16 jul. 2014

Cerré entonces los párpados. Había luz en mi alma, y respiré hondo, tranquilo, el perfume fuerte y fragante del bosque…

A PATRICIA

 

Eran casi las cinco

y aquel amanecer de agosto prometía pasar por mi lado, con suelas de oro, camino del bosque.

 

Yo estaba metido hasta las cejas

dentro de mi saco de dormir bajo el avancé de la tienda, junto al musgo rizado y brillante apartado de los otros y de ella.

 

Cuando salió

abriendo con cuidado la cremallera para no despertar a nadie, la seguí con los ojos.

 

Vi como lanzaba reflejos

verde claro sobre la grava blanca y plateada junto al riachuelo, como si esparciera a su alrededor cristales de malaquita.

 

Percibí sus pasos

silenciosos y ligeros, que despertaban del dulce y largo sueño a la asombrada hierba:

 

sus piernas

eran casi tan bonitas como las tuyas mi amor. Abrí los brazos y ella sólo miraba las altas ramas de los pinos, que se mecían silenciosamente,

 

aquí, allá, aquí, allá,

como si hubiesen de frotar el cielo casi azul ya hasta sacarle brillo. ¡Y era tan hermosa!

 

A mí me llovían

en los ojos puntitos plateados, espesos, cada vez más espesos, hasta que un brillo exuberante los aplastó con fuerza.

 

Cerré entonces los párpados.

Había luz en mi alma, y respiré hondo, tranquilo, el perfume fuerte y fragante del bosque…

 

Entonces comprendí

que estaba enamorado como ahora de ti.

 

                                                              Johann R. Bach

os pido perdón por esta forma primitiva de escribir en primera persona

 

Yo, Leo P. Hermes

un simple escritor hijo de un modesto médico rural y nieto del abuelo Hermes conocido en toda la cuenca minera del Llobregat por ayudar a los accidentados mineros a atravesar Las Puertas del Inframundo.

 

Llegué a París

con la pretensión de estudiar los ojos humanos y enseñar a leer sobre la piel el poema de la vida.

 

Sí, sí. Esa pretensión

de convertirme en un poeta famoso me acompañó siempre en mis noches desde 1.96…, aunque sólo a partir de 1970 conseguí algún resultado.

 

Era la época en que soñaba

intensamente. Veía con facilidad en mis sueños los cuerpos celestes en la noche y en el interior de los cuerpos humanos el misterio del calor y el frío y la inclinación al alcohol, el chocolate y el tabaco.

 

Luego esos sueños se expandirían cada vez más.

 

Yo, Leo P. Hermes un oscuro biólogo

que sólo llevaba a mis veinticinco años en una bolsa de deporte cargada de ilusiones,

 

un saco de dormir,

una novela de Edgar A. Poe, un peine, un pasaporte obtenido gracias a las influencias de un funcionario judicial (tío mío) y dos bocadillos de tortilla,

 

atravesé la frontera con Francia por Irún.

 

Una doctora seca como la rabia,

cargada de años me manoseó los testículos en busca de una posible hernia como a un sencillo campesino de aquellos que iban a trabajar en la vendimia francesa. Certificó que estaba muy sano…

 

Yo, Leo P. Hermes

no inventé la naranja como Santiago Huguet, pero organicé el ejército defensor de los granados y los membrillos y desarrollé un sistema de distinción entre símbolos y signos. Lo extendí  por todo el Mediterráneo.

 

Sí, sí. No pongáis esa cara.

Antes de 1968 año en que Portman escribiese su libro Symbole und Sinnbilder yo ya conocía varios cientos de signos matemáticos desde los más sencillos (más, menos, por, es, raíz, pi, etc)

 

hasta los más complejos

(integrales, sumatorios, googles, limites, matrices, laplacianas, …) que nunca confundí con los símbolos como el rojo anaranjado que simboliza el fuego, que a su vez simboliza la pasión, eso que no ha decaído en mí a pesar de los años.

 

Yo, Leo P. Hermes

inventé la "memoria subliminal magenta" colocada entre las palabras, libre de nieblas contaminadas con metales pesados y, generosamente,la repartí entre la honrada gente de gruesas cejas.

 

No he creado quimeras

ni mitologías nuevas. Me he limitado a interpretar el mundo clásico y tomar de él aquellos aspectos que me facultaron para crear poemas medicinales para acotar el dolor humanoal terreno de lo soportable. ¡Ay! ¡Como si eso no fuera una labor de titanes!

 

No me quejé nunca de la vida en París.

Fue la única etapa de mi vida en la que me sobraba el dinero; me enriquecía en lo espiritual y aprendía más sobre el sexo de lo que me enseñaban las enfermeras en el hospital.

