7 dic. 2013

El juego y el fuego, la sal y la pimienta del amor en palabras de algún poeta.

15.  LOS HOMBRES DE MI VIDA (Leandro)

             

EN EL FULCRO DE LA BALANZA   (Johann R. Bach)

 

Tu locura siempre fue la misma

que la de aquellas personas que dicen que aman infinitamente y, sin embargo, aman infinitamente poco.

 

Siempre quisiste evitar la trampa del romanticismo:

decir que se siente más de lo que se siente y esforzarse a sentirlo porque se ha dicho.

 

Entonaste un mea culpa, confesa y convicta.

El castigo vino bastante más tarde y es, ahora, este amor sin palabras.

 

Has abierto el correo

aunque sabías, naturalmente, que no tendrías ningún mail de Leandro. Pero esperabas, no sabías cómo, imprecisamente, encontrar en los archivos antiguos algún rastro de sus palabras.

 

Estaban todos, desgraciadamente, borrados.

Medio decepcionada, medio aburrida has comenzado a registrar carpetas sin saber exactamente qué buscabas.

 

De repente, te has encontrado a ti misma,

en unos largos escritos que le escribiste hará cosa de cinco o seis años.

 

Eres, de hecho, otra persona.

 

Con los años, tu gran pasión

se hizo cada vez más densa y difícil de llevar. La vuestra pesaba sobre Leandro y tú y vosotros pesabais sobre ella.

 

Reconoces que hace tiempo te instalaste,

inmóvil y tensa, en el fulcro mismo de la balanza. En un punto muerto.

 

No querías vivir ni querías

que otro viviera en el punto muerto de un sentimiento: cumplir sin deseo los gestos del amor aunque luego descubriste que los hombres -también ellos- simulan.

 

Dejarse es horrible, no dejarse también.

No es cierto que no supieras decirle las grandes palabras. Ahora crees que quizá no se precisen, aun más: que es mejor dejarlas en las golfas o quemarlas como muebles viejos la noche del solsticio de verano.

 

Los románticos –así lo crees-

se apropiaron de todas las palabras mayores y ahora sólo cuentas con las pequeñas. Pero realmente es más difícil encontrar al insignificante insecto que un mamífero.

 

Has encontrado un mail

que le dejaste a la vuelta del dentista en el que le decías, con palabras más o menos vivas, que recordar sus besos había sido la mejor anestesia.

 

En otro mail celebrabas

como una fiesta un día cualquiera simplemente porque él lo pintaba de rojo con su sola presencia.

 

Ingenuidades de bisutería,

que en la distancia te hubieran parecido ridículas si no te hubieran inspirado la más violenta de las envidias.

 

Ahora no sabes si te faltan las grandes palabras.

Pero sí aquella intensidad, y la extraña vibración que electrizaba todas las cosas, aquel estremecimiento dilatado que tensa, aún hoy, los mails más largos que le escribiste y que centellea un momento en los mensajes breves.

 

El juego y el fuego,

la sal y la pimienta del amor en palabras de algún poeta. Hay quien cuando no tiene palabras las toma prestadas. Envíale, pues, todo lo que le escribió la enamorada que fuiste. Es lo que hoy, si fueras capaz, te gustaría poder decirle.

 

                                                                Johann R. Bach

LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE

LA MONEDA DE DOS EUROS SE LLAMA BIEURO.
Ver su importancia en el siguiente link
 

LLAMAR A LAS CSAS PÒR SU NOMBRE

LA MONEDA DE DOS EUROS SE LLAMA BIEURO

Cada pléyade de estrellas de lejanas galaxias se niegan a cerrar los ojos ...

    EL UNIVERSO TIENE SED

 

Un profesor de fisiología, con ánimo burlesco,

le preguntó a Marta Guillamón, por qué había tanta agua en el mundo. Marta sonrió y tomando un cierto aire de ingenuidad respondió:

 

porque el Universo tiene sed.

 

A continuación su sonrisa se acrecentó.

No se le ocurra –dijo Marta- suspenderme por lo breve de mi exposición porque si lo hace demostrará que Usted no sabe nada de las peripecias que debieron pasar el hidrógeno y el oxígeno

 

para llegar a un mínimo acuerdo.

 

El hidrógeno y el oxígeno se abrazaron

bajo los membrillos solares como dos amantes; sus electrones resbalaban sobre la piel de sus átomos como dedos húmedos.

 

De esas caricias nació un enlace covalente,

ligero, que originó millones de moléculas de agua que se expandieron por el universo con la misión de calmar la sed de un Cosmos ávido de aventuras.

