ocho de la tarde- después de llevar ya ocho días hospitalizada. Cuando llegué tenía plena conciencia y toda su inteligencia ocupada en su muerte. Ella aseguraba que no estaba triste por dejar la vida; por su ironía era evidente.

Aquella misma noche charlamos afablemente, habían dispuesto una cama junto a ella por si deseaba quedarme a dormir junto a ella. No me fue difícil comprender el desamparo y el lamentable abandono que hacían de aquella habitación un lugar poco propicio para la alegría.

Hacía mucho calor y la ventana estaba abierta de par en par y hasta ella llegaba el barullo del bulevar y oíamos unos cantos de estudiantes con ganas de jarana, y eso la desasosegaba, y con un esbozo de sonrisa me decía:  "No los envidio…".

Toda esa noche estuvo, como es natural, inquieta porque mi persona se hallaba junto a ella; por tierna que se mostrara, ¡creyó que mi curiosidad era lo único que me había llevado hasta allí!

"Vienes a verme morir -me dijo cuando me vio aparecer-,
y sin embargo no tiene ningún interés.

Como ves, estoy plenamente consciente
(eran sus propias palabras) y soy la marcha de la descomposición; todavía me quedan cuatro horas, pues las moléculas inconscientes de mi ser siguen trabajando hasta las dos de la mañana hora de máxima acidez.

Este hipo que oyes es a pesar mío: no sufro, gracias a las inyecciones de alcaloides -derivados de la morfina- sintéticos que me dan, es como un sueño. Moriré agotada, tal vez por un error, tal vez por una "imposibilidad social".

Alicia no permitía que se disimulara ante su estado de gravedad. Tanto conocimiento y clarividencia en un momento semejante es aterrador. ¿Qué gracia es la que nos infunde el dios Hermes para vivirlo con semejante coraje?

Curiosamente Alicia se preguntaba sobre quién sería la siguiente desafortunada. La muerte habita en mi espíritu –repetía de vez en cuando- porque la he visto y eso no es alegre.

Sin embargo Alicia no murió a las dos de la mañana como había previsto y aún vivió lo suficiente para enviarme postales por Navidad durante muchos años. Su cuerpo se había alcalinizado al sentir que una mano amiga no la dejó marchar.

                                                                                        Johann R. Bach