 

Tuve a mi alcance miles

de personas con las que experimenté (en ayuntamientos, colegios y cárceles, conventos, y otros colectivos deportivos) fórmulas provistas de sustancias ponderables, medicamentos simples y sutiles, plantas medicinales y poemas liberadores de la psique.

 

Yo, que me horroricé

al vivir de cerca el sufrimiento humano no pude o no supe soportar el cinismo y la mentira y me lancé como en un triple salto mortal sin red, al mundo de la Universidad Gratuita de la Miseria,

 

os pido perdón

por esta forma primitiva de escribir en primera persona cuando en realidad siempre he odiado a los que tras su disfraz de santurrones (de bata blanca o de colores) empleaban con su inmensa egolatría una única fórmula: "el yo, me, mí, conmigo"; y,

 

ACEPTO

 

humildemente el cargo

que me ofrecéis en la construcción de esa tela de Penélope de la web www.homeo-psycho.es y su correspondiente Blog homeo-psycho.blogspot.com que, con sus aciertos y sus errores nos regala algunas líneas de humano aliento.

 

       Ante la Asamblea General de www.homeo-psycho.es

a 1 de noviembre –creo- de 2012

Firmado y rúbricado con la huella digital de mi índice derecho

                                                                  Leo P. Hermes

 

Como el primer cigarrillo, los primeros abrazos también escogieron su taberna

UN PAISAJE PARA CADA SOLEDAD

 

Sabes que, a veces, el tierno amor

escoge sus lugares y cada pasióntiene un rincón, un modo diferentede abrazarse ante una pantalla de TV,o de apagar las luces.

 

Sabes que hay espacios

declarados de interés especialbastante más tarde de ser recorridopor tus pasos como gozoso paseo.

 

Sabes que hay el recuerdo de un beso

en cada portal y ascensores que hubieran deseado quedarse quietos, sin electricidad, observando la escena,miles de escaleras llenasde pequeños paréntesis en cada rellano.

 

Cada ilusión tiene formas distintas

de incendiar corazones o pronunciarlos nombres al coger el teléfono.

 

Cada alma busca un atajo

para tapar su sombra, desnuda, con las sábanas cuando suena el despertador.

 

Hay una fecha en cada esquina,

junto a un árbol de cada calle, un rencor deseable, un arrepentimiento, a medias en el cuerpo.

 

Cada amor tiene números

o letras diferentespara escribir: "volveré a las 23.30 horas"como una invitación a una larga nochebajo la música de una lluvia torrencial.

 

Como el primer cigarrillo,

los primeros abrazos también escogieron su taberna y se ampararon en los decorados públicos de Las Ramblas.

 

Así cada escena marginal

donde las fiestasjuntan la soledad, la música y el deseo, se viste con sus mejores flores y galas, casi siempre precipitadamente,

 

con retraso,

y no en la oscuridad, sino en esas horas en quecada tiempo de dudas necesita un paisaje.

                                                                     Johann R. Bach

 

13 jul. 2014

He estado meditando, repito, si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

YO, MARTA GUILLAMON Y

LOS HOMBRES DE MI VIDA


Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

tuve que leer El Quijote,
el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.

Sigue no obstante, la luz de lo alto
a los hombres hablando llena de hermosos sentidos;

la voz del celestial tonante
clama inquiriendo si aún lo recuerdan;

la onda enlutada
eco le hace en su duelo y repite: "¿ninguno en mí piensa?"

Los seres celestes
gustan de un nido en los pechos sensibles, siguen gentiles las musas al hombre esforzado inspirando,

hoy le acompañan lo mismo que antaño
y envuelve las cumbres de las montañas que vieron su nacimiento,

pervive e impera
y en todo preséntase el aire para que unido en los brazos de Eolo ora para que todo un pueblo a la vieja dicha retorne y

a todos un común espíritu sea.

Y aunque hay muchas mujeres que dicen
que los "buenos tiempos" fueron con mucho los peores de todos –cuya sana doctrina yo también acepté, confundida, en cada ápice-

sin embargo, sigo, con todo,
creyendo a éstos un tanto peores que ellos.

He estado meditando - ¿es así como se dice? -;
me gustan las palabras de los hombres a pesar de sus modales, pues a las mujeres nos enamoran por el oído.

He estado meditando, repito,
si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

si con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como lo él lo hizo, hasta que escuezan los ojos, o bien reír con aquel filósofo extraño,

Demócrito de Tracia,
que solía pasar cada página de su vida sonriendo a los dobleces como diciendo: "¡Vaya! A quién diablos le importa cómo es un hombre!"

Tantos y tantos como hay para reemplazarle.