 

El hidrógeno mismo

tuvo grandes dificultades en su nacimiento: ayudada de unos fórceps una Diosa del Amor, con maestría, lo arrancó del caldo de neutrones, protones, neutrinos, quarks, positrones… del verdadero Mar Solar;

 

se demoró por años en las montañas

deslumbrándose con las luciérnagas de litio para superar su soledad, convivió penosamente con los átomos de berilio y boro;

 

se embadurnó el rostro con carbón

y esperó con paciencia a que el nitrógeno arrastrara al oxígeno hasta la playa primigenia golpeada con gigantescas mareas de metano.

 

En esa playa –donde el hombre

echaría anclas millones de años más tarde- los relámpagos alumbraron el cielo durante unos pocos segundos y los rayos clavaron sus vestigios y el principio de un futuro.

 

Sí, sí. ¡No me mire con esa cara!

Sé que me va a objetar que el mar enfermó y que en la medida que envejece se va intoxicando con los minerales.

 

Eso es verdad,

pero durante millones de años los delfines y las alas de las gaviotas lo desgarraron y la energía del sodio cristalizada con el cauterizador cloro –unidos ambos con la fuerza ciclópea del enlace iónico-, cicatrizó sus heridas día a día.

 

Si no me cree, coja una caracola,

escuche cómo salen de su interior los suspiros del Viejo Mar y dicen: "Yo soy vuestra vida; tal vez no sea nadie, pero puedo volverme lo que queráis".

 

Por fin para dar de beber al universo

los ángeles firmaron el acuerdo esperado: por un precio módico se encargaron de sublimar los hielos de las altas cordilleras,

 

evaporar continuamente la piel de los mares,

de forma que hubiera agua dulce para todas las criaturas de cualquier planeta,

 

fundir los hielos en primavera

y mantener en equilibrio -a cuatro grados centígrados- los tres estados del agua: sólido, líquido y gaseoso.

 

El universo tiene sed.

Por eso hay tanta agua en el Cosmos.

 

Cada pléyade de estrellas

de lejanas galaxias se niegan a cerrar los ojos en busca del encuentro secreto de las aguas bajo el hielo -la sonrisa del mar- de los cometas; exploran nuevos planetas y abandonan los pozos clausurados;

 

tantean con sus hilos de luz

las venas; ayudan con ellos a mantener su elasticidad allí donde acaban los nenúfares y el hombre que camina ciego sobre la nieve del silencio.

 

El Universo tiene sed.

                                                                        Johann R. Bach  

Ahora todas las miradas se vuelven hacia las aceitunas

EL AUTÉNTICO TEOREMA DE TALES

 

Yo, Tales de Mileto,

hijo de Euxamias (o Examio) y de Cleobulinas (o Cleóbula), de ascendencia fenicia tuve el acierto de observar las sombras y su movimiento durante el día.

 

Un rico comerciante jonio

me llevó en uno de sus viajes a Egipto y allí ante un grupo de sacerdotes presumió de llevar con él al mejor grumete del mundo.

 

Como prueba de ello les contó

que yo leía las sombras. Observando la que teníamos a nuestros pies calculé la altura de la pirámide.

 

Asombrados, me abrieron las puertas de sus escuelas,

aprendí a escudriñar y resolver muchos de los enigmas de la naturaleza.

 

Destaqué en el estudio del agua:

logré convencer a mis maestros de que la tierra era como un plato seco un flotando en el mar;

 

 y, que de los registros de los eventos

astronómicos y meteorológicos excepcionales se podrían hacer predicciones de utilidad no sólo religiosa.

 

No inventé ni planté los olivos

en las costas del mar, sin embargo obtuve mi rama llena de aceitunas verdes al predecir la Gran Cosecha de Aceite:

 

Observando las aceitunas

de las costas occidentales les dije a los sacerdotes que compraran todas las prensas que pudieran de Mileto y Quíos para alquilarlas al año siguiente.

 

No comprendieron

que la humedad sigue una trayectoria contraria a las sombras, pero siguieron mi consejo ganando grandes fortunas:

 

sabiendo que las aceitunas

en occidente tenían mayor contenido de aceite que las de oriente era lógico que la siguiente Gran Cosecha de Aceite se situara en Mileto.

 

Conseguí, simplemente, descubrir

"el paso del mito al logos".

 

A pesar de que insistí a mis alumnos

que estudiaran las relaciones entre lo Húmedo y lo Seco sólo les interesó mi Teoremas Geométricos.

 

Es una lástima

que hayan pasado dos milenios y medio antes de que las semillas germinaran en Occidente, pero más vale tarde que nunca.

 

Ahora todas las miradas

se vuelven hacia las aceitunas.

