6 ago. 2013

Sobre una manta esperaremos el bellísimo instante de la lluvia de estrellas

  Lágrimas de San Lorenzo

                                         Vacaciones en el Mediterráneo (I) (montaña)   

 

Con un azimut próximo a cero

despega nuestro transbordador; llevando a bordo tres sueños de vida

que van a encontrarse con otro sueño atlántico.

 

Lentas hebras de luz caen

sobre hiperactivos y febriles átomos; junto a ellas nuestros sueños viajan hacia el macizo misteriosode Sant Llorenç de Munt.

 

Sobre una manta esperaremos

con paciencia el bellísimo instante en que empiece la lluvia de estrellas. Sentiremos como un tomillo raquítico perfuma el aire en una noche sin luna.

 

Según lo planificado, todo

lo que nos rodeará es función de una regla muda de una noche de agosto. La misma ha tramado una visibilidad con los hilos de luz posible y acogerá nuestros deseos.

 

Dormiremos al lado del romero,

sobre una sequedad que también espera su lluvia. La oscura noche llena de Perseidas se posará sobre nuestras cicatrices.

 

Apagadas las voces,

podremos oír nuestros alientos, el enfoque yacente de los ojos que colocará el mundo en coordenadas simples: tierra de aliento, abajo; arriba, estrellas en la constelación de Perseo desde donde han de caer.

 

Antes de que al soñar la niegue

haremos, a modo de oración, esta comparación sin pronunciarla: "Estar echados sobre el mundo, quietos bajo la bóveda estratosférica, con toda la tierra en nuestro nadir, es como firmar un acta ante notario de presencia y sentido".

 

Mientras la leamos despacio

vendrá una brisa reptante hasta nuestros rostros y sentiremos como se unen materia y espíritu con la crudeza de algo inobjetable.

 

Dos piedras, volcadas

como nosotros, serán testigos, como lo han hecho desde hace miles de años, de un firmamento que cayó dejando tan sólo el rastro de lo que sucedió en una película eterna cuya reposición se hace en las noches de agosto.                   

                                                                                        Johann R. Bach

 

El macizo de Sant Llorenç de Munt y su entorno fue declarado Parque Natural por lo que se prohibieron muchas actividades al objeto de conservar la naturaleza. Entre las actividades prohibidas se halla la de la caza del jabalí. Antes de la prohibición una pandilla de cazadores con disparos mortíferos acabaron con la vida de toda una familia de jabalíes. Cuando fueron a cobrarse las piezas se encontraron con la triste escena de una cría de jabato lamiendo la cara de su madre abatida por los disparos, jadeante, expirando.

 

Uno de los cazadores se apiadó del animal, se lo llevó a casa y lo adoptó como animal de compañía junto a pájaros y otros perros de caza. El animal creció aceptando su nueva familia. Cuando llegó a ser una bestia de 200 kilogramos de peso seguía siendo un gran amigo de los animales de la casa y comía en la mano de su cuidador y de sus ojos jamás desapareció la ternura.  
 
                                                                                                  De la novela NIÑOS A LA DERIVA
                                                                                                        Johann R. Bach
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