                                                                Johann R. Bach

Y a mí me parecía que escuchaba tu vida desde arriba;

RODEADOS DE MANZANOS

 

En tu lugar,

junto a la plantación de manzanos de Torroella de Mongrí, ¿lo recuerdas?, me explicabas el criterio de l'Hôpital,

 

una mañana

(la primera que saco del tesoro de un tiempo prodigioso), insistías en el canto del elogio y la belleza matemática.

 

Y a mí me parecía

que escuchaba tu vida desde arriba;

 

que cerca iba llegando como de todos lados;

de la suave hierba subía a los espacios métricos de tu voz.

 

Pero de pronto,

cuando dejaste de hablar, desde aquella cercanía, de una distancia próxima a cero

 

me devolviste a mi ser y a mi sentir.

 

Con los años comprendí

que estar lejos es sólo estar atento: escucha. Durante mucho tiempo has sido tú todo silencio.

 

Pero al mirarte yo,

como en un final de ciclo, volverás siempre a reunirte con el cuerpo querido: con tu cuerpo.

 

                                                           Johann R. Bach

agradeces a tus fantasmas una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

LAS ARRUGAS DEL CIELO

 

Cuánto fastidia

que alguien diga que existes tan sólo en tus poemas, aunque después de pensarlo bien,

 

agradeces a tus fantasmas

una vida apasionada, sostenida por versos, por el aire que respiras, la ropa que te pones y te quitas ante la pantalla del ordenador

 

y escribes

junto a un rumor vacío de ascensor y el murmullo del piano del vecino.

 

Recuerda esos años

que tu mente fue el reino de las dudas, de la prisa por llegar al Monte Parnaso,

 

sumergida en tu voz de caracola

y te gustaba el bosque como un color al que el cuerpo se entrega como verde y continua esperanza.

 

¡Escribe!

 

En tus frases cortas

nada existe desde que te secuestran los veranos y el futbol arrastra masas con más pasión que una encendida religión.

 

¡Describe!

 

Describe el cielo arrugado

descansando en la hierba del parque, describe bajo las notas del piano de Arvo Pärt el peso de su larga cabellera de nubes;

 

cómo tu cazadora adolescente brilla más,

envejecida, reflejando los pocos hilos de luz que logran atravesar el aire pintado de gris oscuro.

 

¡Escribe!

 

Cuéntanos cómo se llenan

de humo los síes en la boca, cómo los abrazos matan el malhumor,

 

cómo la vida trepa por los árboles

y los ascensores, cómo invade geografías que creían ser, por arrugadas, inhóspitas.


                                                          Johann R. Bach

Fuera del taller la nieve crecía en Forsthausallee y la ventisca golpeaba mis ojos; el frío parecía ir en aumento.

  • Los pies helados del sedentario

              NUX VOMICA C 15

 

Hoy he ido al mecánico

a cambiar los neumáticos del coche. En invierno es obligatorio poner los de lluvia. Me han hecho esperar casi media hora para atenderme, pero no me ha molestado hacerlo porque me acompañaba Niko. Un solo minuto a su lado puede hacerme feliz.

 

En el taller hacía un frío glacial;

los pies se me estaban helando; la cortina de goma que intentaba impedir que el aire caliente del interior se escapara era casi inútil; la temperatura interior era de 5 bajo cero.

 

Niko ha acercado sus labios a mi oído

y me ha dicho que yo era la mujer de su vida. No por inesperado ha sido menos bello. Casi me olvido de mis pies congelados cuando un pequeño detalle me ha recordado la situación:

 

Sebastián, el mecánico,

se acerca a nosotros con un andar dificultado también por el frío; con las mandíbulas apretadas por un intenso trismus nos ha mascullado entre dientes que fuéramos a tomar un café mientras cambiaba las ruedas.

 

Fuera del taller la nieve crecía

en Forsthausallee y la ventisca golpeaba mis ojos; el frío parecía ir en aumento. El restaurante Kuffer (Cuprum), situado en la esquina, rematando el final de la comercial avenida Sonenallee, estaba cerrado por lo que hemos tenido que refugiarnos en el pequeño rincón de la panadería de Baumschulenstrasse.

 

En ese rincón,

provisto de una pequeña mesa redonda y dos sillas me ha parecido un lugar maravilloso. Sólo el enorme cristal nos protegía de la tormenta blanca. Con la taza de café berlinés entre las manos y la mirada fija de Niko el tiempo se ha detenido como en una foto.

 

Luego, pasada una larga media hora

Niko me ha arrastrado literalmente hasta el taller porque mis pies no habían entrado en calor mientras estábamos tomando el café. Sebastián no lo estaba pasando mejor que yo:

 

me ha dado las llaves del coche

con premura para continuar sentado, con su enorme barriga, frente a una estufa. Al llegar a casa yo también he puesto mis pies desnudos a calentar entre los pies ardientes de mi profesor.


                                                  Johann R. Bach