 

                                                                          Johann R. Bach

 

 

Un recuerdo de sudor de bailarina y un puñado de viejos mapas llenos de polvo

LA PRIMAVERA DEL PESISMISTA

 

Por momentos, y no testimonialmente,

se deja oír cierto murmullo vertiginoso… Como si la tristeza despuntara con presentimientos los blancos trajes de nadie…

 

Un recuerdo de sudor de bailarina

y, junto a su retrato un puñado de viejos mapas llenos de polvo y envidia de su cara se callan en los rincones asignados.

 

Tal vez es cierto –piensan esos pesimistas-

que los árboles vuelven a florecer y de nuevo hay aquí diez silos de grano por cada semana de yermo.

 

Las negras semillas –insisten-

se dejan embaucar por la excitable luz, que se estremece como una camisa de mujer que se secara al amor de la urnas funerarias al cocerse.

 

Rogando, prometiendo,

apenas convincentes, sin ojos, todavía ciegos y ya ofuscados, quisieran mimar por lo menos a la muerte como fiel hermana del nacer…

 

Y sin embargo, un día,

la tierra nos dirá a cada uno de nosotros: "Me acuerdo de ti, pero aún no sé por qué…"

 

Aunque, si tenemos en cuenta

la escala de nuestro tiempo, eso puede suceder lo bastante tarde como para ver como el racimo se pasea bajo las hojas de la parra y concluye.

 

                                                                     Johann R. Bach

6 dic. 2013

El tronco de árbol no era sino la cama y el mar la alfombra azul, ...

14. LOS HOMBRES DE MI VIDA (SPIEGEL  IM  SPIEGEL)

 

Llegó tarde a casa con el ánimo derrumbado

como el sol escondiéndose en el mar. Había perdido el empleo y no sabía cómo decírselo a su compañera porque a ella la habían despedido hacía tan sólo una semana.

 

Después de comer dos rebanadas

de pan con tomate a modo de cena Amador quiso poner algo de música. Los valses quedaban descartados: le parecía que eran más tristes que una nocturna.

 

En las nocturnas hay una tristeza

sin velo, sin trabas… En su interior concluía enfáticamente: los valses son un dolor -que aumentaría el suyo- que estalla en risas o en lágrimas por miedo a enloquecer.

 

Su compañera solía decir

que nada hace más grandes a los hombres que un gran dolor. Sin embargo Amador le temía al dolor y por ello se negaba a ir al dentista a pesar de tener dos caries en los premolares inferiores.

 

Él conocía el corazón, como Chopin.

Arvo Pärt, en cambio, como Dante, conocía el alma. Se decidió por "Spiegel im Spiegel" y mientras se tranquilizaba apenas notó como una mano cálida se introducía, por detrás, entre sus piernas buscando –como a él le gustaba- sus testículos.

 

Quiso levantarse temprano,

bajar a la playa en busca de algo que la marea hubiera dejado en la arena al retirarse antes del amanecer. Algo como algún madero o tronco de árbol muerto.

 

Con la filmadora a punto

para hallarse ante un posible objeto caminaba lentamente sobre la arena húmeda aún, vio en mitad de aquella oscuridad del final de una noche sin estrellas una cosa que parecía un tronco sin raíces ni ramas.

 

Al aproximarse a aquella cosa

pensaba ya en encontrar los ángulos adecuados y los puntos de enfoque del paisaje, y al final se sorprendió al ver que sobre el tronco como una diosa se hallaba desnuda una bella muchacha.

 

Se acercó a ella para comprobar

si se trataba de un ser viviente –humano o celestial- y al ver su sonrisa el corazón parecía querer escapar de su pecho.

 

Un agradable hormigueo

comenzó a recorrer su espalda, sudaba a pesar de una de las noches más frescas de aquel junio y en el momento de unir aquellos labios a los suyos se le llenó la boca de saliva y eyaculó sobre aquel precioso ombligo.

 

Abrió los ojos

y vio que el tronco de árbol no era sino la cama y el mar la alfombra azul, la diosa del amor, su compañera que le abrazaba. Aún con la manos sobre sus pechos se excusó: Estaba soñando.

 

Sueña, sueña mi amor

–le susurró ella al oído- que nada hay más placentero para mí que saber que soy la Dama de tus Sueños.

 

                                                                              Johann R. Bach

A menudo me parece oírte decir: ¿Acaso no eras ésa?

12.     EL ARREPENTIMIENTO

 

Tuve muchos hombres en mi vida,

la mayoría de los cuales no fueron precisamente un "chollo". Muchos de ellos, es cierto, me maltrataron, pero algunos me amaron y llenaron de júbilo mi piel; y sin embargo los menosprecié como a los otros.

 

¡Oh noche!

 

Escalofrío que te deslizas sobre mi piel

como sangre la herida fresca y bajas corriendo su huella oscura, te extiendes en aquellas horas en que los campos se tintan de sombras,

 

momentos en que preparas la floración,

con tu escarcha, de las rosas de todos los jardines, escucha esta súplica;

 

acoge las soledades hechas de años

y de derrotas y ayúdame a expulsar las culpas de mi alma, a sobrevivir, precisamente cuando los sueños caen.

 

¡Oh noche!

 

A menudo me parece oírte decir:

¿Acaso no eras esa? ¡Ay, cómo te olvidabas de mí! ¿Era esa tu imagen? ¿No eran acaso tu pregunta, tu palabra, tu luz celestial, cosas que con tanto orgullo poseías?

 

Estaba ebria de gozos:

mi palabra, mi luz celestial, antaño poseída, está ahora destruida, desperdiciada; y a quien le haya ocurrido como a mí, tiene que olvidarse de sí y mostrarse humildemente ante ti como lo hago yo, porque ya ni toca las viejas horas.
 
                                       Johann R. Bach

 

El genio no preguntaba a nadie por nadie... del mismo modo que la vida no nos pregunta qué es la vida

UN TIEMPO PARA EL EXISTENCIALISMO

 

Buscando los mares de Homero

llegué hasta Livorno cerca de Pisa donde el mare vidit et fugit(1). No fue fácil llegar, ya que iba contra mí mismo…

 

Dos semanas después,

de regreso a París, visité en el cementerio de Père Lachaise la tumba del genial Chopin pues él, como yo, buscó el Mediterráneo.

 

Desde su tumba el genio

no preguntaba a nadie por nadie… del mismo modo que la vida no nos pregunta qué es la vida

 

-y aquello justamente en el momento

en que todos nos preguntamos a nosotros mismos si vivimos o soñamos.

 

Recuerdo

que justo al llegar a Livorno cayó la noche y como cualquier otro peregrino dormí profundamente.

 

¿Qué me importaba Venecia

con su rapit omnia finis(2)?

 

¿Qué me importaba Siena

con su Tutto passa(3)?

 

¿Qué me importaba Roma

con su Plaudite amici(4)?

 

¿Qué eran para mí

el Anillo de los Nibelungos y el trato con el diablo de Fausto?¿Qué era para mí Europa jugando a los dados? ¡con las reliquias de los santos!...

 

No era necesario susurrar

que en Varsovia lo primero no terrestre era el terrón que caía sobre el hambre y el frío. No era necesario corroborar que sólo Dios vela sobre los niños, los desequilibrados, los poetas…

 

Durante semanas,

antes de entrar en el hospital, salía a vagar por las calles de París. Junto al Sena el bochorno me hacía creer que las nubes estaban más bajas que el rio.

 

Es cierto

que ya únicamente la angustia va contra el tiempo…

 

Quid plura(5)?

Es cierto que únicamente la angustia va contra el tiempo.

 

Claro que sólo el aire

detrás de la nieve era más joven que mi cutis y entonces usaba los libros a medio leer como señal.

 

                                                                       Johann R. Bach

 

(1)     Donde el "mar va y viene" en latín.

(2)     Tómalo todo hasta el final.

(3)     Todo desaparece.

(4)     El aplauso de los amigos.

(5)     ¿Qué más?

Nada triste esta mañana entre tierra y cielo

LA VIDA:

BELLEZA AL ALCANCE DE LA MANO

 

Tal vez el diablo atraviesa los muros,

sube por los ascensores, aguarda tras los semáforos, espera con paciencia la finalización de las Ferias de Santa Lucía.

 

Tal vez esté tras las ventanas,

sin atreverse siquiera a molestar o no le queden fuerzas para penetrar por las puertas cerradas y protegidas con ramitas de muérdago blanco.

 

Entretanto miramos

cómo se descompone la luz a través de los cristales de colores de la sala.

 

Nada triste esta mañana entre tierra y cielo.

 

No han llegado aún los periódicos;

cargados con su veneno esperan amontonados en los hangares de las imprentas a que los empleados coman sus últimos turrones del año.

 

Todo transcurre

como si en todo tiempo viviera todo en la misma belleza. ¡Qué sorpresa si el hombre con el paso de los años arrancara una respuesta –es una quimera- de los potentes ordenadores!

 

Sería como inventar la sopa de ajo:

¡Dios existe!

 

Y si lo dicen los "científicos" y la televisión…

 

Pero en lugar de asombrarse,

el vértigo del dinero ciega y salta ese abismo…

 

Y, sin embargo, la belleza ahí está.

Al alcance de la mano, invadiendo el aire, llenando los pulmones de pechos en los que el corazón late con fuerza.

 

¡Qué suerte tener ojos

para leer la poesía de la vida! ¡Qué suerte oír cómo la música de los árboles y los pájaros nos invita a la danza del mundo!

 

                                                                         Johann R. Bach